jueves, 30 de julio de 2015

APLICACIÓN DE LAS LEYES DEL UNIVERSO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

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En el universo y por ende en la naturaleza del planeta en que habitamos existe un orden perfecto para todo. Los planetas giran en sus órbitas correctamente, el universo en su caos que es la certeza y capacidad de evolucionar mediante sus fenómenos se expande rítmicamente creando nuevos universos dimensionales. En la Tierra, las estaciones se suceden con un ritmo exacto, las mareas siguen un flujo perfectamente regular. Cada especie está perfectamente adaptada a su nicho ecológico. Todo este orden natural está regido por  la energía creadora que logra una inteligencia que dirige a que todo suceda en su momento exacto y que nada sea producto del azar. Este núcleo de sabiduría también yace dentro de cada uno de nosotros que nos guía y nos influye en nuestra capacidad de pensar y obrar, para que cada acción, por pequeña que sea, de lugar a una reacción correspondiente.

El secreto es permitirle a esta inteligencia infinita fluir a través de nosotros  sin resistirnos para que sucedan los cambios en nuestras vidas, sin tener miedo a lo desconocido, porque allí frenamos  las oportunidades que se nos presentan para mejorar y transformar nuestro mundo y poner fin a seguir haciendo las mismas cosas de siempre, frecuentando a gente que solo nos aporta negatividad, postergando algo que siempre hemos deseado, es decir viviremos en la inercia de no haber hecho nada en la vida, sino seguir siendo parte de la rutina del mundo que absorbe y consume y reproducir el mismo modelo impuesto desde siglos por quienes han detectado el poder económico, político y social.

Para abandonar este estado de postración mental y de manipulación, es importante aprender a desprenderse, dejando de luchar por manipular  gente y cosas para tratar de conseguir sus fines, muchas veces desleales y llenos de codicia Dejemos de acumular y experimentemos únicamente el ser feliz durante un tiempo con lo que poseemos para cubrir nuestras necesidades, allí nos daremos cuenta lo importante que es llevar una vida llena de gozo y alegría para ser sanos de cuerpo y alma y no necesitar de milagros ni de fenómenos paranormales.

Al hacer esta transformación interna del yo, pronto descubrirá que en realidad está usted perfecto, sintiéndose maravillosamente bien, siendo únicamente usted,  y dejando ser lo que otros quieren que sea. Esta es la experiencia básica de desprenderse de las ataduras y vivir una experiencia liberadora y básica para emprender el camino del conocimiento de uno mismo.

Una vez que haya comenzado a experimentar esto más a menudo, estará abriendo el canal
hacia su yo más alto con una gran cantidad de energía creativa natural que comenzará a fluir dentro de usted. Se dará cuenta que la vida es básicamente buena, abundante y divertida y de que obtener lo que desea, sin luchar y esforzarse es parte de su derecho natural como ser vivo que es. Visualice su creatividad, imagínese como una persona más abierta y relajada, flotando, conectada con su esencia interior como parte regular de su vida diaria.

Si nos hallamos inundados cotidianamente de stress, de preocupaciones,  decepcionados o frustrados, fomentemos el hábito de crear nuevas situaciones positivas como un proceso natural y poderoso y consciente de contrarrestar horas, días e incluso años de patrones negativos. Para ello hay que construir nuestras vidas en forma simple pero valiosa y trascendental donde rija el amor como fuente inspiradora de esa paz total  que quiere vivir  con nosotros mismos, y allí, desde ese momento sentiremos nuestra vitalidad creadora, imaginativa de hacer lo que nos gusta con pasión y alegría.

Al lograr dominar esta habilidad eludiremos lo que a menudo la gente trata de vivir su vida al revés porque tratan de tener más cosas o más dinero para poder hacer todo lo que quieran para poder ser felices. En realidad ese afán acumula sufrimiento y desesperanza, ya que siempre se sienten insatisfechos y por ende les invade el abatimiento por la vida de una competencia sin fin. Se debe ser quien es en realidad, luego hacer lo que se debe, para poder tener lo que desea, teniendo como fuente el suministro de amor, conocimientos y energía y así lograremos ser uno con todo y ser su verdadera esencia de todas las cosas que nos propongamos hacer y podremos siempre tomar decisiones con sabiduría.

No nos esforcemos más allá de nuestras capacidades para tratar de lograr llegar a donde queramos ir, simplemente debe exponer claramente en nuestra mente  dónde dirigirnos y entonces paciente y armoniosamente seguir la corriente del río de la vida hasta que lo lleve a su destino. El río de la vida a veces tiene desviaciones antes de llegar a su meta. Incluso podría temporalmente ir en una dirección completamente distinta, pero a la larga será una manera más fácil y armoniosa de llegar que ir luchando y peleando en el camino con todos y con todo. Ir con la corriente significa aferrarse a su metas ligeramente y estar dispuesto a cambiarlas si algo más apropiado y satisfactorio apareciera en el horizonte. Y si hay un cúmulo de emociones profundas involucradas respecto al logro de su meta (es decir, si le entristeciera no lograrla) podría estar tratando de sabotearse a usted mismo. En su miedo por no superar si podía ser o no ser, la falta de confianza y seguridad en aceptar los resultados que más temprano que tarde se cumplirán porque así se decretó en su mente.

Muchos de nosotros tenemos dificultad para aceptar la posibilidad de tener lo que queremos en la vida. Esto se deriva de algunos sentimientos intrínsecos de devaluación personal que adquirimos a una edad temprana. Esta creencia está mezclada con otros sentimientos a veces contradictorios sobre el hecho de que sí se es perfectamente bueno y merecedor. Pero si se da cuenta que tiene dificultad para imaginarse en las circunstancias más maravillosas posibles, o que tiene pensamiento como “Yo nunca podría lograr eso” o “Eso nunca podría sucederme a mí”, podría resultar convenientemente echar una mirada a su imagen de usted mismo. Su auto imagen es la forma como usted se ve a sí mismo, cómo se siente acerca de usted.

