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domingo, 1 de octubre de 2017

LA FRATERNIDAD DE LOS MAGOS

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


“Darío, rey de los reyes, soberano de los países donde se hablan todos los idiomas, hijo de Histaspe, Aqueménida, construyó esta casa”- Tal es la inscripción que aun se lee en la puerta que da acceso a las ruinas de Persépolis, el palacio de los sasánidas, la ruina más venerable que nos ha legado la antigüedad. En efecto, Persia, es pueblo de los iranios, donde florecieron los Cambises y los Ciros, había de dejar huellas de su grandeza, superior a la de Egipto y a la de toda aquella serie de civilizaciones que tuvieron su cuna y su esfera en el Oriente. Persia, pues, es la verdadera maestra y guía de la humanidad en el terreno de las tradiciones y de las concepciones religiosas.

La fraternidad más antigua de este pueblo, es la de los Magos. Se daba este nombre a los sacerdotes, los cuales formaban no solamente una secta o religión, sino también una especie de entidad gubernativa, aludiendo a la soberanía de la ciencia, la cual,  daba cabida al hombre culto entre la verdadera aristocracia. Su reinado, según algunos autores es anterior a las dinastías de Asiria Media. Aristóteles afirma que fue anterior a la fundación del imperio de Egipto.

Su fundador, Zoroastro, fue gran filósofo, cuyas doctrinas demuestran que fue un reformador religioso de Irán, que vivió hacia el año 2000 o 2200 antes de Jesucristo, hijo de una familia sacerdotal que ejercía al mismo tiempo las funciones de la judicatura. Su patria fue Bactriana, y allí fue donde se declaró enemigo de los falsos dioses y resolvió reformar la religión irania. De ésta conservó los genios o espíritus buenos y procuró espiritualizar y transformar todos los antiguos dioses en malos espíritus. Sus enseñanzas son el resultado de un profundo estudio y meditación.

Según Zoroastro, todo cuanto se ofrece a la observación del hombre debe referirse a dos fuerzas originarias que en calidad de no producidas se oponen a todo lo demás producido, pero que, desde el punto de vista de la actividad, son diametralmente opuestas la una a la otra: son el ser y el no ser, el principio y el fin. El ser es la vida (ahu), la realidad, la verdad (asha) y el bien; el no ser es la muerte, la falsedad (drukhs) y el mal. El principio del bien es Ormuz, mientras que el principio del mal es Ahrimán. Siendo estos los personales más importantes del zoroastrismo, religión que tiene también los nombres de parsismo y magismo.

Para los seguidores de Zoroastro, la creación del mundo debió empezar por medio de la emanación: la primera emanación de lo Eterno fue la luz, de donde salió el rey de la luz, Ormuz; por medio de la palabra Ormuz crió el puro mundo, del cual es conservador y juez. Ormuz es un ser sagrado y celestial, el conocimiento y la inteligencia personificados.

Ormuz, el primogénito del tiempo sin límites, empezó criando a su imagen y semejanza seis genios o espíritus llamados amshaspands, que rodean su trono y son sus mensajeros para los espíritus interiores y los hombres, siendo para los mismos los modelos y ejemplares de pureza y perfección. La segunda serie de las creaciones de Ormuz fue la de los veintidós izads, espíritus que velan por la inocencia, la felicidad y conservación del mundo son modelos de virtud y los intérpretes de las plegarias de los hombres. La tercera hueste de puros espíritus es más numerosa y formada por los farohars, los pensamientos de Ormuz, o las ideas concebidas por él antes de proceder a la creación de las cosas. No, solamente los farohars de los hombres santos y de los infantes inocentes están delante de Ormuz, sino que éste tienen también su farohar, o sea la personificación de su sabiduría y de su idea bienhechora, su razón y su verbo. La triple creación de los espíritus buenos fue consecuencia necesaria del simultáneo desarrollo del principio del mal. El hijo segundo del Eterno, Ahrimán, emanó como Ormuz a la luz primitiva y fue puro como él, pero por su ambición y soberbia concibió la pasión de la envidia y, para castigarle, el Ser Supremo le condenó a vivir durante doce mil años en la región de las tinieblas, el tiempo suficiente para que se libre la batalla y se adjudique el triunfo entre el bien y el mal; pero Ahrimán creó a su vez un sinnúmero de espíritus malos, los cuales llenan la tierra de miseria, malestar y el pecado. Los malos espíritus son la impureza, la violencia, la codicia y la crueldad; los demonios del frio, del hambre, de la pobreza, de la esterilidad e ignorancia y el más perezoso de todos Petash, el demonio de la calumnia.

