miércoles, 27 de abril de 2016

EL ORO



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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La naturaleza se preocupa de producir cosas elementales, mientras que el hombre produce cosas compuestas por los elementos que da la naturaleza. Sin embargo el humano es incapaz de crear lo que produce la naturaleza, exceptuando la vida como la suya, a través de  los hijos.

Los alquimistas que nunca han conseguido ni por casualidad ni por ensayo, crear elemento alguno de los que puede ser producido por la naturaleza, pero si han podido inventar miles de objetos útiles para brindar comodidad al ser humano, creando también elementos nocivos que pueden destruir todo rastro de vida en el planeta. En esta lucha constante por alcanzar el nivel de la naturaleza en su creación, el humano a través de la historia, se destaca por su afán de transformar el plomo en oro,  que es el verdadero hijo del sol, por ser éste el que se parece más entre todas las cosas. Nada de lo creado es más duradero que el oro, ni siquiera puede destruirle el fuego, que tiene el poder sobre el resto de las cosas creadas, el tiempo tampoco lo hace daño,  no lo corroe ni lo oxida, se mantiene inalterable, siempre brillando.

Parecería que los alquimistas eran unos avaros y ambiciosos materialistas,  que solo querían producir oro. La pregunta que me hago: Por qué no utilizan el método más sencillo, cual es ir a la mina y extraer, allí no hay mercurio, ni gases, azufre ni fuego, ni ninguna otra clase de calor que el de la naturaleza que da vida a nuestro mundo. Ese calor natural les brindará a los alquimistas una demostración de que el oro se expande a través del azul del lapislázuli, a cuyo color no le afecta el poder del calor.

Examinando detenidamente las ramificaciones del oro, se podrá ver que las extremidades están continuamente expandiéndose en un lento movimiento, convirtiendo en oro cuanto toca, y en su interior puede apreciarse que existe un organismo viviente, cuya producción es imposible. Lo que se demuestra que la función de la alquimia no se ejerce en la naturaleza, sino en las interiores psíquicas del ser humano, donde la piedra bruta e imperfecta que yace en su ser interno  hay que labrarla para dejarla perfectamente perfecta, pulida y bella. Simbólicamente la piedra informe e irregular hay que  desbastar con el cincel y el mazo, es decir por la fuerza de la inteligencia, a fin de instruido en el renacer a una nueva vida, donde comprenderá a través del conocimiento cómo funcionan los  grandes misterios de la naturaleza en los procesos que se producen en el macro y micro universo. Con paciencia y perseverancia logrará el alquimista transformar esta piedra en una bella y perfecta obra del Arte Real  que se convertirá en el emblema de los conocimientos humanos.

He demostrado que pese a todos los talentos al servicio del hombre, no hay poder para alterar los
elementos que rigen al universo. No hay cerradura o fortaleza que pueda frenar o alterar los fenómenos que a diario la naturaleza nos demuestra, como es apagar el relámpago, frenar la fuerza un huracán, apaciguar las tormentas del mar y lo peor escapar de la muerte.

Con este pequeño trabajo quiero explicar la utilidad del arte de la alquimia, que puede causar resultados grandiosos en los seres humanos que lo quieren experimentar para construir la armonía grandiosa de la vida. Los fuegos secretos permitirán convertir las cenizas en el oro de la perfección, desechando los demás metales imperfectos, convirtiéndole al ser en un recipiente sagrado que con el tiempo pasará a ser un faro  que guíe hacia mejores iniciativas y metas.


jueves, 24 de marzo de 2016

EL SER ETERNO




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La huida del tiempo ha sido cantada por todos los poetas. Cuando el filósofo detiene en ella su atención, se asombra ante el paso incesante de los sucesos, todo viene y a todo parece irse sin despedirse. El paso del tiempo es inexorable, engendra recuerdos, en que la vida se acaba poco a poco, se desvanece con el borrador del tiempo. Y al preguntarnos por el tiempo surge la interrogante de la existencia.