Únicamente comience a notar qué tipos de ideas o imágenes tiene en la mente acerca de
usted en distintas ocasiones, ¿Cuál es mi propia imagen en este momento? Si se da cuenta de que se siente feo, raro, gordo, flaco, demasiado alto, demasiado bajo o lo que sea, podría ser una indicación de que no se ama usted lo suficiente para darse lo que merece: lo mejor.

Empiece a aprovechar cada oportunidad para decirse cosas positivas, de apreciación y que le demuestren cariño. Note cuando esté criticándose o siendo duro consigo mismo mentalmente y conscientemente empiece a ser más dulce y demostrarse más aprecio. Encontrará que esto ayuda inmediatamente a querer también a los demás.

Piense en cualidades específicas de las que sí está consciente. De la misma forma que puede querer  a un buen amigo a pesar de estar consciente de sus defectos, usted puede amarse a sí mismo tal y como es, aun sabiendo que hay áreas en las que necesita crecer y desarrollarse. Es muy satisfactorio hacer esto y realmente puede lograr maravillas en su vida.

  
  

jueves, 28 de mayo de 2015

APASIONADO POR EL IDEAL

VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA


Caminamos y siempre vemos rostros de amargura, llenos de tristeza en su mirada que inyecta rutina, desazón, decaimiento, neurosis y que muchas veces se debe a un factor decisivo en sus vidas  y que hacen o dedican su tiempo y energía a lo que no quieren o no les gustan, sin intentar liberarse por miedo o complejo. No quieren plantearse una autoanálisis  de lo que les hace estar mal y en definir lo que sí es importante para ser felices, lo que les harían sentirse felices, libres, serenos, armoniosos, positivos y realizados. No saben que para lograrlo hay un secreto? ¡El Secreto es la Pasión!, que te marcara el camino que te conducirá de una forma clara y sencilla a descubrir cuál es tu destino, cuál es tu misión, para poder así vivir una vida satisfactoria, llena de emoción y alegría.

La pasión es eso que nos hace existir, eso que nos motiva a hacer algo. Nos hace ser perseverantes para llegar al destino propuesto. La única manera de superar los obstáculos que vas a encontrar en el camino es amando lo que hagas. Si sientes este atributo en tu vida vas a tener mucha fuerza para seguir buscando maneras de lograr lo que te propongas; y cuando falles en ciertas iniciativas no hay que caer en el pesimismo y querer dejar todo atrás, sino sentir que una puerta se ha cerrado y debes buscar otra para abrir.

La pasión es la emoción más intensa que existe, es la locomotora que tira del éxito. Uno sólo la siente cuando se dedica a lo que realmente le entusiasma, a lo que ama y a lo que es más importante. Cuando uno realmente siente pasión por algo, no tiene que esforzarse en poner atención, sale sólo, y ni siquiera siente el paso del tiempo, porque éste pasa rápido cuando uno se dedica a lo que le apasiona, ya que  es la energía que mueve tu fe para que te dirijas hacia la meta de cumplir los objetivos propuestos, es como si fuera la gasolina que mueve el vehículo que lo manejas a la perfección.

Nos abre camino a la trascendencia, pues ella instala el instinto en una dimensión de
profundidad tal, mediante la conciencia, que hace posible el crisol de los más altos ideales del espíritu. La pasión hace del alma un fuego siempre vivo, un constante fluir de aguas varias, fugaces y profundas en un río. Por la pasión, el alma es vuelo, es travesía; trayecto en cuyo devenir el alma crea, inventa, ejecuta con  una fuerza increíble,  sensible, receptiva, que le llevan a vivir la pasión construyendo una existencia plena, llena de satisfacciones y alegrías de haberlo hecho bien, y del cual ya no podrás prescindir en el curso de tu vida. Muchas veces esa sola palabra interior que fluye desde tu mente creadora, evolucionada se traduce en sentimientos, emociones, pensamientos que se van hilando, lenta o febrilmente, con el mismo ritmo del vivir obras que trascenderán tu existencia. Así tenemos a los poetas,  literatos, músicos, pintores, escultores, orfebres, arquitectos, cineastas, cantautores, científicos, inventores, políticos y estadistas que han impreso en su arte  y en su creatividad y en sus ideales con primor y emoción la hermenéutica de los grandes misterios que abraza la pasión.

La pasión es una potencia, una fuerza que no depende de ningún objeto exterior para existir; es la fuente misma de la espontaneidad creadora del alma, pues aun cuando es receptiva ante las afecciones exteriores, es también activa e incluso reactiva para entretejer los universos imaginarios que hacen del corazón humano un reino de posibilidades inagotables. Así como los elementos primeros de la naturaleza fueron la materia prima para construir el gran drama del universo, así las pasiones son el origen del drama del alma humana (para escenificar el gran teatro de lo humano).

Sin la pasión no podríamos crear el mundo de la valoración ni, mucho menos, podríamos abrir el reino de posibilidades que constituye la libertad misma. Porque la pasión provoca que el humano salga de sus límites espaciales y temporales y deje de ser un organismo atado a los condicionamientos puramente naturales para lanzarse a la indeterminación y a la espontaneidad de la libertad. La pasión es la fuerza que anima a la libertad.


