domingo, 13 de octubre de 2013

LA MUERTE: PUERTA DE MISTERIO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


Morir no tiene por qué ser necesariamente un acontecimiento desgraciado. Lo es, sin embargo, la mayoría de las veces. Esto se debe a que seguimos creyendo este suceso desde una visión muy pobre y distorsionada de su esencia y significado. Estamos fuertemente condicionados para ver en la muerte sólo a una enemiga. Pero ¿Por qué habría de serlo? Esta sencilla reflexión puede bastar y permitirnos obrar sensatamente en esas circunstancias que son, es obvio decirlo, en extremos delicados.

Es preciso tener un punto de vista más preciso sobre estos hechos. Aprender a encausar adecuadamente el proceso de morir para hacer posible una muerte digna. Ayudar a que la persona pueda entrar en ella como entró en la vida, suavemente, con la armonía y belleza que tienen los hechos propios de la naturaleza.

Ciertamente, morir es mucho más que la mera extinción de los signos vitales del cuerpo físico. Por esa es la mirada habitual con la que estamos identificados. Aquí quiero mostrar cómo vive una persona ese proceso. Como es recibir la propia muerte. En otras palabras, cómo se muere la existencia y se abandona el cuerpo y con él el mundo fenoménico. Porque así es como se muere un ser humano. Esta es su verdadera muerte.

La tarea de morir va a significarle a esa persona tener que reacomodar su relación con el mundo, intentar despedirse bien de sus familiares y amigos, reflexionar (cada uno lo hará a su manera) sobre el posible significado de su paso por esta vida, revisar su aprendizaje y ponerse de acuerdo  en todas sus actuaciones más importantes  de su paso terrestre antes de su partida.

Por otra parte, el desconocimiento de lo que pueda ocurrir luego de producida la muerte suele provocar intensos temores. Otras veces el miedo es a la soledad. Morir es como quedar absolutamente solo, sin ninguna protección, como cuando éramos niños. Eso atemoriza. Los apegos de todo tipo también dificultan mucho el relajarse para morir bien. Dejar, o mejor dicho soltarnos de las personas y cosas que uno ama y necesita puede resultar muy penoso y hasta angustiante.

Hay veces en que la persona está preparada para su partida, hizo una buena elaboración, pero es interferida por algún familiar que no quiere aceptar esa muerte. Aunque puede resultar asombroso, muchas veces, algunas personas postergan su partida como dándole tiempo para elaborar esa despedida. Esa es una situación muy conmovedora. Por eso se necesita la ayuda de la familia. 

También se ha observado la misma postergación en espera de la llegada de un amigo o familiar ausente. Otras veces la persona siente que todavía no ha concluido con sus actividades en la vida, que tiene demasiadas cosas pendientes por hacer. Es lo normal en los jóvenes y lo habitual en las personas acostumbradas a postergar. Les resulta particularmente lamentable morir.

Luego se inicia el repliegue de conciencia que en medicina se llama estado de coma, en el primer estadio. Aquí prefiere permanecer silencioso y con los ojos cerrados la mayor parte del tiempo. Creo que en ese momento se inicia o se acentúa una apertura de la conciencia a una dimensión diferente de la realidad. No debe ser estimulado ni llamado a nuestra realidad. De este primer estadio retorna varias veces espontáneamente. Si está tranquilo y sin miedo es posible que nos regale algún comentario de esa experiencia con el que nutrimos nuestro aprendizaje y nuestro asombro. Con el correr de las horas o los días, según el caso, esta situación se profundiza hasta que llega un momento en que sentimos claramente que perdimos contacto. Se produjo la muerte clínica, la abstracción total y definitiva.

Lamentablemente, dadas nuestra noble incomprensión y aun nuestra insensibilidad con respecto a estos temas, lo habitual es que la persona muera en una gran soledad. Con miedos y preguntas que no tuvo a quién formular (la gente rehúye a hablar de cosas tristes) Sabiendo que debe seguir avanzando hacia lo desconocido, tal vez, sin sentirse preparado o siquiera acompañado en ese trance. La muerte es una puerta que se abre al misterio de lo desconocido. Se requiere coraje, también preparación para cruzarlo con confianza, celebrando el tránsito con una sonrisa en los labios. Pocos mueren así.

El significado de la muerte en las enseñanzas tibetanas no es más que otro momento de practicar la atención y constituye la más liberadora de las meditaciones. La muerte es el momento de la verdad, cuando nos enfrentamos cara a cara con la realidad. En el Tibet, el morir es visto como un proceso de purificación, ya que a través de él se retorna a la clara luz, a nuestro estado natural e intrínseco de luminosidad, para disolvernos en él. En el momento de la muerte, surge para todos está clara luz de la realidad. En su naturaleza radiante, conocida algunas veces como Rigpa, el despertar iluminado. Sin embargo para beneficiarse de ese momento de la verdad, para conseguir la liberación se debe estar preparado. De otro modo, ese momento pasará de lado sin que se dé cuenta.

