miércoles, 30 de enero de 2008

COMO FLUYE EL PENSAMIENTO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


El conocimiento permite a la mente razonar y contemplar por encima de lo que nosotros ya sabemos. Nos permite ver más lejos, hasta los perímetros de todo lo que existe y crecer en la capacidad de recibir una identidad más amplia a "transformarse.

ENERGIA INVISIBLE

Nuestro cuerpo físico está rodeado por un campo de luz llamado aura o campo "áurico". El aura es el espíritu de nuestro ser. Una parte del aura es el poderoso campo electromagnético positivo y negativo. Más allá de este campo no hay divisiones, sino una esfera de luz indivisible de energía pura.
La esfera de luz permite a todo el pensamiento del conocimiento fluir a través de este campo. Los pensamientos que llegarán a ser conocidos por nosotros están determinados por un proceso de pensamiento, pues la porción electromagnética de nuestra aura arrastra al pensamiento hacia nosotros de acuerdo a nuestra manera de pensar.

LOS PENSAMIENTOS

La conciencia está constituida por todos los pensamientos que emanan de todas las entidades y de todas las cosas. Los pensamientos que forman la conciencia son de diferentes frecuencias eléctricas. Algunos son pensamientos de frecuencia baja o lenta, aquí predominan los relacionados a la conciencia social.

Otros son pensamientos de más alta frecuencia: los pensamientos ilimitados de la superconciencia. La conciencia es la suma de todos los diferentes valores de frecuencia del pensamiento.

La conciencia social es una densidad de frecuencias eléctricas de pensamiento, y sin embargo es más ligera que el aire. La densidad de la conciencia social se constituye de pensamiento expresado.

LA SUPERCONCIENCIA

Los pensamientos de alta frecuencia de superconciencia son aquellos del ser y la vida: armonía, unidad y la continuidad. Son los pensamientos del amor. Son pensamientos ilimitados que van, en verdad más allá de la expresión incluso de las palabras, pues los sentimientos del pensamiento ilimitado están por encima de los adjetivos.

Estos pensamientos pueden ser más fácilmente experimentados en la conciencia de la naturaleza, lejos del pensamiento estancado del hombre; porque allí la vida es simple, siempre continúa, sin la existencia del tiempo y en completa armonía con ella misma. Ahí lejos del juicio del hombre, se puede oír el latir de nuestro propio conocimiento.

EL FLUJO DE LA CONCIENCIA

La porción electromagnética de nuestra aura atrae el pensamiento hasta nosotros de acuerdo con nuestro modo de pensar y nuestro estado emocional de ser. Para que el pensamiento se pueda alimentar, primero debe ser reducida hasta la frecuencia de luz. Una vez el pensamiento encuentra al espíritu de nuestro ser, el aura que bordea nuestro cuerpo explota de luz.

El pensamiento se enciende, de esta forma la luz ha atraído hacia sí misma lo que se le asemeja. El pensamiento que es invisible se vuelve visible a través de esta explosión de luz.

El pensamiento en forma de luz, entra en nuestro cerebro y se transmuta en una propulsión de luz eléctrica de una frecuencia dada, de acuerdo con el valor del pensamiento que está siendo recibida.

FRECUENCIAS

La habilidad que posee nuestro cerebro para recibir diferentes frecuencias de pensamiento está controlada por la glándula pituitaria, que se aloja entre los hemisferios de nuestro cerebro.

La pituitaria es la responsable de activar las distintas partes de nuestro cerebro para recibir y almacenar las diferentes frecuencias del pensamiento. Es la puerta que abre nuestra capacidad para contemplar y razonar con el pensamiento, realizarlo a través de nuestro cuerpo y manifestarlo con experiencia para un mayor entendimiento.

Nuestro cerebro es gobernado y controlado por las funciones de la glándula pituitaria o llamada el "tercer ojo", a través de la cual fluye un complejo sistema de hormonas. Es una glándula de secreción interna, segrega una hormona que fluye por el cerebro hasta la boca de la pineal, que es otra glándula endocrina y es la responsable de amplificar las frecuencias del pensamiento para que estas puedan ser enviadas a través del cuerpo.

Este flujo de hormonas entre la pituitaria y la pineal es lo que activa todas las secciones de nuestro cerebro para recibir y albergar las distintas frecuencias del pensamiento.

Las funciones del cuerpo se mantienen en armonía mediante el flujo de hormonas que brotan de estas glándulas y se introduce en la sangre. La pineal es responsable de mantener esta armonía. Su flujo activa las demás glándulas para segregar sus hormonas y crear el balance hormonal.


EL MECANISMO DEL PENSAMIENTO

Cuando el pensamiento pasa por nuestra aura, ésta no lo define, o sea no juzga o altera dicho pensamiento; lo acepta ilimitadamente. Cuando los propulsores del pensamiento llegan al cerebro, viajan primero hasta el hemisferio superior izquierdo, donde residen las funciones del intelecto o razonamiento y se expresa el ego falso.

Cada frecuencia del pensamiento que el ego falso permite entrar en el cerebro, es transformado en corriente eléctrica y enviada a aquella porción del cerebro. Esta porción del cerebro entonces amplifica la corriente y el envía al sistema pineal.

El sistema pineal gobierna nuestro sistema nervioso central. Capta cada frecuencia del pensamiento y lo amplifica e impulsa a través del sistema nervioso central, que recorre la columna vertebral como si fuera una autopista de pensamiento eléctrico. La corriente eléctrica que procede del sistema pineal fluye a través del líquido del sistema nervioso central bajando por la columna, y luego por cada nervio hasta cada una de las células del cuerpo.

domingo, 20 de enero de 2008

MORAL MASONICA

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.
Puedo decir que no hay un Código Moral Masónico sino que es deber de nosotros crearlo, a base de comprender primero los factores sobre los cuales ese Código va actuar y ver que se puede sobre todo: evitar humillar a los humanos, evitar dividirlos como rebaños, evitar ultrajarlos, dejarlos crecer, respetar su integridad compleja, porque estamos sujetos a ciertas leyes aparentemente contradictorias pero en el fondo son armónicas. Hay muchos libros, enciclopedias donde se tratan este tema del Código Moral Masónico, pero no pasan de ser moralistas líricos los que han escrito volúmenes, copiándose unos a otros, pero sin que tengan un efecto real y práctico como para que la Masonería supere sus dificultades y sus constantes enfrentamientos de falso poder entre hermanos, logias y Orientes, lo que le lleva a un desgaste y a una falta de credibilidad en el resto del mundo. Aquí tenemos que aplicar nuestras virtudes para superarlo con la tenacidad sin límite y un valor de confianza en nosotros mismos para llegar a alcanzar las grandes realizaciones que espera la humanidad.

