miércoles, 19 de julio de 2017

LAS ENERGIAS Y EL FLUJO DEL CONOCIMIENTO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


El conocimiento permite a la mente razonar y contemplar por encima de lo que nosotros ya sabemos. Nos permite ver más lejos, hasta los perímetros de todo lo que existe y crecer en la capacidad de recibir una identidad más amplia a "transformarse".

Energía indivisible

Nuestro cuerpo físico está rodeado por un campo de luz llamado aura o campo "áurico". El aura es el espíritu de nuestro ser. Una parte del aura es el poderoso campo electromagnético positivo y negativo. Más allá de este campo no hay divisiones, sino una esfera de luz indivisible de energía pura.

La esfera de luz permite a todo el pensamiento del conocimiento fluir a través de este campo. Los pensamientos que llegarán a ser conocidos por nosotros están determinados por un proceso de pensamiento, pues la porción electromagnética de nuestra aura arrastra al pensamiento hacia nosotros de acuerdo a nuestra manera de pensar.

Los pensamientos

La conciencia está constituida por todos los pensamientos que emanan de todas las entidades y de todas las cosas. Los pensamientos que forman la conciencia son de diferentes frecuencias eléctricas. Algunos son pensamientos de frecuencia baja o lenta, aquí predominan los relacionados a la conciencia social.

Otros son pensamientos de más alta frecuencia: los pensamientos ilimitados de la superconciencia. La conciencia es la suma de todos los diferentes valores de frecuencia del pensamiento.
La conciencia social es una densidad de frecuencias eléctricas de pensamiento, y sin embargo es más ligera que el aire. La densidad de la conciencia social se constituye de pensamiento expresado.

La superconciencia

Los pensamientos de alta frecuencia de superconciencia son aquellos del ser y la vida: armonía, unidad y la continuidad. Son los pensamientos del amor. Son pensamientos ilimitados que van, en verdad más allá de la expresión incluso de las palabras, pues los sentimientos del pensamiento ilimitado están por encima de los adjetivos.

Estos pensamientos pueden ser más fácilmente experimentados en la conciencia de la naturaleza, lejos del pensamiento estancado del hombre; porque allí la vida es simple, siempre continúa, sin la existencia del tiempo y en completa armonía con ella misma. Ahí lejos del juicio del hombre, se puede oír el latir de nuestro propio conocimiento.

El flujo de la conciencia

La porción electromagnética de nuestra aura atrae el pensamiento hasta nosotros de acuerdo con nuestro modo de pensar y nuestro estado emocional de ser. Para que el pensamiento se pueda alimentar, primero debe ser reducida hasta la frecuencia de luz. Una vez el pensamiento encuentra al espíritu de nuestro ser, el aura que bordea nuestro cuerpo explota de luz.

El pensamiento se enciende, de esta forma la luz ha atraído hacia sí misma lo que se le asemeja. El pensamiento que es invisible se vuelve visible a través de esta explosión de luz.

El pensamiento en forma de luz, entra en nuestro cerebro y se transmuta en una propulsión de luz eléctrica de una frecuencia dada, de acuerdo con el valor del pensamiento que está siendo recibida.

Frecuencias

La habilidad que posee nuestro cerebro para recibir diferentes frecuencias de pensamiento está controlada por la glándula pituitaria, que se aloja entre los hemisferios de nuestro cerebro.

La pituitaria es la responsable de activar las distintas partes de nuestro cerebro para recibir y almacenar las diferentes frecuencias del pensamiento. Es la puerta que abre nuestra capacidad para contemplar y razonar con el pensamiento, realizarlo a través de nuestro cuerpo y manifestarlo con experiencia para un mayor entendimiento.

Nuestro cerebro es gobernado y controlado por las funciones de la glándula pituitaria o llamada el "tercer ojo", a través de la cual fluye un complejo sistema de hormonas. Es una glándula de secreción interna, segrega una hormona que fluye por el cerebro hasta la boca de la pineal, que es otra glándula endocrina y es la responsable de amplificar las frecuencias del pensamiento para que estas puedan ser enviadas a través del cuerpo.

Este flujo de hormonas entre la pituitaria y la pineal es lo que activa todas las secciones de nuestro cerebro para recibir y albergar las distintas frecuencias del pensamiento.

Las funciones del cuerpo se mantienen en armonía mediante el flujo de hormonas que brotan de estas glándulas y se introduce en la sangre. La pineal es responsable de mantener esta armonía. Su flujo activa las demás glándulas para segregar sus hormonas y crear el balance hormonal.

El mecanismo del pensamiento

Cuando el pensamiento pasa por nuestra aura, ésta no lo define, o sea no juzga o altera dicho pensamiento; lo acepta ilimitadamente. Cuando los propulsores del pensamiento llegan al cerebro, viajan primero hasta el hemisferio superior izquierdo, donde residen las funciones del intelecto o razonamiento y se expresa el ego falso.