La palabra “existencia” expresa bien esta síntesis de tiempo por ser la sustancia de la que estamos hechos. Aquí recuerdo las enseñanzas recibidas sobre el  libro de la vida, que es el libro supremo, en que no se puede cerrar o volver a abrir a elección, donde el pasaje más interesante no se puede leer dos veces, pero la hoja fatídica se pasa sola, Si queremos volver a la página en que se ama y se vive ya hemos llegado a la página de la muerte  que está ya bajo nuestros dedos. Y así hemos unido dos conceptos: Tiempo y eternidad.

Vivimos en el tiempo, y a partir de él nos interrogamos sobre lo eterno. Pero si ambos se reparten la totalidad de lo real, ¿dónde encontrar la eternidad?, ¿al final del tiempo o en el tiempo? ¿La eternidad, no debe estar fuera del tiempo? La aceptación del tiempo es una conquista difícil. La gran mayoría viven aterrorizados por la irreversibilidad de su propia duración, por la perspectiva de su personal corrupción futura: por eso hacen todos los esfuerzos en la ciencia por detener el curso del tiempo. En otras palabras: no pueden y no saben experimentar el tiempo sin aspirar inmediatamente a lo eterno. Pero, ¿en qué se funda esta aspiración? ¿Basta el tiempo para afirmar la eternidad? ¿No sería ésta, entonces, el fruto ilusorio de nuestro rechazo del tiempo? Cuestión grave, porque si no existiera la eternidad, ¿en qué se fundaría nuestra aspiración? ¿Puede exigir la adhesión y justificar el martirio un ideal destinado a desaparecer?

El tiempo existe porque existe el cambio. Aristóteles lo definía como la medida de lo que cambia. ¿Pero el tiempo reside en lo que transcurre en el movimiento de la cosa que cambia o en el sujeto que lo mide? En cuanto a su forma de existencia, el tiempo no es una realidad independiente; está ligado por una parte a la inteligencia, dotada de una memoria que numera las etapas de la sucesión, y por otra es inseparable de la existencia del cambio. Kant quiso resolver esta paradoja haciendo del tiempo una forma a priori de la sensibilidad. A sus ojos, el tiempo depende por completo del espíritu, que capta las cosas, necesariamente, según el tiempo. «Se puede concebir un tiempo sin objeto, declara, pero no un objeto sin tiempo». Hegel perseguirá esta integración del tiempo en el espíritu, por medio de la dialéctica. Los tres momentos tesis, antítesis, síntesis constituyen toda la realidad según un proceso que es la historia del Espíritu aprehendiéndose a través de sus obras. «Todo lo real es racional y todo lo racional es real». Esta fórmula significa que el tiempo no se induce de lo real, sino que es lo que permite deducir, a priori, todo lo que es. El tiempo se confunde con la vida del Espíritu, que es la historia.


El principio del cambio es igualmente cambiante. No se puede negar la sutileza de esta solución, pero por muy seductora que sea, no logra evitar la contradicción: para ligar la sucesión de instantes como un todo continuo, sería necesario un instante único sin principio ni fin que durase, que coexistiese con toda la sucesión temporal en un sujeto intemporal exterior a la multiplicidad. Lo que precisamente está excluido de la hipótesis desde el momento en que se afirma que todo lo que existe es cambiante, es decir, temporal.

La necesidad de eternidad es tan imperiosa que Nietzsche, la reincorpora en su obra forjando el mito del eterno retorno. “Yo volveré con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente; no a una vida nueva o a una vida mejor o parecida: volveré eternamente a esta misma vida, idéntica en lo grande y en lo pequeño, para mostrar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas... He pronunciado una palabra, y mi palabra me destruye: así lo quiere mi destino eterno. ¡Desaparezco anunciando...!” Es una Visión fulgurante de la soberanía invicta del tiempo! Una eternidad que se alimentase de tiempo.

Esta odisea del espíritu muestra la necesidad de la eternidad y de su trascendencia. Nietzsche identifica el ser y la voluntad de poder, que el acto que va a establecer esté ya establecido y que la libertad, si no quiere ser una fatalidad, deba ser creadora. Para encontrar la eternidad en el tiempo, siguiendo al idealismo alemán, hizo de la libertad un comienzo sin comienzo, el ser originario de todas las cosas. La libertad es infinita porque el ser es voluntad de poder. Por ello, la eternidad se encuentra, para el superhombre, en el acto de decidir; está ligada al instante de la decisión; lo que se ha decidido es eterno.

