jueves, 21 de enero de 2016

ZOROASTRO Y LA RELIGION DEL FUEGO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA 



Zarathustra, cuyo nombre devino en Zoroastro para los antiguos griegos, fue un profeta que vivió en Medio Oriente en el siglo VI A.C, según ciertos escritores, pero muy posiblemente durante el siglo XV A.C. Algunas investigaciones filológicas incluso sitúan su existencia física más allá. El nombre vendría a ser el compuesto de dos palabras: la primera, según algunos autores, significaría "viejo"; y la segunda, "camello". Conforme a esta interpretación Zarathustra sería "el hombre de los camellos viejos". Pero otros creen que es sinónimo de "criador o cuidador de caballos".

Lo que posteriormente se llamaría zoroastrismo es el producto de las enseñanzas reveladas a Zarathustra por Ahura Mazda ("Señor Sabio") - que en el viejo idioma Pahlavi se dice Ohrmazd, y de ahí Ormuz. Esta religión gozó de su momento más glorioso en el Imperio Persa (559 AC a 651 DC).

Zoroastro fue ante todo un gran reformador de la vieja religión aria. La idolatría y los ritos muchas veces sangrientos de ésta, son barridos por la nueva fe que traerá luz al mundo, dado sus elevados conceptos acerca de Dios, el hombre y la naturaleza, lo cual nos permite calificar al Zoroastrismo como una de las primeras religiones maduras, es decir, desprovistas -al menos en lo que es la generalidad del mensaje zarathustriano, dejando de lado algunas modificaciones nefastas y las herejías, como el Zurvanismo, que por cierto no deben considerarse como propiamente zoroastrianas - de la superchería de las formas de religiosidad primitiva. Conceptos como Asha - que en términos sencillos puede asimilarse a un principio ordenador de la realidad-, son sumamente abstractos, lo cual demuestra el carácter de la aprehensión cognitiva llevada a cabo por Zoroastro y sus discípulos.

Al igual que todos los grandes maestros que ha tenido la humanidad, Zoroastro tuvo una vida propia de una epopeya. Se dice que al salir del vientre materno no lloró y que incluso su madre no sufrió el dolor propio del parto. los enemigos de la verdad lo persiguen e intentan hacerle perecer arrojándolo a las llamas de una hoguera que se extinguieron al ponerse en contacto con su cuerpo. Los ataques de sus enemigos le dieron una gran reputación, y tan pronto se le ve entre el pueblo difundiendo sus doctrinas como en el desierto buscando el aislamiento para ponerse en contacto con la divinidad. Durante uno de estos períodos de aislamiento Brahma lo trasportó al pie del trono de Ormuz, quien le reveló la ley y los detalles de su culto. Recibida esta revelación se retira al fondo de una caverna, donde permanece durante siete años en silencio. A los treinta años de edad recibe diversas revelaciones que le enseñan la manera de tratar a los animales domésticos, al fuego, a los metales, a la tierra, al agua y a las plantas. Una vez preparado para el desempeño de la gran misión que debía desarrollar sobre la tierra, se presentó en el palacio real al monarca instándole a que abrazase la nueva religión, cosa que consiguió tras largas discusiones y después de haber realizado algunos hechos milagrosos. Posteriormente Zoroastro convenció al rey persa a que llevase la guerra a algunos países limítrofes, con lo cual la religión de Ormuz se extendió hasta la India.

Durante el asedio de una ciudad Escita, cayó en poder del enemigo, y se cree que pereció allí juntamente con cierto número de sacerdotes del fuego que fueron sacrificados. Zoroastro fue uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad.

Libros Sagrados

Los textos sagrados del zoroastrismo son especialmente el Avesta - que en Occidente debido a problemas interpretativos se conoce como Zend- Avesta, cuando ello significa realmente "Comentario al Avesta" - y los llamados Textos Pahlavi.

El Avesta es una compilación de muchos textos, especialmente cantos sagrados, y su importancia para los mazdeos - otro nombre con que son conocidos los zarathustrianos - puede compararse con lo que representa para un musulmán el Corán o para el cristiano la Biblia. Habría sido codificado de manera ordenada hacia el año 600 DC, lo que revela que durante muchos siglos a través de una tradición oral se conservó el pensamiento y palabras del Profeta.

