domingo, 22 de marzo de 2009

SEAMOS ESE GRAN RIO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

...Quién pudiera como el río,
ser fugitivo y eterno..."

Basado en los escritos de Lao Tsé y Chuang Tsé, el taoísmo que significa “el camino” o “vía”, es decir el poder omnipresente que lo impregna todo y que trasciende el nombre y la forma. Tao Sté se había desilusionado porque sus congéneres no sabían vivir en armonía con la naturaleza. Deseando pasar sus últimos de su vida en soledad, se subió al lomo de un búfalo de agua y se dirigió al oeste, el lugar que hoy es Tíbet. Cuando llegó al paso de Hankao, un guardián al enterarse de sus intenciones de apartarse de la sociedad, intentó persuadirle para que volviera atrás. Pero aunque no consiguió, logró convencerle de que al menos escribiera la esencia de sus enseñanzas para que los demás pudieran aprovechar la sabiduría. Al cabo de tres días Lao Tsé volvió con un conciso volumen compuesto de ocho y un aforismos titulado Tao Te Ching, que significa “El camino y su poder”. Una de las principales percepciones descritas en el libro es que si observamos la naturaleza que expresa el innombrable misterio de Tao, conectaremos con la sabiduría intuitiva que hay en nuestro interior y ésta nos guiará en cualquier situación.
Muchos occidentales conocen los principios del taoísmo al practicar el tai chi chuan, una meditación dinámica realizada con movimientos lentos que se practica para gozar de salud, equilibrio y longevidad; el chi gong, un antiguo sistema chino de respiración y movimientos concebido para mejorar la salud y el bienestar y para prevenir las enfermedades; el feng shui, el arte chino de crear un entorno basado en patrones yin y yang y en la circulación energética; y la acupuntura, una medicina complementaria que equilibra la polaridad de las energías del cuerpo insertado unas finas agujas en puntos de los meridianos para que el chi vuelva a circular adecuadamente y el paciente recupere la salud. 
Sus principios


El tao no es un ser supremo, sino un principio cósmico que infunde vitalidad a todos los aspectos de la creación. Cosmológicamente, que al moverse se convierte en dos polos opuestos que fluyen entre sí, conocidos como el yin y el yang y de los que surge a su vez el mundo material, referido como “los diez mil seres”, que aparece ser lo opuesto a esta unidad.
El taoísmo se practica siguiendo el tao y aprendiendo a vivir en armonía con la sabiduría. El Tao te ching aconseja la quietud y el wui wei, o el no ir en contra de la acción de la naturaleza. El agua es un símbolo común en los textos taoístas que nos recuerda que la adaptabilidad es también un signo de fuerza. No hay nada que sea más adaptable que el agua y, sin embargo, el agua puede erosionar una piedra.
La esencia del taoísmo es el wu wei, o "el no interferir" que nos enseña a fluir con los procesos y los cambios naturales en lugar de ir en contra de ellos. practicar el wu wei es valorar la flexibilidad y la humildad.
La vida y la muerte son, sobre todo en los escritos de Chuang Tsé, partes de un ciclo que se van alternando y que no se debe desear ni temer. Nuestro destino es participar en la coagulación y la dispersión del chi. El taoísmo también hace hincapié en preservar el chi para gozar de longevidad e incluso de inmortalidad mediante prácticas de alquimia interna y externa: meditación, ejercicios de visualización y prácticas físicas como el tai chi chuan y el chi gong
La corriente


Con esta introducción que nos hace más asequible a entender el Tao, podemos reconocer fácilmente el símbolo del yin y el yang, que consiste en un circulo dividido en el centro por una línea que parece unserpentiante río fluyendo de la parte superior a la inferior del círculo.
Una mitad del círculo es negra y otra blanca. dentro de cada mitad hay un pequeño circulo de color opuesto: en la parte negra es blanca, y en la parte blanca es negro. Simboliza la energía que fluye de un polo a otro en la continua danza del tao entre estas polaridades. El día se convierte en la noche y la noche se convierte en el día. las mareas suben y bajan. la temperatura cambia de caliente a fría. A veces estamos sanos y otras enfermos; a veces estamos alegres y otras tristes. Todos experimentamos en la vida cotidiana este fluir que se da entre las polaridades.
De la misma forma que el invierno se convierte en primavera y que los nuevos retoños reemplazan a las ramas desnudas del invierno, nuestra vida tiene una inteligencia y un misterio que la guían como un río invisible que sabe cómo volver a su fuente. Esta inteligencia entrelazada en el paso de las estaciones fluye a lo largo de nuestra vida.
Podemos ver este río fluyendo en nuestra vida cuando conocemos a las personas que necesitamos conocer, o cuando nos encontramos con las oportunidades que nos permiten prosperar, y con los retos que nos ayudan a cultivar nuestros recursos interiores.
Para lograrlo hay que ser receptivos, observándolo en la simplicidad de la naturaleza y cultivando la sensación intuitiva que nos permite ceder (principio femenino del yin) o actuar (principio masculino yang). Ninguno de los dos se considera bueno o malo, ambos son complementarios, necesarios para mantener el equilibrio. El equilibrio se da en la circulación de la energía entre opuestos. El yin y el yang representan los polos opuestos entre lo que fluye el Tao. El yin es oscuro, húmedo y femenino como la tierra. El yang es luminoso, seco y masculino como el cielo.
No resistir