El tiempo no es independiente de la eternidad. Una visión puramente temporal de la vida es incompleta. El ser eterno no pertenece, desde luego, a la esencia del tiempo; la eternidad difiere radicalmente del tiempo y lo trasciende. Pero, sin embargo, no vayamos a creer que la eternidad es tan sólo un intemporal abstracto; por el contrario, es un presente muy concreto, y para gozar de él no es necesario renunciar al tiempo. La eternidad nos es dada ahora: somos contemporáneos de lo eterno. Si permanecemos es por participación del eterno presente, del mismo modo que el ser singular no existe más que por participación del acto de existir. Al conquistar la unidad en cada instante, llegaremos a ser eternos, porque lo que es uno, es indivisible e indestructible, y por tanto inmaterial y divino. Señalada con el sello de la eternidad, nuestra actividad se espiritualiza y confiere a la banalidad de lo cotidiano la densidad de lo sagrado.

lunes, 15 de febrero de 2016

APOLO DIOS DE LA BELLEZA Y LA INSPIRACION POETICA

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Según la leyenda griega y romana, fue Apolo hijo de Júpiter y de Latona, la diosa infortunada a quien la vengativa Juno persiguió, logrando que la tierra le negase refugio hasta que compadecido Júpiter, fijó entre las islas Ciclades a la flota Delos, para que allí diese a luz a su hijo Apolo.

Apolo como su hermano Mercurio, fueron los dioses dotados por Zeus de los mejores atributos de
talento e ingenio. Apolo es, pues, el dios de la juventud y de la belleza, de la inspiración poética, de la elocuencia y del valor, de las artes y de la medicina. Etimológicamente no se sabe el origen de su nombre, pero en la más remota antigüedad, en los pueblos del Asia Menor, en Creta, en Mileto y Delíos, Apolo es el dios de gran poder que lo mismo envía a la muerte que a la vida, personificando la belleza del sol y su fuerza fecundadora o agostadora, por lo que más tarde se lo llamó Helios o Febo (padre de los vivientes) y se le dieron como atributos las flechas de oro símbolo de los rayos del astro luminoso. Por este mismo motivo se le rendía también culto como protector de las plantas y del ganado y se le llegó a personificar, por fin, dándole un carácter casi humano y muy personal.


Dios de la inspiración poética, también se le ha llamado, y fue el Maestro de las Musas, teniendo por atributos la lira que la perfeccionó. Así mismo es el guía de la juventud en su adiestramiento físico, en los grandes ejercicios de valor y de destreza, lo que le dio carácter de una divinidad nacional entre los jonios. En el arte representa Apolo no sólo el poder del númen sino la encarnación de lo bello y así lo personificó Belvedere en la famosa estatua del dios que es un milagro de perfección.

Como tenía la gran virtud de conocer el porvenir, se lo tuvo como divinidad propicia para los oráculos, y así llegó a tener gran celebridad el que se estableció en Delfos, sitio en donde Apolo (el dios del día) mató a la serpiente Phiton (las viejas potencias de la noche) enviada por Juno para perseguir a Latona y cuya piel sirvió para cubrir el trípode en donde la sacerdotisa consultaba los oráculos.


 La leyenda de Apolo es una mezcla confusa de tradiciones históricas de alusiones sacadas de las ideas astronómicas, de símbolos poéticos y de las reminiscencias tomadas de los mitos de Oriente y de Egipto. Dentro de estos conceptos se le atribuye a Apolo, entre otras condiciones de carácter, el de haber sido un dios colérico y vengativo; pues con sus flechas atraviesa y extermina a Niobe y sus hijos, por haberle disputado la belleza y la fecundidad a su madre Latona, como aniquila a muchos griegos delante de Troya, y mata a los ciclopes que forjaron el rayo para su padre Júpiter, en desquite de haberle dado éste la muerte a su hijo y discípulo Esculapio.