ESTE CÓDIGO ES UNIVERSALMENTE RECONOCIDO DESDE LA REORGANIZACIÓN DE LA MASONERÍA POR LA GRAN LOG:. DE INGLATERRA, EN EL AÑO DE 1717, Y APROBADO POR EL CONVENIO DE LAUSANA, SUIZA, EL 5 DE SEPTIEMBRE DE 1875, E:.V:. 

1. Adora al Gran Arquitecto del Universo. 2. Ama a tu prójimo. 3. Haz el bien, y deja hablar a los hombres. 4. El verdadero culto a Dios, consiste en las buenas costumbres. 5. Haz el bien, por el amor al bien mismo. 6. Conserva tu alma pura; que pueda presentarse a toda hora delante de Dios, libre de todo reproche. 7. Ama a los buenos, compadece a los débiles, huye de los malvados. Más no odies a nadie. 8. Háblale respetuosamente a los grandes, prudentemente a tus iguales, sinceramente a tus amigos, y con ternura a los pobres. 9. No adules jamás a tu hermano, porque es una traición; y si tu hermano te adula, desconfía que te corrompa. 10. Escucha siempre la voz de tu conciencia. 11. Sé el padre de los pobres. Cada suspiro que tu dureza les arranque, será una maldición que caerá sobre tu cabeza. 12. Respeta al extranjero y al viajero, porque su posición, les hace sagrados para ti. 13. Cuando a tu vez seas extranjero, no abuses de esa circunstancia pretendiendo mayores consideraciones que las de la justicia. 14. Evita las disputas y prevee los insultos, poniendo la razón de por medio. 15. Respeta a las mujeres. Jamás abuses de su debilidad, y muere antes que deshonrarlas. 16. Si el Gran Arquitecto del Universo te da un hijo, dale gracias; pero tiembla por el depósito que te confía, porque en lo sucesivo, tú serás para ese niño, la imagen de la Divinidad. 17. Haz, que hasta los diez años te tema; hasta los veinte, te ame; y hasta la muerte te respete. 18. Hasta los diez años, sé su maestro; hasta los veinte, su padre; y hasta la muerte, su amigo. 19. Enséñale ante todo, buenos principios; y después, bellas maneras. Que te deba una doctrina esclarecida, mejor que una frívola elegancia. 20. Que sea mejor, un hombre honrado, que un hombre hábil. 21. Lee y aprovecha; ve e imita; reflexiona y trabaja. 22. Y que todo redunde en beneficio de tus hermanos, para tu propia utilidad. 23. Sé siempre contento para todo, con todo y de todo. 24. Jamás juzgues ligeramente las acciones de los hombres. Perdónalas y no las condenes. 25. El Gran Arquitecto del Universo es el que sondea nuestros corazones. Es él, sólo, quien puede apreciar su obra.
Luego de leer con atención estos fundamentos tan valiosos para los masones, me permito reflexionar sobre como se presenta al hombre entregado a sí mismo y sujeto al yugo de las pasiones ; al libertino devorado por el horror que le inspira prematuramente; al avaro que expira andrajoso y hambriento entre montones de oro; al ambicioso padeciendo la tortura de sus deseos, siempre crecientes e inextinguibles y jamás satisfechos ni mitigados, y de tanto otros seres desgraciados, para los que nunca existe un momento de reposo, para los que todo consuelo parece que huye y les está vedado de la dulce serenidad y la apacible calma de un perfecto masón, para quien su Fraternidad, hija de la esperanza, desarrolla los más brillantes ejemplos y le ofrece los más dulces consuelos. 
Si pretendemos gobernar nuestras vidas, es indispensable que antes nos enseñemos a seleccionar con acierto nuestros misterios, no admitiendo por ningún concepto aquello que puedan dañarnos.
Hermanos no nos desorientemos, pudiera ser y con suerte de que algunos de vosotros tal vez como yo crea en el Código Masónico, pero igualmente puede venirnos el desánimo porque la historia de la masonería está principiando, estamos dando recién los primeros pasos en la historia de la humanidad.
Tenemos cientos de años por delante hasta que los pueblos comprendan, hasta que los hermanos comprendan, hasta que cada uno de los que poblamos la tierra comprendamos que somos una entidad espiritual para que brille la unidad humana e impere en nuestro planeta no solo la técnica sino el espíritu. 

Sí, tenemos muchos años y para ello podemos principiar por aplicar los valores del Código Moral Masónico, y nosotros podremos dejar para las futuras generaciones, la verdadera ciencia de la paz, la verdadera ciencia de la cooperación humana, la verdadera ciencia de la excelsitud de la divinidad del humano.

viernes, 18 de enero de 2008

LA DIVINA COMEDIA: LIBRO INICIATICO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Ciencia, arte, técnica, mito, magia, en fin, todas las figuras de la acción humana; son fragmentos cuajados de la fuerza desbordante de la imaginación que humaniza lo real y humaniza al hombre. Para el historiador o teórico, directa o indirectamente, la información literaria como intensificación de la experiencia, constituye una reserva importante de reflexión, sugerencia e implicaciones. 
El hombre es capaz de situarse en el mundo en el momento que simboliza, esta capacidad de simbolización se da porque imagina y genera una actitud ética-estética ante el mundo.
He querido a través de este escrito utilizar la literatura como herramienta para explicar un espacio imaginario de la edad media que ha sido obra maestra de la literatura. Por tanto no pretendo hacer un análisis crítico literario de la obra sino un ejercicio de imaginación del espacio a través de su narración poética; las imágenes que lo conforman sirven de guía para entrar a la multidiversidad de espacios que nos presenta el mundo de Dante Alighieri, quien fue un staurofílax. Dante ingresa en los Fidei d’ Amore en 1283, a los 18 años, poco después de su teórico encuentro con Beatriz. El primero ocurrió en la Vita Nuova, cuando ambos tenían nueve años. Los Fidei d’ Amore constituían una sociedad secreta interesada en la renovación espiritual de la cristiandad. Aquí estamos hablando de una época en la que ya la corrupción hace mella en la iglesia de Roma: riquezas, poder, ambición. Era la época del papado de Bonifacio VIII de terrible memoria. Los Fidei d’ Amore pretendían combatir esta depravación y restituir el cristianismo a su primera pureza. 
Se dice, incluso, que los Fidei d’ Amore, la FEDE Santa y los franciscanos eran tres ramas distintas de una misma Orden Terciaria de los Templarios. Dante se formó en los franciscanos y siempre mantuvo con ellos una estrecha relación. 
Integraban los Fidei d’ Amore los poetas Guido Cavalcanti, Cino da Pistoia, Lapo Gianni, Forese Donati, el propio Dante, Vitorio Manuele Guimani , Dino Frascobaldi, Guido Orlando y otros más. Guido Cavalcanti, que siempre tuvo fama de extravagante y herético era el jefe florentino de los Fidei d’ Amore y fue el que admitió a Dante en esta sociedad secreta. Como hombres cultos, como intelectuales de una nueva sociedad medieval en desarrollo, eran inconformistas y denunciaban a gritos la inmoralidad eclesiástica y los intentos de Roma por impedir las nacientes libertades y el conocimiento científico. En primer lugar vamos a dar algunas pautas sobre la obra. Está compuesta de tres partes: el infierno, el purgatorio y el paraíso. Cada una de ellas se publicó por separado, aunque formando parte del conjunto. 
La Divina Comedia hay que leerla en clave y tiene exactamente 33 cantos. Cada uno de esos cantos tiene exactamente 115 o 160 versos, la suma de cuyos dígitos es 7. 

