martes, 18 de noviembre de 2008

SABIDURIA MASONICA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Así lo he escuchado. Vivir no es acumular días, meses, años. Vivir no es comprobar día tras día ante el espejo de la evolución el reflejo de nuestro rostro, con más arrugas, la cabellera con menos pelo y o más blanca. Vivir no es acumular recuerdos, tristezas y desilusiones. Vivir no es ahondar en la filosofía sartreana que va de la realidad al hastió, de la existencia al existencialismo, que encuentra a la nausea en el lugar donde debe estar la felicidad, armonía y paz.


Mi generación, la de los 70, abrazamos la brecha que marcaba el fin de las causas y el principio de una eternidad sin dolor. Tratando desde entonces abandonar el yo para querer permanecer en el yo-no, aunque esos caminos fueran nuevos y prometedores, al final volvían a conducirnos siempre al mismo punto de partida: el retorno era inevitable e ineludible, la hora con el recuentro conmigo mismo.


Luego partimos a la búsqueda: la lectura, la meditación, el yoga para buscar el yo verdadero, sin saber que estaba dentro de nosotros mismo. Buscamos en escuelas, ordenes, fraternidades, sectas, religiones, nuevas filosofías, siempre con la sed del conocimiento y el acoso a muchos cuestionamiento sobre nuestra posición de la vida: Hasta que llegamos a descubrir que aquello que llamamos aprender no existe, sólo hay un conocimiento que está en todas partes, y es aquel que se halla en el interior de cada ser. Ese conocimiento tiene dos caudales que son el querer saber, y el querer aprender. Y aquí es bueno hacer una diferencia: Qué es el saber y otra como se consigue la sabiduría; el saber se aprende estudiando, la sabiduría se aprende viviendo el saber.


Al nacer, nace con nosotros de manera inseparable la doctrina. Es una cadena perfecta que jamás se interrumpe, una cadena eterna compuesta de causa y efecto, independizando del azar y de los dioses. No obstante esa unidad y concatenación de todas las cosas se interrumpe en un punto y por una pequeña grieta penetra en este mundo unitario algo extraño, algo nuevo que antes no existía para mí, y que no podía ser enseñado ni demostrado, era la doctrina de la vida, la doctrina de la liberación interna.


Desde que asomó la grieta, nada ocupa ahora más que mis propios pensamientos, como ese yo-mío, ese enigma que supone el estar vivo, de ser una persona aislada y separada del rebaño, soy yo mismo y debo aprender de mi mismo, ser mi propio discípulo, conocerme y penetrar en ese recinto tan complejo llamado YO. El sentido y la esencia no se hallan en ningún lugar, se hallan en mi mismo.


De lo dicho, sé que generará interpretaciones, explicaciones, cuestionamientos, pero la doctrina verdadera sigue adelante, triunfa lentamente, rompe las cadenas de la dependencia, de la pasividad, de la resignación y avanza en su objetivo de liberar a base de una conciencia consciente y activa, no de una pasividad de una doctrina, de una aceptación tácita. La liberación no está en la mente con una teoría, sino en la vida, a través de la vivencia.


Una doctrina puede enseñar a muchos a vivir honestamente, a evitar el mal. Pero hay algo que toda doctrina, por muy respetada y buena que sea, no puede descubrir el secreto de una vivencia. Para ello voy a poner un ejemplo muy simple pero eficaz: Si quisiéramos describir el sabor del limón, podríamos emplear horas en descripciones y análisis, y apenas tendríamos una vaga idea de lo que es su acidez y su sabor. La mejor y a la vez más rápida manera de saber lo que es un limón es partirle y degustar y así comprobaremos por vivencia propia sus propiedades. Con este ejemplo hemos logrado descubrir de qué se trata la vivencia, es decir el descubrimiento de nuestro yo a través de nuestras experiencias.


Pero muchos sentirán, que sus vivencias lo único que han logrado es acrecentar sus insatisfacciones internas, al creer que la vida pasa de manera intrascendental, porque no ha logrado hacer grandes cosas peor llegar a la cúspide de sus aspiraciones de triunfo. El secreto de trascender consiste en hacer pequeñas cosas con amor y con toda la intensidad de la vida. Cada día vivido de esa manera es como las piedras acumuladas que van formando sin sentir un gran edificio que nos hará grandes sin saberlo y sin habernos propuesto. Y así solos alcanzaremos la meta de nuestro descubrimiento interno, y para llegar nos juzgaremos solos, elegiremos o rechazaremos el camino en función a nuestra persona, pues nadie más puede vivir dentro de nosotros y conocer nuestro verdadero pensamiento y nuestros verdaderos sentimientos. La verdadera forma de pensar es desentrañar la última causa de las cosas. Sólo así las sensaciones se convertirán en conocimientos. Y en vez de diluirse adquieren contenido y empiezan a irradiar y así vamos llenando la bodega de frutos valiosos de nuestras experiencias.


Ese es el yo, que muchas veces quisimos rehuir, esconder o engañarlo. Pero hemos aprendido a dominarlo, a pulirlo, a trabajarlo y a conocerlo, como una verdadera filosofía de vida, marcada por los antiguos en el frontispicio templo de Apolo en Delfos: “Nosce Te Ipsum”.


Una manera de conocer el secreto de la vivencia es a través de la interpretación de los símbolos y signos, que no podemos considerarlos como una ilusión, un producto del azar o una envoltura sin valor. Estos símbolos, muchas veces transformados en alegorías son una especie de etiquetas que envuelven principios. Y quien nos enseña. ¡la filosofía masónica!, cuyos principios transmiten el libro del mundo y el libro de nuestro propio ser, y solo el trabajo constante y con los instrumentos adecuados trazaremos nuestro templo en las justas proporciones.

Por el estudio del simbolismo podemos obtener las llaves para llegar a la sabiduría, para sorprender las voces secretas de nuestro propio mundo interior: El verdadero masón no es el que más sabe, sino aquel que puede lograr descubrir que posee un refugio interior y ser cómplice de su intimidad.