Por estos hechos, Júpiter castiga a su hijo Apolo arrojándole del Olimpo, y entonces se refugia en tesalia, en donde se encuentra con Neptuno, exilado también, y juntos ayudan al rey Laomedonte, que le protege,  a construir las murallas de Troya; hasta que llamado de nuevo al Olimpo es el encargado de alumbrar el universo con el nombre de Helios, durante el día, y por la noche duerme en occidente, en el seno de Tetis, diosa del Océano, significando la puesta del astro.

El culto de Apolo no nació ni de casualidad, ni del viejo instinto popular. En sus formas más antiguas tuvo el carácter de institución de orden, de humanidad, de paz. En Delos no se le ofrecía sino frutos. Los atenientes durante sus fiestas, no hacían ninguna ejecución. Los griegos de Delfos en sus principios no se parecían en nada a los otros; respiraban el dulce espíritu de las musas. La gran lira ante Apolo era la Grecia misma reconciliadora con él.

Hijos de Apolo son Aurora que guía su carro de oro, después que las Horas han enganchado los corceles de fuego para comenzar su carrera, y Faetonte, quien en su afán de guiar el carro del sol, tomó las bridas de los caballos; pero en el novel mancebo, sin fuerzas para gobernarlos, se extravió causando un incendio en el cielo y en la tierra, por cuyo motivo le castigó Júpiter precipitándole en el rio Eridano (Po) en donde sus hermanas las Heliadas lloran su desgracia, convertidas de dolor en álamos blancos y sus lágrimas en ámbar.


Refiere la fábula que poco después de este incendio, se produjo un diluvio universal, cuando a la sazón reinaba en tesalia Deucalión, hijo de Prometeo, casado con Pirra, quienes se libraron subiendo a lo más alto del monte Parnaso. Pero como se hallaban en triste aislamiento, invocaron a los dioses en su auxilio y un oráculo les mandó arrojasen tras de sí los huesos de la Gran Madre; y entendiendo por esto que eran las piedras las que Deucalión tiraba tras de sí se convirtieron en hombres, mientras las que arrojaba Pirra se convirtieron en mujeres, y de este modo repoblaron el mundo.

Tiene especial poesía el mito de Apolo y la ninfa Dafne, hija del rio Peneo o Ladón. Enamorado el dios de la bella ninfa, huyó ésta a sus requerimientos y los dioses a quienes pidió protección, la convirtieron en un laurel. Y a este hecho se debe el que Apolo quisiese que fuera el laurel la planta para coronar a los poetas y vencedores.

Figura también como hijo de Apolo el célebre Esculapio, llamado el dios de la medicina. Se tiene noticia de que había cierta clase de gentes en la remota antigüedad de los pueblos, que se dedicaban a curar, y entre ellos tuvo fama Asclepio, quien dejó una pléyade de discípulos. A este se le llamo hijo de Apolo (el sol que da vida y salud). El sistema de curar era fundado en una serie de misterios, y aún se apelaba a los oráculos para obtener de los dioses la medicina salvadora. En Roma se transformó el nombre y se le conoció por Esculapio, el mismo que fue criado por el centauro Chiron. Disgustado Júpiter por la ciencia milagrosa de Esculapio, le mató con su rayo, de lo cual tomó venganza Apolo en los Ciclopes que fabricaron el rayo para Zeus.

Gran interés tienen para la mitología las fábulas que se le atribuyen al dios Apolo, con el fin de caracterizar su temperamento vengativo, las mismas que constituyen un símbolo para hacer resaltar la idea de castigo que reciben la vana presunción y el desmedido orgullo. El sátiro Marsias de la Frigia, brillaba en tocar la flauta y se puso en competencia con Apolo. El dios aceptó el reto, bajo condición de que el vencido quedase a disposición del vencedor. Los jueces dieron la sentencia en favor de Apolo y éste hizo desollar vivo a su rival.

