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EL SILENCIO SUSTENTO DE LA PALABRA


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA




La cosmovisión holística de la humanidad, conformada de la concepción totalizante y unitaria, se remonta hacia los orígenes de la humanidad. Las más antiguas y diversas culturas concebían que el movimiento de la naturaleza tienda hacia el orden y el equilibrio, consideraban al ser humano como parte integrante de esa naturaleza viva, en constante cambio. Por tanto las culturas orientales aprehendieron la existencia de este modo, perpetuándose hasta la actualidad. En occidente en cambio comenzó a diluirse, a perderse, al tiempo que iba configurándose una nueva cosmovisión cada vez más fragmentada y materialista de la realidad a partir del dualismo de Descartes y corporizada, en su máxima expresión, en el paradigma mecanicista de Newton. Tomando en cuenta lo antes dicho la  dirección de este trabajo apunta a resaltar  la doctrina Zen.


Los principios del Zen son: La perfección, para todo aquel que manda, es ser pacífico; para el que combate es no encolerizarse; para el que desea vencer, es no luchar; para aquel que se sirve de los humanos es ponerse al servicio de ellos. Hay que tomar las cosas como vienen, caminar cuando se quiera caminar, sentarse cuando  quieras sentarte. No hay nada que perder ni ganar.  Deja pasar las cosas, no buscar ni huir, ya todas las aflicciones se originan en la mente Entonces ¿Por qué buscar en otra parte para liberarse de ellas? ya que todo está dentro de nosotros, confíar en nosotros mismo y observar dentro de nuestro yo, lo que hay allí, y recuerda que tu vida es aquí y ahora. Este es el espíritu Zen.



El Zen es aquello que más se aproxima a la dinámica más íntima de la creación ya que provoca la iluminación. Con respecto a la experiencia Zen es menester enfatizar en el hecho de que no se trata de una religión ni de una filosofía, sino que es en alta medida una disciplina del viaje que hacemos desde que llegamos a la tierra hacia la gran meta que todo ser humano pretende, que es la lucidez frente a todas las cosas, frente al universo. Zen es experiencia, vida concentrada, vida siempre consciente o la conciencia cotidiana de las cosas, conciencia de todo momento, de toda acción, de toda inacción. El sentido del Zen es fundamentalmente el impulso liberador, la tendencia mental que diluye los antagonismos, admite la coexistencia de los opuestos, conduce al desapego y articula las esferas de lo consciente e inconsciente, de modo que se erige en una audaz tentativa de emancipación del hombre por la abolición de los resultados de la mente dualista, disociadora, que discrimina lo racional de lo irracional.


La cultura oriental ha concebido una palabra para designar este proceso de renacimiento, de iluminación, y,

en el budismo Zen es satori. El satori (wu en chino) es la claridad que hay en las cosas mismas, experimentado a partir de una superación absoluta de toda diferencia, de todo dualismo, es la trascendencia del círculo lógico; pero es una experiencia que ning
ún lenguaje convencional puede explicar, pues el satori conceptualizado deja de ser satori. La apertura del satori puede darse por un sonido inarticulado, una observación, un incidente, una trivialidad, es decir, es un acto que se da de modo inconsciente cuando la propia mente ha madurado. Es un nuevo nacimiento; intelectualmente es la adquisición de un nuevo punto de vista.



La iluminada comprensión es efectivamente un despertar y por lo tanto constituye una nueva perspectiva mental, una penetración intuitiva, una capacidad que va madurando como fruto, una forma de la atención que se va haciendo cada vez más honda y poco a poco define las palabras, el modo de combinarlas, en oposición al entendimiento intelectual y lógico del humano, la revelación de un nuevo mundo hasta entonces no percibido por la mente dualista.

En el despertar el humano incrementa y afirma a tal punto su ser interior que es capaz de tender un puente hacia las cosas alcanzando tal amplitud y profundidad que trasciende lo individual y logra acceder de manera activa a otra dimensión de la realidad. Esta apertura intuitiva del inconsciente hacia la complejidad de la realidad es la causa de que infinitos caminos conduzcan a una sola meta, tan perfecta como si hubiese sido planificada con la precisión máxima de modo que el hombre pueda traspasar una frontera y proyectarse hacia el exterior.


La disciplina del Zen puede convertirse en un modo de vida, en un valioso medio de conocimiento interior,

donde la locuacidad del silencio habilita un nuevo espacio donde emerge la posibilidad creadora ante lo manifiesto. Es la posibilidad de reconquistar esa conjunción de palabra y silencio, de “abrir algo entre la palabra y el silencio
e intentar la recuperación del silencio y a partir de ello ser una presencia, que muy pocos lenguajes son capaces de transmitir:


Se puede decir que sin silencio la palabra no existe,  pero no es así ya que funciona  como  un elemento de cohesión con un valor específico propio. Hay  cargas de silencio en la actividad diaria, que viene a constituir una especie de respaldo, la espalda de silencio que tiene la dimensión de la vida, toda esa esencial vivencia del silencio sin la cual no hay expresión válida. Pero hay algo más: no es sólo esa envoltura de silencio lo que sustenta a la palabra, sino que cada una de ellas tiene su propia carga interna de silencio.



