lunes, 30 de junio de 2008

LA PACIENCIA DE APRENDER A VIVIR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA M.·.M.·.

A las pocas semanas de nacer, los pájaros vuelan, los patos nadan, los gatos salen a cazar. A los quince minutos de haber salido a la luz, el ternero ya se pone de pie y comienza a caminar detrás de su madre. No necesitan aprender a caminar, volar, nadar, cazar. Por el mero hecho de existir, disponen de todos los resortes necesarios para defenderse y sobrevivir. Se podría decir que todas las técnicas vienen elaboradas en las entradas de su organismo; las traen aprendidas sin necesidad de entrenamientos: es el equipo instintivo que los conduce certeramente por los manimos de la supervivencia. 

No sucede así con el humano. Una vez nacida, la criatura humana es el ser más desvalido de la creación. Todo tiene que aprender; con la particularidad de que el instinto funciona espontáneamente, casi mecánicamente; y, en cambio, el uso de la inteligencia presupone riesgos, porque obliga al hombre a realizar un complejo proceso de análisis, comparación, exclusión, opción, todo lo cual involucra grandes incertidumbres e impredecibles emergencias. Y por este camino le llega al hombre un desabrido visitante, que, como sombra nunca más se apartará de su lado: La ansiedad.

El aprendizaje del arte de vivir no se termina cuando el humano alcanza su mayoría de edad, o al conseguir un título académico para ejercer una profesión y ser autónomo. Porque vivir no consiste en ganarse el sustento cotidiano o en formar un hogar. ¿Qué consigue el hombre al haber asegurado una sólida situación económica o con haberse educado o formar un hogar, si su corazón sigue agonizando en una tristeza mortal? 

Vivir es el arte de ser feliz. Y ser feliz es liberarse, en mayor o menor grado, de aquella ansiedad que, de todas formas, seguirá porfiadamente los pasos humanos hasta la frontera final. 
El arte de vivir consistirá, pues, en una progresiva superación del sufrimiento humano, y, por este camino, es una paulatina conquista de la tranquilidad de la mente, la serenidad de los nervios y la paz del alma. 


Pero no hay que creer que esta felicidad se puede conseguir por arte de magia o como un regalo de navidad. Si para obtener un título universitario o montar una empresa próspera el humano ha necesitado largos años de esfuerzo, constancia, disciplina, metodología y sobre todo tenacidad a toda prueba, que nadie sueñe con doblarse la mano de ansiedad o en ganar la batalla del sufrimiento, llegando así a aquel anhelado descanso de la mente, con un trabajo esporádico y superficial. 
Cuando decimos paciencia, significa esfuerzo, orden y dedicación en la práctica del autocontrol, relajación, meditación. 
No vamos a conseguir nada con solo leer esta Carta o abrigar dentro de nosotros buenas intenciones; es imprescindible que los deseos se transformen en convicciones, y las convicciones en decisiones. Las decisiones, a su vez, tienen que conducirnos de la mano a reordenar un programa de actividades para dar sentido a nuestra vida. 
Este sentido de la vida es un valor que da valor a los demás valores como son: las palabras, actitudes, reacciones, revestidos de un color y brillo tan particular como es la alegría que es la sensación de plenitud que, en el otoño de nuestros años volverán nuestras miradas hacia atrás para exclamar que valió la pena esta venturosa aventura. 
El objetivo central de una vida no se conseguirá sin una dedicación metódica y ordenada. Para poder ahuyentar las sombras y dar lugar a la alegría es imprescindible someterse a un ejercicio de autocontrol y meditación a lo largo de su vida.
No hay que olvidar que la vida misma es un misterio general e imponderable; es un ejercicio ejecutado en momentos diferentes produce resultados diferentes en una misma persona. La vida es esencialmente ilógica, porque es esencialmente movimiento: movimiento oscilante de altibajos, sin vislumbrarse, con frecuencia, las causas que originan tan desconcertante vaivén. 


Cuando el ser humano tendría motivos más que suficientes para saltar de alegría, está abatido. De pronto, en los días azules, su alma está nublada; y en los días nublados, su alma está en azul. No hay lógica.
La persona deseó ardientemente conquistar aquella meta soñada, y, alcanzado el sueño, se queda insatisfecha, con un amago de decepción. De repente cuando los negocios iban viento en popa, su estado de ánimo está por los suelos; y cuando, a su alrededor, todo es desastre y ruina, no se sabe que don interior lo estimula para seguir luchando. 
Paciencia, es el arte de saber, significa tomar conciencia de que la naturaleza humana es así. Hay que comenzar por aceptarla tal cual es, para no asustarse cuando los resultados no sean proporcionales a los esfuerzos o cuando los efectos hayan sido extrañamente imprevisibles.

martes, 10 de junio de 2008

VACIAR NUESTRO EGO


VICTOR MANUEL GUZAN VILLENA
M.·.M.·.
Año 5767
R.E.A.A. 

La persona es una realidad conjunta y un conjunto de realidades. La persona tiene una constitución fisiológica, una capacidad intelectual, una estructura temperamental, un equipo instintivo. Todo ese conjunto está precedido y compenetrado por una conciencia que, como dueña, integra todas esas partes.
Ahora bien: esa conciencia proyecta para sí misma una imagen de toda la persona. Aquí podemos analizar lo que una persona es, y a eso lo llamamos realidad, y otra cosa la imagen que se forma de esa realidad. 

Si la realidad y la imagen se identifican, hemos llegado a la sabiduría u objetividad. Pero generalmente la conciencia comienza a distanciarse de la apreciación objetiva de sí mismo en un doble juego. 

Primero, no acepta, sino que rechaza su realidad; en segundo lugar, le nace el complejo de omnipotencia: desea y sueña con una imagen “omnipotente”, de desear ser así pasa insensiblemente a imaginar ser así: una imagen ilusoria e inflada que se llama el yo. 



Después pasa a confundir e identificar lo que soy con lo que quisiera ser , y en este proceso de falsificación, el humano se adhiere emocionalmente y a veces morbosamente, a esa imagen aureolada e ilusoria de sí mismo, en una completa simbiosis mental entre la persona y la imagen. 