En otras culturas a la muerte la describen como un gran orgasmo donde las fronteras del yo se diluyen y “dentro” o “fuera” son dimensiones que dejan de existir. En ese instante se producen profundos cambios fisiológicos y eléctricos acompañado por un estallido de energía. Las ondas emitidas por el cerebro se modifican radicalmente situando a la persona en un verdadero estado alterado de conciencia y su organismo libera  una gran cantidad de endorfinas que acuden directamente a drogar las neuronas y con ello exhala su último suspiro.

viernes, 6 de septiembre de 2013

LA ASTROLOGIA Y LA INFLUENCIA EN NUESTRAS VIDAS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Es una disciplina muy antigua dedicada a la interpretación del efecto de los astros (el sol, la luna, los planetas, estrellas y las constelaciones) en el mundo físico conocido, en el desarrollo del humano, en los acontecimientos de la historia.

La astrología se basa en la ley de la simpatía cósmica, según la cual todo influye en todo, y todo está relacionado por todo. Además, como en la concepción antigua los astros se consideraban divinidades o entes compuestos de quintaesencia, a partir de la ley según la cual lo espiritual influye en lo material y le da la forma, los astros también tendrían la capacidad de influir en el mundo material.

Los orígenes de la astrología deben buscarse en las épocas más remotas de las civilizaciones humanas. Destaca por su importancia la especulación de los sumerios, primero, y de los asirio-babilonios después, que iniciaron el camino de reflexión astrológica y astronómica.

Los dos términos astronomía y astrología, se han considerado sinónimos, y se estima que la astronomía surgió como resultado del estudio astrológico. Un intento significativo de racionalizar y plantear científicamente la astrología fue el que llevó a cabo Tolomeo

SIGNIFICADO DE LA ASTROLOGIA

Hoy en día todo el mundo sabe qué es la astrología. En la gran mayoría de medios de comunicación impreso hay un apartado en el que se describe la tendencia de la semana o del mes de los signos del zodiaco. Y al llegar el fin del amo, una retahíla de astrólogos nos entretienen contándonos qué nos reserva a cada signo el año que empieza.

Pero ¿Es este el verdadero sentido de la astrología?

Pocas personas son las que abordan esta disciplina con espíritu de investigación y sin prejuicios. La mayor parte de la gente contempla la astrología como un pasatiempo mundano, pero no como un estímulo para el crecimiento personal.

Tradicionalmente, esta ciencia humana da respuestas de gran interés a los comportamientos humanos. Uno de los pocos que abordó este estudio con seriedad fue el psicólogo suizo Carl Gustav Jung. En las varias cartas que escribió a colegas y amigos investigadores, encontramos no pocas reflexiones sobre la aplicación de la astrología.

Demuestra el profesor Jung que en los diagnósticos difíciles a menudo encargaba de realizar un horóscopo para tener otro punto de vista. Y en muchos casos los datos astrológicos contenían explicaciones para ciertos hechos que de otro modo no habría entendido. De esas experiencias saco como conclusión que la astrología tiene un interés especial para la psicología.

La astrología es el estudio de los astros y de los influjos que estos ejercen en el hombre, determinando su temperamento y su destino terrenal. A grandes líneas podemos decir que se ocupa del conjunto de fuerzas arquetípicas, determinadas por los signos zodiacales y por los planetas que transitan por ellos.

Son unos arquetipos muy potentes que influyen en nuestras vidas y su situación en la carta astral de cada persona deriva de las experiencias maduradas en el curso de las existencias precedentes.

Los planetas son considerados una especie de contenedores-transmisores de energía que dan la individuo las características de las que son portadores. Ejemplo: Marte, la fuerza; Mercurio, la vivacidad, etc., y su coloración se modifica según el signo en el que se encuentren.

En efecto, las cualidades específicas de los planetas se modifican en función de las características del signo zodiacal en el que están en el momento del nacimiento de una persona. Es decir, podrán ser suavizadas, acentuadas, anuladas, según se encuentren en un signo afín o contrario.

La unión del influjo proveniente del planeta y el del signo zodiacal forma un campo energético típico, que late en nuestro interior y marca los límites de nuestro carácter, la amplitud de nuestro talento, y nos induce a actuar de ninguna manera determinada.

Entender las leyes en las que se basa la astrología significa aprender a reconocer si dichos campos energéticos son positivos para nosotros, para entonces potenciarlos, o bien si son negativos, y debemos modificarlos o incluso dominarlos o censurarlos.

Los planetas con sus fuerzas disgregadoras o, por el contrario, entusiasmantes, podrán atormentarnos, ponernos bajo presión o exaltarnos hasta el punto de hacer que perdamos la cabeza: este es el desafío que debemos afrontar para aprender a elegir y crecer.