En el desarrollo de nuestro camino espiritual, del progreso material, de una vida correcta, de una relación afectiva, comprendemos que el camino siempre está fluyendo. Que seguimos un proceso. 
También hay ocasiones en las que nos resistimos a dejarnos llevar por la corriente de nuestra vida. No queremos aceptar las realidades, y por más que nos opongamos a ellas seguimos bajando por el río de nuestra vida. pero al verlo en retrospectiva puede que comprendamos lo estúpido que es resistirnos, no sólo porque es inútil, sino además porque aquello que tanto temíamos nos ofrece unos regalos inesperados. Incluso en estados intermedios en los que nos sentimos impotentes, afligidos y desolados, advertimos que al aceptar estas emociones en lugar de rechazarlas experimentamos una profunda y extraña paz. Por tanto podemos sentir que es más sensato fluir con el río de nuestra vida.
Lograr


Fluir con el curso de la vida implica aceptar los procesos relajados, aceptar las situaciones en lugar de intentar cambiarlas o controlarlas. Tenemos que aprender a ser como el agua. El agua sortea cualquier obstáculo y se adapta a aquello que lo contiene, busca los lugares más bajos. El agua vence lo duro y lo quebradizo. Excava los cañones de roca y desmorona las montañas. El agua es infinitamente dúctil y adptable y, al mismo tiempo, infinitamente fuerte.
Es absurdo resistirse a la corriente. El agua se escurre por nuestros dedos, no podemos retener ni rechazar esta escurridiza corriente. Y sin embargo, en otros contextos intentamos oponernos a ella todo el tiempo y ello nos impide avanzar en armonía y explotamos.
Seguir en el fluir


Morder una dulce naranja o aspirar el perfume de una flor es maravillarnos de la perfección de la naturaleza. Estos hechos de que los actos creativos de la naturaleza se lleven a cabo a través de un misterioso proceso más allá de nuestro control nos enseña a ser humildes ¿Por qué interferir o intentar controlar aquello que ya es magnífico en su fluir natural? sin embargo, nos cuesta mucho intentar hacerlo. Queremos controlar y cambiar las cosas y a veces incluso forzarlas a que salgan como nosotros queremos. ¿Qué podemos hacer para vivir dejando que la corriente siga su curso?
Quizás hayamos observado una práctica de tai chi en la que los participantes se mueven de manera lenta y concentrada, siendo conscientes de la respiración. Este proceso meditativo nos da una idea de lo que es estar presente. Hay que bajar el ritmo habitual de pensar y actuar para ser conscientes de lo que está ocurriendo en el momento presente. Si aprendemos a observar podremos reaccionar de la forma más adecuada.
No controlemos el flujo


Posiblemente una de las cosas que más nos cuesta a los occidentales es dejar que las situaciones ocurran en lugar de intentar que sucedan como nosotros queremos. Tenemos un ego tan fuerte que estamos convencidos de que tener el control, o las riendas significa ser responsables, decididos. Pero esta postura no es la mejor.
Veamos algunas de las implicaciones que tiene. Muchos de nosotros tal vez creamos que para hacer mejor un trabajo por importante que éste se, tenemos que empujar una gran roca hacia la cima de la colina. Quizá descubramos que los logros más importantes son difíciles de alcanzar y creemos que debemos seguir luchando contra la corriente. dejar de intentar controlar una situación no significa que no debamos esforzarnos. hacer un esfuerzo adicional cuando es necesario no es ir contra la corriente, sino que de hecho puede ser justamente lo que debes hacer. Al igual que el río fluye con fuerza al ir colina abajo, también hay momentos en los que es adecuado que re esfuerces más. Hay muchas situaciones personales, familiares, laborales que nos van a exigir un esfuerzo adicional, pero esto no significa que es ir contracorriente, sino que al contrario significar responder a la situación que se requiere, es más bien es ir con la corriente. 
Los signos de nuestro curso