El río es un ejemplo vivo y a la vez simbólico de lo que debe ser la vida del verdadero masón: El agua fluye y fluye sin cesar. El río es el mismo, aunque se renueva cada instante. ¿Quién puede entender este misterio? El agua nos enseña que es bueno hundirse, buscar las profundidades. El río está a la vez en todas partes: en su origen y en su desembocadura, en la cascada, alrededor de la barca, en los rápidos, en el mar, en la montaña, en todas partes simultáneamente. Para él no existe más que en el presente, sin la menor sombra del pasado o del futuro. Si nos ponemos a contemplar nuestras vidas, advertiremos que nuestras vidas son un río, y que nada es real sino tan sólo sombras, separan al yo-niño del yo-hombre y del yo-anciano. Nada ha sido ni será; todo es. Todo tiene una esencia y un presente.


Allí en nuestros templos nos enseñaron que debemos vivir nuestra propia vida y encontrar por nosotros mismos el camino. Todos los hermanos al pedir luz, hicimos tres viajes, vendados, en la oscuridad. La diferencia es que hubo una mano compañera y secreta que nos ayudó a evitar dar un mal paso. Pero nadie de los presentes podía evitar que el profano pueda apartarse ni un milímetro de su destino y así enseñarle la necesidad de la vivencia. Por tanto el día de nuestra iniciación nos enseña en el silencio del templo que la sabiduría no es comunicable. Hemos aprendido en esa ceremonia que el saber puede comunicarse, pero la sabiduría no. Es posible encontrarla, vivirla, dejarse llevar por ella, pero comunicarla y enseñarla es imposible. Solo hay un camino: la vivencia, porque lo contrario de toda verdad, también es verdadero.


Por ello tenemos que ser eternos buscadores. Y conforme vamos ascendiendo en nuestra carrera masónica vamos incrementando nuestra búsqueda con mejores posibilidades. Pero esa búsqueda que no nos convierta en un ser vendado, porque ocurre que sólo podrá ver aquello que anda buscando y no logrará encontrar nada diferente a lo que busca, porque se encuentra obsesionado por su objetivo. La opción de la masonería es que nos permite encontrar. Y encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos y ver todas las verdades alrededor de nosotros y las maravillas del camino.


La vivencia dentro de nuestra Fraternidad nos ofrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver simultáneamente toda la vida pasada, presente y venidera, como la alegoría del río; entonces todo es bueno, es perfecto, es único. Es bueno todo lo que existe: la vida como la muerte; la inteligencia como la estupidez; lo blanco y lo negro que significa que a pesar de las diferencias de razas, lenguas, opiniones políticas y religiosa es una imagen del bien y del mal de que está sembrado el camino de la vida. Todo ello pide de nosotros la comprensión, la tolerancia, la aplicación de las grandes virtudes, todo ello comunicado y entendido por el simbolismo que es la clave de nuestros misterios. 

Y para conocer esa vivencia solo se necesita un requisito: el amor. Este sentimiento nos permite llevar con alegría esa búsqueda. Amando al mundo, contemplando con amor, admirando y respetando, así la vivencia humana se transformará en nosotros en la verdadera vivencia y así entenderemos “¡Cuan bueno y cual delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

lunes, 27 de octubre de 2008

ENTRE EL ODIO Y EL AMOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Por qué se ha escrito más sobre el amor que sobre el odio? Probablemente, porque es más fácil. Son incontables los poemas que existen dedicados a la belleza del mar en calma, y sin embargo el mar puede ponerse bravo, los maremotos son definidos como agitación violenta de las aguas contra quien no cabe defensa alguna, los naufragios están ahí. Muchos se atreven a escribir sobre el amor, pocos sobre el odio. Sin duda se movilizan mecanismos de rechazo. Se sabe u siente que el amor oxigena y eleva el espíritu y se sabe y siente que el odio lo degenera. De añadidura, el amor es locuaz. Por un diario íntimo cualquiera dictado por el odio antes de los 20 años hallaríamos millares dictados por el amor. Y no obstante, en el fondo se trata de un espejismo. 

Es ingente, oscura y siniestra la cantidad de odio capaz de acumularse durante la niñez; odio al padre, odio a la madre, al profesor, al ambiente en que se ha nacido, celos irreprimibles, enfermiza introspección. Prescindamos de Freud quien como es lógico examinó el fenómeno y apelemos a la novela Los hermanos corsos de Dumas, en el que el autor propone describir el odio-límite, lo que hace germinar precisamente entre dos hermanos gemelos. Pero en la adolescencia suele cantarse -significativo término- el amor. A la mariposas y a la primavera. 


En las tribus primitivas con frecuencia al compás de una melodía a la caza y al fuego. Canta a la caza porque me da de comer. Canto al fuego porque calienta mi piel y mi yo. Por descontado los estudiosos han llegado a la conclusión de que el mundo emocional es ambivalente, que por esta causa no es raro que el odio provenga del amor, que éste, a veces tras un proceso largo, a veces en cuestión de un instante, se transforme en odio. Los matrimonios rotos saben eso como nadie. Pero también las personas obligadas a convivir con cárceles, conventos, lugares de trabajo, etc. 

El odio llega a ser sinónimo de infierno. El consejo “no analices...” vendría aquí como anillo al dedo. A medida que descubrimos los entresijos del otro, de los demás, sobreviene el desencanto y de ahí al odio no hay más que un paso. Nos sentimos estafados y por ello odiamos. Y aún sin descartar la posibilidad de que en ocasiones la culpa sea nuestra -de que la conciencia nos advierta que el otro es inocente-, normalmente el motivo para el desencanto existe, es válido, contabilizable y entonces el odio que experimentamos nos procura migajas de indefinible placer. Se ha dicho que, después del genio, nada existe tan perspicaz como el odio. 

En efecto, el odio utiliza, no cinco sentidos, sino cinco mil. Presiente, adivina, localiza e invade al sujeto odiado como un cáncer proliferante, o mejor aún, como una serpiente que enrosca (no olvidemos que muchos crímenes pasionales se producen por estrangulamiento). 