Ormuz después de un reinado de tres mil años, creo el mundo material o físico
en seis períodos de tiempo, dando seis existencia primero a la luz terrenal, al agua, a la tierra, a las plantas, a los animales y al hombre. Ahrimán asistió a la creación de la tierra y el agua, porque las tinieblas tenían estos elementos invadidos; tomó también parte activa en la creación y subsiguiente corrupción y destrucción del hombre, al que Ormuz creara por un simple acto de voluntad y por su palabra. Además, de la semilla de este ser, Ormuz sacó también a la luz de la existencia la primera pareja humana, Meshia y Meshiana, pero Ahrimán sedujo a la mujer y después al varón, llevándolos al mal, sobre todo haciéndoles comer de ciertos frutos, con lo cual no sólo pervirtió la naturaleza del hombre, sino también la de los animales como los insectos, la serpiente, los lobos, etc., los cuales de innocuos que eran, se volvieron nocivos, propagando así la corrupción por toda la superficie de la tierra. En castigo de su iniquidad, Ahrimán y sus perversos espíritus fueron vencidos y arrojados de todas partes, en la cual no tienen nada que temer los hombres justos y prudentes porque, según dice Zoroastro, el trabajo es el exterminador del mal, y el hombre bueno obedece siempre al justo juez, el cual cultiva asiduamente la tierra y le hace producir buenas cosechas y árboles frutales en abundancia. Transcurridos los doce mil años , cuando ya la tierra se vea libre de los males espíritus saldrán tres profetas que estarán al lado de los hombres ayudándoles con su poder y su ciencia, devolviendo a la tierra su primitiva belleza, juzgando el bien y el mal y dando a cada uno su merecido: los espíritus buenos volarán a la región de los bienes ternos e inmutables, mientras que Ahrimán con todos sus demonios y los hombres que le hayan seguido serán echados a un mar de metal derretido y en estado de putrefacción y la ley de Ormuz reinará por doquiera.

Zoroastro  enseña que la luz fue la primera emanación de la vida o Ser Eterno, por lo cual en los escritos de Parsi, la luz, la perenne llama, es el símbolo de la divinidad o vida increada; de aquí que los magos parsis se les llamará adoradores del fuego. A esta ciencia del fuego, que era el gran arcano de los magos, se refieren casi todos los símbolos asirios; en todas partes se encuentra al encantador que hiere al león y juega con las serpientes: el león es el fuego celeste, las serpientes son las corrientes eléctricas y magnéticas de la tierra. Patricius, en su  magie philosophique publicó recogiéndolos de los libros de los platónicos y de otros, los oráculos de Zoroastro que son la fórmula característica del dogma del fuego. En todos ellos se ve la gran fuerza espiritual que se atribuye al fuego o a la luz e identificada con la fuerza de la voluntad humana.

En el fuego tenía su fundamento la iniciación mágica. El adepto habiendo puesto su voluntad en comunicación con este elemento, sabía dirigirlo y manejarlo, con la misma destreza que el guerrero con su arma.

Aquella fuerza está representada por el león celeste. Esto es lo que representaba las grandes figuras asirias que llevan debajo del brazo leones domados; tal es la luz astral representada por gigantescas esfinges con cuerpo de león y cabeza de mago: es la fuerza del espíritu, la sugestión, el imperio de la voluntad ajena. Por lo dicho podemos observar una íntima relación que existe entre la religión de Zoroastro y el magismo.