No es un camino fácil, requiere abundante reflexión y búsqueda interna en primer término, posteriormente mucho valor y determinación. Se necesita luego mucho aprendizaje y experimentación, y finalmente compromiso y disciplina en el tiempo. Pero todo merece la pena, cada segundo de tu esfuerzo y tu valor. Porque al final, tendrás algo que transformará tu vida en mil formas y te dará esa razón para vivir y conquistar tus sueños. Es el  resplandor oculto de lo trascendente, del dramatismo de nuestra  historia y del profundo misterio que encierra en nuestra intimidad. Sería muy empobrecedor quedarse en los puros hechos, sin ser iluminados y transformados por la luz de este misterio. En definitiva, la pasión es una hermenéutica de la propia vida. Sería trágico quedarse en mero espectador, sin llegar a ser actor principal del drama. Debemos proponernos a ser intérpretes y actores de esa pasión que nos embarga y embriaga.



martes, 12 de mayo de 2015

EL LIBRE ALBENDRIO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Todo hombre tiene naturalmente el deseo de saber” nos dice Aristóteles en su Metafísica, este gran sabio tiene la razón, puesto que la curiosidad del humano desde que comenzó a percibir su entorno es y sigue ilimitada, por su inquietud  intelectual, por esa gran ansia de saber e ir por el camino de las causas y razones u que son acicates para descubrir los fenómenos de la naturaleza, quererles someterlas y dominarlas. Y esta gran esfuerzo por llegar a sus respuestas explica las conquistas en todos los dominios de las ciencias, la cultura, las artes, construyendo un mundo de ciencia, tecnología y conocimiento que día a día asombra a la humanidad entera, pero no se ha podido descubrir a si mismo como fundamento para una vida llena de plenitud espiritual.


Cuando el humano comienza a buscar respuestas a sus profundas inquietudes interactúan  todas sus características psicosomáticas adquiridas o heredadas, según el grado de evolución, según sus propias vivencias como individuo, según los recuerdos del alma e intentará encontrarlas a través del conocimiento, de las religiones, la ciencia, la políticas o la misma filosofía, que desde siglos ha buscado respuestas a sus preocupaciones interiores.


El hombre tiene dos facultades: la inteligencia y la voluntad. Con la inteligencia se abre a la verdad y puede conocerla, analizarla y dar juicios de verdad; puede también equivocarse y errar cuando no tiene en cuenta todos los elementos de las cosas y se precipita en sus juicios. Con la voluntad, el hombre decide, opta por el bien particular, finito, limitado. No siempre ese bien elegido es el bien que realiza al hombre y está conforme a su dignidad. ¿Por qué lo elige?


Y una de las preocupaciones esenciales es la búsqueda de la libertad, que no se halla en soluciones teóricas, sino que se encuentra en el interior de la conciencia humana, y la existencia de este don  se puede alcanzar eligiendo vivir de acuerdo a nuestras  verdades, abrazamos la plenitud de la vida  y el convencimiento profundo  dirigir  nuestra voluntad a través del camino de la libertad.

INTERPRETACIONES DE LA LIBERTAD

Este don ha sido interpretado con diferentes enfoques como son el libre albedrío, el
determinismo, la concepción Spinozista, la materialista, la kantiana, la hegeliana y la marxista, por nombrar algunas de ellas con sus diversas convicciones del concepto de libertad.

Determinismo: La libertad del hombre se encuentra negada. No existe fundamento que nuestras vidas y decisiones son una sucesión de causas y efectos sobre los cuales la voluntad humana no tiene ningún control, ya sea bajo el determinismo teológico que niega la libertad basándose en la idea de un dios que todo lo crea o destruye. Todo lo define y controla en un fatalismo u optimismo teológico. El determinismo científico niega la libertad basándose en la ciencia, donde cada fenómeno, cada efecto de la naturaleza, cada célula, átomo o gens tiene una función preestablecida en la mecánica universal. El determinismo psicológico, que niega la libertad, invocando el análisis del carácter como una sucesión de causa-efecto a las acciones que realza el ser humano.

Por su parte el concepto de libertad de Spinoza, manifiesta que la libertad no es otra cosa que el dominio de la razón sobre los efectos y actos casuales provocados por esos efectos, no existiendo la causalidad puesto que la naturaleza determina la existencia y los actos de todas las cosas.

La concepción de libertad del materialismo (Holbach) establece que como el hombre no es más que una parte subordinada del gran todo que compone la naturaleza, sus decisiones tienen que hallarse bajo su influencia, coartada de esta manera su libertad, la cual, por esencia, se encuentra condicionada por su propio sensación de bienestar y sentido de conservación. Por lo tanto, todos los movimientos de su ser son la consecuencia necesaria de este impulso primitivo.

Si el dolor nos enseña lo que debemos evitar y el placer lo que debemos desear, queda de manifiesto que nos condicionamos a obtener sensaciones agradables e impedir todas aquellas que no lo son.


El aporte de la teoría kantiana de la libertad, contrapone el mundo fenoménico de los objetos, de la experiencia sensorial, al mundo nouménico (aquello que es objeto del conocimiento racional puro en oposición al fenómeno), de los principios subjetivos e idealistas, puesto que si al hombre se le considera como un ser físico, un ser sensorial cuya vida y actividad están determinadas por los deseos y los objetos. Entonces hay que considerarlo un ser necesariamente gobernado por las mismas leyes que gobiernan al resto de la naturaleza y, en este caso para la libertad no queda lugar en absoluto, pero cuando realizamos acciones morales y nos juzgamos de acuerdo con los valores establecidos por la razón y la moral, descubrimos la libertad.

La concepción hegeliana platea que el hombre no es una sustancia eterna e inmutable,
colocada por encima de la historia, sino un ser histórico nacido siempre en el mundo de la historia, que forma a este mundo y a la vez este mundo que forma, lo forma a él y siendo así, el hombre siempre es determinado por las condiciones histórico sociales de su época, enfocando la libertad, no como un derivado de nuestra esencia eterna, sino como el resultado de la evolución de la historia de la humanidad, donde la necesidad del hombre se encuentra estrechamente asociada a la libertad histórica imperante en la época.

