martes, 28 de abril de 2009

-EL CENTRO DE LA FELICIDAD

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
El Buda fue un verdadero personaje histórico. Aunque se encuentra entre los líderes de las más grandes religiones del mundo, nunca declaró que fuera, en modo alguno, divino o sobrenatural. El budismo enseña que el Buda nació como hombre, no como dios. Alcanzó la iluminación debido a las investigaciones que realizó sobre la naturaleza de la realidad del yo y del mundo. Esta iluminación no le llegó a través de intervención externa o de fuerzas místicas o sobrenaturales. El camino de Buda es un camino de racionalidad; es el campo de la realidad útil, es el camino del examen crítico y de la investigación permanente en la naturaleza de la vida. El Buda mismo enseñó que la fe ciega y la devoción aislada solas no conducen a la libertad ni a la iluminación, aunque sean útiles en una determinada etapa.
El budismo es una tradición espiritual que se originó con la experiencia de un hombre que despertó a su verdadero yo. Su conciencia expandida le permitió ver la vida desde una perspectiva iluminada. El budismo derivó del hinduismo y se desarrolló en una dirección distinta. Los budistas creen que todos podemos alcanzar el despertar y que una de las herramientas que nos ayudan a lograr es la meditación.
La historia de Buda nos permite conocer las principales ideas que comparten todas las ramas del budismo. Los seguidores de Buda se toman la historia de Buda como una inspiración para seguir el camino que les lleva a la paz interior.
PRINCIPIOS ESENCIALES
El budismo no cree en una deidad exterior. Al descubrir nuestra naturaleza búdica podemos despertar al nirvana, que es un estado de iluminación. Este estado nos permite acceder a las cualidades que suelen relacionarse con la bondad, serenidad, omnisciencia.
El Buda enseñó que debíamos depender de nuestra propia naturaleza para afrontar la vida: “Sed vuestras propias lámparas”. En lugar de depender de un maestro o un ente superior invisible, aconseja encontrar el sereno centro que hay en nuestro interior a través de las enseñanzas. 

La conducta ética es considerada el camino que conduce a la iluminación y se reúnen en las Cuatro Nobles verdades y en el óctuple Sendero:
LAS CUATRO NOBLES VERDADES:
Primera Noble Verdad: la vida es difícil. La característica básica de la existencia humana es el sufrimiento.
Segunda Noble verdad: La causa del sufrimiento es el apego, porque deseamos satisfacciones en formas que son inherentemente insatisfactorias.
Tercera Noble Verdad: Es posible poner fin al sufrimiento
Cuarta Noble Verdad: La forma de poner fin al sufrimiento y realizar la liberación e iluminación es llevando una compasiva vida de virtud, sabiduría y meditación. Es seguir el Óctuple Sendero de la iluminación. 

OCTUPLE SENDERO DE LA ILUMINACION O CAMINO DEL MEDIO 
También es conocido como el Sendero del medio. Para comprender mejor el significado que encierra vamos a remontarnos a la vida de Buda cuando experimentó inicialmente la vida como una serie de extremos: actitudes extremas hacia el dinero, el placer, los títulos, necesidades y deseos emocionales extremos; y condiciones físicas y espirituales extremas. A pensar de su entorno lujoso, Buda se hallaba insatisfecho, aburrido y deprimido por vivir en su palacio. 
Cuando Buda deja su palacio por primera vez y adoptó el manto amarillo lleno de remiendos de los mendigos, se convirtió en un hombre santo ascético y errante, resuelto a alcanzar la iluminación para el beneficio del mundo tan pronto como fuese posible. Durante seis años llevó una vida bajo una rigurosa austeridad. Mientras estaba mendigando día y noche, se dice que durante semanas comió únicamente un solo grano de arroz cada día, llegando a quedar famélico y demacrado. No obstante y, a pesar de sus esfuerzos, sintió que la meta de la iluminación estaba eludiendo. 
Lo que Buda comprendió finalmente, tras de hallarse al borde de la muerte por inanición, es que el ser humano que está buscando la verdad tiene que alejarse primero de los extremos, ya sea de la pasión indulgente como de la mortificación autoinflingida, con el fin de encontrar el camino que significa la moderación del camino del medio. 
La lección es que la felicidad o el nirvana no pueden encontrarse en una vida que se dedique principalmente a cuidar de la gratificación sensual (más dinero, sexo, disfrute, posición social, orgullo, codicia o cualquier otra variante materialista). Pero, bastante sorprendente, el Buda nos enseñó también que una vida dedicada a la autonegación, a la autodeprecación, la autocensura y la culpabilidad, es igualmente tonta y mal dirigida. El apego sigue siendo apego, aunque tome la forma inversa de autonegación y autoaborrecimiento. 

Por tanto el camino del medio es el camino del equilibrio, de la cordura, de la fuerza interna, de la pureza y de la restricción, de la firmeza y de la moderación. El camino del medio encamina al buscador en dirección a una vida impecable e integrada. Permanecer en la totalidad, así como convertirse en la totalidad, requiere un completo giro hacia dentro, un círculo completo, en lugar de una simple carrera lineal hacia la gracia, basada en la ostensión de un logro. 

Con estos ocho pasos cada uno de nosotros podemos ser capaces de desarrollar cualidades de corazón, en igual medida que cualidades de la cabeza: compasión con sabiduría; amor con verdad. Necesitamos despertar la mente, así como abrir el corazón para permitir que la realidad penetre, para hacer que otros entren, para realizar por nosotros mismos la gran perfección natural que merecemos como derecho de nacimiento.

