jueves, 27 de agosto de 2009

LA SABIDURIA DE LA NATURALEZA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Toda la naturaleza es nuestra maestra: Desde la flor más delicada hasta el árbol más frondoso; desde la laboriosa hormiga hasta la imperiosa águila que surca el cielo, desde la montaña más elevada hasta las profundidades del mar, nos enseñan sus secretos de vida. Estamos unidos con este planeta y todos sus elementos nos transmite su sabiduría para saber como funciona la vida y los cambios que tienen lugar en el interior y exterior de cada uno de nosotros.
 
Tenemos que aprender a observar con detenimiento cada aspecto de la naturaleza, desde la pequeña semilla que brota, el robusto árbol que nos da sombra, la capacidad de tenacidad del animal felino para acechar y cazar a su presa. En todos estos ciclosAñadir imagen podemos sentir la armonía y el estar totalmente presentes, como el perro que sacamos a pasear al parque, que al escuchar un ruido se concentra por completo en él para ser consciente de lo que está ocurriendo. Esa atención del perro nos enseña a despertar en nosotros la intuición innata, la cual nos permite conocer qué es lo que la naturaleza nos está comunicando. La intuición es la facultad de conocer algo no sólo con la mente, sino también con el corazón, el cuerpo y el espíritu. 

A través de la intuición podemos acceder a los reinos del conocimiento. Podemos darnos cuenta que los árboles están aquí para enseñarnos a ser estables en nuestro interior con su forma de arraigar en el suelo y así soportar los vendavales de viento que cruzan por entre sus ramas. El mar nos enseña a celebrar los ciclos de los cambios que hay en la vida y nos recuerda que todo está siempre cambiando, igualmente nos enseña a no ser ansiosos, demasiado codiciosos o impacientes, porque todo viene a su tiempo, y sus aguas al llegar a la playa nos enseña a ser abiertos, indiferentes, ya que siempre está aguardando el regalo del mar en sus arenas. El gato, nos enseña a ser independientes al dejarte claro que sabe muy bien lo que quiere. El perro, nos enseña el amor incondicional, a ser leales. Un pájaro, te enseña a mirar las cosas desde otra perspectiva, te dice que te eleves por encima de las circunstancias. Las abejas, el orden y la disciplina y el trabajo en equipo. La imagen de un venado, te puede impresionar porque estás viendo a la dulzura de la propia naturaleza. Y así tú puedes recibir e interpretar todas las señales que pueden cruzarse en tu retiro con la naturaleza. 
Al vivir en el mundo contemporáneo, entre automóviles, celulares, internet, radio, televisión, consumo desmedido, trabajos absorbentes que exigen nuestra atención durante muchas horas del día, nos hace alejar de las maravillas de la naturaleza, es decir, de las maravillas del Gran Espíritu que fluye en todo. Entonces el hombre citadino si quiere regresar a la sabiduría, tiene que aceptar y dejar que la naturaleza sea nuestra maestra, que nos llegue al corazón y nos haga ver la conexión que tenemos con la vida que bulle en el mundo que nos rodea y de la que nuestra alma es inconsciente. Mantener una relación con el mundo natural nos permite equilibrar nuestra ajetreada vida con los regalos que nos ofrece. Por tanto que importante es aprender a reservarnos un tiempo para unirnos con la armonía que nos ofrece este mundo natural, haciéndonos cada día un regalo maravilloso. No es fácil desconectarse con el ritmo que llevamos cotidianamente, pero si nos damos un tiempo corto y entramos en contacto con la naturaleza en un parque cercano, en el jardín de la casa, podremos tener un relajamiento porque entramos en contacto con otro paisaje, allí sentiremos la suavidad de la hierba, y al pasearnos durante unos minutos contemplando el verdor de las plantas, el diseño de las flores, la estructura de las hojas, el vuelo de las aves, la marcha incesante de los insectos, sin darnos cuenta somos otros, estamos en otra realidad y nos permite ver con una cierta distancia entre la calma y la cotidianidad y con esta breve terapia podemos regresar a nuestro puesto de trabajo sin perder la calma sino más bien motivados.
Aprender de la naturaleza es como penetrar en un misterio que te habla en un idioma que no es tu lengua natal. Te conviertes en el visitante de una tierra desconocida que debe aprender a ser sumamente observador para entender el mensaje que el lugar te transmite de manera silenciosa y directa. Cuanto más tiempo pases en contacto con la naturaleza, más te sorprenderás el ver la perfección con la que encaja todo cuanto hay en ella. Empiezas a confiar en que si algo existe, o si está en camino a existir, hay una razón para ello, que aquello ocupa un lugar en la gran matriz. Aunque no puedas comprender la razón, empiezas a tratarlo todo con mucho respeto, porque todos los acontecimientos son una expresión del Gran Espíritu de la Naturaleza.
Así que en vez de irte a pasear un fin de semana a los shopping -Las catedrales del consumo, del apego-, donde pasan horas contemplando vitrinas en forma mecánica absortos por la propaganda, les invito a volver a nosotros mismos, a nuestro hogar en el universo, a entrar en contacto con la naturaleza y a recibir la sabiduría de sus enseñanzas. Al hacerlo, recordaremos que formamos parte de un todo en el que nosotros, y todos los otros seres vivos, ocupamos un lugar esencial y somos dignos de respeto. No tenemos que sentirnos solos ni tampoco alineados del mundo que nos rodea, sino que estamos totalmente interrelacionados con todos los seres vivos de la naturaleza.


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