La visión marxista de la libertad establece que la libertad humana es absolutamente libre e independiente de toda causa y consiste no en una dependencia imaginaria de las leyes de la naturaleza sino de total conocimiento de la naturaleza en sí.


Según Lenin, “Mientras no conozcamos las leyes de la naturaleza, ésta al existir y actuar al margen de nuestro conocimiento nos convierte en esclavos de la ciega necesidad. Una vez conocida esta ley que actúa independientemente de nuestra voluntad y de nuestra conciencia, nos hacemos los amos de la naturaleza”. Así la libertad actúa sobre la base de conocer nuestra necesidad y el libre albedrío no es más que adoptar las decisiones con conocimiento de causa.

Luego de analizar todas estas teorías, podemos definir el concepto de libre albedrío a la facultad que se le atribuye al hombre de poder decidir por su propia voluntad, espontáneamente, lo que en cada caso quiere decir, eligiendo las vías buenas o malas que desee.

Aristóteles en su “Ética a Nicomano” expresa que una acción obligada es una acción cuya causa reside en las circunstancias exteriores, y una acción basada en la fuerza, violencia o ignorancia, no puede definirse como una acción de auténtica libertad.

Para poder alcanzar un alto grado de libertad, se hace necesario lograr la independencia subjetiva del yo con respeto a las condiciones exteriores, pero el hombre, no puede emanciparse por completo de la influencia de la naturaleza exterior;  por consiguiente, ni la absoluta sumisión a la naturaleza ni una absoluta independencia con respecto a ella, constituyen la genuina y plena libertad del hombre.

Sin  embargo, la gran pregunta no es si existe el libre albedrío en el humano, o dicho en otras palabras, si existe la libertad en sus actos, sino que lo fundamental es disipar la interrogante ¿Es el hombre realmente libre o vive solamente una ilusión de libertad?

Para llegar a reflexionar adecuadamente acerca de esta interrogante y a todas y cada una
de las libertades definidas para el humano como son la libertad psicológica, la libertad civil, la libertad física y la libertad política, se hace necesario tomar en consideración las diversas tendencias filosóficas expuestas, pero además es imprescindible adoptar nuevas ópticas del pensamiento, aplicando otras variables que inciden en el comportamiento humano como son, la herencia y memoria genética del individuo, su conocimiento, su conciencia, sus emociones, sus vivencias que entre otras cosas son la causa y el origen de sus más profundos actos denominados instintivos o intuitivos.

Reflexionemos por un instante en una de estas variables, la herencia genética, latente en el proceso de la reproducción, al momento de fundirse en una sola, dos células provenientes de seres diferentes, de la misma especie, produciendo el milagro de la fecundación, y este milagro, traducido en miles de procesos similares, experimentados de generación tras generación ¿No esta transmitiendo una herencia genética como lo hace en la mayoría de los seres vivos de este planeta?, y esta herencia genética, ¿no está condicionada gran parte del futuro del nuevo ser, que aún no asoma sus ojos al mundo?

Al momento en que este ser llega a desarrollar su capacidad de pensamiento, ¿lo hace por si mismo o siguiendo una pauta predeterminada que le permite inferir nuevas conclusiones? y si este pensamiento, esta reflexión, esta conciencia ¿es propia o parte de una memoria genética adquirida a través de las generaciones?

Si nos salvamos la historia del hombre, su evolución antropológica, desde la prehistoria hasta nuestros días, veremos que a través de sus características intelectuales y emocionales y aplicando el desarrollo de su inteligencia, el hombre conoce el mundo que lo rodea, procesando a través de la percepción de sus órganos la información que le proporcionan su oído, vista, tacto, olfato y gusto.

Sumando a lo anterior, adicionamos las funciones que se desarrollan a un nivel más abstracto como la generación de ideas que culminan con la “conciencia de su propia conciencia”. Todos estos elementos son mezclados y analizados: la memoria, la visión integral del mundo y su propio yo dentro de él, la programación de su actividad y finalmente el habla como culminación de esta función intelectual. ¿Lo hace actuar en libertad o les hace suponer que actúa en libertad?

Sus propias emociones que integran un campo mucho más subjetivo, pero no por ello menos demostrable, ¿inciden en su libertad?, recordemos que somos la única criatura en este planeta, que tiene conciencia de si mismo, y como tenemos conciencia de las cosas, nuestro estado mental influye sobre todo aquello que tenemos conciencia. El mundo físico que nos rodea, incluidos nuestros cuerpos, es una reacción del observador y creamos nuestro cuerpo, nuestras reacciones y nuestras decisiones, según creamos la experiencia de nuestro mundo.

Los biólogos reduccionistas (Determinismo biológico) nos afirmarían que vivimos sólo una ilusión de libertad, expresando de esta manera su esperanza de que en el futuro serán capaces de revelarnos la existencia de los genes responsables de nuestra capacidad intelectual, de las emociones y sentimientos, que hasta hoy son ubicados en el plano de la metafísica, y de llegar a conocer las estructuras moleculares que producen la “vocación” hacia lar artes, ciencias, letras o cultura.

Las condiciones biológicas que posee el individuo, condicionado cualitativa y
cuantitativamente por las imposiciones del genoma humano, es modificada continuamente a través de cientos de generaciones por la incidencia del medio sobre nuestro genoma, influenciadas por las leyes físicas que inciden en la mecánica molecular, en el proceso de desarrollo del intelecto y en las emociones del individuo, todo ello reforzado por las corrientes del pensamiento en boga en el tiempo y espacio histórico al que pertenece, contribuyendo a condicionar sus actos buscando la estabilidad y armonía intelectual necesaria para su desarrollo y entendimiento interior, que a su vez, por las infinitas combinaciones que se han producido, hace impredecible e indeterminable sus actos.

