jueves, 13 de diciembre de 2012

LA SIEMBRA Y LA COSECHA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Cuando se vive la época navideña, donde hablamos mucho de solidaridad y nos enfrentamos a la soledad que crece junto al egoísmo y la competencia del consumo, no visibilizando la pobreza y perpetuando la explotación de los marginados de la vida. Por ello he planteado el tema de la generosidad, como análisis y reflexión, tratando de sensibilizar el espíritu y por ende mejorar el entorno en el cuales convivimos.

Partamos de que es un hábito de hacer el bien a nuestros semejantes y también una virtud de dar no solamente bienes materiales sino también nuestro tiempo, talento y la propia vida, sin esperar nada a cambio. Esta cualidad suele ir ligada por un amor intenso hacia los demás,  para quienes se desea y se busca su bien personal; es el cariño más firme que enseña que la generosidad es la principal cualidad de un alma iluminada que se entrega hacia los demás. Para poder compartir y ser bondadoso, primero debemos amarnos a  sí mismos, para luego proyectarnos a los demás, y es el primer paso hacia la iluminación y felicidad duradera. La generosidad, no es solamente un proceso que acerca, sino que además impulsa e inspira a los demás.

La generosidad reclama varias condiciones: Debe haber privación propia. Si se hace un bien a otro sin privación propia, no se habla de generosidad sino de bondad, que también es una virtud estupenda. Igualmente, esta pérdida de un bien propio debe tener un valor moral o de utilidad. Si es ligera o fácil sigue habiendo bondad. Si uno regala lo que le sobra, es bueno pero no se le llamaría generosidad sino desprendimiento bondadoso, como ejercicio coherente a una escala de valores que calme las angustias de la conciencia.

No vale ser generoso para obtener contraprestaciones, pero a pesar de ello éstas llegan por aplicación de la ley de causa y efecto. La generosidad actúa en  el  corazón que se expande y aleja el egoísmo. Y al dejar de ser egoísta, el espíritu vibra con mayor intensidad, mejorando  la salud y el entorno,  de esta forma se gana amigos y este círculo de amistad que se construye viene a constituirse en una relación personal desinteresada, que nace y se fortalece con el trato, basada en un sentimiento recíproco de cariño. Es un tipo de alianza y unión de afectos que se funda en los sentimientos recibidos y que en la misma medida que se dan, es una comunicación de espíritus que se brindan apoyo mutuo, comprensión, cariño,  en la más absoluta armonía entre las personas, con lo cual somos capaces de respetar y de ser tolerante al extremo.

La relación de amistad basada en la generosidad, es de afecto y confianza, y nos sirve de refugio, porque en ella podemos tener amparo, comprensión, ayuda y afectuosa protección. Allí se puede encontrar consuelo y auxilio sin tener que dar nada a cambio. En este tipo de amistad verdadera, no se tiene desarrollado el sentido de la posesión y no es absorbente en su trato, no hay en ella exigencias, ni pretensión caprichosa o desmedida,  ni obligaciones, al contrario hay libertad y apoyo mutuo. Y el beneficio más evidente es el que recibe el otro, y esto también es beneficio para sí mismo.

Varios son los modos de ejercitar la generosidad: siendo servicial, por ejemplo, ofrecerse a realizar los encargos de otros, cuidar a los enfermos, acompañar a los ancianos, brindar consejos, sacar a pasear a las mascotas. Esto significa dedicar tiempo a los demás, y suele ser un ejercicio estupendo de generosidad, de elevar la autoestima y valorar la vida en plenitud. Otra acción importante es regalar los objetos que se van guardando sin darles uso y que con el paso del tiempo se convertirán en inservibles. No se debe guardar,  hay que donar a personas  que les darán mucha utilidad. Con estos pocos ejemplos que he descrito se puede ir creciendo en solidaridad, como una muestra clara de que se ama en abundancia.

Y para amar en generosidad hay que ser espirituales, porque son dones inseparables en la vida. La gente esclavizada a las normas materialistas del mundo, al dinero, a la posesión y posición social  se aferran a las cosas, por lo tanto no pueden poseer esta virtud. Esta actitud tiene que dejar de ser  predominante en la vida y más bien tienen que luchar contra ella a diario, significando mantener la meta espiritual por delante de la material. Una de las grandes pruebas es la buena voluntad de compartir con otros. Si han recibido, hay que entregar una parte, y practicando esta clase de generosidad pueden testificar el gozo y satisfacción que da el dar, ya que implica la decisión de servir y ayudar.
La generosidad es un concepto que poco a poco se ha ido perdiendo, porque en esta sociedad sin valores espirituales, se cree que cuando alguien da algo por nada, es que hay una intención detrás, sin apreciar lo bueno que hay en la vida de los seres humanos. Cuando se entrega lo que sólo uno puede dar, la armonía que genera dentro de uno ilumina la vida de los demás.

Para concluir a manera de reflexión, transcribo un cuento del escritor español Pedro Pablo Sacristán: "Érase una vez una nube que vivía sobre un país muy bello. Un día, vio pasar otra nube mucho más grande y sintió tanta envidia, que decidió que para ser más grande nunca más daría su agua a nadie, y nunca más llovería.

Efectivamente, la nube fue creciendo, al tiempo que su país se secaba. Primero se secaron los ríos, luego se fueron las personas, después los animales, y finalmente las plantas, hasta que aquel país se convirtió en un desierto. A la nube no le importó mucho, pero no se dio cuenta de que al estar sobre un desierto, ya no había ningún sitio de donde sacar agua para seguir creciendo, y lentamente, la nube empezó a perder tamaño, sin poder hacer nada para evitarlo.

La nube comprendió entonces su error, y que su avaricia y egoísmo serían la causa de su desaparición, pero justo antes de evaporarse, cuando sólo quedaba de ella un suspiro de algodón, apareció una suave brisa. La nube era tan pequeña y pesaba tan poco, que el viento la llevó consigo mucho tiempo hasta llegar a un país lejano, precioso, donde volvió a recuperar su tamaño.

