sábado, 7 de noviembre de 2015

GRATIFICANTES MOMENTOS DE SOLEDAD



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
(profesor de almas)



Una tortura para muchos, esa soledad, delicia de personas avezadas. La soledad es un fenómeno mental y emocional que tiene en su base una emoción poderosa con valor de supervivencia. La soledad consiste en la ausencia de compañía y a veces esa  soledad es deseada, y otras ocasiones involuntaria y se prolonga mucho en el tiempo, terminando siempre como un sentimiento de soledad ingrato y doloroso.

El sentimiento de soledad no siempre es dañino. En algunos casos se puede elegir realizar tareas en solitario como opción personal. En este caso se trata de una soledad deseada que nada tiene que ver con sentimientos de tristeza, sino que puede ser muy gratificante porque fomenta el bienestar emocional. En definitiva, se trata más bien de gozar de momentos de intimidad más que de soledad. Miguel de Unamuno, en su ensayo sobre “La Soledad”, considera que el ejercicio de la soledad, el aislamiento y el recogimiento personal, son fundamentales para conocer a los otros hombres y para ahondar con más intensidad en la entraña de uno mismo.


Cuando una persona decide disponer de tiempo para sí, se trata de alguien que goza de estar sin la compañía de los demás durante un tiempo limitado. Suele producirse por una decisión personal que desemboca en algo saludable: momentos dedicados a uno mismo que pueden ser necesarios e imprescindibles para fomentar el bienestar personal. Ello indica que se es capaz de estar sin otras personas, señal de autonomía e independencia. Cuando una persona tiene vínculos sanos y fuertes con las personas de su entorno está preparada para disfrutar de su intimidad, no sufre por estar sola porque sabe que cuenta con personas cercanas que le aportan bienestar y a las que puede recurrir si lo desea.

La soledad deseada o autonomía no es sólo una opción, resulta recomendable para cualquiera. Puede asemejarse a un rato para el descanso, ya que es un momento libre de obligaciones con los demás que se puede destinar a lo que apetezca. En esos momentos, es probable que se sienta una sensación cercana a la libertad, que a su vez puede inspirar el sosiego necesario para sobrellevar el estrés de la vida diaria. Gozando de esta libertad personal se puede elegir qué es lo que más se desea en ese momento sin necesidad de dar explicaciones a nadie, que es lo mismo que quitarse todas las obligaciones de encima, aunque sea sólo por unas horas. Incluso existen personas que han hecho de la soledad deseada un estilo de vida, que han elegido llevar una vida más independiente, o las personas que gozan viajando solas o, incluso, los que prefieren realizar tareas en solitario en su tiempo libre.

Todo el mundo debería reservar ciertos momentos de intimidad para uno mismo, donde es probable que se sienta una sensación cercana a la libertad, que a su vez puede inspirar el sosiego necesario para sobrellevar el estrés de la vida diaria. Más aún en la sociedad actual, en la que es difícil encontrar situaciones en las que se pueda disfrutar de dicha sensación de libertad, normalmente por falta de tiempo debido a las obligaciones diarias. A pesar todo, y de la importancia que tiene saber y poder gozar de tiempo para uno mismo, no debe caerse en el aislamiento. Disfrutar de tiempo personal para sentirse bien, puede beneficiar a la salud psicológica siempre que no suponga un abuso y se descuiden los vínculos que unen a las personas cercanas. La autonomía no debe ser sinónimo de aislamiento. Cuidar y mantener las relaciones existentes siempre es una buena inversión, ya que solamente se gozará de la independencia si se tienen relaciones sociales fuertes y satisfactorias.

Pero también la soledad es una ocupación diaria, como lo es la vida del escritor que desea, profundamente, escribir; es decir, estar solo. Es probable que sufra por ello, pero jamás renunciará a ese status de autonomía y libertad, a esa condición inspiradora. La literatura es hija de la soledad; los libros, hijos del silencio. Kafka lo sabía: “Tengo que estar mucho tiempo solo. Todo cuanto he realizado es sólo un logro de la soledad”.  Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas. Igualmente el pintor, el escultor, el actor, el músico necesitan armarse de una soledad, esa soledad que existe entre la obra y el artista, donde todo lo demás es secundario. En esa soledad deseada se desborda el talento, estimula la creación y nacen las grandes obras de arte.

La solución consiste en vivir la soledad como una experiencia positiva y equivale a estar satisfecho con uno mismo, a disfrutar de los momentos de nuestra única y exclusiva compañía y a tratar de comprender con curiosidad y paciencia nuestro propio mundo interior.


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