viernes, 31 de mayo de 2013

LA MAGIA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

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Es el conocimiento superior de las leyes del universo y de la creación que posee el mago. Conociendo el modo que opera la creación, puede modificar las cosas y los acontecimientos.

La magia es el uso de las energías naturales y la visualización positiva para crear cambios en nuestras vidas. Todos somos mágos, simplemente porque estamos rodeados de energía. Con ella tenemos el poder de originar el bien en nuestras vidas o también emplearla para atraer negatividad. La tierra está llena de maravillas vivas, y utilizando sus energías podemos crear magia que puede ser usada en la vida cotidiana como ayuda en la visualización de nuestras necesidades. Un pensamiento positivo puede ser proyectado al universo y convertirse en una hermosa transformación psicológica. Por ejemplo, las plegarias, los cánticos, rezos, meditaciones habladas, mantras son formas de magia, que muchos lo hacen diaria y casi mecánicamente, pero no saben de su poder, ya que es energía enviada al universo de forma positiva y con el tiempo es reflejada. Muchos sueños y deseos han sido cumplidos a través de una súplica humilde y ferviente 

La Magia fue la ciencia de Abraham, Orfeo, Confucio, Zoroastro, Buda, Jesús, Enoc, HermesTrismegisto, Mahoma, Paramahansa Yogananda. Sus nacimientos comportan un cambio drástico en nuestras vidas y sus doctrinas mágicas han perdurado en el tiempo porque han llegado a un perfecto dominio de sí mismo. Moisés las purificó y quitó el velo: este es el sentido del vocablo "revelar". El nuevo disfraz que les brindó fue el de la Cábala: exclusiva herencia de Israel e inviolable secreto de sus sacerdotes. Los misterios de Eleusis y Tebas se preservaron entre los gentiles por sus símbolos, pero en forma degradada, y la clave mística se perdió en medio del aparato de una superstición en constante crecimiento, a pesar de ello ha llegado hasta nuestros tiempos la palabra perdida y recobrada y transmitida  a los elegidos de las iniciaciones. en la célebre orden de los templos de las asociaciones secretas de rosacruces, illuminati y masones, y que se da  significado en sus ritos, a través de signos más o menos convencionales, y  da una justificación a su creencia, al igual que una clave a su poder.

Es importante también hacer una distinción entre magia y brujería, aunque ambos interactúan con el mundo, concretamente con el invisible, donde se práctica en modalidades distintas.

El Chamán es el súcubo del mundo de los espíritus, el medio por el que pasa la información de un mundo a otro, al nuestro. Está en contacto con otras dimensiones y en estado de trance la describe, proporcionando a quien le escucha informaciones útiles. A veces, durante su visita al mundo de la otra dimensión, se encuentra con seres, formas, colores que no son los nuestros. Cuando vuelve en sí intenta representar las visiones que ha tenido, en una reproducción de imágenes y figuras que necesariamente fuerzan nuestras capacidades cognoscitivas, porque se refieren a una realidad que no es la nuestra. Debido a esto se producen imágenes extrañas, onírica, que representan criaturas que pueden ser en parte humanas y en parte animales o demoniacas. Antiguamente, y hoy que se está recobrando el valor de las culturas pasadas, que fueron aplastadas  y alteradas por los invasores, el Chamán es quien se relaciona con otras dimensiones practicando un conjunto de comportamientos, actitudes mentales y creencias gracias a los cuales pueden ponerse en contacto con el mundo de los espíritus, recibir sus mensajes o enseñanzas y ejercer de puente entre la otra dimensión y la nuestra.

El chamanismo está presente en todos los pueblos y en todas las épocas, con características comunes pero también específicas de cada tradición. Ejemplo son los indios que pueblan toda América, que poseen una gran riqueza de información que aporta sobre las técnicas chamánicas. La figura del chamán es de un médico que utiliza canales energéticos útiles a través de los cuales fluye el poder de sanación. Es un catalizador y dirige todo el poder necesario para realizar curaciones o sortilegios. Le basta con una acción muy simple como la de tomar entre sus manos unas piedrecitas cogidas del lecho de un río, -ya que el agua las purifica_  y les carga de energía según la intención por la que trabaje. Las piedras se convierten en potentes tótems, es decir, amuletos aliados del chamán. Este, después de haber acumulado en su interior el significado y la carga de su intención, transforma el objeto con el que ha entrado en contacto en un campo energético radiante, que continuará emanando la información energética hasta que haya modificado la realidad y haya cumplido lo que se le había encargado. Con su poder, o su carga energética, el chamán puede modificar las manifestaciones energéticas de las personas. De esta manera se puede eliminar el bloqueo de los chakras que no dejan fluir libremente la energía y provoca enfermedades u malestares.