Ceremonias

Los magistas formaban una casta aparte. Eran los encargados del culto, de los sacrificios y de la conservación de los libros sagrados.


Los actos principales del culto mazdeano eran tres: la conservación del fuego sagrado, las preces e invocaciones, las purificaciones y penitencias. El fuego sagrado se conservaba en altares, en los cuales el elemento sagrado ardía sobre una inmensa urna de piedra o cobre, sirviendo para alimentar sus llamas, maderas de las más preciosas. Era un crimen levantar la voz, y en las ceremonias religiosas se esparcían suaves perfumes. Muchas eran las invocaciones prescritas por el ritual mazdeano: los sacerdotes las cantaban junto con los himnos sagrados en determinadas horas del día, dedicándolas a los varios espíritus celestes.

Durante la recitación el sacerdote debía levantar en alto su mano izquierda un haz, estrechamente apretado, de ramas de palma, de granado o de tamarindo: estas ramas habían de ser cortadas y atadas por un mazdeano inmaculado: fuera del instante del rito, el haz reposaba sobre un morillo cuyas ramas terminaban en forma de luna creciente.

Los sacrificios consistían en inmolaciones sangrientas, hecatombes en las cuales sucumbían de una sola vez cien caballos, mil bueyes o diez mil cabezas de ganado, pero la ley mazdeana prohibía que se consumiese toda víctima, partiendo del principio de que a los dioses pertenecía sólo la cabeza de las reses inmoladas, y aun únicamente su ojo derecho y su lengua.

Las ofrendas consistían en panes, carne, granos, flores, frutos, perfumes y vestidos para los sacerdotes: una de las ofrendas más características eran las ramas del árbol llamado hôma, planta de tallo nudoso y flor amarilla, que crece en los montes de irán; su jugo, extraído de la manera que prescribían las ceremonias de la leu, constituía la ofrenda más agradable que se podía dedicar a los espíritus celestes, para renovar sus fuerzas y proporcionarles una mayor felicidad.

Los libros litúrgicos para la aplicación de sus ceremonias eran el Vispered, el Yacna y los Jeshts. De éstos, el más interesante era el segundo que forma la parte principal del Avesta, y era el que servía para las ceremonias más importantes, dividiéndose en tres secciones: la primera, comprendía el ritual del sacrificio mazdeano; la segunda, contenía los Gäthas, cantos antiguos que son la mejor exposición de las ideas zoroástricas y constituyen monumentos de un filosofismo bastante elevado para aquella época. La tercera contenía fragmentos dispersos, cuyo objetivo no aparece muy claro.

Iniciación

El candidato, antes de iniciarse en la fraternidad, era sometido a numerosas purificaciones con fuego, agua y miel; la serie de probaciones por las que pasaba era verdaderamente larga y terminaba con un ayuno de 50 días seguidos.

Estas pruebas las sufría el candidato en cuevas subterráneas en las que estaba condenado a un perpetuo silencio y a una completa soledad. El que correspondía a las exigencias fijadas por la fraternidad tenía opción a los más elevados honores.