Y aprendida la lección, siguió siendo una nube pequeña y modesta, pero dejaba lluvias tan generosas y cuidadas, que aquel país se convirtió en el más verde, más bonito y con más arcoíris del mundo."


domingo, 21 de octubre de 2012

LA VIRTUD DE LA FORTALEZA


 VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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La fortaleza es el hábito de superar las dificultades. Siendo un don de nuestro espíritu, se convierte en una fuerza que resiste y acomete según la necesidad del momento. Es un valor increíble a quienes asiste en los trances más difíciles de la vida, para ello es necesario generar esa energía en el interior  de nosotros para así poder afrontar las dificultades, retos y esfuerzos que la vida plantea continuamente, y de lo que no podemos escapar y soportar un dolor, una molestia, superar un disgusto, dominar la fatiga, el cansancio, la tristeza.

La fortaleza es la capacidad para realizar esfuerzos sin quejarnos, sin amenazarse ante los problemas y es allí, en ese momento que podemos superar los miedos, aguantar el cansancio, las desmotivaciones ante cualquier sufrimiento o contratiempo. Para ello se requiere del coraje en la superación de todo lo que se opone a la consecución del bien, saber acometer lo que se debe hacer. Sin embargo, los filósofos clásicos no dudan en afirmar que el acto principal de la fortaleza consiste en saber resistir. Pero yo creo que es mejor eliminarlo de nuestro yo, ya que si no conseguimos una solución al problema no ganamos nada dejando latente y preocupándonos.

Todos sin excepción tenemos debilidades, pero la educación escolástica ha contribuido a crear una abundante masa que no ha sido educada en la fortaleza y que se altera a la menor contradicción, a sus gustos, a su bienestar, a su comodidad, es por eso que tenemos que aprender a dominarnos, para que más tarde no seamos vencidos por la vida. Por lo que es necesario crear esa capacidad de adaptación mental a las circunstancias; cualquiera que sea el medio por el que se alcance ya sea descansando, reflexionando, hablando, jugando, madurando, teniendo optimismo, cada quien tiene sus medios y usa el más adecuado para sí, pero todos esos medios para alcanzar la fortaleza, siempre consistirán en una adaptación de la mente.

La fortaleza abarca tres grandes campos: a) acometer las dificultades superables; b) resistir los insuperables con paciencia que es el vencimiento de la tristeza para no decaer ante los sufrimientos ya físicos, ya espirituales; y, c) mantenerse firme mientras dure el esfuerzo , es decir la constancia, que es la virtud que nos conduce a llevar a cabo lo necesario para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, pese a dificultades externas o internas, o a la disminución de la motivación personal por el tiempo transcurrido. La constancia se sustenta en una fuerza de voluntad sólida y en un esfuerzo continuo para llegar a la meta propuesta, venciendo las dificultades e incluso venciéndonos a nosotros mismos.

La fortaleza siendo una virtud, es muy necesaria porque hacer el bien exige esfuerzos frecuentes. Sólo quien se exige consigue avanzar. Cualquiera lo reconoce. Cada cosa tiene su precio y el esfuerzo forma parte de lo que debe pagarse. Tanto la adquisición de cualidades como la obtención de éxitos van precedidas de batallas no siempre fáciles y esa es la gran virtud de la vida, como lo es la virtud de los enamorados; la virtud de los convencidos; la virtud de aquellos que por un ideal que vale la pena son capaces de arrastrar los mayores riesgos; la virtud, en fin, del que sin desconocer lo que vale su vida – cada vida es irrepetible– la entrega gustosamente, si fuera preciso, en aras de un bien más alto.

La necesidad de lograr la fortaleza es evidente en el transcurrir de nuestra vida y no necesita mayores razonamientos, aunque puede darse esta explicación: Cuando se comete una falla, se siente que se ha cometido un mal, y nuestra conciencia se inquieta y deviene en una lucha, originando una tensión entre lo que podríamos llamar bien o mal. Y allí es el estado en que el humano sensible desea obrar correctamente, la de vencerse a sí mismo, de superar las acciones equivocadas que nacen y se quedan en su interior y que muchas veces nuestra imaginación  inventa y nos presenta como grandes problemas, pero en realidad no lo son tanto. Las causas de exagerar las dificultades suelen proceder de la comodidad, la debilidad, el pesimismo, el verlo como obligatorio, etc. En estos casos, la situación se imagina más oscura y las soluciones más pesadas de lo que son en realidad y que nos impide poner a prueba nuestra fortaleza.  

También es importante el ideal personal, que es el que capta como somos en realidad. Canaliza todos los impulsos que tenemos y que nos orienta en una misión concreta, es decir nos conocemos y sabemos que tareas realizar para lograr una meta. El ideal personal une ideas más fuerza,  para que nuestra vida se organice y tenga coherencia.  Ese ideal a su vez  tiene dos corrientes: ideal del ser y el ideal de obras. Todos caminamos por estos dos senderos para lograr llegar a buen puerto.  

Ideal del ser: toda persona debe encontrar “qué es lo que le mueve el piso”. Cuáles son sus inclinaciones, a qué es sensible, que lo hace feliz. Y lo descubre a través de sus propias vivencias. Cuando ya se conoce, y sabe que es lo que lo impulsa, reconoce cuál el don que enriquece todo su ser. Ese don toma todo lo que somos sicológicamente, lo sana y le da el vigor para saber a dónde ir. Quien encuentra y clarifica ese tesoro que encierra su ser y personalidad, tiene en sus manos la raíz del ideal personal que orienta nuestras vidas a la magnanimidad,  es decir a que debemos tener un espíritu grande, un corazón amplio y generoso, que se pregunte todos los días ¿Qué más puedo hacer?, porque busca darse sin medida.


El ideal de obrar en cambio son todas las acciones que debemos enfrentar como ciudadanos, como profesionales, como familia, esforzándonos en nuestras capacidades, sean intelectuales, físicas, morales y espirituales. Al cumplir con esas labores el humano descubre cuál es su misión. Ese llamado que se le hace a cada uno y a que consagre todo sus esfuerzos poniendo en juego las capacidades y dones que la naturaleza  le ha dado en favor de los demás.

Cuando se tiene claro el ideal personal descubrimos que este nos enaltece, porque tomamos conciencia de ese valor que cada uno tiene como persona. No se debe confundir este sentimiento con el orgullo y la soberbia que busca la grandeza personal y que nos aleja de la humildad de acción. Esta grandeza va muy ligada a nuestra forma de ser, porque tenemos que ser agradecidos por los dones y talentos que la naturaleza nos concedió. Y eso es la diferencia de una persona con otra, la experiencia personal que no le pertenece a la masa, al rebaño. 

