miércoles, 27 de marzo de 2013

LA DESTRUCCION DE NUESTROS MITOS SOCIALES


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA
M:. M:.

La gran mayoría de habitantes del planeta solemos estar motivados e impulsados por los vientos que traen la sociedad de consumo y sus influyentes mensajes comunicacionales que conllevan la sustitución del valor funcional por el valor atractivo, que los inducen a participar en una competencia sin límites por adquirir.   Lo dicho en el mundo externo puede ser aplicado a nuestro mundo interior,  ante los turbulentos altibajos  que se padece diariamente debido a la preocupación y la angustia que acarrea el diario vivir.

Es común observar como la gente pone en peligro su vida, sus consideraciones éticas y su felicidad ante la posibilidad de ganancias financieras desmedidas, por una alabanza o por pertenecer a determinado círculo de la fama donde les hacen sentir un triunfador. Es fácil responder a estas fuerzas impulsadoras con reacciones que nos haga temblar y perder de vista nuestras metas éticas y morales. Es como distraerse un segundo y perder el control del vehículo que conduces que nos hace desviar y causar un accidente. Estas fuerzas que actúan siempre están en contraposición del eje deseo y aversión y son placer y dolor, ganancia y pérdida, alabanza y culpa, fama y vergüenza. Esta lucha de los polos opuestos nos pone en la disyuntiva de escoger uno de los caminos, pero  el apego por el placer, la ganancia, el orgullo y  también podemos nombrar  el hambre de fama, constituyen fuerzas poderosas que nos pueden atormentar a veces con la ferocidad  del huracán, arrastrándonos de un lado a otro como hojas al viento y sumergirnos en la angustia y depresión.

Miremos a nuestro alrededor en el mundo de los negocios y veremos a las fuerzas mundanas que soplan sobre la gente arrastrándolas en todas direcciones. Para tomar el pulso a la forma en que puede ser llevado por estos vientos, detengámonos un momento y observemos como queda la gente atrapada en el eje del placer y del dolor. Encuentra difícil, y a veces imposible superar sus impulsos y resistencias a hacer lo que debe ser hecho correctamente, para no salir lastimada o angustiada,  dominan sus pensamientos de pérdida o ganancia. Se sienten fácilmente inflados o desinflados como para que la alabanza o la culpa tranquilice  o estropeen su ego  sintiendo la añoranza por la fama de ser el centro de la escena y temen la vergüenza  del riesgo del que dirán de su círculo si fracasa. Mientras no logre superar estos traumas no podrá ser feliz, libre, ser él mismo, genuino y auténtico.

Por tanto siempre debemos en cualquier acción diaria a desarrollar, centrarnos y dirigirnos hacia lo interno que, sin importar lo que suceda en el mundo de los mitos sociales externos, estemos en contacto con nuestra innata naturaleza que nos conduzca a la felicidad en este mundo existencial. Debemos guiarnos por nuestros propios principios en lugar de reaccionar a las condiciones momentáneas y a las circunstancias temporales. Al ir por la vida con las manos colocadas en el volante de la conciencia, estamos prestando atención; comprendiendo la causalidad  y el modo verdadero en que operan las cosas. La mayoría por supuesto, estamos todavía mirando fijamente el espejo retrovisor y preguntándonos por qué terminamos perdidos o encunetados al manejar el carro de nuestras vidas.

Es fácil quedarse enredados en nuestras metas mundanas donde perdemos la visión de toda  nuestra gran obra maestra que vamos plasmando. Sin saber  ver hacia adelante y sin perspectiva, no tenemos más remedio que elegir las prioridades y el dinamismo interpersonal. En un minuto se puede sentir como ganador, destacado y dirigiendo su juego; al minuto siguiente puede hallarse en un bache, derrotado, sin esperanza y deprimido. Hay que recordar que nada permanece fijo, ni los éxitos, ni fracasos, todo está en constante vibración y transformación. Hay que aplicar por tanto, en todo momento, en todo acto, la sabiduría del sentido común que nos recuerda que existe una diferencia entre ganarse la vida y hacerse la vida. Nuestro afán por el éxito mundano en este espinoso mundo puede no resultar más satisfactorio que la persecución de un espejismo en el árido desierto.

Nuestra sabiduría que reposa en la intuición nos enseña a escuchar todos los sonidos como ecos, ya que todas las palabras que escuchamos procedentes del mundo exterior, incluyendo las alabanzas y las culpas, son vacías y huecas. El auténtico entrenamiento que debemos someternos nosotros mismos nos ayuda a desarrollar nuestra propia autonomía y autodominio interior. En lugar de estar influenciados en demasía y sentirnos dependientes de las opiniones y reacciones de los demás, aprendamos a reconocer todo como impermanente, efímero, intangible, irreal y semejante a un sueño. Podemos crecer lejos de la dependencia y de la codependencia, acercándonos a una individualidad saludable; podemos comprender, finalmente, lo que es la independencia y la dependencia.

Si  se sienten  atraídos por el placer, el beneficio desmedido, la fama y la alabanza, reflexionen sobre la naturaleza  hueca y débil del aplauso del mundo y sobre la naturaleza insustancial de las proyecciones parpadeantes, semejantes al cine, de todo cuanto vemos, sentimos y pensamos. Consideremos que al final, todo lo que deseamos alcanzar será barrido como castillo de arena en la playa. Puede que incluso mañana ya no deseemos las mismas cosas que queremos hoy. Todos podemos recordar al menos una respuesta emocional apasionada que al verla en retrospectiva nos parece divertida. Hay que recordar que la mente es débil y por tanto no hay mucho que confiar en ella.

Como conclusión de este pequeño trabajo, nos parece oportuno formular la siguiente pregunta: ¿Es más feliz el alto ejecutivo de una multinacional con su gran piscina, su yate y su avión privado, que un campesino  o que un indígena de la selva, que viven en equilibrada armonía con su medio natural y no sujetos a un duro estrés competitivo que producirá sufrimiento y depresión?

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