viernes, 5 de junio de 2009

LA ORDEN DE LOS BRAHAMANES


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Las dos grandes ramas del árbol religioso de la India que cobijo a gran parte del mundo desde miles de años son el Brahamanismo y el budismo. El primero se halla contenido en los libros sagrados, escritos entre 1500 al 400 antes de nuestra Era y son los cuatro vedas, los Brahamanas, los Sutras, los Puranas y dos epopeyas Ramayana y el Mahabharata.
Brahma no es el nombre del fundador del brahmanismo, sino el del supremo dios. Pertenece no a la serie de personajes históricos tales como Buda, Moisés, Confucio, sino a la de seres mitológicos que personifican conceptos religiosos como Ormuz, Júpiter, Johovah. Brahma es el Señor, existente por sí mismo que está fuera del alcance de los sentidos, comprensible sólo por el espíritu, sin partes visibles, fuente de todos los seres, ser indeterminado, principio neutro, eterno e inactivo, cuyo desarrollo es la fuente de creación y desenvolvimiento del mundo. Este ser invisible e incorpóreo se encarnó para poder anunciar su doctrina; a esta encarnación siguieron otras dos, en virtud de las cuales se produjeron Vichnú y Siva que, junto con Brahma, forman la trinidad india o la Trimurti. Brahma es el dios creador, Vichnú el dios conservador, Siva el dios destructor.
Según el Código de Manou, el ser soberano vino a ser mitad varón y mitad hembra, y de esta dualidad sexual nació Viradj; más tarde se entregó a una devoción austera y produjo a Manou, el creador del universo. Manou, deseando producir el género humano, después de haberse entregado a las más rudas austeridades. Produjo los santos eminentes (Macharchis) señores de las criaturas, que son en número de siete. Estos crearon a su vez otroAñadir imagens siete manous, los devas y otros maharchis, dotados de inmenso poder. Crearon después los yakchas, dioses de las riquezas; los pisatchas, especies de vampiros; los rakchasas, gigantes malhechores; los gandharvas o músicos celetes; las apsaras o ninfas celestes, bayadoras de la corte de Inda; los asuras o titanes; los nagas o dragones, las serpientes, los meteoros, los cuerpos celestes; los kimnaras o genios fantásticos a cavallo; después los animales de toda especie, los minerales y vegetales.
Según los Puranas, encima de la montaña de oro Kailasa, se halla el lotus, que lleva en su seno el triángulo, origen y fuente de todas las cosas. De este triángulo sale lingam, dios eterno que hace de él su eterna morada; este lingam, o árbol de vida, tiene tres cortezas: la primera y más exterior es Brathma, la del medio Vichnú, la tercera y más tierna Siva, y al ser desprendidas las tres entidades no quedó del triángulo más que el tronco desnudo, siempre al cuidado de Siva. Los tres dioses de la Trimurti india parecen pertenecer originalmente a tres distintas religiones que vinieron a confundirse y a pertenecer originariamente a tres distintas religiones que vinieron a confundirse y a unir sus cultos en uno solo. Por la unión de dos rivales Brahma se halla despojado, en el brahamanismo posterior, de una parte de sus atributos. Salió de las profundidades de su eternidad para crear el mundo; su primera emanación no es otra que su energía creadora, la madre y origen de las demás: llamase sacti, Parasacti y Maya, la primera mujer y juntamente la primera virgen, Sacti, como esposa de Brahma, tiene la primera mujer y justamente la primera virgen Sacti, como esposa de Brahma, tiene también por nombre Saraswati, la antigua diosa de los aryas, la Minerva pacífica, protectora de las bellas artes. Siva tiene por esposa a parvati, la diosa de la montaña, que recuerda a la orgullosa Juno. Esta diosa se manifiesta bajo diversos aspectos, siendo ya Dourga, la Minerva guerrera que socorre al justo que implora su auxilio; ya kali la taciturna Hécate, ya Bhavàni, la diosa de la fecundidad. Vichnú tiene, como Siva y como Brahma, una esposa que es su energía creadora, concebida como una divinidad distinta de él mismo; esLackmi o cri, la diosa de la abundancia y la dicha, que recuerda a ceres de los griegos; píntasela comúnmente como los más halagüeños atributos, acompañada de Kama, el amor, dios inmortal cuyas flechas están impregnadas de flores. Lo mismo que la Venus griega y la freya escandinava, Lackmi nació en el seno del mar.
