martes, 26 de febrero de 2013

EL PODER DEL AGUA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA




El agua es la fuente de vida y elemento indispensable para nuestro existir. El agua está en todas partes, en los mares, los subsuelos, las cumbres y los valles. El planeta Tierra esta embebido de este vital líquido, por ello es muy apreciado no solo por proveernos de subsistencia humana, sino también por ser un elemento mágico de la existencia. Por ello, el agua además de constituir uno de los componentes primordiales de las antiguas cosmovisiones, representa el principio vital, entendido como medio de regeneración, ya que es la base del resurgimiento de la vida junto con los tres elementos que dan vida a la naturaleza: aire, fuego y tierra.

Haré un breve análisis de estos elementos. Primero, el aire que es indispensable para la existencia de todas las cosas ya que posee una gran cantidad del espíritu humano. Una de las acciones que realiza es el enriquecimiento y la fecundación del agua, que, después de haber subido al cielo en forma de vapor, vuelva a la tierra cargada de virtudes nuevas, que le son transmitidas al estar en contacto con el mundo superior. El Fuego, representa la energía vital, que vamos consumiendo mientras vivimos, cuando laten nuestros corazones. La tierra constituye la materia indispensable sin la cual no se puede dar vida ni producir nada. Principio femenino por excelencia en oposición al aire, principio masculino. Es objeto de una fecundación continua por parte del fuego a lo interno y externo, del agua y de las influencias astrales. En la tierra se deposita el germen inicial de las cosas, que madura en su interior, para madurar hasta la perfección. La mezcla de estos cuatro elementos forma la quinta esencia que puede definirse como el componente principal de todas las cosas. En su grado vibratorio más elevado, es la energía original cósmica, primitiva, rica en potencial energético, emanando desde un plano superior para pasar a un grado inferior y formando la materia física que constituirá el alma energética y su contenido serán transmitidos a la nueva vida, y que es la fuerza vital que se encuentra en todos las manifestaciones del universo, porque es energía original y cósmica está en constante proceso de transmutación.

EL AGUA SIMBOLO DE PUREZA?

El agua limpia toda suciedad, ya que purifica. El agua es el mejor disolvente que existe en forma natural. Esto sucede porque las moléculas de agua se introducen como cinceles entre las moléculas de otros elementos y los separan y así es como limpian. Nuestro planeta Tierra se compone de un 70% de agua. Nosotros, los humanos también, nuestro cuerpo está compuesto de un 70% de agua. Según algunos pensadores, esto no es mera coincidencia, sino que demuestra que nuestra encarnación en este planeta nos obligó a ser terrestres, con las mismas proporciones. Hasta tenemos las mismas proporciones de salinidad que los océanos. Desde que al hombre se le despertó la conciencia, en los albores de los tiempos, buscó revelar los secretos de la creación. En esa búsqueda exploró primero su ambiente, su territorio, a pie. El agua fue su primer obstáculo: no podía  alejarse de este elemento primordial porque de él dependía para su existencia.

El agua retuvo al humano cerca de los ríos y le hizo buscar soluciones para poder alejarse de sus linderos. Tuvo que vencer esos obstáculos para poder ir extendiendo su exploración de los territorios desconocidos. El hombre aprendió a conservar el agua en vasijas y así pudo desplazarse con ella. Aprendió, asimismo, a construir canoas, botes y naves para seguir extendiendo sus conocimientos del planeta. Las primeras rutas mundiales acuáticas, marítimas lo hicieron los fenicios, romanos, griegos, los vikingos, luego vinieron los holandeses, franceses, ingleses, españoles y portugueses. El agua inmortalizó a grandes navegantes como Marco Polo, Zheng He, Cristóbal Colón, Vasco de Gama, Américo Vespucio, Fernando o Hernando de Magallanes y muchos otros que los sucedieron. Las naves surcaron las aguas impulsadas primero a remo, más tarde a vela, con la energía de los vientos, y en épocas no lejanas, los barcos, con máquinas a vapor, cruzaron los mares con esa fuerza tremenda del elemento "blando".

LA PARTE ESOTERICA

Según el Tao, la antigua filosofía de los sabios chinos, el agua es la mejor imagen del yin y el yang que son fuerzas mutuamente dependientes, constantemente interactivas y potencialmente intercambiables. A pesar de su polaridad, ambas contienen en su interior la semilla embrionaria de la otra como se ilustra en el conocido ideograma, donde el Yin representa la oscuridad y la pasividad, y se asocia con las cualidades de receptividad, flexibilidad, blandura y contracción. Se mueve hacia abajo y hacia dentro, y sus símbolos principales son el agua, la mujer y la tierra.