Las 3 partes, el infierno, el purgatorio y el paraíso terminan exactamente con la misma palabra “estrella” que en el simbolismo astrológico es el número 5 y alegóricamente representa al humano. Y esto no es más que una pequeña parte de los misterios que contiene la obra. 
El Canto IX del Infierno, versos 61 a 63: 
Vosotros que tenéis la inteligencia sana observad la doctrina que se esconde bajo el velo de estos versos enigmáticos.
Estos versos se encuentran en el Canto Noveno, un número importante para Dante, pues, según afirma en todas sus obras, Beatriz es el nueve, y el nueve, en la simbología numérica medieval, es la Sabiduría, el Conocimiento Supremo; la Ciencia que explica el mundo al margen de la fe. 

Además, esta misteriosa afirmación se encuentra entre los versos 61 y 63 del Canto, la suma de cuyos dígitos es siete y nueve. El infierno tiene 9 círculos, donde se alojan las almas de los condenados según sus pecados, el purgatorio siete cornisas y el paraíso, otra vez nueve círculos. La Divina Comedia es un poema donde se mezcla la vida real con la sobrenatural y muestra la lucha entre la nada y la inmortalidad; una lucha donde se superponen tres reinos, tres mundos, logrando una suma de múltiples visuales que nunca se contradicen o se anulan. Los tres mundos infierno, purgatorio y paraíso reflejan tres modos de ser de la humanidad, en ellos se reflejan el vicio, el pasaje del vicio y la virtud, la condición de los hombres perfectos. 

Es entonces a través de los viciosos, penitentes y buenos que se revela la vida en todas sus formas, sus miserias y hazañas, pero también se muestra la vida que no es, la muerte, que tiene su propia vida, todo como una mezcla planteada por Dante que se vuelve arquitecto de lo universal y de lo sublime. El sujeto de la comedia es el hombre de todas las razas, credos, edades; el hombre que está entre el cielo y la tierra, que en esencia es el estado de las almas después de la muerte y la forma en que se expresan en cuanto por sus méritos o desméritos, se hacen por tanto acreedores a los castigos o a las recompensas divinas. Dante se vale tanto de personajes bíblicos como de seres extraídos de la mitología pagana para la creación de sus personajes, mezclándolos en los pasajes indistintamente. El espacio que se presenta es uno solo subdividido en tres partes autónomas e independientes al interior, no así en su exterior, que es un contenedor único, accesible para todos pero perfectamente definido por sus límites; un solo espacio con diferentes ambientes claramente determinados. Difícilmente puede imaginarse la construcción espacial de los espacios visitados; las descripciones no pueden remitirnos a espacios reales o tangibles, debe permitirse a la imaginación ser guiada por el lenguaje poético para el que cualquier lugar puede ser posible. 
EL INFIERNO
  
Según sus comentarios viajó al infierno a la edad de 35 años, el día Viernes Santo del año 1300. El infierno que nos presenta tiene la forma de embudo o de cono invertido, el cual está dividido en círculos decrecientes. Los círculos son nueve y ruinosa y atroz es su topografía; los cinco primeros forman el Alto Infierno, los cuatro restantes el Infierno Inferior, que es una ciudad con mezquitas rojas cercada por murallas de hierro. Para Aliguieri el infierno va descendiendo desde la superficie boreal estrechándose gradualmente hasta el centro de la tierra; esta connotación que el autor hace sobre el espacio de Lucifer se desprende del centro de la tierra hacia dentro, tomando en cuenta que las penumbras representan el mal, el abajo que para ese entonces no se convertía en arriba, es tomado como lo no deseado; abajo del hombre lo único que existe es indeseable. Ahora bien, el manejo que el autor hace de este espacio es más descriptivo que en el purgatorio y el paraíso. Se basa en la planificación de la ciudad medieval y en el comportamiento de los seres humanos de esa época; el espacio imaginario del infierno va más ligado a la realidad, por ello utiliza algunas referencias medievales en la descripción de algunos círculos, que son espacios arquitectónicos característicos, como la puerta del infierno o la ciudad de Dite. Esto nos ayuda a entender que Dante había descubierto el infierno en el espacio que habitaba diariamente. Cada uno de los nueve círculos es un espacio totalmente diferente donde se albergan culpas o penas que son el alma vital de cada espacio haciéndolos únicos, hasta llegar al infierno y retomar la subida al purgatorio. La división es la siguiente: Primer círculo donde está el limbo. En el se encuentran las personas que no fueron bautizadas, destacándose entre ellos personajes de connotación histórica que según la religión católica mueren sin conocer la fe; este espacio está conformado por un castillo rodeado de 7 muros denominado la “mansión de los justos”. El segundo círculo está habitado por los lujuriosos y las personas que pecan por amor, utilizándolo para bien propio. Minos juzga a las almas y las sumerge en un gran torbellino que los agobia en la soledad absoluta. En el tercer círculo están metidos en el fango los glotones, los soberbios y los envidiosos; azotados en el suelo por una lluvia fuerte: La Tormenta: y desollados por un cerebro de tres cabezas “El Cancerbero”. Dante se encuentra con Ciacco y hablan de las discordias de Florencia. Cuarto círculo es el círculo de pródigos y avaros, chocando y mofándose unos con otros, están arrastrados por enormes pesos; aquí los clérigos, papas y cardenales están cubiertos por un manantial de aguas oscuras que generan un pantano. El quinto y el sexto círculo están conformados por la ciudad de Dite rodeado por una laguna que encierra gran fetidez; su entrada resaltada por una gran puerta, hace parte de la muralla de hierro; aquí se encuentran los orgullosos, los herejes, los libre pensadores y los materialistas. El séptimo círculo vigilado por el Minotauro. Está dividido por tres círculos llenos de piedras y rodeado por un gran río de sangre. A partir de este espacio cada círculo empieza a tener divisiones que albergan una pena en particular, por ejemplo los espíritus malditos que están divididos en tres: los violentos, los injuriosos y los usureros. El octavo círculo concentra a los fraudulentos. Comprende diez fosas. La primera de los rufianes y los seductores; la segunda de los aduladores y cortesanos; la tercera los simoníacos; cuarta fosa los adivinos, aquí Virgilio explica a Dante el origen de “Mantua”; quinta fosa los que trafican con la justicia; sexta fosa los hipócritas; la séptima los ladrones; octava fosa los consejeros hechos llamas. Aquí explican el trágico fin de Ulises; novena fosa los escandalosos, cismáticos y herejes; la décima fosa los charlatanes y falsarios. Noveno Círculo está destinado para los traidores. Comprende cuatro recintos. Antes de llegar a él, hay un pozo rodeado de gigantes. Anteo lleva a los poetas al fondo del noveno círculo. En el novelo círculo y último, están los gigantes, masas brutales e inertes que son sepultados en la tierra, confundidas con torres. Dentro de él hay un pozo de cuatro zonas distintas oprimidas por hielos gruesos, en él se encuentra el constructor de la Torre de Babel que impidió al mundo hablar la misma lengua. En el centro de la tierra, entre hielos que envuelven las tierras, está Lucifer con medio cuerpo fuera de la superficie glacial, masticando a Judas como juguete de plástico. El primer recinto, la Caína, para los traidores a sus parientes; el segundo recinto, la Antenora, traidores a su patria; tercer recinto, la Plotomea, los traidores a sus amigos y huéspedes; cuarto recinto, la Judesca, los traidores a sus bienhechores. Es interesante que dentro de la cultura occidental siempre hayamos tenido una concepción del infierno lleno de llamas, en cambio para Dante el hielo, la cueva y la oscuridad es la casa de Lucifer. 

