Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

ALEGORIA DE UNA METAMORFOSIS INICIATICA



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
Animated Masonic Emblem photo sq75.gif


El libro titulado El Asno de Oro, tiene una importancia valiosa para entender el culto mistérico de Isis, la religión que disputó al cristianismo y al culto de Mitra, la supremacía religiosa del Imperio romano. Probablemente escrita durante la madurez de Apuleyo, representa el viaje alegórico del alma desde su caída al cuerpo del hombre hasta su liberación, después de las tribulaciones de la vida cotidiana.

Aparentemente el libro es la historia de un joven griego llamado Lucio que estando de invitado en casa de un amigo cuya mujer es maga, quiere experimentar la emoción de transformarse en pájaro. Esta, sin embargo se equivoca con el ungüento y lo transforma en asno, aunque conserva intactos el intelecto y la conciencia. Al ser irreconocible, puede observar lo que hacen los hombres y tomar nota de todos los comportamientos increíbles y desconcertantes. Después de muchas peripecias, consigue volver a ser hombre gracias a la intervención de la diosa Isis y a la iniciación en sus misterios.

También se encuadra en la narración varias historias, que son alegorías de los ritos de iniciación. La más conocida y hermosa es la de Amor y Psique, una representación dramática de la iniciación del alma (Psique) a los misterios de Isis, a través de sus sufrimientos amorosos.

La fábula describe todo el proceso iniciático, no de forma explícita sino comprensible del mundo isiaco. En esta clave de lectura, Psique es el adepto (mista) que quiere ser iniciado a los misterios de la diosa egipcia Isis.

Eros, el amante, en el Egipto helenístico recibe el nombre de Arpócrates y corresponde a Horus, hijo de Isis. El objetivo de su descenso es devolver al alma, mediante un vínculo sentimental con la divinidad, el deseo de estar de nuevo en el lugar celeste de donde ha caído.

Las bodas de las que habla el oráculo serán bodas de muerte: la iniciación es matrimonio y muerte. También
es típico que anuncios de este tipo se produzcan a través de un sueño o de un oráculo. La exigencia de secreto de Amor corresponde a la que se pide siempre al iniciado que ha de jurar no revelar el secreto ni sus familias o miembros. Si viola el juramento, se aleja del camino hacia la divinidad y para recuperarlo debe superar pruebas difíciles y largas peregrinaciones.

El ingrediente de la narración que tiene un gran valor simbólico es la escena de la lámpara que representa la relación entre el adepto y la posibilidad de acceder a una visión real del dios. El encuentro con lo divino es, por una parte maravilloso, pero, por otra, tiene una breve duración. El iniciado quizás ha visto la cabeza de dios en el templo, pero ahora debe volver a la vida de todos los días.

Otro elemento iniciático simbolizado en la fábula es el baño ritual, correspondiente al bautizo: Psique se arroja al río con la intención de morir. Así, el iniciado muere en el pecado, para renacer renovado. El agua aparece a menudo en las ceremonias de la iniciación: una de las muchas pruebas es la búsqueda del agua de la vida, que mana de la fuente de Estige (que estaría situado a la altura de las primeras cataratas del río Nilo) y que se recuerda simbólicamente bebiendo agua de un punto concreto del templo.

Las fábulas y la anécdotas se intercalan en el texto y encuentran su justificación en la última parte de la narración, en el libro XI, que representa, esta vez, de manera explícita, los ritos de iniciación del protagonista al culto de Isis. Entonces se ve claramente que todo el libro no es más que una alegoría del paso de la vida del no iniciado a la vida del iniciado, que encuentra en los misterios de Isis el camino hacia la liberación de la condición de inferioridad y el paso a un mayor conocimiento.

El libro  XI es la parte más importante de la obra porque en él se describe una ceremonia isiaca tal como tenía lugar en el siglo II d. de C., lo cual es un ejemplo completo y único en el mundo antiguo. El interés de este último capítulo reside en el hecho de que se muestra expresamente cómo estaba estructurada la gran fiesta de Isis y cómo, dentro de ella, aparecían claramente los elementos iniciáticos: Lucio, que a causa de la transformación de bestia a ser humano resucita gracias a la intervención de Isis, es invitado a entrar en la orden  a convertirse en un fiel de las religión de lsis, primero, y de Osiris, después.

