jueves, 2 de junio de 2016

MITHRA EL CREADOR DEL SOL



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El culto de Mithra es desconocido y aun su relación con las creencias de Persia. Por un lado parece tener todos los caracteres del mito aryo, mientras por otro lado parece de origen semítico. Mithra como todas las divinidades antiguas, presenta fases opuestas y contradictorias. Así como en la religión védica, Mithra y Ahrimán aparecen como dos aspectos  diferentes, aunque siempre asociados, de la luz solar divinizada, el primitivo Mithra parece que representó aquel planeta que es el lucero de la mañana y el primero de la tarde, he aquí el doble carácter que presenta como dos auroras, bajo dos aspectos el físico y el moral.


Los romanos con su gran poder de asimilación, introdujo en sus ritos el culto de Mithra. Parece que conocieron este culto por medio de los piratas de Cilicia, capturados por Pompeyo hacia el año 70 antes de N. E. El culto de Mithra arraigó en tiempo del emperador Domiciano y fue establecido con regularidad por Trajano hacia el año 100 después de N.E., y por Cómodo hacia el 190.

La fe en las divinidades en Grecia y Roma empezaba a desaparecer, y los espíritus abrazaban con entusiasmo un culto cuyo carácter misterioso hablaba más a la imaginación, dilataba el campo de las esperanzas y favorecía las aspiraciones a lo invisible que son los principales resortes del sentimiento religioso; sólo que, como sucede siempre con las religiones trasplantadas fuera de su propio suelo, el mistracismo se alteró. Mithra sacado fuera de la teogonía de que formaba parte integrante, fue tomando proporciones y formas de las divinidades helénicas y latinas, cuyo culto por otra parte iba en decandencia. Entonces los misterios de Mithra tuvieron un éxito prodigioso y llegaron a contar millares de adeptos.

El politeísmo antiguo, viendo caer su prestigio, se refugia en el sagrado de las creencias orientales. Mithra llegó a ser adorado, no sólo en Persia, sino también en Armenia y Capadocia, en donde se dejaba sentir poderosamente la influencia romana. Llegó a ser tan popular que en el tiempo de Adriano, que un escritor griego, Palas, compuso sobre esto un tratado especial. Así, pues, sin perder del todo su carácter exótico, había Mithra tomado asiento en la teogonía grecolatina, o sea en la religión oficial del imperio, en los últimos siglos del paganismo.

Su culto hería vivamente la imaginación del pueblo, era un objeto de horror para los cristianos, los cuales acusaban a los mithríacos de recurrir a los sacrificios humanos. Del emperador Juliano el Apóstata se sabe que los quiso apoyar y ello le valió la acusación de haber inmolado víctimas humanas y la fama de sanguinario. Por lo demás, no parece cierto que el sacrificio humano  fuese práctica habitual en el culto mithríaco, y si hubo algo de esto, fueron más bien intemperancias del emperador Cómodo, en su devoción exagerada a Mithra.

ORIGEN

Los historiadores coinciden en afirmar la creencia de que nació de una roca, es decir que había visto la luz en la hendidura de un peñasco o gruta. Esta leyenda concuerda con una cantidad de símbolos, conocidos no solamente por los persas, sino también por los primeros cristianos. Por la misma razón, los misterios de Mithra, en memoria de su nacimiento místico, celebrabas  en  oriente, en grutas naturales o artificiales, mientras que el Occidente sus santuarios estaban instalados en subterráneos: una sala precedida de un pórtico, daba acceso a una escalera que conducía a una cripta dividida en tres partes: la primera, la Cella (dependencia o cárcel); segunda, podía (galerías para los asistentes a la ceremonia); tercera, el adyton (santuario) algo más elevado, en cuya pared delantera  se veía una representación del sacrificio del toro y en el fondo había dos altares, ante la imagen de Mithra, un pequeño foso para la sangre de las victimas y unos recipientes para el agua lustral.