COMO LOGRAR LA FORTALEZA

Todos quisiéramos ser fuertes, pero eso no se logra de un día para otro, hay que ir entrenando. Para lograr la fortaleza hay que ser fuerte,  potencializando nuestros dones, conocimientos y habilidades, ya que en caso contrario somos débiles. Igualmente hay que  prever  las dificultades, ya que cuando buscas algo bueno siempre los  encontrarás. Si te imaginas las dificultades desde antes, les perderás el miedo, y cuando vengan las podrás resolver mejor que si te toman por sorpresa. También hay que abrazar con generosidad las pequeñas molestias de cada día como es el frío, el calor, los dolores, los problemas, las ingratitudes, las críticas de otros, las cosas que no salen como uno quiere. Este es el único modo de ir volviéndose fuerte de espíritu, para cuando venga un dolor grande como puede ser una enfermedad grave, una muerte, una tragedia, una tentación grande. Todas estas acciones que cuestan realizar van fortaleciendo más tu fortaleza.


lunes, 24 de septiembre de 2012

TRANSFORMAR ES TRASCENDER

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Hay quienes nacen dentro de los marcos del mundo de las causas; mientras que otros nacen para el mundo de los afectos. pero una gran mayoría son simples y indiferentes espectadores, frecuentes obstáculos colocados a lo largo del camino del desarrollo y la transformación, coincidiendo sus muertes, y por consiguiente desaparición con el vencimiento del plazo otorgado al momento correspondiente a sus respectivas vidas, dejando como fugaz recuerdo la idea que se puede tener sobre un capricho llamado destino. Es por ello, que desde tiempos muy remotos, los mismos humanos se han clasificado en: simples mortales; inteligentes; y creadores de la luz.

Al nacer un espíritu dentro del mundo de las causas, nace un precursor y con él, una inmortalidad, participando de ella todos cuantos se encuentran en condiciones que les permite incorporarse en una sola conciencia. En cambio, con el nacimiento de un espíritu para el mundo de los afectos, nace una capacidad que permite la identificación de la naturaleza de los afectos, con la naturaleza de las causas; dichas identificaciones representan los eslabones que conforman la cadena del desarrollo de la capacidad intelectiva y afectiva de los pueblos, con la consecuencia de los desarrollos derivantes a saber, su evolución histórico-social y psíquica, condiciones sino que son para el desarrollo cultural que permite la integración y ubicación dentro de los marcos de la misma civilización universal, como evidencia de la capacidad  ineludible de la conciencia  del yo interno, y del yo con la sociedad, unidad que es la razón; y, por tanto, el origen de la justicia como paz para la paz, condición de la cual no puede ni podrá prescindir pueblo alguno, cuyos propósitos se identifican con los ideales del desarrollo y la prosperidad colectiva tanto a nivel material como del espíritu,  que a su vez, nos conduce hacia la convicción de la necesidad de la soberanía del pensamiento y a través de éste de la razón. De más está decir que donde muere la inteligencia muere la justicia, del mismo modo que donde muere la justicia muere la paz.

Desde el momento que la persona ve la luz comienza a definir su personalidad. Tomando en cuenta que el ser humano cuenta con dos fuerzas antagónicas en su interior. Uno es el falso yo, más conocido como ego o personalidad relacionado con la ignorancia, la inconsciencia, el egocentrismo, la insatisfacción y el miedo. El otro, es el verdadero yo, nuestra verdadera esencia, que está conectado con la sabiduría, la consciencia, el bienestar y el amor incondicional. Cualquier persona que no esté en contacto con su esencia está en vías de deshumanizarse, pues poco a poco va olvidando y marginando sus verdaderos valores, lo que repercute en su forma de pensar, vivir y relacionarse con los demás.

Y como podemos saber que esta personalidad puede estar  identificada  con el ego? Es fácil: en primer lugar, porque a pesar de hacer y tener de todo, siente un  vació en su interior,  como si le faltara algo esencial para vivir en paz. De tanto dolor acumulado, finalmente se desconecta de su verdadera humanidad. Desde el ego, las personas actúan movidas por el miedo y la necesidad de supervivencia física y emocional. Su objetivo es conseguir que la realidad se adapte a sus deseos, necesidades y expectativas egoístas, lo que les lleva a vivir una vida marcada por el sinsentido, el malestar y la necesidad constante de evasión y narcotización de sí mismos. Este tipo de personalidad cae muy fácilmente y se condiciona con falsas creencias sobre quiénes son y cuál es su relación con el mundo. Debido a la ignorancia prevalece su ego, desde él  se va condicionando y aportando en construir una sociedad competitiva, agresiva, avariciosa, superficial, insatisfecha, vacía y ambiciosa, que a su vez sigue condicionando a las nuevas generaciones para preservar el sistema impuesto. Aquí me refiero ya en términos de sociedad donde el mundo se ha convertido en un negocio, donde el lucro es el fin, y  las personas sus fichas, las cuales son manipuladas, pierden su personalidad, sus afectos solo con el objetivo de que consuman y compran  y así los propietarios de los medios de explotación cumplen con su objetivo de acumular.

De allí surgen  las grandes corporaciones que manejan y controlan el sistema monetario. Todas las instituciones funcionan bajo ese  mismo principio  para su propia supervivencia. Tanto a nivel de gobiernos, entidades financieras, empresas y las instituciones religiosas, que tanta influencia tienen en la sociedad, están orientadas a optimizar sus recursos para tener el mayor lucro posible. El bienestar de la humanidad y del medio ambiente les trae sin cuidado porque no es rentable. A la maquinaria de instituciones adherida  a este sistema egoísta y excluyente sólo le interesa que las cosas sigan como están, incluyendo la creación de conflictos armados para imponer sus políticas y objetivos. Los que tienen el poder tan sólo están interesados en continuar teniéndolo, y para eso necesitan seguir esclavizando a los pueblos por medio de la deuda y los intereses bancarios, que impiden que la humanidad salga de este círculo vicio de crisis de valores.   