Según la importancia de la acción que debe realizar, el chamán conectará con el poder de la creación, requiriendo para sí el poder de las plantas, de los animales, de la tierra o de todo el universo. Obtiene el poder máximo cuando requiere a toda la creación visible invisible. Para ello extrae energía de todas las direcciones  cardinales incluyendo el centro inferior y superior. estas direcciones están colocadas en la llamada rueda de la medicina, un círculo en el que se encuentran todas las direcciones donde el chamán invoca  y el poder se manifiesta visible e invisible,  representando la realidad cumplida, es decir mediante la fuerza que moldea el campo energético.

Visible e invisible son dos caras de la misma moneda, como la noche y el día, como la vida y la muerte. La una no concluye con la otra, sino que antipa su llegada. La realidad es vivida en sentido circular, porque a cada fin, a cada muerte corresponde siempre un renacimiento, en un ciclo eterno que representa la respiración vital del universo.

EL MAGO

Del griego magos, que significa hombre consagrado. Este nombre se dio a la casta sacerdotal a la que Zoroastro confió el cuidado del culto, la interpretación de los movimientos de los astros y la custodia del fuego. Esta ciencia de la religión de Zoroastro, es célebre en la antigüedad porque se participa en el estudio de conocimientos sobre medicina, ciencias naturales y las ciencias ocultas.

El mago posee unas características muy distintas al chamán. No es necesario que tenga una sensibilidad especial, no actúa de manera pasiva con la otra dimensión, sino que estudia el cosmos y sus reacciones.

Impone su voluntad, a partir de sus conocimientos superiores del mundo y del universo, mediante rituales, fórmulas, energías pocos conocidas y, sobre todo, el conocimiento y la utilización de la regresión cósmica.

La magia se basa en la ley de la simpatía universal, según la cual todo está relacionado con todo. Por medio de un fluido sutil que une todas las cosas, cualquier movimiento en las distintas dimensiones del cosmos se transmite a todas las demás cosas, preferentemente a aquello que tiene capacidad de resonar. Una vez conocida la dirección exacta, se puede influir en cualquier cosa, porque no existen áreas de discontinuidad como cree la ciencia moderna.

Este proceso de resonancia es particularmente válido para el humano, que es un microcosmos que refleja plenamente el macrocosmos de la creación. En efecto, el hombre está compuesto por los mismos elementos que se halla en el universo, son las mismas sustancias, los mismos procesos, los mismos desequilibrios que tenemos todos los que poblamos la tierra (microcosmos)  y también en el macrocosmos que regulan las fuerzas del universo.

LA REGRESION COSMICA

Es el gran secreto de los magos. Según la concepción antigua, un mago no podría intervenir de manera significativa en el curso de los acontecimientos si no supiera trabajar con la regresión cósmica. Para entender qué es y cómo funciona este concepto debemos conocer cómo procede la creación, ya que, de hecho, la regresión cósmica es un modo de conectarse de nuevo con la creación del universo e imitar las acción de los dioses.

Según los antiguos hermetistas, filósofos, pensadores y magos del mundo griego, egipcio y caldeo, que vivieron entre el siglo II a.de n.e. y los primeros siglos de esta era, en la creación existe un centro que origina energía que difunde a su alrededor, A medida que esta se aleja del centro decae hasta llegar a un punto de congelación de la materia.

El mago es capaz de trabajar con esta energía, interceptándola en el momento en que se dispone a transformarse en materia y acontecimientos. Aquí, en este espacio y en este tiempo, que no es nuestro, sino el tiempo sagrado del mito, el mago consigue interponer el filtro de sus transformaciones entre el antes del todavía no materia y el después de la materia ahora ya transformada.

De esta manera puede incorporarse a este proceso creativo, mediante la repetición de las acciones de los dioses en el rito y en las celebraciones que permiten salir de nuestro espacio/tiempo cotidiano profano para entrar en el espacio y en el tiempo sagrados, idénticos a aquellos en los que los dioses llevaron a cabo el acto de magia más importante que es la creación, existiendo una dimensión diferente a la nuestra.