En el recorrido de cualquier rito iniciático: el hombre antiguo necesita morir para nacer como hombre nuevo.
Aceptando las nuevas reglas impuestas y las enseñanzas de los iniciadores, la persona que se somete a la ceremonia se desprende de la piel vieja (la del asno), cargada de culpas y de pecados, y se viste de una nueva, igual ocurre en las fraternidades iniciáticas contemporáneas, cuando el nuevo iniciado es investido con una nueva indumentaria y con la espada es recibido como nuevo miembro, esto es un signo de renovación de su espíritu, que a partir de ese momento está protegido por los símbolos de la orden.

LA FABULA DEL AMOR Y PSIQUE

Psique es una doncella a la que todos consideran más bella que la propia diosa Venus. Ésta, envidiosa
encarga a su hijo Eros (Amor) que haga que se enamore  de Psique, pero Eros al verle se enamora de ella.

Como nadie quiere casarse con Psique, sus padres, obedeciendo a la respuesta del oráculo, la llevan a una alta montaña para entregarle en matrimonio a un monstruo terrorífico. Al llegar allí, es llevada a un palacio maravilloso, donde se encuentra con su esposo, que la visita cada noche, pero ella tiene la prohibición de verle el rostro.

Las hermanas de Psique, celosas de su suerte, la convencen para que descubra la identidad del esposo misterioso. Entonces, mientras este duerme, Psique lo ilumina con la lámpara y la observa embelesada. El marido resulta ser Eros, dios del Amor. Mientras lo mira, una gota de aceite hirviendo de la lámpara cae sobre su piel. El dios se despierta, se da cuenta de que psique no ha cumplido con su palabra y huye hacia el cielo, abandonándola.

Presa de dolor, la muchacha se tira al río, pero éste no acepta su muerte y la devuelve a la orilla. Allí encuentra al dios Pan, que la anima a ponerse en busca de su Amor.

A lo largo de esta empresa, Psique deberá superar muchas pruebas y se vengará de sus hermanas, hasta que por fin podrá estar de nuevo en los brazos de Amor, que la conducirá al cielo para compartir la suerte de los dioses.

EL LIBRO XI DE LAS METAMORFOSIS

Escapando  de su cautiverio, el asno Lucio llega a las orillas del mar y suplica a la diosa, llamándola Regina Coeli, reina del cielo, que le deje ser de nuevo un humano o, si no se le concede, por lo menos que le permita morir.

Al oír sus invocaciones, emerge del mar una divinidad de aspecto maravilloso: largos cabellos rizados, una corona de flores en la cabeza, un disco luminoso en la frente. A la izquierda y derecha, dos víboras la escoltan. detrás de su figura, hay un fondo de espigas. Viste una túnica de colores tornasoles y está envuelta en un precioso manto negro repuntado de estrellas, con una luna luminosa en el centro, bordado con una guirnalda de flores y frutos. En la mano derecha lleva el sistro de bronce que, si lo hace sonar tres veces emite un sonido argénteo, y con la izquierda sostiene una lámpara de oro. Sus pies están calzados con hojas de palma.

La diosa misteriosa se presenta y dice que se ha manifestado en respuesta a sus súplicas. Es la madre del universo, señora de todos los elementos, el origen primero de los siglos, la más grande entre los dioses: los frigios la llaman madre de los dioses; los áticos, Minerva Checropia; los chipriotas, Venus de Pafo; los cretenses, Diana; los sicilianos, Proserpina Estigia, pero los etíopes y los egipcios son los únicos que la veneran y la llaman por su nombre verdadero: Isis Regina. Y da a Lucio las instrucciones que debe seguir para encontrar la salvación.

Al día siguiente tendrá lugar la gran fiesta de Isis, Lucio deberá participar en ella en pureza total. El sacerdote llevará en la mano derecha, en torno al sistro, una corona de rosas. Lucio deberá abrirse camino entre la multitud, acercarse al sacerdote y comer las rosas. De este modo se convertirá nuevamente en un ser humano. A cambios, la diosa pide a Lucio devoción total hasta el final de sus días.