La iglesia mithríaca tenía sus sacerdotes, sus obispos (antistites) y un sumo pontífice, y un cierto número de sus fieles hacían votos de castidad. Exteriormente había comunidades organizadas (sodalitia), con sus dignatarios, era una organización parecida a la iglesia cristiana, profesando una especie de monoteísmo sincrético como aquella; lo cual no es de extrañar, pues era la obra de una misma raza, de unos mismos hombres, de unas mismas ideas e iguales necesidades. Esta analogía afectaba no solamente a la organización sino también al dogma en su aspecto exterior; Mithra tenía muchos puntos de contacto con el logos (verbo encarnado), había una adoración de los pastores, una cena, una ascensión (Mithra sobre el carro del sol), y su sacrificio creador y redentor.

CEREMONIAS

Como en todas las Fraternidades, en el mithracismo había sus ceremonias para el acto de iniciación a los neófitos y la iniciación seguía varios grados.

En el  primer grado consistía en lustraciones purificantes a que se sometía al neófito en cuya frente se hacía una señal, mientras él ofrecía al dios una torta y una copa de agua. Luego le presentaban una corona en la punta de la espada y él se ponía en la cabeza diciendo: Mithra es mi corona.

En el segundo grado, el aspirante se vestía una coraza, y armado arremetía contra los monstruos y gigantes, organizándose una especie de salvaje cacería en las cuevas subterráneas. Los sacerdotes y ministros del templo, disfrazados de leones, tigres, leopardos, osos, lobos y otros animales atacaban al aspirante Allí el  candidato demostraba su fortaleza para vencer y no ser vencido por el miedo, así salía avante y demostrada su compromiso de ser miembro de la Orden.

En el último grado el aspirante se vestía con un manto, en el cual se veían pintados los signos zodiacales. Atravesaba el templo entre gritos y figuras de monstruos que le atacaba en su viaje. Después de sufrir estas pruebas, si no perdía el valor era saludado como “León de Mithra”, aludiendo al signo zodiacal del león, en el cual el sol llega a su más alto grado de fuerza y calor, fecundando la tierra con sus ardorosos y benéficos rayos. La imaginación oriental cultivaba los dos atributos del poder y de la fuerza, las dos manifestaciones más s grandiosas que de estas facultades se conocen, o sea el león y el sol, rey de los animales, el soberano del desierto, el símbolo de la fuerza y del despotismo por un lado, y por otro, el rey de los astros, el soberano y la fuente de la luz, el regenerador y vivificador del mundo sensible, el que prodiga la vida y la fuerza a todos los seres animados e inanimados que viven y se reproducen con su calor.

Puesto ya en este estado, se comunicaba al neófito el gran secreto de la Fraternidad. Se ignora cuál fuese éste. Pero es de presumir que los sacerdotes le hacían sabedor de las más auténticas tradiciones de las más acreditadas teorías acerca del origen del universo y los atributos, perfecciones y prodigios de Ormuz.

LEYENDA

La leyenda de Mithra, además de los libros de Zend-Avesta y de los autores antiguos que de ella hablan Herodoto, Plutarco, Dionisio Areopagita, Paulino de Nola y otros se pueden sacar varias interpretaciones como también de los monumentos que subsisten hasta hoy y describen a Mithra inmolando al toro a la entrada de la gruta sagrada. El dios acompañado de dos dadóforos, con una rodilla sobre el toro, le hunde el cuchillo hasta la garganta y vuelve los ojos hacia el cuervo mensajero del sol. En la tradición persa, el toro es la primera criatura de Ahura Mazda, su sacrificio es el origen de la creación; de algunas partes de su cuerpo nacen las plantas; sus semillas purificadas por la luna, da vida a los animales.

Mithra es un dios creador, y será el redentor al fin de los tiempos después del sacrificio de otro toro y resucitarán los muertos puesto que él pasó a otro mundo.

Otros dioses subalternos hay en el cielo mithriaco: un dios con cabeza de león, que representa el fuego con cuatro alas, símbolo del viento, a cuyo cuerpo se enrosca una serpiente símbolo de la tierra.