Y es en este estado  de cosas es cuando  surgen y trascienden es la vida misma los líderes  para cumplir tus propósitos según tus ideales. No importa si lo reconocen o no en su comienzo o su trayectoria. Tengamos en cuenta que tú, yo, el aire, una roca, la naturaleza, el cosmos  y todo trasciende por existir, transformándose  constantemente. Aunque claro, el humano en razón es la mayor muestra de trascendencia conocida. Y dicha trascendencia personal se logra con la concientización. Para lograr trascender como líder en tu vida, tienes que ser siempre positivo y todo lo que sigue serán resultados positivos, aplicando la inteligencia en tu lado racional y emocional en igualdad de consideración. Un ejemplo de esto es motivar siempre a las personas que te rodean, enseñando lo que quieres lograr con el ejemplo de tus acciones, para cambiar hábitos, rutinas y actitudes.  El liderazgo es una célula espejo, en los hijos, familia, en el  trabajo, ellos  son un reflejo de nosotros. Somos el ejemplo a seguir y allí sabemos que hemos tenido la oportunidad de liderar. La palabra indica pero la acción manda, el ejemplo arrastra. Nuestro desarrollo como líder es que día con día realicemos nuestras acciones con total rectitud y disciplina para que visualice y realice sus funciones de palanca para aplicar en nuestra vida diaria y proyectar a los demás.

Un gran líder que trasciende la empatía se aplica para no equivocar las acciones, y tiene que tener comunicación verbal y no verbal; la más importante es la no verbal que son las acciones visuales, no se debe imponer una acción verbal, se debe demostrar consiente con acciones seguras y con el uso de lo verbal se complementa la acción de lograr. El maestro debe ser un guía y ejemplo en su tarea de ayudarle a encontrarla. Los resultados como líder que trasciende se verán reflejados en el fin común que es la felicidad. Es un camino al que hay que llegar, escalón a escalón, todos los días en tu vida cotidiana. Si eres positivo en los momentos difíciles, estos se hacen fáciles. El líder que trasciende toda su vida está aprendiendo y enseñando, siempre está experimentando y mejorándose, aprovechando del conocimiento y de la comunicación. Siempre como líder motiva y enseña a soñar, los sueños deben tener nombre y deben ser logrables de acuerdo a tus posibilidades.                 

Así se trascienden en la historia, que es la vida de los pueblos, con lo cual se pretende decir que es mucho más que un mero paso cíclico, debidamente constatado e inventariado. La historia es luz que señala el camino de la ley, del paso gradual de un estado inmediato anterior a otro, cada vez que se produce el fenómeno de retención en el progreso del desarrollo. Es por ello que la historia supone e impone una perenne y progresiva valoración. Las propuesta es ¿Un cambio radical en el proceso de formación humano?  Ahora prevalece el condicionamiento egoico, que provoca que el hombre siga siendo un esclavo. En cambio, un aprendizaje  basado en nuestra verdadera naturaleza,  potencia el desarrollo de nuestra conciencia, lo que nos libera de las falsas creencias acumuladas por el ego y que tanto limitan nuestra existencia. La crisis económica tan sólo pone de manifiesto nuestra crisis de conciencia. Es un indicador de que algo está funcionando muy mal. Todos los grandes sabios de la humanidad, como Buda, Lao Tse, Jesucristo o Sócrates, Platón, Hermes Trimegistro han dicho lo mismo: el sentido de la vida es aprender a trascender nuestro egoísmo y egocentrismo para que podamos ver a los demás y al medio ambiente que nos rodea como parte de nosotros mismos.

No existe la fragmentación, sólo la unidad: todos somos uno. Buscar la verdad implica cuestionar el condicionamiento sociocultural recibido para recuperar el contacto con nuestra verdadera naturaleza. No es ningún síntoma de inteligencia adaptarse a una sociedad como la actual, profundamente enferma. El líder que necesitan para mejorar la realidad debe ser, ante todo, un hombre consciente, libre y sabio. La trascendencia es la vida misma. En un plano más personal, trascender es cumplir tus propósitos según tus ideales. No importa si te lo reconocen o no.

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA CULTURA HIPPIE


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Paz, amor y libertad fue  la filosofía del movimiento  hippie,  y que hizo temblar y removió los cimientos de la sociedad y la política conservadora de  los Estados Unidos  y en general  de los países que han estado dentro de su orbita de dominación.  Esta  filosofía rompió con todos los esquemas tradicionales de una sociedad puritana  e hipócrita,  ya que su finalidad era derribar  mitos y tabúes de que nada era prohibido, simplemente hacían lo que querían con libertad absoluta.  Desde el hipismo se cambio  todo: música; arte; literatura; filosofía; política, con el advenimiento de nuevas ideas y doctrinas  progresistas y transformadoras que  muchos países lo acogieron como política de Estado, menos en Estados Unidos que las fuerzas conservadoras de los demócratas y republicanos lograron que este movimiento se extinga como organización transformadora y así seguir gobernando hasta hoy con el predominio del dinero sobre el ser humano,  donde la persona no es lo preponderante como política de Estado.

Igual se transformó  el arte pictórico, dando un giro al plasmar sus sentimientos en colores vivos;  la moda cambió al aplicar en sus diseños los colores sicodélicos y estilos muy vanguardistas;  los dogmas  volvieron los ojos a Oriente, a culturas milenarias como el budismo, el hinduismo, Krisna  y la tradición  de los indios norteamericanos,  aplicando  el precepto que el hombre es el centro de la felicidad,  y que uno mismo es quien  encuentra su paz, a través del dharma y del nirvana, alcanzaban un estado de espiritualidad elevado o conciencia superior , y  no esperanzados en que venga un salvador a remediar sus dificultades.  Renacieron las nuevas energías holísticas y los viejos conocimientos de los sabios abuelos.

El color, las flores, la naturaleza, la alegría fueron el símbolo  de su libertad para romper los esquemas impuestos de la rutina demoledora de la vida urbana. Uno de sus principios fue la búsqueda  del camino hacia la libertad;  libertad externa como una forma de llegar a la libertad interna. Fue una revolución cultural a través de un asalto total  a la cultura tradicional limitante y amorfa. Combatieron el racismo. Se empezó con la defensa de la ecología; filosóficamente  fue el germen para desarrollaría una nueva filosofía  que es el  New Age. Se liberaron los estereotipos sexuales. Se manifestaron en contra del belicismo, estuvieron en contra  de la guerra del Vietnam. Eran “pro-desarme nuclear”, de donde se origina el eslogan “amor y paz”. 

