sábado, 16 de junio de 2012

CONFIANDO EN SI MISMO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
La presión de la sociedad en la que vivimos ordena a nuestro gran ordenador a pensar siempre que los problemas son parte esencial de nuestras vidas y nos obliga a desenvolvernos  con la tortura, con atribulaciones de no tener una paz interior que nos permita ser felices y alegres. Sin saber que la naturaleza nos ha dotado a cada uno de nosotros de la capacidad necesaria para  derribarlos  de una manera simple y rápida esas barreras anímicas, verdaderos obstáculos síquicos que limitan o invalidan nuestra innata aptitud para resolverlos.

Emerson reflexionaba: “la vida consiste en lo que un humano piensa”. Si piensas en el éxito, creas un clima espiritual que posibilita el éxito. Si piensas en el fracaso, ya estás a dos dedos de él. Puesto estos grilletes intelectuales no se tienen existencia tangible, es preciso tratar de suprimirlos por medios puramente espirituales. Por eso es por lo que, para obtener ese resultado, me valgo de aquellos principios universales, cuya aplicación han  aliviado  y curado, a través de las edades a miles de generaciones. He aquí el mensaje  que nos proporcionará un instrumento de enorme eficacia para resolver nuestros conflictos que no son ni grandes ni pequeños, sino depende del grado de preocupación que tú le des.
 Son cuatro los principios y temibles enemigos de nuestra paz interior, y que es, casi siempre, uno de ellos el que proyecta su ominosa sombra en el ánimo conturbado por algún problema.
 
La falta de confianza en uno mismo.  Allí es importante desplegar todas las fortalezas y el valor, y el mejor modo de resolver los conflictos propios consiste en ayudar al prójimo a zanjar los suyos. Allí al ser útil  se potencializará  el esfuerzo y la constancia en creer que tu eres todo y puedes resolver todo, así calará hondo en tus rincones crepusculares del  espíritu, de donde con lentitud pero con certeza expulsarás a la desconfianza en sí mismo. No siempre resulta fácil. En este mundo no hay cosa más difícil que cambiar de modo de pensar, pero es posible. Lo sé  porque hemos visto a muchos triunfar en esta ardua empresa.

Muy a menudo otorgamos excesiva importancia a los potenciales problemas que pueden surgir. ¿Por qué no usar toda nuestra energía en lograr nuestras metas, en lugar de gastarlas preocupándonos de lo que podría ocurrir? Actúa sin miedo! Minimiza riesgos, y que el miedo no te detenga. Así todo lo que soñemos, pensemos  culminará con éxito. La mente realmente no sabe diferenciar entre algo imaginado y  algo real. Lo confunde.  Allí  habrás superado el miedo y se elevará tu grado de autoestima. La confianza en sí mismo es una aseveración de que creemos en  nuestras propias decisiones y actos. La confianza en sí mismo nunca es heredada; es aprendida. La autoestima incluye la evaluación subjetiva que alguien hace respecto de sí mismo. Es tener conciencia de los propios valores y solo cuando tenemos esa conciencia podemos confiar en nuestra capacidad. Aunque para saber de qué somos capaces es esencial el auto-conocimiento.

El resentimiento. Muchos son los mensajes que recibo en mi página electrónica donde publico estos temas, donde las personas  se muestran convencidas de que el autor de sus males es otra persona y no ella misma,  y allí que esa  ebullición mental  produce el hervor de un cólera reprimido. Ese resentimiento que clama por desahogarse hace mucho daño a la persona que lo alimenta que a la que le sirve de objeto o pábulo. esa carga de malquerencia agota las energías del más fuerte. Impide toda comunicación conciliadora. Es algo muy difícil de conseguir  neutralizar los sentimientos, hay que estar en un plano elevado para lograrlo y olvidarlo. No hay más que un remedio para el resentimiento: el perdón. Algunas veces nos puede tomar mucho tiempo perdonar porque hay que  reforzar  los esfuerzos fallidos de eliminar este veneno.

Culpa y remordimiento. Un remordimiento oculto o embozado, no se desvanece por sí solo. se nos clava en la conciencia llenándola de angustia y temor. El único medio de librarnos de este terrible huésped es arrepentirnos sinceramente de la culpa cometida, hacer propósito firme de enmienda, ofrecer excusas y reparar, hasta donde sea posible, el perjuicio inferido, si lo hubo, y solicitar directa o indirectamente el perdón de la persona ofendida. Los males de culpa y el remordimiento que nos provoca tenemos que enterrarlos  profundamente o olvidarnos. Una vez sepultados se recobra la paz del alma.


La preocupación. Este cuarto enemigo es el más común y corriente. La preocupación según cierto sabio, es un hilo persistente de agua turbia que nos corre por el espíritu. “Si nos descuidamos” añade, “cavará ancho cauce al cual irá a parar en todos nuestros pensamientos”. En el transcurso de tantos años son millones de mensajes negativos que recibimos, en los medios de comunicación donde nos pretenden quitarnos hasta la esperanza;   de las personas de a pies que viven pendientes y esclavas de los altibajos de la vida ajena; de los compañeros de trabajo, de vecinos, es decir un mundo de terror nos rodea si hacemos caso a estas especulaciones de angustia. La verdad  es que la mayor parte de los desastres y calamidades que tenemos producimos nosotros mismos con nuestros miedos e ideas que nos aprisionan, pero si somos positivos no pasará nada  ninguna calamidad nunca nos topará y peor condicionará.

Un remedio que se preconiza contra la excesiva preocupación  es tener clara idea del perjuicio emocional y físico que puede causarnos. La preocupación de esa forma aguda y constante afecta la circulación, el corazón, el sistema glandular y el nervioso.  No hay que morir atenazado por la duda. Por tanto a la vida hay que tomarle  en una forma deportiva solazándonos de todo lo que nos rodea, haciendo lo que nos gusta, por sencillo que sea sin rumear las preocupaciones, mudando el tono de nuestra vida interior, teniendo fe en nuestros potenciales y cualidades, sin adelantarnos a los acontecimientos, esa es la mejor medicina que conozco para las preocupaciones y para encontrar la serenidad interior.

Problemas y más problemas, y siempre problemas. El mundo continuará rebosando de ellos, pero no debes ni quejarte ni desesperarte porque preocupándote no vas a solucionarnos, sino a enfermarte.  Arroja de tu espíritu la desconfianza en ti mismo, el resentimiento, el remordimiento y la continua preocupación y te asombrará  ver cómo acudirán a remplazarlo la confianza, la caridad que perdona, la fe que ilumina y la serenidad gozosa. Y allí has dado a tu vida grandes victorias y gloriosas realizaciones.

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