EL PURGATORIO
 
Nueve son los círculos del infierno, nueve son las terrazas del purgatorio y nueve los astros que conforman el paraíso; la sumatoria de tres veces tres da nueve, lo cual ratifica la importancia del número tres en la religión católica, como la divina trinidad, las tres gracias, etc. En otras escuelas iniciáticas el 3 es la perfección: es la unidad entre la sabiduría, fuerza y belleza. Después de descender Dante y Virgilio por los nueve círculos del infierno y encontrarse en el hogar de Lucifer, ascienden por una montaña formada de nueve terrazas que se van restringiendo hasta la cumbre. En este espacio, Dante empieza ya a tomar referencias materiales de la tierra y se remonta más hacia el sentido de la naturaleza, es por ello que para él, la montaña es el inicio de una gran travesía hacia el cielo, donde se pueden purgar las penas. La montaña es una isla y tiene una puerta; en sus laderas se escalonan terrazas que significan los pecados mortales; el jardín del Edén florece en la cumbre, los espacios divididos en su interior son: Primera Plataforma: Dante sostenido por Virgilio llega a una plataforma donde están los negligentes. 
Puerta del Purgatorio: Visión de Dante durante su sueño; al despertar se encuentra en el tercer rellano de la montaña, donde está la puerta del Purgatorio, vigilada por un ángel. Primer círculo donde se purga el pecado de la soberbia y se castiga a los orgullosos. Segundo círculo donde se purga la envidia. Tercer círculo donde se purga la ira. Dante ve en éxtasis algunos ejemplos de mansedumbre. Los poetas se hallan rodeados de un humo espeso. Cuarto círculo donde se purga el pecado de la pereza. Dante ve en su imaginación ejemplos de ira castigada. Quinto círculo donde se purga el pecado de la avaricia. Visión de Dante castigando a los avaros. Sexto círculo donde se purga el pecado de la gula y se muestran algunos ejemplos de templanza. Stacio explica su permanencia entre los avarientos y los perezosos. 
(Séptimo circulo). Octavo círculo una voz salida de un árbol recuerda ejemplos de gula. Un ángel guía a los poetas, Dante y Virgilio al Noveno Círculo. 
EL PARAÍSO: 
En este espacio Dante se despide de Virgilio (La sabiduría y la Poesía) y se encuentra con Beatriz (La Teología) quien lo acompaña en su recorrido. Lugar caracterizado por esferas celestes movidas por coros angelicales que se producen de los cuatro elementos básicos: aire, fuego, agua y tierra. El paraíso está conformado por nueve cielos y la ciudad de dios; cada uno de ellos es una esfera que rodea la tierra. Los siete primeros eran los planetas conocidos, el octavo las constelaciones solares y estrellas fijas y el noveno estaba determinado por un cielo cristalino que permanece inmóvil, donde se encuentra el paraíso. Los primeros siete cielos o esferas los simbolizan las 7 virtudes teologales que son parte de la exploración del paraíso a través de consideraciones morales y espirituales. Primer cielo: El de la luna (fortaleza). Beatriz explica la causa de las manchas en la luna. Segundo cielo: El de Mercurio (justicia). Beatriz explica el modo de satisfacer los votos que han sido rotos. Tercer cielo: Esfera de Venus (templanza) donde están las almas de los enamorados. Se manifiesta aquí cómo puede nacer de un padre virtuoso un hijo vicioso. Cuarto cielo: El del sol (prudencia). Santo Tomás de Aquino expone el orden con el que dios creó el universo. Quinto cielo: El de Marte (fe), donde están las almas de los que han combatido por la fe. Sexto cielo: El de Júpiter (esperanza), donde se encuentran los que han administrado rectamente la justicia. Cacciaguida nombra a muchos de los espíritus que componen la cruz. Séptimo cielo: El de Saturno (caridad) donde formando una escala ascendente, están los que se dedicaron a la vida contemplativa. Sátira contra el lujo del clero en la época medieval. Octavo cielo: Descenso de Jesucristo y la Virgen María al octavo cielo. Coronación de la Virgen María por el Arcángel Gabriel. Este cielo está conformado por las constelaciones, maneja una escena netamente mística y doctrinal, donde se reúnen los esplendores del cielo y de la tierra. Y el último cielo: Llamado el primer móvil. Apóstrofe de San Pedro contra los malos eclesiásticos. Custodiado por nueve ángeles que giran en torno a un punto luminoso lejano se encuentra el paraíso dantesco que simboliza la ciudad de dios: la iglesia triunfante. La ciudad de dios: El Empíreo. Triunfo de los ángeles y de los bienaventurosos. Beatriz hace que Dante fije su atención en la ciudad de dios.