Incluso quien cree en los influjos planetarios o en el poder de las fuerzas arquetípicas no puede ignorar que la luna influye tanto en la tierra que causa las mareas. Del mismo modo actúa en los líquidos de nuestro organismo causando acumulaciones y tensiones.
Los planetas y las constelaciones por las que estos transitan manifiestan características que se ponen de relieve en las actitudes que luego mostramos las personas.

Por tanto, es preciso entender mejor, percibir íntimamente las fuerzas suscitadas por estas presencias en nuestro gráfico natal, para poder superar las pulsiones que nos obligan a realizar determinados actos negativos, condicionados precisamente por la configuración zodiacal, y aprender a expresar las características de un ser nuevo, más evolucionado, capaz de dar respuestas más adecuadas a cada acontecimiento.

Este es el verdadero mensaje de la astrología, que puede indicarnos la acción más adecuada en un momento determinado.

Cuando llegamos al mundo, llegamos con una serie de informaciones contenidas en nuestro ADN que determinan nuestras características físicas y comportamentales y son nuestra herencia genética. Es una especie de base sobre la cual, a través de una sucesión de experiencias terrenales podremos añadir o, por el contrario, eliminar los sucesos que forman nuestra estructura, nuestra conciencia..

Esto mismo ocurre en el plano astrológico. Según el camino evolutivo recorrido por nuestra alma, nos encarnamos expresando características maduradas en el transcurso de nuestras vidas precedentes.

La carta astral, es decir, la representación de la posición de los planetas en los diferentes signos, o lo que llamamos casas, en el momento de nuestro nacimiento refleja el estado evolutivo alcanzado. Tales características nos orientan hacia ciertos recorridos, a través de los cuales deberemos aprender a afrontar las limitaciones, los defectos, las carencias, o bien a asumir las cualidades que poseemos como propias, para poder mejorar los aspectos negativos e integrar armónicamente nuestras peculiaridades.

SIGNOS Y PLANETAS

Para la astrología occidental existen 12 signos que representan  12 tipos caracteriales; estos también corresponden al significado simbólico de los 10 planetas (dos planetas pertenecen a dos signos cada uno.

Estos 12 signos se subdividen en signos de Fuego, Tierra, Aire y Agua, según el tipo de carga energética.

La sucesión de los signos zodiacales implica una manifestación, casi como una espiral ascendente, de tres niveles energéticos, que acogen cada uno el despliegue  de cuatro signos que representan las energías de cada elemento.

En el primer nivel están los signos más inmediatos, más simples en sus manifestaciones de los elementos que lo connotan. En el segundo, la expresión de los elementos se refina, y alcanzar los grados de perfección máxima en el tercer nivel.

Cabe recordar  que ser de uno de los cuatro signos del primer nivel no significa ser un alma menos evolucionada, ya que debe tenerse en cuenta muchos parámetros.

SIGNIFICADO ENERGETICO DE CADA SIGNO

ARIES: La conquista. Es un signo de Fuego; su planeta es Marte. Representa el primer estímulo de la energía vital que empieza su manifestación y afirmación de sí misma.

Aries es el signo de la impulsividad, de la conquista, de la iniciativa. Representa el impulso de ocupar el territorio propio.
Es positivo, es un signo de afirmación innata; en negativo, de egocentrismo.

TAURO: El bienestar. Es un signo de Tierra; su planeta es venus. La energía, después de haber ganado terreno, se detiene y se estabiliza, organizando de forma provechosa y agradable los espacios adquiridos.

Tauro es el signo de la paciencia, de la necesidad de seguridad y comodidad material; es el impulso para crear en la materia bienestar y estabilidad.

En positivo, es un signo que manifiesta capacidades constructivas; en negativo, en cambio, genera individuos obstinados y posesivos.


GEMINIS: La curiosidad. Es un signo de Aire; su planeta es Mercurio.

Después de haber conquistado y estabilizado lo que ha conseguido y antes de posteriores desafíos, ha llegado el momento de la aproximación curiosa, intelectiva, al ambiente al que la energía ha llegado y del que puede sacar conocimientos nuevos.

Géminis es el signo de la curiosidad, de la comunicación, de los eclécticos por excelencia; indica aproximación intelectual a la realidad.

En positivo, es un signo que expresa el deseo y la capacidad de aprender y de comunicar; en negativo, significa superficialidad y volubilidad.


CANCER: El recogimiento. Es un signo de Agua, su planeta es la luna.

Llegada a este estadio de su recorrido, la energía percibe un ambiente a través de las sensaciones que le proporciona. Debido a esta abertura interior, si las percepciones son demasiado intensas, la energía puede tener necesidad de esconderse.

Cáncer es el signo de la intimidad, de la necesidad de retirarse para protegerse y metabolizar las experiencias. Representa la interiorización y la comprensión íntima de lo vivido. En positivo, expresa sensibilidad de ánimo; en negativo, emotividad excesiva, con posible ansia, temor y una afectuosidad sofocante.

Una vez efectuado el primer giro por los cuatro elementos (Aries, Tauro, Géminis y Cáncer) la energía sube de nivel y se refina.