Nuestra conciencia se caracteriza por una espontaneidad que, por esas mismas combinaciones de nuestra condición biológica, variables físicas, psíquicas e históricas a las que nos somete el entorno, en un permanente proceso evolutivo, se muestra cada vez menos limitada y le permite desarrollar un número infinito de ideas con iguales probabilidades de existir en una permanente creación de innovaciones impredecibles.

Lo anterior, es perfectamente coincidente con la teoría de la Libertad Psicológica que nos manifiesta que el hombre tiene la facultad de poder elegir de una manera impredecible entre diversas acciones igualmente posibles, reflexionando en el hacerlo o no hacerlo, con soluciones igualmente posibles, y si se es libre nadie podrá anticipar con certeza la decisión.

Sin embargo, existe realmente la libertad psicológica?

Hago esta reflexión pues, todos los humanos antes de razonar, obedecemos, por desconocimiento o ignorancia, y antes de comprender creemos.

Obedecemos, antes de razonar, por los procesos de aprendizaje basándose en la fe, en el respeto o en el temor a las órdenes que nos entregar, durante nuestra niñez. Cómo caminar, hablar, comportarnos, cuando comer, que comer, cuando dormir, llorar, defecar y hasta jugar. Vemos a nuestros progenitores y los utilizamos como parámetros de referencia. A partir de allí, toda cosa o idea que nos impresione al espíritu para bien o para mal tendrán contenidos de creencia y seremos sensibles a las afirmaciones y los fundamentos sin objetar, y muchas veces lo haremos así el resto de nuestras vidas, porque creemos que así es.

Razonar, comprender y explicar, no tiene fundamentos si no se “cree”, si no existe el convencimiento. Con esto quiero decir que los procesos del conocimiento tienen por base un convencimiento y una creencia sólida, sin la cual no se puedan sostener todas las teorías y valores humanos, que se consolidan además con la actitud de los individuos que prefieren ser seguidores de aquellos que creen tienen la verdad.

El conocimiento tiene niveles de profundización, pues para manifestarse es necesario
utilizar ciertos términos que signifiquen los contenidos de lo que intentamos transmitir, tales como el lenguaje hablado o escrito y, a medida que se va profundizando en los contenidos de la verdad, se relacionan como lo especializado, con lo científico, con el producto de la dialéctica y de la razón.

Cada transmisor de la verdad, lo hace siguiendo sus propios patrones, su propio razonamiento, su propia dialéctica y nivel de pensamiento, por consiguiente, el lenguaje que es la expresión del pensamiento transmite un conocimiento parcial e impregnado de patrones subjetivos que caracterizan al individuo.

La humanidad se transmite generación tras generación, adecuándose a las culturas y va siendo corroborada con las realidades. Este conocimiento es recibido de acuerdo con nuestra propia capacidad, nuestro propio nivel de recepción, los que nos lleva a preguntar ¿Existe la libertad psicológica en el hombre, o su libertad es en parte la libertad que le ha sido transmitida de acuerdo a los límites de libertad de otros individuos?

La libertad civil, definida como el poder que posee el Estado o la sociedad jurídicamente organizada, para conceder a los ciudadanos la libertad de poder hacer todo aquello que no dañe al próximo.

Ante  este tipo de libertad, se puede manifestar que ningún rey, presidente, dictador o todopoderoso en la tierra tienen tanto poder como el de un individuo, que por enfermedad o desesperación ha decidido quitarse la vida. Es la libertad más completa, como fue definida hace tiempo por Albert Camus, la que se prepara para anularse a sí misma, a ir contra los instintos más básicos del hombre, los más fuertes y sin embargo este derecho intrínseco de libertad se la encuentra negada.

Veamos a nuestro alrededor, analicemos y reflexionemos en las libertades civiles de los hombres, cuando es el mundo aún se les persigue por ideas, color, raza o religión. ¿Podemos afirmar que la Libertad Civil es plena? Es mas ¿Existe la Libertad Civil o existen solo algunas libertades?, ¿es el hombre libre de hacer todo aquello que desee dentro de una sociedad o es solo una ilusión de libertad?

La libertad física, es el poder que tiene el individuo para hacer funcionar sus miembros y/o trasladarse de un lugar a otro a su libre decisión. Sin embargo, a través de una visión histórica del desarrollo del ser vivo, desde sus orígenes a la fecha, ha manifestado permanentemente su tendencia a auto organizarse, tratando de preservar su propia existencia, lo que nos lleva a inferir de que existe una inscripción en su propio genoma, en la cual el proyecto fundamental al que se dedica es el de sobrevivir.

La voluntad es alcanzar ese propósito de supervivencia se manifiesta en las mutaciones internas del propio ser a partir de la primitiva expresión unicelular, explicándonos de esta manera, el hecho de que las mil enzimas que componen una bacteria, hayan logrado sobrevivir a todas las condiciones adversas del medio. En cada uno de esos componentes debió existir un deseo de hacer para llegar a un resultado.

Nuestros antecesores, hombres primitivos, por evolución o mutación comenzaron por saltar para alcanzar los alimentos necesarios para la subsistencia y llegando a mantenerse erguidos por más tiempo, hasta que se convirtieron en bípedos, liberando sus manos, relajando los músculos de su cabeza, desarrollando una visión frontal y percibiendo la naturaleza desde otra perspectiva. Comenzaron a emplear herramientas y su uso desarrolló habilidades manuales. El cerebro se perfeccionó y creció en tamaño (el doble en un millón de años). La organización de sociedades, el trabajo compartido, la tutela y la educación sustituyeron las respuestas instintivas.

