martes, 28 de abril de 2009

-EL CENTRO DE LA FELICIDAD

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
El Buda fue un verdadero personaje histórico. Aunque se encuentra entre los líderes de las más grandes religiones del mundo, nunca declaró que fuera, en modo alguno, divino o sobrenatural. El budismo enseña que el Buda nació como hombre, no como dios. Alcanzó la iluminación debido a las investigaciones que realizó sobre la naturaleza de la realidad del yo y del mundo. Esta iluminación no le llegó a través de intervención externa o de fuerzas místicas o sobrenaturales. El camino de Buda es un camino de racionalidad; es el campo de la realidad útil, es el camino del examen crítico y de la investigación permanente en la naturaleza de la vida. El Buda mismo enseñó que la fe ciega y la devoción aislada solas no conducen a la libertad ni a la iluminación, aunque sean útiles en una determinada etapa.
El budismo es una tradición espiritual que se originó con la experiencia de un hombre que despertó a su verdadero yo. Su conciencia expandida le permitió ver la vida desde una perspectiva iluminada. El budismo derivó del hinduismo y se desarrolló en una dirección distinta. Los budistas creen que todos podemos alcanzar el despertar y que una de las herramientas que nos ayudan a lograr es la meditación.
La historia de Buda nos permite conocer las principales ideas que comparten todas las ramas del budismo. Los seguidores de Buda se toman la historia de Buda como una inspiración para seguir el camino que les lleva a la paz interior.
PRINCIPIOS ESENCIALES
El budismo no cree en una deidad exterior. Al descubrir nuestra naturaleza búdica podemos despertar al nirvana, que es un estado de iluminación. Este estado nos permite acceder a las cualidades que suelen relacionarse con la bondad, serenidad, omnisciencia.
El Buda enseñó que debíamos depender de nuestra propia naturaleza para afrontar la vida: “Sed vuestras propias lámparas”. En lugar de depender de un maestro o un ente superior invisible, aconseja encontrar el sereno centro que hay en nuestro interior a través de las enseñanzas. 

La conducta ética es considerada el camino que conduce a la iluminación y se reúnen en las Cuatro Nobles verdades y en el óctuple Sendero:
LAS CUATRO NOBLES VERDADES:
Primera Noble Verdad: la vida es difícil. La característica básica de la existencia humana es el sufrimiento.
Segunda Noble verdad: La causa del sufrimiento es el apego, porque deseamos satisfacciones en formas que son inherentemente insatisfactorias.
Tercera Noble Verdad: Es posible poner fin al sufrimiento
Cuarta Noble Verdad: La forma de poner fin al sufrimiento y realizar la liberación e iluminación es llevando una compasiva vida de virtud, sabiduría y meditación. Es seguir el Óctuple Sendero de la iluminación. 

OCTUPLE SENDERO DE LA ILUMINACION O CAMINO DEL MEDIO 
También es conocido como el Sendero del medio. Para comprender mejor el significado que encierra vamos a remontarnos a la vida de Buda cuando experimentó inicialmente la vida como una serie de extremos: actitudes extremas hacia el dinero, el placer, los títulos, necesidades y deseos emocionales extremos; y condiciones físicas y espirituales extremas. A pensar de su entorno lujoso, Buda se hallaba insatisfecho, aburrido y deprimido por vivir en su palacio. 
Cuando Buda deja su palacio por primera vez y adoptó el manto amarillo lleno de remiendos de los mendigos, se convirtió en un hombre santo ascético y errante, resuelto a alcanzar la iluminación para el beneficio del mundo tan pronto como fuese posible. Durante seis años llevó una vida bajo una rigurosa austeridad. Mientras estaba mendigando día y noche, se dice que durante semanas comió únicamente un solo grano de arroz cada día, llegando a quedar famélico y demacrado. No obstante y, a pesar de sus esfuerzos, sintió que la meta de la iluminación estaba eludiendo. 
Lo que Buda comprendió finalmente, tras de hallarse al borde de la muerte por inanición, es que el ser humano que está buscando la verdad tiene que alejarse primero de los extremos, ya sea de la pasión indulgente como de la mortificación autoinflingida, con el fin de encontrar el camino que significa la moderación del camino del medio. 
La lección es que la felicidad o el nirvana no pueden encontrarse en una vida que se dedique principalmente a cuidar de la gratificación sensual (más dinero, sexo, disfrute, posición social, orgullo, codicia o cualquier otra variante materialista). Pero, bastante sorprendente, el Buda nos enseñó también que una vida dedicada a la autonegación, a la autodeprecación, la autocensura y la culpabilidad, es igualmente tonta y mal dirigida. El apego sigue siendo apego, aunque tome la forma inversa de autonegación y autoaborrecimiento. 