En la adoración de la India, Vischnú sustituyó a Brahma. Este a semejanza de Jehová judío cumplida la obra, queda sepultado en el sueño del reposo, dejando a su hijo la tarea de conservador y salvador de la especie humana, y a él dirigen los mortales sus súplicas, sus honores y adoración. Se le representa recostado en una hoja de higuera de Indias, en actitud contemplativa, flotando en la superficie de las aguas en figura de un mancebo que se lleva el pie a la boca. Según la doctrina brahmánica, el mundo ha tenido épocas de destrucción y renovación, en las cuales fue necesaria la intervención de un dios para evitar la aniquilación del universo. Tal fue el objeto de las encarnaciones de Vichnú o avatars, que se cuentan en número de nueve, la octava de las cuales Cricha, divinidad muy celebrada en la mitología brahmánica, quedando por realizarse la décima, que no tendrá lugar hasta el final de la presente generación.
Ahora bien, la doctrina del brahamanismo se halla explicada en los libros llamados Brahmanas, los cuales enseñan la relación que existe entre las fórmulas védicas o mantras y las ceremonias de sacrificio, formando así verdaderos rituales, en los que no sólo las ceremonias se exponen detalladamente, sino que también se explican por medio de leyendas o símbolos. El sentimiento religioso expresado en los himnos védicos, faltas absolutamente en los brahmanes, existiendo en cambio, en las que el espíritu sacerdotal se divierte en el placer como culto a sus dioses.
Los brahmanes eran los miembros de la casta sacerdotal, los que enseñaban al pueblo y monopolizaban el poder espiritual. El famoso himno de Pourouchasoukta expresa el orgullo de la nueva casta; el poeta hacer salir a los brahmanes de Pouroucha, el hombre primordial. Pero para asegurarse la supremacía social y el monopolio de las funciones y ritos religiosos, los brahmanes tuvieron que sostener luchas muy cruentas.
RITOS
Los brahamanes celebran sus sesiones misteriosas y secretas en colosales templos, tales como los de Elefanta, Ellora y Salsette. Estos templos están excavados en la roca, y en ellos hay capillas, celdas para infinidad de sacerdotes que exige el culto, adornado bellamente con bajorrelieves, estatuas gigantes de divinidades, figuras de los animales sagrados. En el sacellum sólo accesible a los iniciados, vese a la suprema divinidad representada por el lingam, concepción materialista usual en casi todos los pueblos antiguos para significar el poder creador, y que revistió varias formas, tomando en la India la de flor de loto.
Los períodos de la iniciación de los neófitos se regulan por los crecientes y menguantes de la luna; los misterios se dividen en cuarto grados, pudiendo el neófito entrar en el primero a la temprana edad de ocho años. Le prepara el brahmán, que es como su padre espiritual, y el tránsito del primer grado al segundo consiste en continuos ayunos, oraciones y el estudio de la astronomía. En la estación de verano se le expone a cinco fuegos o sea cuatro hogueras a su alrededor y el sol que le calienta por encima; el tiempo de lluvia se le pone a la intemperie a la cabeza descubierta, y en invierno se le hacen vestir ropas mojadas. Para hacerse partícipe de los altos privilegios de la Orden, santifícasela sometiéndole a la prueba del pastos, la sepultura del sol y el de las tinieblas.
Una vez contemplada la purificación se le introduce al neófito en la caverna de iniciación; ésta se ilumina con chorros de deslumbrante claridad y en el centro se distingue a tres hierofantes sentados respectivamente en los lados Este, oeste y Sur, representado el primero al dios Brahma, pintado de encarnado en significación de la sustancia; el segundo, al dios Siva, pintado de blanco, como formando contraste con la negra noche de la eternidad; el tercero, el dios Vichnú, pintado de azul, como símbolo del espacio.
La fórmula de la iniciación empieza con una oración al sol, bajo el nombre de Poorosh, o sea el alma vital o porción del espíritu universal de Brahma. Tras algunas ceremonias preliminares obligan al candidato a dar tres vueltas a la caverna, y luego se lo llevan a 7 oscuras cuevas, donde tiene que pasar por varias pruebas para demostrar su decisión de pertenecer. Una vez que el neófito a enfrentando sus pruebas se presenta en la última cueva, unas puertas que se abren al sonido de un cuerno marino, y entonces el candidato es introducido a un templo espléndidamente iluminado, decorado con estatuas y figuras emblemáticas, adornado con piedras preciosas y perfumado con olores de incienso y bálsamos. Esta cueva representa la mansión del paraíso, y tal es el nombre que tenía en el Templo de Ellora.
En este estado supónese al candidato ya regenerado a vestirse con túnicas blancas y se le pone una tiara en la cabeza y se le arma con el sagrado cascabel, entregándole una piedra negra en garantía de protección de Vichnú y la piedra serpentaria como antídoto contra las mordeduras de las serpientes. Finalmente se le confía el sagrado nombre de Oum, significativo del fuego solar y comprensivo del concepto de la gran Trimurti, con el cual el iniciado queda completamente imbuido en el conocimiento de la esencia de la divinidad.