Aquí no estamos hablando del verdadero yo que es la conciencia objetiva de la propia identidad, sino de su falsificación o apariencia, que es la que, normalmente prevalece en el ser humano y que se llama YO.

En definitiva, el yo es pues, una ilusión. Es una red concéntrica tejida de deseos, temores, ansiedades y obsesiones. Es un centro imaginario al que acoplamos y atribuimos, agregamos y nos referimos en todas las vivencias sean sensaciones o impresiones, recuerdos o proyectos. 

Este centro imaginario nace, crece y se alimenta con los deseos y, a su vez, los engendra, tal como el aceite alimenta una llama de una lámpara. Consumido el aceite se extingue la llama. Anulado el yo cesan los deseos y viceversa, apagados los deseos se extingue el yo. Esto llamaremos la liberación absoluta.
El yo no existe como entidad estable, como sustancia permanente. Es mudable. El yo consta de una serie de yoes que se renuevan incesantemente y se suceden unos a otros. Es tan sólo un proceso mental que está constantemente en curso de destrucción y construcción. 

El yo no existe. Es una ilusión imaginaria. Es una ficción que nos seduce y nos obliga a doblar las rodillas y extender los brazos para adherirnos a ella con todos los deseos. Es como abrazarse a la sombra. No es esencia sino pasión encendida por los deseos, temores y ansiedades. 

En definitiva vivimos una mentira. Y esa mentira ejerce sobre las personas una tiranía obsesiva. Están tristes porque sienten que su imagen perdió color. Día y noche sueñan y se afanan por agregar un poco más de brillo a su figura. Caminan de sobresalto en sobresalto, danzando alucinados en torno a un fuego fatuo, y en ese ritmo, esa danza general, los recuerdos le amargan, las sombras le entristecen, las ansiedades los turban y las inquietudes los punzan. Y así el yo les roba la paz del corazón y la alegría de ser felices en el vivir. 

El yo levanta murallas. Su lema es: todo para mí, nada para ti. Ataca, hiere y mata a quien brille más que él. Detrás de todas las batallas que el yo prepara, dirige y lucha, siempre pretende flamear la bandera y la imagen del yo. Es un parto nocturno que da incesantemente a luz los amargos frutos de las envidias, las venganzas, rencillas y divisiones que asesinan el amor y siembran por doquiera dolor y muerte. 

El amor propio no quiere perdonar; prefiere la satisfacción de la venganza: una locura, porque sólo él se quema. A las personas no les importa tanto tener como el aparecer; les interesa todo lo que pueda resaltar la vana mentira de su figura social. Por eso se mueren por automóviles, mansiones, vestidos, relumbrantes fiestas de sociedad, aparecer en las páginas de los periódicos, en las pantallas de televisión, entrevistas; por todo aquello, en fin, que sea apariencia. Es un mundo artificial que gira y gira en torno de esa seductora y vana vida. 

En suma, el yo es una loca quimera, es una vibración inútil que persigue y obsesiona. Es un flujo continuo e impermanente de sensaciones e imprecisiones, acopladas a un centro imaginario. 

LIBERACION

La tranquilidad mental es un estado en el que el humano deja de referirse y agarrarse a esa imagen ilusoria. La liberación consiste en extinguir la llama de la vanidad del yo y tomar conciencia de que están abrazados a una sombra. 

La tarea de liberación consiste, pues, en vaciarse mentalmente, para convencerse de que el supuesto yo no existe. Así como el origen de todo dolor está en el error de considerar la imagen del yo como entidad real, la liberación del sufrimiento consiste en salir de ese error. 

 
Y desde ese momento, como caído el árbol, caen las ramas, así como consumido el aceite se extingue la llama de la lámpara, de la misma manera yugulado el yo, quedan cercenados los sentimientos que estaban adheridos al centro imaginario.

Extinguido el yo, se apagan también aquellas emociones que eran, al mismo tiempo, madres e hijas del yo; temores, deseos, ansiedades, obsesiones, prevenciones, angustias. Y, apagadas las llamas nace en el interior un profundo descanso, una gran serenidad. 



Muere el yo con sus adherencias, y nace la libertad, y para ello uno tiene que pasar a través de la oscuridad para poder llegar a la luz.

domingo, 1 de junio de 2008

BUSCANDO LA FELICIDAD

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA M.·.M.·.

Año 5.767
R.E.A.A.



Desde antes de ver la luz, el humano trae escrita en sus entrañas la historia de su vida, y si no la historia misma, al menos los rasgos generales. Efectivamente: marcadas y selladas, allá, en las últimas unidades vivientes llamadas genes, trae el humano escritas claves cifradas las tendencias fundamentales que conforman el entramado de una personalidad: inclinaciones hacia la sensibilidad, sensualidad, timidez, impaciencia, generosidad, nobleza, mezquindad. A esto le llamamos los códigos genéticos.


Esta estructura no cambia. Se muere como se nace. Podemos, eso sí, mejorar, como también empeorar, pero siempre a partir de la estructura básica. No hay que hacerse ilusiones: un tipo orgulloso, rencoroso, por ejemplo, nunca se transformará en un ser apacible, humilde corazón. 

Quienes nacieron encantadores, encantadores morirán. Estructuras personales fuertemente inclinadas a la melancolía, por ejemplo, o negativamente conformadas, no serán esencialmente alteradas, aunque sí podrán ser mejoradas. 

Pero esta mejoría lleva un ritmo lento y desigual. Y esta mejoría se puede observar, y observar aprendiendo a controlar los nervios, sufre menos que antes, se encuentra más relajado, eso es una señal que va bien, que avanza.

Los sufrimientos provenientes de un modo de ser nunca desaparecen totalmente; pero pueden suavizarse hasta tan punto que el sujeto se siente más aliviado, casi feliz. 

 
Por tanto siempre es válido hacer el esfuerzo y la lucha para canalizar las energías para una ordenada puesta en práctica de la liberación. Es necesario despertar una y otra vez y tomar conciencia de que la vida es corta y que esta vida no se repetirá, y que tampoco podemos regresar a la infancia para reiniciar esta aventura. Los años no perdonan. La mayor desdicha humana consiste en experimentar que la existencia se nos escurre entre las manos sin haber saboreado la miel de vivir. Vale la pena dedicar todos los esfuerzos a la tarea de las tareas, que es alejar de nuestras fronteras a los enemigos de nuestra vida el sufrimiento ya tristeza. Y para alcanzar la cima de esta cumbre siempre debe acompañarnos la paciencia. 