También tuvo una competencia con el dios Pan, y puesto por arbitro el Rey Midas, después de tocar el primero sus albogues y el otro su maravillosa cítara, el árbitro por torpeza o por malicia falló a favor de Pan, y entonces irritado Apolo por tan estragado gusto, le condenó a que le crecieran al rey orejas de asno. Él pudo ocultar su defecto debajo de su gorro y sólo sabía del secreto su barbero, so pena de muerte si le divulgaba; más como el barbero no pudiese callar  cosa tan notable, hizo un hoyo en la tierra y, ocultándose en él, comenzó a dar gritos diciendo: “Midas tiene orejas de asno”. Después salió, cubrió muy bien el hoyo, pero en aquel sitio nacieron unas cañas que repetían constantemente la misma frase.

Se le representa como un hombre joven, vigoroso, esbelto y de gran hermosura, sin barba y con el cabello ensortijado con una clámide al brazo y armado de su arco y de su carcaj. Más como conductor o maestro de las Musas, tiene vestidos largos a la manera de Junia, se halla coronado de laurel y lleva la lira en la mano.

En su honor se establecieron los juegos piticos, en recuerdo de haber muerto a la serpiente Phiton. Además se le erigieron muchos templos y estatuas, por todos los lugares por donde se extendió la civilización de los griegos, y singularmente en Delfos, Delos y Roma, dándole culto bajo infinidad de nombres.

Le están consagrados a Apolo el cisne, el gallo, el gavilán, el buitre y el lobo, y entre las plantas el laurel, el olivo y el tamarindo.

LAS MUSAS


Apolo recibió de Júpiter el encargo de conducirlas y enseñarles su arte y su ciencia a las musas, hijas del padre de los dioses y de Mnemosina. Estas musas eran en número de nueve y sus nombres e inventos eran los siguientes:

Caliope (de hermosa voz) es la musa de los cantos heroicos y de las elegías y se le representa con unas tablillas para escribir y un estilete o un clarín en la mano.

Clio (la gloriosa) representa la historia y lleva un rollo de papiro en la mano.

Euterpe (la alegre) representa la música y lleva una flauta y a su pie instrumentos musicales.

Talia (amiga de la vida) es la musa de la comedia y su atributo es una máscara cómica. Está coronada por una corona de hiedra.


Melpómene, es la musa del canto y de la tragedia, y lleva una máscara trágica.

Terpsicore (la alegría de la danza) representa el baile y la música coral, y tiene por símbolo una lira.

Urania (la celestial) simboliza la poesía didáctica. Lleva una esfera celeste y está coronada de estrellas.

Erato (la enamorada) es la musa de la poesía lírica y tiene por atributo la citara. Lleva una corona de mirto.

Polimnia (rica en himnos) es la musa de la retórica, Lleva una corona de perlas y tiene un cetro en la mano.

En los siguientes versos de un poeta griego, se explican los oficios de cada una de las musas:

“Caliope nos da versos sublimes

al canto de la citara; los coros

mueve Clio; Mwlpómene suspende

al mortal con sus cantos lastimosos;

la graciosa Tepsicore fábrica

el caramillo de agradables tonos;

a los dioses celebra en himnos bellos

la tierna Erato y con ingenio docto

los gestos de la mímica y la danza

Polimnia arregla. En sus estudios hondos

la belleza del cielo y de los astros

nos muestra Urania, y nos revela a todos

qué es hombre, la cómica Talía,

con sus costumbres y carácter propio”.


Su culto se supone procedente de Tracia y así mismo, se creía que vivían con Apolo, su maestro, en el Parnaso, refugio que alegraba la fuente Castalia y embellecía el rio Permeso, cuyas aguas daban la inspiración. Allí pacía el caballo Pegaso, el cual las transportaba a diversos lugares, para enseñar a los hombres las artes y las ciencias.


jueves, 21 de enero de 2016

ZOROASTRO Y LA RELIGION DEL FUEGO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA 

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Zarathustra, cuyo nombre devino en Zoroastro para los antiguos griegos, fue un profeta que vivió en Medio Oriente en el siglo VI A.C, según ciertos escritores, pero muy posiblemente durante el siglo XV A.C. Algunas investigaciones filológicas incluso sitúan su existencia física más allá. El nombre vendría a ser el compuesto de dos palabras: la primera, según algunos autores, significaría "viejo"; y la segunda, "camello". Conforme a esta interpretación Zarathustra sería "el hombre de los camellos viejos". Pero otros creen que es sinónimo de "criador o cuidador de caballos".