Como fuere, es obvio que el odio es tan antiguo como el hombre. No obstante todos tenemos la impresión de que en nuestra época el odio crece, que nos acosa cada vez más. Basta abrir un periódico y leer que lo nuestros políticos nos mienten, engañan y martirizan con sus acciones y declaraciones, para que los ciudadanos comiencen a odiarlos, en muchos casos a estrangularles con el lazo del desprecio y los rechacen con una absoluta indiferencia por el aprovechamiento hacia los demás.

lunes, 6 de octubre de 2008

CONSTRUCCION DE NUESTRO TEMPLO INTERNO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Tantas veces se ha definido a la masonería diciendo que “es la ciencia de la moral velada en alegorías y esclarecida por medio de símbolos”. Allí se expresa el principio exacto: la masonería es una ciencia, una filosofía, un sistema de doctrinas, que se enseña de un modo peculiar por alegorías y símbolos. 
Por eso para investigar el origen de la filosofía masónica, varios historiadores e investigadores se han remontado hasta la más remota antigüedad, en donde se encontraran sus principios en el seno de asociaciones similares, en las que se mantenían y se enseñaba la misma filosofía. Pero si se confunden las ceremonias masónicas con su filosofía y se buscan sus orígenes de la asociación en formas externas semejantes a las actuales, bastará con retroceder tan solo hasta los principios del siglo XVIII, pues en esa época se introdujeron grandes modificaciones al ritual. Y habiendo llegado a la conclusión de que no debemos investigar el origen del ritual, sino la filosofía masónica, nos resta ver cual es la natural característica de esta filosofía. 
Nuestra filosofía considera al Gran Arquitecto del Universo como un solo eterno y existente y al hombre como ser inmortal que se prepara en esta vida para otra eterna y futura, en idéntica contraposición con la filosofía de la antigüedad que circunscribía la existencia humana a la vida presente. 
Y teniendo en cuenta que el origen de la masonería especulativa data de la construcción del Templo de salomón, que es la espiritualización y la ubicación simbólica más destacada e importante de la masonería por el trazado de arquitectura que constituye la aplicación de nuestros símbolos, de los cuales en este pequeño trazado extraído algunos elementos como: la piedra bruta o basta, que es la representación del humano en su estado natural, ignorante, es decir el ser sin instrucción y que no ha sido pulido, que aún permanece áspero y tosco, en espera que se lo labre y pula. Y cuando la instrucción ha ejercido sus influencias exponiendo el intelecto del humano, frenando sus pasiones hasta entonces indómita y purificando sus vidas se le representa por medio de la piedra cúbica o terminada, que los diestros obreros han pulido y tallado para que ocupe un sitio adecuado en el edificio. 
La piedra cúbica, hecha para ocupar un lugar determinado en el templo, no solo simboliza la perfección humana, sino que cuando nos referimos representa la perfección total. En realidad es un símbolo del carácter social de nuestra Institución. 
La tradición dice que existían tres clases de trabajadores en la construcción del templo, y en la masonería especulativa constituye parte fundamental de su vivencia y son los aprendices, compañeros y maestros. 
De los útiles de trabajo empleados por nuestros antiguos masones eran pocas y sencillas. De ella tomaré tres imprescindibles que son: la regla de 24 pulgadas; el mazo o martillo de picapedrero; y el cincel. 
Con la regla: el operario media las dimensiones de la piedra que iba a preparar para construir el edificio. Para nosotros nos representa las 24 horas del día, que la dividimos en tres espacios de tiempo de 8 horas: (ocho para el trabajo; ocho para descanso; y 8 en hacer el bien). Significa el buen reparto del tiempo para tener una vida equilibrada, serena y armónica. 
El mazo: Representa en nosotros la voluntad con que ejecutamos. Es la fuerza de la conciencia para controlar nuestras pasiones, de manera que nuestras palabras y acciones se leven sin mancha. Es la fuerza de voluntad como procedimiento persuasivo que penetra en nuestro subconsciente hasta llegar a las capaz más profundas de la conciencia, en donde se anida las tendencias inadecuadas como son los vicios, defectos, pensamientos negativos, y mediante la voluntad debemos cambiar nuestro ser interno, no mediante órdenes dadas a nuestro ser externo, sino mediante el razonamiento, procurando el gran cambio hasta convertirnos en el nuevo hombre mediante el uso de la voluntad y no de la fuerza. 
El cincel: es la que mediante el golpe del mazo atiza la piedra para dejarla en condiciones de ser colocada correctamente en el edificio. Este instrumento Representa en nosotros el pensamiento determinado, la resolución tomada. Simbólicamente muestra la virtud de la inteligencia y de la educación que recibimos. Perfila nuestra personalidad a base del buen uso de la inteligencia. Mediante el mensaje emerge de este símbolo el masón debe entrenar la inteligencia para crear nuevos avalores intelectuales y al mismo tiempo sensibilizar más nuestro ser interno. De tal manera que esa voluntad tenga nuevos modelos, nuevas pautas, a fin de que el cambio venga de dentro hacia afuera, en manifestaciones que den a entender que el humano ha ido cambiando poco a poco y mejorando ese ser interno. 
Así como se supone que cada masón simboliza un templo espiritual y la logia de los hermanos representa el universo. Nos referimos a este simbolismo. El Templo de Salomón es el arquetipo de una logia, en la cual todos los símbolos de la ciencia especulativa aluden al arte operativo. En la logia es importante darse cuenta la forma que tiene, es la de un paralelogramo, teniendo su mayor longitud de Este a Oeste y su anchura de Norte a Sur. Cualquiera otra forma es incorrecta y antimasónica, porque no expresa la idea simbólica de que se trata de representar. 
Ahora bien, el mundo es un globo, o mejor dicho un esferoide aplastado en sus polos, y por tanto, al hacer el paralelogramo su símbolo, parece presentar, a primera vista, dificultades insuperables; pero el sistema de simbolismo masónico ha sufrido la prueba de una experiencia demasiada larga para que puede fallar; y por tanto, este simbolismo demuestra la antigüedad de la orden. 
En la era de la construcción del Templo de Jerusalén se suponía que la tierra tenía esa forma que nosotros simbolizamos, la forma comprende todo la parte del globo que en ese entonces se suponía habitado y se denominada “la forma de la logia”; por tanto, la logia masónica es para todos los hermanos y hermanas un símbolo del mundo, al que a veces, se le da mayor extensión, pues el mundo y el universo son sinónimos cuando se hace de la logia el símbolo de la representación del universo. Pero en este caso a su definición más extensa se añade a las ideas de longitud y anchura, las de altura y profundidad, diciendo entonces que la logia tiene la forma de un doble cubo, en el cual se comprende los límites simbólicos siempre presente la memoria que la logia es el símbolo del mundo por su forma y extensión. 
De este breve análisis de la simbología masónica, podemos sacar las siguientes conclusiones:
a) Que nuestros hermanos de la antigüedad, se dedicaron mientras predominaba en la Institución el arte operativo a construir templos materiales, de los cuales el más célebre es del rey salomón.
b) Que los masones dejaron de trabajar en la construcción de templos físicos cuando la ciencia especulativa sustituyó el arte operativo y empezaron a laborar en templos vivientes.
c) El trabajo de todo masón que comprende debidamente su arte estriba en construir un templo viviente. Y el trabajo es una palabra importante en la masonería, porque únicamente trabajando es como el humano se convierte en masón. En la obra que realizan las logias en nuestras tenidas de trabajo, no edificamos templos visibles. Nuestro trabajo sea hace visible en obras imperecederas a favor de una sociedad libre, justa, solidaria y equitativa. Sino logramos hacerlo desde la posición en la que nos encontremos no hemos comprendido nuestra filosofía y hemos perdido el tiempo buscando el secreto. Pero si ponemos un granito de arena para construir un mundo más digno, quiere decir que la masonería supervivirá al paso del tiempo, y a cada uno de nosotros cuando dejemos de existir se diga que nuestra obra estaba bien hecha. 
Bibliografía: 
Manuel del aprendiz; Aldo Lavagnini, 1992, Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina. El Libro negro de la masonería; Serge Reymound de la Ferriere, 1970, Editorial Diana, México. Manuel ortodoxo del aprendiz masón, Luis Umbert Santos, 1988, Editorial Max, México. Historia de la masonería, Luis Umbert Santos, 1970, Editorial Pax, México. El sistema de la masonería especulativa; Ensayo leído ante la Gran Logia de Alabama, Estados Unidos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

