miércoles, 8 de febrero de 2012

LA CAUSA DE LA VIDA


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA


El mundo está en un estado de unión por la conspiración  y acuerdo de los fenómenos celestes y terrestres. Y el agente de esa unión es el soplo vivificante y unificante que anima a todas las cosas y a todos los seres vivos.  En el pneuma,  palabra griega que significa “alma.” En el griego la palabra pneuma también se usa para hablar de aliento, aire, y otras palabras relacionadas con la acción de respirar, el aliento de vida. Definiéndose como el estudio de seres espirituales y  de sus fenómenos. Los estoicos y ellos a su vez tomaron este concepto probablemente de los médicos que, a su vez se inspiraron en Aristóteles. El filósofo aseguraba que en el semen se encontraba un soplo o pneuma  astral y que a él se debía n la vida del embrión y la preservación de la especie. En la pneumatología médica aparecen  otros soplos: las exhalaciones de la sangre llamadas, hasta comienzos de la edad Moderna, espíritus. No hay que confundir estos espíritus, naturalmente con las inteligencias angélicas.


Según Robert Burton, heredero de la medicina antigua, medieval y renacentista, “los espíritus son de tres clases: animales, vitales y naturales”. Otros autores cambian el orden pero en todo el proceso es el mismo: los espíritus nacen de la sangre como un éter o vapor muy tenue y, al pasar del hígado al corazón y del corazón al cerebro se purifican más. El espíritu que mora en el cerebro es el agente de la fantasía. Ésta era uno de los cinco sentidos internos, con la memoria, la estimativa que es el juzgar la idoneidad de los valores, partiendo de realizar la vida de cada ser humano lo más cercano a la perfección según las exigencias de los propios valores,  la imaginación  y el sentido común.

Los estoicos recogieron la idea médica  del pneuma y la convirtieron en el principio animador del cosmos y del ser humano. Originarios del fuego primordial, los soplos ígneos de la Magia Sexual proporciona todos los elementos para el nacimiento y mantiene la cohesión de los elementos y une a todas las cosas, consigo mismas y con las otras: el pneuma es el motor vital del humano, el alma de su alma, aquello que le da unidad y aquello que lo hace ponerse en relación con los otros hombres y buscar su amistad. Grogio Agamben dedicó un libro fascinante al alma, donde señala que es un principio corpóreo, un cuerpo sutil y luminoso que penetra en todos los seres y es el origen del crecimiento de la vida sensible. Dice que no es un principio externo al cuerpo sino  connatural a la muerte del cuerpo y que sobrevive ascendiendo al cosmos o lo que en oriente se llama Prana que es energía, la energía vital en nosotros, la vida en nosotros. Esta vida se manifiesta a sí misma, por lo que al cuerpo físico concierne, como el aliento entrante y saliente. Son dos extremos opuestos. Los consideramos como uno solo. Decimos, "respiración", pero la respiración tiene dos extremos: la inspiración y la expiración. Toda energía tiene dos extremos, toda energía existe entre dos polos opuestos. No puede existir de otra forma. Los polos opuestos con su tensión y su armonía, crean la energía; como los polos magnéticos. Esta idea del cuerpo etéreo o astral  todavía vive en muchas creencias y filosofías actuales.

El vehículo del alma está localizado en el semen  y es el transmisor de la vida. Platón lo asoció con el descenso del alma  al cuerpo. En un pasaje celebre  de su obra Timeo se dice que el demiurgo ha dividido  a las almas según los astros; por esto las almas tienen morada al astro que le corresponde. . Allí permanecen hasta  que llega el momento de descender  para habitar el cuerpo que a cada uno le ha sido asignado. A la muerte, el alma  regresa a su astro; la del malvado están condenadas a encarnar de nuevo  y cada vez más bajo en la escala  de los seres.  El mito de Platón inspiró a Plotino, Porfirio y Proclo y también a su heredero Macrobio a investigar el concepto del cuerpo astral. La forma del cuerpo astral era esférica pero al entrar en el cuerpo físico adquiría la figura de éste, era una suerte de envoltura  etérea del alma. Su función era doble: vehículo  del alma en su descenso del astro al cuerpo terrestre también era puente, el término mediador entre dos realidades opuestas e irreductibles: el cuerpo, materia mortal y el alma incorpórea e inmortal.

Sin el cuerpo etéreo, el alma no hubiera podido comunicarse con el cuerpo físico ni con el mundo material. Así, con gran sutileza llegamos a la relación entre la mente  inextensa y el mundo de los sentidos. El alma participable, es decir que participa en el tiempo y en el devenir goza de un cuerpo primero y perpetuo que no está sometido en su substancia al nacimiento y a la corrupción. En el libro Timeo, Platón  afirma que el alma  tiene tres vehículos: uno consubstancial e inmaterial, el otro etéreo y material y otro más idéntico al cuerpo. En su descenso, el alma atraviesa los distintos cielos y entonces los planetas “inscriben sus dones en la material astral que le envuelve las cualidades y los destinos del futuro individual”. Así el cuerpo etéreo es también portador de las inclinaciones del alma y de sus pasiones y facultades. Es el agente, como en el otro extremo lo son los humores de las simpatías y las antipatías.

No es difícil comprender  por qué, en la visión religiosa no aparece los vehículos etéreos del a de la existencia del alma antes  del nacimiento y la desaparición del cuerpo después  de la muerte. La resurrección de los muertos es uno de los grandes misterios de esta religión, pero en general no habla del destino del alma al separarse del cuerpo y su ascenso a lo desconocido, pero no sólo después de la muerte sino en momentos excepcionales como el éxtasis y los sueños. Aunque la creencia en el “viaje del alma” por otros mundos es antiquísima y aparece lo mismo en el Asia Central que en la América precolombina.

Marsilio Ficino creía en el cuerpo etéreo y en las influencias planetarias. Su revaloración de la melancolía como una disposición propicia a la contemplación, al amor, y a la poesía, fue también una reafirmación de la doctrina astrológica. También figura en el pensamiento de este escritor  la cosmología del amor y la teoría de la simpatía universal. No en forma cosmo-mecánica de los estoicos sino como una suerte de afinidad entre todas las cosas y seres, en el caso de los seres animales la atracción es hacia lo bueno. Lo bueno, que va de los útil a lo perfecto.

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