Lucio, cuando el alba anuncia un día maravilloso, se da cuenta de que un cortejo religioso se está
aproximando. El cortejo está formado por varios grupos de personas. El primero, no religioso, recuerda a un carnaval por los disfraces de los participantes: Luego está la parte más propiamente religiosa: mujeres vestidas con ropa clara y guirnaldas primaverales que arrojan flores por el camino. Otras mujeres llevan espejos brillantes colgados de la espalda y otras esparcen perfumes. Muchos de los que participan en la ceremonia sostienen lámparas, antorchas y velas, indicando que Isis, en tanto que madre de las estrellas que están en el cielo, encuentra en la luz su elemento natural y más verdadero.

El cortejo sigue con los músicos y los iniciados, hombres y mujeres vestidos con ropa de lino claro, que llevan sistros de oro, plata y bronce.

Seguidamente llegan los sacerdotes con los objetos de culto, una lámpara, un altar, un palmón, el caduceo de Mercurio y una copa para las libaciones.

Primero se muestra Anubis, con el caduceo en la izquierda y un palmón en la derecha, luego una ternera (simbolizando la fecundidad de la diosa), un sacerdote con la cesta mística que contiene los símbolos misteriosos del culto y, finalmente, otro sacerdote que lleva símbolos de la diosa, hecho en oro resplandeciente. Es una especie de urna de pequeñas dimensiones, de base circular y con representaciones egipcias con una abertura puntiaguda. El asa está envuelta por una serpiente espiral que yergue el cuello.

Ha llegado por fin el momento mágico en que Lucio dejará de ser un asno y se convertirá en hombre. Aparece el sacerdote que lleva en la mano el sistro y la corona de rosas espléndidas. Lucio avanza lentamente hacia él y devora las flores perfumadas. La escena de la transformación, un acto de magia propiamente dicho, impresiona a la gente, que se postra en adoración por esta intervención maravillosa de la diosa. El sacerdote hace vestir a Lucio para ocultar su desnudez y la anuncia que la diosa, la única capaz de desligarlo de sus cadenas, lo ha rescatado. Si Lucio desea recibir todavía más protección por parte de Isis, deberá iniciarse en sus misterios. Después de un sueño profético y de las pruebas patentes de la atención de la diosa. Lucio decide iniciarse, aunque será la diosa quien determine el día. Mientras tanto él deberá mantenerse alejado tanto de exceso de celo como de la indisciplina y deberá abstenerse de ciertas comidas.

Cuando llega el día establecido, el gran sacerdote lo acompaña delante de la gran puerta del templo, celebra
la ceremonia de abertura, realiza los rituales de la mañana y toma de la celda más secreta unos libros escritos con caracteres desconocidos, de los que lee a Lucio las instrucciones para la iniciación. Seguidamente lo llevan a los baños, donde recibe el agua sagrada y vuelve para arrodillarse a los pies de la diosa, la cual le transmite  una enseñanza secreta.

Durante diez días no puede tomar determinados alimentos y bebidas. El décimo día, al anochecer, llega gente de todas partes que le rinden homenaje ofreciéndole regalos. Luego, una vez que se han marchado los profanos, es cubierto con un vestido de lino y conducido ante el sacerdote que le estrecha la mano y lo lleva a la parte más interna del Sanctum Sanctorum.

La analogía es clara: del mismo modo que Anubis lleva de la mano al difunto a la sala de Osiris, el sacerdote lleva de la mano a Lucio a la parte más sagrada del templo. Por la mañana, una vez concluida la noche sagrada, sobre la que Apuleyo anuncia no querer revelar nada, Lucio, vestido espléndidamente, con una corona de palma en la cabeza y una antorcha en la mano izquierda, es invitado a subir los tres escalones hasta alcanzar el podio para que todos los presentes puedan admirarlo. Todo termina con un gran ágape.
Al cabo de un año, Lucio tiene una nueva y extraña visión: la diosa se le aparece en sueños y le habla de una nueva iniciación y consagración. Después de meditarlo, entiende que la nueva iniciación es la de los misterios de Osiris.