MORIRA LA PALABRA ESCRITA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

No es necesario ser un lince para advertir que en nuestra época se opera una transformación radical en lo que se refiere a la importancia de la palabra escrita. La invasión de la imagen y los medios audiovisuales han producido una fuerte conmoción en ese aspecto, hasta el punto de que hay quien preconiza seriamente que, a la larga, la palabra escrita desaparecerá.
Algo semejante a lo que ocurrió a raíz del invento de la imprenta, que asestó un duro golpe a la tradición oral y que sembró el pánico entre los juglares y trovadores que iban de pueblo en pueblo relatando sus historias o sus fantasías. Algo parecido a lo que ocurrió con el advenimiento de la radio, de la que se dijo que acabaría con los periódicos; o de la televisión de la que se dijo que acabaría con el cine; o del disco que iba a dejar en paro a las orquestas, etc. El hombre tiene vocación de sepulturero y todavía no se ha percatado de que la sutil complejidad del mundo que se incrementa irrefrenablemente al compás de la historia, pone en marcha, una y otra vez la ley del péndulo, la ley de la compensación. O dicho de otro modo que los anticuerpos están ahí, siempre atentos, con sus autodefensas peculiares y que en definitiva cabemos todos.
A mi juicio, pues, quienes preconizan la muerte de la palabra escrita y de su exponente más noble el libro, cometen el mismo error que cometiera Julio Verne, al profetizar la muerte de la novela en manos del periódico. Los periódicos han arañado el género novelístico, pero de un modo muy superficial. En primer lugar, porque cuando dan la noticia carecen de la necesaria perspectiva para valorar su alcance; en segundo lugar, porque su caudal informativo es exagerado y, a menudo contradictorio. En efecto, muchos de los rumores, incluso los transmitidos por las agencias solventes a la postre se revelan infundados, lo cual deja al novelista intacto, el ruedo que le corresponde, que le es propio, el filtraje de los hechos, sus análisis minucioso y, lo que es más importante su desenlace, su conclusión final.
(Artículo escrito en octubre de 1985 para el Diario La Verdad)

martes, 16 de septiembre de 2008

VIVIR DEL AMOR

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Todos somos invento del amor y por tanto hemos sido creados para amar. Somos alambres conductores de la corriente de alta tensión del amor, por eso no debe existir el amor propio en nosotros, porque el amor propio es aislador del amor; por eso debemos amar a los otros como si fuera a nosotros mismos, porque amarnos más a nosotros mismos es interferir el amor y ser egoístas. El humano es la única criatura que puede amar con sentido en todo el universo. Todo humano no es una pasión sin sentido, sino que es una pasión cuyo sentido es el otro. Con esta breve introducción podemos afirmar que el amor es una dualidad de sucesos. Es temporal, porque el amor pasa; se suceden por etapas más o menos apasionadas, las rupturas, los encuentros… Pero el amor supone también un desafío a la eternidad, porque quiere ser vivido al margen del tiempo, esperando que sea absoluto, definitivo, completo. Así, cada vez que amamos, nos escabullimos del tiempo para adentrarnos en una eternidad posible. El amor y la pasión ignoran el tiempo. 

El que ama vive conjugando un rabioso presente y una inconsciente eternidad. Si hablamos de la pasión, todas estas características se agudizan. El amor perdido crea una eternidad que tiende al pasado. Manifiesta su existencia en cuanto que esa eternidad tienda a desdibujarse. Se provoca, en ese momento, una fuga del fluir temporal, donde los acontecimientos que pasan a reposar en el pasado, se desvinculan de la actualidad y tienden a la desintegración, al olvido. 