El 25 de diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno, se conmemoraba el nacimiento de Mitra. También eran sagrados los días 16 de cada mes. Los adeptos de Mitra santificaban también el domingo, día del Sol.



miércoles, 27 de abril de 2016

EL ORO



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
Animated Masonic Emblem photo sq75.gif

La naturaleza se preocupa de producir cosas elementales, mientras que el hombre produce cosas compuestas por los elementos que da la naturaleza. Sin embargo el humano es incapaz de crear lo que produce la naturaleza, exceptuando la vida como la suya, a través de  los hijos.

Los alquimistas que nunca han conseguido ni por casualidad ni por ensayo, crear elemento alguno de los que puede ser producido por la naturaleza, pero si han podido inventar miles de objetos útiles para brindar comodidad al ser humano, creando también elementos nocivos que pueden destruir todo rastro de vida en el planeta. En esta lucha constante por alcanzar el nivel de la naturaleza en su creación, el humano a través de la historia, se destaca por su afán de transformar el plomo en oro,  que es el verdadero hijo del sol, por ser éste el que se parece más entre todas las cosas. Nada de lo creado es más duradero que el oro, ni siquiera puede destruirle el fuego, que tiene el poder sobre el resto de las cosas creadas, el tiempo tampoco lo hace daño,  no lo corroe ni lo oxida, se mantiene inalterable, siempre brillando.

Parecería que los alquimistas eran unos avaros y ambiciosos materialistas,  que solo querían producir oro. La pregunta que me hago: Por qué no utilizan el método más sencillo, cual es ir a la mina y extraer, allí no hay mercurio, ni gases, azufre ni fuego, ni ninguna otra clase de calor que el de la naturaleza que da vida a nuestro mundo. Ese calor natural les brindará a los alquimistas una demostración de que el oro se expande a través del azul del lapislázuli, a cuyo color no le afecta el poder del calor.

Examinando detenidamente las ramificaciones del oro, se podrá ver que las extremidades están continuamente expandiéndose en un lento movimiento, convirtiendo en oro cuanto toca, y en su interior puede apreciarse que existe un organismo viviente, cuya producción es imposible. Lo que se demuestra que la función de la alquimia no se ejerce en la naturaleza, sino en las interiores psíquicas del ser humano, donde la piedra bruta e imperfecta que yace en su ser interno  hay que labrarla para dejarla perfectamente perfecta, pulida y bella. Simbólicamente la piedra informe e irregular hay que  desbastar con el cincel y el mazo, es decir por la fuerza de la inteligencia, a fin de instruido en el renacer a una nueva vida, donde comprenderá a través del conocimiento cómo funcionan los  grandes misterios de la naturaleza en los procesos que se producen en el macro y micro universo. Con paciencia y perseverancia logrará el alquimista transformar esta piedra en una bella y perfecta obra del Arte Real  que se convertirá en el emblema de los conocimientos humanos.

He demostrado que pese a todos los talentos al servicio del hombre, no hay poder para alterar los
elementos que rigen al universo. No hay cerradura o fortaleza que pueda frenar o alterar los fenómenos que a diario la naturaleza nos demuestra, como es apagar el relámpago, frenar la fuerza un huracán, apaciguar las tormentas del mar y lo peor escapar de la muerte.

Con este pequeño trabajo quiero explicar la utilidad del arte de la alquimia, que puede causar resultados grandiosos en los seres humanos que lo quieren experimentar para construir la armonía grandiosa de la vida. Los fuegos secretos permitirán convertir las cenizas en el oro de la perfección, desechando los demás metales imperfectos, convirtiéndole al ser en un recipiente sagrado que con el tiempo pasará a ser un faro  que guíe hacia mejores iniciativas y metas.


jueves, 24 de marzo de 2016

EL SER ETERNO




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La huida del tiempo ha sido cantada por todos los poetas. Cuando el filósofo detiene en ella su atención, se asombra ante el paso incesante de los sucesos, todo viene y a todo parece irse sin despedirse. El paso del tiempo es inexorable, engendra recuerdos, en que la vida se acaba poco a poco, se desvanece con el borrador del tiempo. Y al preguntarnos por el tiempo surge la interrogante de la existencia.


