sábado, 16 de agosto de 2008

EL COMUNICADOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Si se ejerce con ética profesional, la comunicación sociales uno de los trabajos más apasionados que puede realizar el ser humano. No consiste sólo en la mera transmisión de noticias, sino que abarca un conjunto de “intereses” que envuelven las actividades de una sociedad. Así, el comunicador se convierte en el sujeto que capta tales actividades y que, al transmitirlas a la comunidad, influye en ella en una forma notoria. Es necesario hacer una evaluación de la influencia que los medios de comunicación masiva tienen, sobre la sociedad. Ya Marshall Mc.Luhan lo puntualizó al dar a conocer su famosa tesis de que “el medio es el mensaje”, y ello con independencia de contenido.

Desde tal enfoque, las sociedades se conforman en virtud de la extensión de sus medios comunicativos; es decir, éstos, como la luz eléctrica, llevan implícito el contenido. Sin estar completamente de acuerdo con tesis tan radical, se puede concluir que ésta parte de un a priori: precisamente el de la poderosa influencia de los medios sobre la comunidad. “Todo romano estaba rodeado de esclavos. El esclavo y su psicología inundaron Italia antigua y todo romano se convirtió por dentro y sin saberlo, por supuesto en un esclavo. Debido a que vivía constantemente en un ambiente de esclavos llegó, por conducto de su inconsciencia, a infectarse con la psicología de ellos. Nadie puede escudarse contra una influencia parecida”. (Contribución Analítica de la Psicología, Londres) La cita que hace Mc. Luhan sobre la influencia de los esclavos en la visión de las cosas de sus amos, según Jung, resulta perfecta para percatarse de la que a su vez, tiene la radio, prensa, cine, televisión, revistas, libros, etc. sobre nuestra vida contemporánea. 

 El comunicador es un generador de noticias y, al mismo tiempo, un moldeador o hacedor de opinión pública. Por eso su responsabilidad es enorme. El comunicador con ética sabe que su labor no es un pasatiempo, sino una profesión que implica muchas horas de trabajo. Es consciente que el manejo de espacios periodísticos implica solvencia moral sin que importe el área o el medio en que se ejerza. El comunicador tiene que tener la claridad absoluta que su mensaje está contribuyendo a configurar una sociedad mejor. La vida del comunicador puede resultar tan apasionante como su profesión: tiene oportunidad de conocer a personas que se desenvuelven en diferentes áreas de la actividad humana; de estar en el lugar de los hechos, y llevar una existencia enriquecedora. Quizá porque muchas personas se están percatando de esos beneficios, ha ido en aumento el deseo de consagrarse a la comunicación social. Sin embargo, abundan los mediocres; pero también existen aquellos de vocación e interés por la comunicación, que manejan adecuadamente las herramientas de su profesión con solvencia y moral. La aldea global es una realidad. 

El uso de los medios de comunicación sin previo análisis de que lo que son y lo que significan para la vida del hombre actual, resulta negativo. Nuestros antepasados inmediatos vivían en mundos tan escasos de información, tan solitarios y marginados. Su problema era la soledad y la escasez informativa. Hoy la información es abundante y uno de los más graves problemas de ese caudal es la falta de jerarquización para poner a cada información en su nivel, evitando confusión y destinando a obtener mayor beneficio en la “comunicación de masas”.

(Artículo escrito en octubre de 1985, diario La Verdad)

miércoles, 13 de agosto de 2008

APLICACION DE NUESTRAS VIRTUDES

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El arte del guerrero, cualquiera que sea su religión, no consiste en agredir al otro, sino en cultivar la tradición de la valentía que permite luchar eficazmente contra la angustia y las dificultades. En este sentido, todos podemos cabalgar por la vida sin miedo y sacar a flote lo mejor de nosotros mismos.
Lo que pasa es que la gran mayoría no sabe como. Todo el mundo tiene la capacidad, pero, muchas veces, ni siquiera sabe que la puede explotar. Pues bien, la enseñanza del Shambhala, inspirada en la sabiduría oriental sigue estos objetivos.