LEO: El esplendor. Es un signo de fuego; su planeta el Sol. Ha llegado el momento de exhibir la obra personal y la energía se muestra como señora del territorio.

Leo es el signo de la grandeza, de la magnificencia, de la rutilancia. Indica el deseo de exhibir las propias capacidades y de autoafirmarse.

En positivo, expresa magnanimidad y voluntad de dirigir, en negativo, necesidad de exhibirse en la ostentación.



VIRGO: La recolección. Es un signo de Tierra; su planeta Mercurio. Para estabilizarse, la energía ahora se compromete a analizar con meticulosidad la realidad circundante, para dividirla y catalogarla, de modo que se organice una base de actuación provechosa.

Virgo es, fundamentalmente el signo del análisis, de la precisión, de la laboriosidad, de la capacidad de encontrar la estrategia eficaz.

En positivo, manifiesta la cualidad de la productividad; en negativo puede desembocar en pedantería.


LIBRA: La armonía. Es un signo de Aire; su planeta Venus.

El intelecto experimenta nuevas fronteras de aprendizaje interrelacionándose con el prójimo.

Libra es, en esencia, el signo de la relación con los demás, de la armonización, del equilibrio; pone de relieve la armonía en lo social.

En positivo, expresa la capacidad de armonizar; en negativo, el enfrentamiento y la polémica.


ESCORPION: El poder. Es un signo de Agua; su planeta es Plutón. La energía se retira nuevamente a la intimidad de las emociones personales y se recarga, regenerándose a través del alimento que el ambiente le está concediendo, aceptando su querer, si simiente.

Escorpión es el signo del poder oculto, carismático, y de la capacidad de regeneración y transformación; es el signo de la fuerza interior ejercida en forma soterrada. A esta fuerza pertenece el poder sexual.

En positivo, muestra una gran capacidad de estimularse a sí mismo y a los demás; en negativo, expresa poder de manipulación gracias a su fuerte carga energética.

A continuación, empieza el nivel siguiente, el último de zodiaco, donde se encuentran las aspiraciones más elevadas de los cuatro elementos.

SAGITARIO: El ideal. Es un signo de Fuego; su planeta es Júpiter. El arquero apunta con su flecha hacia una diana que se encuentra en el cielo. Sabe lo que quiere, lo ha identificado y ahora toda su energía está focalizada hacia un punto que, una vez alcanzado, significará su culminación espiritual.

Sagitario es el signo del idealismo y del anhelo por lo divino; el arquero divino persigue el ideal apuntándolo con su flecha.

En positivo, manifiesta el deseo de trascender la naturaleza humana; en negativo, cae en el fanatismo y el dogmatismo.

CAPRICORNIO: La grandes. Es un signo de Tierra; su planeta regente es Saturno. ya se han conquistado nuevas cimas, ahora hay que edificar en ella algo imponente que muestre abiertamente el éxito.

Capricornio es el signo de la ambición por realizar grandes obras; pone de manifiesto la madurez alcanzada con determinación y diligencia.

En positivo, revela grandiosidad en las empresas y en las responsabilidades; en negativo, muestra el aspecto destructivo de la ambición.

ACUARIO: El progreso. Es un signo de Aire, su planeta es Urano. Después de haber concretizado el éxito, el intelecto siempre inquieto empuja hacia la realización de los sueños más osados y nuevos proyectos. El genio actúa y, gracias a ello, la humanidad avanza.

Acuario es el signo del progreso, de la evolución global; es la constelación que robó el fuego a los dioses para llevarlo a la humanidad.

En positivo, revela la capacidad de visión global y sinérgica; en negativo, se manifiesta en la abstracción calculada.


PISCIS: El holismo. es un signo de Agua; su planeta es Neptuno.

La energía después de haber llevado a cabo sus conquistas, se retira de nuevo a una posición receptiva. Se percibe una unión profunda con la creación: ¿Qué es divino?, ¿Qué es humano?

Piscis es el signo de la fusión empática con el Todo que debe dirigir.

En positivo, se manifiesta la capacidad de empatía y de atribulación de significado a todo; en negativo, la exaltación de su propia maestría.

EVOLUCION ENERGETICA

Los signos, tal como se ha dicho, se muestran en tres niveles, que representan la fuerza de la energía vital que se manifiesta y toma cuerpo en la vida, a través, primero, de la conquista de nuevos espacios, acometida por los signos de Fuego. Luego de la necesidad de convertir en provechoso el espacio conquistado, de la que se encargan los signos de Tierra. Y de la exigencia de abordar intelectualmente las situaciones conquistadas y posteriormente convertirlas en estables y eficientes, se ocupa los signos de Aire. Para llegar finalmente a la manifestación de la energía vital a través de la relación emotiva con la realidad, esta misión que corresponde a los signos de Agua. 

El primer movimiento energético, el de la conquista, está determinado por el primer signo de fuego, Aries. La conquista es una necesidad para afirmar y percibir su propia fuerza, sus capacidades.