martes, 15 de enero de 2008

LAS PARCELAS DEL FUEGO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Se Dice que la primera forma asumida por Satanás en sus reencarnaciones terrestres fue en serpiente, pero en verdad en el Antiguo testamento, al emplearse a la serpiente para tentar a la pareja bíblica no se lee ni entre lee que se trata del diablo. Mas bien, la serpiente, en los misterios egipcios, indostanos y griegos juega un papel muy importante desde el punto de vista filosófico y esotérico de la “vida universal” como símbolo de sabiduría, de fuerza que pone en movimiento amor y deseo; y esa es precisamente la alegoría que encierra el llamado pecado original. 
En Apocalipsis XII a la serpiente del Génesis se le llama diablo y Satanás. En cambio en la religión egipcia el diablo está representado por “Seth”, dios caído y asesinado de su hermano Osiris. La serpiente ha sido por siglos un ente lleno de misterio y de magia. Su caminar hipnotiza, su ataque aterra y su veneno mata. También engaña y te hace un pecador prolífico como al padre Adán de la mitología hebrea, a quien se le señala como directo responsable de la paternidad de los 5000 millones de humanos en este planeta, cifra a la cual hay que restarle las bajas.
Es temida y adorada en los mitos de numerosos pueblos por su veneno, aunque también se la considera símbolo de vida, ya que todos los años muda de piel. Gran parte de las culturas de la antigüedad la consideraban una divinidad y, por lo tanto, le brindaban culto. 
Para los caldeos, el más poderoso de todos los diablos es “Marduk” que derroca a los dioses Tiamat y Aspú. Entre los cananeos se le llama “Moloch”. Los Indostanos le definen “Mara” el testador de Budha. El primitivo Luzbel, que significa Luz Hermosa, portador de luz que se transforma en el diablo del griego “Diaballein” que significa arrojado, expulsado: Satanás del hebreo “Hassatan”que quiere decir adversario, enemigo. Belcebú significa el “Rival de dios”. Asmodeo, del antiguo Haschmodai es el “Ángel del mal” y curiosamente demonio del griego “Daemon” significa sabio, hombre de bien. 
Lucifer en cambio quiere decir “Portador de Luz”, el que se apodero de la parcela del fuego de dios. Por eso el concepto de satánico se asocia con la idea del mal. En el nombre latino de Lucifer (lux, luz y ferre, llevar) se oculta la expresión judeocristiana de la rebelión universal contra el principio de unidad. En todas las religiones la presencia, existencia o creencia del diablo es la negación y solo desde el Nuevo Testamento adquiere personalidad y nombre. En cuanto a la religión cristiana y muy particularmente la católica, durante los trece primeros siglos después de Cristo no se hace obligación la creencia en el infierno. Es en el Concilio de Letrán en 1215 cuando se crea el dogma como artículo de fe, creencia y existencia del infierno con su máximo personero y representante el diablo y castiga con la excomunión, torturas y hasta la muerte a quienes duden o nieguen su existencia. 
La misma Iglesia católica al traducir en el año 364 en el Concilio de Laodicea el oficial Nuevo Testamento, agregó en los evangelios de san Mateo, san Marcos y san Juan, los versículos en los que se hace hablar a Jesús de un modo más o menos claro, algo que no lo dijo explícita ni implícitamente relacionado con el infierno en la forma que ha enseñado la Iglesia de Pedro. 
Ghenna o infierno son dos palabras que hay que analizar para encontrar los orígenes y la causa de tal creencia. La primera palabra es hebrea y cuyo sonido se asemeja a la voz Hinmo o Jinmon nombre de un valle situado en las proximidades de Jerusalén en el fondo del cual corre Sión. En él, decían, celebraban los adoradores de Moloch (nombre de uno de los dioses de una nación enemiga) ritos. La culpa de la materialización del diablo y hasta la humanización se debe a Dante Aligheri, un iniciado, a tal punto que lo ingenuos aceptan como verdad incontrovertibles las literaturas descriptivas de los horrorosos círculos infernales descritos por él y adquiere realidad y fuerza dogmática el diablo cuando fuere impuesto por la iglesia.
SATAN Y SU CORTE
 
En el libro Posesiones y exorcismos en España, cuyo autor es el profesor D’ Arbo, nos explica en cambio el reino del mal, donde según él, existe un jefe supremo y rey indiscutible de todos los diablos, conocido como Satán. Junto a Satán se encuentra una serie de ayudantes y siervos que son los que forman su maléfica corte real, corte que según la tradición ocultista se desglosa en los siguientes personajes: Rey: Satán Príncipes: 72 Legiones de diablos menores: 1111 Cada una de las legiones a su vez consta de 6666 diablos También hay diversos géneros como son los Igneos que se encuentran en la región suprema del aire y nunca tienen ningún tipo de contacto terrestre. El segundo grupo está los Aéreos que se encuentran pululando en nuestra atmósfera. Son los que provocan tempestades, tormentas y en algunas ocasiones se manifiestan en la tierra, aunque en forma vaga e indefinida. El tercero lo forman los diablos terrestres, que son los que habitan entre nosotros, se arrastran en la tierra, pervirtiendo y destruyendo todo. En el cuarto grupo entran en juego los diablos acuáticos, aquellos que se encuentran en los mares, lagos, ríos, promueven tempestades acuáticas como maremotos, inundaciones y naufragios. Explica que, cuando este tipo de diablos se exteriorizan lo hacen con sexo femenino como las ninfas, las nereidas y las laidas. 
El quinto grupo está formado por los diablos subterráneos. Estos habitan en cavidades de la tierra y provocan las erupciones volcánicas, movimientos sísmicos, terremotos y las grietas terrestres y abismales. El sexto grupo está formado por los diablos lucífugos que reinan en la oscuridad y profundidad de los misterios de la noche. En el arte de los números señala a la cábala y la cifra 11 es la expresión secreta de la cifra divina: 66. También es la mitad de 22 que corresponde a las 22 letras mágicas del alfabeto hebreo.