Igualmente las tecnologías de Internet  que hoy conocemos  ya no sirven a los que financiaron su puesta en marcha, sino precisamente al resto de los ciudadanos. ¿Por qué? “Porque el Pentágono se encontró con el movimiento hippie”. La tecnología detrás de Internet fue desarrollada por estudiantes de California de finales de la década de 1960, justo en pleno apogeo del movimiento hippie. Así pues, los desarrolladores de Internet eran estudiantes por las mañanas hacían su tesis, por la tarde iban a los conciertos y concentraciones del movimiento  y por la noche se metían a construir los ordenados y demás accesorios para dar funcionamiento a sus creaciones. Uno de estos hippies e ideólogo fue Vannevar Bush, que juntó los tres elementos indispensables para que la Red funcione como lo hace hoy día: por un lado, la conexión de ordenadores, algo de cuyo coste se ocupó el Pentágono. La creación de ordenadores personales, “que sean baratos y que el usuario no tenga que estudiar años para poder usarlos. En tercer lugar, era imprescindible la creación del hipertexto para conectar toda la información. Así pues, Bush propuso una nueva forma de investigación y desarrollo que fue seguida por muchos otros, como Ted Nelson (creador de Xanadu) o Douglas Engelbert, el creador del mouse, que puso fin a  las tarjetas perforadas y presentó una interfaz de usuario y unas aplicaciones que lo convirtió en “el padre del ordenador personal”. Un poco más tarde llegarían Stewart Brand, el Xerox Park, Steve Jobs y compañía, que darían lugar a los ordenadores personales. La clave de todos estos desarrolladores es que hicieron su trabajo creyendo en una filosofía hippie -casi anarquista- promulgada por Ivan Ilich, basada en dos premisas: el conocimiento libre, y que todo aquel que quisiese coger el testigo y seguir desarrollando la tecnología, debería tener a su entera disposición todo el trabajo de sus predecesores. Todo estas acciones  llevo a que tenga millones de adeptos en todo el mundo.

Quienes formaron parte de este movimiento hippie, fueron parte del llamado movimiento de la contracultura de los años 1960. Algunas de las principales ideas filosóficas que aplicaron  fueron: un estilo de vida inconformista, libre y no convencional, quitando las necesidades materiales, mostrando un marcado rechazo hacia la cultura materialista occidental, auto-marginándose  de la sociedad de consumo, buscando formas de vida en común en las que la paz y el amor fuesen los valores más importantes. Esto los hizo oponerse frontalmente a la mayoría de las doctrinas, valores y costumbres comúnmente aceptados.

Por sí mismo el movimiento no tenía un carácter ideológico ni político claramente definido, aunque sus ideas y su modo de vida tienen cierta similitud con algunos aspectos del anarquismo, como, por ejemplo, la vida en comunas,  el pacifismo y el amor libre. También defendían la ecología. Las prácticas del encuentro con el  yo interno a través de  la meditación o con el uso de drogas alucinógenas naturales que han utilizado los pueblos ancestrales desde hace miles de años. Estaban en contra del consumo de drogas duras como el alcohol, la heroína, las anfetaminas y la cocaína, ya que generan altos grados de adicción y tampoco aceptaban el negocio que hay alrededor de ellas. En cuanto a las características de su vida, eran nómades y les gustaba mucho viajar, decían que en el viaje y la aventura, el ser humano realiza un autodescubrimiento de su persona, además de abrir su cabeza a nuevas culturas y personas.

Renegaban del nacionalismo. Estaban en desacuerdo con valores tradicionales de la clase media estadounidense. Ellos consideraban el paternalismo gubernamental, las corporaciones industriales y los valores sociales tradicionales como parte de un “establishment”  único, que no tenía legitimidad. Esta palabra inglesa significa referirse al grupo dominante visible o élite que detenta el poder o la autoridad en una nación. El término sugiere un cerrado grupo social que selecciona a sus propios miembros (opuesto a la selección por herencia, méritos o elecciones). El término puede ser usado para describir estructuras específicas de élite arraigadas en instituciones específicas, pero su aplicación suele ser informal y es probablemente más utilizado por los medios de comunicación que por los académicos.

Alrededor de 1980, gran parte del estilo hippie, pero muy poco de la esencia del movimiento fue absorbido por la cultura hegemónica dominante. La prensa generalista perdió interés en esta cultura. Por su parte, muchos de los antiguos hippies se integraron en la corriente dominante de pensamiento y los sistemas sociales y económicos de los que habían renegado. No obstante, otros continuaron manteniendo un compromiso profundo con esta forma de vivir y sus ideales. Como los hippies tendieron a evitar la publicidad después del verano del amor en Woodstock, surgió un mito popular de que el movimiento había desaparecido, aunque de hecho continuó existiendo en comunidades en diversos países. La evolución de algunas comunas hippies ha dado lugar a las ecoaldeas de hoy, también llamadas "comunas del 2000".

En Ecuador en una población de mayoría indígena llamada La esperanza, cerca de Ibarra, capital de la provincia de Imbabura, fue el escenario por muchos años de concentraciones de hippies de muchos puntos del planeta. Se le denominó el Kadmandu de América. Llegaban  atraídos por la belleza natural del sector y porque podían encontrar un cierto tipo de hongos alucinógenos utilizados para fines  shamánicos. Convivieron en sana paz con la población indígena dedicada a la agricultura, al tejido y al bordado de ropa y también con los grupos mestizos.

Con una visión turísticas Aida Buitrón instaló  su hostería en La Esperanza, que con el transcurrir del tiempo adquirió fama mundial por la llegada en su casa de grandes artistas del rock de la década de los 70 y 80, como Bob Dylan, Alan Parson, Integrantes de Pink Floyd, The Doors, Jaguares, Manú Chao, Piero, Randolph Carter Jr., y muchos más. Casa Aída con la simpatía de su dueña hasta hoy recibe turistas de todo el mundo. Desde La Esperanza, un sitio de plena tranquilidad, con mucha armonía con la naturaleza  se puede partir en excursiones al volcán sangrado  ancestral del Imbabura, a la laguna de  San Pablo, al cerro del  Cubilche, cerro El Cunrro, lagunas del Cunrro, Cochas, a la población de Zuleta famosa por la ropa bordada, Otavalo y su feria artesanal, comunidades campesinas  de Chilco, Pesillo, Olmedo y al volcán Cayambe de 5790 metros de altura. 

viernes, 10 de agosto de 2012

LOS CICLOS DE LA HUMANIDAD



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

 El proceso histórico de las civilizaciones y las culturas está signado en realidad por las leyes de los ciclos y de los ritmos que como sabemos son las mismas que rigen en todos los órdenes de la manifestación universal. El simple hecho de comprobar que una civilización, como todo ser, nace, crece, decae y muere, es un ejemplo más, y bastante gráfico, de que ésta sigue y repite a su nivel correspondiente la ley cuaternaria en que se fragmenta todo ciclo. 