Con respecto a la unión con la naturaleza por parte de las culturas orientales, el Zen mantiene una percepción e identificación con lo que en ella existe de sagrado. La sacralización de la naturaleza roza lo cotidiano y, por extensión, vida diaria se desarrolla a partir de, y por, en un ámbito eminentemente natural. Análogamente también puede rastrearse la presencia de la naturaleza a partir de la experiencia de la conciencia no dual de la realidad en nuestra existencia acerca de lo que de ella hay en nuestro ser constitutivo y en lo que de ella podemos aprender a vivir. Este cambio de perspectiva produce un sentido completamente nuevo de realidad y de valor.





LA PLENITUD DE LA FELICIDAD



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La presión de la sociedad en la que vivimos ordena a nuestro cerebro a pensar siempre que los problemas son parte esencial de nuestras vidas y nos obliga a desenvolvernos  con la tortura, con atribulaciones  de no tener una paz interior que nos permita ser felices y alegres. Sin saber que la naturaleza nos ha dotado a cada uno de nosotros de la capacidad necesaria para  derribarlos  de una manera simple y rápida esas barreras anímicas, verdaderos obstáculos síquicos que limitan o invalidan nuestra innata aptitud para resolverlos.

Ermenson reflexionaba: “la vida consiste en lo que un humano piensa todo el día”. Si piensas en el éxito, creas un clima espiritual que posibilita el éxito. Si piensas en el fracaso, ya estás a dos dedos de él. Puesto estos grilletes intelectuales no se tiene existencia tangible, es preciso tratar de suprimirlos por medios puramente espirituales. Por eso es por lo que, para obtener ese resultado, me valgo de aquellos principios universales, cuya aplicación  aliviado  y curado, a través de las edades a miles de generaciones. Son cuatro los principios y temibles enemigos de nuestra paz interior, y que es, casi siempre, uno de ellos el que proyecta su ominosa sombra en el ánimo conturbado por algún problema.


La falta de confianza en uno mismo.  Allí es importante desplegar todas las fortalezas y el valor, y el mejor modo de resolver los conflictos propios consiste en ayudar al prójimo a zanjar los suyos. Allí al ser útil  se potencializará  el esfuerzo y la constancia en creer que tu eres todo y puedes resolver todo, así calará hondo en tus rincones crepusculares del  espíritu, de donde con lentitud pero con certeza expulsarás a la desconfianza en sí mismo. No siempre resulta fácil. En este mundo no hay cosa más difícil que cambiar de modo de pensar, pero es posible. Lo sé  porque hemos visto a muchos triunfar en esta ardua empresa.

El resentimiento. Muchos son los mensajes que recibo en mi página electrónica donde publico estos temas.  Donde las personas  se muestran convencidas de que el autor de sus males es otra persona y allí  la ebullición produce el hervor de un cólera reprimido. Ese resentimiento que clama por desahogarse hace mucho daño a la persona que lo alimenta que a la que le sirve de objeto o pábulo. Esa carga de malquerencia agota las energías del más fuerte. Impide toda comunicación conciliadora. Es algo muy difícil de conseguir  neutralizar los sentimientos, hay que estar en un plano elevado para lograrlo y olvidarlo. No hay más que un remedio para el resentimiento: el perdón. Algunas veces nos puede tomar mucho tiempo perdonar porque hay que  reforzar  los esfuerzos fallidos de eliminar este veneno.


Culpa y remordimiento. Un remordimiento oculto o embozado, no se desvanece por sí solo. se nos clava en la conciencia llenándola de angustia y temor. El único medio de librarnos de este terrible huésped es arrepentirnos sinceramente de la culpa cometida, hacer propósito firme de enmienda, ofrecer excusas y reparar, hasta donde sea posible, el perjuicio inferido, si lo hubo, y solicitar directa o indirectamente el perdón de la persona ofendida.


En conclusión todos debemos cambiar  todo el tiempo  por nuestra propia convicción sin tratar de cambiar a los demás para poder ser feliz. En lugar de eso, debemos enfocar para apreciar a la gente que nos rodea. Si queremos encontrar la verdadera plenitud de la felicidad, tenemos que dejar de depender de aquello que no nos puede dar satisfacciones positivas que alegren el alma, tomando en cuenta que todo lo que nos rodea cambia constantemente.


Cuando dejamos ir la necesidad de controlar y empezamos a encontrar la felicidad adentro, podremos disfrutar de la naturaleza inesperada de la vida, libre de temor y llena de amor.