Por tanto el camino del medio es el camino del equilibrio, de la cordura, de la fuerza interna, de la pureza y de la restricción, de la firmeza y de la moderación. El camino del medio encamina al buscador en dirección a una vida impecable e integrada. Permanecer en la totalidad, así como convertirse en la totalidad, requiere un completo giro hacia dentro, un círculo completo, en lugar de una simple carrera lineal hacia la gracia, basada en la ostensión de un logro. 

Con estos ocho pasos cada uno de nosotros podemos ser capaces de desarrollar cualidades de corazón, en igual medida que cualidades de la cabeza: compasión con sabiduría; amor con verdad. Necesitamos despertar la mente, así como abrir el corazón para permitir que la realidad penetre, para hacer que otros entren, para realizar por nosotros mismos la gran perfección natural que merecemos como derecho de nacimiento.

 Paso 1º La Recta Visión: relacionada con la naturaleza de la realidad.
Paso 2º El recta Intención: libre de deseos sensuales, la malevolencia y la crueldad. 
 Paso 3º La Recta Palabra: que significa abstenerse de hablar con crueldad, falsedad y banalidad.
Paso 4º La Recta Acción: que consiste en no matar, robar, consumir sustancias intoxicantes ni jugar a juegos de azar.
Paso 5º El Recto Vivir: es decir, ganarse la vida de manera ética, sin dañar a un ser vivo ni estafar a los demás.
Paso 6º El Recto Esfuerzo: que consiste en cultivar unos estados saludables y en purificar la mente
Paso 7º La Recta atención o la práctica meditativa: o sea ser consciente de uno mismo y ver las cosas tal como son.
Paso 8º La Recta concentración: que aspira a alcanzar una concentración unidireccional, un estado donde las facultades mentales se dirigen hacia un determinado objeto. 
LA MEDITACION EL CAMINO DE LA ILUMINACION:
 
Las enseñanzas de sabiduría del budismo nos aconsejan cultivar una práctica meditativa para llevar una vida sana y provechosa. La meditación es una actividad que nos hace mirar en nuestro interior para practicar el arte de aquietar el pensamiento. La meditación nos ayuda a activar la quietud interior, para dejar de apegarnos a los miles de pensamientos que estamos teniendo sin cesar y que nos distraen del momento presente. La mente está constantemente pensando, comparando, juzgando, recordando el pasado y planificando el futuro. Con la meditación nos ayuda a aquietar estos pensamientos y a ser más conscientes del momento presente, el único que nos permite acceder a la realidad: a lo que está ocurriendo en este instante. Aprender a aquietar la mente crea una profunda paz interior. Dalai Lama nos recuerda: “Una de las cosas que nos enseña la meditación, cuando descendemos lentamente a nuestro interior, es que la sensación de paz ya existe en nosotros: todos tenemos el profundo deseo de experimentar, aunque a menudo esté oculta, disfrazada o no se deje ver”. 
Tchich Nhat Hanh, un monje budista zen vietnamita nos recuerda que podemos volver al hogar del momento presente y encontrar en él la paz. Nuestro verdadero hogar es el momento presente. Vivir el momento presente es un milagro. El milagro no consiste en andar sobre las aguas, sino en andar sobre la verde tierra en el momento presente, apreciando la paz y la belleza de cuanto está a nuestro alcance. La paz se halla a nuestro alrededor, en el mundo, en la naturaleza, así como en nuestro interior, en el cuerpo y el espíritu. Al aprender a sentir esta paz, nos curaremos y transformaremos. No se trata de un problema de fe, sino de práctica diaria. A medida que practicamos la meditación, vamos quitándonos las capas de la personalidad. Quitando y quitando más capas para llegar al centro; quitando y desenmascarando, capa tras capa, de las muchas caras que presentamos ante los demás y ante nosotros mismos. No somos nuestros pensamientos, pero entonces que somos? ¿Quién es la persona que intenta meditar? Es una cuestión de identidad. 