 Paso 1º La Recta Visión: relacionada con la naturaleza de la realidad.
Paso 2º El recta Intención: libre de deseos sensuales, la malevolencia y la crueldad. 
 Paso 3º La Recta Palabra: que significa abstenerse de hablar con crueldad, falsedad y banalidad.
Paso 4º La Recta Acción: que consiste en no matar, robar, consumir sustancias intoxicantes ni jugar a juegos de azar.
Paso 5º El Recto Vivir: es decir, ganarse la vida de manera ética, sin dañar a un ser vivo ni estafar a los demás.
Paso 6º El Recto Esfuerzo: que consiste en cultivar unos estados saludables y en purificar la mente
Paso 7º La Recta atención o la práctica meditativa: o sea ser consciente de uno mismo y ver las cosas tal como son.
Paso 8º La Recta concentración: que aspira a alcanzar una concentración unidireccional, un estado donde las facultades mentales se dirigen hacia un determinado objeto. 
LA MEDITACION EL CAMINO DE LA ILUMINACION:
 
Las enseñanzas de sabiduría del budismo nos aconsejan cultivar una práctica meditativa para llevar una vida sana y provechosa. La meditación es una actividad que nos hace mirar en nuestro interior para practicar el arte de aquietar el pensamiento. La meditación nos ayuda a activar la quietud interior, para dejar de apegarnos a los miles de pensamientos que estamos teniendo sin cesar y que nos distraen del momento presente. La mente está constantemente pensando, comparando, juzgando, recordando el pasado y planificando el futuro. Con la meditación nos ayuda a aquietar estos pensamientos y a ser más conscientes del momento presente, el único que nos permite acceder a la realidad: a lo que está ocurriendo en este instante. Aprender a aquietar la mente crea una profunda paz interior. Dalai Lama nos recuerda: “Una de las cosas que nos enseña la meditación, cuando descendemos lentamente a nuestro interior, es que la sensación de paz ya existe en nosotros: todos tenemos el profundo deseo de experimentar, aunque a menudo esté oculta, disfrazada o no se deje ver”. 
Tchich Nhat Hanh, un monje budista zen vietnamita nos recuerda que podemos volver al hogar del momento presente y encontrar en él la paz. Nuestro verdadero hogar es el momento presente. Vivir el momento presente es un milagro. El milagro no consiste en andar sobre las aguas, sino en andar sobre la verde tierra en el momento presente, apreciando la paz y la belleza de cuanto está a nuestro alcance. La paz se halla a nuestro alrededor, en el mundo, en la naturaleza, así como en nuestro interior, en el cuerpo y el espíritu. Al aprender a sentir esta paz, nos curaremos y transformaremos. No se trata de un problema de fe, sino de práctica diaria. A medida que practicamos la meditación, vamos quitándonos las capas de la personalidad. Quitando y quitando más capas para llegar al centro; quitando y desenmascarando, capa tras capa, de las muchas caras que presentamos ante los demás y ante nosotros mismos. No somos nuestros pensamientos, pero entonces que somos? ¿Quién es la persona que intenta meditar? Es una cuestión de identidad. 

La mayoría de las personas que meditan comparten una misma aspiración, experimentar directamente las cosas tal como son, en el momento presente. Ahora es el único lugar en el que podemos estar. Tanto los recuerdos como los proyectos futuros tienen lugar en el ahora. En la meditación, regresamos una y otra vez a este exquisito presente, despertando a la verdad de quién y qué somos. Respiramos; practicamos la atención y seguimos quitando capa tras capa, yendo cada vez más profundamente, viendo a través de nuestros estados mentales, soltando continuamente, desenmascarando y desenmascarando, liberándonos insistentemente hasta llegar a nuestro estado natural, al ser genuinos, originales e improcesados. Esa es la naturaleza verdadera, al tener la mente natural. Estar justamente –ser- en medio de todos los hechos, logros y devenires. Ese es el estado natural de la mente, nuestro estado de ser, original y fundamental. Es la naturaleza inalterada y así es como encontramos nuestro equilibro.
Dominar esta práctica nos permite realizar cualquier actividad con todos los sentidos. Si el cuerpo está en quietud y la mente no porque está pensando en el futuro, en las tareas que nos espera, no hay resultado positivo. El cuerpo debe estar unido a la mente, allí estamos armónicos, caso contrario emitimos un sonido de una campaña agrietada. 
Cuantas veces al manejar nuestro vehículo nos pasamos un semáforo en rojo, nos salimos de la carretera, o en el trabajo nos equivocamos continuamente. Esto sucede porque mentalmente no estamos presentes, nuestra mente está en otra parte. Hacer las cosas con plena atención es una especie de meditación, lo cual se consigue a base de práctica, al igual de lo que ocurre con cualquier habilidad que deseamos desarrollar. 
Hay dos formas más comunes de meditación, la una es sentado y otra andando. 
Para la primera es disponer de un lugar tranquilo donde puedas sentarte a meditar sin que te molesten. Tienes que buscar un sitio donde sentarse cómodamente con las piernas cruzadas, sobre una silla o arrodillado. Mantén la cabeza derecha, pero sin tensarla. Puedes meditar con los ojos cerrados y la atención dirigida al interior o con los ojos abiertos, con la mirada fija en las manos o en un punto en el suelo. Mantener los ojos abiertos te ayuda a no dormirte. 
Hay varias opciones para practicar la meditación. La básica para los principiantes es seguir la respiración. Puedes inhalar contando hasta cuatro: uno, dos, tres, cuatro. Si pierdes la cuenta vuelve simplemente a empezar desde uno. Respira de forma lenta y regular. No fuerces la respiración ni intentes controlar, deja que adquiera un ritmo natural, como el flujo y reflujo del mar. 