 


LA VERDADERA LIBERTAD EXISTE


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

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 La tierra no es el centro del universo! Haber logrado captar la verdad de esta afirmación ha sido sorprendentemente la conquista de la libertad de la humanidad. Cuando Copérnico presentó por primera vez su revolucionaria teoría, que afirmaba que la tierra giraba alrededor del sol en lugar de ser al contrario, la gente pensó que estaba loco. De hecho, cuando Galileo utilizó un telescopio para probar la teoría heliocéntrica de Copérnico, se lo consideró hereje por desafiar las creencias religiosas prevalecientes con sus concepciones científicas;


 Galileo fue procesado y se le ordenó que renunciara a sus convicciones. Antes de enfrentarse a la tortura, renunció a sus afirmaciones y fue puesto bajo arresto domiciliario, donde permaneció los últimos ocho años de su vida. Se dice que cuando se hallaba al borde de la muerte, sus últimas palabras fueron: “no importa lo que ellos digan, la tierra gira alrededor del sol.”  Aceptamos la verdad de Copérnico y de Galileo, pero existe hasta el día de hoy creencias que impiden aceptar una verdad científica acerca del universo y penetrar en el significado más profundo en el cual cada uno de nosotros es el centro de nuestro propio universo, No es que lo impida la capacidad mental sino la perdida de libertad para pensar y enfrentar esas verdades y conceptos que subyacen más allá de la mente.

 La verdadera libertad se divide a juicio de la filosofía, en externa e interna.

-La externa es la facultad que tenemos de obrar conforme a nuestra voluntad, dada nuestra posición y las de los demás humanos en el mundo.

-La interna es la facultad de pensar, apreciar los seres humanos y sus actos conforme a los dictados de nuestra conciencia. 

Sobre esta base de apreciación también dividiremos la libertad en positiva y natural. Llamamos positiva a la primera, porque está limitada por las leyes y costumbres que rigen a todos los seres; y natural a la segunda, porque los seres nacionales disfrutan de ella en la esfera de su mayor o menor desarrollo intelectual y moral. 

La libertad positiva tiende a disminuir a medida que el ser humano avanza en su saber, porque los complicados deberes y derechos que surgen del desarrollo físico, intelectual y moral del mundo, reconocen los límites, deberes y derechos iguales, que hay que respetar y exigir de los demás. ¡Se podrá gozar de mayor libertad en un estado puro! Para lograrlo debemos contemplar el mundo libre de ilusión o distorsión de la realidad que nos rodea, o de nosotros mismos; ver rosas donde hay rosas, ver espinas donde hay espinas. Veremos que esa amplia e ilimitada libertad en seres que conocen y que han desarrollado el conocimiento de la esencia del mundo que los rodea significa conocer lo que es, conocer cómo operan las cosas y conocerse a sí mismo y a los demás.

Lo contrario es cuando falta en el espíritu la luz del conocimiento, de la moral, del respeto a la naturaleza y a éste ser le falta la verdadera libertad, supuesto que no se piensa ni se obra sino en estrechos círculos de las acumulaciones materiales. 

 Por otra parte, es necesario ejercitar esa libertad individual, porque es indispensable conocerse y comprenderse a sí mismos. Cuando abrimos nuestros ojos a la sabiduría, no estamos obligados a elegir lo que vemos, sino que vemos exactamente lo que es. Esto puede parecernos como un desafío, sin embargo, cuando nos apartamos de la fantasía, nos liberamos de la ilusión y podemos comenzar a vivir más de acuerdo a la realidad. 

Cuando las organizaciones se desarrollan crean un mundo de derechos y deberes múltiples que ofrecen al espíritu vasto campo para resolverse en el sentido que considere más acertado. Entonces nace la responsabilidad moral, que es el más activo elemento para el progreso, porque teniéndose un conocimiento más seguro del bien y del mal, y siéndole imputable al hombre todo lo bueno y lo malo que produzca con entera libertad y discernimiento; se deduce que cuando se infringen las leyes morales, la acusación viene de la conciencia que es el tribunal que siempre nos juzga, no se hace esperar, y las leyes positivas pueden aplicarse con justicia. 

La humanidad ha progresado mucho más, en los veinte siglos transcurridos, que en los períodos históricos, anteriores a la era cristiana. Y se debe a que seguimos una progresión creciente, de acuerdo a los tiempos en que desarrollamos nuestra inteligencia, que a tantos asusta, nos pone en condiciones de desenvolver nuestras facultades en una campo más amplio cada día. 

La libertad no es otra cosa que la consecuencia necesaria de la combinación de la voluntad y la inteligencia, dirigida en variado sentido. Es un efecto del libre albedrío, innato en todo ser humano, efecto genuino y grandioso, porque es el coeficiente más activo y poderoso del progreso, y a su vez, da nacimiento a otro coeficiente de no menos importancia, que se llama responsabilidad moral.

En resumen: La libertad supone un conocimiento más o menos claro de los actos que se ejecutan y una voluntad perfectamente definida por el desarrollo de la inteligencia. Si en el hecho que se ejecuta no entra como causa eficiente la voluntad de obrar no el conocimiento de lo que se hace, la libertad no existe. Y quien creyera que hay seres humanos que combaten estos principios fundamentales como es el progreso en todas sus manifestaciones trascendentales no sólo para la vida individual sino el desarrollo de la sociedad en su conjunto que ha necesitado siglos para alanzar la meta de la grandeza humana y que pese al tiempo transcurrido no logra todavía arrancar todos sus secretos a la vida y a la ciencia.  

