lunes, 26 de enero de 2015

EL ARTE DE VIVIR



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La vida es la última forma artística y nosotros somos los creadores, ya que estamos creando vidas que deseamos. Estamos haciendo lo que deseamos hacer, comportándonos como deseamos comportarnos. Todas estas acciones nos muestran nuestras el aprendizaje sobre lo que somos: generosos, pacientes, altruistas, disciplinados, atentos, sabios. En una palabra hacemos lo que decimos o estamos huyendo huir de nuestros propios yo.

En el universo somos semillas: semillas kármicas. El sentido común de las leyes de la causalidad nos hace comprender que las semillas de manzana no producen limones. Cuando  nos aferramos a valores cuestionables, obtenemos resultados cuestionables. Si herimos a los demás nos herimos a nosotros mismos; sirviendo a los demás, nos servimos a nosotros mismos también. Por ello es fundamental cultivar la bondad y la virtud como modo en que tratamos a los demás, esto se refiere a crear armonía en nuestro mundo, en nuestro hogar, en esta vida misma, ahora mismo.

Lo anterior dicho se reduce a un antiguo principio: Trata a los demás como deseas que ellos te traten a ti. Y podemos lograrlo con un espíritu generoso y un corazón abierto, siendo un desafío a todos a ser lo más sabios, sanos, amorosos y compasivos que podamos; a ser todo lo que somos. A no ser  más, a no vivir la vida de otros, sino despertar y ser verdaderos cada día a los que somos y a quienes somos; no solamente en lo que pensamos y decimos, sino también en lo que hacemos.

Las acciones de bondad, inegoistas y virtuosas sirven para varios propósitos. 1) Ayudar a otros, 2) Ayudarse a si mismo para acumular mérito y karma bueno, lo que sirve para impulsar a lo largo del camino de una vida que quiere conseguir la iluminación; 3) Constituye una expresión de sabiduría, de cordura superior y de iluminación misma. Esta clase de beneficios múltiples asegura felicidad y alcanzaremos la virtud que es conocimiento.

Otra vía para vivir con plenitud es ir a donde le llamen y enseñar donde se lo pidan, esta acción ayuda a los demás a liberarse a sí mismos, a través de sus propios esfuerzos espirituales. Este altruismo contribuye a crear la vida llena de felicidad para afrontar con alegría este singular viaje que es muy personal, lleno de complejidades y asombro. En cada recodo del camino se nos presentará grandes oportunidades, todas ellas representan etapas diferentes, gozos y dificultades que nos cambia la vida de acuerdo a nuestra propia medida, por lo que tenemos que tener confianza en nosotros mismos eliminando el temor o ansiedad acerca del futuro, confiando en que si somos virtuosos y hacemos lo correcto, el futuro se cuidará de sí mismo.

La ética que vamos adquiriendo con el conocimiento y la experiencia nos informará  lo que es correcto  en un comportamiento que resulta más útil que dañino y que nos conduce a la liberación y a la libertad. Aunque podamos  juzgar que ciertos actos son indeseables o pocos útiles, no juzguemos el sujeto de la acción como negativo o indeseable, en lugar de ello abramos el camino hacia la comprensión, revelándonos como operan las cosas con conceptos simples pero que hay mucho detrás de ello que lo que podemos ver.

La práctica espiritual es una forma de vida sana y humanitaria, un fin positivo en sí mismo; no es simplemente un medio para llegar a una dimensión distinta. Un vivir consciente y atento requiere estar totalmente presentes, como si intimáramos plenamente con todos y con todo. Si bien es más fácil de lo que uno piensa; es también más difícil de lo que uno cree, porque hay que actuar con todo el corazón para preservar, amar y respetar la vida, todo tipo de vida y esta actitud nos recuerda que todo esfuerzo, atención y amor nos dará respuestas satisfactorias sobre la vida plena. Por lo que es necesario dirigir nuestras energías y acciones hacia la bondad  y ayuda a los demás. A medida que mejoremos el acceso a nuestra propia y pura naturaleza,  amando la vida, respetando la vida y salvando la vida, estamos acumulando  energía trascendental que se llama karma positivo.

 Para lograr esto se requiere una profunda comprensión de nuestras conexiones con los demás y de lo que significa amar a toda la vida. Esto suele significar el desarrollar un punto de vista diferente acerca de los detalles de vivir, incluso de los más pequeños como es disfrutar del sonido que en la noche producen los insectos. Es un verdadero desafío alterar su perspectiva del mundo, en tal grado como para reconocer que todos los seres tienen las mismas necesidades que usted.  Es todavía más impresionante cuando uno trata de poner la creencia en acción, siendo menos egoísta. Podemos aprender a amar y venerar cada vida individual y cada forma de vida. 

Reflexionando en que todos somos iguales, todos pertenecemos al universo  por ende a la verdad. Todos los seres: árboles, perros, gatos, serpientes peces, aves y humanos tenemos el derecho de vivir y lograr la felicidad; ninguno de nosotros es, por derecho, el arbitro del destino de los demás. La vida es un don.

Desarrollar una actitud de amar la vida cuando aprendemos a ceder, a admitir, a soltar y ablandar nuestros corazones y nuestras almas, estamos haciendo el mejor esfuerzo para superarnos día a día, a pesar que estamos rodeados de propaganda  que induce a la violencia como son los  medios de comunicación sensacionalistas que nos recuerdan que somos parte infectada de una sociedad violenta. Por ello nosotros debemos permanecer en alerta  ante cualquiera de estas tendencias ayudando a mantener nuestras vidas equilibradas y sanas para ser conscientes de la oscuridad, así como de la luz que hay dentro de nosotros, de modo que nunca estemos desprevenidos ante impulsos negativos inconscientes. Hagamos un voto de no matar o dañar con el fin de que nunca olvidemos ser gentiles, bondadosos, amables, amorosos hacia las demás formas de vida de nuestro frágil planeta.

No busquemos en ninguna enseñanza que abogue o condene la violencia y exhorte a no dañar a los demás, debe nacer de nuestra propia conciencia, de la capacidad de confianza en nosotros mismo, de creer en lo que estamos haciendo y allí sentiremos la cualidad maravillosa que es amar, alejando a la sombra y atrayendo a la luz.

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