MAGIA Y ALQUIMIA

El acto creativo que acabamos de describir sigue un procedimiento utilizado por una disciplina tradicional próxima a la magia: la alquimia.

Las transformaciones alquímicas  no pueden tener lugar si los materiales con los que se trabaja no se llevan antes a un estado de materia prima, entendida como la sustancia cósmica originaria de la que todo procede.

Si primero el alquimista no transforma sus elementos en materia prima, no tiene la posibilidad de incorporarse al proceso creativo de los orígenes, y, por ejemplo, no puede convertir el plomo en oro.

El alquimista, al igual que el mago, debe identificarse con las fuerzas del universo para poder entrar a una dimensión que le permita interferir en la naturaleza. La imitación de la acción principal de como está organizado el cosmos tiene una importancia fundamental para entender el estado psicológico en que deben estar el mago y el alquimista para encontrar la carga psicoenergética necesaria para hacer posible la operación mágica y alquímica.


IDENTIFICACIÓN CON LAS DIVINIDADES

En la magia también tiene lugar un proceso de identificación con la divinidad: hay que seguir el mismo camino que la divinidad para llegar a ser capaz, con ella, de modificar los acontecimientos. esta es una convicción que tiene un fuerte arraigo en el pensamiento mágico.

En los grimonios medievales, que es la gramática de la operación mágica, encontramos esta identificación entre mago y divinidad. El mago, mientras recita el ritual, llega a identificarse un poco con una divinidad, del que se cree procede la creación, y puede, como él, pronunciar el fiat, o sea, con el ordena a la naturaleza.

Encontramos un ejemplo de esta identificación en el Heptamerón, atribuido a Pietro de Abano, es el exorcismo general para los espíritus del aire, el mago actúa enganchándose a los atributos de potencia y creación de dios, es decir, absorbe la potencia de otras entidades, y una vez asumido el poder de imposición de la divinidad, habla al final en tercera persona como si fuera dios, y su voluntad es la de que debe ser obedecida.

LA MAGIA COMO HOMEOPATIA

Las pinturas rupestres prehistóricas testimonian con abundantes ejemplos que los animales pintados y las escenas de caza no son representaciones naturalistas, sino formas de propiciación mágica. Golpear con la punta de una lanza al animal representado, descargando la agresividad contra él, es un procedimiento muy común en todas las tradiciones mágicas del mundo. La imagen representada actúa como nexo con el animal real. este es el principio de la homeopatía.

Dicho principio es afín al del contagio, según el cual un testimonio de la persona o del animal ( un elemento que tenga un vínculo directo con ellos, como es el pelo, sangre o una prenda que haya llevado) permite repercutir en la persona o animal del que procede. De hecho, precisamente en este principio se basa el mal de ojo.

El principio de la analogía es igualmente importante, porque se encuentra en los fundamentos del pensamiento de las sociedades tradicionales: dos cosas son de alguna manera análogas si comparten determinadas características funcionales. Tal como afirmaba Papus, un antiguo egipcio podría haber razonado del siguiente modo: ¿Para que sirven los pulmones? Para absorber el aire que, una vez transformado, alimenta el organismo. ¿Para qué sirve el estómago? Para transformar la comida que alimenta el organismo. Por tanto, estómago y pulmones son análogos porque desempeñan funciones similares.

A partir de ahí se puede elaborar toda una serie de equivalencias análogas entre varias partes del organismo.


HIPOTESIS MODERNA DEL FUNCIONAMIENTO DE LA MAGIA

Tras el análisis de la literatura mágica del pasado podemos llegar a la conclusión de que, para que la magia pueda funcionar,  se debe cumplir  cuatro condiciones:

* Los seres vivos han de poder recibir y transmitir algún tipo de energía, conocida o desconocida.

* Debe haber un medio portador capaz de transmitir a gran velocidad estas radiaciones en la distancia.

* El hombre ha de poder entrar en resonancia con otros seres humanos.

* La ritualidad y la simbología mágicas han de poder activar algún tipo de campos energéticos dirigidos por la voluntad del mago.

El primer punto tiene una gran importancia. Según el pensamiento tradicional, cualquier cosa está vinculada y resuena con otra cualquiera, en cumplimiento del concepto de simpatía universal. Por esta razón no hay nada extraño en el hecho de que el mago pueda actuar a distancia sobre algo o alguien. 