Todas las grandes conquistas del género humano en lo que va nuestra época, son combatidas con tesón por quienes no creen en la igualdad, la tolerancia y la razón. Sin embargo que la tolerancia es la precursora y la compañera eterna de la libertad, y la igualdad es la mejor conquista de los pueblos.



LA VERDADERA EVOLUCION





VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

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La evolución significa el desarrollo progresivo de la complejidad organizativa. Esta definición es expresión de la idea de que el organismo más capaz de controlar el medio y a todos los organismos que lo habitan es el más desarrollado. “La supervivencia de los más aptos” significa que el organismo más evolucionado en un medio dado es aquel que se encuentra situado en la cumbre de la cadena alimentaría en ese medio. Por tanto, y según esa definición, el organismo más capaz de asegurarse su propia supervivencia es el más evolucionado. 

Nuestro profundo entendimiento nos dice que un ser auténticamente evolucionado es aquel que  se valora a sí mismo, y que valora el amor más de lo que valora el mundo físico. Ahora debemos conseguir que nuestra comprensión de la evolución si corresponda con este profundo entendimiento. Si realizamos un examen de esta comprensión, podemos percibir hasta que punto hemos evolucionado y qué es lo que estamos a punto de dejar atrás.

Al reflejar una comprensión de la evolución nueva y en expansión, así podemos comprobar hacia donde vamos evolucionando, y lo que eso significa para nuestra experiencia, nuestros valores y la manera en que actuamos. Este camino de la evolución nos permitirá comprender los principios básicos del universo de manera concreta. Gracias a nuestros sentidos, sabemos que cada acción es una causa que provoca un efecto, y que cada efecto posee una causa.

Sabemos que la cólera mata y que la bondad nos nutre. Por ejemplo las manos que fabrican bombas pueden construir escuelas. Comprobamos también que cuando las actividades de la vida se encuentran infundidas de respeto, se llenan de sentido y se obtienen buenos resultados. Vemos asimismo que cuando ese respeto es ajeno a las actividades vitales, el resultado es otro, crueldad, violencia y soledad.

El ruedo físico es un medio de aprendizaje magnífico. Se trata de una escuela gracias a la cual, y a través de la experiencia, llegamos a entender qué provoca que lleguemos a expansionarnos o a contraernos, qué es lo que hace que crezcamos o, por el contrario, que nos encojamos, qué alimenta nuestra almas y qué la agota, qué funciona y qué no. 

Cuando se contempla el medio sólo a través de los cinco sentidos, la supervivencia física se nos muestra como el único criterio de evolución, puesto que no se puede detectar ningún otro. Así, la supervivencia de los más aptos se nos presenta como sinónimo de evolución y el dominio físico constituye, aparentemente, la principal característica del avance evolutivo. La necesidad de dominación física produce una clase de competencia que afecta a cada aspecto de nuestras vidas. Influye en las relaciones entre amantes y entre superpotencias, entre parientes y entre razas, entre clases sociales y entre sexos. Quiebra la tendencia natural hacia la armonía. 

El poder de controlar el medio y a quienes se encuentran en él es un poder sobre el que todos hemos sentido, probado, visto o escuchado. Se trata de un poder externo que puede ganarse y perderse, comprarse o venderse, transferirse o heredarse. Se piensa en él como algo que puede arrebatarse o encontrarse en algún lugar. Percibimos el aumento de poder de una persona al tiempo que otra lo pierde. La violencia y la destrucción son los resultados de contemplar el poder de esta forma.

Todas nuestras instituciones, sean políticas, económicas, sociales reflejan esta manera de entender el poder. Las familias como las culturas son patriarcales o matriarcales, algo que los niños aprenden muy pronto y marcan sus vidas. Los policías y militares son producto de la percepción del poder como algo externo. Las condecoraciones, las botas, uniformes, rangos, implementos de comunicación y las armas son símbolos de miedo. las culturas patriarcales o matriarcales, no tienen origen en la percepción del poder como algo externo. Son reflejos de la manera en que nosotros, en tanto que especie y como individuos, hemos llegado a contemplar el poder. 

 La percepción del poder como algo externo ha marcado también los sistemas económicos, cuyo control está concentrado en muy pocas manos. Hemos creado los sindicatos y asociaciones para proteger a los trabajadores de estas personas. Con el fin de salvaguardar los intereses de los pobres hemos organizado sistemas de defensa. Todo esto es un perfecto reflejo de cómo hemos llegado a percibir el poder: como una posesión perteneciente a una minoría, al tiempo que la mayoría cumple el rol de víctimas.

El dinero es un símbolo de poder. Quienes poseen más riquezas tienen mayor capacidad para controlar su medio y a quienes hay en él, mientras que los que carecen de ello tienen menor control del medio y de quienes en él están. El dinero se adquiere pero también se pierde, se roba, se hereda y se lucha por él. La educación, la posesión social, la fama y los objetos que somos propietarios son símbolos de poder externo. Pero en realidad es un incremento de nuestra vulnerabilidad. Y esto es consecuencia de contemplar el poder como elemento externo. A partir de esta percepción, aquellos que se encuentran en la cúspide nos parecen los más poderosos y, por lo tanto, los más valiosos y los menos vulnerables. En el centro de la consecución del poder se ubica la violencia. 