La voluntad de sobre vivir que encontramos en los seres vivos, no se limitó a fijar las pautas del organismo, se tradujo también en un esfuerzo coordinado del ser vivo por dominar su entorno. Obligó al mundo que lo rodeaba a cambiar. A su vez, estos cambios desequilibraron la ecología y el humano debió someterse a una nueva adaptación para mantener la armonía.

El hombre no se conformó a vivir dentro del mundo físico que la naturaleza le ofreció, sino que en forma cada vez más acelerada lo fue manipulando para cubrir nuevas necesidades de su desarrollo. La combinación del medio ambiente natural con las variables introducidas por el humano, denominado medio ambiente humano, es parte indisoluble del sistema que contribuye a crear. Es por ello que su actuación lo ha llevado a una verdadera trampa, en la que debe adaptarse psíquica y físicamente al mundo que lo rodea, bajo amenaza de su propia destrucción si no logra con él una relación de armonía.

La influencia del mundo físico sobre el ser humano se ve equiparada en importancia por la variable sociocultural. Esto produce una presión permanente sobre el fenómeno biológico singular que es el hombre, moldeando su personalidad en forma individual, pero siguiendo pautas comunes con el resto de sus congéneres. El conocimiento, la educación, los usos, las costumbres, las leyes, la ocupación, los medios de comunicación, van formando una estructura común a los humanos pertenecientes a su misma sociedad.

El humano va desarrollando pues su psiquis, lo que trae como consecuencia una mayor ambición, ansias ilimitadas de llegar a nuevos objetivos, nuevos misterios que desvelar, barreras que superar. Amplía la capacidad de su cuerpo y su mano se ve extendida con un palo, con un hacha, con un arco y una flecha, con un fusil, con una aguja o un bisturí y más tarde con los milagros de la ciencia y la tecnología. Sus ojos se auxiliarán con lentes, telescopios, microscopios, aparatos de medición, de localización. Los nuevos medios de comunicación como la televisión, el cine, el internet, el teléfono, el satélite nos une más hasta llegar a ser una aldea global.

Su memoria se va ampliándose a través de los libros, las computadoras. Hoy el hombre es mucho más que un sr vivo, es la fusión del hombre y la tecnología.

Por lo tanto a raíz de esta variable ¿Podemos decir que el hombre es físicamente libre, o sus impulsos se encuentran atados a sus miembros tecnológicos en una aparente fusión de libertad?

La libertad política se encuentra definida como la libertad de cada humano en participar
en la administración del Estado.

Si  nosotros hemos de dirigir la evolución de las sociedades, deben ser capaces de dominar los procesos de su desarrollo. Pero ¿Puede ejercerse verdaderamente este dominio?

En la concepción evolucionista de la historia, el determinismo se alterna como el indeterminismo: el orden con el caos. Durante las fases del orden determinista la sociedad es previsible, al menos el principio: sabiendo bastante de los elementos que constituyen una sociedad, de las fuerzas que la rigen y de las fuerzas ambientales que obran sobre ella, podremos predecir con cierto grado de exactitud cómo se comportará, es decir, cuál será en el futuro su estado o condición aproximados. Sin embargo, durante una fase de cambio, como es la presente, el determinismo desaparece; y conocer los elementos y las fuerzas que obren muchas trayectorias posibles y el observador es esencialmente incapaz de decir cuál de ellas se adoptará y por consecuencia, que derechos o libertades impondrán a sus sociedades y a los individuos que la componen.

Conclusiones

Entre todas estas libertades, la que otorga mayor libertad al individuo es su libertad psicológica, que es la conciencia de la libertad en sí, que como manifiesta Fellicien Chayalle en su Filosofía Moral, ¿Qué razón de orden psicológico hay para creer en la libertad? Una sola, pero decisiva, la conciencia de la libertad.

Tenemos conciencia de la libertad antes de la acción, pero eso es que reflexionamos antes de saber que decisión tomar y, también después de la acción, por eso es que nos juzgados moralmente responsables, aprobamos o desaprobamos nuestra conducta o la de los demás.

Esta conciencia de la libertad no es la ignorancia de los motivos a los cuales obedecemos. Jamás nos sentimos libres, como cuando después de haber reflexionado profundamente conocemos con toda claridad los motivos o móviles que nos llevan a tomar tal o cual decisión.

Los deterministas, sin embargo, objetan que la conciencia se engaña cuando nos afirma nuestra libertad. Los humanos realizan sus actos razonando su cumplimiento y creyendo que lo realiza libremente. Se creen libres, pero no lo son.

Es cierto que la conciencia a veces engaña, como nos engañan los sentidos, pero al igual que estos, la conciencia no nos engaña siempre. Cuando un dato sensible está de acuerdo con todos nuestros estados de conciencia y con todos los estados de todas las otras conciencias, el dato es verdadero, la convergencia mental es signo de la verdad.

El hombre que ha reflexionado profundamente antes de obrar, creerá siempre que en ese momento era libre, y todos los demás le juzgaran libre también, el acuerdo entre la conciencia del individuo y el acuerdo de las conciencias colectivas, serán los que permitan distinguir entre la conciencia sana y la ilusión de libertad.

Los actos realizados bajo la influencia de la pasión, de la coerción, de un deseo irreflexivo o de un hábito automático nunca serán actos libres. Solamente lo serán aquellos precedidos por el conocimiento y una profunda reflexión. Cuando el hombre conoce, reflexiona, actúa con todo su ser, obra con todo su yo, con el alma entera como dijera Platón.