Otra forma de concentrarte en la respiración es observar el aire mientras entra y sale de tu cuerpo. Sé lo más conscientes posible del proceso respiratorio de cómo el diafragma sube y baja del aire fresco penetrando por las fosas nasales y del aire cálido saliendo por ellas. 
Cualquier técnica que utilices y ya con práctica te maravillaras del misterio que vas descubriendo y la mente va acostumbrándose a la quietud y te irás sumergiéndote en una más profunda aún. Aquí solo no te concentras en nada, simplemente practicas la quietud mental. Dejas que la mente sea un simple observador que lo refleja todo como si fuera un espejo. Observas los pensamientos, las sensaciones, los sonidos, el dolor físico y los olores que experimentas sin apegarte a ellos. Y luego los dejas ir como si fueran nubes deslizándose por el cielo en un día de verano. Una de las formas en las que la mente intentará distraerte de la disciplina de la meditación es apegándose el hechizo de las construcciones mentales. 
No esperes tener una experiencia iluminativa. Si te vienen grandes ideas, anota, pero dale prioridad a tu meditación y notarás que cada vez se irá apegando menos los pensamientos, los resultados y sensaciones. Aprenderás a vivir con más plenitud a cada instante y a pegarte menos a los fenómenos de tu vida que surgen y desaparecen. 
La meditación andando 
Practicar la meditación andando es una disciplina budista habitual, aunque es diferente a dar un paseo o caminar para hacer aeróbico. Cuando meditamos andando, no lo hacemos con la intención de relajarnos, o de hacer trabajar al corazón para que lata a determinado ritmo, sino para concentrarnos plenamente en el momento presente y estar presente con todo nuestro cuerpo mientras caminamos, lo cual puede hacer que andemos mucho más despacio que lo habitual. 
Al igual de lo que ocurre al meditar sentados, al caminar sabiendo que estamos caminando somos conscientes de nosotros mismos en el momento presente. Advertimos como el talón entra en contacto con el suelo y cómo doblamos la planta del pie apoyándonos en la parte delantera con los dedos presionados contra el suelo para avanzar. Al dar el siguiente paso, observamos la respiración, los pensamientos que surge de nuestra mente: los árboles, flores, el paisaje… todo aquello que no advertimos cuando estamos pensando en lo pasado o en el futuro, en lugar de vivir el momento presente. 
Al empezar a practicar la meditación nos toparemos con obstáculos, encontraremos soluciones para superarlos, aprenderemos más cosas sobre nuestros pensamientos y sensaciones, seremos más conscientes de las maravillas del momento presente, accederemos a la paz que hay en nuestro interior y conoceremos el mundo sagrado. Existen estudios documentados que relacionan la meditación con la disminución del estrés y con una mayor salud y paz interior. Lo importante es meditar con suavidad pero con firmeza para volver al momento presente donde se encuentra la paz.

miércoles, 15 de abril de 2009

LA FRATERNIDAD DE LOS MAGOS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
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“Darío, rey de los reyes, soberano de los países donde se hablan todos los idiomas, hijo de Histaspe, Aqueménida, construyó esta casa”. Esta es la inscripción que aun se lee en la puerta que da acceso a las ruinas de Persépolis, el palacio de los sasánidas, la ruina más venerable que nos ha legado la antigüedad. En efecto, Persia, es pueblo de los iranios, donde florecieron los Cambises y los Ciros, había de dejar huellas de su grandeza, superior a la de Egipto y a la de toda aquella serie de civilizaciones que tuvieron su cuna y su esfera en el Oriente. Persia, pues, es la verdadera maestra y guía de la humanidad en el terreno de las tradiciones y de las concepciones religiosas. 

La fraternidad más antigua de este pueblo, es la de los Magos. Se daba este nombre a los sacerdotes, los cuales formaban no solamente una secta o religión, sino también una especie de entidad gubernativa, aludiendo a la soberanía de la ciencia, la cual, daba cabida al hombre culto entre la verdadera aristocracia. Su reinado, según algunos autores es anterior a las dinastías de Asiria Media. Aristóteles afirma que fue anterior a la fundación del imperio de Egipto.