martes, 26 de mayo de 2009

LOS CAMINOS DE SERENIDAD HACIA LA LIBERTAD


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA M:. M:. 5769 R:.E:.A:.A:.

Para que un barco, amarrado en el puerto, pueda surcar los mares, es necesario soltar las amarras. Igual, el humano para sentirse libre y pleno de vida, necesitar renunciar, soltar los tentáculos apropiadores. Es decir luchar por tener un mundo justo por endé será más feliz, pero hay que luchar sin esclavitudes interiores poniendo pasión por la vida.
Desasirse equivale a tratarse a sí mismo y al mundo con una actitud apreciativa y reverente; no malgastar energías; avanzar hacia la seguridad interior y la ausencia de temor; caminar incesantemente de la servidumbre a la libertad. Y libertad significa dar curso libre a todos los impulsos creadores y benevolentes que yacen en el fondo de nosotros.
Son los renunciantes al apego y los desprendidos de sí mismos los que entran en contacto con la verdad. Y verdad es igual a libertad. Son ellos, los sabios, los despiertos, los que renuncian a las ficciones egolátricas, los que poseerán el reino de la serenidad.
Despertar es en alguna medida dejar de sufrir
Al quitarse el velo y soltar las amarras adhesivas, las facultades mentales comienzan a funcionar sin inquietud, apaciblemente. Al desprenderse no se altera la actividad del humano, pero si el tono interior, el clima general.
Cuando el hombre queda desposeído, una gran libertad se apodera al instante de todo su ser, sintoniza fácilmente con la realidad y la percibe en plenitud. No solo percibe objetivamente el mundo, sino que, al soltarse de sí mismo, entra en la gran corriente unitaria, en el reino del amor. Con otras palabras, al dejar de aferrarse a sí mismo, adquiere esa formidable facultad de receptividad o acogida.
Como el corazón vacío no abriga codicia alguna ni alienta interés sobre las criaturas, primeramente las contempla en su esencia, virginalidad: la rosa es fragante; NN, sencillo, inteligente; las nubes benéficas; la actuación de NN ha sido notable: las acciones de gobernantes favorecen a todos. En segundo lugar, una profunda corriente de unidad y amor se establece entre los seres y los renunciantes y desprendidos, porque ese vacío ofrece un amplio espacio de libertad, y un gran movimiento de retorno, porque allí son acogidas en una gozosa unidad, ya que allí hay amor y se abre delante de nuestros ojos el camino real de la liberación, de desprendimiento o libertad frente al mundo exterior. Como resultado, no se siente turbado por la percepción de las cosas o su recuerdo, ni amenazado por los sucesos presentes o pasados, y así el desposeído se instala definitivamente en la región de la serenidad.
Y con esa serenidad y bondad dentro si puede comprender que la vivir es sumergirse en la gran corriente de la vida, participando de alguna manera del pulso del mudo, mirar con toda veneración y ternura a todos nuestros semejantes. Sentir gratitud y reverencia a la naturaleza, al medio ambiente, al universo porque son parte de nuestras vidas, ya que convivimos con ellos. Cuando el corazón del humano se haya desprendido de sus lastres y pertenencias en demasía, haya renunciado a la codicia de poseer; en suma, cuando se haya purificado de todo aquello que envenena las fuentes de su existencia, aquel día haremos retornado a la primera aurora en que “todo es bueno”.
Si nuestro corazón es luz, todo se vestirá de luz. De las cumbres no bajan aguas turbias, sino transparentes; se vuelven turbias cuando van recogiendo en su trayecto basuras, impurezas, pero en general el rio como nuestro corazón tiene un instinto primario de agradar, de ser buenos, esa es su tendencia natural, la de la autenticidad. Vivir es un privilegio y la existencia una fiesta. Por tanto es bueno ser feliz, y si no eres feliz, búscalo, lo encontrarás, todo depende de ti.