A partir de las visiones, Lucio, que vive en un estado de pobreza, decide vender una gran parte de sus vestimentas para obtener todo lo necesario para la iniciación. Pero nuevamente, sin que haya transcurrido mucho tiempo, los dioses le manifiestan, incitándole a una tercera iniciación. Esto le deja muy perplejo, porque está convencido de haber obtenido ya la consagración definitiva, pero un nuevo sueño le aclara las dudas: el hecho de ser iniciado varias veces debe ser motivo de alegría, porque los demás a duras penas lo son una vez.

El simbolismo del tres (en Egipto antiguo, es la forma para indicar el plural, es decir, todos) debería garantizarle que su felicidad durará para siempre.

Después de su tercera iniciación, Lucio, habiendo obtenido el favor del más grande de todos los dioses, Osiris, pasa a ser uno de los sacerdotes, y más tarde es elegido al cargo sacerdotal máximo del culto de Isis.



LA SED DEL DESEO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Animated Masonic Emblem photo sq75.gif


Una de las causas para muestras dificultades en la vida es el deseo. El deseo es una incansable sed que nunca termina. Debido a que todos nosotros deseamos ardientemente, de que estamos hambrientos y sedientos de diversas experiencias y cosas diferentes, continuamos sufriendo. No se trata de que tengamos que despojarnos de las cosas que deseamos. Los objetos no son el problema. Es nuestro apego, nuestra identificación con lo que anhelamos, lo que causa el sufrimiento. Por tanto no son los objetos externos los que nos enredan. Es el aferrarnos internamente los que nos dificulta.


Las personas malinterpretan que se despojan del anhelo, nunca volverán a ser capaces de amar ni de vivir con pasión. Lo que es cierto es justamente lo opuesto. Seguiremos manteniendo nuestros deseos saludables, pero ya no están contaminados y mal dirigidos por una sed insaciable.

Por tanto hay que aprender a cultivar la bondad amorosa, la empatía y la integración. No debemos poseernos el uno al otro y tampoco debemos volvernos   tan identificados o apegados a las cosas (ya sean personales, pensamientos, sentimientos, profesiones, metas u objetos materiales) que nos hagan perder la visión de la realidad, del relativismo de la naturaleza cambiante de todo lo que es.

La sed insaciable del apego al deseo causan problemas vitales en nuestras vidas y hay que poner en mayúsculas lo que causa el deseo y el apego. Hemos escuchado varias veces algún amigo cercano o pariente decir “Deseaba tanto a esta persona que estaba a punto de perder la cabeza”, o “Haría cualquier cosa por conseguir (COMPLETE LA FRASE)  La cuestión es que con el deseo es que se apodera del control de su mente y de su vida. Se hace el dueño. En su forma más intensa, es semejante a estar poseído por un hechizo.


¿Cuántas horas al día dedicamos a la actividad incansable de tratar de obtener lo que cree que desea conseguir? ¿En qué momento esas interminables horas llegan a convertirse en obsesión? ¿Qué parte de su mente y de su tiempo invierte en fantasear acerca de las cosas que desea? Resulta demasiado fácil utilizar la mayoría de las horas de nuestras vidas para permanecer bajo la obsesión del romance, la carrera, el dinero, los amores turbulentos, los pasatiempos, el sexo o el placer. AL igual que una nube oscura, el deseo oscurece su naturaleza espiritual radiante y libre.


¿Es esta cultura la que puede resistirse a una sed insaciable de placeres sensuales, de riquezas o de poder? Existen tanta publicidad, tanta propaganda, tantos centros comerciales que capturan nuestra atención. ¿No se siente con frecuencia azotado por las brisas de “las atracciones” que claman  por su atención? Diariamente nos llegan catálogos, la televisión, la radio, los medios impresos y el mismo Internet  nos enseñan miles de objetos que al comienzo no deseamos, pero como son alentados a llevar vidas fantasía, en las cuales invertimos permanentemente un futuro incierto, aguardando con esperanza de ser tomados y transportados por un salvador en un descapotable coche rojo.