Su fundador, Zoroastro, fue gran filósofo, cuyas doctrinas demuestran que fue un reformador religioso de Irán, que vivió hacia el año 2000 o 2200 antes de Jesucristo, hijo de una familia sacerdotal que ejercía al mismo tiempo las funciones de la judicatura. Su patria fue Bactriana, y allí fue donde se declaró enemigo de los falsos dioses y resolvió reformar la religión irania. De ésta conservó los genios o espíritus buenos y procuró espiritualizar y transformar todos los antiguos dioses en malos espíritus. Sus enseñanzas son el resultado de un profundo estudio y meditación. 
Según Zoroastro, todo cuanto se ofrece a la observación del hombre debe referirse a dos fuerzas originarias que en calidad de no producidas se oponen a todo lo demás producido, pero que, desde el punto de vista de la actividad, son diametralmente opuestas la una a la otra: son el ser y el no ser, el principio y el fin. El ser es la vida (ahu), la realidad, la verdad (asha) y el bien; el no ser es la muerte, la falsedad (drukhs) y el mal. El principio del bien es Ormuz, mientras que el principio del mal es Ahrimán. Siendo estos los personales más importantes del zoroastrismo, religión que tiene también los nombres de parsismo y magismo. 
Para los seguidores de Zoroastro, la creación del mundo debió empezar por medio de la emanación: la primera emanación de lo Eterno fue la luz, de donde salió el rey de la luz, Ormuz; por medio de la palabra Ormuz crió el puro mundo, del cual es conservador y juez. Ormuz es un ser sagrado y celestial, el conocimiento y la inteligencia personificados. Ormuz, el primogénito del tiempo sin límites, empezó criando a su imagen y semejanza seis genios o espíritus llamados amshaspands, que rodean su trono y son sus mensajeros para los espíritus interiores y los hombres, siendo para los mismos los modelos y ejemplares de pureza y perfección. La segunda serie de las creaciones de Ormuz fue la de los veintidós izads, espíritus que velan por la inocencia, la felicidad y conservación del mundo son modelos de virtud y los intérpretes de las plegarias de los hombres. La tercera hueste de puros espíritus es más numerosa y formada por los farohars, los pensamientos de Ormuz, o las ideas concebidas por él antes de proceder a la creación de las cosas. No, solamente los farohars de los hombres santos y de los infantes inocentes están delante de Ormuz, sino que éste tienen también su farohar, o sea la personificación de su sabiduría y de su idea bienhechora, su razón y su verbo. La triple creación de los espíritus buenos fue consecuencia necesaria del simultáneo desarrollo del principio del mal. El hijo segundo del Eterno, Ahrimán, emanó como Ormuz a la luz primitiva y fue puro como él, pero por su ambición y soberbia concibió la pasión de la envidia y, para castigarle, el Ser Supremo le condenó a vivir durante doce mil años en la región de las tinieblas, el tiempo suficiente para que se libre la batalla y se adjudique el triunfo entre el bien y el mal; pero Ahrimán creó a su vez un sinnúmero de espíritus malos, los cuales llenan la tierra de miseria, malestar y el pecado. Los malos espíritus son la impureza, la violencia, la codicia y la crueldad; los demonios del frio, del hambre, de la pobreza, de la esterilidad e ignorancia y el más perezoso de todos Petash, el demonio de la calumnia. 
Ormuz después de un reinado de tres mil años, creo el mundo material o físico en seis períodos de tiempo, dando seis existencia primero a la luz terrenal, al agua, a la tierra, a las plantas, a los animales y al hombre. Ahrimán asistió a la creación de la tierra y el agua, porque las tinieblas tenían estos elementos invadidos; tomó también parte activa en la creación y subsiguiente corrupción y destrucción del hombre, al que Ormuz creara por un simple acto de voluntad y por su palabra. Además, de la semilla de este ser, Ormuz sacó también a la luz de la existencia la primera pareja humana, Meshia y Meshiana, pero Ahrimán sedujo a la mujer y después al varón, llevándolos al mal, sobre todo haciéndoles comer de ciertos frutos, con lo cual no sólo pervirtió la naturaleza del hombre, sino también la de los animales como los insectos, la serpiente, los lobos, etc., los cuales de innocuos que eran, se volvieron nocivos, propagando así la corrupción por toda la superficie de la tierra. En castigo de su iniquidad, Ahrimán y sus perversos espíritus fueron vencidos y arrojados de todas partes, en la cual no tienen nada que temer los hombres justos y prudentes porque, según dice Zoroastro, el trabajo es el exterminador del mal, y el hombre bueno obedece siempre al justo juez, el cual cultiva asiduamente la tierra y le hace producir buenas cosechas y árboles frutales en abundancia. Transcurridos los doce mil años , cuando ya la tierra se vea libre de los males espíritus saldrán tres profetas que estarán al lado de los hombres ayudándoles con su poder y su ciencia, devolviendo a la tierra su primitiva belleza, juzgando el bien y el mal y dando a cada uno su merecido: los espíritus buenos volarán a la región de los bienes ternos e inmutables, mientras que Ahrimán con todos sus demonios y los hombres que le hayan seguido serán echados a un mar de metal derretido y en estado de putrefacción y la ley de Ormuz reinará por doquiera.
Zoroastro enseña que la luz fue la primera emanación de la vida o Ser Eterno, por lo cual en los escritos de Parsi, la luz, la perenne llama, es el símbolo de la divinidad o vida increada; de aquí que los magos parsis se les llamará adoradores del fuego. A esta ciencia del fuego, que era el gran arcano de los magos, se refieren casi todos los símbolos asirios; en todas partes se encuentra al encantador que hiere al león y juega con las serpientes: el león es el fuego celeste, las serpientes son las corrientes eléctricas y magnéticas de la tierra. Patricius, en su magie philosophique publicó recogiéndolos de los libros de los platónicos y de otros, los oráculos de Zoroastro que son la fórmula característica del dogma del fuego. En todos ellos se ve la gran fuerza espiritual que se atribuye al fuego o a la luz e identificada con la fuerza de la voluntad humana. 
En el fuego tenía su fundamento la iniciación mágica. El adepto habiendo puesto su voluntad en comunicación con este elemento, sabía dirigirlo y manejarlo, con la misma destreza que el guerrero con su arma. 
Aquella fuerza está representada por el león celeste. Esto es lo que representaba las grandes figuras asirias que llevan debajo del brazo leones domados; tal es la luz astral representada por gigantescas esfinges con cuerpo de león y cabeza de mago: es la fuerza del espíritu, la sugestión, el imperio de la voluntad ajena. Por lo dicho podemos observar una íntima relación que existe entre la religión de Zoroastro y el magismo. 
Ceremonias 
Los magistas formaban una casta aparte. Eran los encargados del culto, de los sacrificios y de la conservación de los libros sagrados. Los actos principales del culto mazdeano eran tres: la conservación del fuego sagrado, las preces e invocaciones, las purificaciones y penitencias. El fuego sagrado se conservaba en altares, en los cuales el elemento