Sirviéndonos una vez más de las analogías y correspondencias simbólicas podemos comprobar que los ciclos de las civilizaciones están todos ellos comprendidos dentro de un ciclo mayor que abarca el de la existencia completa de la humanidad, que se divide en cuatro períodos o grandes edades, que comprende la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, según términos que cogemos de la antigüedad greco-latina. Siguiendo con la misma ley analógica, los ciclos históricos están inexorablemente vinculados al flujo y reflujo del tiempo cósmico en su perpetua recurrencia. En este sentido las eras astrológicas, en las que un signo zodiacal domina con su influencia un determinado período histórico.

Considerada globalmente la historia de la humanidad se nos presenta como un inmenso decorado o escenario (el teatro del mundo) en el que se puede observar cómo pueblos enteros aparecen y desaparecen obedeciendo a una ley inexorable. Igualmente podemos ver a la historia como un gran cuerpo (al igual que el cosmos mismo) cuyos órganos, y la infinidad de células que lo componen, tienen la misión de hacerlo funcionar. Y así como el cuerpo físico está animado por un corazón que le insufla la vida, de igual manera la existencia y la propia razón de ser de las sociedades humanas ha sido posible gracias a que han albergado en su interior el depósito sagrado del conocimiento y de las doctrinas.

Sin la presencia de los símbolos, ritos y mitos reveladores de lo supra-humano ­y mediante los cuales se puede escapar de la recurrencia cíclica de los nacimientos y muertes signados por el tiempo que todo lo abarca,­ la historia carecería de sentido y no sería sino un absurdo, pues le faltaría lo más esencial, que es el espíritu o acción  humano; o bien devendría una mera formulación de datos y fechas encasillados en compartimentos estáticos sin relación entre sí, cuando en verdad es todo lo contrario: una poética donde queda impresa el alma de humanos y de los pueblos. 

Si el cosmos entero obedece a un plan y a un orden de leyes físicas propias para su creación y expansión, en el que la nada y el todo desempeña una función y un destino específico, es obvio que las civilizaciones y las culturas tradicionales participaron en la realización y cumplimiento de ese plan, perpetuando en cada ciclo particular con sus formas y características propias, avivando el fuego inextinguible de la Sabiduría de los orígenes. En este sentido existe necesariamente un hilo de continuidad sutil e invisible entre todas las civilizaciones y especialmente entre aquéllas que se han manifestado en una misma área geográfica o continente. Cuando una civilización, al agotar sus posibilidades existenciales, está a punto de perecer, otra, más joven y con elementos nuevos viene a sustituirla, produciéndose con frecuencia una especie de ósmosis espiritual o transferencia de los principios de una a otra.


sábado, 14 de julio de 2012

EL ENTUSIASMO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Nadie nace conociendo el aburrimiento. En la mañana de nuestra existencia, cualquier cosa sencilla es motivo de asombro. Pero en algún punto de nuestro camino a la edad adulta perdemos el entusiasmo, no porque seamos sabios sino porque lo creemos erróneamente como algo pueril. El verdadero entusiasmo del adulto no es ya el ardor del niño por conocer todo lo nuevo, sea un sonido, un olor, un movimiento, sino la madurez de aquel don que recibimos al nacer, ya atemperado y moldeado por la experiencia, el buen juicio y la jovialidad. La palabra “entusiasmo” procede del griego y significa estar poseído por un dios. Es el secreto a voces, tan común e infatigable como el sol, que presta alegría y sentido a nuestros días, con tal que no lo menospreciemos.

La fuente del entusiasmo es el conocimiento. Si aprendemos algo volvemos a ser niños en relación con la cosa aprendida, pero a la vez esto equivale a confesar la ignorancia en que estábamos de ella. El libre juego de nuestras facultades  nos nutre de entusiasmo. Demasiado a menudo, por ejemplo, usamos nuestra vista como un instrumento, raras veces como fuente de goce. Igualmente el oído no lo sabemos utilizar y cuando descubrimos un sonido encantador de un ave, un insecto que se destaca por encima del bullicio que nos invade nos cobija un sentimiento de satisfacción el haberle descubierto y así recordamos el don de percibir y captar el mundo que nos rodea. Así aprendemos que el entusiasmo es, en parte, una atención despierta, el volverse a mirar, en vez de recogerse dentro de sí mismo como un caracol ultrajado. Sin el entusiasmo, somos como ciegos y sordos, y solo a medias conocemos el mundo en que vivimos.

El entusiasmo siempre tiene un propósito determinado que nos genera un goce. Es difícil ser entusiasta si se carece de un objeto en que fijar nuestro interés. En la vida de casi todas las personas llega un momento en que su propósito flaquea y el entusiasmo innato desaparece, lo que se lleva consigo algo de nuestro interés por la vida. Este embobamiento de la facultad para el entusiasmo puede producirse repentinamente a causa de alguna crisis o bien poco a poco, por el desgaste de la diaria existencia. Por ende el entusiasmo es como el motor del comportamiento. Quien está entusiasmado con algo, se esfuerza en sus labores y exhibe una actitud positiva ya que tiene un objetivo por cumplir. Un trabajador redoblará sus esfuerzos si sabe que puede acceder a un aumento de salario gracias a un buen desempeño; en cambio, si descubre que cualquier esfuerzo será en vano, es probable que pierda el entusiasmo.

La tentación de darnos por vencidos es muy grande, pero ese es, más que ningún otro, el momento de aferrarnos a nuestro entusiasmo. La mente humana es perezosa y no quiere que la molesten. Pero hay en ella alguna fibra resistente  (él punto mismo capaz de entusiasmo) que no se aherrumbra; se retira, tensa, y al soltarnos nos vivifica. Si creemos que es imposible entusiasmarnos por las condiciones actuales en las que nos tocó vivir, lo más probable será que jamás saldremos de esa situación. Es necesario creer en uno mismo, en la capacidad de hacer, de transformarse y transformar la realidad que nos rodea. Dejar de un lado toda la negatividad, dejar de un lado todo el escepticismo, dejar de ser incrédulo y ser entusiasta con la vida, con quienes nos rodean y con uno mismo.