Pero existe un antídoto de una sola palabra para la sed o el deseo: Sabiduría. La sabiduría de la libertad del deseo. Tenemos la capacidad de descubrir o redescubrir nuestra sabiduría innata, nuestra conciencia, nuestro gozo interior, a través de las prácticas espirituales, incluyendo la meditación, el autocuestionamiento, la oración, el cultivo de nuestro corazón amoroso, tierno, naturalmente sensible. La sabiduría es el medio para trascender el deseo y transformar una existencia monótona y rutinaria en un precioso e inspirador paseo por un jardín. Esa es la verdadera libertad.


Buda hablando a sus discípulos les dijo: “Todo el que, en este mundo, supere su deseo tan difícil de trascender, hallará que el sufrimiento se va extinguiendo como las gotas de agua que caen desde una flor”.




EL SILENCIO SUSTENTO DE LA PALABRA


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA

Animated Masonic Emblem photo sq75.gif



La cosmovisión holística de la humanidad, conformada de la concepción totalizante y unitaria, se remonta hacia los orígenes de la humanidad. Las más antiguas y diversas culturas concebían que el movimiento de la naturaleza tiende hacia el orden y el equilibrio, consideraban al ser humano como parte integrante de esa naturaleza viva en constante cambio. Por lo tanto las culturas orientales aprendieron la existencia de este modo, perpetuándose hasta la actualidad. En occidente en cambio comenzó a diluirse, a perderse, al tiempo que iba configurándose una nueva cosmovisión cada vez más fragmentada y materialista de la realidad a partir del dualismo de Descartes, y corporizada en su máxima expresión, en el paradigma mecanicista de Newton. Tomando en cuenta lo antes dicho la  dirección de este trabajo apunta a resaltar  la doctrina Zen.


Los principios del Zen son: La perfección, para todo aquel que manda, es ser pacífico; para el que combate es no encolerizarse; para el que desea vencer, es no luchar; para aquel que se sirve de los humanos es ponerse al servicio de ellos. Hay que tomar las cosas como vienen, caminar cuando se quiera caminar, sentarse cuando  quieras sentarte. No hay nada que perder ni ganar.  Deja pasar las cosas, no buscar ni huir, ya todas las aflicciones se originan en la mente Entonces ¿Por qué buscar en otra parte para liberarse de ellas? ya que todo está dentro de nosotros, confíar en nosotros mismo y observar dentro de nuestro yo, lo que hay allí, y recuerda que tu vida es aquí y ahora. Este es el espíritu Zen.


El Zen es aquello que más se aproxima a la dinámica más íntima de la creación ya que provoca la iluminación. Con respecto a la experiencia Zen es menester enfatizar en el hecho de que no se trata de una religión ni de una filosofía, sino que es en alta medida una disciplina del viaje que hacemos desde que llegamos a la tierra hacia la gran meta que todo ser humano pretende, que es la lucidez frente a todas las cosas, frente al universo.


Zen es experiencia, vida concentrada, vida siempre consciente o la conciencia cotidiana de las cosas, conciencia de todo momento, de toda acción, de toda inacción. El sentido del Zen es fundamentalmente el impulso liberador, la tendencia mental que diluye los antagonismos, admite la coexistencia de los opuestos, conduce al desapego y articula las esferas de lo consciente e inconsciente, de modo que se erige en una audaz tentativa de emancipación del hombre por la abolición de los resultados de la mente dualista, disociadora, que discrimina lo racional de lo irracional.



La cultura oriental ha concebido una palabra para designar este proceso de renacimiento, de iluminación, y, en el budismo Zen es satori. El satori (wu en chino) es la claridad que hay en las cosas mismas, experimentado a partir de una superación absoluta de toda diferencia, de todo dualismo, es la trascendencia del círculo lógico; pero es una experiencia que ningún lenguaje convencional puede explicar, pues el satori conceptualizado deja de ser satori. La apertura del satori puede darse por un sonido inarticulado, una observación, un incidente, una trivialidad, es decir, es un acto que se da de modo inconsciente cuando la propia mente ha madurado. Es un nuevo nacimiento; intelectualmente es la adquisición de un nuevo punto de vista.