jueves, 14 de mayo de 2009

LA FRATERNIDAD DE MITHRA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El culto de Mithra es desconocido y aun su relación con las creencias de Persia. Por un lado parece tener todos los caracteres del mito aryo, mientras por otro lado parece de origen semítico. Mithra como todas las divinidades antiguas, presenta fases opuestas y contradictorias. Así como en la religión védica, Mithra y Ahrimán aparecen como dos aspectos diferentes, aunque siempre asociados, de la luz solar divinizada, el primitivo Mithra parece que representó aquel planeta que es el lucero de la mañana y el primero de la tarde, he aquí el doble carácter que presenta como dos auroras, bajo dos aspectos el físico y el moral. 
Los romanos con su gran poder de asimilación, introdujo en sus ritos el culto de Mithra. Parece que conocieron este culto por medio de los piratas de Cilicia, capturados por Pompeyo hacia el año 70 antes de N. E. El culto de Mithra arraigó en tiempo del emperador Domiciano y fue establecido con regularidad por Trajano hacia el año 100 después de N.E., y por Cómodo hacia el 190. 
La fe en las divinidades en Grecia y Roma empezaba a desaparecer, y los espíritus abrazaban con entusiasmo un culto cuyo carácter misterioso hablaba más a la imaginación, dilataba el campo de las esperanzas y favorecía las aspiraciones a lo invisible que son los principales resortes del sentimiento religioso; sólo que, como sucede siempre con las religiones trasplantadas fuera de su propio suelo, el mistracismo se alteró. Mithra sacado fuera de la teogonía de que formaba parte integrante, fue tomando proporciones y formas de las divinidades helénicas y latinas, cuyo culto por otra parte iba en decandencia. Entonces los misterios de Mithra tuvieron un éxito prodigioso y llegaron a contar millares de adeptos- 
El politeísmo antiguo, viendo caer su prestigio, se refugia en el sagrado de las creencias orientales. Mithra llegó a ser adorado, no sólo en Persia, sino también en Armenia y Capadocia, en donde se dejaba sentir poderosamente la influencia romana. Llegó a ser tan popular que en el tiempo de Adriano, que un escritor griego, Palas, compuso sobre esto un tratado especial. Así, pues, sin perder del todo su carácter exótico, había Mithra tomado asiento en la teogonía grecolatina, o sea en la religión oficial del imperio, en los últimos siglos del paganismo. 
Su culto hería vivamente la imaginación del pueblo, era un objeto de horror para los cristianos, los cuales acusaban a los mithríacos de recurrir a los sacrificios humanos. Del emperador Juliano el Apóstata se sabe que los quiso apoyar y ello le valió la acusación de haber inmolado víctimas humanas y la fama de sanguinario. Por lo demás, no parece cierto que el sacrificio humano fuese práctica habitual en el culto mithríaco, y si hubo algo de esto, fueron más bien intemperancias del emperador Cómodo, en su devoción exagerada a Mithra. 
ORIGEN
 
Los historiadores coinciden en afirmar la creencia de que nació de una roca, es decir que había visto la luz en la hendidura de un peñasco o gruta. Esta leyenda concuerda con una cantidad de símbolos, conocidos no solamente por los persas, sino también por los primeros cristianos. Por la misma razón, los misterios de Mithra, en memoria de su nacimiento místico, celebrabas en oriente, en grutas naturales o artificiales, mientras que el Occidente sus santuarios estaban instalados en subterráneos: una sala precedida de un pórtico, daba acceso a una escalera que conducía a una cripta dividida en tres partes: la primera, la Cella (dependencia o cárcel); segunda, podía (galerías para los asistentes a la ceremonia); tercera, el adyton (santuario) algo más elevado, en cuya pared delantera se veía una representación del sacrificio del toro y en el fondo había dos altares, ante la imagen de Mithra, un pequeño foso para la sangre de las victimas y unos recipientes para el agua lustral. 
La iglesia mithríaca tenía sus sacerdotes, sus obispos (antistites) y un sumo pontífice, y un cierto número de sus fieles hacían votos de castidad. Exteriormente había comunidades organizadas (sodalitia), con sus dignatarios, era una organización parecida a la iglesia cristiana, profesando una especie de monoteísmo sincrético como aquella; lo cual no es de extrañar, pues era la obra de una misma raza, de unos mismos hombres, de unas mismas ideas e iguales necesidades. Esta analogía afectaba no solamente a la organización sino también al dogma en su aspecto exterior; Mithra tenía muchos puntos de contacto con el logos (verbo encarnado), había una adoración de los pastores, una cena, una ascensión (Mithra sobre el carro del sol), y su sacrificio creador y redentor. 
CEREMONIAS
 