El historiador árabe Ibn Khaldun, con respecto al tema de la magia, consideraba que el mago tenía la capacidad para llevar a cabo actos mágicos a distancia a través de un fluido especial emitido por él mismo.

Muchos autores compartían la opinión de que algún tipo de esencia magnética o fluído estaba unido a todo lo que existe. Prueba de ello es la convicción de que era posible transmitir a distancia estos influjos magnéticos.

Paracelso hace un comentario relevante sobre el hecho que sea posible que los medicamentos ejerzan su acción, aunque no sean ingeridos, sino simplemente puestos en contacto con el cuerpo; igualmente no debería parecerte extraordinario e imposible que un fármaco pueda curar al hombre incluso sin ser ingerido, sino solo llevado colgado edel cuello como amuleto.

En  la base  del pensamiento de Habnemann, padre de la homeopatía, hay indudablemente una concepción de la vida de tipo fundamentalmente tradicional. Esto se desprende, en particular, de sus opiniones sobre la fuerza vital. Esta esencia inmaterial es una dimensión informativa vital, que es la que regula el organismo y lo mantiene en un estado de equilibrio psicofísico. Tanto es así que una perturbación de la fuerza vital puede comportar descompensaciones físicas.

Cuando se suministra un medicamento se crea una interacción energética entre uno de los cuerpos sutiles del humano, quizás el cuerpo etéreo o un sistema concreto de nuestro organismo, como por ejemplo el inmunitario y el mensaje transmitido por el medicamento probablemente por vía electromagnética.

El segundo punto tiene que ver con la existencia de un portador capaz de transmitir relaciones en la naturaleza. Puesto que el acto mágico se manifiesta sin problemas de espacio, la acción del mago que podrá transportarse en la distancia en tiempos muy breves a través del eter, que es el fluido omnipresente que une todas las cosas del universo, ya que son partículas más veloces que la luz.

El campo constituido de esta manera sería el portador de cualquier información, por ejemplo, la de las formas de pensamiento del mago emitidas por ondas cerebrales, capturadas por el portador muy veloz y transmitido a distancias increíbles. Por tanto, este portador podría intervenir en el proceso mágico.

En el tercer punto hay que hacer referencia a los experimentos realizados por el investigador italiano Alberto Tedeschi sobre la interacción de las ondas cerebrales. 

Uno de sus experimentos tenía como objeto estudiar si en los electroencefalogramas de pacientes y el terapeuta, se registraba alguna interacción entre sus ondas cerebrales en el curso de la sesión. Y se vio que, al principio las dos personas tenían frecuencias diferentes, a medida que avanzaba la sesión se producía un acercamiento de la frecuencia del paciente y la del terapeuta hasta acabar siendo idénticas.

En una segunda serie de experimentos se observó que cuando el terapeuta a unos metros de distancia concentraba su atención en algunos órganos del paciente, en estos se registraba variaciones de su frecuencia específica, influenciada por la actividad mental del terapeuta.

Son estudios que demuestran la existencia de un proceso de interacción y resonancia entre los seres humanos.

El cuarto y último punto puede explicarse por las que se han venido a denominar ondas de forma.

Según la opinión de muchos radiestesistas y geobiológicos, el campo magnético terrestre, cuando se encuentra una figura geométrica tridimensional o bidimensional es atraído por dicha figura, que se impregna de energía recibida y la emana de nuevo, modificando el mensaje típico: lo que inicialmente podía ser inofensivo, ahora puede ser peligroso, porque algo ha cambiado en el tipo de radiación.

Las figuras geométricas emiten en determinadas condiciones energías sutiles que pueden resultar positivas o negativas para los seres vivos.

Conociendo estas fuerzas, el mago puede suscitar, con simples dibujos jeroglíficos o movimientos rituales, ondas de forma que son producidas por las formas dinámicas y que son emitidas a través de movimientos de danza o gestos rituales una serie de efectos tanto sobre los seres biológicos como sobre la materia.

LA MUJER DEJO DE SER PREDOMINANTE EN LA MAGIA

En tiempos antiguos, las tribus tenían dos figuras predominantes. La primera era el líder: el más valiente, fuerte y suficiente para derrotar a sus semejantes que lo desafiaban, lo bastante inteligentes para escapar a las conspiraciones de la eterna lucha del poder, que no solo se da hoy, sino que nació en la noche de los tiempos. Una vez establecido en su cargo, era responsable por la protección y el bienestar de su pueblo en el mundo físico. Con el transcurso del tiempo, lo que fue una selección natural terminó por corromperse y la figura del líder pasó a ser transmitida hereditariamente. es el principio  de la perpetuidad del poder, donde surgen los emperadores, reyes y dictadores. Todos ellos vienen hacer lo mismo, mantienen el poder sin la aceptación de su pueblo.