sagrado ardía sobre una inmensa urna de piedra o cobre, sirviendo para alimentar sus llamas, maderas de las más preciosas. Era un crimen levantar la voz, y en las ceremonias religiosas se esparcían suaves perfumes. Muchas eran las invocaciones prescritas por el ritual mazdeano: los sacerdotes las cantaban junto con los himnos sagrados en determinadas horas del día, dedicándolas a los varios espíritus celestes. Durante la recitación el sacerdote debía levantar en alto su mano izquierda un haz, estrechamente apretado, de ramas de palma, de granado o de tamarindo: estas ramas habían de ser cortadas y atadas por un mazdeano inmaculado: fuera del instante del rito, el haz reposaba sobre un morillo cuyas ramas terminaban en forma de luna creciente. 
Los sacrificios consistían en inmolaciones sangrientas, hecatombes en las cuales sucumbían de una sola vez cien caballos, mil bueyes o diez mil cabezas de ganado, pero la ley mazdeana prohibía que se consumiese toda víctima, partiendo del principio de que a los dioses pertenecía sólo la cabeza de las reses inmoladas, y aun únicamente su ojo derecho y su lengua. 
Las ofrendas consistían en panes, carne, granos, flores, frutos, perfumes y vestidos para los sacerdotes: una de las ofrendas más características eran las ramas del árbol llamado hôma, planta de tallo nudoso y flor amarilla, que crece en los montes de irán; su jugo, extraído de la manera que prescribían las ceremonias de la ley, constituía la ofrenda más agradable que se podía dedicar a los espíritus celestes, para renovar sus fuerzas y proporcionarles una mayor felicidad. 
Los libros litúrgicos para la aplicación de sus ceremonias eran el Vispered, el Yacna y los Jeshts. De éstos, el más interesante era el segundo que forma la parte principal del Avesta, y era el que servía para las ceremonias más importantes, dividiéndose en tres secciones: la primera, comprendía el ritual del sacrificio mazdeano; la segunda, contenía los Gäthas, cantos antiguos que son la mejor exposición de las ideas zoroástricas y constituyen monumentos de un filosofismo bastante elevado para aquella época. La tercera contenía fragmentos dispersos, cuyo objetivo no aparece muy claro. 
Iniciación 
El candidato, antes de iniciarse en la fraternidad, era sometido a numerosas purificaciones con fuego, agua y miel; la serie de probaciones por las que pasaba era verdaderamente larga y terminaba con un ayuno de 50 días seguidos. 
Estas pruebas las sufría el candidato en cuevas subterráneas en las que estaba condenado a un perpetuo silencio y a una completa soledad. El que correspondía a las exigencias fijadas por la fraternidad tenía opción a los más elevados honores.
Transcurrida la época probatoria, se introducía al candidato en la cueva de los iniciados, en donde era armado con un arnés o coraza por su guía, el cual era una representación de Simorgh, monstruoso grifo e importante actor de las manipulaciones de la mitología persa, y provisto de talismanes para hacer frente a todos los encuentros con los horrorosos monstruos y malos espíritus que quisieran poner a su paso. Introducido en un departamento interior, era purificado con fuego y agua y pasado por los siete grados de la iniciación. Lo primero que a sus ojos se ofrecía era una profunda y espantable caverna abovedada, al pie de la cual se veía un enorme precipicio a donde había de caer al menor paso que diera en falso, hundiéndose en el “abismo de la espantosa indigencia”. Luego, avanzando por entre laberintos de la sombría caverna, percibía el fuego sagrado, cuyas llamas se avivaban a intervalos alumbrando mortecinamente su camino; al propio tiempo oía el distante alarido de bestias feroces hambrientos, el rugido del león, el aullido del lobo, el feroz y terrible ladrido del mastín. Su acompañante, guardando un profundo silencio, empujaba hacia el sitio de donde venían los sonidos y cuando menos se percataba abríase la puerta de la guarida y hallábase el iniciado en medio de los animales, casi a oscuras, con sólo la débil luz de la lámpara. Inmediatamente era agredido por los iniciados que vestidos como leones, tigres, lobos y otros monstruosos animales, se echaban sobre él, escapando difícilmente de sus garras sano y salvo. Pasaba de allí a otra caverna tenebrosa, en donde atronaba sus oídos el terrible fragor del trueno y hería sus ojos el continuo vibrar del rayo, del relámpago, a cuyos siniestros resplandores distinguía los visajes de los espíritus vengadores que celebraban con macabra muestra de satisfacción la llegada del iniciado a sus antros inhospitalarios. Para aliviar en alguna manera el cansancio del profano, se le conducía a otro lugar, en donde su oído era recreado por melodiosos acordes de música y su olfato con el aroma de los más exquisitos perfumes. Para dar a entender, poco después, su disposición a practicar las restantes ceremonias, hacía su guía una señal y comparecían tres sacerdotes, uno de los cuales arrojaba a su pecho una serpiente viva, símbolo de la regeneración, y abriéndose una puerta entraba por ella una verdadera ola de sonidos y gritos guturales así como lamentos y aullidos que aturdían el espíritu del neófito y le sumían en un nuevo estado de indescriptible terror. Al volver su vista hacia el sitio de donde se originaba los gritos procedían a presentarle una desgarradora escena de los tormentos que sufren los condenados en el Averno. Luego se le sacaba por entre laberintos y ramificaciones de siete espaciosas bóvedas enlazadas con tortuosas galerías, cada una de las cuales daba vista, por medio de un menguado portillo de piedra, a una escena de peligrosas aventuras, hasta que llegaba el iniciado al sacellum (capilla) o Santa Santorum, que estaba brillantemente iluminado y cuyas paredes y techos despedían los reflejos del oro más acendrado y las más ricas piedras preciosas.
Allí estaba el archimago o Supremo Maestro de la Fraternidad, sentado en la parte del oriente, en un trono de oro, coronado su cabeza con rica diadema entrelazada de ramas de mirto, vestido con una túnica de un azul resplandeciente, rodeado de una asamblea de ministros y dispensadores de los sagrados misterios. Estos recibían al neófito con grandes agasajos, y después de tomarle los consiguientes juramentos para guardar el secreto sobre los ritos de Zoroastro, se le confiaba las sagradas palabras. La primera y más importante era el Tetractys o el nombre de Dios. El Tetractys de Pitágoras era análogo al Teatragramaton judaico o el nombre de Dios en cinco letras. El número cuatro era tenido por el más perfecto, porque en las cuatro propiedades de la naturaleza se comprende todo lo demás; además, los cuatro primeros números sumados entre si forma la década (1+2+3+4= 10), después de la cual todo es simple repetición. 
Hoy día queda en Irán solo reminiscencias de esta antigua orden mazdeana.