Nosotros seres de la sociedad de la tecnología nos hemos acostumbrado a solucionar nuestros problemas buscando y esperando la salvación, poco menos que mágicamente, de los consultorios y medicamentos. 
Eso es una vana ilusión y una peligrosa dependencia. Lo menos que puede suceder es que acabamos perdiendo la fe y al confianza en nosotros mismo, descuidando todo nuestro esfuerzo y abandonándole en un rincón a la paciencia y, sobre todo, olvidándonos el hecho de que llevamos en nuestras manos armas poderosas para salvarnos a si mismo, para ello hay que armarse de paciencia y ceñirse de coraje.
 

viernes, 23 de mayo de 2008

QUE ES EL DESPERTAR

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

Año 5.767 R.E.A.A.
La conciencia es como una minúscula isla, situada en medio de un océano de profundidades insondables y horizontales casi infinitas. Este océano se llama el subconsciente. A la vista nada se advierte. Todo está en calma. Pero en lo profundo todo es movimiento y amenaza. Hay volcanes dormidos que, de pronto, pueden entrar en erupción, energías ocultas que guardan retenida el alma de un huracán, fuerzas propulsoras que encierran gérmenes de vida o de muerte.
El humano, por lo general es un sonámbulo que camina, se mueve, actúa, pero está dormido. Se inclina en una dirección y con frecuencia no sabe por qué. Irrumpe aquí, grita allá, corre, más tarde se detiene; acoge, rechaza; llora, ríe, canta; ahora triste, después contento; son, generalmente, actos reflejos y no plenamente conscientes. Da la impresión de ser un títere movido por hilos misteriosos e invisibles.
En el mar profundo del hombre, el lado irracional y desconocido, mediante mecanismos que parecerían sortilegios, lo van llevando en direcciones inesperadas y, en ocasiones por rumbos disparatados.


Es allí cuando nos planteamos ¿Qué se hizo de la brújula? ¿Funciona la libertad? Cuántas veces el humano no entiende nada y sufre. Sufre porque está dormido. No se da cuenta de que el sufrimiento es puramente subjetivo. 
La mente es capaz de dar a luz fantasmas alucinantes, que luego atormentarán sin piedad a quien lo engendró. Los miedos son, generalmente sombras fantasmagóricas sin fundamento ni base en la realidad. Por eso está dormido. Y dormir significa estar fuera de la objetividad. Dormir es sacar las cosas de su dimensión exacta. Dormir es proyectar mundos subjetivos sobre los sucesos exteriores. Las inseguridades y temores son, por lo general, hijos de una obsesión.
El miedo, insisto, engendra y distingue fantasmas por todas partes; éste no me quiere, aquél está en contra mía, ese proyecto está destinado a fracasar, todos se han conjurado en contra mía, están tramando desplazarme de mi trabajo, aquellos otros me han retirado su confianza, aquélla ya no me mira bien, aquella otra no me saluda como antes, ¿qué le habrán contado acerca de mi?, la otra se muestra ahora fría y distante conmigo, ¿Qué habrá pasado?... 
Y todo no es sino un engaño, o al menos, una espantosa magnificación o suposición. No hay nada de eso, o muy poco. Está dormido. Muchas personas viven del susto y alucinaciones en pleno día, con el mismo realismo con que se vive las pesadillas a media noche. Los fantasmas narcisistas pueblan el alma de ansiedades y no pueden darse cuenta de que todo es materia subjetiva, de que están dormidos. De tanto dar vueltas a sucesos infelices, acaban magnificándolos, y no se dan cuenta de que están soñando. 


Les sucede lo mismo que a las bolas de nieve: cuantas más vueltas dan, más grandes se hacen. De pronto se sienten amenazados por el terror, sin caer en la cuenta de que solo se trata de una manía persecutoria, una alucinación que inventa y dibuja sombras siniestras, cuando, en realidad nada de eso existe; están dormidos. Hechos intrascendentes los transforman en dramas, y pericias ridículas las revisten con ropajes de tragedia. Están dormidos. 
La toma de conciencia


Es preciso despertar. Y despertar es salvarse; es economizar altas cuotas de sufrimiento.

¿Qué es, pues, despertar?

Es el arte de ver la naturaleza de las cosas, en uno mismo y en los demás, con objetividad, y no a través del prisma de los deseos y temores.
Despertar es tomar conciencia de tus posibilidades e imposibilidades. 
Las posibilidades para abordarlas, y las imposibilidades para dejarles a un lado; darte cuenta de si un determinado hecho tiene remedio o no; si lo tiene, para encontrarle solución; si no lo tiene, para olvidarlo, tomar conciencia de que los hechos consumados, consumados están, y es inútil darse cabeza contra ellos.
Despertar es darte a ti mismo un toque de atención para caer en cuenta de que te estás torturando con pesadillas que son pura fantasía, de que lo que te espanta no es real; darte cuenta de que estás exagerando, sobredimensionando cosas insignificantes y que las suposiciones de tu cabeza estás revistiendo con visos de veracidad.
No te das cuenta de que tus pretensiones son sueños y nada más; y tus temores puras quimeras. Déjalas a un lado, porque son meros abortos de tu mente. Saber que los sueños, sueños son; saber donde comienza la ilusión y dónde la realidad. Saber que todo pasará, pero aquí no queda nada, que todo es transitorio, precario, efímero. Que las penas suceden a las alegrías, y las alegrías, a las penas; saber que aquí nada hay absoluto; que todo es relativo, y lo relativo no tiene importancia o tiene una importancia relativa. 
Despertar, en suma, es saber que estabas durmiendo. 