Sin embargo, más importante que el líder era el chamán. Ya en los albores de la humanidad los humanos percibían la presencia de una fuerza superior, la razón para vivir y morir sin que pudieran explicar de dónde venía. Junto con el nacimiento del amor, surge la necesidad de una respuesta al misterio de la existencia. Los primeros chamanes fueron mujeres, fuente de vida; como no estaban ocupadas con la caza o la pesca, se dedicaban a la contemplación y acabaron sumergiéndose en los misterios sagrados. La tradición era transmitida a las más capaces, que vivían aisladas, y por eso eran vírgenes en su mayoría. Trabajaban en un plano diferente, equilibrando las fuerzas del mundo espirituales como las del mundo físico. 

El proceso era casi siempre el mismo; la chamana del grupo entraba en trance por medio de la música, en especial la de percusión. Bebían y administraban pociones que extraían de la naturaleza. Su alma salía del cuerpo y entraba en el universo paralelo. Ahí encontraban a los espíritus de las plantas, de los animales, de los muertos y de los vivos, todos conviviendo en un tiempo único.

Desde ese punto único ellas encontraban a sus guías para equilibrar las energías, y encontraban la cura a las enfermedades, provocaban las lluvias, restauraban la paz, descifraban símbolos y señales enviadas por la naturaleza, castigaban a todo aquel que estuviese estorbando el contacto de la tribu con el todo. En aquella época, como el viaje en busca de comida obligaba a la tribu a estar siempre en un lugar distinto, no era posible construir templos o altares de adoración. Sólo estaba el todo, en cuyo vientre caminaba la tribu.

En la misma forma como aconteció con los líderes, la función de los chamanes fue desvirtuada. debido a que la salud y la protección  del grupo dependían de la armonía con el bosque, el campo y la naturaleza, las mujeres responsables del contacto espiritual, el alma del grupo, comenzaron a ser investidas con una gran autoridad, generalmente superior a la del líder. Es un momento que la historia no sabe precisar, aunque se cree que fue poco después del descubrimiento de la agricultura y el fin del nomadismo, el don femenino fue usurpado por el hombre. La fuerza se sobrepuso a la armonía. las cualidades naturales de esas mujeres ya no se tomaban en cuenta; lo que importaba era el poder que tenían. 

El siguiente paso fue organizar el chamanismo, ahora masculino, en una estructura social. Nacieron las primeras religiones. La sociedad había cambiado y ya no era nómada, pero el respecto y el temor al líder y al chamán estaban y continúan estándolo, quedaron arraigados de manera definitiva en el alma de los seres humanos.

Conscientes de eso, los sacerdotes se asociaron con los líderes para mantener al pueblo sumiso. Quien desafiara a los gobernantes era amenazado con el castigo de los dioses. en un momento dado, las mujeres comenzaron a reclamar que se les devolviera el papel de chamanes, porque sin ellas el mundo se encaminaba al conflicto. Pero siempre que eso ocurría, eran inmediatamente apartadas, tratadas como herejes y prostitutas. Si la amenaza era realmente fuerte, el sistema no dudaba en castigarlas con la hoguera, el apedreamiento y, en casos más suaves como el exilio. La historia de la civilización no dejó vestigios de religiones femeninas; sólo sabemos que los objetos mágicos más antiguos descubiertos por los arqueólogos representan diosas.

Pero eso se perdió en las arenas del tiempo. De la misma manera en que el poder mágico, utilizado sólo para fines terrenales, terminó diluido y sin fuerza. Lo único que permaneció fue el miedo al castigo divino que subsiste hasta hoy.


jueves, 2 de mayo de 2013

SOMOS UN RIO FUGITIVO Y ETERNO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Tao Sté se había desilusionado porque sus  congéneres no sabían vivir en armonía con la naturaleza. Deseando pasar sus últimos de su vida en soledad, se subió al lomo de un búfalo de agua y se dirigió al oeste, el lugar que hoy es Tíbet. Cuando llegó al paso de Hankao, un guardián al enterarse de sus intenciones de apartarse de la sociedad, intentó persuadirle para que volviera atrás. Pero  aunque no consiguió, logró convencerle de que al menos escribiera la esencia de sus enseñanzas para que los demás pudieran aprovechar la sabiduría. Al cabo de tres días Lao Tsé volvió con un conciso volumen compuesto de ocho y un aforismos  titulado Tao Te Ching, que significa  “El camino y su poder”. Una de las principales percepciones descritas en el libro es que si observamos la naturaleza que expresa y nos conectamos con la sabiduría intuitiva que hay en nuestro interior y ésta nos guiará en cualquier situación.