Como en todas las Fraternidades, en el mithracismo había sus ceremonias para el acto de iniciación a los neófitos y la iniciación seguía varios grados. 
En el primer grado consistía en lustraciones purificantes a que se sometía al neófito en cuya frente se hacía una señal, mientras él ofrecía al dios una torta y una copa de agua. Luego le presentaban una corona en la punta de la espada y él se ponía en la cabeza diciendo: Mithra es mi corona. 
En el segundo grado, el aspirante se vestía una coraza, y armado arremetía contra los monstruos y gigantes, organizándose una especie de salvaje cacería en las cuevas subterráneas. Los sacerdotes y ministros del templo, disfrazados de leones, tigres, leopardos, osos, lobos y otros animales atacaban al aspirante Allí el candidato demostraba su fortaleza para vencer y no ser vencido por el miedo, así salía avante y demostrada su compromiso de ser miembro de la Orden. 
En el último grado el aspirante se vestía con un manto, en el cual se veían pintados los signos zodiacales. Atravesaba el templo entre gritos y figuras de monstruos que le atacaba en su viaje. Después de sufrir estas pruebas, si no perdía el valor era saludado como “León de Mithra”, aludiendo al signo zodiacal del león, en el cual el sol llega a su más alto grado de fuerza y calor, fecundando la tierra con sus ardorosos y benéficos rayos. La imaginación oriental cultivaba los dos atributos del poder y de la fuerza, las dos manifestaciones más s grandiosas que de estas facultades se conocen, o sea el león y el sol, rey de los animales, el soberano del desierto, el símbolo de la fuerza y del despotismo por un lado, y por otro, el rey de los astros, el soberano y la fuente de la luz, el regenerador y vivificador del mundo sensible, el que prodiga la vida y la fuerza a todos los seres animados e inanimados que viven y se reproducen con su calor.
Puesto ya en este estado, se comunicaba al neófito el gran secreto de la Fraternidad. Se ignora cuál fuese éste. Pero es de presumir que los sacerdotes le hacían sabedor de las más auténticas tradiciones de las más acreditadas teorías acerca del origen del universo y los atributos, perfecciones y prodigios de Ormuz. 
LEYENDA
 
La leyenda de Mithra, además de los libros de Zend-Avesta y de los autores antiguos que de ella hablan Herodoto, Plutarco, Dionisio Areopagita, Paulino de Nola y otros se pueden sacar varias interpretaciones como también de los monumentos que subsisten hasta hoy y describen a Mithra inmolando al toro a la entrada de la gruta sagrada. El dios acompañado de dos dadóforos, con una rodilla sobre el toro, le hunde el cuchillo hasta la garganta y vuelve los ojos hacia el cuervo mensajero del sol. En la tradición persa, el toro es la primera criatura de Ahura Mazda, su sacrificio es el origen de la creación; de algunas partes de su cuerpo nacen las plantas; sus semillas purificadas por la luna, da vida a los animales.
Mithra es un dios creador, y será el redentor al fin de los tiempos después del sacrificio de otro toro y resucitarán los muertos puesto que él pasó a otro mundo. Otros dioses subalternos hay en el cielo mithriaco: un dios con cabeza de león, que representa el fuego con cuatro alas, símbolo del viento, a cuyo cuerpo se enrosca una serpiente símbolo de la tierra. El 25 de diciembre coincidiendo con el solsticio de invierno, se conmemoraba el nacimiento de Mitra. También eran sagrados los días 16 de cada mes. Los adeptos de Mitra santificaban también el domingo, día del Sol. 