Despertar
Basta despertar y se deja de sufrir. En la oscuridad de la noche, estás cubierta de tinieblas. Amaneces y la pregunta es ¿Dónde se escondieron las tinieblas? No se escondieron en ninguna parte. Sencillamente, no eran nada. Y al salir a la luz se ha comprobado que no era nada. De la misma manera, cuando tú estás dormido, tu mente está poblada de sombras e inquietudes infundadas, te embarga la tristeza. 
Amanece, despiertas; y ahora ves que tus temores y tristezas no eran nada. Y al despertar se esfuma el sufrimiento, como se esfumaron las tinieblas al amanecer. 
Despertar y dejar de sufrir
 
Siempre que te sorprendas a ti mismo, en cualquier momento del día o de la noche, agobiado por la angustia o el temor, piensa que estás dormido o soñando; haz una nueva y correcta evaluación de los hechos, rectifica tus juicios, y verás que estabas exagerando, presuponiendo, imaginando. Dedícate asiduamente al ejercicio de despertar. 
Siempre que te encuentres turbado, levanta la cabeza y sacúdete, abre los ojos y despierta. Muchas tinieblas de tu mente desaparecerán, y grandes dosis de sufrimiento se esfumarán. Para ello adoptemos un estilo de vida más reflexivo para no hacernos daño nosotros mismos por nuestra falta de crecimiento personal. 
Conocernos y fortalecernos nos ayuda a desarrollar nuestro poder interior. Tenemos que hacer el esfuerzo de acceder a la sabiduría viva interna que nos permita vivir mejor contando con nosotros, ya que la información más valiosa para nuestro crecimiento personal está dentro de nosotros mismos. Si aprendemos algo más de nosotros mismos desarrollaremos una identidad llena de valores y aspiraciones. 


Y para vivir en plenitud tomemos en cuenta que en nuestras vidas no existe una respuesta correcta. Todo es relativo. No hay nada absoluto. Todo es como un juego de magia donde podemos aprender que uno puede pasar de la oscuridad al poder de la luz mediante un corazón abierto, una mente adquisitiva y una práctica diaria de conciencia basada en la ética, la meditación y la sabiduría. 

viernes, 16 de mayo de 2008

SONIDOS QUE CURAN


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

Año 5.767
R.E.A.A.
El hablar y el cantar tiene otras utilidades además de la mera comunicación de ideas o sentimientos; también puede ser un vehículo que permita una mejor integración del propio cuerpo, regularizando la acción de las glándulas y contribuyendo a un mantenimiento integral de la salud. 
Esta técnica se basa en el autodescubrimiento de los ritmos y tonos que provocan vibraciones en determinadas partes del cuerpo; haciendo posible el control de las sensaciones ligadas a esas zonas concretas y ayudando a su correcto funcionamiento. 
Nuestro cuerpo es como un instrumento musical. Los sonidos, ritmos y tonos que emitimos al hablar o cantar, así como los que se producen exteriormente, hacen que ciertos organismos vibren con una determinada resonancia. y esto nos permite mejorar la armonía física y psíquica a través de la utilización de la propia voz. Existen varias escuelas y técnicas que facilitan la ejecución este método curativo del cuerpo y el espíritu y que además facilita el descubrimiento de uno mismo y el despertar y desarrollo de las riquezas humanas. 

En el sistema, utilizado por los terapeutas occidentales, comienza con el descubrimiento de los sonidos y su utilidad en zonas concretas del cuerpo. Aquí realizaremos un viaje por nuestro interior, desde la cabeza a los pies, con el fin de encontrar la vibración indicada para cada parte del organismo, aquella con la que notamos que estamos más a gusto; una resonancia que es capaz de despertar esa zona concreta.

De esta forma, y con el paso del tiempo, podemos convertirnos en guardianes de nuestras funciones físicas pues, además de ayudar a su regulación, percibimos cuando hay algo que no marcha de forma correcta en nuestro interior: el sonido de la propia voz no llega bien a la parte afectada.
Campana Tibetana

Este procedimiento es sencillo, pero el viaje no siempre resulta fácil, pues “somos como viejos edificios, a veces con grietas o problemas de estructuras que han de ser reparados” por lo que en el momento en que el sonido llega correctamente a un lugar determinado del organismo, entonces será posible vivir bien con él. 
Con el ejercicio de estas técnicas, la voz humana se convierte en compañera inseparable durante toda nuestra vida, hasta llegar al punto en el que ya no es necesario buscar sonidos externos, ya que cada uno de nosotros cuenta con su propio sonido interior, que nunca nos abandonará. 
Un buen ejercicio consiste en pronunciar una vocal cualquiera con los labios entreabiertos, e ir cerrando lentamente la boca para que el sonido se quede en el interior del cuerpo. Moviendo los labios y la boca iremos cambiando el tono, con el fin de conseguir que sea lo más claro y profundo posible. La experiencia se completa tocando la cara con los dedos para poder sentir en ellos las vibraciones que estamos creando. 
Una vez completada esta práctica hay que escoger una postura equilibrada y relajada, de pie o sentado, que permita el contacto con el suelo, y respirar profundamente, por debajo del diafragma. A continuación se centra la atención en una parte concreta del cuerpo para sentir las vibraciones que produce la voz. 
Si es necesario, podemos poner las manos en esa zona, para así apreciarlas mejor. El ejercicio podrá comenzar con alguna vocal, variando el tono, hasta encontrar el sonido que resulte más confortable. Si no consigue con esta vocal se puede probar con otras. Una vez que se logre el sonido ideal para esa parte del organismo, se repite el experimento con otra zona; sin embargo, es muy importante contar con la ayuda de un terapeuta en el momento de iniciar estas técnicas.
Para la sabiduría de Oriente el sonido reafirma nuestras intenciones. En el budismo tibetano la palabra se traduce aproximadamente como camino de aspiración o camino de deseo y los mantras constituyen palabras de gran poder siempre que sean cantados en el idioma sánscrito original, que se considera el lenguaje de los dioses.