Aries es el signo del zodiaco que vivifica la realidad.

En el segundo nivel, el signo de Fuego Leo realiza un cambio energético y manifiesta su conquista con la ostentación de su territorio. Leo es el signo del sol en el centro del universo. 

En el tercer y último nivel el signo de Fuego Sagitario lleva a cabo una expansión para conquistar nuevos espacios lejanos, los superiores o del cielo: Sagitario es el signo de la autoridad divina.

El segundo movimiento energético, el uso provechoso del espacio, lo observamos, en el primer nivel, en el signo de tierra Tauro, donde se aprecia la necesidad de bienestar a través de distintos medios. Tauro es el signo que construye la belleza para poder disfrutar de ella.

En el segundo nivel, el signo de Tierra Virgo se encarga de organizar, de forma más estructurada, la realidad conquistada: Virgo es el signo del trabajo diligente y meticuloso, y de la consiguiente recolección.

En el tercer nivel, el signo de Tierra Capricornio se dedica a engrandecer y hacer edificante lo que se ha conquistado: Capricornio es el signo de la ambición en su justa medida.

El tercer movimiento energético, de la relación intelectual con la realidad ve cómo el signo de Aire Géminis actúa en el primer estadio, de forma  curiosa, descubriendo el entorno: Géminis es el signo de la versatilidad, de lo poliédrico.

En el segundo nivel surge la relación con la realidad de otros seres humanos implantada por el signo de Aire Libra, que actúa en lo social: Libra es el signo de los contactos.

En el tercer nivel encontramos el signo de Aire Acuario, que se dedica al estudio y a la realización de lo que está al otro lado de las fronteras: Acuario es el signo del progreso.

En el cuarto movimiento energético, el de la percepción emotiva y sensual de la
energía, el ciclo del movimiento energético de los signos se cierra y estos vuelven a ponerse en escucha.

En el primer nivel, el signo del agua Cáncer es todo sensibilidad; su esencia es tan tierna y delicada que necesita a menudo un nido donde refugiarse y una garra que lo defienda.

Cáncer es el signo del acogimiento sensible de la experiencia, para poder metabolizarla, y de la necesidad de sentirse acogido y protegido.

En el segundo nivel, el signo de Agua Escorpión descubre el vínculo invisible que lo une a la realidad y que, ocultamente, puede manipular y dirigir: Escorpión es el signo del poder oculto (carisma) ejercido en los demás.

En el tercer nivel encontramos el signo de Agua Piscis, que manifiesta la unidad de toda la creación, la fusión con el todo. Ahora es posible dejarse ir o no preocuparse más por nada. Piscis es un signo de fusión y reconocimiento íntimo.


LOS PLANETAS

Un determinado signo resulta más significativo y cargado de energía con la presencia de uno o más planetas que, con su energía, influyen en las características del signo en el que se encuentran. Como ya se ha dicho, los planetas se pueden comparar con catalizadores de energías y figuras arquetípicas, vivas, que participan de nuestra interioridad.
Hay que señalar claramente que las características del carácter que percibimos en nosotros mismos o en los demás siempre están determinadas por la influencia de los planetas.

A menudo, las manifestaciones de algunos planetas son más claras que las de otros. Concretamente los planetas más veloces se perciben con más claridad. Un ejemplo de ello es el poder del sol, que ofrece brillo natural y desenvoltura; también la sensibilidad y la emotividad que confiere la luna, el intelecto propio de Mercurio o la carga energética que proporciona Marte.

En cambio, somos menos conscientes, en líneas generales, de los impulsos derivados de los otros planetas, los lentos, muy potentes pero de influjo menos evidente, porque es menos superficial y mucho más íntimo, se muestra con menos inmediatez y está oculto a la percepción directa.


SOL
En astrología, está siempre en el signo zodiacal al que pertenecemos. Indica el tipo de conocimiento con el cual el alma quiere actuar en esta aparición terrenal. El Sol representa el yo consciente, el modo de proceder del que somos conscientes. El astro, a tenor de lo dicho, adopta las características del signo en el que se encuentra. El  Sol representa la claridad del conocimiento y nos estimula para desvelar contenidos e iluminar significados, ampliando así nuestra conciencia.

Se trata del planeta más importante; de hecho, su posición tiene una profunda influencia en nuestra personalidad.

el Sol representa el movimiento, la voluntad, el poder y el deseo, así como la vitalidad física y mental y el liderazgo.


LUNA

La  Luna representa las sensaciones que la realidad nos comunica a través del medio físico. Las emociones son reacciones inmediatas al contacto con la realidad.

El Sol es la conciencia terrenal del Yo, que experimenta emociones y sensaciones que se perciben a través del cuerpo. Dichas percepciones está gobernadas por la Luna y, en astrología toman las características del signo en el que se encuentra.