La memoria humana lucha por evitar esa opacidad de lo vivido que ya no está. Rescatar el pasado para prestar su intensidad al presente ha sido una empresa constante de los humanos. Si esta idea se circunscribe a un ámbito personal, reconozcamos que la mera actualidad puede ser vivida de manera desinteresada y ajena. El futuro, indescifrable, no nos penetra. El pasado, en cambio, es una región conocida pero todavía fecunda y, por la propia naturaleza indagatoria del humano, nunca abandonada. Para que fuese posible vivir del amor, hay que provocar lo que puede llamarse una fuga del tiempo. 

Aislado de su contexto, cristalizado por el poderoso flujo del suceso que ya no forma parte sólo del pasado. Éste se constituye como un germen de lo que sucede contemporáneamente y da sentido completo a la vida. Así, el pasado ya no es "lo pasado", porque pierde su apariencia fantasmal y reivindica su actualidad. Extraído de ese panorama olvidado, siempre pendiente de ser enajenado por la memoria que le insufla una realidad extratemporal. La vía de la memoria se convierte en el instrumento para crear una erótica del tiempo, una recuperación de sensaciones pasadas, que no pretende sólo una recreación, sino que trata de hacer que placer y memoria se igualen. Un ejemplo de ello es la invocación de una sensación pasada, que debe despertar la memoria del cuerpo, los labios, la piel… que son los que podemos recordar. El cuerpo parece tener capacidad cognoscitiva, al menos en la esfera sensual, indeleble. El cuerpo siente, pero también piensa, recuerda… el cuerpo sabe. Equivalencias similares las hallamos donde la memoria acapara la erótica más espléndida de nuestro ser, y así estamos dando un nuevo giro en la elucubración por el tiempo y la memoria o para la Vida, memoria y placer se aúnan en un todo. 

El placer es la memoria y la memoria la auténtica vida de todos. A veces, la memoria no necesita un catálogo completo de experiencias. Lo pasajero, lo fugaz, crea todo un universo de sensaciones. Basta un instante mínimo, quizá furtivo y veloz para quedar patentado en nuestras vidas. La atracción no necesita ningún otro estímulo. La mirada sólo necesita la confrontación con lo bello, pese a la parquedad temporal del encuentro. En cierta forma, podríamos hablar de una erótica esencialista, donde la intensidad priva sobre cualquier otro aspecto. Las fórmulas de los antiguos magos greco-sirios, nos piden volver a la dorada juventud junto a su amante, la a belleza, al amor, aunque sólo fuese durante una hora. Yo pido la eternidad que dura lo que la pasión. Esta eternidad es creada con los estímulos de la memoria y la riqueza de las sensaciones que su renovación nunca agota. Señalemos que ante los embates y desazones del tiempo nos queda sólo la memoria. El dolor y la vejez desaparecen, aunque sólo sea por un instante, pero el agotamiento que es la vida que sólo puede soportarse si nos acercamos a lo que nos supera. 
 Les invito a rebasar los límites del conocimiento, estableciendo nuevos órdenes entre palabras y cosas, utilizando la múltiple variedad de herramientas que proporciona la experiencia humana, como son vivir de momentos pequeños, miradas, divagaciones solitarias. Así conseguiremos que pasado y presente, excluidos del tiempo, se confundan en nuestros cuerpos y se fundan. Hay que templar al ser amado en la memoria, consiguiendo su renovación, mediante una elocuencia de los cuerpos que sobrepasa el tiempo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

IMPORTANCIA DE LOS IDIOMAS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Se ha dicho que ponerse a estudiar cualquier idioma que no sea el propio es penetrar en un mundo desconocido, en un nuevo universo mental, sin duda enriquecedor y que nos obliga a replantearnos muchos de los conceptos que dábamos por válidos. En Quito un amigo francés, que está estudiando español a fondo, se ha quedaba asombrado ante la diferencia que existe entre “amor” y “amour”, y no digamos ante el descubrimiento del verbo “querer”, que puede significar a la vez “amar”, “desear”, “apetecer”, “tener voluntad o determinación de ejecutar una cosa”, etc. La riqueza del “querer” castellano -y no digamos del vocablo “querencia”- lo ha vapuleado de tal modo que el hombre empieza a dudar de algo que hasta ahora fue el axioma: de la superioridad del francés sobre el resto de los idiomas occidentales.

Siempre he envidiado a los políglotas. Se expresan con una precisión admirable y al propio tiempo se advierte en ellos que su cerebro alberga esquemas que a los demás no están vedados. A poco que se descuiden introducen en la conversación la frase: “como dirían los franceses...”, “como dirían los alemanes” y sueltan la palabra en francés o en alemán que nos deja K.O y que nos hace sospechar que tras ella se oculta “algo” fuera de nuestro alcance, que nosotros ignoramos que puede ser una mera sugerencia, pero también -y eso es peor- una idea fundamental.

En nuestra época, correctamente llamada de la intercomunicación, nos damos cuenta sin cesar de que el hombre de un solo idioma es un ser desvalido. Nuestros emigrantes conocen esto y han tenido que luchar duro para integrarse mal que bien en las sociedades que eligieron. En cuanto a los diplomáticos, pese a exigírseles, si no estoy equivocado dos idiomas además del propio, lo pasan fatal si en el país al que son destinados se habla una lengua que desconocen, Y allí el fracaso en parte de la política exterior ecuatoriana. Y advierten el temor que en los documentos “bilingües” que en ocasiones especiales han de firmar haya gato encerrado. Ejemplo señero de este riesgo lo tenemos en la tratados que los chinos, en la ONU o donde sea, firman en chino y en inglés. En principio, todo parece estar en regla; sin embargo, en caso de litigio, el idioma inglés “dice lo que dice y nada más”, en tanto que el representante chino puede demostrar que en su idioma “aquello” dice exactamente lo contrario. Son las ventajas de los idiomas orientales, de una riqueza sin par. Los ideogramas son más sutiles que nuestro alfabeto, más difíciles y enconados y su aprendizaje es mucho más lento, pero obliga a una gimnasia mental que a la postre resulta altamente beneficiosa. Una prueba es el idioma árabe, el Corán es arcano para los no árabes. El Corán en árabe es infinitamente expresivo y de un rango poético que al ser traducido se minimiza en forma casi vejatoria. Por algo los musulmanes fanáticos consideran inaceptable e incluso “hereje” cualquier traducción y peor la interpretación del Corán. Allí que nosotros al leer los “versos Satánicos” de Salman Rushdie, no lo entendamos en su profunda dimensión y por su parte el autor fue condenado a la pena de muerte por el Islam. Esto indujo a Ayatollah Jomeini en Irán a declarar obligatorio el estudio del árabe ya que “Dios reveló nuestro libro en árabe. De consiguiente, escribirlo o recitarlo en otro idioma es cometer un sacrilegio”.