La vida nos dice cuándo hemos perdido el equilibrio. La corriente de nuestra vida nos indica que estamos intentando manipular una situación en lugar de dejar que siga su curso natural. Si somos sensibles al fluir de la corriente de la vida, podremos adaptar el esfuerzo que aplicamos y ver si es más adecuado ceder a ella o actuar. Ignorar las señales y seguir yendo empecinadamente por el mismo camino o quitarles importancia a cualquier precio implica que estás intentando controlar la situación en lugar de rendirte a la sabiduría que el fluir de la vida nos ofrece a cada momento.
Hay que aprender a confiar en el fluir de nuestro río de la vida para dejarnos llegar. No se trata de renunciar temerariamente a tener el control. Al contrario, ceder al curso que sigue la inteligencia del tao, es una decisión muy sagaz, aunque a veces parezca no exigir esfuerzo, no siempre es fácil.
Por tanto hay que confiar en el fluir que nos lleva el río. Si confiamos en su sabiduría nos sentiremos más seguros mientras nos aventuramos hacia lo desconocido. A veces cuando tenemos miedo, buscamos alguna certeza. Queremos conocer el lugar al que nos estamos dirigiendo. Podemos incluso crearnos una vida pobre y previsible para evitar la desazón que nos produce lo desconocido. Sin embargo, la vida nos obliga a entregarnos a ella. Quizá de pronto nos quedamos sin trabajo, enfermamos, romperos una relación sentimental, o nos encontramos en medio de un desastre natural. Y sin embargo de estas situaciones inesperadas nos enseñan a afrontar la vida de una nueva forma, a manifestarnos en nuevos recursos interiores.
Si aún nos hemos aprendido la actitud de no ir en contra de la acción de la naturaleza, no perdamos la oportunidad de hacerlo. Pero para ello hay que cultivar la paciencia como la nieve que cae de la hoja en el momento exacto en que la fuerza de la gravedad la impulsa a hacer. El sauce se dobla bajo la fuerza del viento. Nuestras vidas también están sometidas a la presión y al empuje de los ritmos de la naturaleza. Para estar en armonía con este fluir, debemos cultivar la paciencia que nos permite esperar el momento adecuado para actuar o ceder. Lao Tsé escribe: 
¿Tienes la suficiente paciencia para esperar a que el lodo se asiente y el agua se aclare? ¿Puedes permanecer inactivo hasta que la acción apropiada surja por sí misma? El hombre superior no persigue un resultado ni busca, ni lo expresa, solo está presente, dándole la bienvenida a todo.
Al esperar, la situación se aclara. A veces, al esperar, el lodo de la ambivalencia, la confusión o la indecisión, se acaba asentando. Para estar atento al momento oportuno hay que ser paciente. En algunas ocasiones, es más prudente esperar a que nuestro amante se acerque y nos diga un cumplido o nos dé un beso antes de preguntarle si nos quiere. En otras ocasiones, es mejor quedar con la persona que nos atrae en lugar de dejar que siga con su vida sin hacerle saber que la amamos. Los Taoístas dirían: " espera el momento idóneo guiándote por tu intuición para sentir cuándo debes actuar o ceder". Las cosas suelen ir más lentas de lo que nuestro ego desea. hay una parte nuestra que es impaciente y quiere la respuesta ahora y al observar esta parte podemos reconocerla.
Debemos aprender a llevar una vida armoniosa con el misterio invisible que está tejido en la matriz de la naturaleza. Ella nos invita a mantener una actitud abierta ante la vida para fluir intuitivamente con sus siempre cambiantes corrientes. Al practicar esta nueva danza de la vida aprendemos a cultivar la paciencia, a esperar el momento oportuno para actuar o para ceder, y a fluir con el ritmo de las energías mientras éstas se mueven entre los polos opuestos complementarios del yin y el yang.
Vivimos en una cultura que fomenta el actuar que el esperar. Para esperar el momento oportuno en el que actuar, necesitamos tener paciencia. Cuando estamos en una sala de espera de un médico, en la parada de autobuses o detenidos en el vehículo en un semáforo esperando que cambie a verde, muchas veces advertimos impaciencia y así la espera se hace todavía más larga. Pero esos momentos podemos cambiar, en vez de impacientarnos nos vamos a sumergir con más profundidad en el momento presente, respiramos hondo varias veces para calmarnos y armonizarnos con el fluir de los acontecimientos, disfrutamos de ese momento con la tranquilidad que nos produce nuestra quietud interior, que es uno de los regalos de la paciencia. Así hemos aprendido a mantener la calma y a esperar pacientemente y fluirás en la corriente de la vida con más destreza. 

3 comentarios:

  1. QUE GRAN , VERDAD QUERIDO .PROFESOR.ES MUY BUENO SER PACIENTE.UNO SE TRANQUILISA Y LOGRA
    COSAS QUE PARESIAN IMPOSIBLES
    NO SOY MUY .EXPERTA . PERO SI TENGO MUCHA PASIENCIA Y LOGRO SER FELIZ. QUE EL BUDA Y KWAN YIN LO SIGAN ILUMINANDO, SALUDO AFECTUOSAMENTE Y CON MUCHO CARIÑO
    AMANDA
    25/3/09 HS 0.36

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  2. Víctor Manuel, cuando empecé a leer este mensaje tan bien establecido, y veo que sus pensamientos y gran interminable, podemos llegar a un denominador común ... Los ríos de las aguas son profundas y amplias como nuestros pensamientos se mezclan en el universo sin límites. Quiero decir que corren más de una manera de llegar nunca a sí misma, así como los ríos desembocan en el mar y con sus propios lagos y ríos en estas reuniones y malentendidos .... Esta es nuestra vida querido amigo! Estamos en busca de algo más que encontrar es la "coincidencia ".... La mayoría saben que en un accidente siempre existe la esperanza de mejores días, cuando buscamos la paz dentro de nosotros mismos.

    Rachel Omena de Brasil.

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  3. Me ha gustado mucho. Hace meditar, y eso es bueno.

    Me gustan las enseñanzas que encierra.

    Un beso.

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