La iluminada comprensión es efectivamente un despertar y por lo tanto constituye una nueva perspectiva mental, una penetración intuitiva, una capacidad que va madurando como fruto, una forma de la atención que se va haciendo cada vez más honda y poco a poco define las palabras, el modo de combinarlas, en oposición al entendimiento intelectual y lógico del humano, la revelación de un nuevo mundo hasta entonces no percibido por la mente dualista.

En el despertar el humano incrementa y afirma a tal punto su ser interior que es capaz de tender un puente hacia las cosas alcanzando tal amplitud y profundidad que trasciende lo individual y logra acceder de manera activa a otra dimensión de la realidad. Esta apertura intuitiva del inconsciente hacia la complejidad de la realidad es la causa de que infinitos caminos conduzcan a una sola meta, tan perfecta como si hubiese sido planificada con la precisión máxima de modo que el hombre pueda traspasar una frontera y proyectarse hacia el exterior.

La disciplina del Zen puede convertirse en un modo de vida, en un valioso medio de conocimiento interior, donde la locuacidad del silencio habilita un nuevo espacio donde emerge la posibilidad creadora ante lo manifiesto. Es la posibilidad de reconquistar esa conjunción de palabra y silencio, de “abrir algo entre la palabra y el silencio e intentar la recuperación del silencio y a partir de ello ser una presencia, que muy pocos lenguajes son capaces de transmitir:

Se puede decir que sin silencio la palabra no existe,  pero no es así ya que funciona  como  un elemento de cohesión con un valor específico propio. Hay  cargas de silencio en la actividad diaria, que viene a constituir una especie de respaldo, la espalda de silencio que tiene la dimensión de la vida, toda esa esencial vivencia del silencio sin la cual no hay expresión válida. Pero hay algo más: no es sólo esa envoltura de silencio lo que sustenta a la palabra, sino que cada una de ellas tiene su propia carga interna de silencio.


Con respecto a la unión con la naturaleza por parte de las culturas orientales, el Zen mantiene una percepción e identificación con lo que en ella existe de sagrado. La sacralización de la naturaleza roza lo cotidiano y, por extensión, vida diaria se desarrolla a partir de, y por, en un ámbito eminentemente natural. Análogamente también puede rastrearse la presencia de la naturaleza a partir de la experiencia de la conciencia no dual de la realidad en nuestra existencia acerca de lo que de ella hay en nuestro ser constitutivo y en lo que de ella podemos aprender a vivir. Este cambio de perspectiva produce un sentido completamente nuevo de realidad y de valor.





LA PLENITUD DE LA FELICIDAD



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Animated Masonic Emblem photo sq75.gif 


La presión de la sociedad en la que vivimos ordena a nuestro cerebro a pensar siempre que los problemas son parte esencial de nuestras vidas y nos obliga a desenvolvernos  con la tortura, con atribulaciones  de no tener una paz interior que nos permita ser felices y alegres. Sin saber que la naturaleza nos ha dotado a cada uno de nosotros de la capacidad necesaria para  derribarlos  de una manera simple y rápida esas barreras anímicas, verdaderos obstáculos síquicos que limitan o invalidan nuestra innata aptitud para resolverlos.

Ermenson reflexionaba: “la vida consiste en lo que un humano piensa todo el día”. Si piensas en el éxito, creas un clima espiritual que posibilita el éxito. Si piensas en el fracaso, ya estás a dos dedos de él. Puesto estos grilletes intelectuales no se tiene existencia tangible, es preciso tratar de suprimirlos por medios puramente espirituales. Por eso es por lo que, para obtener ese resultado, me valgo de aquellos principios universales, cuya aplicación  aliviado  y curado, a través de las edades a miles de generaciones. Son cuatro los principios y temibles enemigos de nuestra paz interior, y que es, casi siempre, uno de ellos el que proyecta su ominosa sombra en el ánimo conturbado por algún problema.