Como fuere, uno de los puntos positivos de nuestra época, que también los tiene, es la creciente necesidad que el hombre experimenta de estudiar idiomas. El conocimiento de “otros” idiomas ayuda a comprender, a aceptar, a ceder. Hay algo en ellos que influye directamente sobre nuestras reacciones. Bertand Rusell pretendía que él era incapaz de enfadarse en francés. Valoremos esto como se merece, puesto que las guerras no entienden de semántica y están al margen de la capacidad de expresión verbal del ser humano.

(Artículo escrito en octubre del 1985, Diario La Verdad)

sábado, 16 de agosto de 2008

EL COMUNICADOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Si se ejerce con ética profesional, la comunicación sociales uno de los trabajos más apasionados que puede realizar el ser humano. No consiste sólo en la mera transmisión de noticias, sino que abarca un conjunto de “intereses” que envuelven las actividades de una sociedad. Así, el comunicador se convierte en el sujeto que capta tales actividades y que, al transmitirlas a la comunidad, influye en ella en una forma notoria. Es necesario hacer una evaluación de la influencia que los medios de comunicación masiva tienen, sobre la sociedad. Ya Marshall Mc.Luhan lo puntualizó al dar a conocer su famosa tesis de que “el medio es el mensaje”, y ello con independencia de contenido.

Desde tal enfoque, las sociedades se conforman en virtud de la extensión de sus medios comunicativos; es decir, éstos, como la luz eléctrica, llevan implícito el contenido. Sin estar completamente de acuerdo con tesis tan radical, se puede concluir que ésta parte de un a priori: precisamente el de la poderosa influencia de los medios sobre la comunidad. “Todo romano estaba rodeado de esclavos. El esclavo y su psicología inundaron Italia antigua y todo romano se convirtió por dentro y sin saberlo, por supuesto en un esclavo. Debido a que vivía constantemente en un ambiente de esclavos llegó, por conducto de su inconsciencia, a infectarse con la psicología de ellos. Nadie puede escudarse contra una influencia parecida”. (Contribución Analítica de la Psicología, Londres) La cita que hace Mc. Luhan sobre la influencia de los esclavos en la visión de las cosas de sus amos, según Jung, resulta perfecta para percatarse de la que a su vez, tiene la radio, prensa, cine, televisión, revistas, libros, etc. sobre nuestra vida contemporánea. 

 El comunicador es un generador de noticias y, al mismo tiempo, un moldeador o hacedor de opinión pública. Por eso su responsabilidad es enorme. El comunicador con ética sabe que su labor no es un pasatiempo, sino una profesión que implica muchas horas de trabajo. Es consciente que el manejo de espacios periodísticos implica solvencia moral sin que importe el área o el medio en que se ejerza. El comunicador tiene que tener la claridad absoluta que su mensaje está contribuyendo a configurar una sociedad mejor. La vida del comunicador puede resultar tan apasionante como su profesión: tiene oportunidad de conocer a personas que se desenvuelven en diferentes áreas de la actividad humana; de estar en el lugar de los hechos, y llevar una existencia enriquecedora. Quizá porque muchas personas se están percatando de esos beneficios, ha ido en aumento el deseo de consagrarse a la comunicación social. Sin embargo, abundan los mediocres; pero también existen aquellos de vocación e interés por la comunicación, que manejan adecuadamente las herramientas de su profesión con solvencia y moral. La aldea global es una realidad. 

El uso de los medios de comunicación sin previo análisis de que lo que son y lo que significan para la vida del hombre actual, resulta negativo. Nuestros antepasados inmediatos vivían en mundos tan escasos de información, tan solitarios y marginados. Su problema era la soledad y la escasez informativa. Hoy la información es abundante y uno de los más graves problemas de ese caudal es la falta de jerarquización para poner a cada información en su nivel, evitando confusión y destinando a obtener mayor beneficio en la “comunicación de masas”.

(Artículo escrito en octubre de 1985, diario La Verdad)

miércoles, 13 de agosto de 2008

APLICACION DE NUESTRAS VIRTUDES

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El arte del guerrero, cualquiera que sea su religión, no consiste en agredir al otro, sino en cultivar la tradición de la valentía que permite luchar eficazmente contra la angustia y las dificultades. En este sentido, todos podemos cabalgar por la vida sin miedo y sacar a flote lo mejor de nosotros mismos.
Lo que pasa es que la gran mayoría no sabe como. Todo el mundo tiene la capacidad, pero, muchas veces, ni siquiera sabe que la puede explotar. Pues bien, la enseñanza del Shambhala, inspirada en la sabiduría oriental sigue estos objetivos.

El nombre de Shambhala viene del Himalaya legendario. En occidente casi no se conoce, pero se comienza a interesar a todos aquellos a quienes les apasiona el tema del control mental. Las enseñanzas del Shambhala tienen características laicas; es decir no tiene referencia alguna con religión y además, utilizan el lenguaje cotidiano.





