viernes, 30 de noviembre de 2007

ESCUCHANDO EL SILENCIO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
 
La realidad no nos dice nunca que hacer, ella no habla, nunca es imperativa; el universo habla de indicativo y presente; el juego de la vida no es otra cosa que la inteligencia tomando conciencia de sí mismo a través de una multitud de formas, y estas formas siempre semejantes a ella misma. En el universo no hay el ahora y aquí todo es presente. El universo es y el resto no es más que comentarios; (el universo es uno, nada existe fuera de esa realidad única) hay que percibir desde el interior el universo porque el centro soy yo. Conocer es ser y para ello no hay otra vida que el silencio; es la condición suficiente y necesaria para que la intuición se manifieste, y el silencio no es la ausencia de palabras, es la cesación de toda identificación con lo que sea, es fija su abstracción sobre la observación; este silencio esencial llamamos vigilancia interior, es el universo, es ser consciente en el cual el humano es el centro del universo. El silencio no puede existir si no hay sonido, por lo que hay que hacer el ejercicio del silencio para llegar al sonido. 

El silencio tiene una particularidad, forzar al individuo a conversar consigo mismo, a mirar a si mismo y a conocerse a si mismo. Por tanto este misterio no se encuentra ni se descubre en el mundo, se encuentra y se aprende en el corazón de los hombres que lo buscan para mejorar su existencia. El silencio, aunque parezca raro decir, puede ayudar al ser humano a encontrar respuestas a su propio misterio. Hay tres tipos de silencio: - El silencio físico que consiste en no hablar y estrictamente no generar ruido. - El silencio mental se reduce a no pensar. - El silencio espiritual es llegar al silencio total para encontrar el campo de la manifestación suprema. Los pasos para encontrar el silencio son: El silencio como ejercicio mismo; y la meditación. El primer paso es: Silencio por el silencio; que radica en la fuerza de voluntad para ejecutarlo. Es aprender a controlar el manejo exacto de las palabras. Para lograr este silencio es necesario concentrar la atención en elementos mucho más sutiles casi imperceptibles que nunca está acostumbrado a escuchar como es el latir del corazón, el crujir de los pisos, la respiración. El otro paso: Callar para escuchar; si estamos en la naturaleza magnimus y optamos por callar y suspender toda acción humana y demostramos un acto de humildad y de respeto aprendemos a escuchar los mensajes de la naturaleza a través del viento, el agua, los árboles y todo ello constituye un alimento a nuestro espíritu para sentir los mensajes puros sin prejuicios e intenciones. El tercero es: La meditación; es un paso más allá del silencio en sí. Ya no es un alimento para el alma sino que constituye la esencia divina. La meditación nos permite realizar el silencio físico y el silencio mental, donde ya no es la voluntad sino que existe una fuerza más ajena que nos hace callar a nuestra mente. Es el momento en que tenemos que aceptar al pensamiento como un río, que fluye ideas hasta que llega un momento en que se calla y lograr que fluya solo energía. La concentración de la energía y la atención en el asiento del alma, sin aprehensión, sin deseos, sin ansiedades, dejando que se haga es imprescindible. 

La vida que llevamos tiene poca soledad, pero la misma que está cargada de penas, conflictos, alegrías, pero se vuelven insensibles, ya que jamás estamos solos, ya que estamos atados al ayer, al recuerdo; y los llevamos con nosotros estas cargas que no nos permiten dejar atrás el pasado y solamente cuando afrontamos y resolvemos en el momento preciso llegamos a la soledad. Es importante llegar a la soledad y dar a este espacio importancia en la búsqueda de la virtud y la libertad. Ninguna virtud puede funcionar sin este espacio vasto en sí mismo, nos es necesario el silencio ya que no podemos tener contacto con lo nuevo si no estamos solos, sin ninguna experiencia, influencia, es decir tenemos que estar vacíos, -la vasija tiene que estar vacia para llenarlo-, y solo su espíritu silencioso tiene la posibilidad de ser claro. La única meta es generar un estado de espíritu capaz de dominar el pensamiento y si nosotros no establecemos verdaderos fundamentos contra el miedo, dolor, ansiedad no podremos salir y tener un espíritu libre de tortura. El espacio y el silencio son necesarios para ir más allá de las limitaciones de la conciencia. La pregunta es ¿Cómo un espíritu activo puede estar en calma? Nosotros podemos moldearlo, perseguir un ideal que consiste en tener un espíritu calmado, pero no tiene ningún efecto si actuamos con rigor ya que se estanca. 

Ejercer un control en cualquier forma es represión, es decir se ejerce un conflicto, y la mayor parte de nuestras vidas son disciplinadas por las presiones exteriores de la sociedad, de la familia, de nuestros sufrimientos, de nuestras experiencias, nuestro conformismo a una ideología y a su estructura. Estas disciplinas son mortales, por lo cual debemos evitarlos a través de eliminar las represiones, temores. Nuevamente nos preguntamos y ¿Cómo hacerlo? No se trata de disciplinarlo y luego adquirir la libertad. La libertad hay que adquirirlo al principio y no al final. Comprenderlo es liberarse del conformismo en materia de disciplina . El acto mismo de aprender es disciplina, es decir se convierte en claridad para comprender la naturaleza de las cosas y toda su estructura. El silencio permite el encuentro consigo mismo, es un paso a otro nivel del sonido más armónico, por lo cual el silencio no puede ser descrito, ya que todo aquello que se puede describir es conocido, y uno no puede librarse de lo conocido sino sólo muriendo todos los días, para que las células del cerebro estén siempre frescas e inocentes, Pero esta cualidad no es de la belleza del silencio, este silencio es un pequeño comienzo como si uno pasara de un pequeño hueco hacia la inmensidad del océano y no podemos comprenderlo verbalmente sino hemos comprendido la estructura de la conciencia.

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