viernes, 21 de diciembre de 2007

TEMPLO DE SALOMON I PARTE


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

Las épocas no son sino diferentes vestidos de la humanidad. Ella es la misma bajo las pieles de los hijos de la loba que bajo púrpuras de los Césares; tras los toscos escudos de Atila que bajo la coraza de los cruceros; en las cumbres arrojando piedras, en los llanos moviendo catapultas, que en los aires y bajo las aguas haciendo estallar bombas y torpedos. Del basto y la clava de la flecha y la bombarda, al rifle y el obús, a la mina, al misil y la esfera asfixiante, de los espejos de Arquímedes al periscopio hasta llegar hoy a la particular y la mente electrónica y la matrix. 

Son cambios de táctica y de medios según las circunstancias; la humanidad permanece la misma: haciendo babeles y babilonias, arcas y pirámides, templos al miedo, a la soberbia y a la ignorancia, inventado paraísos y Sinaís, infiernos y diluvios, juicios y resurrecciones, bajo la invocación de dioses acomodaticios a sus debilidades: el Jehová de los contratos con su pueblo; el Júpiter lascivo con su Olimpo de todas las bajezas deificadas; el Moloc repugnante; el hierático y austero Buda; el voluptuoso Alá; Pachacamac el fecundo; Ormuz el guerrero y hasta Jesús el manso hecho dios por la sencillez de una tribu y confirmado y sostenido tal para provecho del temporal imperio de los simonistas que medran a su pretexto, conservando la corona de espinas que la ignorancia le puso como a impostor, para no ponerle la brillante de gloria que la buena fe y la ciencia reclaman hoy para la privilegiada frente del más justo, del más humano, del más fuerte y sabio, del más hermano y sencillo de los hombres.
Porque la coronación de Jesús símbolo, del Cristo hombre, sería la ruina de la soberbia, del poder sobre la conciencia, el más vil y artero de los poderes; sería… la destrucción de la Babel con tanto trabajo levantada; la ruina del Templo de Salomón el Sapiente que hizo casa a dios a cambio del goce tranquilo de los bienes terrenales. Nació acaso, en verdad, la masonería en el templo de Salomón? La humanidad se repite y se repiten sus hechos bajo diversos disfraces. Y los hechos antiguos se convierten en símbolos para las generaciones futuras. Símbolos son hoy monolitos, al Esfinge, las pirámides, los restos de Babel, las estatuas de Hammon, las runas de los templos de Eleusis, de Afrodita; símbolos los jardines de Semiramis, el coloso de Rodas, el Sinaí, el Tabor y el Calvario, el Parnaso y el Pelión, el Arca de Noé y el Paraíso, el paso del Mar Rojo, las conquistas de Jerjes, el caballo de Atila, el paso de Rubicón, la quijada del asno, las plagas de Egipto, los primeros muros de Roma, la roca de Tarpeya, el templo de Janos y mil huellas y recuerdos más del paso humano con sus armas de ambiciones a través de las debilidades e ignorancias como mañana símbolos serán la torre Eiffel, la Guillotina, la aeronave, el sumergible, el bombardero, la computadora, la bomba de destrucción masiva y la ciudad de la Haya con su templo a la Paz que sufrirá la risa secular de la catedral de Reims; y símbolos, en fin, ese inmenso campo de desolación en que se libra la más feroz y primitiva de las riñas de la humanidad que ya se creía depurada de los instintos de las cavernas; pero que dejará en esa enorme pizarra yerma escrita con caracteres de escombros su atestación de quela raza ha progresado bien poco bajo sus nuevos trajes. 
Y no avanzará, no, mientras la evolución natural no le aumente unos milímetros a su posición normal, que le obligue más a ver hacia arriba que hacia el suelo. Porque el suelo le dice con montes y con cerros, con ríos y con selvas: hasta aquí es tuyo, hasta acá es mío; dominio derecho, fuerza; en tano que arriba en ese precioso cristal en que sólo la ciencia de las ciencias sin principios escribe con mundos por letras, con sistemas de mundos por palabras, el alma se eleva, lee: mirad que la patria es infinita, que la raza es una, uno su origen, uno su fin, uno su autor, causa de todos y de todos padre; surge, asciende, despégate, no te atrases, trabaja y asciende; acá es tu patria. Eres grande ¿por qué te empequeñeces? 
Te llamas mi hijo y te substraes a mis dones y mis máximas. Mi ley es simple y sencilla: Ama a tu padre como causa, tu semejante es tu hermano. Por eso te he puesto el cielo por tu techo y lo hice visible a todos los puntos; tuyo será, conquístalo; muchas moradas hay aquí para ti; léelo, léelo siempre cuando el inmenso foco sales tras la aurora, cuando en la calma y recogimiento de la noche alumbro el gran libro para ti: Cumple y cíñete a la única clave, a los tres únicos medios que tienes para venir a él a ser recibido en la alegría que al hijo pródigo : óyelas, léelas: libertad, igualdad y fraternidad.

1 comentario:

  1. Saludos mi Q:.H:.
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