martes, 7 de abril de 2009

LA SABIDURIA DE LA NATURALEZA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Toda la naturaleza es nuestra maestra: Desde la flor más delicada hasta el árbol más frondoso; desde la laboriosa hormiga hasta la imperiosa águila que surca el cielo, desde la montaña más elevada hasta las profundidades del mar, nos enseñan sus secretos de vida. Estamos unidos con este planeta y todos sus elementos nos transmite su sabiduría para saber como funciona la vida y los cambios que tienen lugar en el interior y exterior de cada uno de nosotros. 
Tenemos que aprender a observar con detenimiento cada aspecto de la naturaleza, desde la pequeña semilla que brota, el robusto árbol que nos da sombra, la capacidad de tenacidad del animal felino para acechar y cazar a su presa. En todos estos ciclos podemos sentir la armonía y el estar totalmente presentes, como el perro que sacamos a pasear al parque, que al escuchar un ruido se concentra por completo en él para ser consciente de lo que está ocurriendo. Esa atención del perro nos enseña a despertar en nosotros la intuición innata, la cual nos permite conocer qué es lo que la naturaleza nos está comunicando. La intuición es la facultad de conocer algo no sólo con la mente, sino también con el corazón, el cuerpo y el espíritu. A través de la intuición podemos acceder a los reinos del conocimiento. Podemos darnos cuenta que los árboles están aquí para enseñarnos a ser estables en nuestro interior con su forma de arraigar en el suelo y así soportar los vendavales de viento que cruzan por entre sus ramas. El mar nos enseña a celebrar los ciclos de los cambios que hay en la vida y nos recuerda que todo está siempre cambiando, igualmente nos enseña a no ser ansiosos, demasiado codiciosos o impacientes, porque todo viene a su tiempo, y sus aguas al llegar a la playa nos enseña a ser abiertos, indiferentes, ya que siempre está aguardando el regalo del mar en sus arenas. El gato, nos enseña a ser independientes al dejarte claro que sabe muy bien lo que quiere. El perro, nos enseña el amor incondicional, a ser leales. Un pájaro, te enseña a mirar las cosas desde otra perspectiva, te dice que te eleves por encima de las circunstancias. Las abejas, el orden y la disciplina y el trabajo en equipo. La imagen de un venado, te puede impresionar porque estás viendo a la dulzura de la propia naturaleza. Y así tú puedes recibir e interpretar todas las señales que pueden cruzarse en tu retiro con la naturaleza.

Al vivir en el mundo contemporáneo, entre automóviles, celulares, internet, radio, televisión, consumo desmedido, trabajos absorbentes que exigen nuestra atención durante muchas horas del día, nos hace alejar de las maravillas de la naturaleza, es decir, de las maravillas del Gran Espíritu que fluye en todo. Entonces el hombre citadino si quiere regresar a la sabiduría, tiene que aceptar y dejar que la naturaleza sea nuestra maestra, que nos llegue al corazón y nos haga ver la conexión que tenemos con la vida que bulle en el mundo que nos rodea y de la que nuestra alma es inconsciente. Mantener una relación con el mundo natural nos permite equilibrar nuestra ajetreada vida con los regalos que nos ofrece. 