Cada frecuencia del pensamiento que el ego falso permite entrar en el cerebro, es transformado en corriente eléctrica y enviada a aquella porción del cerebro. Esta porción del cerebro entonces amplifica la corriente y el envía al sistema pineal.

El sistema pineal gobierna nuestro sistema nervioso central. Capta cada frecuencia del pensamiento y lo amplifica e impulsa a través del sistema nervioso central, que recorre la columna vertebral como si fuera una autopista de pensamiento eléctrico. La corriente eléctrica que procede del sistema pineal fluye a través del líquido del sistema nervioso central bajando por la columna, y luego por cada nervio hasta cada una de las células del cuerpo.







viernes, 2 de junio de 2017

EL CAMBIO DE LAS FORMAS DE PENSAR Y ACTUAR


 VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


En esta vida estresada el ser  humano se halla deprimido, neurótico y lleno de ansiedades y perturbaciones por su afán obsesivo de dominar la naturaleza y de tener más cosas, con la particularidad de que, una vez conseguidas, se sigue trabajando a ritmo creciente para cambiarlas por otras más novedosas. Pero, a pesar de contar con recursos jamás soñados, el hombre sobre todo en la órbita del capitalismo salvaje es alterado por una publicidad engañosa en complicidad con  los grandes medios de comunicación para sentirse más desgraciado que nunca.

Hastiados del activismo y de la técnica, hoy hay  una creciente fascinación por el milenario conocimiento de Oriente y de las nuevas manifestaciones de la Nueva Era, que trae paz, amor, felicidad y sobre todo ser el yo mismo, con todo su potencial de dones y valores que los tenía guardado, esperando el juicio final para poder acceder a la gracia de dios y por ende a la bienaventuranza. De ahí la divulgación de sus filosofías,  del yoga, del Zen, del budismo, de la meditación en sus diferentes manifestaciones, de las terapias alternativas, todas ellas dispuestas a enseñar a renovar el cuerpo y el alma.

Hoy están a nuestro alcance cantidad de tratados y conocimientos sobre filosofías ocultas, doctrinas secretas del hinduismo, del budismo, taoísmo, de Krishna, Confucio Lao-Tse; de las ciencias ocultas y muchos otros conocimientos milenarios. Por ello se ha multiplicado el aprendizaje del budismo zen,  el yoga, el tantra que hoy se imparte como materias en los grandes centros universitarios más prestigiosos del mundo. La siembra de ideas se ha enraizado y germinan por todo el mundo.

No son conocimientos para grandes de masas ciegas, sino para individuos despiertos, libres y amplios de mente para confrontar nuevas alternativas de vida en plenitud. Una de ellas es sin duda el instrumento de la meditación, donde el humano se expropia del propio yo, se une con la universal esencia del mundo; entra en una relación personal con el vacío, se despoja de todo y entra en una unidad profunda, con el amor que no destruye y que es la fuente de toda razón de la existencia en el universo.

Al entrar en una meditación profunda nos interiorizamos  radicalmente; no es un acto que lleva a salir de sí mismo, sino una entrada en la propia interioridad, que deberá conducirnos a la liberación del yugo de la individualidad personal y del fardo que representa la realidad de ser una persona que retorna a la interioridad común del ser, de un ser que, si se compara con la experiencia que tenemos de él, puede calificarse como no-ser, como nada, que es el modo de expresar la alteridad más absoluta.

Mediante la meditación la persona puede alcanzar la iluminación o autorrealización, que es uno de los preceptos del zen, es decir la plena realización de la mente y del cuerpo, es la culminación de esa  mirada interior e intuitiva a lo esencial de las cosas y de uno mismo: el despertar a la propia naturaleza verdadera, o, lo que es lo mismo, a la naturaleza de todo lo existente. No es resultado de ningún proceso dialéctico ni de la comprensión lógica e intelectual, ni, por supuesto, fruto de la ayuda divina.

Otro precepto que alcanzaremos será el desarrollo del poder de concentración como resultado de la unificación de la mente y de su aplicación en un solo punto. En este aspecto, coincide en gran medida con el yoga, aunque difieran los métodos empleados. Los rayos solares, concentrados por medio de una lupa, tienen efectos sorprendentes; además de calentar, queman. La luz de la mente unificada mediante la atención y los ejercicios zen, posturas, cuenta de las respiraciones, etc.- producirían resultados extraordinarios y podremos fin a la  fuente de sufrimientos con el fin de “quemar” el karma y escapar al renacer (escapar a la reencarnación o samsara).  El karma es la energía o fuerza que afecta al alma del ser humano y que es el resultado de sus acciones pasadas, por lo que determina la próxima reencarnación y la condición del futuro nacimiento, aun cuando exista la libertad en la vida presente de cara a una mejor reencarnación.


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