La palabra mantra se traduce literalmente como “algo sobre lo que la mente (manas) puede confiar”. Y esto es lo que un mantra puede hacer. Podemos confiar en la práctica del mantra como un método rápido, efectivo y poderoso de enfocar, estabilizar y liberar la mente. 
La práctica del mantra nos puede ayudar a inculcar estados constructivos de la mente; reforzar el entrenamiento de la mente, realzar nuestra inteligencia básica, nuestro estado de vigilia, concentración y conciencia presentes. 
Existen varios mantras: mantras de sanación, mantras de sabiduría, mantras de compasión, mantras de toma de conciencia, mantras de purificación, mantras de ira (utilizados para despejar obstáculos) y mantras de paz. Algunas veces escuchamos mantras de una sola palabra tales como “Om” o “Ah”. A estos se les conoce como mantras de sílaba simiente. Al igual que una semilla de una planta, la sílaba simiente lleva consigo todas las enseñanzas, misterios, sabiduría y realizaciones del fruto real o de la flor del despertar a la iluminación. 
A nivel externo, utilizamos los mantras para consagrar o bendecir cada actividad. Como ejercicio deberá entonar o pronunciar para sí mismo el mantra simiente cósmico de todos los sonidos en uno: “Om”, cada vez que entre en un lugar para realzar su conciencia de lo que está haciendo en ese mismo momento. Esta es una buena práctica de atención para la vida diaria. 
A nivel interno los mantras como mecanismos de concentración cuando meditamos y como una forma de transformar nuestras percepciones ordinarias en percepciones purificadas. 
En el Tibet, los mantras tales como “Om Mani Pedmé Hung”, el mantra del amor incondicional y de la compasión, se suelen combinar con visualizaciones radiantes de formas geométricas tales como estrellas, lotos, o los hologramas cósmicos conocidos como mándalas o los ademanes sagrados hechos con las manos y dedos que se conoce como mudras, para propiciar una experiencia de que este mundo es como un campo de Buda, como el nirvana. 

A nivel innato o secreto, existe el mecanismo de centrado final, el mantra místico, sin palabras, sin esfuerzo, de la sabiduría interna. El mantra más íntimo, más secreto, místico y no verbal es la realidad intrínseca, siempre presente de la “talidad” misma, indescriptible y auténtica por sí misma.
Aunque de hecho usted puede traducir los mantras, éstos se entonan más por vibraciones energéticas no conceptuales que por su significado literal. Si escucha el sonido de un gong profundo, es posible que lo sienta vibrar en forma penetrante a través de su diafragma, su abdomen y otros centros. La entonación de los mantras tiene un efecto similar. 
Las vibraciones externas son vibraciones de sonido; la vibraciones internas son energía, conciencia, atención con pensamientos dirigidos.

miércoles, 7 de mayo de 2008

LOS EFECTOS PRODIGIOSOS DE LA MUSICA

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA  
M.·.M.·.

¿Qué extraño y maravilloso poder poseía Orfeo que con su lira no sólo conseguía que las aves y animales se reunieran en torno a él, sino que detenía los cantos de las sirenas con el suyo propio?
Es que Orfeo poseía el poder mágico de la música, un poder que produce efectos sobre el ser humano, como cambiar nuestro estado de ánimo, relajarnos, divertirnos o conmovernos, hacernos pensar y puede ayudarnos a recordar. 

Orfeo

Es pues, un hecho incontrovertible que la música afecta a las emociones, las cuales a su vez influyen en numerosos procesos corporales; puede cambiar el metabolismo, aumentar o disminuir la presión sanguínea, afectar a la energía muscular, a la digestión, a las secreciones internas y a la respiración. Incluso las redes neuronales del cerebro son sensibles a los principios armónicos. 

En experimentos efectuados con animales se ha comprobado que ciertos tipos de música (El Danubio Azul de Strauss, por ejemplo) tiene una influencia directa en la producción de leche y huevos por parte de vacas y gallinas. Algo semejante se ha observado con las semillas de las plantas estimuladas musicalmente que habían conservado las características perfeccionadas de mayor tamaño, mayor floración y más hojas. La música cambió los cromosomas de las plantas. 

Llave para entrar a los estados superiores
 
¿Es la música un medio para la comunicación y la multiplicación de estados de conciencia? Los antiguos creían que el uso del sonido era la llave más poderosa para abrir las puertas a los estados superiores de conciencia y utilizaban la música como vehículo para viajes a otros mundos porque ofrecía la revelación de las leyes divinas y cósmicas. 

La música es sabiduría, porque es la forma de desarrollo espiritual más directa e intensa que se conoce. Beethoven, por ejemplo, en sus nueve sinfonías contiene numerosos temas y referencias tonales que pertenecen al sendero de la auto trascendencia. Sus últimos cinco cuartetos de cuerda están considerados por muchos como piezas de música más místicas jamás creadas.

También en las obras de Juan Sebastián Bach encontramos una belleza eterna e inmutable, pero este profundo sentimiento místico de la vida era completamente natural en estos dos compositores; no les fue revelado por ninguna escuela esotérica. Existen en cambio muchos músicos que han transmitido en sus obras verdades infinitas buscando inspiración en temas ocultistas. 

Fuente de creatividad
 
Aunque no todos los compositores se ajusten a los principios esotéricos ni sean capaces de transmitir las mismas verdades eternas, lo cierto es que la metafísica y el misticismo suministran una enorme fuente de creatividad al arte de la música. Un arte que, como Mozart, Beethoven, Wagner y otros grandes genios musicales han demostrado, puede mover y transformar la conciencia más poderosamente que ningún otro. 

La idea de que el poder de la música, especialmente la palabra entonada, puede influir en el curso del destino humano e incluso en el orden del universo, se remonta a la música de los vedas. 

El filósofo chino Confucio creía que si la música sublime y hermosa prevalecía en un reino, así florecía la sociedad tanto en la prosperidad espiritual como material, pero si la música se alteraba, ocurrían cambios sociales. 

Por su parte, Platón llegó a decir que los estilos musicales no podían ser alterados sin que, como resultado se derrumbaran las instituciones políticas más importantes.

Aunque resulte paradójico, la utilización de la música militar también ha ejercido una influencia fundamental en el curso de los acontecimientos históricos, porque en épocas pasadas se utilizaba con la intención de provocar resultados devastadores en el campo contrario. Tan eficaces eran los tambores y trompetas en los campos de batalla, que los ejércitos derrotados adoptaban con frecuencia una música similar o idéntica a la de sus vencedores. 