En 1975, Chogyan Trungpa, discípulo del Dalai Lama fue llamado a los Estados Unidos para que enseñara el budismo. Cuando éste descubrió el ritmo de vida de los norteamericanos comprendió que, antes de todo, debía enseñarles a tomar la vida con calma. Para ello puso en práctica este tipo de meditación. Les dijo: “Siéntense en un cojín muy cómodo como lo haría un rey en su trono. Todo está bajo control; nada viene de afuera. Así que saquen a flote todas sus fuerzas positivas”. Es un trabajo interior formidable que, bien utilizado, permite a cada uno sacar lo mejor de sí mismo; es decir, que favorece el encuentro de las virtudes guerreras: el valor, la ternura, la preocupación por los demás, la sensibilidad y la fuerza. La meditación libera el alma de todo lo que la perturba. Se apoya en ejercicios respiratorios que buscan apaciguar el espíritu. Así, las cosas parecen más sencillas y las soluciones se encuentran más fácilmente.

Estas enseñanzas no se dirigen al intelecto, sino al corazón y a la intuición y, por eso se dice que las mujeres son más receptivas. El aprendizaje del Shambhala requiere de un ciclo en donde los participantes se inician en el conocimiento de la bondad, el control al miedo, la sincronización del cuerpo y alma y la aceptación de las dificultades para aprender a superarlas. Es un método estructurado en diferentes etapas. En cada una de ellas, uno se acerca más a la verdadera comprensión de sí mismo.

El Shambhala nos sumerge en la autenticidad liberada de razonamientos y nos ayuda a comunicarnos sin sentir temor hacia el mundo. Los adeptos a esta práctica son muy entusiastas y no dudan en invitar a todo el mundo a unirse a ellos. La persona realiza un viaje por su interior, descubre sus potencialidades y aprende a vivir en paz sin ceder a las presiones externas.


Los estudios del Shambhala se componen de cinco niveles de estudio que recorren varios aspectos interesantes:

1) La magia cotidiana que consiste en ver desde una perspectiva diferente las cosas cotidianas;
2) El nacimiento del guerrero, aquí se aprende a conectarse con sus emociones sin sentir miedo;
3) Calma y paz donde se dan conceptos claves para relacionarse con el mundo exterior sin perder el control;
4) El despertar donde se intenta liberar a las personas de los puntos de vista radicales para ampliar su campo de visión; y,
5) Cielo abierto donde se enseña los mecanismos que ayudan a encontrar su propia razón de ser y, en esa medida alcanzar la autenticidad. Con esto logramos explorar nuestro interior y descubrir todas las fuerzas positivas que llevamos dentro.

jueves, 7 de agosto de 2008

-EL SUFRIR ES RELATIVO



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Todo cambia. Nada permanece inmóvil, todo está en constante vibración expresa la filosofía hermética, la cual nos ha llegado desde el antiguo Egipto. Si todo está en movimiento y nada permanece en reposo entonces para qué angustiarse. De lo dicho: si perdemos al ser más querido, ese día será muy doloroso y se surge ante nosotros un abismo por la muerte del familiar. Pasan los días y nuestra alma sufre su ausencia. Pasan los meses y se comienza a tranquilizar. Pasa un año, y el recuerdo del ser querido comenzó a esfumarse. Después de unos tres años, todo ha desaparecido, la ausencia, pena, recuerdos, todo se desvaneció. Lo que significa que todo es relativo.



Otro ejemplo, tú eres una persona descollante. Existe la impresión de que eres insustituible en el ámbito familiar, en el espacio púbico. Y te llegó la hora de partir de este mundo. La gente repite la consabida frase: una pérdida irreparable. A las pocas semanas, todos los vacíos que dejaste están cubiertos. Todo sigue funcionando como si nada hubiera sucedido.

Cuando amanece y llega el periódico, tú abres y quedas abrumado por las noticias de los sucesos de tu ciudad, país y del mundo. Al día siguiente, de nuevo te sientes estremecido por la serie de noticias fatalistas. Las noticias del día anterior ya no te impactan. Al tercer día, la prensa da cuenta de nuevos horrores que vuelven a impactarte profundamente. Las noticias de los dos días anteriores ya se esfumaron. Nadie se acuerda de ellas. Y así día tras día. Todo fluye, como las aguas de un río; que pasan y no vuelve.

En síntesis, aquí no queda nada, porque todo pasa. Absolutamente los acontecimientos de cada día, de cada instante; pero comprobamos una y otra vez que todo es tan relativo. Por tanto ¿Qué sentido tiene sufrir hoy por algo que mañana no será? La gente sufre a causa de su miopía, o mejor aún, porque están dormidos.


Aplica esta reflexión a tu vida familiar, y veremos que aquella tremenda crisis familiar del mes pasado ya pertenece a la historia; y el susto que hoy te domina, un mes después sólo será un recuerdo.

Sentados frente al televisor nos deprimimos por los sucesos políticos, los campeonatos, competencias, la crónica roja y la desinformación. Mientras vamos mirando el noticiero nuestro estado de ánimo sube o baja como si en cada momento se jugara nuestro destino eterno. Pero no hay tal: todo es efímero como el rocío de la mañana. Nada permanece, todo pasa, entonces ¿Para qué angustiarse? Todo es inconsciente, pasajero. Por tanto el secreto es reducirlo todo a su dimensión objetiva.

Todo lo que sucede en el mundo y nuestro alrededor está marcado con el signo de la transitoriedad. En la historia, toda parece, resplandece y desparece, nace y muere, viene y se va. Las ilusiones del “yo” y los sentidos exteriores nos ofrecen como real, lo que en realidad es ficticio. Es necesario salir del error y de la tristeza: el error de creer que la apariencia es la verdad, y de la tristeza que el humano experimenta al palpar y comprobar que lo que creía no era sino una sombra vacía.

Hay que tomar conciencia de la relatividad y así ahorrar energías para tomar vuelo y elevarse por encima de las emergencias atemorizantes, e instalarse en el fondo inmutable de la presencia de sí, del autocontrol y la serenidad; y, desde esta posición, balancear el peso doloroso de la existencia, las ligaduras del tiempo y el espacio, la amenaza de la muerte, los impactos que le vienen al humano desde lejos o desde cerca.

La vida es movimiento y combate y las armas son la paz y la pasión para luchar contra la angustia. Y el humano para que pueda disponer de la pasión y la paz necesarias para levantar un mundo de amor debe estar libre de tensiones y bañada de serenidad. Así que siempre que estés dominado por las angustias, pongamos a funcionar este resorte: relativizar.