La palabra “existencia” expresa bien esta síntesis de tiempo por ser la sustancia de la que estamos hechos. Aquí recuerdo las enseñanzas recibidas sobre el  libro de la vida, que es el libro supremo, en que no se puede cerrar o volver a abrir a elección, donde el pasaje más interesante no se puede leer dos veces, pero la hoja fatídica se pasa sola, Si queremos volver a la página en que se ama y se vive ya hemos llegado a la página de la muerte  que está ya bajo nuestros dedos. Y así hemos unido dos conceptos: Tiempo y eternidad.

Vivimos en el tiempo, y a partir de él nos interrogamos sobre lo eterno. Pero si ambos se reparten la totalidad de lo real, ¿dónde encontrar la eternidad?, ¿al final del tiempo o en el tiempo? ¿La eternidad, no debe estar fuera del tiempo? La aceptación del tiempo es una conquista difícil. La gran mayoría viven aterrorizados por la irreversibilidad de su propia duración, por la perspectiva de su personal corrupción futura: por eso hacen todos los esfuerzos en la ciencia por detener el curso del tiempo. En otras palabras: no pueden y no saben experimentar el tiempo sin aspirar inmediatamente a lo eterno. Pero, ¿en qué se funda esta aspiración? ¿Basta el tiempo para afirmar la eternidad? ¿No sería ésta, entonces, el fruto ilusorio de nuestro rechazo del tiempo? Cuestión grave, porque si no existiera la eternidad, ¿en qué se fundaría nuestra aspiración? ¿Puede exigir la adhesión y justificar el martirio un ideal destinado a desaparecer?

El tiempo existe porque existe el cambio. Aristóteles lo definía como la medida de lo que cambia. ¿Pero el tiempo reside en lo que transcurre en el movimiento de la cosa que cambia o en el sujeto que lo mide? En cuanto a su forma de existencia, el tiempo no es una realidad independiente; está ligado por una parte a la inteligencia, dotada de una memoria que numera las etapas de la sucesión, y por otra es inseparable de la existencia del cambio. Kant quiso resolver esta paradoja haciendo del tiempo una forma a priori de la sensibilidad. A sus ojos, el tiempo depende por completo del espíritu, que capta las cosas, necesariamente, según el tiempo. «Se puede concebir un tiempo sin objeto, declara, pero no un objeto sin tiempo». Hegel perseguirá esta integración del tiempo en el espíritu, por medio de la dialéctica. Los tres momentos tesis, antítesis, síntesis constituyen toda la realidad según un proceso que es la historia del Espíritu aprehendiéndose a través de sus obras. «Todo lo real es racional y todo lo racional es real». Esta fórmula significa que el tiempo no se induce de lo real, sino que es lo que permite deducir, a priori, todo lo que es. El tiempo se confunde con la vida del Espíritu, que es la historia.


El principio del cambio es igualmente cambiante. No se puede negar la sutileza de esta solución, pero por muy seductora que sea, no logra evitar la contradicción: para ligar la sucesión de instantes como un todo continuo, sería necesario un instante único sin principio ni fin que durase, que coexistiese con toda la sucesión temporal en un sujeto intemporal exterior a la multiplicidad. Lo que precisamente está excluido de la hipótesis desde el momento en que se afirma que todo lo que existe es cambiante, es decir, temporal.

La necesidad de eternidad es tan imperiosa que Nietzsche, la reincorpora en su obra forjando el mito del eterno retorno. “Yo volveré con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente; no a una vida nueva o a una vida mejor o parecida: volveré eternamente a esta misma vida, idéntica en lo grande y en lo pequeño, para mostrar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas... He pronunciado una palabra, y mi palabra me destruye: así lo quiere mi destino eterno. ¡Desaparezco anunciando...!” Es una Visión fulgurante de la soberanía invicta del tiempo! Una eternidad que se alimentase de tiempo.