El beneficio secundario se halla detrás de los conflictos regionales, ideológicos, religiosos o personales. Esta percepción de poder hace pedazos la psique, tanto si se trata de la del individuo como de la comunidad, nación o región. No hay diferencia entre una esquizofrenia aguda y un mundo en guerra, entre la agonía de una alma destrozada y una nación devastada. Una pareja que se enfrentan por el poder originan idéntica dinámica que cuando los seres humanos de una raza temen a otra. Partiendo de este tipo de dinámicas, hemos ido formando nuestra comprensión actual de la evolución como un proceso de capacidad siempre en aumento para dominar el medio y a todos los que se encuentra en él. Pero nuestro entendimiento más profundo nos conduce a buscar otra clase de poder. 

Un poder que ama la vida en cualquiera de sus formas, que no juzga pero que percibe su significado y las intenciones hasta el más íntimo detalle sobre la tierra. Al sintonizar nuestros pensamientos y acciones con la parte más elevada de nosotros mismos, nos llenamos de entusiasmo, de objetivos y de significado. La vida es rica y plena; dejamos de tener pensamientos rencorosos y recuerdos de miedo. Nos hallamos alegres y comprometidos con nuestro mundo. Esta es la experiencia del verdadero poder. Este poder auténtico hunde sus raíces en la fuente más profunda de nuestro ser.  El verdadero poder no puede comprarse, heredarse o acumularse. Una persona verdaderamente poderosa es incapaz de convertir a otra en víctima; es tan fuerte -tiene tal poder- que no acepta la idea de utilizar la fuerza contra otros seres. 

Una comprensión de la evolución no es adecuada cuando no se tiene como núcleo el hecho de que nos encontramos realizando un viaje hacia el auténtico poder, que éste es el fin de nuestro proceso evolutivo y el objetivo de nuestro ser.

Evolucionamos desde una especie que persigue el poder exterior hacia otra que busca el poder auténtico, y en este camino debemos dejar atrás la exploración del mundo físico como único medio de evolución y rechazamos el conocimiento que es fruto de la conciencia limitada a la modalidad penta sensorial. Estos ya no son los métodos adecuados para el mundo que estamos obligados a configurar para nuestra verdadera evolución..



CAMBIOS TRASCENDENTALES PARA SER FELIZ




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

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Para alcanzar la felicidad nuestro comportamiento debe tener un cambio trascendental, eliminado lo negativo e introduciendo actitudes positivas. Para ello hay que tener determinación, acción y esfuerzo, así iremos desarrollando nuestra convicción. Es fundamental el aprendizaje y la educación porque nos ayudan a desarrollar el convencimiento de que necesitamos cambiar y aumentar nuestro compromiso con este proceso interno.

La convicción ha de cultivarse para convertirla en determinación. Y a continuación, la determinación se transforma en acción; una determinación firme nos permite realizar un esfuerzo continuado para poner en marcha los verdaderos cambios. Este factor es decisivo.

Así por ejemplo, si se quiere dejar de fumar, lo primero es ser consciente de que fumar es nocivo para el cuerpo. Por tanto, tenemos que educarnos sobre los efectos nocivos del tabaco, lo que ha permitido modificar los comportamientos de mucha gente. Pero esta educación no es suficiente si no vamos incrementando nuestra consciencia hasta que nos lleve a una firme convicción sobre lo  perjudicial que es para la salud del adicto y del entorno. Esto fortalece a su vez su determinación de cambiar. Finalmente, hay que realizar un esfuerzo para establecer nuevos hábitos. Ese es el proceso de cambio, cualquiera que sea el objetivo.

Al margen del comportamiento que intentemos cambiar, necesitamos desarrollar una fuerte voluntad o deseo de hacerlo. Necesitamos gran entusiasmo. En este aspecto el sentido de la urgencia es un factor clave que ayuda a superar los problemas. Por ejemplo, el conocimiento que se posee sobre los grandes efectos del sida ha creado en muchas personas la necesidad perentoria de modificar el comportamiento sexual. Con  frecuencia, una vez que se ha obtenido la información adecuada, surge la seriedad y el compromiso.

Para desarrollar el entusiasmo, lo primero es estimular la conciencia, dejando a un lado la apatía para cambiar nuestros estilo de vida, así por ejemplo, dormir lo suficiente, seguir una dieta saludable, abstenerse de tomar alcohol, drogas, cigarrillos ayuda a mantener la mente clara y en alerta. Para superar la apatía y generar compromiso y entusiasmo que nos permita cambiar nuestros comportamientos o estados mentales negativos.