Lo que posteriormente se llamaría zoroastrismo es el producto de las enseñanzas reveladas a Zarathustra por Ahura Mazda ("Señor Sabio") - que en el viejo idioma Pahlavi se dice Ohrmazd, y de ahí Ormuz. Esta religión gozó de su momento más glorioso en el Imperio Persa (559 AC a 651 DC).

Zoroastro fue ante todo un gran reformador de la vieja religión aria. La idolatría y los ritos muchas veces sangrientos de ésta, son barridos por la nueva fe que traerá luz al mundo, dado sus elevados conceptos acerca de Dios, el hombre y la naturaleza, lo cual nos permite calificar al Zoroastrismo como una de las primeras religiones maduras, es decir, desprovistas -al menos en lo que es la generalidad del mensaje zarathustriano, dejando de lado algunas modificaciones nefastas y las herejías, como el Zurvanismo, que por cierto no deben considerarse como propiamente zoroastrianas - de la superchería de las formas de religiosidad primitiva. Conceptos como Asha - que en términos sencillos puede asimilarse a un principio ordenador de la realidad-, son sumamente abstractos, lo cual demuestra el carácter de la aprehensión cognitiva llevada a cabo por Zoroastro y sus discípulos.

Al igual que todos los grandes maestros que ha tenido la humanidad, Zoroastro tuvo una vida propia de una epopeya. Se dice que al salir del vientre materno no lloró y que incluso su madre no sufrió el dolor propio del parto. los enemigos de la verdad lo persiguen e intentan hacerle perecer arrojándolo a las llamas de una hoguera que se extinguieron al ponerse en contacto con su cuerpo. Los ataques de sus enemigos le dieron una gran reputación, y tan pronto se le ve entre el pueblo difundiendo sus doctrinas como en el desierto buscando el aislamiento para ponerse en contacto con la divinidad. Durante uno de estos períodos de aislamiento Brahma lo trasportó al pie del trono de Ormuz, quien le reveló la ley y los detalles de su culto. Recibida esta revelación se retira al fondo de una caverna, donde permanece durante siete años en silencio. A los treinta años de edad recibe diversas revelaciones que le enseñan la manera de tratar a los animales domésticos, al fuego, a los metales, a la tierra, al agua y a las plantas. Una vez preparado para el desempeño de la gran misión que debía desarrollar sobre la tierra, se presentó en el palacio real al monarca instándole a que abrazase la nueva religión, cosa que consiguió tras largas discusiones y después de haber realizado algunos hechos milagrosos. Posteriormente Zoroastro convenció al rey persa a que llevase la guerra a algunos países limítrofes, con lo cual la religión de Ormuz se extendió hasta la India.

Durante el asedio de una ciudad Escita, cayó en poder del enemigo, y se cree que pereció allí juntamente con cierto número de sacerdotes del fuego que fueron sacrificados. Zoroastro fue uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad.

Libros Sagrados

Los textos sagrados del zoroastrismo son especialmente el Avesta - que en Occidente debido a problemas interpretativos se conoce como Zend- Avesta, cuando ello significa realmente "Comentario al Avesta" - y los llamados Textos Pahlavi.

El Avesta es una compilación de muchos textos, especialmente cantos sagrados, y su importancia para los mazdeos - otro nombre con que son conocidos los zarathustrianos - puede compararse con lo que representa para un musulmán el Corán o para el cristiano la Biblia. Habría sido codificado de manera ordenada hacia el año 600 DC, lo que revela que durante muchos siglos a través de una tradición oral se conservó el pensamiento y palabras del Profeta.

El Avesta contiene entre otros textos a los Gathas, conjunto de cánticos que recitan a diarios los seguidores de Zarathustra. Habría sido escrito en distintos tiempos. Cabe indicar que la lengua Ghática tendría un ancestro común con el Védico. Así lo han demostrado las semejanzas de muchas palabras. Un ejemplo: la palabra Asura que en védico significa "señor divino" tiene igual definición que la palabra gáthica "ahura".