jueves, 7 de mayo de 2009

DE DONDE VENIMOS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Como una teorización del insondable origen o inicio del humano, sus ancestros homínidos o divinos el planeta que habitamos y el universo en general son tal solo teorizaciones o hipótesis sujetas a estudios e investigaciones que tal tengan o no respuesta en algún estadio.
En función de lo manifestado por la misma teorización diré que la concepción del universo es la comprensión del conjunto de la esencia, origen, valor, sentido y finalidad del mundo y de la vida humana. Esta concepción del universo u origen se entiende como la reunión y elaboración conceptual de los resultados de las ciencias naturales en una visión científica (o también filosófica-natural) de conjunto. Así supuesta; esta queda en el plano teórico, sin plantear cuestiones últimas por lo que en contraposición diremos que la concepción del universo es una superación esencial de los límites de las ciencias particulares, una toma valorativa de posición frente a la totalidad de aquel, e incluye, por lo mismo, una respuesta a las cuestiones supremas acerca del origen, sentido y finalidad del mundo. Así manifestado se puede hacer una apreciación tangible, sin embargo, debido a las cuestiones de origen y del sentido, el alcance de dicha concepción se extiende hasta el ser supremo absoluto, puesto que solo desde Él puede explicarse el mundo entendiendo como conjunto.
De conformidad con la fuente del conocimiento, hay que distinguir una concepción del universo filosófica, puramente natural, y otra cimentada en la revelación sobrenatural; según el contenido, la concepción del universo será teísta, panteísta o atea. La posibilidad de una concepción atea (materialista) o panteísta (biologista o idealista) del universo, muestra ya que la concepción del universo y la religión no son la misma cosa, así es absolutamente imposible la fijación de los límites intentada de vez en cuando, según la cual corresponde a una concepción del universo que prescinde de toda religión, el juzgar en última instancia todas las cosas terrenas, mientras a la religión le reserva sólo el más allá.
Hablando en el campo panteísta y en las corrientes del pensamiento humano vemos explicaciones de “dónde venimos” de las más diversas y ricamente fundamentadas, así por ejemplo el panteísmo se opuso racionalmente a las crudezas y supersticiones del politeísmo, como también a las tendencias antropomórficas del monoteísmo como se puede ver en el pensamiento religioso hindú, esta corriente se manifiesta por medio de los Upanishands y los brahamanes, así como por el Libro de los vedas, ordenado ocho siglos antes del Cristo por Sankara, el cual afirma la identidad del alma individual como una original y de generación espontánea, separadamente del alma universal ya que se manifestaba que el mundo exterior no más que una ilusión.
El taoísmo chino, que es monoteísta tiende al panteísmo; y el neo-confusionismo, mezcla máximas de Mao y Confucio, por los cuales se explica el mismo origen divino. En Egipto se acercaron al panteísmo por medio del sincretismo, que identificaba a todos los dioses como Ra, Isis y Osiris en uno solo, mientras que en Babilonia se decía que los dioses eran simplemente distintas imágenes de Marduck, creencia ésta que fue inicio, ejemplo y modelo para toda una creencia panteísta solar, que también en toda América India se dio, como creencia de que el origen de todo era el sol, el dios y el origen del hombre y el mundo estuvo supeditado a estos.
Con una visión más actual el origen del universo sigue en suposiciones e hipótesis desde filosóficas, materialistas hasta cuánticas que siguen sin ser completamente comprobables o comprobadas. La respuesta de “donde venimos” como hombres; está en desvelamiento actual y constante con la afirmación de la evolución de las especies originada en la teoría darwinista de conocimiento general y que hasta la actualidad sigue construyéndose como la más acertada con la ayuda supletoria de la arqueología y paleontología.
El hombre como tal, científicamente denominada homo sapiens, el animal social por antonomasia y naturaleza, inteligencia, con razón, cognición, voluntad y conciencia; tiene en su estado de permanencia como tal en la tierra el denominador común de agruparse, evolutivo renovador y creativo en doctrinas, creencias, tendencias, fuerzas, aficiones, convicciones, luchas y escuelas que como la Masonería han dado origen a profundas filosofías de estudio y vida. En este sentido la Masonería especulativa moderna y legalmente conformada como tal tiene una fecha de iniciación, perfectamente establecida y bastante reciente en la historia humana es la del 24 de junio de 1717, cuando se constituyó la Gran Logia de Inglaterra, matriz y prolífica difusora de la Institución por la faz de la tierra.
Pero la interrogante de saber de dónde venimos, sigue dilatándose en el tiempo y en el olvido. El nacimiento del universo y por ende de la tierra en que vivimos puede algún día ser calculado. En algún momento, tal vez comprobado. Quizá algún día desaparezcamos y volvamos a originarnos como materia en otras formas y energías, seremos entonces posiblemente una respuesta para saber de dónde vendrá lo que surja de nosotros, o seremos un círculo vicioso de la razón u de otras hipótesis, sujetas a estudio y comprobación, o más simplemente sin elucubrar las arcanos más insondables del tiempo, la fe, los orígenes y la vida, argumentaremos de forma más sincera y práctica nuestra evolución consciente como personas y parte de un entorno social.
Así, el nacimiento y origen del hombre se da en las palabras de Gabriel García Márquez: el hombre no nace cuando le pare su madre, sino durante la vida, a cada momento y en cada dificultad.