Por tanto que importante es aprender a reservarnos un tiempo para unirnos con la armonía que nos ofrece este mundo natural, haciéndonos cada día un regalo maravilloso. No es fácil desconectarse con el ritmo que llevamos cotidianamente, pero si nos damos un tiempo corto y entramos en contacto con la naturaleza en un parque cercano o en el jardín de la casa, podremos tener un relajamiento porque entramos en contacto con otro paisaje, allí sentiremos la suavidad de la hierba, y al pasearnos durante unos minutos contemplando el verdor de las plantas, el diseño de las flores, la estructura de las hojas, el vuelo de las aves, la marcha incesante de los insectos, sin darnos cuenta somos otros, estamos en otra realidad y nos permite ver con una cierta distancia entre la calma y la cotidianidad y con esta breve terapia podemos regresar a nuestras labores sin perder la calma sino más bien motivados y con mucha serenidad para tomar decisiones correctas. 
Aprender de la naturaleza es como penetrar en un misterio que te habla en un idioma que no es tu lengua natal. Te conviertes en el visitante de una tierra desconocida, de la cual debes aprender a ser sumamente observador, para entender el mensaje que el lugar te transmite de manera silenciosa y directa. Cuanto más tiempo pases en contacto con la naturaleza, más te sorprenderás el ver la perfección con la que encaja todo cuanto hay en ella. Empiezas a confiar en que si algo existe, o si está en camino a existir, hay una razón para ello, que aquello ocupa un lugar en la gran matriz. Aunque no puedas comprender la razón, empiezas a tratarlo todo con mucho respeto, porque todos los acontecimientos son una expresión del Gran Espíritu de la Naturaleza. 
Así que en vez de irte a pasear un fin de semana a los shopping, a contemplar las vitrinas en forma mecánica, absortos por la publicidad del consumo que te transmite los medios de comunicación que no cumplen la función de educar y entretener, les invito a volver a nosotros mismos, a nuestro hogar en el universo, a entrar en contacto con la naturaleza y a recibir la sabiduría de sus enseñanzas. Al hacerlo, recordaremos que formamos parte de un todo en el que nosotros, y todos los otros seres vivos, ocupamos un lugar esencial y somos dignos de respeto. No tenemos que sentirnos solos ni tampoco alineados del mundo que nos rodea, sino que estamos totalmente interrelacionados con todos los seres vivos de la naturaleza.

