sábado, 1 de diciembre de 2007

LOS CATAROS




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
Año 5767




Los cátaros aparecen en occidente en el siglo X. En esta época las herejías son denunciadas por todas partes de Europa. La mayoría de las veces se las califica como maniqueas. El término Cátaro significa puro. En 1017 se encuentran en orleáns. Después de un juicio emitido por un concilio de obispos son quemados vivos. En 1022 el hecho se repite en Toulouse. En 1030, en Italia, en la región de Asti es descubierta una colonia corren igual suerte. No obstante, a pesar de las hogueras, el movimiento se había extendido como una mancha de aceite, de forma que, en el siglo XII se encuentra en todo Europa. 

De acuerdo con el escritor Mauricie Magre, que hace de la iniciación budista la principal fuente espiritual de los albigenses. Cabe señalar que los esenios como los budistas, profesaban el dualismo del mundo. Tenían tres ordenes de afiliados, con tres grados de iniciación. Practicaban el baño sagrado, como los brahamanes y los budistas. Condenaban los sacrificios, se abstenían de carne y vino y practicaban una moral ejemplar. No olvidemos que la región del Garona es una vieja tierra druídica, de hombres muy sabios y de una filosofía muy elevada. Creían principalmente en la migración de las almas y en su reencarnación después de la muerte. Por lo que sabemos de ellos, es cierto, en todo caso, que la doctrina cátara es algo más que una simple herejía. En muchos puntos se separa del cristianismo tradicional y rechaza todos los dogmas de la iglesia católica. La inspiración gnóstica, que atribuye al hombre tres naturalezas: el cuerpo, el alma y el espíritu, siendo el cuerpo la residencia del alma y ésta la morada del espíritu, fue recogida por los albigenses. Frente a la Iglesia Romana, los cátaros continúan y amplifican la tradición maniquea, rechazando los sacramentos, la cruz, símbolo de muerte y las ceremonias del culto. Al mismo tiempo despreciaban el Antiguo Testamento, obra de los judíos, manifestaban y consideraban a Jesús como un ser puramente espiritual. Podemos extraer sus grandes principios. Su base la constituye el dualismo, que toma como texto de referencia el Evangelio de Juan, considerado como el único auténtico, que destaca la oposición eterna entre dos principios: el bien y el mal. Así, en este mundo, hay un antagonismo entre la materia que lo calificaban como el diablo y el espíritu a dios. 

La doctrina cátara hay que verlo en Pitágoras, adepto de la metempsícosis o reencarnación de las almas impuras en nuevos cuerpos de hombres. También rechazaban los dogmas, a saber, la eucaristía, la remisión de los pecados y los sacramentos que les parecía sacrílegos: bautismo, comunión, matrimonio. Hostiles a la materia impura, condenaban el matrimonio para los iniciados, proscriben de su alimento los manjares a base de carne. Esta creencia implica que el alma, para alcanzar la perfección, debe ser purificada de la suciedad material y del contacto con la carne, por lo cual su comportamiento tenía una disciplina extremadamente dura. El ascetismo era coda de los hombres buenos o perfectos, pequeña minoría de sabios, únicos capaces de recibir la iluminación del conocimiento. Respetaban la naturaleza en todas sus manifestaciones, absteniéndose de matar a ningún animal, los perfectos siempre vestían de negro, con una tiara sobre su cabeza. Cuando habían terminado sus ceremonias, sacaban un rollo de cuero que llevaban sobre el pecho, el evangelio según Juan y lo leían en voz alta. Los investidos se abstenían de carne, huevos y de productos lácteos, todos ellos productos de origen animal, practicando una alimentación puramente vegetariana. Profesaban una castidad absoluta y evitaban, por tanto, todo comercio sexual. Como es desde los tiempos más antiguos, los hombres que deseaban adquirir el conocimiento tuvieron que sufrir las pruebas de la iniciación; pero éstas no podían tener lugar en cualquier parte. Eran necesarios templos que eran lugares privilegiados donde la esencia del saber se concentraba en manos de los maestros-sabios. Pero en lo que se refiere a sus ritos eran simples por reacción contra la iglesia que se cubría de oro y púrpura y estaban liberados de todo espíritu de superstición: lo constituían sobre todo, plegarias en común, cantos y sermones, inspirándose en los libros de Manes y en los gnósticos. No teniendo los cátaros lugar de predilección para practicar su culto, la naturaleza les ofrecía sus bosques y sus prados. Practicaban una formula de confesión pública que llamaban “Apparellamentum:, pero su principal rito era el célebre “Consolamentum”. Este se daba, tanto a un creyente que deseaba ingresar en la comunidad de los perfectos, como a los moribundos que querían alcanzar una buena muerte. Esta ceremonia, muy simple, consistía en que el perfecto imponía las manos sobre la cabeza del consolado, pronunciando ciertas palabras cuyo contenido se ignora hasta la actualidad. Se puede suponer que, en el trasfondo de este ceremonial, existía un secreto procedente de los gnósticos y de los primeros cristianos, que tenía como base la transmisión de una fuerza vivificante e inmensa, fuerza que los perfectos pudieran procurar por medio del “bautismo del espíritu”, del signo de la pureza hecho a los moribundos. Esta ayuda invisible permitía escapar a la cadena de rehacimientos y permitía el acceso al reino espiritual. También tenían para la ayuda a los moribundos procedimientos que la ciencia ha perdido para siempre. No temiendo a la muerte, había ocasiones en que ciertos perfectos llegaban a dejarse morir mediante el Endura: “Su doctrina que permitía como los druidas, el suicidio; no obstante, exigía que uno pusiera fin a su vida no por el cansancio de vivir, por miedo o por dolor, sino en un estado de perfecto desapego de la materia”, este ritual se lo podía hacer en pareja , es decir ir a la otra vida en la amistad más ideal, años de esfuerzo continuados y espiritualización intensiva, quería de acuerdo con él en la otra vida también la verdadera vida. Para poner fin a sus días, elegían entre cinco tipos de muerte: envenenándose, dejándose morir de hambre, abriéndose las venas, lanzándose a un precipicio o zambulléndose en el agua helada después de un baño ardiente, lo que provocaba una congestión pulmonar que los mataba. Algunos indicios permitían suponer también que los albigenses escogían a veces la muerte en grupo.