El Avesta contiene entre otros textos a los Gathas, conjunto de cánticos que recitan a diarios los seguidores de Zarathustra. Habría sido escrito en distintos tiempos. Cabe indicar que la lengua Ghática tendría un ancestro común con el Védico. Así lo han demostrado las semejanzas de muchas palabras. Un ejemplo: la palabra Asura que en védico significa "señor divino" tiene igual definición que la palabra gáthica "ahura".

Los textos litúrgicos, que se incluyen en el Avesta se llaman generalmente Yasna (término que significa "reverencia"). Los estudiosos han descubierto gracias a un profundo análisis gramatical e histórico que los Gathas fueron escritos en Gáthico, y en otras partes en Avestán Nuevo.

¿Monoteísmo o Politeísmo?

El Yasna, libro de himnos contenido en el Avesta, incluye frases que parecen ser contradictorias; y así, mientras en unas se dice que hay un solo dios, de quien proviene bien y mal, en otras se aprecia una especie de politeísmo, siendo el dios del bien y el del mal seres supremos distintos.

Analizando tales trozos del Avesta, los estudiosos Carlos Cid y Manuel Riu, señalan algo que puede sernos útil: "Estos dos fragmentos se prestan a profunda meditación. En el primero se hace confesión absoluta de monoteísmos, convicción muy fuerte que Zarathustra opuso al politeísmo precedente. Por otra parte, se habla de dos espíritus: Ahuramazdah, que es la vida, el bien, la luz y todo lo positivo; y Angramanius, que posteriormente se llamó Ahriman, personificación de la muerte, del mal y de todo lo negativo. ¿Cómo se resuelve esta antítesis? Es posible que por un cambio o evolución del pensamiento de Zarathustra, pero acaso se trate de un Ser Supremo y único en sí mismo, que en un aspecto más concreto ofrezca ambos principios como manifestaciones antagónicas, complementarias y necesarias de sí mismo, ya que el Yasna afirma que no sólo creó la luz, sino también las tinieblas, y que la vida se produjo cuando ambos se encontraron al principio. Así, la nada sería precisa para la existencia de algo; el bien no podría diferenciarse sin destacar sobre el fondo negro del mal, como tampoco la luz se distinguiría sin la existencia de otra luz, de la luz negra de las tinieblas."

Por cierto, la explicación posible sólo puede ser la segunda hipótesis indicada, toda vez que el zoroastrismo es una religión monoteísta. Y no es contradicción decir que en el Uno coexisten de alguna manera dos principios: el bien y el mal, siendo el primero el primordial y que al final de los tiempos ha de triunfar. Esto no significa en modo alguno creer que Ahrimán sea tan poderoso como Mazda, sino que es un rival fuerte, que a veces - como en el ciclo actual- triunfa, pero que desde un principio de los tiempos es sabido que perderá la gran batalla. Así, lo establece una especie de catecismo zoroastriano, el Chidag Andarz Poryotkeshan, que dice, ya desde las primeras frases: "este Reino (el de Ormuz) es infinito y puro; y Ahriman no lo es, y es destructible".

¿Cómo es posible que en el Uno coexistan dos? La resolución a este aparente contrasentido, ha sido dada por el tradicionalista Frithjof Schuon, quien nos habla de dos planos de la realidad. Primero, el Absoluto o Supra-Ser. Y el plano más bajo, del Ser, donde habita la dualidad bien-mal.

El Sobre -Ser contiene al Ser, por lo cual lo supera. Siguiendo esta lógica, diremos que Ahura Mazda creó todas las cosas, y permitió el mal. Pero, al mismo tiempo Ahura Mazda es trascendente a la aparente lucha dual, pues es impasible en su mismo centro o corazón; verdad a la que sólo algunos pocos podrán llegar.

El Problema del Mal

Sin duda uno de los aspectos que más llama la atención en toda filosofía trascendente es su visión acerca del bien y del mal. Según los historiadores más modernos, originariamente el zoroastrismo habría sido un monoteísmo. Ello se aprecia en los textos más antiguos, donde sólo se habla de Ormuz o Ahura Mazda como única deidad de la cual surgen conceptos abstractos, que la religiosidad popular a veces erróneamente consideraré como si se tratase de dioses. La lucha entre el bien y el mal aunque era pronunciada, no se consideraba como una oposición donde existe casi igualdad de armas. Pues por el contrario, sólo Ahura Mazda es Dios.