No es fácil porque algunos comportamientos negativos y formas de pensar están fuertemente arraigados,  hay resistencia al cambio, pese a que la gente desea introducir cambios positivos en su vida, tener comportamientos más sanos, pero allí interviene la inercia o resistencia. Para ello hay que tratar de superar cualquier condicionamiento  negativo y efectuar cambios positivos, teniendo en cuenta que estos cambios no se producen de la noche a la mañana, sino que viene a través de la familiarización gradual del proceso. Solo los que tienen  una voluntad férrea pueden hacerlo de inmediato y lo eliminan de su vida en un solo acto.

Por tanto es fundamental para el cambio y alcanzar los objetivos generar decisiones y entusiasmo como factores determinantes en el arte de alcanzar la libertad. Tengamos en cuenta que el impulso y la decisión no se utilizan únicamente para buscar el éxito mundano, sino que se desarrollan a medida que se obtiene una comprensión más clara de los factores que conducen a la verdadera felicidad y se utilizan en la búsqueda de objetivos superiores, como es el crecimiento personal.

El esfuerzo es un factor decisivo para establecer nuevos condicionamientos. La idea de que podemos cambiar nuestros comportamientos y pensamientos negativos mediante un nuevo condicionamiento constituye un fundamento hoy en la psicología conductiva, ya que las personas han aprendido a ser como son, de modo que adoptando nuevos condicionamientos se puede resolver una amplia gama de problemas.

Aunque la ciencia ha revelado recientemente que la predisposición genética de la persona tiene un papel muy claro en las respuestas del individuo ante el mundo. Muchos psicólogos creen que buena parte de nuestra forma de comportarnos, de pensar y de sentir viene determinada en el aprendizaje y en el condicionamiento, es decir, por la educación, las fuerzas sociales y culturales. Puesto que los comportamientos son reforzados por el hábito, se nos abre la posibilidad, de erradicar el condicionamiento nocivo y restituirlo por uno útil.

Realizar un esfuerzo continuado para cambiar el comportamiento no sólo es útil para superar los malos hábitos, sino también para cambiar nuestros sentimientos fundamentales. Los experimentos han demostrado que así como nuestras actitudes determinan nuestro comportamiento, idea comúnmente aceptada, el comportamiento también puede cambiar nuestras actitudes y esto se puede apreciar en los gestos inducidos como fruncir el entrecejo o sonreír, tienden a producir las correspondientes emociones de cólera o felicidad, lo que sugiere que el simple hecho de hacer puede producir un verdadero cambio interno.

Con un simple acto de ayudar regularmente a los demás podemos desarrollar genuinos sentimientos de una verdadera transformación solo precisa realizar este esfuerzo en forma continua ya que con estas afirmaciones positivas vamos descubriendo nuestro niño interior.

Al emprender el camino del cambio, es importante establecer expectativas razonables, ya que si son demasiado elevadas nos estaríamos encaminando a una desilusión y si son demasiadas bajas puede desalentar nuestra voluntad de enfrentarnos a las limitaciones y condicionamientos y no podremos desarrollar nuestros potenciales, por lo que es importante nunca perder de vista la importancia de mantener una actitud realista, de ser sensible y respetuoso ante la realidad de la situación a medida que se avanza por el camino de la transformación. Hay que conocer las dificultades  que nos encontramos y que quizá se necesite tiempo y esfuerzo coherente para superarlo. Por lo que es fundamental establecer una clara distinción entre los propios ideales y los métodos mediante los que se juzga el progreso, por lo que siempre buscaremos el equilibrio entre la expectativa y la esperanza y así iremos modificando los comportamientos y actitudes negativas hasta llegar a erradicar sin esfuerzo lo que es nocivo para nuestra vida para irnos acercando de esta manera a una felicidad duradera.



QUIENES SOMOS LOS MASONES





VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Se habla, escribe y especula mucho en los diversos medios de comunicación y redes sociales, sobre ¿Qué es la masonería? ¿A que se dedican los masones? ¿Qué finalidad persiguen? Las especulaciones han sido muchas veces influenciadas por los seculares detractores y se amplia el tema debido a la imaginación popular que teje pintorescas leyendas de la fraternidad, truculentos relatos sobre los ritos misteriosos y ocultos, siempre presididos por el diablo e inspirados por genios maléficos y festivos con socarrones cuentos acerca de la ingenuidad de sus miembros,   donde solo sirven de plataforma a un grupo contrarios a las doctrinas religiosas que imperan en la sociedad, y en fin un sin número de truculentos relatos que van formando una malversión en la mentalidad popular, creando un gran telón de un enorme escenario en la que nos representan en las diversas formas en que su inventiva nos concibe, tales como de horror, misterio, drama, comedia, etc. formando una gama de matices que continuará haciendo que sea fuente inagotable de argumentos, cuyo fin es hacerlo daño, esto es claro debido a la ignorancia, el fanatismo y la falta de cultura para discernir serenamente y analizar  sobre lo que es la orden Masónica y sus adeptos.


Como se sorprendería nuestros enemigos si supieran que todo lo que dicen y hacen en contra de la orden no nos afecta, y más bien ha servido para meditar y reflexionar en torno a ello, para sacar positivas conclusiones que nos reafirma y consolida nuestros principios  y que brindan temas para trabajos de profundidad filosófica para deleite y cabal comprensión de la Orden por parte de sus miembros.