Para ello hay que estudiar y fomentar como hábito diario los principios del tai chi chuan, que se lo realiza en lugares abiertos, es una meditación dinámica realizada con movimientos lentos, que se practica para gozar de salud, equilibrio y longevidad; el chi gong, un antiguo sistema chino de respiración y movimientos concebido para mejorar la salud y el bienestar y para prevenir las enfermedades; el  feng shui, el arte chino de crear un entorno basado en patrones yin y yang y en la circulación energética; y la acupuntura, una medicina complementaria que equilibra la polaridad de las energías del cuerpo insertado unas finas agujas en puntos de los meridianos para que el chi vuelva a circular adecuadamente y el paciente recupere la salud. Este flujo energético que podemos controlar se llama  Tao, que viene hacer la esencia primordial o el aspecto fundamental del universo; es el orden natural de toda la existencia, mediante el abandono de nuestro propio camino para seguir en su lugar el gran camino 
PRINCIPIOS

El tao es un principio cósmico que infunde vitalidad a todos los aspectos de la vida. Cosmológicamente, que al moverse se convierte en dos polos opuestos que fluyen entre sí, conocidos como el yin y el yang y de los que surge a su vez el mundo material, que aparece ser lo opuesto a la unidad.

El taoísmo se practica viviendo en armonía con la sabiduría. Es decir el no ir en contra de la acción de la naturaleza. El agua es un símbolo común en los textos taoístas que nos recuerda que la adaptabilidad es también un signo de fuerza. No hay nada que sea más adaptable que el agua y, sin embargo, el agua puede erosionar una piedra. Esta filosofía de vida nos enseña a fluir con los procesos y los cambios naturales en lugar de ir en contra de ellos. Practicar es valorar la flexibilidad y la humildad.
La vida y la muerte son partes de un ciclo que se van alternando y que no se debe desear ni temer. Nuestro destino es participar en la coagulación y la dispersión de la vida. Por lo que siempre debemos tener presente en preservar y cuidar la vida  para gozar de longevidad e incluso de inmortalidad mediante prácticas de alquimia interna y externa: meditación, ejercicios de visualización y prácticas físicas.

FLUYENDO COMO EL AGUA
Con esta introducción es más asequible entender el Tao, y así podremos reconocer fácilmente el símbolo del yin y el yang, que consiste en un círculo dividido en el centro por una línea serpenteante que semeja a un río fluyendo de la parte superior a la inferior.

Una mitad del círculo es negro y la otra blanco. Dentro de cada mitad hay un pequeño círculo de color opuesto: en la parte negra es blanca, y en la parte blanca es negro. Simboliza la energía que fluye de un polo a otro en la continua danza de los opuestos. El día se convierte en la noche y la noche se convierte en el día. Las mareas suben y bajan. La temperatura cambia de caliente a fría. A veces estamos sanos y otras enfermos; a veces estamos alegres y otras tristes. Todos experimentamos en la vida cotidiana esta danza a través de este fluir que se da entre las polaridades.
De la misma forma que el invierno se convierte en primavera y que los nuevos retoños reemplazan a las ramas desnudas del invierno, nuestra vida tiene una inteligencia y un misterio que la guían como un río invisible que sabe cómo volver a su fuente. Esta inteligencia entrelazada en el paso de las estaciones fluye a lo largo de nuestra vida.

Podemos ver este río fluyendo en nuestra vida, cuando conocemos a las personas que necesitamos conocer, o cuando nos encontramos con las oportunidades que nos permiten prosperar, y con los retos que nos ayudan a cultivar nuestros recursos interiores.
Para lograrlo hay que ser receptivos, observar la vida  en la simplicidad de la naturaleza y cultivando la sensación intuitiva que nos permite ceder en la contraposición de la vida. Ninguno de los dos se considera bueno o malo, ambos son complementarios, necesarios para mantener nuestro equilibrio. El equilibrio se da en la circulación de la energía entre opuestos, lo oscuro, húmedo y femenino como la tierra y lo luminoso, seco y masculino como el cielo.