Transcurrida la época probatoria, se introducía al candidato en la cueva de los iniciados, en donde era armado con un arnés o coraza por su guía, el cual era una representación de Simorgh, monstruoso grifo e importante actor de las manipulaciones de la mitología persa, y provisto de talismanes para hacer frente a todos los encuentros con los horrorosos monstruos y malos espíritus que quisieran poner a su paso. Introducido en un departamento interior, era purificado con fuego y agua y pasado por los siete grados de la iniciación. Lo primero que a sus ojos se ofrecía era una profunda y espantable caverna abovedada, al pie de la cual se veía un enorme precipicio a donde había de caer al menor paso que diera en falso, hundiéndose en el “abismo de la espantosa indigencia”. Luego, avanzando por entre laberintos de la sombría caverna, percibía el fuego sagrado, cuyas llamas se avivaban a intervalos alumbrando mortecinamente su camino; al propio tiempo oía el distante alarido de bestias feroces hambrientos, el rugido del león, el aullido del lobo, el feroz y terrible ladrido del mastín. Su acompañante, guardando un profundo silencio, empujaba hacia el sitio de donde venían los sonidos y cuando menos se percataba abríase la puerta de la guarida y hallábase el iniciado en medio de los animales, casi a oscuras, con sólo la débil luz de la lámpara. Inmediatamente era agredido por los iniciados que vestidos como leones, tigres, lobos y otros monstruosos animales, se echaban sobre él, escapando difícilmente de sus garras sano y salvo. Pasaba de allí a otra caverna tenebrosa, en donde atronaba sus oídos el terrible fragor del trueno y hería sus ojos el continuo vibrar del rayo, del relámpago, a cuyos siniestros resplandores distinguía los visajes de los espíritus vengadores que celebraban con macabra muestra de satisfacción la llegada del iniciado a sus antros inhospitalarios. Para aliviar en alguna manera el cansancio del profano, se le conducía a otro lugar, en donde su oído era recreado por melodiosos acordes de música y su olfato con el aroma de los más exquisitos perfumes. 

Para dar a entender, poco después, su disposición a practicar las restantes ceremonias, hacía su guía una señal y comparecían tres sacerdotes, uno de los cuales arrojaba a su pecho una serpiente viva, símbolo de la regeneración, y abriéndose una puerta entraba por ella una verdadera ola de sonidos y gritos guturales así como lamentos y aullidos  que aturdían el espíritu del neófito y le sumían en un nuevo estado de indescriptible terror. Al volver su vista hacia el sitio de donde se originaba los gritos procedían  a presentarle una desgarradora escena de los tormentos que sufren los condenados en el Averno. Luego se le sacaba por entre laberintos y ramificaciones de siete espaciosas bóvedas enlazadas con tortuosas galerías, cada una de las cuales daba vista, por medio de un menguado portillo de piedra, a una escena de peligrosas aventuras, hasta que llegaba el iniciado al sacellum (capilla) o Santa Santorum, que estaba brillantemente iluminado y cuyas paredes y techos despedían los reflejos del oro más acendrado y las más ricas piedras preciosas. Allí estaba el archimago o  Supremo Maestro de la Fraternidad, sentado en la parte del oriente, en un trono de oro, coronado su cabeza con rica diadema entrelazada de ramas de mirto, vestido con una túnica de un azul resplandeciente, rodeado de una asamblea de ministros y dispensadores de los sagrados misterios. Estos recibían al neófito con grandes agasajos, y después de tomarle los consiguientes juramentos para guardar el secreto sobre los ritos de Zoroastro, se le confiaba las sagradas palabras. La primera y más importante era el Tetractys o el nombre de Dios. El Tetractys de Pitágoras era análogo al Teatragramaton  judaico o el nombre de Dios en cinco letras. El número cuatro era tenido por el más perfecto, porque en las cuatro propiedades de la naturaleza se comprende todo lo demás; además, los cuatro primeros números sumados entre si forma la década (1+2+3+4= 10), después de la cual todo es simple repetición.

Hoy día queda en Irán solo reminiscencias de esta antigua orden mazdeana.



jueves, 21 de enero de 2016

ZOROASTRO Y LA RELIGION DEL FUEGO

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA 



Zarathustra, cuyo nombre devino en Zoroastro para los antiguos griegos, fue un profeta que vivió en Medio Oriente en el siglo VI A.C, según ciertos escritores, pero muy posiblemente durante el siglo XV A.C. Algunas investigaciones filológicas incluso sitúan su existencia física más allá. El nombre vendría a ser el compuesto de dos palabras: la primera, según algunos autores, significaría "viejo"; y la segunda, "camello". Conforme a esta interpretación Zarathustra sería "el hombre de los camellos viejos". Pero otros creen que es sinónimo de "criador o cuidador de caballos".

