viernes, 30 de noviembre de 2007

LA FELICIDAD Y SU BUSQUEDA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El primer paso en la búsqueda de la felicidad es aprender a identificar que las emociones y los comportamientos negativos son nocivos y cómo son útiles las emociones positivas. 

Tenemos que darnos cuenta de que dichas emociones no sólo son malas para cada uno de nosotros sino también para la sociedad y el futuro del mundo. Saber fortalecer nuestra determinación de afrontarlas y superarlas. Por otra parte, debemos ser conscientes de los efectos beneficiosos de las emociones y comportamientos positivos; ello nos llevará a cultivar, desarrollar y aumentar esas emociones, por difícil que sea. Hay una fuerza interior espontánea. A través de este proceso de aprendizaje, del análisis de pensamientos y emociones, desarrollamos gradualmente la firme determinación de cambiar, con la certidumbre de que tenemos en nuestras manos el secreto de nuestra felicidad, de nuestro futuro, y de que no debemos desperdiciarlo. Si aceptamos el principio de causalidad como una ley natural, al tratar con la realidad, hay que tener en cuenta esa ley. Así, por ejemplo, en el campo de las experiencias cotidianas, si se producen ciertos acontecimientos indeseables, el mejor método para asegurarse de que no vuelvan a ocurrir es procurar que no se repitan las condiciones que los producen. De modo similar, si se quiere tener una experiencia determinada, lo más lógico es buscar y acumular aquellas causas y condiciones que la favorecen. 
Sucede lo mismo con los estados y las experiencias mentales. Si se desea la felicidad, se deberían buscar las causas que en otras ocasiones le han producido, y si no se desea el sufrimiento, se debería procurar que no vuelvan a presentarse las causas y condiciones que dieron lugar al mismo. Es muy importante aprender a apreciar este principio. El odio, la envidia, los celos, la cólera son estados negativos de la mente porque destruyen nuestro bienestar mental; cuando se abrigan sentimientos de odio o de animadversión hacia alguien, cuando la persona se siente llena de odio o de emociones negativas, todo nos parece hostil. La consecuencia es que hay más temor, una mayor inhibición e indecisión, una sensación de inseguridad. Estas cosas se desarrollan en un mundo que se considera hostil. Todos estos sentimientos negativos se desarrollan debido al odio. Por otro lado, los estados mentales como la afabilidad, la compasión, la generosidad son definitivamente muy positivos. Son muy útiles. 
Para alcanzar la felicidad hay que identificar y cultivar los estados mentales positivos así como identificar y eliminar los estados mentales negativos, clasificando las emociones simplemente sobre la base de si conducen o no la felicidad última. Es decir hay que producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar, y eso no es tan sencillo. Para ello es preciso aplicar muchos factores diferentes desde distintas direcciones. No se debe tener la idea de que sólo existe una clave, un secreto que, si se llega a desvelar, hará que todo marche bien. Es como cuidar adecuadamente del propio cuerpo, se necesitan diversas vitaminas y nutrientes, no sólo una o dos. Del mismo modo, para alcanzar la felicidad hay que utilizar una variedad de enfoques y métodos, superar los variados y complejos estados negativos. Si tratan de superar ciertas formas negativas de pensar no se podrá conseguirlo practicando una técnica, el cambio requiere tiempo y la aplicación de diversas técnicas y tomarse un tiempo necesario para familiarizarse con ellas. se trata de un proceso de aprendizaje. A medida que pasa el tiempo, se van acumulando los cambios positivos. Cada día, al levantarse se puede desarrollar una sincera motivación positiva al pensar: “Utilizaré este día de una forma más positiva. No desperdiciaré este día”. Luego, por la noche, antes de dormir analizar lo que se ha hecho y preguntarse si ese día se utilizó como estaba previsto. Si todo se desarrolló tal como se planificó, debe alegrarse por ello. Si alguna cosa salió mal, lamenta lo que hizo y examina críticamente. Gracias a este método se puede ir fortaleciendo los aspectos positivos de la mente. El comportamiento ético es otra característica que conduce a una existencia más feliz. Los grandes maestros espirituales como aconsejan realizar acciones sanas y evitar las que no lo sean, lo cual depende del grado de disciplina mental. Un mente disciplinada conduce a la felicidad y una mente indisciplinada al sufrimiento; de hecho, imponer disciplina en la propia mente es la esencia misma de la enseñanza. Al hablar de disciplina hay que referirse a la autodisciplina, no a lo que se nos impone externamente. También hay que referirse a la disciplina aplicada para superar los rasgos negativos. Una pandilla criminal puede necesitar disciplina para cometer un atraco con éxito, pero esa disciplina es inútil. En términos convencionales, en nuestra vida cotidiana, se considera la educación como un factor importante para procurar el éxito y la felicidad. El conocimiento no es algo que llegue hasta nosotros de un modo natural. Tenemos que practicar, tenemos que pasar por una especie de programa sistemático de entrenamiento. Y consideramos que esa educación y entrenamiento convencionales son bastantes duros; si no lo fueran, ¿por qué los estudiantes tienen tantas ganas de que lleguen las vacaciones? Y sin embargo, sabemos que la educación es necesaria en términos generales para alcanzar el éxito y el bienestar. Estamos hechos para buscar la felicidad. Y está claro que los sentimientos de amor, afecto, intimidad y compasión traen consigo la felicidad. Todos tenemos la base para ser felices, para acceder a estos estados positivos de la mente que aportan felicidad. De hecho es que no sólo poseemos el potencial necesario para la compasión, sino que la naturaleza básica o fundamental de los seres humanos es la benevolencia, por tanto hay que reconocer que si bien los conflictos son originados por el mal uso de la inteligencia, podemos utilizar ésta para descubrir medios que nos permitan superar. Al utilizar la inteligencia y la bondad, todas las acciones humanas son constructivas. Al combinar un corazón cálido con el conocimiento y la educación, aprendemos a respetar los puntos de vista y los derechos de los demás. Eso es el cimiento de un espíritu reconciliador que sirva para superar la agresión y resolver nuestros conflictos.

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