En otras ocasiones, el influjo de la música sirvió para unificar, sirviendo para unir naciones enteras. Por ejemplo la Guerra de Secesión Norteamericana fue una revolución musical: es un hecho histórico que la difusión de canciones patrióticas de libertad fue uno de los métodos más persuasivos por el que los Francmasones reagruparon al pueblo americano. 

La Canción Libertaria se convirtió en una obsesión y se cantaba en todas partes: en las manifestaciones políticas, en las celebraciones patrióticas, en todo tipo de ceremonias. Tales canciones jugaron un papel principal en la formación del sentido de nacionalidad de los norteamericanos. 

La música también tiene su aplicación en el campo de la medicina. Desde las sociedades primitivas hasta nuestros días , los cantos y danzas rituales sirven como un aporte en la cura de enfermedades, es decir tiene fines terapéuticos. Su empleo como terapia o vía para la auto-transformación se abierto campo en la sociedad moderna y ha sido incorporada al campo de la medicina por sus poderosos efectos curativos. 

 
Esoterismo y música
 
Existe una tradición esotérica musical que se manifiesta a través de grupos rosacrucianos, cabalistas, pitagóricos y alquimistas, que fluye desde la Edad Media hasta nuestros días. Esta estrecha conexión entre esoterismo y música parece inseparable, como si los dos campos se iluminaran y complementaran entre sí. 

Para muestra algunos ejemplos:
 
Claude Debussy fue Gran Maestro de la Sociedad Secreta el Priorato de Sión, y se sintió fascinado por las obras ocultas de Edgar Allan Poe. Maurice Ravel estuvo intrigado por muchos aspectos del ocultismo. Erik Satie fue miembro de la Orden Rosacruz francesa. W. Amadeus Mozart fue masón y tanto sus óperas como los trabajos instrumentales contienen claves espirituales y símbolos expresivos de los ideales y rituales masónicos. 

El total de las obras completas de Mozart es de 626, entre las cuales descuellan 18 óperas, 20 misas y 49 sinfonías. Las obras masónicas más notables que se conocen de este ilustre músico son: El Viaje del compañero; Para el cierre de la Logia; La alegría del francmasón; Pequeña cantata francmasónica; música fúnebre masónica; Cantata andante maestoso; La flauta mágica en concreto, fue un trabajo de simbología masónica en su totalidad; El elogio de la amistad. 


Webern estudió entre otras cosas, numerología cabalista. La obra musical de Sibelius tiene un contenido masónico estimulado por ser miembro de una Logia Masónica de Helsinki. La música masónica ritual de Sibelius fue desconocida hasta que dicha música, en forma de un manuscrito fue obsequiada a la Gran Logia de New York por la Gran Logia de Finlandia, en prueba de fraternidad, llevaba la firma de Sibelius. Esta composición fue ejecutada por primera vez en los Estados Unidos en 1935, en la Logia de Investigación Americana. Ese mismo año una edición revisada de esta misma obra fue enriquecida con tres trozos adicionales, incluyendo el tema de su famosa composición Finlandia, que contienen palabras masónicas. 

Josef Hauer fue un iniciado Rosacruz que vio cada nota de la escala como poseedora de un efecto espiritual específico. Lo mismo puede decirse de algunos músicos contemporáneos como Gustav Holts, cuyos estudios profundos de astrología le llevaron a componer su imperecedera Suite de los Planetas y de Norman Thomas Miller, cuyos poemas tonales, enclavados dentro de la música de la Nueva Era, poseen un fondo de las enseñanzas de la Gran Hermandad Blanca. 

En otra línea más ecléctica se encuentra Stockhausen, que no sólo pretende haber reflejado la Música de las Esferas procedentes de Sirio y de los seres cósmicos que allí habitan, sino que afirma provenir de una civilización de esta estrella.

domingo, 27 de abril de 2008

ALEJAR EL SUFRIMIENTO CON AMOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M.·.M.·.

Año 5.767
R.E.A.A.
La Compasión se puede definir como un estado mental que no es violento, no causa daño y no es agresivo. Se trata de una actitud mental basada en el deseo de que los demás se liberen de su sufrimiento, y está asociado con un sentido de compromiso, la responsabilidad y el respeto a los demás. 

La palabra tibetana Tse -wa denota que se trata de un estado mental que implica el deseo de cosas buenas para uno mismo. Para desarrollar el sentimiento de compasión, puede empezarse por el deseo de liberarse uno mismo del sufrimiento, para luego cultivarlo, incrementarlo y dirigirlo hacia los demás. 
Mucha gente confunde compasión con el apego. Aquí tenemos que establecer primero una distinción entre dos clases de amor o compasión. La primera se halla matizada por el apego, se ama a otro esperando que el otro nos ame a su vez. Esta compasión es bastante parcial y sesgada, y una relación basada exclusivamente en ella es inestable. 


Una relación apoyada en la percepción e identificación de la persona como un amigo puede conducir a un cierto apego emocional y a una sensación de proximidad. Pero si se produce un cambio en la situación, un desacuerdo o algo que nos haga enojar, cambia la perspectiva y desaparece el como amigo.
El apego emocional se evapora entonces y, en lugar de amor y preocupación, quizá se experimente odio. Así pues, ese amor basado en el apego puede hallarse estrechamente vinculado al odio. La verdadera compasión es la que se halla libre del apego. No obedece a que tal o cual persona sea querida sino que deben ser reconocidos todos los seres humanos. Desear que todas sean felices y que superen el sufrimiento como me puede suceder a mí. Sobre esta base de reconocimiento de esta igualdad, se desarrolla un sentido de afinidad. Tomando eso como fundamento, se puede sentir compasión por el otro, al margen de considerarlo amigo o enemigo. Tal compasión se basa en los derechos fundamentales del otro y no en nuestra proyección mental. De este modo se genera amor y compasión, la verdadera compasión. Viendo la distinción entre estas dos clases de compasión, es necesario cultivar la verdadera que puede ser algo muy importante en nuestra vida cotidiana. En el matrimonio, por ejemplo, existe generalmente un componente de apego emocional. Pero si interviene también la verdadera compasión, basada en el respeto mutuo como seres humanos, esa unión tiende a durar mucho tiempo. En el caso del apego emocional sin compasión, en cambio ese vínculo es más inestable con tendencia al fracaso. 