Lo que posteriormente se llamaría zoroastrismo es el producto de las enseñanzas reveladas a Zarathustra por Ahura Mazda ("Señor Sabio") - que en el viejo idioma Pahlavi se dice Ohrmazd, y de ahí Ormuz. Esta religión gozó de su momento más glorioso en el Imperio Persa (559 AC a 651 DC).

Zoroastro fue ante todo un gran reformador de la vieja religión aria. La idolatría y los ritos muchas veces sangrientos de ésta, son barridos por la nueva fe que traerá luz al mundo, dado sus elevados conceptos acerca de Dios, el hombre y la naturaleza, lo cual nos permite calificar al Zoroastrismo como una de las primeras religiones maduras, es decir, desprovistas -al menos en lo que es la generalidad del mensaje zarathustriano, dejando de lado algunas modificaciones nefastas y las herejías, como el Zurvanismo, que por cierto no deben considerarse como propiamente zoroastrianas - de la superchería de las formas de religiosidad primitiva. Conceptos como Asha - que en términos sencillos puede asimilarse a un principio ordenador de la realidad-, son sumamente abstractos, lo cual demuestra el carácter de la aprehensión cognitiva llevada a cabo por Zoroastro y sus discípulos.

Al igual que todos los grandes maestros que ha tenido la humanidad, Zoroastro tuvo una vida propia de una epopeya. Se dice que al salir del vientre materno no lloró y que incluso su madre no sufrió el dolor propio del parto. los enemigos de la verdad lo persiguen e intentan hacerle perecer arrojándolo a las llamas de una hoguera que se extinguieron al ponerse en contacto con su cuerpo. Los ataques de sus enemigos le dieron una gran reputación, y tan pronto se le ve entre el pueblo difundiendo sus doctrinas como en el desierto buscando el aislamiento para ponerse en contacto con la divinidad. Durante uno de estos períodos de aislamiento Brahma lo trasportó al pie del trono de Ormuz, quien le reveló la ley y los detalles de su culto. Recibida esta revelación se retira al fondo de una caverna, donde permanece durante siete años en silencio. A los treinta años de edad recibe diversas revelaciones que le enseñan la manera de tratar a los animales domésticos, al fuego, a los metales, a la tierra, al agua y a las plantas. Una vez preparado para el desempeño de la gran misión que debía desarrollar sobre la tierra, se presentó en el palacio real al monarca instándole a que abrazase la nueva religión, cosa que consiguió tras largas discusiones y después de haber realizado algunos hechos milagrosos. Posteriormente Zoroastro convenció al rey persa a que llevase la guerra a algunos países limítrofes, con lo cual la religión de Ormuz se extendió hasta la India.

Durante el asedio de una ciudad Escita, cayó en poder del enemigo, y se cree que pereció allí juntamente con cierto número de sacerdotes del fuego que fueron sacrificados. Zoroastro fue uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad.

Libros Sagrados

Los textos sagrados del zoroastrismo son especialmente el Avesta - que en Occidente debido a problemas interpretativos se conoce como Zend- Avesta, cuando ello significa realmente "Comentario al Avesta" - y los llamados Textos Pahlavi.

El Avesta es una compilación de muchos textos, especialmente cantos sagrados, y su importancia para los mazdeos - otro nombre con que son conocidos los zarathustrianos - puede compararse con lo que representa para un musulmán el Corán o para el cristiano la Biblia. Habría sido codificado de manera ordenada hacia el año 600 DC, lo que revela que durante muchos siglos a través de una tradición oral se conservó el pensamiento y palabras del Profeta.

El Avesta contiene entre otros textos a los Gathas, conjunto de cánticos que recitan a diarios los seguidores de Zarathustra. Habría sido escrito en distintos tiempos. Cabe indicar que la lengua Ghática tendría un ancestro común con el Védico. Así lo han demostrado las semejanzas de muchas palabras. Un ejemplo: la palabra Asura que en védico significa "señor divino" tiene igual definición que la palabra gáthica "ahura".