La falta de confianza en uno mismo.  Allí es importante desplegar todas las fortalezas y el valor, y el mejor modo de resolver los conflictos propios consiste en ayudar al prójimo a zanjar los suyos. Allí al ser útil  se potencializará  el esfuerzo y la constancia en creer que tu eres todo y puedes resolver todo, así calará hondo en tus rincones crepusculares del  espíritu, de donde con lentitud pero con certeza expulsarás a la desconfianza en sí mismo. No siempre resulta fácil. En este mundo no hay cosa más difícil que cambiar de modo de pensar, pero es posible. Lo sé  porque hemos visto a muchos triunfar en esta ardua empresa.

El resentimiento. Muchos son los mensajes que recibo en mi página electrónica donde publico estos temas.  Donde las personas  se muestran convencidas de que el autor de sus males es otra persona y allí  la ebullición produce el hervor de un cólera reprimido. Ese resentimiento que clama por desahogarse hace mucho daño a la persona que lo alimenta que a la que le sirve de objeto o pábulo. Esa carga de malquerencia agota las energías del más fuerte. Impide toda comunicación conciliadora. Es algo muy difícil de conseguir  neutralizar los sentimientos, hay que estar en un plano elevado para lograrlo y olvidarlo. No hay más que un remedio para el resentimiento: el perdón. Algunas veces nos puede tomar mucho tiempo perdonar porque hay que  reforzar  los esfuerzos fallidos de eliminar este veneno.


Culpa y remordimiento. Un remordimiento oculto o embozado, no se desvanece por sí solo. se nos clava en la conciencia llenándola de angustia y temor. El único medio de librarnos de este terrible huésped es arrepentirnos sinceramente de la culpa cometida, hacer propósito firme de enmienda, ofrecer excusas y reparar, hasta donde sea posible, el perjuicio inferido, si lo hubo, y solicitar directa o indirectamente el perdón de la persona ofendida.


En conclusión todos debemos cambiar  todo el tiempo  por nuestra propia convicción sin tratar de cambiar a los demás para poder ser feliz. En lugar de eso, debemos enfocar para apreciar a la gente que nos rodea. Si queremos encontrar la verdadera plenitud de la felicidad, tenemos que dejar de depender de aquello que no nos puede dar satisfacciones positivas que alegren el alma, tomando en cuenta que todo lo que nos rodea cambia constantemente.


Cuando dejamos ir la necesidad de controlar y empezamos a encontrar la felicidad adentro, podremos disfrutar de la naturaleza inesperada de la vida, libre de temor y llena de amor.

 


LA VERDADERA LIBERTAD EXISTE


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Animated Masonic Emblem photo sq75.gif

 La tierra no es el centro del universo! Haber logrado captar la verdad de esta afirmación ha sido sorprendentemente la conquista de la libertad de la humanidad. Cuando Copérnico presentó por primera vez su revolucionaria teoría, que afirmaba que la tierra giraba alrededor del sol en lugar de ser al contrario, la gente pensó que estaba loco. De hecho, cuando Galileo utilizó un telescopio para probar la teoría heliocéntrica de Copérnico, se lo consideró hereje por desafiar las creencias religiosas prevalecientes con sus concepciones científicas;


 Galileo fue procesado y se le ordenó que renunciara a sus convicciones. Antes de enfrentarse a la tortura, renunció a sus afirmaciones y fue puesto bajo arresto domiciliario, donde permaneció los últimos ocho años de su vida. Se dice que cuando se hallaba al borde de la muerte, sus últimas palabras fueron: “no importa lo que ellos digan, la tierra gira alrededor del sol.”  Aceptamos la verdad de Copérnico y de Galileo, pero existe hasta el día de hoy creencias que impiden aceptar una verdad científica acerca del universo y penetrar en el significado más profundo en el cual cada uno de nosotros es el centro de nuestro propio universo, No es que lo impida la capacidad mental sino la perdida de libertad para pensar y enfrentar esas verdades y conceptos que subyacen más allá de la mente.

 La verdadera libertad se divide a juicio de la filosofía, en externa e interna.

-La externa es la facultad que tenemos de obrar conforme a nuestra voluntad, dada nuestra posición y las de los demás humanos en el mundo.

-La interna es la facultad de pensar, apreciar los seres humanos y sus actos conforme a los dictados de nuestra conciencia. 

