domingo, 1 de junio de 2008

BUSCANDO LA FELICIDAD

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA M.·.M.·.

Año 5.767
R.E.A.A.



Desde antes de ver la luz, el humano trae escrita en sus entrañas la historia de su vida, y si no la historia misma, al menos los rasgos generales. Efectivamente: marcadas y selladas, allá, en las últimas unidades vivientes llamadas genes, trae el humano escritas claves cifradas las tendencias fundamentales que conforman el entramado de una personalidad: inclinaciones hacia la sensibilidad, sensualidad, timidez, impaciencia, generosidad, nobleza, mezquindad. A esto le llamamos los códigos genéticos.


Esta estructura no cambia. Se muere como se nace. Podemos, eso sí, mejorar, como también empeorar, pero siempre a partir de la estructura básica. No hay que hacerse ilusiones: un tipo orgulloso, rencoroso, por ejemplo, nunca se transformará en un ser apacible, humilde corazón. 

Quienes nacieron encantadores, encantadores morirán. Estructuras personales fuertemente inclinadas a la melancolía, por ejemplo, o negativamente conformadas, no serán esencialmente alteradas, aunque sí podrán ser mejoradas. 

Pero esta mejoría lleva un ritmo lento y desigual. Y esta mejoría se puede observar, y observar aprendiendo a controlar los nervios, sufre menos que antes, se encuentra más relajado, eso es una señal que va bien, que avanza.

Los sufrimientos provenientes de un modo de ser nunca desaparecen totalmente; pero pueden suavizarse hasta tan punto que el sujeto se siente más aliviado, casi feliz. 

 
Por tanto siempre es válido hacer el esfuerzo y la lucha para canalizar las energías para una ordenada puesta en práctica de la liberación. Es necesario despertar una y otra vez y tomar conciencia de que la vida es corta y que esta vida no se repetirá, y que tampoco podemos regresar a la infancia para reiniciar esta aventura. Los años no perdonan. La mayor desdicha humana consiste en experimentar que la existencia se nos escurre entre las manos sin haber saboreado la miel de vivir. Vale la pena dedicar todos los esfuerzos a la tarea de las tareas, que es alejar de nuestras fronteras a los enemigos de nuestra vida el sufrimiento ya tristeza. Y para alcanzar la cima de esta cumbre siempre debe acompañarnos la paciencia. 


Nosotros seres de la sociedad de la tecnología nos hemos acostumbrado a solucionar nuestros problemas buscando y esperando la salvación, poco menos que mágicamente, de los consultorios y medicamentos. 
Eso es una vana ilusión y una peligrosa dependencia. Lo menos que puede suceder es que acabamos perdiendo la fe y al confianza en nosotros mismo, descuidando todo nuestro esfuerzo y abandonándole en un rincón a la paciencia y, sobre todo, olvidándonos el hecho de que llevamos en nuestras manos armas poderosas para salvarnos a si mismo, para ello hay que armarse de paciencia y ceñirse de coraje.
 

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