Esta odisea del espíritu muestra la necesidad de la eternidad y de su trascendencia. Nietzsche identifica el ser y la voluntad de poder, que el acto que va a establecer esté ya establecido y que la libertad, si no quiere ser una fatalidad, deba ser creadora. Para encontrar la eternidad en el tiempo, siguiendo al idealismo alemán, hizo de la libertad un comienzo sin comienzo, el ser originario de todas las cosas. La libertad es infinita porque el ser es voluntad de poder. Por ello, la eternidad se encuentra, para el superhombre, en el acto de decidir; está ligada al instante de la decisión; lo que se ha decidido es eterno.

El tiempo no es independiente de la eternidad. Una visión puramente temporal de la vida es incompleta. El ser eterno no pertenece, desde luego, a la esencia del tiempo; la eternidad difiere radicalmente del tiempo y lo trasciende. Pero, sin embargo, no vayamos a creer que la eternidad es tan sólo un intemporal abstracto; por el contrario, es un presente muy concreto, y para gozar de él no es necesario renunciar al tiempo. La eternidad nos es dada ahora: somos contemporáneos de lo eterno. Si permanecemos es por participación del eterno presente, del mismo modo que el ser singular no existe más que por participación del acto de existir. Al conquistar la unidad en cada instante, llegaremos a ser eternos, porque lo que es uno, es indivisible e indestructible, y por tanto inmaterial y divino. Señalada con el sello de la eternidad, nuestra actividad se espiritualiza y confiere a la banalidad de lo cotidiano la densidad de lo sagrado.

lunes, 15 de febrero de 2016

APOLO DIOS DE LA BELLEZA Y LA INSPIRACION POETICA

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
  Animated Masonic Emblem photo sq75.gif

Según la leyenda griega y romana, fue Apolo hijo de Júpiter y de Latona, la diosa infortunada a quien la vengativa Juno persiguió, logrando que la tierra le negase refugio hasta que compadecido Júpiter, fijó entre las islas Ciclades a la flota Delos, para que allí diese a luz a su hijo Apolo.

Apolo como su hermano Mercurio, fueron los dioses dotados por Zeus de los mejores atributos de
talento e ingenio. Apolo es, pues, el dios de la juventud y de la belleza, de la inspiración poética, de la elocuencia y del valor, de las artes y de la medicina. Etimológicamente no se sabe el origen de su nombre, pero en la más remota antigüedad, en los pueblos del Asia Menor, en Creta, en Mileto y Delíos, Apolo es el dios de gran poder que lo mismo envía a la muerte que a la vida, personificando la belleza del sol y su fuerza fecundadora o agostadora, por lo que más tarde se lo llamó Helios o Febo (padre de los vivientes) y se le dieron como atributos las flechas de oro símbolo de los rayos del astro luminoso. Por este mismo motivo se le rendía también culto como protector de las plantas y del ganado y se le llegó a personificar, por fin, dándole un carácter casi humano y muy personal.


Dios de la inspiración poética, también se le ha llamado, y fue el Maestro de las Musas, teniendo por atributos la lira que la perfeccionó. Así mismo es el guía de la juventud en su adiestramiento físico, en los grandes ejercicios de valor y de destreza, lo que le dio carácter de una divinidad nacional entre los jonios. En el arte representa Apolo no sólo el poder del númen sino la encarnación de lo bello y así lo personificó Belvedere en la famosa estatua del dios que es un milagro de perfección.

Como tenía la gran virtud de conocer el porvenir, se lo tuvo como divinidad propicia para los oráculos, y así llegó a tener gran celebridad el que se estableció en Delfos, sitio en donde Apolo (el dios del día) mató a la serpiente Phiton (las viejas potencias de la noche) enviada por Juno para perseguir a Latona y cuya piel sirvió para cubrir el trípode en donde la sacerdotisa consultaba los oráculos.


 La leyenda de Apolo es una mezcla confusa de tradiciones históricas de alusiones sacadas de las ideas astronómicas, de símbolos poéticos y de las reminiscencias tomadas de los mitos de Oriente y de Egipto. Dentro de estos conceptos se le atribuye a Apolo, entre otras condiciones de carácter, el de haber sido un dios colérico y vengativo; pues con sus flechas atraviesa y extermina a Niobe y sus hijos, por haberle disputado la belleza y la fecundidad a su madre Latona, como aniquila a muchos griegos delante de Troya, y mata a los ciclopes que forjaron el rayo para su padre Júpiter, en desquite de haberle dado éste la muerte a su hijo y discípulo Esculapio.