Los textos litúrgicos, que se incluyen en el Avesta se llaman generalmente Yasna (término que significa "reverencia"). Los estudiosos han descubierto gracias a un profundo análisis gramatical e histórico que los Gathas fueron escritos en Gáthico, y en otras partes en Avestán Nuevo.

¿Monoteísmo o Politeísmo?

El Yasna, libro de himnos contenido en el Avesta, incluye frases que parecen ser contradictorias; y así, mientras en unas se dice que hay un solo dios, de quien proviene bien y mal, en otras se aprecia una especie de politeísmo, siendo el dios del bien y el del mal seres supremos distintos.

Analizando tales trozos del Avesta, los estudiosos Carlos Cid y Manuel Riu, señalan algo que puede sernos útil: "Estos dos fragmentos se prestan a profunda meditación. En el primero se hace confesión absoluta de monoteísmos, convicción muy fuerte que Zarathustra opuso al politeísmo precedente. Por otra parte, se habla de dos espíritus: Ahuramazdah, que es la vida, el bien, la luz y todo lo positivo; y Angramanius, que posteriormente se llamó Ahriman, personificación de la muerte, del mal y de todo lo negativo. ¿Cómo se resuelve esta antítesis? Es posible que por un cambio o evolución del pensamiento de Zarathustra, pero acaso se trate de un Ser Supremo y único en sí mismo, que en un aspecto más concreto ofrezca ambos principios como manifestaciones antagónicas, complementarias y necesarias de sí mismo, ya que el Yasna afirma que no sólo creó la luz, sino también las tinieblas, y que la vida se produjo cuando ambos se encontraron al principio. Así, la nada sería precisa para la existencia de algo; el bien no podría diferenciarse sin destacar sobre el fondo negro del mal, como tampoco la luz se distinguiría sin la existencia de otra luz, de la luz negra de las tinieblas."

Por cierto, la explicación posible sólo puede ser la segunda hipótesis indicada, toda vez que el zoroastrismo es una religión monoteísta. Y no es contradicción decir que en el Uno coexisten de alguna manera dos principios: el bien y el mal, siendo el primero el primordial y que al final de los tiempos ha de triunfar. Esto no significa en modo alguno creer que Ahrimán sea tan poderoso como Mazda, sino que es un rival fuerte, que a veces - como en el ciclo actual- triunfa, pero que desde un principio de los tiempos es sabido que perderá la gran batalla. Así, lo establece una especie de catecismo zoroastriano, el Chidag Andarz Poryotkeshan, que dice, ya desde las primeras frases: "este Reino (el de Ormuz) es infinito y puro; y Ahriman no lo es, y es destructible".

¿Cómo es posible que en el Uno coexistan dos? La resolución a este aparente contrasentido, ha sido dada por el tradicionalista Frithjof Schuon, quien nos habla de dos planos de la realidad. Primero, el Absoluto o Supra-Ser. Y el plano más bajo, del Ser, donde habita la dualidad bien-mal.

El Sobre -Ser contiene al Ser, por lo cual lo supera. Siguiendo esta lógica, diremos que Ahura Mazda creó todas las cosas, y permitió el mal. Pero, al mismo tiempo Ahura Mazda es trascendente a la aparente lucha dual, pues es impasible en su mismo centro o corazón; verdad a la que sólo algunos pocos podrán llegar.

El Problema del Mal

Sin duda uno de los aspectos que más llama la atención en toda filosofía trascendente es su visión acerca del bien y del mal. Según los historiadores más modernos, originariamente el zoroastrismo habría sido un monoteísmo. Ello se aprecia en los textos más antiguos, donde sólo se habla de Ormuz o Ahura Mazda como única deidad de la cual surgen conceptos abstractos, que la religiosidad popular a veces erróneamente consideraré como si se tratase de dioses. La lucha entre el bien y el mal aunque era pronunciada, no se consideraba como una oposición donde existe casi igualdad de armas. Pues por el contrario, sólo Ahura Mazda es Dios.