No hay fórmula mágica que pueda revestirnos con la alegría de vivir. Viene a nuestra disposición a encontrar el camino. En verdad, el entusiasmo es esa misma disposición de ánimo. A veces implica aceptar las cosas tales como son; otras, significa atreverse a alterarlas sin doblegarse sino más bien ser impulsivo en audacia para lograrlo, sin que signifique que toda acción tiene sus riesgos. Y entre el extremo de pretender hacer el mundo nuevo y el de querer aislarle de él hay un punto medio que permite obrar con inteligencia y maduro entusiasmo Y así nuestra alma se convierte en un arte ante el mundo exterior, y entonces ya no nos desesperamos por querer saber qué sentido tiene la vida; le damos sentido con el propio existir. 


sábado, 16 de junio de 2012

CONFIANDO EN SI MISMO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
La presión de la sociedad en la que vivimos ordena a nuestro gran ordenador a pensar siempre que los problemas son parte esencial de nuestras vidas y nos obliga a desenvolvernos  con la tortura, con atribulaciones de no tener una paz interior que nos permita ser felices y alegres. Sin saber que la naturaleza nos ha dotado a cada uno de nosotros de la capacidad necesaria para  derribarlos  de una manera simple y rápida esas barreras anímicas, verdaderos obstáculos síquicos que limitan o invalidan nuestra innata aptitud para resolverlos.

Emerson reflexionaba: “la vida consiste en lo que un humano piensa”. Si piensas en el éxito, creas un clima espiritual que posibilita el éxito. Si piensas en el fracaso, ya estás a dos dedos de él. Puesto estos grilletes intelectuales no se tienen existencia tangible, es preciso tratar de suprimirlos por medios puramente espirituales. Por eso es por lo que, para obtener ese resultado, me valgo de aquellos principios universales, cuya aplicación han  aliviado  y curado, a través de las edades a miles de generaciones. He aquí el mensaje  que nos proporcionará un instrumento de enorme eficacia para resolver nuestros conflictos que no son ni grandes ni pequeños, sino depende del grado de preocupación que tú le des.
 Son cuatro los principios y temibles enemigos de nuestra paz interior, y que es, casi siempre, uno de ellos el que proyecta su ominosa sombra en el ánimo conturbado por algún problema.
 
La falta de confianza en uno mismo.  Allí es importante desplegar todas las fortalezas y el valor, y el mejor modo de resolver los conflictos propios consiste en ayudar al prójimo a zanjar los suyos. Allí al ser útil  se potencializará  el esfuerzo y la constancia en creer que tu eres todo y puedes resolver todo, así calará hondo en tus rincones crepusculares del  espíritu, de donde con lentitud pero con certeza expulsarás a la desconfianza en sí mismo. No siempre resulta fácil. En este mundo no hay cosa más difícil que cambiar de modo de pensar, pero es posible. Lo sé  porque hemos visto a muchos triunfar en esta ardua empresa.

Muy a menudo otorgamos excesiva importancia a los potenciales problemas que pueden surgir. ¿Por qué no usar toda nuestra energía en lograr nuestras metas, en lugar de gastarlas preocupándonos de lo que podría ocurrir? Actúa sin miedo! Minimiza riesgos, y que el miedo no te detenga. Así todo lo que soñemos, pensemos  culminará con éxito. La mente realmente no sabe diferenciar entre algo imaginado y  algo real. Lo confunde.  Allí  habrás superado el miedo y se elevará tu grado de autoestima. La confianza en sí mismo es una aseveración de que creemos en  nuestras propias decisiones y actos. La confianza en sí mismo nunca es heredada; es aprendida. La autoestima incluye la evaluación subjetiva que alguien hace respecto de sí mismo. Es tener conciencia de los propios valores y solo cuando tenemos esa conciencia podemos confiar en nuestra capacidad. Aunque para saber de qué somos capaces es esencial el auto-conocimiento.

El resentimiento. Muchos son los mensajes que recibo en mi página electrónica donde publico estos temas, donde las personas  se muestran convencidas de que el autor de sus males es otra persona y no ella misma,  y allí que esa  ebullición mental  produce el hervor de un cólera reprimido. Ese resentimiento que clama por desahogarse hace mucho daño a la persona que lo alimenta que a la que le sirve de objeto o pábulo. esa carga de malquerencia agota las energías del más fuerte. Impide toda comunicación conciliadora. Es algo muy difícil de conseguir  neutralizar los sentimientos, hay que estar en un plano elevado para lograrlo y olvidarlo. No hay más que un remedio para el resentimiento: el perdón. Algunas veces nos puede tomar mucho tiempo perdonar porque hay que  reforzar  los esfuerzos fallidos de eliminar este veneno.

Culpa y remordimiento. Un remordimiento oculto o embozado, no se desvanece por sí solo. se nos clava en la conciencia llenándola de angustia y temor. El único medio de librarnos de este terrible huésped es arrepentirnos sinceramente de la culpa cometida, hacer propósito firme de enmienda, ofrecer excusas y reparar, hasta donde sea posible, el perjuicio inferido, si lo hubo, y solicitar directa o indirectamente el perdón de la persona ofendida. Los males de culpa y el remordimiento que nos provoca tenemos que enterrarlos  profundamente o olvidarnos. Una vez sepultados se recobra la paz del alma.


La preocupación. Este cuarto enemigo es el más común y corriente. La preocupación según cierto sabio, es un hilo persistente de agua turbia que nos corre por el espíritu. “Si nos descuidamos” añade, “cavará ancho cauce al cual irá a parar en todos nuestros pensamientos”. En el transcurso de tantos años son millones de mensajes negativos que recibimos, en los medios de comunicación donde nos pretenden quitarnos hasta la esperanza;   de las personas de a pies que viven pendientes y esclavas de los altibajos de la vida ajena; de los compañeros de trabajo, de vecinos, es decir un mundo de terror nos rodea si hacemos caso a estas especulaciones de angustia. La verdad  es que la mayor parte de los desastres y calamidades que tenemos producimos nosotros mismos con nuestros miedos e ideas que nos aprisionan, pero si somos positivos no pasará nada  ninguna calamidad nunca nos topará y peor condicionará.