En cambio el Yang  representa la luz y la actividad, se asocia con la resistencia, la dureza y la expansión, se mueve naturalmente hacia arriba y hacia afuera y sus símbolos son el fuego, el hombre y el cielo. El círculo en sí que contiene el Yin y el Yang representa la Fuente Suprema, medio Yin y medio Yang. El límite entre las dos, en forma de "S", indica que sus fronteras nunca son fijas. Siempre que el constante crecer y decrecer de las energías polares conduce a un exceso crítico de una u otra, ésta se transmuta espontáneamente en su opuesta. Un buen ejemplo de esta transformación lo vemos cuando el agua (Yin) absorbe tanto calor (Yang). Para la cultura  taoísta el cambio no es lineal, sino cíclico, y por lo tanto predecible.

El Yin es más fuerte y más abundante que el Yang, pero el Yang es más visible y activo. En el mundo hay más agua que fuego, pero los fenómenos relacionados con el fuego, como el relámpago, son más espectaculares y llaman más la atención. Las relaciones complementarias del Yin y del Yang impregnaron todo el universo, y su oposición elemental proporciona la tensión dinámica necesaria para cualquier cambio o movimiento. Estos opuestos complementarios están interrelacionados, ya que la existencia de uno precisa de la existencia del otro y de cuyo equilibrio depende la armonía de los entornos.

El agua era una de las imágenes favoritas de Lao Tsé, que fue el "Viejo Sabio" chino que redactó el famoso Tao te king, hace 2500 años. Al igual que el vacío, el agua pasa en gran medida inadvertida, aunque posee mucho más poder que sus elementos opuestos. Una poesía de Lao Tse dice así:

“Nada bajo el cielo es más
blando y suave que el agua
pero cuando ataca las cosas
duras y resistentes
¡ninguna de ellas pueda superarla!
Que lo suave vence a lo resistente
y lo blando vence a lo duro
¡es cosa que todo el mundo sabe!
Pero que nadie utiliza.”

 Este pasaje es una excelente exposición de la filosofía Taoísta, donde el Tao es representando por la blandura, la suavidad y la irresistible potencia del agua. Es también una lección de sexualidad, demostrando cómo la mujer conquista al hombre, cediendo ante su pasión, utilizando su suavidad para vencer su dureza. Este pasaje se utiliza también para los practicantes de las artes marciales, para resaltar las virtudes de las tradicionales formas "blandas" de origen chino, como el Tai Chi Chuan, sobre sus derivados "duros" como el Karate Japonés.

Así fue como actuó la China en su política exterior durante miles de años, antes del siglo XX. Varias veces conquistada   por los invasores tártaros, mongoles y manchúes, China cedió sin resistencia y se "situó debajo" de ellos, seduciendo a los vigorosos agresores con los irresistibles encantos de la cocina y el vestido, la pintura y la poesía, la música y la danza y, no menos importantes, de las mujeres chinas. En lugar de enfrentar al fuego con el fuego, China combatió el fuego con agua y salió vencedora, reduciendo a sus invasores duros como una roca, a un montón de arena. A la larga, China sobrevivió y prosperó mientras sus diversos "conquistadores" desaparecían para siempre del escenario de la historia. Hoy es la segunda potencia mundial, que muy pronto desplazará a los estados Unidos.

Lao Tsé admiraba el agua puesto que ésta beneficia todos los seres vivos, sin atribuirse mérito alguno por ello. Ciertamente, tras conferir sus beneficios vitales a campo y arroyo, a hombre y animal, el agua se da plenamente por satisfecha, acumulándose para descansar en los lugares más bajos y oscuros de la tierra. Cae desde el cielo en forma de lluvia y, una vez realizado su trabajo, fluye hacia los más profundos escondrijos de la tierra, para volver a fluir.

El agua está relacionada directamente a toda forma de vida, y lo hace partícipe de transportar el alma a la vida sea la especie que sea de cualquier reino, al descender e inundar sus profundidades para luego emerger a la superficie como una nueva dimensión de existencia ayudando a que se forme la vida.


lunes, 4 de febrero de 2013

EL LENGUAJE SECRETO DEL UNIVERSO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Tanto la música interna como la externa pueden servir de guía al alma en su desplazamiento hacia los reinos reales de la tierra. La música nos puede poner en el camino, acompañarnos en el trayecto, y hasta puede estar allí al final del viaje. Desde el más allá de los tiempos se ha empleado en el campo de los cambios  psicológicos, ya que produce emoción. La música como medio de iniciación, conduce a actitudes de éxtasis que luego acompañada con conocimientos metafísicos nos lleva a nuevos estados de conciencia. Podríamos decir que nos puede llevar a sentir embriaguez en la que el conocimiento no  está ausente. 
La belleza de la música nos lleva a nuevas realidades cósmicas y metafísicas, en especial la de ejecución instrumental que  actúa como conductora del alma, donde se oirá y se sentirá la belleza indescriptible que existe en las  fuerzas intemporales más allá de las experiencias humanas.

