jueves, 5 de marzo de 2009

EL MUNDO VIVE DE MITOS




VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Así lo he escuchado. El tema de los mitos me ha preocupado siempre. Ahí están erguidos y dominando nuestras vidas e impidiendo a menudo pensar por cuanta propia. Su origen suele ser desconocido, tan desconocido como el origen del humor. ¿Quién fue el primero en contar el primer chiste, que se rió por primera vez, que gastó la primera broma? De Adán no se sabe que cultivara el humorismo, tampoco Eva, así que puede ser la serpiente. Hay personas que sostienen esta teoría. Otros dicen que Noé por su amor al vino. Como fuere la historia del hombre demuestra que necesitamos de mitos para vivir, como los fans necesitan de ídolos y la música necesita de silencios. Los clanes primitivos mitificaron el sol, el fuego, las fuerzas ocultas, los espíritus invisibles. Las sociedades más evolucionadas cantaron la misma canción, aunque otorgando a estos mitos nombres diversos y tejiendo en torno a ellos poéticas historias. Prometeo, Ulises, Hamlet. 

 Hay mitos arrancados de la nada, fruto del impulso centrífugo e ilocalizable, otros surgen de la realidad humilde. Cuando nace un niño -Mozart- no se sabe si desaparecería sin pena ni gloria o se convertirá en un mito. Los escarabajos eran bichos más bien repugnantes hasta que los egipcios los transubstanciaron y lo convirtieron en sagrado. La luna dejó de ser mito el día en el que el hombre puso en ella sus pies. 

Creo que a todos nos gusta los mitos, los necesitamos nos proporciona un calendario para ir cambiando sin cesar. En nuestra infancia el mito del Llanero Solitario, Supermán, Batman o el Hombre Araña. En la juventud me enamore de Raquel Welch sin saber por qué, tal vez por que fue convertida en un mito del sex symbol. Con los mitos que hemos llegado a enterrar podríamos formar una necrópolis colosal. 

En cuanto a los mitos que perduran es probable que no sean mitos, sino símbolos o verdades. Nuestra época virtual, impaciente y voraz es una inmensa fábrica de mitos, porque la demanda es fuerte y porque cuenta con plataformas de lanzamientos que antes no existían. A algunos los destruye con la misma facilidad con las que se inventó; otros arraigan, adquieren solidez y no hay quien pueda bajarles. John F. Kennedy, el Presidente asesinado de los Estados Unidos es un ejemplo de un mito fabricado por la televisión, ya cuando ganó las elecciones y sólo la historia va desvelando poco a poco que no era en forma alguna un gobernante excepcional y que cometió grandes errores. Del mismo modo, que se ha orquestado que la Coca Cola daña el hígado y decide la sedienta humanidad abstenerse de beber ese líquido y cambiar por la ecológica y buena agua natural. Igualmente en los mensajes radiales, de televisión y hoy de Internet, cualquier mandatario del Tercer o Cuarto Mundo nos demuestra que su respectivo país sigue siendo un mito y no una realidad de progreso y desarrollo. 

 Bien, no cabe rasgarse por todo ello las vestiduras. Repito que el mundo necesita de mitos para vivir. Sin tales mitos son verdaderos tanto mejor, en caso contrario cumplen en la misma medida su misión de latría, de reverencia y desahogo. Lo que el ser humano común no soportaría es la igualdad, la infinita línea horizontal. Tiene que levantar podios y montar en ellos a quien sea. A veces acierta, a veces no. Y nada tan difícil como delimitar las fronteras. 

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