Cuando digo que soy consciente, es que tengo consciencia de sensaciones tales como el dolor, el calor, el movimiento, el sonido, la tristeza, la felicidad, el hablar o el soñar. También tengo conciencia de recuerdos del pasado, de la comprensión de una idea propia o ajena, de la proyección de futuro o de una nueva idea, tengo conciencia de las causas y efectos de las cosas, dado por el conocimiento. Al mismo tiempo, esa actividad consciente razona y emite juicios, tiene la capacidad de considerar valores éticos como el bien o el mal. Se preocupa de problemas metafísicos como la religión, el origen y el destino del hombre. Y finalmente, trata de conocer su ubicación dentro del cosmos. Y esa conciencia que hoy ocupa su lugar en el espacio tiempo que es finito, procede de la suma de todas las consciencias que hemos heredado a través de los miles de millones de años y que han pasado de generación en generación, desde la aparición del primer gen humano hasta el presente convirtiendo, por la evolución natural de esas consciencias, a un hombre que es consciente de su propia consciencia.

Por tanto podemos comprender que la libertad tiene sus límites, la falta de conocimiento, las emociones y las circunstancias exteriores pueden impedirnos reflexionar y de ese modo alcanzar la verdadera libertad, transformándonos en seres de instintos y de hábitos. Ciertas condiciones psicológicas, hereditarias o adquiridas, los límites es el carácter del individuo y en sus disposiciones momentáneas, pueden asimismo limitar su propia libertad.

Si la libertad varía con la reflexión y el conocimiento, esta a su vez tiene grados, puesto que los hombres reflexionan y poseen conocimientos en diferentes escalas. La libertad más elevada resulta de la educación de la voluntad y del estudio profundo. En todo caso, es menester, antes que nada, querer llegar a ser hombres de voluntad. La principal ventaja moral de la creencia de libertad es que se puede impulsar al hombre a liberarse de la tiranía de los deseos y de la ignorancia y de los hábitos. Ni impulsivo ni rutinario, sino sereno, meditativo, reflexivo y libre. Buda dice: “Dueños y herederos de nuestros actos, de ellos nacidos, a ellos ligados, de ellos dependemos. Todo acto que uno comete, sea bueno, sea malo, de aquel acto heredará”.

Por tanto todo depende de uno mismo. Ya que en el universo no hay garantías, pero tampoco límites.

Bibliografía:

Los problemas filosóficos del hombre, Manuel Rojas Polo
Cuerpo sin edad. Mentes sin cuerpos, Deepak Chopra
Teoría del conocimiento, J. Hessen
Diccionario Filosófico
Cosmos e Inmortalidad, José Schosser.
Tus zonas mágicas, Wayne W. Dyer


miércoles, 25 de marzo de 2015

UNA NUEVA LUZ LA NUEVA ERA




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


El universo se encuentra regido por un principio de relación recíproca, todo está unido, interconectado, y aún más que eso, cada parte de este universo es en sí misma una imagen de la totalidad; y esto porque el cosmos entero es una unidad compenetrada e influenciada recíprocamente. El todo está en cada uno y cada uno está en el todo. Todos los seres están hermanados y forman una única familia con diferentes grados de evolución. El humano siendo una parte de ese todo, de esa intrincada y extensa red; un microcosmos que es en sí mismo una imagen acabada del todo.


Ante ello surge una nueva visión del hombre y del mundo, así como una clave de interpretación a través de la Nueva Era, que sin ser ciencia, se apoya en leyes científicas,  contiene teorías del esoterismo y ocultismo, pensamiento mítico y mágico respecto de los secretos de la vida con ideas que proceden de la astrofísica. 


La Nueva Era afirma que el "yo consciente" de cada individuo se encuentra inmerso en una conciencia suprapersonal, común a la humanidad entera, una especie de depósito de experiencias y conocimientos forjados por el conjunto de la humanidad desde sus orígenes, y a los cuales el individuo normalmente no accede de un modo consciente. Este cúmulo de conocimientos se haría accesible habitualmente a través de formas de conocimiento como la intuición, los sueños, los símbolos y mitos. 

La Nueva Era elabora así una visión propia del universo, al que se considera como una
gran masa energética en permanente oscilación, vibración que infunde vida donde los planetas, las galaxias están en constante expansión y transformación producto de millones de años de evolución.

Esta característica vibracional de todo lo existente, es concebida como una hermandad de origen ya que todo el cosmos está constituido por una misma materia, única y primigenia vibración; no hay verdadera distinción entre el ser divino y el ser de las criaturas, no hay un acto creador.  


La calidad dinámica de la realidad es un permanente cambio, todo está regido por un movimiento inmanente de evolución, por un principio intrínseco e inevitable de desplegamiento y replegamiento que abarca desde el todo hasta la más ínfima de las partes y que hace que todo intento de comprensión de la realidad que no esté regido por la asimilación a este mismo movimiento esté condenado a no ser más que una instancia muy imperfecta de conocimiento. Estos dos principios surgen de la extrapolación de elementos tomados de la física atómica, según la cual la realidad última y auténtica del cosmos no está constituida por cosas y cuerpos sólidos tal como podrían hacernos suponer erróneamente nuestra conciencia cotidiana, sino por vibraciones, energías, movimientos ondulatorios. El elemento constitutivo de la materia no es algo sólido sino que son vibraciones, donde  nuestra realidad diaria es sólo apariencia, superficie débil del ser, que en realidad es un todo vibrante. La misma divinidad es interpretada como vibración. Los minerales, los seres vivos, el alma del hombre y dios en esta interpretación, son todas vibraciones aunque cada una de ellas en distintas frecuencias.