miércoles, 9 de enero de 2008

EL TIEMPO: MEDIDA Y DIVISION


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
El calendario es un sistema de cálculo y registro del tiempo: días, meses y estaciones del año. La rotación de la tierra en su eje con referencia al sol, corresponde a un día. La revolución de la luna en torno a la tierra, a un mes; y la revolución de la tierra en torno del sol, a un año. Las diferentes culturas han desarrollado su propio calendario a través de la historia. El calendario mahometano es uno de los más primitivos. Estrictamente es un calendario lunar. El año consiste en doce meses lunares, que retrogradan a través de las estaciones en unos 32,5 años. El calendario egipcio dividía el año en 12 meses de 30 días cada uno, con 5 días suplementarios que seguían cada 12 meses. Como se ignoraba la pérdida anual de un cuarto de día, retrogradaba a través de las estaciones en 1460 años, de ahí que 1461 años egipcios sean iguales a 1360 años julianos. Al año egipcio se lo llamó vago porque comenzó en diferentes épocas, en diferentes estaciones del año. El calendario hindú es uno de los primeros calendarios lunisolares, en el que el año se divide en 12 meses, con un mes intercalado que lleva el mismo nombre, insertado después de cada mes en que hay dos lunaciones, lo cual ocurre cada tres años aproximadamente. El año comienza hacia el 11 de abril. En el calendario chino el año empieza con la primera luna nueva después que el sol entra en acuario. Consiste en 1 meses, con un mes que se intercala cada 30 meses. Cada mes se divide en tercios. Data del año 2697 a.de C. Por lo que el equivalente gregoriano del año chino 4702 es 2005 de nuestra era. El calendario judío es también un calendario lunisolar que rige desde el año 3761 antes de Cristo, el año tradicional de la creación. El año eclesiástico empieza con la primera luna nueva después del equinoccio de primavera, pero el año civil comienza con la luna nueva que sigue al equinoccio otoñal. Los años son defectuosos, de cada 353 días; regulares de 354 días; o perfectos de 355 días, con un mes intercalado en los años 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 del ciclo Metónico de 19 años. Cada mes comienza con la luna nueva, permitiendo alguna elasticidad para introducir ciertas festividades en días apropiados del año. El calendario romano se presume que originalmente consistió en 10 meses, con un total de 304 días, empezando en marzo y terminando en diciembre. Numa añadió enero y febrero, llevándolo a 355 días, y dispuso un mes intercalar cada segundo año. Los romanos contaban hacia atrás de los tres puntos fijos del mes: las calendas, el 1º, los idus, el 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y el 13 de los otros meses; y las noches eran las nonas de marzo, mientras que el 30 de marzo era el tercer día antes de las calendas de abril. El abuso de poder por parte de los pontífices y las múltiples guerras de conquista antes de la era cristiana quebrantó de tal modo el calendario romano que después de la conquista de Egipto, Julio César llevó a Roma a un astrólogo griego llamado Sosigines, quien con la ayuda de Marco Fabio llevó a cabo la primera gran reforma del calendario: El calendario juliano, al que dio su nombre y que entró en vigencia en el mundo occidental en el año 45 a. de Cristo y continuó usándose hasta el 1582. 
Estas reformas consistieron en lo siguiente: El equinoccio fue devuelto a marzo, mediante la inserción de dos meses entre noviembre y diciembre del año 46 a. de Cristo, creando lo que después se conoció como el último año de confusión. Se abolió el año lunar y el mes de intercalar. La duración del año solar se fijó en 365,25 días. 
Como compensación por la acumulación de estas fracciones en un día cada cuatro años, el día extra se insertó a fin de febrero, a la sazón del último mes del año, convirtiéndole el “año bisiesto” de 366 días. 
El quinto mes, Quintilis, en su honor se denominó Julio. Distribuyó en forma pareja los días entre los meses, 30 días para los meses pares y 31 días para los impares, salvo febrero que tenía 30 días en el año bisiesto. Ordenó que entrase en vigencia el 1º de enero del año 45 a. de Cristo. Sin embargo, a pesar de que el calendario juliano entró en vigencia el 1º de enero, el año civil siguió comenzando el 25 de marzo. Augusto desarregló levemente el sistema, y cambió el nombre de Sextilis por Augusto, pero rehusando ser honrado con un mes más corto, como julio, ordenó que se le aumentase a 31 días, reduciendo a febrero a 28 días, salvo años bisiestos.
De ahí que a él le debamos la disposición irregular de los meses de 30 y 31 días. Sin embargo, prestó un servicio importante, al suspender los años bisiestos por unos 11 años para corregir un error de 3 días que se había acumulado progresivamente debido a que los pontífices habían estado intercalando un día cada 3 años en vez de cada 4 durante 36 años, sin que el error de 1 a 3 días en la cronología del período se hubiese corregido nunca.
Posteriormente Roger Bacon escribió una tesis sobre la reforma del calendario y remitió al Papa; y en 1474 el Papa Sixto IV citó a Regiomontanus a Roma para que dirigiera una reconstrucción del calendario, pero falleció antes de terminar su tarea. El Papa Gregorio XII reunió a un grupo de ilustrados para discutir y construir un calendario exacto. Fue así como después de cinco años de estudio se puso en vigencia el calendario gregoriano, que instituyó las siguientes reformas: Se excluyeron 10 días disponiéndose que el 5 de octubre se contase como 15 de octubre; Se corrigió la duración del año solar, estableciéndola en 365, 5 horas, 49 minutos, 12 segundos; se hizo empezar el año el 1 de enero.; los años seculares se convirtieron en bisiestos, sólo si resultaban divisibles por 400, de ese modo se ganaba la fracción de un día cada 100 años que en 15 siglos había ascendido a 10 días. El nuevo calendario fue adoptado de inmediato en todos los países católicos romanos, pero el resto del mundo demoró su aceptación.  

Historia de los meses  

Los nombres de los meses son de gran antigüedad, y aunque en más de un sentido perdieron su significación original, continúan sobreviviendo como parte de nuestro lenguaje común. 
Originalmente tendían a representar los doce arcos de la revolución anual de la tierra en su órbita alrededor del sol, y así eran comparables a los arcos que ahora conocemos como signos astrológicos o astronómicos del zodíaco. La significación original de los meses es la siguiente: Enero: Mes de 31 días, el primero en los calendarios juliano y gregoriano. Se le llamó así por Jano, antigüedad deidad romana que regía puertas y entradas, y por ende todos los comienzos. Se le representa con dos caras, vueltas en direcciones opuestas, para señalar que todo fin es también un comienzo. Se identifica a Jano como Júpiter, e indican que miran en ambas direcciones para proteger mejor la casa que se custodia. Febrero: Mes de 28 días, salvo cuando se le suma otro intercalar en años bisiestos; el segundo mes de los calendarios juliano y gregoriano. No se incluía en el calendario romuliano, y se dice que Numa lo introdujo en el calendario romano en el 713 a. de C.. El nombre se deriva de februare, purificar, de lo que nació Febra, el festival de expiación, celebrando el fin del mes, durante el cual las mujeres eran “purificadas” por los sacerdotes. Marzo: Mes de 31 días, el tercero de los calendarios juliano y gregoriano y primero del romano. Se lo llama el honor de Marte, Dios de la Guerra, el célebre padre de Rómulo, a quien tradicionalmente se atribuyó la recopilación del primer calendario. Sin embargo Ovidio dice que el mes existía antes de la época de Rómulo. Abril: De 30 días, cuarto mes del calendario juliano y gregoriano, segundo del romano. Por lo común se relaciona etimológicamente con aperire (latín: abrir), como la estación en que las flores abren sus pétalos. Sin embargo, los meses romanos tenían nombres según las divinidades y como abril estaba consagrada a Venus y el Festum Veneris et Fortunae Virilis era celebrado el día 1, es posible que originalmente el mes fuese Aphrilis, por Afrodita, nombre griego de Venus. Mayo: Mes de 31 días, el quinto del juliano y gregoriano el tercero del romano. Se dice que se lo llama en honor a la diosa Maya, hija de Atlas y madre de Mercurio y Júpiter. Sin embargo para otros historiadores se lo denominó presumiblemente así en honor de los senadores. El mes era considerado desafortunado para los matrimonios debido a la celebración de los Lémures, la fiesta de los muertos infelices, que tenía lugar los días 9, 11 y 13. Esto se refleja en el proyecto de origen no identificado: “Cásate en mayo y te arrepentirás”. Junio: Mes de 30 días, el sexto de los calendarios juliano y gregoriano, el cuarto en el calendario romano. Oviedo hace que el mes fuera denominado así en honor a Juno, pero en otra parte el autor se contradice este origen. Probablemente junio debe su nombre a la asamblea junior (diputados) del gobierno, y mayo a la asamblea senior (senadores). Antes de la reforma juliana del calendario tenía 29 días. Julio: Mes de 31 días, el séptimo del calendario juliano y gregoriano y quinto del romano. Originalmente se llamó Quintillius. Marco Antonio le cambió el nombre en honor a Julio César, que nació en ese mes. Agosto: Mes de 31 días, el octavo en los calendarios juliano y gregoriano, el sexto del calendario romano. Originalmente conocido como Sextilis, por orden de César Augusto cambió el nombre, quien al rechazar que le honrase con un mes de menor tamaño que el consagrado a Julio César, denominado julio, ordenó que fuese aumentado a 31 días, tomando el día extra de febrero. En la Galia y parte remotas del imperio se le conocía como Aust, lo cual significa cosecha. Septiembre: Mes de 30 días, el noveno en los calendarios juliano y gregoriano y séptimo del romano. Los Ludi Magni, en honor a Júpiter, Juno y Minerva, los romanos los celebraban el 4 de septiembre. En el calendario de Carlomagno se le llamaba “mes de la cosecha”, correspondiendo en parte al Fructidor y en parte al Vendimiario de la Primera República Francesa. Octubre: Mes de 31 días, el décimo en el juliano y en el gregoriano y octavo en el calendario romano. La Equiria cuando el Equuus October era sacrificado a Marte en el Campo Marcio, se celebraba el 15 de octubre. Se efectuaron sucesivos intentos para denominarlo Germánio, Antoninus, Tacitus, Hércules, pero todos fallaron, al igual que el Senado Romano que se propuso bautizarlo como Faustinus, en honor a Faustina, esposa de Antoninus. Noviembre: Mes de 30 días, el undécimo en los calendarios juliano y gregoriano, el noveno del calendario romano. El invierno romano empezaba el 11 de noviembre y se celebraba el 13 con un banquete sagrado en honor a Júpiter, el Epulum Jovis. El propósito del Senado fue denominarlo Tiberius fue vetado por el Emperador, preguntando que propondrían con la llegada del César decimotercero. El Día de Todos los Santos es el 1, el de Todos los Muertos el 2. Diciembre: (Latín: Decem, diez). Mes de 31 días, duodécimo en los calendarios juliano y gregoriano, décimo del calendario romano. Las Saturnales o fiestas de Saturno se celebraba en este mes. Durante el reinado de Cómodo se denominó temporalmente Amazonius, en honor de su amante cuyo retrato habíase pintado como amazonas. Mes sagrado, por el hecho de que Navidad caía en ese mes.
 

