lunes, 1 de noviembre de 2010

TODO LO QUE ENVIAS TE SERA DEVUELTO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M:. M:.
Siempre debemos tener presente que a cada instante debemos desempeñar nuestro papel en el gran proyecto de la vida, a fin de no convertirnos en meras marionetas, sino depender únicamente de nosotros mismos. De esta forma nosotros somos los dueños absolutos de todas las situaciones. Somos triunfadores y conquistadores. Somos humanos y a la vez divinos que caminamos siendo uno. No hay más que un principio, el ser humano. De nosotros emana energía, porque poseemos el poder de ser generadores, siempre en constante aumento, que podemos enviar impulsos de energía eléctrica tan intensos que podemos transformar el cuerpo de quien intente perjudicarnos. Cualquier intento de resistir esta energía, no hace más que aumentar su volumen y por ende su velocidad. Todos vivimos bajo esta ley, que se denomina vibración mental. No se trata de ningún privilegio especial reservado a unos pocos, sino que es para todos. Ya que somos la gran causa u origen absoluto de la creación, cada criatura es un reino divino.

 El principio de Vibración nos enseña que: "Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra". Y encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada permanece inmóvil, cosas ambas que confirman por su parte la ciencia moderna, y cada nuevo descubrimiento lo verifica y comprueba. Este principio hermético es parte doctrina que se atribuye a Hermes Trismegisto, de origen griego y significa “el tres veces grande”. De su nombre deriva la palabra “hermético” que significa impenetrable, incomprensible, cerrado. Su identidad, se pierde en la noche de los tiempos remontándose al Egipto pre-faraónico, mucho antes de Moisés. Ciertas tradiciones hebreas lo consideran contemporáneo de Abraham y más adelante, es identificado con el dios Thot, intermediario entre Dios y los hombres. Algunos eruditos opinan que Hermes fue deificado, y otros piensan que no es sino el aspecto humano de ese mismo dios. Este principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los varios estados vibratorios. Todo se halla en vibración y cuanta más alta es ésta, tanto más elevada es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual manera que una rueda que gira rápidamente parece que está sin movimiento. Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densa, cuya vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo y la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en vibración. Y esto es igualmente cierto en lo que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza de los planos mentales y espirituales.

 Esta ley es tan poderosa que la puedes utilizar para devolver pensamientos o deseos falsos y perjudiciales dirigidos contra ti. Puedes, si así lo deseas, emplear este rayo de luz dotándole de una fuerza para ampliar y transformar energía negativa en positiva, es decir de vibraciones inferiores en superiores, es decir en luz que se intensifica emitiendo tu poder. Y cuando la persona que recibe lo acepta, todo mal en potencia queda eliminado, olvidado y perdonado y ningún mal podrá alcanzarte a ti o al emisor de este pensamiento dañino. Y en lugar de falta de armonía existe una perfecta. Como ves, tanto si envías bien como mal, te será devuelto elevado al cuadrado. Por tanto en ti se manifiesta la ley que emites el bien en lugar del mal, pero incluso con esa actitud, el verdaderamente humilde no juzga, sino que pone todo el amor que posee para que ese puro rayo de luz genere y emita puro amor. Si lo logra, tendrá legiones a sus órdenes en busca de esa pura luz que es vida, amor, pureza y belleza, eterna e insondable.

El cuerpo humano tiene siete centros que pueden utilizarse como reflectores. Puedes usar esos puntos centrales para resplandecer con una luminosidad mucho mayor que cualquier luz artificial. Esa luz refulge con mayor potencia y llega más lejos de lo que puede alcanzar cualquier rayo. Si logras encender todos los centros energéticos al mismo tiempo, estarás completamente rodeado de una armadura que nada puede penetrar para perjdicarte o hacerte daño. 
Aquel que entiende el principio de vibración, ha captado el centro del poder.

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