Por estos hechos, Júpiter castiga a su hijo Apolo arrojándole del Olimpo, y entonces se refugia en tesalia, en donde se encuentra con Neptuno, exilado también, y juntos ayudan al rey Laomedonte, que le protege,  a construir las murallas de Troya; hasta que llamado de nuevo al Olimpo es el encargado de alumbrar el universo con el nombre de Helios, durante el día, y por la noche duerme en occidente, en el seno de Tetis, diosa del Océano, significando la puesta del astro.

El culto de Apolo no nació ni de casualidad, ni del viejo instinto popular. En sus formas más antiguas tuvo el carácter de institución de orden, de humanidad, de paz. En Delos no se le ofrecía sino frutos. Los atenientes durante sus fiestas, no hacían ninguna ejecución. Los griegos de Delfos en sus principios no se parecían en nada a los otros; respiraban el dulce espíritu de las musas. La gran lira ante Apolo era la Grecia misma reconciliadora con él.

Hijos de Apolo son Aurora que guía su carro de oro, después que las Horas han enganchado los corceles de fuego para comenzar su carrera, y Faetonte, quien en su afán de guiar el carro del sol, tomó las bridas de los caballos; pero en el novel mancebo, sin fuerzas para gobernarlos, se extravió causando un incendio en el cielo y en la tierra, por cuyo motivo le castigó Júpiter precipitándole en el rio Eridano (Po) en donde sus hermanas las Heliadas lloran su desgracia, convertidas de dolor en álamos blancos y sus lágrimas en ámbar.


Refiere la fábula que poco después de este incendio, se produjo un diluvio universal, cuando a la sazón reinaba en tesalia Deucalión, hijo de Prometeo, casado con Pirra, quienes se libraron subiendo a lo más alto del monte Parnaso. Pero como se hallaban en triste aislamiento, invocaron a los dioses en su auxilio y un oráculo les mandó arrojasen tras de sí los huesos de la Gran Madre; y entendiendo por esto que eran las piedras las que Deucalión tiraba tras de sí se convirtieron en hombres, mientras las que arrojaba Pirra se convirtieron en mujeres, y de este modo repoblaron el mundo.

Tiene especial poesía el mito de Apolo y la ninfa Dafne, hija del rio Peneo o Ladón. Enamorado el dios de la bella ninfa, huyó ésta a sus requerimientos y los dioses a quienes pidió protección, la convirtieron en un laurel. Y a este hecho se debe el que Apolo quisiese que fuera el laurel la planta para coronar a los poetas y vencedores.

Figura también como hijo de Apolo el célebre Esculapio, llamado el dios de la medicina. Se tiene noticia de que había cierta clase de gentes en la remota antigüedad de los pueblos, que se dedicaban a curar, y entre ellos tuvo fama Asclepio, quien dejó una pléyade de discípulos. A este se le llamo hijo de Apolo (el sol que da vida y salud). El sistema de curar era fundado en una serie de misterios, y aún se apelaba a los oráculos para obtener de los dioses la medicina salvadora. En Roma se transformó el nombre y se le conoció por Esculapio, el mismo que fue criado por el centauro Chiron. Disgustado Júpiter por la ciencia milagrosa de Esculapio, le mató con su rayo, de lo cual tomó venganza Apolo en los Ciclopes que fabricaron el rayo para Zeus.

Gran interés tienen para la mitología las fábulas que se le atribuyen al dios Apolo, con el fin de caracterizar su temperamento vengativo, las mismas que constituyen un símbolo para hacer resaltar la idea de castigo que reciben la vana presunción y el desmedido orgullo. El sátiro Marsias de la Frigia, brillaba en tocar la flauta y se puso en competencia con Apolo. El dios aceptó el reto, bajo condición de que el vencido quedase a disposición del vencedor. Los jueces dieron la sentencia en favor de Apolo y éste hizo desollar vivo a su rival.