Los cátaros llevaban una vida ejemplar. Ante las persecuciones, recorrían el mediodía en todos los sentidos enseñado a las masas, predicando un evangelio de purificación y sencillez, fustigando las costumbres corrompidas de una parte de la clerecía católica. El pueblo seguía a estos hombres vestidos de negro, que vivían como santos, abandonando a los malos sacerdotes. La nobleza atraída por el ideal de los cátaros se adhería a la nueva fe. La iglesia oficial se debilitaba, con tanta facilidad cuanto que estaba alejada del pueblo. Los propios cátaros compartían las miserias de cada uno, ejerciendo la medicina, cuidando a los enfermos y llevando “la buena palabra”. Este inmenso movimiento se manifiesta en los Alpes, en el Rin y los Países Bajos, donde los gremios ciudadanos se rebelaban contra los obispos y la iglesia primitiva. 

En Italia, el ideal de Dante era ver al emperador de Alemania, Enrique de Luxemburgo destronar al Papa y restaurar otro cristianismo. Dante era el gran pontífice de esta secta cátara y su Divina Comedia fue escrita para exaltar su fe hacia la Iglesia cátara y perseguir enconadamente al papado, ya que no podía perdonar le la hecatombe provenzal. 

El año 1163 el Concilio de Tours, el Papa Alejandro II, a instancias de los obispos del Norte de Francia dictó una resolución que denunciaba el progreso de la “Herejía cátara”. En el tercer Concilio de Toulouse varios prominentes hombres de la nobleza fueron excomulgados y se perfilaba la amenaza contra los cátaros y sus protectores. Esta fue la primera señal contra los albigenses, que según Maurice Magre fue el hito más grande de la historia religiosa de los hombres. Desde 1207 el legado pontificio intenta enfrentar a los señores meridionales contra los albigenses, los cátaros quisieron asegurarse un lugar donde pudieran refugiarse en caso de ataque. Montségur, es el corazón de los Pirineos y fue escogido como elevado lugar espiritual. Fue una ciudadela que protegía la montaña sagrada del Tabor, Parnaso de la Romania, fue fortificada y organizada. Parecía a un arca, pudo, durante medio siglo aún, desafiar la oleada de sangre y de crímenes que pronto iba a desencadenarse y hundir su cultura y su civilización. Hasta 1220 son pasados por el filo de la espada más de un millón de personas, es decir más de lo que costó la supresión de todas las otras herejías. La causa principal de la gran matanza albigense, la causa oculta, pero la verdadera causa, había sido que el secreto de los santuarios, la antigua enseñanza de los misterios tan celosamente guardada en todos los templos del mundo por todas las cofradías, había sido revelada. Había sido revelada y se había comprendido que lo que acontecía en este tiempo aún no había sido visto en la historia. 

 No obstante Montségur, templo del catarismo, se levantaba todavía, como un desafío a la ortodoxia, con sus murallas invioladas. El asesinato de los inquisidores dominicos de Avignonet había de decidir el asedio y caída de la fortaleza. La empresa comenzó en la primavera de 1243, pero, seis meses más tarde, el asedio no había progresado. Los cátaros se beneficiaban de numerosas informaciones de todos los Países procedentes de Italia, el Sacro Imperio Germánico e incluso Constantinopla. Finalmente el Senecal de Carcasona, Hugues de Arcis que dirigía la “cruzada”, pudo gracias a la traición terminar con la resistencia. Un guía que conocía el camino secreto condujo al grupo armado a la cumbre. A partir de aquí, la rendición de la fortaleza no era más que una cuestión de tiempo. El primero de marzo de 1244 se firmó una tregua y el 16 de marzo la ciudadela se rindió. Doscientos cátaros, entre ellos cincuenta prefectos, que se negaban a abjurar de su creencia, prefirieron morir en la hoguera, erigida en un campo que recuerda, por su nombre el sacrificio: “El Campo dels cremants”. 

 En lo que se refiere a los tesoros, el historiador Pierre Roger dice que consistía en objetos preciosos, monedas y barras de oro y plata. Pero el verdadero tesoro de los cátaros, fueron avíos de la fe cátara: libros, manuscritos, enseñanzas secretas, reliquias, objetos religiosos y el Santo Grial, que se trata de una copa con el contenido de la sangre de Jesús, según narran historiados especializados en esta período de la historia del hombre, la misma que fue sacada en los momentos de la tregua por cuatro hombres que escaparon de la ciudadela y sin duda ocultada en una de las numerosas grutas próximas de Montségur. Por lo tanto la palabra “tesoro” parece esconder otra cosa, algún conocimiento o información que inspiró gran antipatía y codicia a Roma. Con el transcurrir de los tiempos su filosofía sigue viva y ofrece a sus adeptos una cosmogonía, una concepción y explicación del universo, tanto material como universal que atrae a numerosas élites intelectuales a las que deja insatisfecha los comentarios de los evangelios. Aportan un conocimiento esotérico en oposición al vulgar o creencia de las masas. La verdadera doctrina es y será revelada a un reducido número de elegidos que han surgido tras una larga peregrinación.
  

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