lunes, 27 de octubre de 2008

ENTRE EL ODIO Y EL AMOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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Por qué se ha escrito más sobre el amor que sobre el odio? Probablemente, porque es más fácil. Son incontables los poemas que existen dedicados a la belleza del mar en calma, y sin embargo el mar puede ponerse bravo, los maremotos son definidos como agitación violenta de las aguas contra quien no cabe defensa alguna, los naufragios están ahí. Muchos se atreven a escribir sobre el amor, pocos sobre el odio. Sin duda se movilizan mecanismos de rechazo. Se sabe u siente que el amor oxigena y eleva el espíritu y se sabe y siente que el odio lo degenera. De añadidura, el amor es locuaz. Por un diario íntimo cualquiera dictado por el odio antes de los 20 años hallaríamos millares dictados por el amor. Y no obstante, en el fondo se trata de un espejismo. 

Es ingente, oscura y siniestra la cantidad de odio capaz de acumularse durante la niñez; odio al padre, odio a la madre, al profesor, al ambiente en que se ha nacido, celos irreprimibles, enfermiza introspección. Prescindamos de Freud quien como es lógico examinó el fenómeno y apelemos a la novela Los hermanos corsos de Dumas, en el que el autor propone describir el odio-límite, lo que hace germinar precisamente entre dos hermanos gemelos. Pero en la adolescencia suele cantarse -significativo término- el amor. A la mariposas y a la primavera. 


En las tribus primitivas con frecuencia al compás de una melodía a la caza y al fuego. Canta a la caza porque me da de comer. Canto al fuego porque calienta mi piel y mi yo. Por descontado los estudiosos han llegado a la conclusión de que el mundo emocional es ambivalente, que por esta causa no es raro que el odio provenga del amor, que éste, a veces tras un proceso largo, a veces en cuestión de un instante, se transforme en odio. Los matrimonios rotos saben eso como nadie. Pero también las personas obligadas a convivir con cárceles, conventos, lugares de trabajo, etc. 

El odio llega a ser sinónimo de infierno. El consejo “no analices...” vendría aquí como anillo al dedo. A medida que descubrimos los entresijos del otro, de los demás, sobreviene el desencanto y de ahí al odio no hay más que un paso. Nos sentimos estafados y por ello odiamos. Y aún sin descartar la posibilidad de que en ocasiones la culpa sea nuestra -de que la conciencia nos advierta que el otro es inocente-, normalmente el motivo para el desencanto existe, es válido, contabilizable y entonces el odio que experimentamos nos procura migajas de indefinible placer. Se ha dicho que, después del genio, nada existe tan perspicaz como el odio. 

En efecto, el odio utiliza, no cinco sentidos, sino cinco mil. Presiente, adivina, localiza e invade al sujeto odiado como un cáncer proliferante, o mejor aún, como una serpiente que enrosca (no olvidemos que muchos crímenes pasionales se producen por estrangulamiento). 

Como fuere, es obvio que el odio es tan antiguo como el hombre. No obstante todos tenemos la impresión de que en nuestra época el odio crece, que nos acosa cada vez más. Basta abrir un periódico y leer que lo nuestros políticos nos mienten, engañan y martirizan con sus acciones y declaraciones, para que los ciudadanos comiencen a odiarlos, en muchos casos a estrangularles con el lazo del desprecio y los rechacen con una absoluta indiferencia por el aprovechamiento hacia los demás.

lunes, 6 de octubre de 2008

CONSTRUCCION DE NUESTRO TEMPLO INTERNO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M:.M:.