Es lamentable observar  que mucha gente que posee una cultura vasta, pero completamente ciega y dominada por una carga de supersticiones y fanatismo, inculcados en sus hogares, Y si recorremos la lista de masones, volveremos a encontrar para su sorpresa que siguen siendo masones los mejores y más conspicuos exponentes de la humanidad, en todos sus campos, que por consiguiente si forman parte selecta de la Orden personas de tan altos dotes y solvencia moral, científica, política, económica, por deducción y razón lógica y vital esta Institución no puede ser nunca lo que los detractores creen, lo que a ellos le contaron, sino otra muy distinta o sea el fiel  reflejo de la calidad de sus componentes, es decir que la evaluación de la orden está en razón directa de sus miembros que lo conforman y animan y de los principios verticales que practican.

También hay  miembros que están en la subliminal indecisión de comprender plenamente a la Orden,  y sin cuyo entendimiento , masónicamente se mantienen en la penumbra sin atisbar el cielo, por muy cultos, eruditos y profesionales que sean, para esos hermanos una meditación detenida podría allanarles el camino hacia una justa comprensión y dirigirles hacia la blanca luz.

Es decir, todavía no le han tomado el pulso, no han encontrado la escala que los conduzca a la parte alta del edificio

Voy a comenzar definiendo ¿Qué es la Masonería? Es una agrupación de hombres libres de espíritu y sin inhibiciones; libres de pensamiento y libres del dogma del prejuicio. Que tiene su vida ordenada por las buenas costumbres, que no trasgreden la ley moral, que respetan su propia personalidad y la ajena, que se dedican a buscar infatigablemente y con verdadera pasión  el por qué y para qué  vivimos, que estudian las relaciones de causa y efecto, las leyes y principios filosóficos de virtud, amor, tratando siempre de acercarse al camino de gracia y perfección que nos ponga delante del principio creador que somos nosotros mismos.

En la armonía y la belleza desbordante de las cosas se basa la perfección, así nosotros tratamos de que todo lo que nos rodea encaje en este principio para obtener un mundo de  vasta comprensión, tolerancia, equilibrio de fondo y forma, de amor, de paz y que el agua clara recogida de manantial abrupto tome la forma del vaso en que bebemos la sabiduría. Es a esto a lo que nos dedicamos  los masones, a buscar la perfección relativa y dolorosamente imperfecta de nuestra propia persona, en primer lugar y por ende, la de los demás seres y cosas humanas con las que diariamente tenemos interrelación. ¿Lo que conseguiremos? Posiblemente no a la plenitud por ahora, pero poco a poco y cuando gradualmente vayamos comprendiendo y auscultando mejor a nuestros semejantes y a nosotros mismos, lo conseguiremos con toda la seguridad en una gran parte. Por tanto seguimos labrando y puliendo la piedra bruta de nuestras acciones.


Muchas personas se inician  en la orden pretendiendo escalar posición social, política y económica, es decir esperan hallar el paraíso para sus afanes de ambición personal inescrupulosa, piensan que van a encontrar un campo propicio  para su modus vivendi. Pero cuan desilusionados se sienten cuando descubren que en realidad los auténticos masones vienen a dar y no a pedir. La ayuda masónica es sobre todo espiritual y moral;  ya que cuando un hermano delinque, nosotros no lo amparamos ni lo escondemos o protegemos en contra de las leyes y de la moral, estamos muy lejos de todo eso, solamente lamentamos y nos consternamos que haya caído en desgracia  esperando que se arrepienta y reivindique, ayudando sí, en ese caso a sus familiares, pero jamás apoyándole en sus inmoralidades que inexorablemente han de separarlo de la Institución y no guardar de él ni vestigios de su paso entre nosotros. Esta clase de hermanos que sí es verdad que ingresan a la orden en todas partes del mundo, es afortunadamente muy reducido y solo se desengañan al descubrir la verdad, avergonzados y aun regenerados, pero la Ley Natural lo separa definitivamente lejos de las Columnas de esta Orden de virtud y moral.

Pues bien al perseguir el perfeccionamiento espiritual de nosotros mismos, en primer lugar y de la humanidad toda; el cultivo paciente de las ciencias, la práctica sostenida de las virtudes, la acrisolada moral, la tolerancia, el reconocimiento implícito y absoluto de valer de cualquiera otra persona, tanto como el nuestro propio, el acercamiento y culto a la amistad para emprender asociaciones, dentro de una totalidad de valores a la especie humana por el amor y juntos buscar la mayor felicidad en la tierra, rechazando egoísmos, envidia, ambiciones desmedidas, hipocresía, construyendo tercamente con nuestra piedra cúbica espiritual y la de los demás seres humanos el templo universal de amor, dando bienestar y paz a una humanidad que eternamente busca esta conquista empezada por nuestros primeros Gran Maestros.


