jueves, 6 de diciembre de 2007

LUZ MASONICA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

La inconsecuencia es letra muerta en toda evolución intelectiva que tienda a desarrollar fructuosamente el progreso natural de las ideas; pero la oposición interesada es más temible puesto que se esgrimen todas las armas y se ocultan las instituciones. Para nosotros, por el contrario, sólo son fecundos y provechosos en enseñanzas los horizontes ilimitados que no tienen valladar ni obstáculo infranqueable para el pensamiento. Buscamos la luz cuyas radiaciones son infinitas. 

Esa fulgurante luz que ansiaba, en las tristezas sombrías de su lecho de muerte, el gran poeta-filósofo. Ella sólo se eclipsa ante la glacial indiferencia de los que viven sin ideales y sin elevados pensamientos. Por eso, el que se hizo inmortal en el recuerdo de la posteridad por su genio analítico, investigador y profundo, hubo de invocarla en conmovedor apóstrofe cuando en su espíritu evolucionado se reflejaban ya con nimbos de aurora, horizontes infinitos de esplendores desconocidos. 

 En la historia se observan períodos de avance inicial que formaron civilizaciones actuales, cuyo retroceso no es posible. Si hay desbordamientos en las multitudes, su misma inconsciencia las arrastra y lleva en pos de glorias ficticias. No estamos, a pesar de todo, atravesando épocas inquisitoriales como en los tiempos de Juan Huss y Giordano Bruno. Honremos a esos mártires del libre pensamiento y a Galileo, anciano octogenario que devoró en el silencio de su observatorio, la afrenta de su retractación, impuesta por un potente y funesto sectarismo que monopolizaba la verdad infalible y eterna. No nos divinicemos por derecho propio en ese santa santorum del tabernáculo de la soberbia; no nos incrustemos en él como molusco en la concha que la alberga. Los elegidos no existen en el conjunto universal, donde el átomo genera al astro gigante por ley de evolución compensadora y armónica. E pur si moueve.
 

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