El Zurvanismo, una herejía zoroastriana, remarcó la idea que se encuentra en un Gatha, donde Zarathustra dice: "Verdaderamente, hay dos Espíritus primordiales, gemelos que se hallan en conflicto. En palabra y en acto ellos son dos: el bueno y el malo" (Yasna, 30.3).
La exageración de este Yasna, derivó en la creencia errónea según la cual Spenta Mainyu (el mal) y Ahura Mazda serían algo así como hermanos, hijos del tiempo (Zurvan; de allí el nombre de esta heterodoxia).

Esto posiblemente se debe a que Mani tomó esta creencia y la unió con el cristianismo, creando una fe compleja que llegó a Europa, y que se manifiesta aun en la Edad Media, a través del Catarismo y otras herejías cristianas, poseedoras de lo que se ha dado en llamar equívocamente como "Gnosticismo".

El zoroastrismo repugna de esta creencia, puesto que entiende que el mal jamás puede equipararse al poder de Ahura Mazda, de quien derivan todas las cosas.

Una Religión que no adora imágenes

Las culturas antiguas solían adorar imágenes; mas no es éste el caso del Zoroastrismo, que precisamente es una de las primeras religiones en dejar de lado toda forma de idolatría.  El zoroastrismo, igual que su sucesor, el islam, no tuvo ídolos, a diferencia de las otras religiones indoeuropeas y de la religión de la Grecia antigua. Por tal razón en la Persia de esa época no existe una estatuaria sagrada.

Las pocas representaciones existentes de Ormuz nunca fueron consideradas como ídolos, sino como símbolos. Jamás se confundió la imagen con la sustancia.

Algunos Conceptos Claves

La religión fundada por Zoroastro era llamada por éste Daena Vanguji, que puede traducirse como Recta o Buena Consciencia; o simplemente como Buena Religión. Sus pilares o principios son:
1.- VOHU MANA (VOHU MANU): Pensamiento adecuado.
2.- ACHA: Rectitud. Vía recta.
3.- VOHU KACHAZRA: Buen imperio.
4.- ARAMAITI: Serenidad.
5.- SERAUCHA: Inspiración.
6.- JAURVATAT: Integridad.
7.- SPENTA MAINJU: Mentalidad progresiva.
8.- AMERETAT: Inmortalidad.

El Zoroastrismo como Fuente de Inspiración de otras Religiones

No deja de llamar profundamente la atención el hecho que conceptos e ideas originariamente zoroastrianas hayan sido adoptadas por otras religiones. Así podemos mencionar al menos tres: la judía, la cristiana y el islamismo. E incluso podríamos agregar el buddhismo. Las tres primeras mantienen la idea monoteísta. La idea de un "pecado original", la concepción de la resurrección de los muertos y la necesidad de un acto como la confesión, que adoptará el cristianismo pertenecen a la religión zoroastriana.

El Chidag Andarz Poryotkeshan bastante antes de las enseñanzas de Jesús, establece una sabiduría que es conmovedora y base de muchas creencias posteriores. Una estrofa reza: "El cuerpo es mortal, mas el alma inmortal. Hace buenas obras, por el alma que es real, no por el cuerpo; el próximo mundo es real, no éste".

El buddhismo toma conceptos que son recogidos en lo que se ha dado en llamar el Óctuple Sendero. El pensar, hablar y actuar recto, como la concepción de la Mente Recta o Buena que encontramos en el Avesta, son reiterados en la tradición buddhista. Este libro sagrado es por lo demás una anticipación de las enseñanzas de Buddha.

El Culto al Fuego

Previo al mensaje dado por Zoroastro, el culto del fuego existía en Irán. Simbólicamente es la expresión de la fuerza divina y la espiritualidad en potencia y acto. Además lo es de la pureza.

En la vieja Persépolis, aun pueden encontrarse restos de los grandes altares del fuego de la época pre-islámica. Los zarathustrianos actuales siguen manteniendo en sus ritos la presencia de este elemento. Aunque no muchos, sin embargo, existen altares ígneos que durante siglos consumen llamas, siendo resguardados por fieles sacerdotes. Este culto al fuego sería exportado llegando a Roma.

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