También tuvo una competencia con el dios Pan, y puesto por arbitro el Rey Midas, después de tocar el primero sus albogues y el otro su maravillosa cítara, el árbitro por torpeza o por malicia falló a favor de Pan, y entonces irritado Apolo por tan estragado gusto, le condenó a que le crecieran al rey orejas de asno. Él pudo ocultar su defecto debajo de su gorro y sólo sabía del secreto su barbero, so pena de muerte si le divulgaba; más como el barbero no pudiese callar  cosa tan notable, hizo un hoyo en la tierra y, ocultándose en él, comenzó a dar gritos diciendo: “Midas tiene orejas de asno”. Después salió, cubrió muy bien el hoyo, pero en aquel sitio nacieron unas cañas que repetían constantemente la misma frase.

Se le representa como un hombre joven, vigoroso, esbelto y de gran hermosura, sin barba y con el cabello ensortijado con una clámide al brazo y armado de su arco y de su carcaj. Más como conductor o maestro de las Musas, tiene vestidos largos a la manera de Junia, se halla coronado de laurel y lleva la lira en la mano.

En su honor se establecieron los juegos piticos, en recuerdo de haber muerto a la serpiente Phiton. Además se le erigieron muchos templos y estatuas, por todos los lugares por donde se extendió la civilización de los griegos, y singularmente en Delfos, Delos y Roma, dándole culto bajo infinidad de nombres.

Le están consagrados a Apolo el cisne, el gallo, el gavilán, el buitre y el lobo, y entre las plantas el laurel, el olivo y el tamarindo.

LAS MUSAS


Apolo recibió de Júpiter el encargo de conducirlas y enseñarles su arte y su ciencia a las musas, hijas del padre de los dioses y de Mnemosina. Estas musas eran en número de nueve y sus nombres e inventos eran los siguientes:

Caliope (de hermosa voz) es la musa de los cantos heroicos y de las elegías y se le representa con unas tablillas para escribir y un estilete o un clarín en la mano.

Clio (la gloriosa) representa la historia y lleva un rollo de papiro en la mano.

Euterpe (la alegre) representa la música y lleva una flauta y a su pie instrumentos musicales.

Talia (amiga de la vida) es la musa de la comedia y su atributo es una máscara cómica. Está coronada por una corona de hiedra.


Melpómene, es la musa del canto y de la tragedia, y lleva una máscara trágica.

Terpsicore (la alegría de la danza) representa el baile y la música coral, y tiene por símbolo una lira.

Urania (la celestial) simboliza la poesía didáctica. Lleva una esfera celeste y está coronada de estrellas.

Erato (la enamorada) es la musa de la poesía lírica y tiene por atributo la citara. Lleva una corona de mirto.

Polimnia (rica en himnos) es la musa de la retórica, Lleva una corona de perlas y tiene un cetro en la mano.

En los siguientes versos de un poeta griego, se explican los oficios de cada una de las musas:

“Caliope nos da versos sublimes

al canto de la citara; los coros

mueve Clio; Mwlpómene suspende

al mortal con sus cantos lastimosos;

la graciosa Tepsicore fábrica

el caramillo de agradables tonos;

a los dioses celebra en himnos bellos

la tierna Erato y con ingenio docto

los gestos de la mímica y la danza

Polimnia arregla. En sus estudios hondos

la belleza del cielo y de los astros

nos muestra Urania, y nos revela a todos

qué es hombre, la cómica Talía,

con sus costumbres y carácter propio”.


Su culto se supone procedente de Tracia y así mismo, se creía que vivían con Apolo, su maestro, en el Parnaso, refugio que alegraba la fuente Castalia y embellecía el rio Permeso, cuyas aguas daban la inspiración. Allí pacía el caballo Pegaso, el cual las transportaba a diversos lugares, para enseñar a los hombres las artes y las ciencias.


Seguidores

.

desde el hombre de la armadura oxidada


Temas tratados

música