Y siendo el amor y la compasión un sentimiento subjetivo, es necesario hacer diferencias. La verdadera compasión es fuerte, amplia y profunda. El amor y la compasión verdaderos son estables, más fiables. 

Por ejemplo, observa a un pez sufriendo intensamente, como se debate con el anzuelo en su boca y no puedes soportar el dolor. No se debe a ninguna conexión especial con el pez, en este caso la compasión surge simplemente del reconocimiento de que ese otro ser también tiene sentimientos, experimenta dolor y tiene derecho a no sufrir. Así pues, esa compasión, no mezclada con el deseo de apego, es mucho más sana y perdurable. Así pues, creo que cuanto más plenamente comprendemos el sufrimiento, tanto más profunda será nuestra capacidad de compasión. Y cuando se tiene mayor conciencia del sufrimiento del otro puede intensificar nuestra capacidad para la compasión. De hecho, la compasión supone, por definición, abrirse al sufrimiento del otro, compartirlo. Pero hay una cuestión básica: ¿por qué deseamos asumir el sufrimiento del otro cuando ni siquiera queremos soportar el propio? La mayoría de nosotros hace todo lo posible por evitar el dolor hasta el punto de tomar calmantes. Entonces, ¿por qué asumir deliberadamente el sufrimiento del otro? Al generar compasión, al asumir el sufrimiento del otro, también se puede experimentar inicialmente un cierto grado de incomodidad, una sensación de que aquello es insoportable. Pero, el sentimiento es diferente porque, por debajo de la incomodidad, hay un grado de alerta y determinación, ya que se asume voluntaria y deliberadamente el sufrimiento del otro con un propósito elevado. Aparece un sentimiento de conexión y compromiso, la voluntad de abrirse a los demás, una sensación de plenitud en lugar de desánimo. El ejemplo del atleta es determinante. Mientras se halla sometido a un entrenamiento riguroso, el atleta sufre mucho, trabaja, suda, se esfuerza. Puede ser una experiencia dolorosa y agotadora. Pero él no la ve como tal, sino que asume como una experiencia asociada con un sentido: el goce. Si esa persona, sin embargo, se viera sometida a cualquier otro trabajo físico que no formara parte de su entrenamiento pensaría: ¿por qué tengo que someterme a este suplicio?. Así pues, en la actitud mental radica la gran diferencia. Los beneficios de la compasión mejoran la salud física y la salud emocional. Induce a una sensación de felicidad y serenidad, ya que la vida altruista constituye un componente básico para la felicidad, por estar asociada a un incremento de energía y autoestima y una especie de euforia. También nos proporciona una interacción que es emocionalmente nutritiva e igualmente esa serenidad del que ayuda, vinculada con el alivio de perturbaciones, disminuye el estrés. 

Por tanto al generar compasión se empieza a reconocer que no se desea el sufrimiento y que se tiene derecho a alcanzar la felicidad. Eso es algo que puede verificarse con facilidad. Se reconoce luego que las demás personas, como uno mismo, no desean sufrir y tienen derecho a alcanzar la felicidad. Eso se convierte en la base para empezar a generar compasión.


La filosofía budista nos enseña como retornar al estado natural de la mente y recuperar así nuestro equilibrio.

sábado, 19 de abril de 2008

EL ZODIACO Y SU INFLUENCIA EN LA HUMANIDAD


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA M.·.M.·.
A pesar de la antigüedad de los ritos esotéricos, no es fácil determinar si éstos provienen del imperio caldeo-asirio, pueblo al que, basándose en antiguos monumentos descubiertos, se le asignan unos orígenes que pueden remontarse a cuarenta siglos antes de Cristo. Con respecto a los principios religiosos que formaban las creencias de la cultura caldea-asiria, hay que señalar que el fundamento principal de aquella religión era la astrología. Su doctrina se asentaba, fundamentalmente, en el movimiento de cinco planetas a los que llamaban intérpretes, entre los que el principal era Helios (el sol). Observaban la trayectoria de los astros en el firmamento, así como el color de los mismos, y de estas observaciones deducían todo tipo de fenómenos climatológicos: cambios atmosféricos, tormentas, temperaturas, lluvias, eclipses de luna y del sol, aparición de cometas, etc. Aquellos avanzados astrólogos situaban junto a los cinco planetas treinta astros, a los que daban el nombre de “dioses consejeros”. De ellos, quince habitaban sobre la tierra y los otros quince bajo la misma. Por este método podían diferenciar claramente, según ellos, los asuntos celestes de los humanos. Añadían a continuación, doce señores de los dioses, cada uno de los cuales estaba encargado de presidir un mes y un signo del zodíaco. Sostenían que la luna se encontraba más cerca de la tierra a consecuencia de su peso; y también que sus revoluciones se realizaban en menos que las del sol porque el círculo que describía era mucho menor. Fueron los sacerdotes caldeos los que crearon el Zodíaco e hicieron la división del cielo en doce partes iguales, a las que llamaron las “doce casas zodiacales”. Con el nombre de horóscopo fue designado el principio de la primera casa. 

Esta primera casa era la de la vida;
la segunda, la de las riquezas;
la tercera, la de los hermanos;
la cuarta, la de los parientes;
la quinta, la de los hijos;
la sexta, la de la salud;
la séptima, la del matrimonio;
la octava, la de la muerte;
la novena, la de la religión;
la décima, la de las dignidades; l
la undécima, la de la amistad; y,
la duodécima, la de las enemistades.

El Sol les era favorable y bienhechor, y significada reyes, príncipes, grandes jueces, etc. La Luna melancólica y húmeda. Imperaba sobre los comediantes, taberneros y todos aquellos trabajos se desarrollan de noche. Marte seco y ardiente y dominaba sobre los guerreros, cocineros, panaderos, fundidores, cerrajeros y demás oficios que se empleasen hierro y fuego. Saturno triste y frío. Reinaba sobre los viejos, los eclesiásticos, monjes, conventos y en general sobre todos los que se encuentran apartados de la sociedad, realizando una vida contemplativa. Júpiter templado y benigno y su imperio se extendía sobre sabios, grandes filósofos, los magistrados, etc. Mercurio era variable e inconstante. Influía sobre los astrólogos, geómetras, poetas, historiadores, físicos, inventores y, en general sobre quienes se dedicaban a las ciencias y las artes. Venus fecunda y bienhechora y tenía bajo su protección los amores, las bodas, músicos, joyeros, perfumistas, etc. Los signos dividían en: Positivos: Aries, Leo, Sagitario, Géminis, Libra y Acuario. Negativos: Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpión, Capricornio y Piscis. Cardinales: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. Fijos: Tauro, Leo, Escorpión y Acuario. Mutables: Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis. Fuego: Aries, Leo y Sagitario Tierra: Tauro, Virgo y Capricornio. Agua: Cáncer, Escorpión y Piscis. Aire: Géminis, Libra y Acuario. 