El Zurvanismo, una herejía zoroastriana, remarcó la idea que se encuentra en un Gatha, donde Zarathustra dice: "Verdaderamente, hay dos Espíritus primordiales, gemelos que se hallan en conflicto. En palabra y en acto ellos son dos: el bueno y el malo" (Yasna, 30.3).
La exageración de este Yasna, derivó en la creencia errónea según la cual Spenta Mainyu (el mal) y Ahura Mazda serían algo así como hermanos, hijos del tiempo (Zurvan; de allí el nombre de esta heterodoxia).

Esto posiblemente se debe a que Mani tomó esta creencia y la unió con el cristianismo, creando una fe compleja que llegó a Europa, y que se manifiesta aun en la Edad Media, a través del Catarismo y otras herejías cristianas, poseedoras de lo que se ha dado en llamar equívocamente como "Gnosticismo".

El zoroastrismo repugna de esta creencia, puesto que entiende que el mal jamás puede equipararse al poder de Ahura Mazda, de quien derivan todas las cosas.

Una Religión que no adora imágenes

Las culturas antiguas solían adorar imágenes; mas no es éste el caso del Zoroastrismo, que precisamente es una de las primeras religiones en dejar de lado toda forma de idolatría.  El zoroastrismo, igual que su sucesor, el islam, no tuvo ídolos, a diferencia de las otras religiones indoeuropeas y de la religión de la Grecia antigua. Por tal razón en la Persia de esa época no existe una estatuaria sagrada.

Las pocas representaciones existentes de Ormuz nunca fueron consideradas como ídolos, sino como símbolos. Jamás se confundió la imagen con la sustancia.

Algunos Conceptos Claves

La religión fundada por Zoroastro era llamada por éste Daena Vanguji, que puede traducirse como Recta o Buena Consciencia; o simplemente como Buena Religión. Sus pilares o principios son:
1.- VOHU MANA (VOHU MANU): Pensamiento adecuado.
2.- ACHA: Rectitud. Vía recta.
3.- VOHU KACHAZRA: Buen imperio.
4.- ARAMAITI: Serenidad.
5.- SERAUCHA: Inspiración.
6.- JAURVATAT: Integridad.
7.- SPENTA MAINJU: Mentalidad progresiva.
8.- AMERETAT: Inmortalidad.

El Zoroastrismo como Fuente de Inspiración de otras Religiones

No deja de llamar profundamente la atención el hecho que conceptos e ideas originariamente zoroastrianas hayan sido adoptadas por otras religiones. Así podemos mencionar al menos tres: la judía, la cristiana y el islamismo. E incluso podríamos agregar el buddhismo. Las tres primeras mantienen la idea monoteísta. La idea de un "pecado original", la concepción de la resurrección de los muertos y la necesidad de un acto como la confesión, que adoptará el cristianismo pertenecen a la religión zoroastriana.

El Chidag Andarz Poryotkeshan bastante antes de las enseñanzas de Jesús, establece una sabiduría que es conmovedora y base de muchas creencias posteriores. Una estrofa reza: "El cuerpo es mortal, mas el alma inmortal. Hace buenas obras, por el alma que es real, no por el cuerpo; el próximo mundo es real, no éste".

El buddhismo toma conceptos que son recogidos en lo que se ha dado en llamar el Óctuple Sendero. El pensar, hablar y actuar recto, como la concepción de la Mente Recta o Buena que encontramos en el Avesta, son reiterados en la tradición buddhista. Este libro sagrado es por lo demás una anticipación de las enseñanzas de Buddha.

El Culto al Fuego

Previo al mensaje dado por Zoroastro, el culto del fuego existía en Irán. Simbólicamente es la expresión de la fuerza divina y la espiritualidad en potencia y acto. Además lo es de la pureza.