La mayoría de las personas que meditan comparten una misma aspiración, experimentar directamente las cosas tal como son, en el momento presente. Ahora es el único lugar en el que podemos estar. Tanto los recuerdos como los proyectos futuros tienen lugar en el ahora. En la meditación, regresamos una y otra vez a este exquisito presente, despertando a la verdad de quién y qué somos. Respiramos; practicamos la atención y seguimos quitando capa tras capa, yendo cada vez más profundamente, viendo a través de nuestros estados mentales, soltando continuamente, desenmascarando y desenmascarando, liberándonos insistentemente hasta llegar a nuestro estado natural, al ser genuinos, originales e improcesados. Esa es la naturaleza verdadera, al tener la mente natural. Estar justamente –ser- en medio de todos los hechos, logros y devenires. Ese es el estado natural de la mente, nuestro estado de ser, original y fundamental. Es la naturaleza inalterada y así es como encontramos nuestro equilibro.
Dominar esta práctica nos permite realizar cualquier actividad con todos los sentidos. Si el cuerpo está en quietud y la mente no porque está pensando en el futuro, en las tareas que nos espera, no hay resultado positivo. El cuerpo debe estar unido a la mente, allí estamos armónicos, caso contrario emitimos un sonido de una campaña agrietada. 
Cuantas veces al manejar nuestro vehículo nos pasamos un semáforo en rojo, nos salimos de la carretera, o en el trabajo nos equivocamos continuamente. Esto sucede porque mentalmente no estamos presentes, nuestra mente está en otra parte. Hacer las cosas con plena atención es una especie de meditación, lo cual se consigue a base de práctica, al igual de lo que ocurre con cualquier habilidad que deseamos desarrollar. 
Hay dos formas más comunes de meditación, la una es sentado y otra andando. 
Para la primera es disponer de un lugar tranquilo donde puedas sentarte a meditar sin que te molesten. Tienes que buscar un sitio donde sentarse cómodamente con las piernas cruzadas, sobre una silla o arrodillado. Mantén la cabeza derecha, pero sin tensarla. Puedes meditar con los ojos cerrados y la atención dirigida al interior o con los ojos abiertos, con la mirada fija en las manos o en un punto en el suelo. Mantener los ojos abiertos te ayuda a no dormirte. 
Hay varias opciones para practicar la meditación. La básica para los principiantes es seguir la respiración. Puedes inhalar contando hasta cuatro: uno, dos, tres, cuatro. Si pierdes la cuenta vuelve simplemente a empezar desde uno. Respira de forma lenta y regular. No fuerces la respiración ni intentes controlar, deja que adquiera un ritmo natural, como el flujo y reflujo del mar. 

Otra forma de concentrarte en la respiración es observar el aire mientras entra y sale de tu cuerpo. Sé lo más conscientes posible del proceso respiratorio de cómo el diafragma sube y baja del aire fresco penetrando por las fosas nasales y del aire cálido saliendo por ellas. 
Cualquier técnica que utilices y ya con práctica te maravillaras del misterio que vas descubriendo y la mente va acostumbrándose a la quietud y te irás sumergiéndote en una más profunda aún. Aquí solo no te concentras en nada, simplemente practicas la quietud mental. Dejas que la mente sea un simple observador que lo refleja todo como si fuera un espejo. Observas los pensamientos, las sensaciones, los sonidos, el dolor físico y los olores que experimentas sin apegarte a ellos. Y luego los dejas ir como si fueran nubes deslizándose por el cielo en un día de verano. Una de las formas en las que la mente intentará distraerte de la disciplina de la meditación es apegándose el hechizo de las construcciones mentales. 
No esperes tener una experiencia iluminativa. Si te vienen grandes ideas, anota, pero dale prioridad a tu meditación y notarás que cada vez se irá apegando menos los pensamientos, los resultados y sensaciones. Aprenderás a vivir con más plenitud a cada instante y a pegarte menos a los fenómenos de tu vida que surgen y desaparecen. 
La meditación andando 
Practicar la meditación andando es una disciplina budista habitual, aunque es diferente a dar un paseo o caminar para hacer aeróbico. Cuando meditamos andando, no lo hacemos con la intención de relajarnos, o de hacer trabajar al corazón para que lata a determinado ritmo, sino para concentrarnos plenamente en el momento presente y estar presente con todo nuestro cuerpo mientras caminamos, lo cual puede hacer que andemos mucho más despacio que lo habitual. 
Al igual de lo que ocurre al meditar sentados, al caminar sabiendo que estamos caminando somos conscientes de nosotros mismos en el momento presente. Advertimos como el talón entra en contacto con el suelo y cómo doblamos la planta del pie apoyándonos en la parte delantera con los dedos presionados contra el suelo para avanzar. Al dar el siguiente paso, observamos la respiración, los pensamientos que surge de nuestra mente: los árboles, flores, el paisaje… todo aquello que no advertimos cuando estamos pensando en lo pasado o en el futuro, en lugar de vivir el momento presente. 
Al empezar a practicar la meditación nos toparemos con obstáculos, encontraremos soluciones para superarlos, aprenderemos más cosas sobre nuestros pensamientos y sensaciones, seremos más conscientes de las maravillas del momento presente, accederemos a la paz que hay en nuestro interior y conoceremos el mundo sagrado. Existen estudios documentados que relacionan la meditación con la disminución del estrés y con una mayor salud y paz interior. Lo importante es meditar con suavidad pero con firmeza para volver al momento presente donde se encuentra la paz.

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