Los textos litúrgicos, que se incluyen en el Avesta se llaman generalmente Yasna (término que significa "reverencia"). Los estudiosos han descubierto gracias a un profundo análisis gramatical e histórico que los Gathas fueron escritos en Gáthico, y en otras partes en Avestán Nuevo.

¿Monoteísmo o Politeísmo?

El Yasna, libro de himnos contenido en el Avesta, incluye frases que parecen ser contradictorias; y así, mientras en unas se dice que hay un solo dios, de quien proviene bien y mal, en otras se aprecia una especie de politeísmo, siendo el dios del bien y el del mal seres supremos distintos.

Analizando tales trozos del Avesta, los estudiosos Carlos Cid y Manuel Riu, señalan algo que puede sernos útil: "Estos dos fragmentos se prestan a profunda meditación. En el primero se hace confesión absoluta de monoteísmos, convicción muy fuerte que Zarathustra opuso al politeísmo precedente. Por otra parte, se habla de dos espíritus: Ahuramazdah, que es la vida, el bien, la luz y todo lo positivo; y Angramanius, que posteriormente se llamó Ahriman, personificación de la muerte, del mal y de todo lo negativo. ¿Cómo se resuelve esta antítesis? Es posible que por un cambio o evolución del pensamiento de Zarathustra, pero acaso se trate de un Ser Supremo y único en sí mismo, que en un aspecto más concreto ofrezca ambos principios como manifestaciones antagónicas, complementarias y necesarias de sí mismo, ya que el Yasna afirma que no sólo creó la luz, sino también las tinieblas, y que la vida se produjo cuando ambos se encontraron al principio. Así, la nada sería precisa para la existencia de algo; el bien no podría diferenciarse sin destacar sobre el fondo negro del mal, como tampoco la luz se distinguiría sin la existencia de otra luz, de la luz negra de las tinieblas."

Por cierto, la explicación posible sólo puede ser la segunda hipótesis indicada, toda vez que el zoroastrismo es una religión monoteísta. Y no es contradicción decir que en el Uno coexisten de alguna manera dos principios: el bien y el mal, siendo el primero el primordial y que al final de los tiempos ha de triunfar. Esto no significa en modo alguno creer que Ahrimán sea tan poderoso como Mazda, sino que es un rival fuerte, que a veces - como en el ciclo actual- triunfa, pero que desde un principio de los tiempos es sabido que perderá la gran batalla. Así, lo establece una especie de catecismo zoroastriano, el Chidag Andarz Poryotkeshan, que dice, ya desde las primeras frases: "este Reino (el de Ormuz) es infinito y puro; y Ahriman no lo es, y es destructible".

¿Cómo es posible que en el Uno coexistan dos? La resolución a este aparente contrasentido, ha sido dada por el tradicionalista Frithjof Schuon, quien nos habla de dos planos de la realidad. Primero, el Absoluto o Supra-Ser. Y el plano más bajo, del Ser, donde habita la dualidad bien-mal.

El Sobre -Ser contiene al Ser, por lo cual lo supera. Siguiendo esta lógica, diremos que Ahura Mazda creó todas las cosas, y permitió el mal. Pero, al mismo tiempo Ahura Mazda es trascendente a la aparente lucha dual, pues es impasible en su mismo centro o corazón; verdad a la que sólo algunos pocos podrán llegar.

El Problema del Mal

Sin duda uno de los aspectos que más llama la atención en toda filosofía trascendente es su visión acerca del bien y del mal. Según los historiadores más modernos, originariamente el zoroastrismo habría sido un monoteísmo. Ello se aprecia en los textos más antiguos, donde sólo se habla de Ormuz o Ahura Mazda como única deidad de la cual surgen conceptos abstractos, que la religiosidad popular a veces erróneamente consideraré como si se tratase de dioses. La lucha entre el bien y el mal aunque era pronunciada, no se consideraba como una oposición donde existe casi igualdad de armas. Pues por el contrario, sólo Ahura Mazda es Dios.

