sábado, 7 de marzo de 2009

PIEDRAS DE NUESTRO SENDERO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Todo sendero está sembrado de piedras, generalmente, con frecuencia puntiagudas, rara vez lisas y redondas. Si el caminante tropieza con ellas a cada paso, se lastima los pies, se hiere y sangra. No las puede sortear haciendo un rodeo por las lomas onduladas. Quiéralo o no, las piedras están allí, esperándonos. Entonces se nos viene a la mente la pregunta ¿Qué hacer con las piedras del camino?

Esas piedras son los sucesos que tenemos que afrontar todos los días. Atascos en la circulación vehicular que hace que nos atrasemos al trabajo, conforme avanza el día: accidentes, atentados, cambios climáticos inesperados que se convierten en catástrofes, enfermedades, inflación, guerras, crisis económica, malas noticias, etc. He aquí que enumerado muy pocas de las piedras en el camino.
 
Metidos en ese fuego cruzado, cercados por todas partes, como podemos mantener la calma para no sucumbir y terminar devorados por la angustia ¿Cómo salvarnos de la muerte cotidiana? ¿Cómo transformar las piedras en amigas o hermanas?

La regla de oro es ésta: "dejar que las cosas sean lo que son". Una vez que hemos llegado a la conclusión de que no hay nada que hacer de nuestra parte, y que los hechos se harán porfiadamente presentes a mi lado sin mi consentimiento, la razón aconseja aceptarlos todo con calma y casi con dulzura.

Aceptar significa admitir, sin irritación, que el otro sea tal como es, que las cosas sean como son. Utilizaremos indistintamente ambos verbos: aceptar y dejar; y, si bien es verdad que aceptar tiene un tono más bien activo y dejar más bien pasivo, en el fondo, ambos hacen referencia a la misma actitud.

No te dejes acribillar por las flechas que te llueven desde todas partes. Más bien, suelta los nervios, concéntrate serenamente tu atención en cada suceso que se hace presente a tu lado, y, en lugar de irritarte, deja tranquila y conscientemente –casi cariñosamente- que cada cosa, una por una, sea así.

No maltrates a las piedras que te encuentres en tu camino. No las resistas. No te enojes con ellas ni la trates a puntapiés. Solo tú sufres con eso. No transfieras cargas emocionales agresivas a todo lo que te sucede; el blanco de tales furias eres tú mismo, sólo tú.

Se delicado con las piedras. Acéptalas tal como son. Tus cóleras no las puedes atemperar. Sé cariñoso y dulce con ellas; ésa es la única manera de que ellas no te hieran. Y si no puedes asumirlas, si no las puedes cargar a hombros con ternura y llevarlas a cuestas, al menos déjalas atrás, sobre el camino, como amigas.

He aquí la piedra filosofal para transformar los enemigos en amigos y disecar innumerables manantiales de sufrimiento.

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