sábado, 4 de abril de 2009

MASONERIA: PERFECCION INTERNA

LA MASONERIA
en busca de la perfección interna

Víctor Manuel Guzmán Villena

Año 5769
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Llamase Masonería al estudio de las ciencias y la práctica de las virtudes; entendemos por ciencia lo que todos entendemos por tal, es decir, las razones del por qué de las reglas para hacer bien alguna cosa; y por virtud, el ceñimiento a las reglas del buen vivir y la práctica constante del bien, por amor al bien mismo, y nada más.La Masonería es una institución de índole compleja, que carece de religión, por existir todas en su seno y no tener, lo que las excluye a todas, sin predominio de ninguna; no tiene patria, porque ello le quitaría su carácter eminentemente universal; carece de raza, porque ella subsiste bajo todos los climas; no tiene color, porque entonces negaría la virtud, cualidad susceptible de encontrarse en cualquier hombre negro, amarillo o blanco, pobre o rico, grande o pequeño.
Los que afirman que la Masonería está en pugna con ésta o aquella religión, son personas que ignoran de todo lo que es la Institución Masónica, y que juzgan tan solo por referencia o por apasionamiento a ésta o aquella causa. 
Si la Masonería atacara a alguna creencia o religión, no habría en su seno individuos que son a la vez creyentes y masones, no tendría religiosos intransigentes y masones convencidos.La Masonería deja a sus miembros la más amplia facultad de pensar y creer; pero se rebela contra toda invasión fanática, cualquiera que sea la forma en que se presente; pues todo extremo o exageración en las ideas o creencias es un vicio que exalta y que se combate sin tregua, teniendo presente para ello “Que el hombre es libre para todo, menos para ser esclavo”.La Masonería, institución altruista y tolerante es a la vez escuela, templo, academia, que a sus labores intelectuales, añade los principios que rigen en la vida las eternas enseñanzas de la más sana moral; que practica las virtudes más elevadas tratando de hacer efectivo “Amaos los unos a los otros”
Como escuela, es una institución sobre bases objetivas fundadas en verdades evidentes. En filosofía, no da preferencia a ningún sistema, porque si es sensualista arruina los principios espiritualistas; rinde culto a la razón, atributo del hombre; pero no da preferencia al racionalismo puro porque acabaría con todos los principios metafísicos que son conocidos y respetados como principios fundamentales de ideología, por eso vemos que su filosofía es ecléctica, pues así tienen cabida todos los sistemas sin que exista la preferencia en ninguno, teniendo siempre presente: Que la verdad es una y que los caminos por donde puede el espíritu humano llegar hasta allá, son muchos.
La Masonería nunca ha ido contra ninguna religión, secta, ideología, idea, creencia ni bandería política; lo que ha hecho en todo caso es combatir todo fanatismo y toda superstición; porque esos vicios son la forma más exaltada de la razón, que pervirtiendo el entendimiento y perturbando el criterio han sido la causa del extravío de las ideas que han conducido a la humanidad a los errores más graves; de allí han salido las guerras más crueles, como han sido las guerras religiosas, de donde nació uno de los hechos históricos fanáticos religiosos más repugnables que la historia recuerda con horror y se llamó “La Inquisición”; en el mundo moderno la guerra fratricida en Irlanda, entre católicos y protestantes; en los pueblos del Medio Oriente la imposición a la fuerza del Islamismo, etc.
La Masonería ha sufrido con paciencia y resignación todas las persecuciones que le han hecho sus más crueles y encarnizados enemigos; ha visto con ojos de piedad a sus detractores; ha perdonado a todos aquellos que de algún modo la han escarnecido; pues comprende que no ha podido ser entendida por todos, y en algunos casos por sus propios adeptos, pues cuando llegue esa época venturosa en que todos los hombres sepan lo que es la Masonería, ese día será en la tierra el reinado de la libertad y la justicia regirá a las naciones y así habrá cumplido la Masonería su misión y su obra, razón para que la Masonería deje de ser.
La Masonería no es una institución benéfica, como muchas que existen con fines de mutuo auxilio; no, ella ejerce la caridad bajo todas sus manifestaciones; pues la Masonería cree que, no son sólo mendrugos los que necesita la humanidad: así, pues, un consejo a tiempo; una observación oportuna; una amonestación conveniente; una reprensión sin acritud; una corrección sin avergonzar u otro medio cualquiera de enmienda a las faltas, defectos o extravíos son también obras de caridad que debemos emplear en favor de los hermanos y amigos. “Compartir las alegrías y aliviar las penas” son deberes de fraternidad. “no sólo de pan vive el hombre”.
La Masonería rinde culto excelso a la virtud, adora la verdad, respeta la razón, lucha por la justicia y ama el derecho, emanaciones del Gran Arquitecto del Universo. Los masones lo consideran como el ser eterno y existente y es por ello que el humano es inmortal, que se prepara en esta vida para otra eterna y futura, en idéntica contraposición primero con la filosofía de la antigüedad y luego con las doctrinas religiosas de occidente que circunscriben la existencia humana a la vida presente.Por tanto, estas dos doctrinas: la de la unidad del Ser Supremo y la de la Inmortalidad del Alma constituyen la filosofía de la Masonería. De ahí que en la historia de la humanidad siempre encontraremos instituciones y asociaciones que enseñaran estas verdades de un modo alegórico y simbólico, a pesar de desarrollarse muchas veces en un ambiente en que predominaba el oscurantismo intelectual y la degradación de las antiguas religiones politeístas y creo a tener derecho de sostener que esas acusaciones fueron la inunabula, es decir los predecesores de la institución masónica, tal como hoy día existe.
TEMPLO MASONICO
Como la palabra masón quiere decir Albañil y todo en la masonería se enseña por medio de alegorías, el fin de una sociedad de albañiles ha de relacionarse con el oficio que representa. En el lenguaje masónico siempre tiene como objetivo primordial construir o restaurar un templo. Este puede ser el templo de la naturaleza o el templo interno, en que debe reinar la libertad, la igualdad y la fraternidad y se enseñe la virtud y la moral propia de la Orden.
La masonería es el estado ideal del humano; es el estado en que él encuentra y conserva su perfección y su felicidad. Este estado ha sido destruido por la religión, los dogmas y el fanatismo. Estos han quitado a los humanos su libertad primitiva, su igualdad y destruido su fraternidad. Por ello la masonería lucha por devolver al hombre su perfección y felicidad original, su libertad, su igualdad y su fraternidad natural.
LEYENDAS MASONICAS
El ritual masónico está lleno de leyendas, sobre todo en los grados superiores, comenzando por el Maestro, en que está la leyenda de la muerte de Hiram. En estas leyendas van envueltas las alegorías para comunicar su luz entre los hermanos y ocultarse de los profanos.La diferencia entre alegoría y símbolo es que este tiene un significado puramente convencional, de modo que es imposible de que el que no está en el secreto, lo descubra; la alegoría, en cambio, “es un discurso o narración en la cual hay un sentido literal y otro figurado, un sentido patente y otro conexo, siendo la intención del que usa el sentido patente la de indicar por analogía o comparación, el figurado u oculto”.La interpretación de la alegoría es fácil, y por eso alguien ha dicho que “la alegoría habita un palacio diáfano”. Por ello todas las leyendas de la masonería son alegóricas y tienen su importancia en su verdad histórica.
LOS SIMBOLOS
La iniciación no es más que el comienzo del trabajo interno de la masonería. Luego viene un proceso de instrucción donde se aprende el simbolismo de las leyendas.Todo es símbolo en la masonería. La de los tres primeros grados suele llamarse también masonería simbólica, a diferencia de la otra, que es la de los grados filosóficos. El símbolo es una imagen sensible empleada para expresar un sentido oculto, pero analógico. Pero esta imagen simbólica es solamente convencional, es decir, que no tiene más que una relación convencional, acordada libremente entre los que usan, con la cosa significada. Por tanto es imposible que el que no está en el acuerdo se dé cuenta de su sentido.No sería posible que diera aquí el sentido simbólico de todo lo que hay en una logia y de todas las ceremonias que se usan. Sería menester mucho espacio para ello; tanto más cuanto que la significación de los símbolos tienen sentidos diversos a medida que el iniciado se va internando en grados y conocimientos masónicos. 
Para ejemplizar lo anterior vamos analizar el triángulo que representa el Gran Arquitecto del Universo, o trinidad masónica, o sea, la naturaleza con sus tres reinos, mineral, vegetal y animal. La palabra dios comienza en muchos idiomas con la letra D, letra que en griego es un triángulo. En el medio está la letra G, que significa generación. 
“Este dios trino, dice Ragón, tiene tres misterios que simbolizan también los tres lados del triángulo: 1º Todo es formado por la generación. 2º La destrucción sigue a la generación en todas sus obras. 3º La regeneración, bajo otras formas, sigue los efectos de la destrucción.
Analicemos otro símbolo que es la piedra bruta, la piedra pulida. La piedra bruta representa el trabajo de los aprendices que deben trabajar para pulir sus perjuicios del mundo profano, Mientras que la pulida está trabajada como lo hacían los obreros del templo de Salomón, al orden interior para la construcción de su templo.

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