Un remedio que se preconiza contra la excesiva preocupación  es tener clara idea del perjuicio emocional y físico que puede causarnos. La preocupación de esa forma aguda y constante afecta la circulación, el corazón, el sistema glandular y el nervioso.  No hay que morir atenazado por la duda. Por tanto a la vida hay que tomarle  en una forma deportiva solazándonos de todo lo que nos rodea, haciendo lo que nos gusta, por sencillo que sea sin rumear las preocupaciones, mudando el tono de nuestra vida interior, teniendo fe en nuestros potenciales y cualidades, sin adelantarnos a los acontecimientos, esa es la mejor medicina que conozco para las preocupaciones y para encontrar la serenidad interior.

Problemas y más problemas, y siempre problemas. El mundo continuará rebosando de ellos, pero no debes ni quejarte ni desesperarte porque preocupándote no vas a solucionarnos, sino a enfermarte.  Arroja de tu espíritu la desconfianza en ti mismo, el resentimiento, el remordimiento y la continua preocupación y te asombrará  ver cómo acudirán a remplazarlo la confianza, la caridad que perdona, la fe que ilumina y la serenidad gozosa. Y allí has dado a tu vida grandes victorias y gloriosas realizaciones.

viernes, 18 de mayo de 2012

HABLA AL SILENCIO


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA

El silencio no puede existir si no hay sonido, por lo que hay que hacer el ejercicio del silencio para llegar al sonido. El silencio tiene una particularidad, forzar al individuo a conversar consigo mismo, a mirar a si mismo y a conocerse a si mismo. Por tanto este misterio no se encuentra ni se descubre en el mundo, se encuentra y se aprende en el corazón de los humanos que lo buscan para mejorar su existencia. El silencio, aunque parezca raro decir, puede ayudar al ser humano a encontrar respuestas a nuestro propio misterio.

Hay tres tipos de silencio:

- El silencio físico que consiste en no hablar y estrictamente no generar ruido.
- El silencio mental se reduce a no pensar.
- El silencio espiritual es llegar al silencio total para encontrar el campo de la manifestación suprema.

Los pasos para encontrar el silencio son: El silencio como ejercicio mismo; y la meditación.

El primer paso es el silencio por el silencio, que radica en la fuerza de voluntad para ejecutarlo. Es aprender a controlar el manejo exacto de las palabras. Para lograr este silencio es necesario concentrar la atención en elementos mucho más sutiles casi imperceptibles que nunca está acostumbrado a escuchar como es el latir del corazón, el crujir de los pisos, la respiración.

El otro paso es callar para escuchar: Si estamos en la naturaleza magnimus y optamos por callar y suspender toda acción humana y demostramos un acto de humildad y de respeto aprendemos a escuchar los mensajes de la naturaleza a través del viento, el agua, los árboles y todo ello constituye un alimento a nuestro espíritu para sentir los mensajes puros sin prejuicios e intenciones.

El tercero es la meditación: Es un paso más allá del silencio en sí. Ya no es un alimento para el alma sino que constituye la esencia divina. La meditación nos permite realizar el silencio físico y el silencio mental, donde ya no es la voluntad sino que existe una fuerza más ajena que nos hace callar a nuestra mente. Es el momento en que tenemos que aceptar al pensamiento como un río, que fluyen ideas hasta que llega un momento en que se calla y lograr que fluya solo energía.

La concentración de la energía y la atención en el asiento del alma, sin aprehensión, sin deseos, sin ansiedades, dejando que se haga es imprescindible. La vida que llevamos tiene poca soledad, pero la misma que está cargada de penas, conflictos, alegrías, pero se vuelven insensibles, ya que jamás estamos solos, ya que estamos atados al ayer, al recuerdo; y los llevamos con nosotros estas cargas que no nos permiten dejar atrás el pasado y solamente cuando afrontamos y resolvemos en el momento preciso llegamos a la soledad.

Es importante llegar a la soledad y dar a este espacio importancia en la búsqueda de la virtud y la libertad. Ninguna virtud puede funcionar sin este espacio vasto en sí mismo, nos es necesario el silencio ya que no podemos tener contacto con lo nuevo si no estamos solos, sin ninguna experiencia, influencia, es decir tenemos que estar vacíos, -la vasija tiene que estar vacía para llenarlo-, y solo su espíritu silencioso tiene la posibilidad de ser claro. La única meta es generar un estado de espíritu capaz de dominar el pensamiento y si nosotros no establecemos verdaderos fundamentos contra el miedo, dolor, ansiedad no podremos salir y tener un espíritu libre de tortura.

El espacio y el silencio son necesarios para ir más allá de las limitaciones de la conciencia. La pregunta es ¿Cómo un espíritu activo puede estar en calma? Nosotros podemos moldearlo, perseguir un ideal que consiste en tener un espíritu calmado, pero no tiene ningún efecto si actuamos con rigor ya que se estanca. Ejercer un control en cualquier forma es represión, es decir se ejerce un conflicto, y la mayor parte de nuestras vidas son disciplinadas por las presiones exteriores de la sociedad, de la familia, de nuestros sufrimientos, de nuestras experiencias, nuestro conformismo a una ideología y a su estructura. Estas disciplinas son mortales, por lo cual debemos evitarlos a través de eliminar las represiones, temores.

Nuevamentente nos preguntamos y ¿Cómo hacerlo? No se trata de disciplinarlo y luego adquirir la libertad. La libertad hay que adquirirlo al principio y no al final. Comprenderlo es liberarse del conformismo en materia de disciplina. El acto mismo de aprender es disciplina, es decir se convierte en claridad para comprender la naturaleza de las cosas y toda su estructura. El silencio permite el encuentro consigo mismo, es un paso a otro nivel del sonido más armónico, por lo cual el silencio no puede ser descrito, ya que todo aquello que se puede describir es conocido, y uno no puede librarse de lo conocido sino sólo muriendo todos los días, para que las células del cerebro estén siempre frescas e inocentes, Pero esta cualidad no es de la belleza del silencio, este silencio es un pequeño comienzo como si uno pasara de un pequeño hueco hacia la inmensidad del océano y no podemos comprenderlo verbalmente sino hemos comprendido la estructura de la conciencia.

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