martes, 28 de abril de 2009

-EL CENTRO DE LA FELICIDAD

VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
El Buda fue un verdadero personaje histórico. Aunque se encuentra entre los líderes de las más grandes religiones del mundo, nunca declaró que fuera, en modo alguno, divino o sobrenatural. El budismo enseña que el Buda nació como hombre, no como dios. Alcanzó la iluminación debido a las investigaciones que realizó sobre la naturaleza de la realidad del yo y del mundo. Esta iluminación no le llegó a través de intervención externa o de fuerzas místicas o sobrenaturales. El camino de Buda es un camino de racionalidad; es el campo de la realidad útil, es el camino del examen crítico y de la investigación permanente en la naturaleza de la vida. El Buda mismo enseñó que la fe ciega y la devoción aislada solas no conducen a la libertad ni a la iluminación, aunque sean útiles en una determinada etapa.
El budismo es una tradición espiritual que se originó con la experiencia de un hombre que despertó a su verdadero yo. Su conciencia expandida le permitió ver la vida desde una perspectiva iluminada. El budismo derivó del hinduismo y se desarrolló en una dirección distinta. Los budistas creen que todos podemos alcanzar el despertar y que una de las herramientas que nos ayudan a lograr es la meditación.
La historia de Buda nos permite conocer las principales ideas que comparten todas las ramas del budismo. Los seguidores de Buda se toman la historia de Buda como una inspiración para seguir el camino que les lleva a la paz interior.
PRINCIPIOS ESENCIALES
El budismo no cree en una deidad exterior. Al descubrir nuestra naturaleza búdica podemos despertar al nirvana, que es un estado de iluminación. Este estado nos permite acceder a las cualidades que suelen relacionarse con la bondad, serenidad, omnisciencia.
El Buda enseñó que debíamos depender de nuestra propia naturaleza para afrontar la vida: “Sed vuestras propias lámparas”. En lugar de depender de un maestro o un ente superior invisible, aconseja encontrar el sereno centro que hay en nuestro interior a través de las enseñanzas. 

La conducta ética es considerada el camino que conduce a la iluminación y se reúnen en las Cuatro Nobles verdades y en el óctuple Sendero:
LAS CUATRO NOBLES VERDADES:
Primera Noble Verdad: la vida es difícil. La característica básica de la existencia humana es el sufrimiento.
Segunda Noble verdad: La causa del sufrimiento es el apego, porque deseamos satisfacciones en formas que son inherentemente insatisfactorias.
Tercera Noble Verdad: Es posible poner fin al sufrimiento
Cuarta Noble Verdad: La forma de poner fin al sufrimiento y realizar la liberación e iluminación es llevando una compasiva vida de virtud, sabiduría y meditación. Es seguir el Óctuple Sendero de la iluminación. 

