sábado, 6 de febrero de 2010

SIEMPRE POSITIVO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Cuenta la leyenda que Pigmalión fue un rey que contemplando una hermosa estatua femenina quedó prendado de su belleza. Locamente enamorado dirigió sus ruegos fervorosos a la diosa del amor para que le infundiera vida a la piedra y así poder entregarle toda su pasión. Conmovida la diosa por tanta fe y tan profundo y real sentimiento, le concedió la gracia solicitada. Hasta aquí la leyenda. Ahora viene la lección ¿Cuánta fe ponemos en nuestros proyectos y metas? ¿Somos sociedades de optimistas y confiados en el éxito? Lamentablemente, las respuestas no pueden ser positivas, ya que poseemos una cultura que tiende a lo negativo y al conformismo (y a los triunfos morales). Esta actitud se manifiesta en todo ámbito, desde lo doméstico hasta lo político, pasando por lo deportivo, por lo económico, lo académico, etc. Si se encuentran dos o tres personas en la calle ¿Cuál será el tema de conversación? Usted seguramente tiene la respuesta correcta. Sea cual sea el tema, este abordará tópicos negativos. Y si se integra otra persona a la conversación, una vez enterada de su contenido, lo más seguro es que aporta una desgracia aún mayor que las expuestas. ¡Si parece que participáramos en un campeonato para elegir al más infeliz! ¿Y ha visto usted lo que pasa cuando alguien cuenta que le está yendo bien! Usted también lo sabe. Después de las seudo felicitaciones, sembradas de dudas, vienen los irónicos comentarios con los amigos comunes. Ahora si el éxito propalado es real, bueno, para eso tenemos la institución del “chisme”.

 Todo lo anterior nos lleva a una reflexión práctica: ¿le conviene a la sociedad esta mentalidad? ¿Nos conviene a cada uno de nosotros? Evidentemente no. Aún más, una actitud mental negativa nos hace mal como individuos y como naciones. Nos enferma, nos intoxica, nos paraliza nos degrada. Por lo contrario, se ha comprobado experimentalmente que las actitudes positivas generan secreciones hormonales de beneficiosos efectos fisiológicos y psicológicos. Ya lo vimos en el caso de Pigmalión: aún las metas inalcanzables pueden llegar a ser una feliz realidad, si así nos proponemos en nuestra mente con mucha fe y confianza.

 Vale la pena, entonces, preguntarse: ¿Qué tipo de vida deseo para mí y los míos? ¿En que tipo de país deseo vivir? Seguro que nadie desea conscientemente la infelicidad personal ni el estancamiento de su país. El problema es que todos los esquemas mentales negativos a que hemos hecho mención se encuentran en nuestro subconsciente y nos impulsan a actuar irreflexivamente, e incluso, en perjuicio nuestro y de los que nos rodean. Nadie quiere ser injusto, sin embargo, muchas veces lo somos hasta con nuestros seres queridos. Cometemos muchos otros errores, pero sólo los percibimos en los demás. Lo que sucede es que nos han educado para mirar hacia afuera. Por eso somos muy críticos, pero de los demás solamente. Y ¡cuánto tiempo y energía desperdiciamos quejándonos y criticando improductivamente! Lo único productivo es la autocrítica, ya que sólo ella nos permite cambiar y mejorar. Pero ¡qué valentía y honradez se necesita para ello! Si nos atrevemos, empecemos ya. El tiempo pasa, nuestra mente y nuestra voluntad pueden anquilosarse y podemos perdernos esta invitación que la vida nos hace a ser felices.

 El progreso y la felicidad requieren esfuerzos y sacrificios. Si queremos realmente cambiar nuestras actitudes, deberemos partir practicando paulatinamente una técnica difícil pero muy eficaz, llamada “autopercatación”. Simplemente se trata de observarse a sí mismo, como un testigo imparcial de nuestros propios comportamientos, escuchándonos, sintiéndonos, etc. Es un trabajo largo y de todos los días, y quizás de toda la vida. por lo tanto, calma. Comience con alguna faceta de su vida familiar o de trabajo en la que sospeche que algo anda mal. Obsérvese tres o cuatro veces en el día, o cada vez que se acuerde. Si es honrado y valiente, empezará a descubrir aspectos mejorables nunca antes sospechados. Lo más interesante es que, al hacer luz sobre dichos aspectos, aparecen espontáneamente comportamientos autocorrectivos y absolutamente indoloros. Así que ¡Atrévase!

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