NO RESISTIR
En el desarrollo de nuestro camino espiritual, del progreso material, de una vida correcta, de una relación afectiva, comprendemos que el camino siempre está fluyendo. Que seguimos un proceso para llegar a la felicidad plena.

Pero también hay ocasiones en las que nos resistimos a dejarnos llevar por la corriente de nuestra vida. No queremos aceptar las realidades, y por más que nos opongamos a ellas seguimos bajando por el río de nuestra vida. Pero al verlo en retrospectiva puede que comprendamos lo estúpido que es resistirnos, no sólo porque es inútil, sino además porque aquello que tanto temíamos nos ofrece unos regalos inesperados. Incluso en estados intermedios en los que nos sentimos impotentes, afligidos y desolados, advertimos que al aceptar estas emociones en lugar de rechazarlas experimentamos una profunda y extraña paz. Por tanto podemos sentir que es más sensato fluir con el río de nuestra vida.

ALCANZAR
Fluir con el curso de la vida implica aceptar los procesos relajados. Aceptar las situaciones, en lugar de intentar cambiarlas o controlarlas. Tenemos que aprender a ser como el agua. El agua sortea cualquier obstáculo y se adapta a aquello que lo contiene, busca los lugares más bajos. El agua vence lo duro y lo quebradizo. Excava los cañones de roca y desmorona las montañas. El agua es infinitamente dúctil y adaptable y, al mismo tiempo, infinitamente fuerte. Es absurdo resistirse a la corriente. El agua se escurre por nuestros dedos, no podemos retener ni rechazar esta escurridiza corriente. Y sin embargo, en otros contextos intentamos oponernos a ella todo el tiempo y ello nos impide avanzar en armonía y explotamos.

SIGAMOS EL CURSO DE LA VIDA

Saborear una dulce naranja, aspirar el perfume de una flor  o embelesarnos con las formas de un atardecer es maravillarnos de la perfección de la naturaleza, de sus actos creativos de la naturaleza que se llevan a cabo a través de un misterioso proceso más allá de nuestro control y que nos enseña a ser humildes ¿Por qué interferir o intentar controlar aquello que ya es magnífico en su fluir natural? sin embargo, nos cuesta mucho intentar hacerlo. Queremos controlar y cambiar las cosas y a veces incluso forzarlas a que salgan como nosotros queremos. ¿Qué podemos hacer para vivir dejando que la corriente siga su curso?
Quizás hayamos observado una práctica de tai chi en la que los participantes se mueven de manera lenta y concentrada, siendo conscientes de la respiración. Este proceso meditativo nos da una idea de lo que es estar presente. Hay que bajar el ritmo habitual de pensar y actuar para ser conscientes de lo que está ocurriendo en el momento presente. Si aprendemos a observar con armonía y tranquilidad podremos reaccionar de la forma más adecuada.

NO LUCHEMOS CONTRA CORRIENTE
Posiblemente una de las cosas que más nos cuesta es dejar que las situaciones ocurran, en lugar de intentar que sucedan como nosotros queremos. Tenemos un ego tan fuerte que estamos convencidos de que tener el control, o las riendas, significa ser responsables, decididos. Pero esta postura no es la mejor.

Veamos algunas de las implicaciones que tiene. Muchos de nosotros tal vez creamos que para hacer mejor un trabajo por importante que éste sea difícil o lleno de dificultades, porque así nos enseñaron desde la escuela o a través de la  religión, que el sufrimiento es el camino para tener una mejor vida. Nos hacen empujar una gran roca hacia la cima de la colina. Lo que tenemos que lograr convencer a nuestra mente es que los logros más importantes no son difíciles de alcanzar y que es inútil  seguir luchando contra la corriente. Dejemos de intentar controlar una situación, y eso no significa que no debamos esforzarnos por solucionar pero sin preocupación, porque el tiempo se encarga de ello si nosotros no podemos. Y muchas veces hacer un esfuerzo adicional es necesario. Al igual que el río fluye con fuerza al ir colina abajo, también hay momentos en los que es adecuado que reforzar más. Hay muchas situaciones personales, familiares, laborales, que nos van a exigir un esfuerzo adicional, pero esto no significa que es ir contracorriente, sino que al contrario significar responder  a la situación que se requiere, es más bien es ir con la corriente.
NUEVAS FORMAS DE MANIFESTARNOS