En la vieja Persépolis, aun pueden encontrarse restos de los grandes altares del fuego de la época pre-islámica. Los zarathustrianos actuales siguen manteniendo en sus ritos la presencia de este elemento. Aunque no muchos, sin embargo, existen altares ígneos que durante siglos consumen llamas, siendo resguardados por fieles sacerdotes. Este culto al fuego sería exportado llegando a Roma.


viernes, 1 de enero de 2016

VIVIR PARA LOS OTROS


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
(Profesor de Almas)

Siendo el alfa y omega de la experiencia espiritual,  la humildad es humilde por definición. O sea que una humildad que no sea humilde sino aparatosa, ostentosa, proclamada a los cuatro vientos, deja de ser humildad para convertirse en una forma rebuscada de soberbia. Pocas cosas hay tan irrisorias como el tipo que dice “no hay nadie más humilde que yo”. Por eso podemos afirmar que de todas las virtudes, la humildad puede considerarse una de las más difíciles de conseguir. Casi toda la historia de la literatura y la filosofía se refieren a destacar sobre el tema y vale recordar pensamientos de grandes hombres como Ruskin «estoy convencido que la primera prueba de un gran hombre consiste en la humildad». Cicerón «cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser». J.D. Salinger en su novela ‘El Guardián Entre el Centeno’ considerada como una de las obras cumbre de la literatura norteamericana nos dice «Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella». Einstein, reputado como uno de los de los seres más inteligentes que ha tenido la humanidad, dijo: «Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme». Todos nos demuestran el valor que tiene la humildad.

De allí lo importante de aprender a elogiar sinceramente a los demás: Cuanto más mencionemos las buenas cualidades de quienes nos rodean a uno, más virtudes se descubrirán en ellos, y será más difícil que uno caiga en la trampa del egocentrismo. Allí la humildad nos enseña a descubrir que las muestras de respeto por la persona –por su honor, por su buena fe, por su intimidad–, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de nuestra integridad interna en busca de iluminarnos con nuestros aciertos.

Por eso se dice que la frase más difícil de pronunciar es: «Me equivoqué». Quienes se rehúsan a hacerlo por orgullo suelen volver a caer en los mismos errores (sólo el hombre cae dos veces en la misma piedra) y, además, terminan marginándose de los demás. Allí la humildad se convierte en una antorcha que presenta a la luz del día nuestras imperfecciones; no consiste, pues, en palabras ni en obras, sino en el conocimiento de sí mismo, gracias al cual descubrimos en nuestro ser un cúmulo de defectos que el orgullo nos ocultaba. Debemos aprender a labrar nuestra piedra bruta.

Y si la frase más difícil de pronunciar es: «Me equivoqué», la siguiente más difícil debe de ser: «Perdóname». Ese simple vocablo mata el orgullo y pone fin a cualquier altercado, así hemos eliminado a dos pájaros de un solo tiro. Pero para eso, es necesario reconocer que tanto los demás como uno mismo podemos equivocarnos.


Otro don de la humildad es saber admitir nuestras limitaciones y necesidades. Es parte de la naturaleza humana querer dar la impresión de ser fuerte y autosuficiente; eso normalmente no hace más que dificultar las cosas. Si manifiestas humildad pidiendo ayuda a los demás y aceptándola, sales ganando. El no fiarse del propio parecer nace de la humildad. Y donde hay humildad, hay sabiduría. Sirve a los demás. Ofrécete a ayudar a los ancianos, los enfermos y los niños, o a prestar algún otro servicio comunitario. Saldrás beneficiado, pues aparte de adquirir humildad, te ganarás la gratitud y el cariño de la colectividad. Cuando se te presente la ocasión de prestar ayuda al prójimo, hazlo con alegría y con la humildad y  sacarás tesoros inmensos de virtud y de gracia en tu corazón.

Hay que ir en el caminar de la vida aprendiendo a cultivar el mérito de toda cualidad que tengas y de todo lo bueno que te ayude a hacer. Para ello es importante abrir los ojos del alma y considerar que no se tiene nada nuestro de lo que debamos gloriarnos. Lo único que realmente tenemos son nuestros dones que viven  en nosotros y que muchas veces no lo hemos descubierto y potencializado. Un grave error es no saber confiar en los demás y solo pensamos que es un gran logro confiar en nuestras propias fuerzas. Nuestra sabiduría con el tiempo nos indicará lo contrario.

Practiquemos todos los momentos de nuestra vida la humildad que es la madre de todas las virtudes, así como la soberbia es la madre de todos los males y vicios. La experiencia espiritual y la tradición mística así lo atestiguan. El cimiento sólido para todo el edificio espiritual que queramos edificar es la humildad. Sin ella, nada considero que sobra.



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