¿QUE ES RELATIVIZAR?



Es una palabra ambigua. Muchos tienen la idea de que, al relativizar, estuviéramos encubriendo o disfrazando algo. Creen que es como ponerse unos anteojos de azul para ver en azul. Justamente se trata de hacer todo lo contrario: de quitarse los anteojos y las caretas para ver las cosas tal como son, para reducirlas a sus exactas dimensiones y aceptarlas como son; en suma relativizar vale tanto como objetivar; y es uno de los medios más eficaces para aliviar el sufrimiento.

Y este sufrimiento es porque la mente humana tiene la tendencia de revestir de valor absoluto a cuanto nos sucede en el momento, debido a la naturaleza de la mente humana, y por la manera de experimentar la realidad.

La manera de experimentar las cosas es la siguiente: Sentir una emoción, al “vivir” un hecho es tal la identificación que se da entre esa vivencia y la persona, que aquella absorbe a ésta de tal manera que la persona tiene la impresión de que en este momento no hubiera más realidad que esa vivencia.



Y como la persona carece de distancia o perspectiva para apreciar objetivamente la dimensión de lo que está viviendo, porque la vivencia es demasiado inmediata y le envuelve completamente, y por eso la absolutiza, tiene la sensación de que lo que está sucediendo en este momento, tiene la entidad desmesurada, a causa de su proximidad, y de la falta de términos de comparación, de que el mundo se redujere a esto y que siempre será así. Por eso la persona se inunda de angustia sintiéndose dominada enteramente por esa sensación. Por tanto hay que relativizar, ya que nada es absoluto y permanente, sino que se transforma.

miércoles, 30 de julio de 2008

EL MANDIL MASONICO



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El mandil es una prenda de vestir que siempre ha estado ligado a todas las escuelas iniciáticas, desde la más remota antigüedad y llega hasta nuestros días. En el antiguo Egipto, el mandil era triangular con la cúspide para arriba, el ceñidor era su más importante característica, estaba intensamente magnetizada y dispuesto de modo que abarcase un disco de materia etérea a fin de separar la parte sutil del cuerpo físico de la parte densa del mismo.

En la economía levítica de los israelitas, los sacerdotes llevaban siempre puesto el “abnet” o delantal blanco, el cual formaba parte de las ropas ceremoniales de los sacerdotes y significaba emblema de santidad y pureza, siempre caracterizada en la divina naturaleza y el culto digno a su Dios.
En los misterios persas de Mitra se investía al candidato con un cíngulo, una corona o mitra, una túnica de púrpura y, por último un mandil blanco, en cuanto había recibido la luz tan solicitada.


En las ceremonias iniciáticas practicadas en la India, se investía a los candidatos con el “sash” o “zennaar” sagrado, compuesto de nueve hilos que terminanaban en un nudo, y que pendía desde el hombro izquierdo a la cadera derecha, semejante a la banda masónica.

La secta de los esenios, que por su organización es la institución secreta de la antigüedad más inmediata a la masonería, investía siempre a sus candidatos con el ropaje blanco.

En los ritos escandinavos, en que el genio militar de este pueblo creó una iniciación guerrera, se entregaba al candidato un escudo blanco en vez de mandil, cuya ceremonia iba acompañada de ciertas enseñanzas simbólicas, no muy diferentes de las que se dan al entregar el mandil masónico al iniciado.

En todas estas clases de investiduras e independientemente del material y de su forma, se trataba de expresar la idea de pureza. La adopción del mandil en la masonería se debe indudablemente a la que los albañiles empleaban en la Edad Media, como prenda necesaria para su trabajo. Ellos los antiguos operarios nos han dejado como legado, su nombre, su lenguaje técnico, su prenda de vestir, con la cual protegían sus vestidos de las manchas que producía su trabajo.


Para los masones especulativos el recibir el mandil es un distintivo de la Masonería y la más honrosa de todas las condecoraciones humanas, porque simboliza el trabajo, que es la única fuente de salud, de la virtud y de la riqueza. Y eso da derecho a sentarse entre hermanos. Su blancura es el emblema de la inocencia y del candor y da entender que así debe reinar en nuestros corazones. Por eso siempre se instruye que no debe mancharse, sino mantenerse limpio con las virtudes que el masón debe aplicar en todas sus actividades de la vida. Y si en caso manche se impedirá que vuelva a usarlo.
EL MANDIL DE VOLTAIRE

El material con que se debe ser confeccionado es de piel de cordero, que es el animal sagrado escogido por los antiguos sabios e iniciados para significa, al igual que el color blanco, la inocencia y la pureza; por tanto el color como el material simboliza el estado del alma en evolución, como la de un niño, que mientras progresa ésta va tomando colores más brillantes hasta llegar a las vestiduras donde se concentra todos los colores.

El mandil del aprendiz lleva la baveta levantada formando una figura de cinco puntas, símbolo del hombre quíntuple. Esta forma de utilizar el mandil sirve para que el aprendiz se cubra el plexo solar, una de las partes más sensitivas que tiene el cuerpo psíquico del humano. Sirve de protección ante todos los ataques del mundo profano y de todos sus peligros. Además de cubrirse de las energías negativas, da confianza de estar a salvo así sea en el lugar más peligroso donde se encuentre. En los grados superiores se deja caída la baveta, porque el alma ya está en el cuerpo y por su medio actúa.

Sin el mandil no se puede asistir a los trabajos, ya que simbolizando la nueva piel que recubre y le ayuda a superar todos los obstáculos que se le presenten al, ya que es un manto de pureza e inocencia que deja aflorar la conciencia individual para que pueda trabajar y desarrollar en completa paz y armonía sin que el mundo profano perturbe la tranquilidad del pensamiento y del espíritu y no pueda romper la armonía reinante cuando estamos a cubierto y se abren los trabajos.

Es la pureza e inocencia de los actos que realiza todo masón dentro y fuera del taller de la honradez, con imparcialidad y sobre todo con la verdad, y la libertad de pensar y actuar.

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