Las resonancias de la ejecución musical tienen un efecto beneficioso sobre el cuerpo y la psiquis: calma, infunde solemnidad y armoniza. Pero hay más todavía: es un vehículo que puede elevarnos hasta donde seamos capaces de hacerlo, en la identificación con nuestra melodía interior, que nos permita el ingreso a transitar por el sendero que nos conducirá a nuestro templo espiritual, donde encontraremos paz, armonía y felicidad plena. Y allí dentro contemplaremos nuestra vida y si queremos podemos transformarla siguiendo el ritmo de las siete notas musicales que son la base de la composición de nuestra melodía, cual es el entendimiento, la sabiduría y el aporte hacia los demás. Esta composición sinfónica de acciones amerita ser transportada en un viaje al universo para ser  testigos visuales o auditivos de nuestras propias experiencias místicas donde  participamos, siendo estimulados a aportar a nuevos conocimientos y percepciones de esa música superior.. Allí podemos trascender, y entrar en esa totalidad, como el pleroma,  o sea la relación de cumplimiento de plenitud, elemento común a muchas doctrinas gnósticas,  que significa encontrar el verdadero universo de armonía, unidad y de luz, opuesto a la oscuridad. El canto llano, como misterio de un oficio religioso, un mantra, o un baile de un místico, ofrece a cada uno, lo que cada uno es capaz de recibir.   

Cuantas veces nos hemos estremecido al escuchar una ejecución musical donde no interviene la palabra. Es en este éxtasis donde podemos apreciar la mejor imagen de las armonías secretas y el misticismo individual y la labor de elevación colectiva. Las melodías sin palabras son eternas y errantes, alas que transportan al alma hacia los reinos superiores, en la tarea de redimir lo que destruimos; ayudando no sólo a renovar y acrecentar  la chispa interior, sino también el de todas las demás innumerables chispas aprisionadas en el mundo manifiesto. La música nos permite oír un débil eco de esas dulces modulaciones que el oído de los mortales comunes no puede captar. Nos despierta el elevado recuerdo de lo que oímos en una vida anterior. Nos puede provocar un apasionado amor y los deseos de surcar el cosmos en busca de respuesta a nuestros interrogantes,  nos sentimos libres de nuestra  envoltura de barro. De todos los instrumentos, dicen los entendidos, que la lira de siete cuerdas es el más apto para recordar a los hombres el concierto eterno de la gran sinfonía cósmica, exhorta al alma a que se eleve a realizar este ascenso y se insufle de sabiduría en la búsqueda de nuevas fuentes de experiencias.
Interpretar  en unos casos y en otros escuchar el mundo  de la música espiritual nos forza a demostrar que el cosmos tiene su propia  melodía, y que ésta existía  antes de que el humano  se dispusiera a evolucionar en la historia de la vida en la tierra. Estas interpretaciones han durado  toda la eternidad y han sido capaces de transformar el alma de quien quiere escuchar y  alcanzar el cambio en la reacción.

En el mundo de los sentidos,  la música nos induce a observar las visiones de este mundo percibido con el ojo y el oído interno, hasta conseguir Imágenes arquetípicas de un modo maravilloso, de forma tal que los ciudadanos celestes alaban a través de sus sonidos y  claman y representan la voz de una multitud llena de espiritualidad  y conectada al templo virtuoso de la música y las armonías. Estas voces al igual que las aguas, el viento, el fuego, los árboles , las flores, las piedras, sienten el  encanto de la vida plena, de la soledad y de los estados de conciencia de quienes están a su lado y nos transmiten una música que jamás cesa: es una música que uno oye por doquier pero que no está en ninguna parte; a veces es un murmullo;  otras veces el oído de un mortal cree que oye el lamento de una divina armonía,  cuyas variaciones no son terrestres y que nadan en la región media del aire. Las voces, las modulaciones brillantes, prorrumpen de repente desde lo profundo de los bosques celestiales y luego se  dispersa por el aliento de nuestros espíritus; estos sones parecen haber expirado. Sin embargo prontamente, una confusa melodía revive a lo lejos, canta en las orillas del río de la vida, sumergiéndonos en una gran fantasía del universo mágico. 
Estas regiones situadas en nuestra vida  jamás son iluminadas por nuestra  luz diurna sino que un suave resplandor que cae calladamente sobre las regiones místicas de nuestra alma nos invaden como si fuera nieve que acompaña al invierno; entonces penetra en todas las sensibilidades , las hace suavemente radiantes con luz hermosísima y proyecta una belleza perfecta a quien la mira. El éter, que es tan sutil, sería todavía demasiado material para este sitio; el aire que uno respira es el amor; aire similar a una especie de melodía visible que llena todas las blancas llanuras de las almas con igual esplendor y armonía.

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