Todo lo anterior expuesto pertenece a la llamada Astrología Judiciaria, cuyo fundador se cree que fue Hermes Trimegistro, que también practicó otras ciencias ocultas que han recibido el nombre de “hermetismo”, derivado del famoso egipcio. 
 
Existe otro tipo de astrología que es la denominada Astrología Médica, y que trata del influjo de los astros en las distintas partes del cuerpo. Hipócrates mantuvo la teoría de que los astros influían directamente en el desarrollo y aparecimiento de las enfermedades. 

Galeno tenía una especial preocupación por la luna y opinaba que los días claves pertenecían a las diferentes fases del satélite de la tierra. También admite la intervención de los demás astros y se apoya en que si éstos carecen de influjo, y el sol fuente de luz, calor y vida, es el único que rige las cuatro estaciones del año, éstas deberían ser idénticas siempre, sin ofrecer ningún tipo de variación, ya que el curso del sol no varía; por tanto, es preciso hallar otra causa que explique esta falta de uniformidad climática. Para Paracelso, los astros llegan hasta nosotros viciando la atmósfera del éter que envuelve y protege a todos los seres. Los efectos de estas influencias cambian al tenor de la buena o mala disposición del ser sobre quien actúa, dependiendo asimismo de la naturaleza del astro. Hermes Trimegistro incidía sobre la acción de los planetas sobre los cinco orificios de la cabeza. Newton y Mead hacen alusión al influjo de la luna sobre las mareas, de donde se deduce que igualmente puede influir sobre el cuerpo y su sistema. Según los principios generales de la astrología: 

El Sol gobierna el corazón y la cabeza. Domina sobre la felicidad, la esperanza y las ganancias. La Luna gobierna el cerebro y brazo derecho. Tiene dominio sobre los sueños, las heridas y los robos. Júpiter rige el hígado y el vientre. Domina sobre el honor, las riquezas y los deseos. Venus protege los riñones y el brazo izquierdo. Reina en las amistades y los amores. Saturno gobierna sobre el bazo y el pie izquierdo. Marte rige las partes genitales y la hiel. Mercurio el pulmón y el pie derecho.
Los orificios de Hermes a que antes aludimos, se rigen mediante los siguientes influjos:
Júpiter y Saturno, las orejas Marte y Venus los agujeros de la nariz. El Sol y la Luna, los ojos. Mercurio, la boca Con respecto a las divisiones zodiacales, sus influencias sobre las partes del cuerpo son: 
Aries la cabeza. Tauro el cuello. Géminis brazos espalda. Cáncer sobre el pecho y el corazón. Leo el estómago. Virgo en el vientre. Libra riñones y las nalgas. Escorpión sobre los órganos genitales Sagitario sobre los muslos. Capricornio en las rodillas. Acuario sobre las piernas. Piscis sobre los pies. Este arte de leer los astros, pasó directamente de Egipto a Grecia, donde adquirió auge extraordinario y donde se le dio el nombre de ASTROLOGIA, que quiere decir :"ciencia de las estrellas". 
Homero habla a menudo de esta ciencia. Tales de Mileto, Pitágoras y Demócrito la difundieron por toda Grecia. A partir de Alejandro Magno, que en varias ocasiones acudió a los horóscopos cuyas predicciones se cumplieron, se fundieron las distintas ramas de las Astrología.
 
También en Roma tuvo la astrología muy favorable aceptación; confirma el hecho de que todos los patricios que poseían fortuna se costeaban los servicios de un astrólogo particular, al que le llamaban “el matemático”. Durante todos los tiempos, la astrología tuvo gran auge y en el siglo XVI siguiendo una vez más los caminos trazados por los antiguos egipcios y caldeos, sin prescindir de la cábala, la magia, la alquimia se prosiguió y se incrementó el conocimiento de la astrología y fue que uno de sus seguidores Pecho Pomponazzi, partidario de Aristóteles, quien escribió su Tratado sobre la Inmortalidad del alma, donde sostiene que la razón por sí sola está incapacitada para resolver esta cuestión, que sólo puede ser desvelada mediante revelación. Dicho tratado se quemó por orden de los inquisidores de Venecia, yendo además a engrosar el número de las obras prohibidas por mandato del Concilio de Trento. Siguiendo el curso de la historia tenemos a otro famoso astrólogo Miguel de Nostradamus. Era un maestro del don de la profecía; y cada una de las centurias en que el libro se encontraba dividido, fue considerada como un auténtico oráculo cuyo sentido oculto trataban de averiguar. Las predicciones de Nostradamus fueron materia de numerosas publicaciones y fueron reimpresas muchas veces. En castellano existen diversas traducciones bajo el título de "El Talismán de los sueños" y "Visiones Nocturnas". Se dice que Nostradamus que no actuaba como la mayoría de los astrólogos, sino que por su sabiduría y sus estudios de los egipcios y persas logró gran conocimiento sobre los mismos y era capaz de formular, no ya mediante horóscopos o evocaciones de espíritus, sino simplemente por ver a una persona. Y llegamos hasta nuestros días y tenemos al gran astrónomo Hawking con su Historia del Tiempo quien señala que sí la ciencia consigue encontrar una teoría completa del universo, “sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”. y continua diciendo en su teoría que en tanto el universo tuviera un principio, podríamos suponer que tuvo un creador. 


Pero si el universo es realmente auto contenido, si no tiene ninguna frontera o borde no tendría ni principio ni final simplemente sería. 
¿Qué lugar queda, entonces para un creador?

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