La Luna determina, por tanto, el modo en que cada individuo manifiesta sensibilidad, sensualidad que los las percepciones derivadas de los sentidos, emotividad o pasión. Representa la respuesta psicofísica a los estímulos de la realidad externa, e induce a refinar nuestras percepciones, invitándolos a expresar, con más o menos fervor, nuestras sensaciones.


MERCURIO

Encarna la capacidad intelectual práctica y la forma en que nos comunicamos. Representa el pensamiento pragmático, la versatilidad, el eclecticismo, la comunicación rápida y los contactos inmediatos, la agilidad, la desenvoltura, la agudeza. Este planeta nos hace controlar los aspectos prácticos de cada situación de forma predominantemente lógica, táctica y desenvuelta.

VENUS

Simboliza el encanto que posee el individuo y la fortuna que de este se deriva. En la carta astral de una mujer representa el modo como se entrega al amor, en la de un hombre, el ideal femenino del amor. Esta planeta representa la cualidad de la belleza, la armonía y el amor, la capacidad de ser afectuosos al amar y al ser amados, el tipo de impulso que nos hace actuar con encanto, elegancia, tacto y belleza gracias a los sentimientos que nos despierta el amor.



MARTE

Indica el tipo de carga energética física que poseemos. En la carta astral de un hombre condiciona su forma de actuar como tal, en la de una mujer representa el ideal masculino del amor. Marte es el espíritu de la conquista y de la afirmación primaria. Este planeta nos impulsa a actuar con energía utilizando el físico, naturalmente siempre que esto sea posible. Inclina a la acción, a la lucha si es necesario, al impulso. 

JUPITER

Denominado el planeta de la gran fortuna. su posición indica el sector donde se obtendrán beneficios mayores. Representa la capacidad de relacionarse con la mente divina, y, por tanto, determina el optimismo, la confianza y el grado de positivismo de cada individuo. Este planeta nos induce a tener confianza en nosotros mismos, a ser magnánimos y joviales, a ejercer con autoridad las cualidades  del pensamiento positivo, originado por la conexión con lo divino.

SATURNO

Planeta de la madurez. representa la capacidad de asumir las responsabilidades, la disciplina y la concentración. Cuando estas cualidades están desarrolladas en exceso, se convierte en un planeta que estimula una ambición exagerada. 

Saturno nos hace ver las cosas desde una perspectiva distante, nos hace ser frios y atentos y, sobre todo, más rigurosos. Nos invita a apartar las distracciones y a actuar con una disciplina cuyo objetivo es obtener el provecho máximo de la situación y alcanzar los objetivos fijados.

URANO

De la genialidad, la originalidad, la independencia y la espontaneidad. Representa la capacidad de pensamiento abstracto, genio y estrategia, así como la fuerza de decisión que de ella se deriva. Indica el haz de luz que sintetiza las experiencias y nos lanza hacia delante, dándonos la fuerza de decisión necesaria para hacernos progresar. este planeta nos lleva a salir de la rutina, y a probar soluciones nuevas y más atrevidas. Nos induce a apartarnos de aquello que quizá parece seguro, pero que con frecuencia puede resultar agobiante, confiando en la iniciativa de quien quiere superar las barreras y los límites impuestos. Es la invitación a la aventura del progreso.

NEPTUNO

Es el planeta de las fantasías y la ilusión, precisamente por su capacidad de percibir lo invisible. Representa también el aspecto femenino de la divinidad. En efecto, su sensibilidad nos permite sentir empatía y capacidad de fusión con el todo y con lo divino. de ahí que Neptuno sea capaz de extraer la visión, es decir, el sentido último de la realidad más sutil. Este planeta nos invita a superar las barreras del Yo para llegar a una visión más global y unitaria, donde todos los momentos se funden en una realidad única y son funcionales unos con otros. Transmite un mensaje de trascendencia y de hermandad profunda y verdadera.

PLUTON

Planeta que debe su nombre al dios Hadys, cuyo poder y fuerza carismática nos hace capaces de dominar el medio y la realidad que nos rodea. También representa el poder que confiere la carga sexual. Plutón representa el carisma y la seducción de los demás y la realidad, pero sobre todo la fuerza de carácter, esa fuerza interior que, a pesar de no haberse exteriorizado abiertamente, es capaz de influir en los acontecimientos y redireccionarlos. Es una fuerza potente pero invisible, una presencia inamovible en su intento, dispuesta a superar cualquier obstáculo con tal de alcanzar su fin.

CONCLUSION

El trabajo evolutivo del individuo consiste principalmente en entender que no debe dejarse llevar por las pulsiones de cada planeta y ser presa de ellos. Al contrario, debe emprender un camino en el que se eduquen estas pulsaciones.

lunes, 15 de julio de 2013

EL SELLO DE LA SABIDURIA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El rey Salomón, hijo del rey David, hizo de Jerusalén la ciudad de la justicia y de la paz. Su nombre refleja el nombre original de la ciudad, Salem. Se dice que a  Salomón le fueron otorgados “sabiduría y conocimiento”, lo que normalmente significa un buen gobierno, la facultad de distinguir moralmente entre el bien y el mal, y una comprensión total del universo. “He aquí que he hecho conforme a tu palabra, dándote un corazón sabio y comprensivo de modo que nadie hubo como tú antes que tú, ni habrá otro como tú después de ti”. 

