viernes, 23 de mayo de 2008

QUE ES EL DESPERTAR

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

Año 5.767 R.E.A.A.
La conciencia es como una minúscula isla, situada en medio de un océano de profundidades insondables y horizontales casi infinitas. Este océano se llama el subconsciente. A la vista nada se advierte. Todo está en calma. Pero en lo profundo todo es movimiento y amenaza. Hay volcanes dormidos que, de pronto, pueden entrar en erupción, energías ocultas que guardan retenida el alma de un huracán, fuerzas propulsoras que encierran gérmenes de vida o de muerte.
El humano, por lo general es un sonámbulo que camina, se mueve, actúa, pero está dormido. Se inclina en una dirección y con frecuencia no sabe por qué. Irrumpe aquí, grita allá, corre, más tarde se detiene; acoge, rechaza; llora, ríe, canta; ahora triste, después contento; son, generalmente, actos reflejos y no plenamente conscientes. Da la impresión de ser un títere movido por hilos misteriosos e invisibles.
En el mar profundo del hombre, el lado irracional y desconocido, mediante mecanismos que parecerían sortilegios, lo van llevando en direcciones inesperadas y, en ocasiones por rumbos disparatados.


Es allí cuando nos planteamos ¿Qué se hizo de la brújula? ¿Funciona la libertad? Cuántas veces el humano no entiende nada y sufre. Sufre porque está dormido. No se da cuenta de que el sufrimiento es puramente subjetivo. 
La mente es capaz de dar a luz fantasmas alucinantes, que luego atormentarán sin piedad a quien lo engendró. Los miedos son, generalmente sombras fantasmagóricas sin fundamento ni base en la realidad. Por eso está dormido. Y dormir significa estar fuera de la objetividad. Dormir es sacar las cosas de su dimensión exacta. Dormir es proyectar mundos subjetivos sobre los sucesos exteriores. Las inseguridades y temores son, por lo general, hijos de una obsesión.
El miedo, insisto, engendra y distingue fantasmas por todas partes; éste no me quiere, aquél está en contra mía, ese proyecto está destinado a fracasar, todos se han conjurado en contra mía, están tramando desplazarme de mi trabajo, aquellos otros me han retirado su confianza, aquélla ya no me mira bien, aquella otra no me saluda como antes, ¿qué le habrán contado acerca de mi?, la otra se muestra ahora fría y distante conmigo, ¿Qué habrá pasado?... 
Y todo no es sino un engaño, o al menos, una espantosa magnificación o suposición. No hay nada de eso, o muy poco. Está dormido. Muchas personas viven del susto y alucinaciones en pleno día, con el mismo realismo con que se vive las pesadillas a media noche. Los fantasmas narcisistas pueblan el alma de ansiedades y no pueden darse cuenta de que todo es materia subjetiva, de que están dormidos. De tanto dar vueltas a sucesos infelices, acaban magnificándolos, y no se dan cuenta de que están soñando. 


Les sucede lo mismo que a las bolas de nieve: cuantas más vueltas dan, más grandes se hacen. De pronto se sienten amenazados por el terror, sin caer en la cuenta de que solo se trata de una manía persecutoria, una alucinación que inventa y dibuja sombras siniestras, cuando, en realidad nada de eso existe; están dormidos. Hechos intrascendentes los transforman en dramas, y pericias ridículas las revisten con ropajes de tragedia. Están dormidos. 
La toma de conciencia


Es preciso despertar. Y despertar es salvarse; es economizar altas cuotas de sufrimiento.

¿Qué es, pues, despertar?

Es el arte de ver la naturaleza de las cosas, en uno mismo y en los demás, con objetividad, y no a través del prisma de los deseos y temores.
Despertar es tomar conciencia de tus posibilidades e imposibilidades. 
Las posibilidades para abordarlas, y las imposibilidades para dejarles a un lado; darte cuenta de si un determinado hecho tiene remedio o no; si lo tiene, para encontrarle solución; si no lo tiene, para olvidarlo, tomar conciencia de que los hechos consumados, consumados están, y es inútil darse cabeza contra ellos.
Despertar es darte a ti mismo un toque de atención para caer en cuenta de que te estás torturando con pesadillas que son pura fantasía, de que lo que te espanta no es real; darte cuenta de que estás exagerando, sobredimensionando cosas insignificantes y que las suposiciones de tu cabeza estás revistiendo con visos de veracidad.
No te das cuenta de que tus pretensiones son sueños y nada más; y tus temores puras quimeras. Déjalas a un lado, porque son meros abortos de tu mente. Saber que los sueños, sueños son; saber donde comienza la ilusión y dónde la realidad. Saber que todo pasará, pero aquí no queda nada, que todo es transitorio, precario, efímero. Que las penas suceden a las alegrías, y las alegrías, a las penas; saber que aquí nada hay absoluto; que todo es relativo, y lo relativo no tiene importancia o tiene una importancia relativa. 
Despertar, en suma, es saber que estabas durmiendo. 


Despertar
Basta despertar y se deja de sufrir. En la oscuridad de la noche, estás cubierta de tinieblas. Amaneces y la pregunta es ¿Dónde se escondieron las tinieblas? No se escondieron en ninguna parte. Sencillamente, no eran nada. Y al salir a la luz se ha comprobado que no era nada. De la misma manera, cuando tú estás dormido, tu mente está poblada de sombras e inquietudes infundadas, te embarga la tristeza. 
Amanece, despiertas; y ahora ves que tus temores y tristezas no eran nada. Y al despertar se esfuma el sufrimiento, como se esfumaron las tinieblas al amanecer. 
Despertar y dejar de sufrir
 
Siempre que te sorprendas a ti mismo, en cualquier momento del día o de la noche, agobiado por la angustia o el temor, piensa que estás dormido o soñando; haz una nueva y correcta evaluación de los hechos, rectifica tus juicios, y verás que estabas exagerando, presuponiendo, imaginando. Dedícate asiduamente al ejercicio de despertar. 
Siempre que te encuentres turbado, levanta la cabeza y sacúdete, abre los ojos y despierta. Muchas tinieblas de tu mente desaparecerán, y grandes dosis de sufrimiento se esfumarán. Para ello adoptemos un estilo de vida más reflexivo para no hacernos daño nosotros mismos por nuestra falta de crecimiento personal. 
Conocernos y fortalecernos nos ayuda a desarrollar nuestro poder interior. Tenemos que hacer el esfuerzo de acceder a la sabiduría viva interna que nos permita vivir mejor contando con nosotros, ya que la información más valiosa para nuestro crecimiento personal está dentro de nosotros mismos. Si aprendemos algo más de nosotros mismos desarrollaremos una identidad llena de valores y aspiraciones. 


Y para vivir en plenitud tomemos en cuenta que en nuestras vidas no existe una respuesta correcta. Todo es relativo. No hay nada absoluto. Todo es como un juego de magia donde podemos aprender que uno puede pasar de la oscuridad al poder de la luz mediante un corazón abierto, una mente adquisitiva y una práctica diaria de conciencia basada en la ética, la meditación y la sabiduría. 

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