Tantas veces se ha definido a la masonería diciendo que “es la ciencia de la moral velada en alegorías y esclarecida por medio de símbolos”. Allí se expresa el principio exacto: la masonería es una ciencia, una filosofía, un sistema de doctrinas, que se enseña de un modo peculiar por alegorías y símbolos. 
Por eso para investigar el origen de la filosofía masónica, varios historiadores e investigadores se han remontado hasta la más remota antigüedad, en donde se encontraran sus principios en el seno de asociaciones similares, en las que se mantenían y se enseñaba la misma filosofía. Pero si se confunden las ceremonias masónicas con su filosofía y se buscan sus orígenes de la asociación en formas externas semejantes a las actuales, bastará con retroceder tan solo hasta los principios del siglo XVIII, pues en esa época se introdujeron grandes modificaciones al ritual. Y habiendo llegado a la conclusión de que no debemos investigar el origen del ritual, sino la filosofía masónica, nos resta ver cual es la natural característica de esta filosofía. 
Nuestra filosofía considera al Gran Arquitecto del Universo como un solo eterno y existente y al hombre como ser inmortal que se prepara en esta vida para otra eterna y futura, en idéntica contraposición con la filosofía de la antigüedad que circunscribía la existencia humana a la vida presente. 
Y teniendo en cuenta que el origen de la masonería especulativa data de la construcción del Templo de salomón, que es la espiritualización y la ubicación simbólica más destacada e importante de la masonería por el trazado de arquitectura que constituye la aplicación de nuestros símbolos, de los cuales en este pequeño trazado extraído algunos elementos como: la piedra bruta o basta, que es la representación del humano en su estado natural, ignorante, es decir el ser sin instrucción y que no ha sido pulido, que aún permanece áspero y tosco, en espera que se lo labre y pula. Y cuando la instrucción ha ejercido sus influencias exponiendo el intelecto del humano, frenando sus pasiones hasta entonces indómita y purificando sus vidas se le representa por medio de la piedra cúbica o terminada, que los diestros obreros han pulido y tallado para que ocupe un sitio adecuado en el edificio. 
La piedra cúbica, hecha para ocupar un lugar determinado en el templo, no solo simboliza la perfección humana, sino que cuando nos referimos representa la perfección total. En realidad es un símbolo del carácter social de nuestra Institución. 
La tradición dice que existían tres clases de trabajadores en la construcción del templo, y en la masonería especulativa constituye parte fundamental de su vivencia y son los aprendices, compañeros y maestros. 
De los útiles de trabajo empleados por nuestros antiguos masones eran pocas y sencillas. De ella tomaré tres imprescindibles que son: la regla de 24 pulgadas; el mazo o martillo de picapedrero; y el cincel. 
Con la regla: el operario media las dimensiones de la piedra que iba a preparar para construir el edificio. Para nosotros nos representa las 24 horas del día, que la dividimos en tres espacios de tiempo de 8 horas: (ocho para el trabajo; ocho para descanso; y 8 en hacer el bien). Significa el buen reparto del tiempo para tener una vida equilibrada, serena y armónica. 
El mazo: Representa en nosotros la voluntad con que ejecutamos. Es la fuerza de la conciencia para controlar nuestras pasiones, de manera que nuestras palabras y acciones se leven sin mancha. Es la fuerza de voluntad como procedimiento persuasivo que penetra en nuestro subconsciente hasta llegar a las capaz más profundas de la conciencia, en donde se anida las tendencias inadecuadas como son los vicios, defectos, pensamientos negativos, y mediante la voluntad debemos cambiar nuestro ser interno, no mediante órdenes dadas a nuestro ser externo, sino mediante el razonamiento, procurando el gran cambio hasta convertirnos en el nuevo hombre mediante el uso de la voluntad y no de la fuerza. 
El cincel: es la que mediante el golpe del mazo atiza la piedra para dejarla en condiciones de ser colocada correctamente en el edificio. Este instrumento Representa en nosotros el pensamiento determinado, la resolución tomada. Simbólicamente muestra la virtud de la inteligencia y de la educación que recibimos. Perfila nuestra personalidad a base del buen uso de la inteligencia. Mediante el mensaje emerge de este símbolo el masón debe entrenar la inteligencia para crear nuevos avalores intelectuales y al mismo tiempo sensibilizar más nuestro ser interno. De tal manera que esa voluntad tenga nuevos modelos, nuevas pautas, a fin de que el cambio venga de dentro hacia afuera, en manifestaciones que den a entender que el humano ha ido cambiando poco a poco y mejorando ese ser interno. 
Así como se supone que cada masón simboliza un templo espiritual y la logia de los hermanos representa el universo. Nos referimos a este simbolismo. El Templo de Salomón es el arquetipo de una logia, en la cual todos los símbolos de la ciencia especulativa aluden al arte operativo. En la logia es importante darse cuenta la forma que tiene, es la de un paralelogramo, teniendo su mayor longitud de Este a Oeste y su anchura de Norte a Sur. Cualquiera otra forma es incorrecta y antimasónica, porque no expresa la idea simbólica de que se trata de representar. 
Ahora bien, el mundo es un globo, o mejor dicho un esferoide aplastado en sus polos, y por tanto, al hacer el paralelogramo su símbolo, parece presentar, a primera vista, dificultades insuperables; pero el sistema de simbolismo masónico ha sufrido la prueba de una experiencia demasiada larga para que puede fallar; y por tanto, este simbolismo demuestra la antigüedad de la orden. 
En la era de la construcción del Templo de Jerusalén se suponía que la tierra tenía esa forma que nosotros simbolizamos, la forma comprende todo la parte del globo que en ese entonces se suponía habitado y se denominada “la forma de la logia”; por tanto, la logia masónica es para todos los hermanos y hermanas un símbolo del mundo, al que a veces, se le da mayor extensión, pues el mundo y el universo son sinónimos cuando se hace de la logia el símbolo de la representación del universo. Pero en este caso a su definición más extensa se añade a las ideas de longitud y anchura, las de altura y profundidad, diciendo entonces que la logia tiene la forma de un doble cubo, en el cual se comprende los límites simbólicos siempre presente la memoria que la logia es el símbolo del mundo por su forma y extensión. 
De este breve análisis de la simbología masónica, podemos sacar las siguientes conclusiones:
a) Que nuestros hermanos de la antigüedad, se dedicaron mientras predominaba en la Institución el arte operativo a construir templos materiales, de los cuales el más célebre es del rey salomón.
b) Que los masones dejaron de trabajar en la construcción de templos físicos cuando la ciencia especulativa sustituyó el arte operativo y empezaron a laborar en templos vivientes.
c) El trabajo de todo masón que comprende debidamente su arte estriba en construir un templo viviente. Y el trabajo es una palabra importante en la masonería, porque únicamente trabajando es como el humano se convierte en masón. En la obra que realizan las logias en nuestras tenidas de trabajo, no edificamos templos visibles. Nuestro trabajo sea hace visible en obras imperecederas a favor de una sociedad libre, justa, solidaria y equitativa. Sino logramos hacerlo desde la posición en la que nos encontremos no hemos comprendido nuestra filosofía y hemos perdido el tiempo buscando el secreto. Pero si ponemos un granito de arena para construir un mundo más digno, quiere decir que la masonería supervivirá al paso del tiempo, y a cada uno de nosotros cuando dejemos de existir se diga que nuestra obra estaba bien hecha. 
Bibliografía: 
Manuel del aprendiz; Aldo Lavagnini, 1992, Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina. El Libro negro de la masonería; Serge Reymound de la Ferriere, 1970, Editorial Diana, México. Manuel ortodoxo del aprendiz masón, Luis Umbert Santos, 1988, Editorial Max, México. Historia de la masonería, Luis Umbert Santos, 1970, Editorial Pax, México. El sistema de la masonería especulativa; Ensayo leído ante la Gran Logia de Alabama, Estados Unidos.

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