La vida nos dice cuándo hemos perdido el equilibrio. La corriente de nuestra vida nos indica que estamos intentando manipular una situación en lugar de dejar que siga su curso natural. Si somos sensibles al fluir de la corriente de la vida, podremos adaptar el esfuerzo que aplicamos y ver si es más adecuado ceder a ella o actuar. Ignorar las señales y seguir empecinadamente por el mismo camino o quitarles importancia a cualquier precio, implica que estás intentando controlar la situación en lugar de rendirte a la sabiduría del fluir de la vida que nos ofrece a cada instante.
Hay que aprender a confiar en el fluir de nuestro río de la vida para dejarnos llegar. No se trata de renunciar temerariamente a tener el control. Al contrario, ceder al curso que sigue la inteligencia de la naturaleza, es una decisión muy sagaz, aunque a veces parezca no exigir esfuerzo. Por tanto hay que confiar en el fluir que nos lleva el río. Si confiamos en su sabiduría nos sentiremos más seguros mientras nos aventuramos hacia lo desconocido. A veces cuando tenemos miedo, buscamos alguna certeza. Queremos conocer el lugar al que nos estamos dirigiendo. Podemos incluso crearnos una vida pobre y previsible para evitar la desazón que nos produce lo desconocido. Sin embargo, la vida nos obliga a entregarnos a ella. Quizá de pronto nos quedamos sin trabajo, enfermamos, romperos una relación sentimental,  o nos encontramos en medio de un desastre natural. Y sin embargo de estas situaciones inesperadas nos enseñan a afrontar la vida de una nueva forma, a manifestarnos en nuevos recursos interiores.

Si aún nos hemos aprendido la actitud de no ir en contra de la acción de la naturaleza, no perdamos la oportunidad de hacerlo. Pero para ello hay que cultivar la paciencia, como la nieve que cae de la hoja en el momento exacto en que la fuerza de la gravedad la impulsa a hacer. El sauce se dobla bajo la fuerza del viento. Nuestras vidas también están sometidas a la presión y al empuje de los ritmos de la naturaleza. Para estar en armonía con este fluir, debemos cultivar la paciencia que nos permite esperar el momento adecuado para actuar o ceder.
Al esperar, la situación se aclara. Para estar atento al momento oportuno hay que ser paciente. En algunas ocasiones, es más prudente esperar a que nuestro amante se acerque y nos diga un cumplido o nos dé un beso antes de preguntarle si nos quiere. En otras ocasiones, es mejor quedar con la persona que nos atrae en lugar de dejar que siga con su vida sin hacerle saber que la amamos. En la espera hay que descubrir el momento idóneo guiándote por tu intuición para sentir cuándo debes actuar o ceder. Las cosas suelen ir más lentas de lo que nuestro ego desea, hay una parte nuestra que es impaciente y quiere la respuesta ahora y al observar esta parte podemos reconocerla. Para ello hay que llevar una vida armoniosa con el misterio invisible que está tejido en la matriz de la naturaleza que nos invita a mantener una actitud abierta ante la vida, para fluir intuitivamente con sus siempre cambiantes corrientes. Esta forma espontánea de actuar y fluir nos da una nueva libertad. Al practicar esta danza de la vida aprendemos a cultivar la paciencia, a esperar el momento oportuno para actuar o para ceder, y a fluir con el ritmo de las energías mientras éstas se mueven entre los polos opuestos y complementarios de la vida.

Cambiemos la prisa por la espera como cultura y veremos como mejoramos nuestro estado de ánimo y por ende nuestra salud. Hay que saber afrontar la espera el momento oportuno en el que actuar, necesitamos tener paciencia. Cuando estamos en una sala de espera de un médico, en la parada de autobuses o detenidos en el vehículo en un semáforo esperando que cambie a verde, muchas veces advertimos impaciencia y así la espera se hace todavía más larga. Pero esos momentos podemos cambiar, en vez de impacientarnos nos vamos a sumergir con más profundidad en el momento presente, respiramos hondo varias veces para calmarnos y armonizarnos con el fluir de los acontecimientos, disfrutamos de ese momento con la tranquilidad que nos produce nuestra quietud interior, que es uno de los regalos de la paciencia. Así hemos aprendido a mantener la calma y a esperar pacientemente y fluirás en la corriente de la vida con más destreza.

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