Detrás de este gran cambio cultural subyace la necesidad del hombre contemporáneo de alcanzar una síntesis capaz de cubrir sus expectativas en los campos afectivo, intelectual y religioso, desde una perspectiva de unidad. Necesidad que al no encontrar satisfacción, ha generado un cúmulo de conocimientos fuera contexto de la dominación de la fe cristiana.


El origen de buena parte del esquema conceptual religioso implícito en las propuestas de la Nueva Era puede encontrarse fácilmente en las filosofías y creencias nacidas a las orillas del Ganges. La concepción de lo divino como un todo impersonal se identifican en una unidad absoluta el ser y la nada,  la luz y la oscuridad. La creencia surge en la espiritualidad que se funda más en la experiencia sensible de la búsqueda de la paz, la libertad y el gozo individual de una alma elevada a través de la acción y la reacción recorriendo el  camino de descubrimiento de la forma de llevar una vida en armonía para descubrir su propio yo. Así el pecado del cual habla el catolicismo pierde su sentido, ya que las  imperfecciones provocadas por la falta de evolución del individuo, se han de superarse a través de la toma de conciencia de su yo soy.


El humano es inmortal ya que su alma no muere sino que reencarna, actuando en ella  la evolución personal y espiritual que se dan a través de los distintos ciclos del karma, es decir, a través de sucesivas reencarnaciones hasta alcanzar un estado de divinización plena. Recordemos que el hombre es espíritu, energía divina, guardando dentro de él  el micro y el macro cosmos en continua evolución hacia la perfección personal y social. 


Esta búsqueda de la sabiduría se halla escondida dentro de su propio ser, más no en un que él mismo es capaz de todo, ya que posee la sabiduría de todos los dioses archivado en un lugar privilegiado que es el alma inmortal, que en cada reencarnación amplía su experiencia, conocimiento, en una larga cadena de acontecimiento de causalidades y efectos que se producen en el vasto e ilimitado universo, todo ello bajo el respeto absoluto al libre albedrio, la responsabilidad personal en la construcción del bien común, el desarrollo libre y responsable de sus potencialidades, que  conduce a ser una unidad creciente y un artífice y responsable de su propia historia que trascienda con su ejemplo el tiempo y espacio y  cuyo único y solo propósito será la comunión con su plano vibracional más elevado.


A partir de este encuentro de unión y comunión en armonía con el universo, se ha potencializado la ciencia de la ecología con un sinnúmero de aplicaciones en las  interrelaciones de los organismos entre sí y con su medio, convirtiendo a la naturaleza prácticamente en un objeto de culto, y su defensa y conservación en un camino místico-espiritual junto con muchas otras prácticas como las medicinas alternativas donde la naturaleza es la botica. 


Pero la crisis ecológica, el temor a la contaminación radiactiva, las dificultades para controlar y detener enfermedades terminales, la aparición de nuevos problemas como consecuencias no deseadas del progreso tecnológico han sido, entre otros tantos, algunos de los factores determinantes que han conducido a un replanteo del optimismo científico que suponía como principio indemostrable que todo podía ser solucionado y alcanzado por el progreso científico. Paralelamente, el pensamiento científico se encuentra enredado en un enjambre de teorías e hipótesis, de informes y comunicaciones producto de su propia actividad, que hacen cada día más necesaria la colaboración interdisciplinaria, el acotamiento de los campos de investigación, el fluido intercambio de información.


Esta colaboración interdisciplinaria ha sido fecunda sobre todo al generar puntos de
coincidencia entre áreas del pensamiento científico que en algún momento pudieron considerarse como totalmente diversas. Es así como se han ido tejiendo coincidencias desde campos tan dispares como la física cuántica, la acústica, la neurología, la óptica y la psiquiatría. Estos principios de coincidencia han servido básicamente para alimentar y alentar el deseo de reencontrar la primitiva unidad del saber perdida en el proceso de diversificación de las ciencias, pero sobre todo para propiciar la de las ciencias naturales a lo trascendente, a lo divino, a una visión de totalidad. A partir de estos presupuestos se habla de una nueva ciencia más humana, más ecológica. 


Por ello todo el conocimiento milenario que se halla en los libros de las civilizaciones antiguas adquieren indistintamente la categoría de sagrados ya que son canalizaciones y constituyen  parámetros de interpretación de toda la evolución  del nivel de conciencia del hombre y del universo.


Aquí es oportuno referirnos al fenómeno OVNI para afirmar que no estamos solos en el universo, sino que somos vecinos de una inteligencia ajena a nuestro tiempo y espacio, que  guían y advierten al género humano acerca de los cambios por venir, los que intervienen en la historia nuestra autodestrucción, e incluso los que tendrían a su cargo la evacuación del planeta en la eventualidad de un cataclismo planetario.


A partir de aquí, se ha creado un universo entero de  avatares, de maestro o espíritus ascendidos con sus nombres, a los cuales se presta veneración y respeto, y cuya enseñanza se adopta como revelación de los dinamismos de la energía divina sobre el destino de la humanidad.

Cada grupo, fraternidad, escuela  y autor, de modo diverso, ha de hacer referencia - en
cualquiera de sus versiones- al fin de la historia, del eón presente, a la catástrofe planetaria o al llamado "plan de evacuación planetaria". En este punto hallamos una gran dispersión de opiniones: desde los que son optimistas y afirman que de un modo u otro el planeta encontrará su equilibrio, hasta los abiertamente pesimistas que consideran casi inevitable destrucción del planeta.


Hasta aquí he analizado someramente la nueva conciencia, que cada vez crece y dibuja un nuevo plano de la conciencia humana que maneja los destinos del planeta en todas sus fases.


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desde el hombre de la armadura oxidada


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