La leyenda del maravilloso sello anular que salomón recibió del cielo, es común al judaísmo, al cristianismo y al Islam. El Sello de Salomón, que tiene su base en el suelo y cuyo ápice llega al cielo, simboliza la armonía de los elementos opuestos; su significado es a un tiempo múltiple y pluricultural. Refleja el orden cósmico, los cielos, el movimiento de las estrellas en sus esferas propias, y el flujo perpetuo que se establece entre el cielo y la tierra, entre los elementos aire y fuego. El sello, por tanto, simboliza la sabiduría sobrehumana y el gobierno por gracia divina.

La leyenda dice que cuando el rey David se encontraba en los umbrales de la muerte, llamó a su hijo y sucesor, Salomón, para la despedida final. Salomón era joven, inexperto y estaba muy preocupado por la corona que pronto sería suya. Le rogó a su padre que le dejara algo que pudiera serle de ayuda en tiempos de crisis. Su padre le dio un joyero que contenía un anillo. "Cuando te encuentres en aprietos", dijo David, "abre este estuche y mira la inscripción del anillo. Pero cuando te encuentres en la cima del bienestar, vuelve a abrirla y entonces mira la cara interna del anillo. Que Dios sea contigo, hijo mío". Y murió.

Los años pasaron y Salomón se encontró asediado por problemas graves, de todo tipo y color. Incluso estuvo separado de su cargo de rey por un tiempo. Estaba abatido y apesadumbrado cuando recordó el consejo de su padre y abrió el joyero. En la cara del anillo leyó las palabras hebreas: Gam ze iaavor que significan "Esto también pasará". Se sintió profundamente reconfortado por el mensaje y volvió a tomar el control de su destino con confianza y decisión. Se superaron los obstáculos. Se disipó la rebelión.

Luego comenzó una época de auge y florecimiento sin igual, a raudales se incrementaban sus riquezas y hacía gala de su sabiduría. Tener tanto poder era otro logro supremo que enriquecía el orgullo de Salomón y aumentaba su sensación de ser invencible. Pero, no olvidó abrir el joyero, extraer el anillo, mirar la inscripción grabada en su interior y leyó: "Gam ze iaavor”, "Esto también pasará". También la riqueza, la fama, la gloria, la pompa, todo el lujo pasaría. Y así fue como Salomón se convirtió realmente en el ser humano más sabio de todos los tiempos.

El mensaje de la historia es sencillo de comprender: todos los sucesos de este mundo pasan, tanto lo que sentimos como bueno y como malo es efímero. Lo importante está en no quedarse empantanado en el mundo de las sensaciones, en el fugaz destello del placer o del dolor, sino que el triunfo se encuentra en ver más allá, en lo que es eterno y no efímero, y concentrarse en trabajar por llegar a ser la mejor persona que podamos llegar a ser.

EL TEMPLO DE SALOMON

En 1536, el sultán Solimán, el Magnifico, ordenó efectuar amplios trabajos de remodelación en el Monte del Templo y convirtió en mezquita la iglesia que se había construido en el Monte Sion en los tiempos de la conquista de los cruzados. Al erigir la mezquita, Solimán establecía un vínculo con Salomón el hijo de  shlomó, el sello del rey Salomón. Su función era proteger la ciudad.

El símbolo del hexagrama o figura en forma de estrella formada por dos triángulos, tiene múltiples connotaciones, sobre todo cuando está inscrito en un círculo; en muchas partes del mundo, se le han atribuido poderes sobrenaturales desde épocas antiguas que se le adjudicaron en los últimos siglos, el elemento abstracto de la figura que está conectado con las estrellas celestiales) y su integridad geométrica hacen de él un símbolo universal. Junto con la estrella de cinco puntas o pentagrama, que es de origen mucho más antiguo, el exagrana representa el desarrollo de las matemáticas y la geometría por parte de los griegos y sus sucesores en toda la zona mediterránea.

La conciencia mesiánica del sultán Solimán lo llevó a desarrollar este vínculo de conexión con el rey Salomón. En las murallas que construyó en torno a Jerusalén, hay piedras decoradas con dos triángulos entrelazados, es decir Estrella de David, que entre los musulmanes se conocen con el nombre de Khatam suleimán y, entre los judíos como jatam.

Por medio de la geometría, en la que Pitágoras y sus seguidores veían un simbolismo cósmico, el hexagrama y el pentagrama se convirtieron en expresión del cielo y su reflejo en la tierra. De lo divino y su reflejo en la creación, así como de la conexión entre el cielo y la tierra, el macrocosmos y el microcosmos, el espíritu y la materia.