jueves, 3 de enero de 2008

EL SILENCIO MASONICO

VICTORMANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.
Saber callar no es menos que saber hablar, y esté último arte no puede apreciarse a la perfección sin antes habernos adiestrado en el primero, rectificando por medio de la escuadra de la reflexión todas nuestras expresiones verbales instintivas. 
 

Tiene el silencio, cuando el pensamiento se refleja sobre sí mismo, un cierto sentido religioso. El que calla oye las voces que armónicamente habla en su interior. Apaciguados los sentidos y extinguida momentáneamente la comunicación con el interior, se logra una relación con el misterio de lo infinito, predisponiéndose a recibir las manifestaciones que emanan de las obras artísticas y filosóficas. No hay duda de que las grandes producciones e investigaciones se han logrado estando sus autores encerrados en el silencio. De este estado anímico surgieron manifestaciones estelares del espíritu humano del silencio interior, del aislamiento, de la abstracción completa. El ruido externo no cuenta para el hombre que está encerrado en su mundo interior. Puedo mencionar el caso de Beethoven que produjo una de las más bella y geniales sinfonías de la música siendo sordo; como también a Cervantes que escribió las inmortales páginas de su Quijote en el aislamiento forzado de un calabozo. En la antigüedad, el beneficio que produce el silencio fue comprendido por Pitágoras, quien expresó: “El silencio es obra más fecunda que los juegos malabares de tantas energías gastadas en discursos, que son un mar de palabras y un desierto de ideas". Es así que a los jóvenes que ingresaban a su escuela se les imponía cumplir un noviciado que duraba por lo menos tres años. Los noviciados estaban sometidos a la regla absoluta del silencio durante sus lecciones. No tenían derecho hacer objeciones a sus Maestros ni discutir sus enseñanzas. Debía recibirlas con respeto y luego meditarlas largamente y a solas. Para imprimir esta regla en el espíritu del nuevo oyente, se le mostraba una estatua de mujer envuelta en un largo velo y con un dedo sobre los labios, la Musa del Silencio. Pitágoras no creía que la juventud fuese capaz de comprender el origen y el fin de las cosas. Pensaba que ejercitarla en la dialéctica y razonamiento antes de haberle dado el sentido de la verdad, sólo podría producir cabezas huecas y sofistas presuntuosos. 


Pero hay silencios de silencios. El silencio que no es impuesto a la fuerza y que nace del temor, el que valiéndose de represiones de cualquier índole amordaza nuestras palabras y no deja expresar libremente nuestros pensamientos, arrebata al hombre una de sus más preciadas, conquistas, la de expresar libremente sus ideas.

Sin embargo, los estados de concentración y de freno impuestos por la racionalidad a exaltaciones afectivas, hacen del silencio una palabra interior, una conversación consigo mismo, que convierte al hombre de ciervo de sus pasiones en dueño de si mismo. 

Saber argumentar y saber conversar son cosas necesarias en nuestras relaciones humanas, pero esto poco sirve en circunstancias donde lo útil es precisamente callar. Para los masones el silencio encierra una gran virtud, es una concentración en nosotros mismos para adentrarnos con toda la fuerza de nuestro espíritu en la práctica de nuestra doctrina. El silencio interior es necesario para absorber las enseñanzas masónicas. Lo que nos ayuda a desarrollar con mayor claridad las ideas y conceptos que se expone en las tenidas. En estas circunstancias las intervenciones deben llevar el sello de fraternidad y prudencia, evitando provocar amarguras y desilusiones que merman nuestro concepto de la verdadera virtud y que representan los ideales de la Fraternidad. El silencio y la compostura que debe imperar siempre en todos los actos y reuniones masónicas debemos observar los masones en todo momento, ya sea en el mundo profano y dentro de nuestros templos donde debe existir una verdadera seriedad y orden que nos ayude a perfeccionar cada día nuestra piedra bruta. La Masonería nos enseña a darle el valor justo y preciso al silencio. Los deberes masónicos figuran como una de las principales recomendaciones. Y una vez más nos enseña el camino para mejorar nuestra condición humana, pulirla y elevarla por encima de nuestros defectos y pasiones, para así convertirnos en personas más útiles a la sociedad, desarrollando al mismo tiempo los factores positivos de nuestra personalidad.  