Sobre esta base de apreciación también dividiremos la libertad en positiva y natural. Llamamos positiva a la primera, porque está limitada por las leyes y costumbres que rigen a todos los seres; y natural a la segunda, porque los seres nacionales disfrutan de ella en la esfera de su mayor o menor desarrollo intelectual y moral. 

La libertad positiva tiende a disminuir a medida que el ser humano avanza en su saber, porque los complicados deberes y derechos que surgen del desarrollo físico, intelectual y moral del mundo, reconocen los límites, deberes y derechos iguales, que hay que respetar y exigir de los demás. ¡Se podrá gozar de mayor libertad en un estado puro! Para lograrlo debemos contemplar el mundo libre de ilusión o distorsión de la realidad que nos rodea, o de nosotros mismos; ver rosas donde hay rosas, ver espinas donde hay espinas. Veremos que esa amplia e ilimitada libertad en seres que conocen y que han desarrollado el conocimiento de la esencia del mundo que los rodea significa conocer lo que es, conocer cómo operan las cosas y conocerse a sí mismo y a los demás.

Lo contrario es cuando falta en el espíritu la luz del conocimiento, de la moral, del respeto a la naturaleza y a éste ser le falta la verdadera libertad, supuesto que no se piensa ni se obra sino en estrechos círculos de las acumulaciones materiales. 

 Por otra parte, es necesario ejercitar esa libertad individual, porque es indispensable conocerse y comprenderse a sí mismos. Cuando abrimos nuestros ojos a la sabiduría, no estamos obligados a elegir lo que vemos, sino que vemos exactamente lo que es. Esto puede parecernos como un desafío, sin embargo, cuando nos apartamos de la fantasía, nos liberamos de la ilusión y podemos comenzar a vivir más de acuerdo a la realidad. 

Cuando las organizaciones se desarrollan crean un mundo de derechos y deberes múltiples que ofrecen al espíritu vasto campo para resolverse en el sentido que considere más acertado. Entonces nace la responsabilidad moral, que es el más activo elemento para el progreso, porque teniéndose un conocimiento más seguro del bien y del mal, y siéndole imputable al hombre todo lo bueno y lo malo que produzca con entera libertad y discernimiento; se deduce que cuando se infringen las leyes morales, la acusación viene de la conciencia que es el tribunal que siempre nos juzga, no se hace esperar, y las leyes positivas pueden aplicarse con justicia. 

La humanidad ha progresado mucho más, en los veinte siglos transcurridos, que en los períodos históricos, anteriores a la era cristiana. Y se debe a que seguimos una progresión creciente, de acuerdo a los tiempos en que desarrollamos nuestra inteligencia, que a tantos asusta, nos pone en condiciones de desenvolver nuestras facultades en una campo más amplio cada día. 

La libertad no es otra cosa que la consecuencia necesaria de la combinación de la voluntad y la inteligencia, dirigida en variado sentido. Es un efecto del libre albedrío, innato en todo ser humano, efecto genuino y grandioso, porque es el coeficiente más activo y poderoso del progreso, y a su vez, da nacimiento a otro coeficiente de no menos importancia, que se llama responsabilidad moral.

En resumen: La libertad supone un conocimiento más o menos claro de los actos que se ejecutan y una voluntad perfectamente definida por el desarrollo de la inteligencia. Si en el hecho que se ejecuta no entra como causa eficiente la voluntad de obrar no el conocimiento de lo que se hace, la libertad no existe. Y quien creyera que hay seres humanos que combaten estos principios fundamentales como es el progreso en todas sus manifestaciones trascendentales no sólo para la vida individual sino el desarrollo de la sociedad en su conjunto que ha necesitado siglos para alanzar la meta de la grandeza humana y que pese al tiempo transcurrido no logra todavía arrancar todos sus secretos a la vida y a la ciencia.  

Todas las grandes conquistas del género humano en lo que va nuestra época, son combatidas con tesón por quienes no creen en la igualdad, la tolerancia y la razón. Sin embargo que la tolerancia es la precursora y la compañera eterna de la libertad, y la igualdad es la mejor conquista de los pueblos.



desde el hombre de la armadura oxidada


.

Seguidores

Temas tratados