Creo que es necesario  enumerar algunas pautas  que nos ayudará en el tránsito de nuestra orden: Creer en el alma y su inmortalidad. La pregunta es ¿Dónde debemos buscarle? Dentro de la maraña de nuestras acciones, allí los masones desbastamos la Piedra Bruta con laboriosidad de un artista consumado  y convertimos en Piedra Útil para construir nuestro templo que será permeable a las vibraciones  de tono mayor que anidan en las virtudes, en la moral y en el  amor. Otra pregunta ¿Qué haremos cuando le encontremos? Pulirla y limpiarla de impureza con el cincel de la ciencia y la virtud hecha hábito y con el mazo agudo de la razón y el amor para que sea libre, brillante, bello y contundente. ¿Y que finalidad se persigue con ello? Hacerle una pieza útil como la piedra cúbica que encaje intersticialmente en la plétora de su plasticidad con el gran templo moral que vamos construyendo dentro de nuestro yo, donde se cante los himnos de libertad, hurras a la vida, hosannas y aleluyas a nuestros propios descubrimientos  de nuestras cualidades excepcionales que poseemos para llevar a cabo la gran obra de amor para que la paz y el amor reine sobre todos.

¿Cómo construimos nuestro templo interno? Como la palabra masones quiere decir albañiles y todo en la Masonería se enseña por medio de símbolos y alegoría, el fin nuestro ha de relacionarse con el oficio que representamos. El templo que debemos ir construyendo es el templo de la Naturaleza, en que debe reinar la libertad, la igualdad y la fraternidad, entendidas en el sentido masónico: templo en que se enseñe la verdad, la virtud, la moral y el amor. Y luchamos contra la intolerancia, el fanatismo y la ignorancia.

Aclarando el término Naturaleza, quiere decir es el estado ideal del hombre donde se encuentra y se conserva la perfección y la felicidad. Es decir devolver al ser humano estas cualidades juntamente con la libertad, igualdad y fraternidad natural.

Libertad: Es la independencia absoluta e ilimitada del humano a obrar como mejor le parezca, por lo cual es dueño de sus actos. La libertad tiene a la naturaleza por principio, a la justicia por regla, por salvaguardia a la ley; sus límites morales están contenidos en esta sublime máxima “Lo que no quieras para ti, no la quieras para otro”. Por tanto la libertad es idéntica a la soberanía, donde dejamos de súbditos, ya que respondemos a nosotros mismos.

Para los masones la Igualdad es absoluta en toda clase de derechos sean innatos o adquiridos. “Los humanos son iguales en derecho y desde todo punto de vista son de igual condición”. No hay primero ni último, no hay fuerte ni débiles, ni grandes ni pequeños, sino hermanos. Por tanto en la Masonería hay la ausencia completa de privilegios, colocando al ciudadano en la misma categoría, bajo el concepto de los derechos. Nosotros reconocemos que todos los humanos hemos nacido iguales, por tanto creemos que no hay ningún a diferencia entre el que manda y el que obedece, entre el que produce y el que consume, entre el que paga y el que cobra: uno y otro formado por el mismo principio creador, compuestos de una misma materia, sujetos a las mismas afecciones físicas y a las mismas causas de destrucción. Únicamente el mérito de la sabiduría, el talento, la virtud y el trabajo son las únicas distinciones que admite voluntariamente. Sin querer trastornar el equilibrio social, ni igualar fortunas, ni despojar a los unos en beneficio de todos.

La fraternidad es la supresión de toda desigualdad, de toda distinción de derechos, de modo que no ha de haber sino una sola familia universal donde se congregará la humanidad para cultivar en fraternidad el lazo más íntimo y profundo que la simple amistad, y a la vez su extensión más amplia, por cuanto abarca y deberá abarcar a todos quienes la reconocen y profesan, compartiendo en comunidad los ideales, objetivos y aspiraciones, aun cuando su cultura y sus ideas pueden ser muy diferentes.

Por tal razón hay que despojarse previamente de los errores y falsas creencias, para iniciar el camino de la verdad, cuyo conocimiento simbólicamente se va comprendiendo por un conjunto de signos y alegorías, cuyo conjunto constituye la actitud masónica y allí estaremos capacitados para hacernos reconocer universalmente como hermanos, puesto que solo podemos encontrar la fraternidad en la misma medida y grado en los que la reconocemos y practicamos. También tenemos en nuestro seno a la fraternidad, en el sentido restringido al socorro mutuo entre los hermanos.

Siempre tratamos  que todos los hermanos  trabajen  para que la fraternidad se haga efectiva, se generalice y se extienda sobre toda la tierra como una relación normal entre todos los seres humanos, los pueblos y naciones. Toda persona puede ser hermano y debe hacerse en lo más íntimo de nuestro corazón. Esa es la verdad de la Fraternidad que mucho pronunciamos y poco practicamos. Es decir es una comunión con el principio de la vida, por un lado, y por otro como un instrumento para hacer caer las barreras ilusorias que actualmente dividen  a los hombres. Cuando caiga ese velo que cubre los ojos a la humanidad, la Masonería habrá esparcido su luz en la tierra



desde el hombre de la armadura oxidada


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