El silencio bien practicado se eleva al rango de virtud, gracias a la cual se corrigen muchos defectos, por lo mismo que se aprende a ser prudente e indulgente con las faltas que se observan. Por eso la Masonería simboliza con la llama, la cual debemos extender en silencio, una capa sobre los defectos de nuestros semejantes. Debemos hablar sólo cuando por medio de nuestras palabras hacemos labor constructiva, contribuyendo a enmendar errores o a esclarecer conceptos. Sólo entonces cumple la palabra su cabal y perfecta misión vertiendo el consuelo y la luz en las almas. Es más, el silencio guardado en algunos casos puede encubrir malas acciones o pensamientos torcidos y, en ese caso, que debemos desterrarlo valientemente para encender la luz de la verdad con nuestras palabras.

miércoles, 2 de enero de 2008

DISCIPLINANDO AL TIEMPO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El primero de enero es el inicio del año para muchos pueblos, religiones, culturas y etnias. Es una fecha de grandes celebraciones y de nuevas esperanzas. Según nuestro calendario, el juliano, y tomando como referencia al año 2008, señala el calendario de los coptos que estamos en el año 1723.
Según los musulmanes es el año 1427 (en recuerdo de la huida de Mahona de la Meca a Medina). Según los judíos estamos en el año 5767. A ello cabe añadir el anecdótico hecho de que, a razón de la revolución Francesa, se inició un nuevo calendario que empezaba el 22 de septiembre de 1792 (año I) pero que sólo duró tres años, siendo absorbido por el gregoriano, cuya reforma entró en el vigor desde 1582, que corrige el calendario juliano, y para establecer el equilibrio elimina 10 diez del mes de octubre: ¡del 5 al 14!, pero esta reforma no entró inmediatamente en vigor en todas partes. 
Consultando el calendario perpetuo, cuyo único ejemplar en el Ecuador reposa en una biblioteca privada de Quito de un amigo historiador, aquí está la reforma que se promulgó en 1582 y se abolieron, como dije antes, diez días, del 5 al 14 de octubre y elimina los diez días, del 10 al 19 de diciembre. 
En Alemania se produce un cismo y las regiones católicas adoptan la reforma en 1584, al igual que en Bohemia, pero en las regiones protestantes la reforma se adopta en 1775, casi doscientos años más tarde, para no hablar de Bulgaria, éste es un dato que conviene retener que sólo la adopta en 1917.
En Inglaterra la reforma gregoriana se aplica en 1752, natural, por odio a los papistas, los anglicanos también resisten dos siglos. 
En los pueblos de América Latina se adopta el calendario juliano en la conquista de los españoles e impuesta a la fuerza. 
 
Los mayas, aztecas e incas que utilizaban diferentes medidas de tiempo y que estaban hechas de acuerdo a sus culturas y necesidades, fueron borradas del mapa de la ciencia pese a tener grandes astrólogos y astrónomos.
El calendario maya no solo ha marcado el tiempo sino que ha señalado con gran exactitud los eclipses solares y lunares y tiene una descoordinación de apenas 2 segundos en 2 mil años de su existencia. 
De ahí se derivaría que, en términos poéticos o de andar por casa nada existe tan relativo como el tiempo. Incapaces de fijar su principio, lo somos igualmente de fijar ciclos –su duración- y no digamos su fin. 
En el principio no fue el reloj, fue el Verbo
La duración del tiempo depende de si gozamos o sufrimos, de si las cosas se mueven o se están quietas, de sí, al tenor de la edad, nos proyectamos hacia el futuro o volvemos la mirada hacia atrás. 
En cuanto al final de los tiempos no sabemos con exactitud en que consiste, si debe entenderse por ello que lo que llamamos tiempo dejará de existir o si sobrevendrá un tipo de tiempo radicalmente distinto del que hasta ahora nos ha sido dado a conocer. 
¿Cuánto tiempo desperdiciamos?
 
Existe el tiempo sidérico: el que se mide por el movimiento aparente de las estrellas y más especialmente del primer punto de Aries. Existe el tiempo pascual. El Diccionario de la real Academia española de la Lengua nos dice que podemos darnos buen tiempo, dar tiempo al tiempo, entrenarlo, engañarlo, perderlo, alzarlo y hasta acomodarnos a él.
A mí me impresiona sobre manera el “tiempo muerto” de las salas de espera en las oficinas públicas, en los consultorios médicos y el de los sueños, donde está el secreto de nuestra supervivencia. Un hombre de 50 años ha dormido cerca de 20 años. ¿Cabe alguna explicación: Cuánto tiempo desperdiciamos frente a un televisor, frente a la pantalla del computador ?…
Los optimistas suelen decir: “Cada día es el mejor del año” y “un cuarto de hora vale más que mil onzas de oro”. Los pesimistas replican que “no hay gasto más costoso que de el tiempo” y que “el año tiene 365 angustias”.
Entre unos y otros están los eclécticos para los cuales todo depende del concepto que se tenga de la eternidad, supuesto que la eternidad puede ser concepto. Los músicos conocen como nadie la disciplina del tiempo, y en esta línea me quedaría con Mozart. 
Hay pintores de quienes diría que pintan contra sí mismos y contrarreloj: estoy pensando en Van Gogh, Dalí o Picasso. Los arquitectos actuales, sin tiempo para concebir una catedral, y que no aspiran a que sus diseños perduren, y hasta los futurólogos en su gran mayoría se detienen cada año aterradamente perplejos al pensar en los avances del siglo XXI. 
Si es cierto que provenimos del agua, ya que somos seres acuáticos y hoy estamos en la era de acuario, era de transparencia, cristalina y de paz, después de dejar la terrorífica era de piscis, era de cambio a base dificultades: La inquisición, el Medioevo, las dos guerras mundiales.
Realmente han debido de pasar millones de años hasta nuestra condición. Ahora se presiente que dentro de poco tiempo nos brotarán alas y que por un resquicio todavía ignoto vislumbraremos el universo. 

 
“No tengo tiempo” frase aceptable en boca de Miguel Ángel pero no en Leonardo Da Vinci que el se tomaba mucho tiempo para realizar sus obras maestras. Terrible en boca de los ejecutivos, políticos, banqueros, hombres de negocio, ya que la ambición hace que el tiempo les trague y que cuando se den cuenta ya no tendrán tiempo para disfrutarla. Pero para esta prisa en el idioma francés de un diptongo nació en forma casual, la palabra “tranquilo”. 
Por tanto debemos tiempo al tiempo y todos saldremos ganando. Bien que hagamos, pero recordemos que existen sillones aptos para meditar sobre el tiempo. De no hacerlo así, perderemos el tiempo y sobrevendrá la angustia y nos colocarán un marcapasos- ¿Visión apocalíptica? Medida sensata –y si no al tiempo, pensaba una noche de luna intemporal.

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