El nombre de Shambhala viene del Himalaya legendario. En occidente casi no se conoce, pero se comienza a interesar a todos aquellos a quienes les apasiona el tema del control mental. Las enseñanzas del Shambhala tienen características laicas; es decir no tiene referencia alguna con religión y además, utilizan el lenguaje cotidiano.





En 1975, Chogyan Trungpa, discípulo del Dalai Lama fue llamado a los Estados Unidos para que enseñara el budismo. Cuando éste descubrió el ritmo de vida de los norteamericanos comprendió que, antes de todo, debía enseñarles a tomar la vida con calma. Para ello puso en práctica este tipo de meditación. Les dijo: “Siéntense en un cojín muy cómodo como lo haría un rey en su trono. Todo está bajo control; nada viene de afuera. Así que saquen a flote todas sus fuerzas positivas”. Es un trabajo interior formidable que, bien utilizado, permite a cada uno sacar lo mejor de sí mismo; es decir, que favorece el encuentro de las virtudes guerreras: el valor, la ternura, la preocupación por los demás, la sensibilidad y la fuerza. La meditación libera el alma de todo lo que la perturba. Se apoya en ejercicios respiratorios que buscan apaciguar el espíritu. Así, las cosas parecen más sencillas y las soluciones se encuentran más fácilmente.

Estas enseñanzas no se dirigen al intelecto, sino al corazón y a la intuición y, por eso se dice que las mujeres son más receptivas. El aprendizaje del Shambhala requiere de un ciclo en donde los participantes se inician en el conocimiento de la bondad, el control al miedo, la sincronización del cuerpo y alma y la aceptación de las dificultades para aprender a superarlas. Es un método estructurado en diferentes etapas. En cada una de ellas, uno se acerca más a la verdadera comprensión de sí mismo.

El Shambhala nos sumerge en la autenticidad liberada de razonamientos y nos ayuda a comunicarnos sin sentir temor hacia el mundo. Los adeptos a esta práctica son muy entusiastas y no dudan en invitar a todo el mundo a unirse a ellos. La persona realiza un viaje por su interior, descubre sus potencialidades y aprende a vivir en paz sin ceder a las presiones externas.


Los estudios del Shambhala se componen de cinco niveles de estudio que recorren varios aspectos interesantes:

1) La magia cotidiana que consiste en ver desde una perspectiva diferente las cosas cotidianas;
2) El nacimiento del guerrero, aquí se aprende a conectarse con sus emociones sin sentir miedo;
3) Calma y paz donde se dan conceptos claves para relacionarse con el mundo exterior sin perder el control;
4) El despertar donde se intenta liberar a las personas de los puntos de vista radicales para ampliar su campo de visión; y,
5) Cielo abierto donde se enseña los mecanismos que ayudan a encontrar su propia razón de ser y, en esa medida alcanzar la autenticidad. Con esto logramos explorar nuestro interior y descubrir todas las fuerzas positivas que llevamos dentro.

jueves, 7 de agosto de 2008

-EL SUFRIR ES RELATIVO



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Todo cambia. Nada permanece inmóvil, todo está en constante vibración expresa la filosofía hermética, la cual nos ha llegado desde el antiguo Egipto. Si todo está en movimiento y nada permanece en reposo entonces para qué angustiarse. De lo dicho: si perdemos al ser más querido, ese día será muy doloroso y se surge ante nosotros un abismo por la muerte del familiar. Pasan los días y nuestra alma sufre su ausencia. Pasan los meses y se comienza a tranquilizar. Pasa un año, y el recuerdo del ser querido comenzó a esfumarse. Después de unos tres años, todo ha desaparecido, la ausencia, pena, recuerdos, todo se desvaneció. Lo que significa que todo es relativo.



Otro ejemplo, tú eres una persona descollante. Existe la impresión de que eres insustituible en el ámbito familiar, en el espacio púbico. Y te llegó la hora de partir de este mundo. La gente repite la consabida frase: una pérdida irreparable. A las pocas semanas, todos los vacíos que dejaste están cubiertos. Todo sigue funcionando como si nada hubiera sucedido.