La civilización islámica constituyó una vibrante encrucijada de culturas por cuyo intermedio los logros del mundo antiguo pasaron a la Europa moderna; por ella se transmitió información de Oriente a Occidente y viceversa, y en su seno convivieron diferentes  grupos étnicos con idiomas y religiones distintos  que contribuyeron al avance de la cultura.

El Sello de Salomón combina la fuerza y  la belleza, el simbolismo y la cualidad ilustrativa; todo ello es una figura geométrica, el motivo característico más importante del arte islámico. El amor del artista musulmán por la geometría, permite expresar la verdadera esencia del sello de salomón como símbolo de conexión entre ambos mundos, en ese contexto simboliza la relación que hay entre la ciencia, la belleza y la metafísica, con elementos de medicina y magia, astronomía y astrología, el arte del regadío y su influencia en el jardín, y la conexión simbólica entre los jardines de recreo y el jardín del Edén, entre el cielo y las cúpulas arquitectónicas y entre la cosmogonía tradicional y su nexo con la religión. También se hallan resumidas en él todas las medidas zodiacales, y las íntimas relaciones que existen entre el Zodíaco y el invencible Sol Central. El génesis sexual del zodíaco está representado en el Sello de Salomón.

Hoy en día, al hexagrama es conocido como la “Estrella de David” y considerado un símbolo definido del judaísmo: el término se utiliza incluso en los países islámicos. Hay cierta confusión en torno a sus orígenes, nombre y asociaciones. En Europa, al pentagrama se le conoce normalmente como Sello de Salomón, mientras que al hexagrama se le llama Estrella de David; muchas veces, se da por supuesto que siempre fue así. Sin embargo, hay evidencias de una evolución gradual del hexagrama de símbolo cosmológico romano a símbolo religioso y mágico no ligado a una religión o a un pueblo específico. Y lo más probable es que ambos motivos fueron utilizados por religiones diferentes y que el significado más claro del hexagrama se encuentra asociado con técnicas mágicas para protegerse de las fuerzas del mal.

Por tanto puedo afirmar que el hexagrama es un símbolo universal  que empezó siendo un símbolo de la comunidad judía. Luego se trasladó a los países islámicos para luego extenderse a Europa y así el Sello del rey Salomón quedó identificado con el pentagrama.


EL SIMBOLO

El Sello de Salomón es uno de los símbolos más potentes que jamás  ha elaborado el pensamiento esotérico. Contrariamente a lo que se podría pensar, el sello no fue inventado por Salomón, si bien tomó su nombre de él, quizá debido a la importancia del símbolo y para darle un rasgo de antigüedad. En cualquier caso se trata de uno de los símbolos esotéricos más importantes y está formado por dos triángulos equiláteros, colocados uno con el vértice hacia arriba y otro con el vértice hacia abajo.

Los dos triángulos representan los cuatro elementos; concretamente, el triángulo orientado hacia arriba simboliza a los elementos fuego y aire, y el triángulo orientado hacia abajo, al agua y a la tierra.

Cuando los dos triángulos llevan en el centro un punto, que simboliza la quinta esencia, representan todos los elementos del cosmos.

En la tradición mágica antigua, el Sello de Salomón se utilizaba como defensa contra los espíritus malignos. El mago llevaba en la prenda que cubría su cuerpo y constituía, junto con el círculo mágico, trazado en el suelo con un espada, una de las mayores defensas con las que contaba durante los rituales de la magia medievales.

Actualmente se puede explicar el efecto del Sello de Salomón a través de la física micro vibratoria moderna. Es un símbolo que emite ondas de formas potentes, reequilibradas y estabilizadoras, debido a la contraposición de los triángulos. La fuerza dinámica emitida por el triángulo con valencia positiva se equilibra con lo del triángulo con valencia negativa, produciendo un campo que tiende al orden.

Esta tendencia al orden intercepta los campos energéticos del lugar o proveniente de una sesión de evocación, con lo cual se recupera la situación de equilibrio.

EJERCICIO ENERGETICO

Hoy en día se puede utilizar el sello de Salomón para el reequilibrio energético de campos alterados Ejemplo de esta experimentación esotérica es el siguiente: En un campo neutro, se pone el teléfono celular no protegido a la altura del cuello, sosteniéndolo con la mano izquierda; a continuación, se efectúa  el test de resistencia  muscular que  consiste en empujar hacia abajo suavemente pero con vigor la muñeca del brazo extendido, pidiéndole que oponga resistencia. El Test, si se realiza correctamente proporciona una respuesta inmediata: situado en un punto geo patógeno,  es decir un sitio de magnetismo de origen terrestre,  el individuo experimentará un claro descenso energético, que se manifestará con la consiguiente reducción de la resistencia. El paso siguiente es colocar debajo del teléfono móvil el sello de Salomón y repetir el test. El brazo que realiza el test debería dar una respuesta clara de mayor resistencia, indicando que el campo físico creado por el teléfono ya no actúa debilitando al organismo.

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