El Zurvanismo, una herejía zoroastriana, remarcó la idea que se encuentra en un Gatha, donde Zarathustra dice: "Verdaderamente, hay dos Espíritus primordiales, gemelos que se hallan en conflicto. En palabra y en acto ellos son dos: el bueno y el malo" (Yasna, 30.3).
La exageración de este Yasna, derivó en la creencia errónea según la cual Spenta Mainyu (el mal) y Ahura Mazda serían algo así como hermanos, hijos del tiempo (Zurvan; de allí el nombre de esta heterodoxia).

Esto posiblemente se debe a que Mani tomó esta creencia y la unió con el cristianismo, creando una fe compleja que llegó a Europa, y que se manifiesta aun en la Edad Media, a través del Catarismo y otras herejías cristianas, poseedoras de lo que se ha dado en llamar equívocamente como "Gnosticismo".

El zoroastrismo repugna de esta creencia, puesto que entiende que el mal jamás puede equipararse al poder de Ahura Mazda, de quien derivan todas las cosas.

Una Religión que no adora imágenes

Las culturas antiguas solían adorar imágenes; mas no es éste el caso del Zoroastrismo, que precisamente es una de las primeras religiones en dejar de lado toda forma de idolatría.  El zoroastrismo, igual que su sucesor, el islam, no tuvo ídolos, a diferencia de las otras religiones indoeuropeas y de la religión de la Grecia antigua. Por tal razón en la Persia de esa época no existe una estatuaria sagrada.

Las pocas representaciones existentes de Ormuz nunca fueron consideradas como ídolos, sino como símbolos. Jamás se confundió la imagen con la sustancia.

Algunos Conceptos Claves

La religión fundada por Zoroastro era llamada por éste Daena Vanguji, que puede traducirse como Recta o Buena Consciencia; o simplemente como Buena Religión. Sus pilares o principios son:
1.- VOHU MANA (VOHU MANU): Pensamiento adecuado.
2.- ACHA: Rectitud. Vía recta.
3.- VOHU KACHAZRA: Buen imperio.
4.- ARAMAITI: Serenidad.
5.- SERAUCHA: Inspiración.
6.- JAURVATAT: Integridad.
7.- SPENTA MAINJU: Mentalidad progresiva.
8.- AMERETAT: Inmortalidad.

El Zoroastrismo como Fuente de Inspiración de otras Religiones

No deja de llamar profundamente la atención el hecho que conceptos e ideas originariamente zoroastrianas hayan sido adoptadas por otras religiones. Así podemos mencionar al menos tres: la judía, la cristiana y el islamismo. E incluso podríamos agregar el buddhismo. Las tres primeras mantienen la idea monoteísta. La idea de un "pecado original", la concepción de la resurrección de los muertos y la necesidad de un acto como la confesión, que adoptará el cristianismo pertenecen a la religión zoroastriana.

El Chidag Andarz Poryotkeshan bastante antes de las enseñanzas de Jesús, establece una sabiduría que es conmovedora y base de muchas creencias posteriores. Una estrofa reza: "El cuerpo es mortal, mas el alma inmortal. Hace buenas obras, por el alma que es real, no por el cuerpo; el próximo mundo es real, no éste".

El buddhismo toma conceptos que son recogidos en lo que se ha dado en llamar el Óctuple Sendero. El pensar, hablar y actuar recto, como la concepción de la Mente Recta o Buena que encontramos en el Avesta, son reiterados en la tradición buddhista. Este libro sagrado es por lo demás una anticipación de las enseñanzas de Buddha.

El Culto al Fuego

Previo al mensaje dado por Zoroastro, el culto del fuego existía en Irán. Simbólicamente es la expresión de la fuerza divina y la espiritualidad en potencia y acto. Además lo es de la pureza.

En la vieja Persépolis, aun pueden encontrarse restos de los grandes altares del fuego de la época pre-islámica. Los zarathustrianos actuales siguen manteniendo en sus ritos la presencia de este elemento. Aunque no muchos, sin embargo, existen altares ígneos que durante siglos consumen llamas, siendo resguardados por fieles sacerdotes. Este culto al fuego sería exportado llegando a Roma.


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