Cuando amanece y llega el periódico, tú abres y quedas abrumado por las noticias de los sucesos de tu ciudad, país y del mundo. Al día siguiente, de nuevo te sientes estremecido por la serie de noticias fatalistas. Las noticias del día anterior ya no te impactan. Al tercer día, la prensa da cuenta de nuevos horrores que vuelven a impactarte profundamente. Las noticias de los dos días anteriores ya se esfumaron. Nadie se acuerda de ellas. Y así día tras día. Todo fluye, como las aguas de un río; que pasan y no vuelve.

En síntesis, aquí no queda nada, porque todo pasa. Absolutamente los acontecimientos de cada día, de cada instante; pero comprobamos una y otra vez que todo es tan relativo. Por tanto ¿Qué sentido tiene sufrir hoy por algo que mañana no será? La gente sufre a causa de su miopía, o mejor aún, porque están dormidos.


Aplica esta reflexión a tu vida familiar, y veremos que aquella tremenda crisis familiar del mes pasado ya pertenece a la historia; y el susto que hoy te domina, un mes después sólo será un recuerdo.

Sentados frente al televisor nos deprimimos por los sucesos políticos, los campeonatos, competencias, la crónica roja y la desinformación. Mientras vamos mirando el noticiero nuestro estado de ánimo sube o baja como si en cada momento se jugara nuestro destino eterno. Pero no hay tal: todo es efímero como el rocío de la mañana. Nada permanece, todo pasa, entonces ¿Para qué angustiarse? Todo es inconsciente, pasajero. Por tanto el secreto es reducirlo todo a su dimensión objetiva.

Todo lo que sucede en el mundo y nuestro alrededor está marcado con el signo de la transitoriedad. En la historia, toda parece, resplandece y desparece, nace y muere, viene y se va. Las ilusiones del “yo” y los sentidos exteriores nos ofrecen como real, lo que en realidad es ficticio. Es necesario salir del error y de la tristeza: el error de creer que la apariencia es la verdad, y de la tristeza que el humano experimenta al palpar y comprobar que lo que creía no era sino una sombra vacía.

Hay que tomar conciencia de la relatividad y así ahorrar energías para tomar vuelo y elevarse por encima de las emergencias atemorizantes, e instalarse en el fondo inmutable de la presencia de sí, del autocontrol y la serenidad; y, desde esta posición, balancear el peso doloroso de la existencia, las ligaduras del tiempo y el espacio, la amenaza de la muerte, los impactos que le vienen al humano desde lejos o desde cerca.

La vida es movimiento y combate y las armas son la paz y la pasión para luchar contra la angustia. Y el humano para que pueda disponer de la pasión y la paz necesarias para levantar un mundo de amor debe estar libre de tensiones y bañada de serenidad. Así que siempre que estés dominado por las angustias, pongamos a funcionar este resorte: relativizar.

¿QUE ES RELATIVIZAR?



Es una palabra ambigua. Muchos tienen la idea de que, al relativizar, estuviéramos encubriendo o disfrazando algo. Creen que es como ponerse unos anteojos de azul para ver en azul. Justamente se trata de hacer todo lo contrario: de quitarse los anteojos y las caretas para ver las cosas tal como son, para reducirlas a sus exactas dimensiones y aceptarlas como son; en suma relativizar vale tanto como objetivar; y es uno de los medios más eficaces para aliviar el sufrimiento.

Y este sufrimiento es porque la mente humana tiene la tendencia de revestir de valor absoluto a cuanto nos sucede en el momento, debido a la naturaleza de la mente humana, y por la manera de experimentar la realidad.

La manera de experimentar las cosas es la siguiente: Sentir una emoción, al “vivir” un hecho es tal la identificación que se da entre esa vivencia y la persona, que aquella absorbe a ésta de tal manera que la persona tiene la impresión de que en este momento no hubiera más realidad que esa vivencia.



Y como la persona carece de distancia o perspectiva para apreciar objetivamente la dimensión de lo que está viviendo, porque la vivencia es demasiado inmediata y le envuelve completamente, y por eso la absolutiza, tiene la sensación de que lo que está sucediendo en este momento, tiene la entidad desmesurada, a causa de su proximidad, y de la falta de términos de comparación, de que el mundo se redujere a esto y que siempre será así. Por eso la persona se inunda de angustia sintiéndose dominada enteramente por esa sensación. Por tanto hay que relativizar, ya que nada es absoluto y permanente, sino que se transforma.

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