OCTUPLE SENDERO DE LA ILUMINACION O CAMINO DEL MEDIO 
También es conocido como el Sendero del medio. Para comprender mejor el significado que encierra vamos a remontarnos a la vida de Buda cuando experimentó inicialmente la vida como una serie de extremos: actitudes extremas hacia el dinero, el placer, los títulos, necesidades y deseos emocionales extremos; y condiciones físicas y espirituales extremas. A pensar de su entorno lujoso, Buda se hallaba insatisfecho, aburrido y deprimido por vivir en su palacio. 
Cuando Buda deja su palacio por primera vez y adoptó el manto amarillo lleno de remiendos de los mendigos, se convirtió en un hombre santo ascético y errante, resuelto a alcanzar la iluminación para el beneficio del mundo tan pronto como fuese posible. Durante seis años llevó una vida bajo una rigurosa austeridad. Mientras estaba mendigando día y noche, se dice que durante semanas comió únicamente un solo grano de arroz cada día, llegando a quedar famélico y demacrado. No obstante y, a pesar de sus esfuerzos, sintió que la meta de la iluminación estaba eludiendo. 
Lo que Buda comprendió finalmente, tras de hallarse al borde de la muerte por inanición, es que el ser humano que está buscando la verdad tiene que alejarse primero de los extremos, ya sea de la pasión indulgente como de la mortificación autoinflingida, con el fin de encontrar el camino que significa la moderación del camino del medio. 
La lección es que la felicidad o el nirvana no pueden encontrarse en una vida que se dedique principalmente a cuidar de la gratificación sensual (más dinero, sexo, disfrute, posición social, orgullo, codicia o cualquier otra variante materialista). Pero, bastante sorprendente, el Buda nos enseñó también que una vida dedicada a la autonegación, a la autodeprecación, la autocensura y la culpabilidad, es igualmente tonta y mal dirigida. El apego sigue siendo apego, aunque tome la forma inversa de autonegación y autoaborrecimiento. 

Por tanto el camino del medio es el camino del equilibrio, de la cordura, de la fuerza interna, de la pureza y de la restricción, de la firmeza y de la moderación. El camino del medio encamina al buscador en dirección a una vida impecable e integrada. Permanecer en la totalidad, así como convertirse en la totalidad, requiere un completo giro hacia dentro, un círculo completo, en lugar de una simple carrera lineal hacia la gracia, basada en la ostensión de un logro. 

Con estos ocho pasos cada uno de nosotros podemos ser capaces de desarrollar cualidades de corazón, en igual medida que cualidades de la cabeza: compasión con sabiduría; amor con verdad. Necesitamos despertar la mente, así como abrir el corazón para permitir que la realidad penetre, para hacer que otros entren, para realizar por nosotros mismos la gran perfección natural que merecemos como derecho de nacimiento.

 Paso 1º La Recta Visión: relacionada con la naturaleza de la realidad.
Paso 2º El recta Intención: libre de deseos sensuales, la malevolencia y la crueldad. 
 Paso 3º La Recta Palabra: que significa abstenerse de hablar con crueldad, falsedad y banalidad.
Paso 4º La Recta Acción: que consiste en no matar, robar, consumir sustancias intoxicantes ni jugar a juegos de azar.
Paso 5º El Recto Vivir: es decir, ganarse la vida de manera ética, sin dañar a un ser vivo ni estafar a los demás.
Paso 6º El Recto Esfuerzo: que consiste en cultivar unos estados saludables y en purificar la mente
Paso 7º La Recta atención o la práctica meditativa: o sea ser consciente de uno mismo y ver las cosas tal como son.
Paso 8º La Recta concentración: que aspira a alcanzar una concentración unidireccional, un estado donde las facultades mentales se dirigen hacia un determinado objeto. 
LA MEDITACION EL CAMINO DE LA ILUMINACION:
 
Las enseñanzas de sabiduría del budismo nos aconsejan cultivar una práctica meditativa para llevar una vida sana y provechosa. La meditación es una actividad que nos hace mirar en nuestro interior para practicar el arte de aquietar el pensamiento. La meditación nos ayuda a activar la quietud interior, para dejar de apegarnos a los miles de pensamientos que estamos teniendo sin cesar y que nos distraen del momento presente. La mente está constantemente pensando, comparando, juzgando, recordando el pasado y planificando el futuro. Con la meditación nos ayuda a aquietar estos pensamientos y a ser más conscientes del momento presente, el único que nos permite acceder a la realidad: a lo que está ocurriendo en este instante. Aprender a aquietar la mente crea una profunda paz interior. Dalai Lama nos recuerda: “Una de las cosas que nos enseña la meditación, cuando descendemos lentamente a nuestro interior, es que la sensación de paz ya existe en nosotros: todos tenemos el profundo deseo de experimentar, aunque a menudo esté oculta, disfrazada o no se deje ver”. 
Tchich Nhat Hanh, un monje budista zen vietnamita nos recuerda que podemos volver al hogar del momento presente y encontrar en él la paz. Nuestro verdadero hogar es el momento presente. Vivir el momento presente es un milagro. El milagro no consiste en andar sobre las aguas, sino en andar sobre la verde tierra en el momento presente, apreciando la paz y la belleza de cuanto está a nuestro alcance. La paz se halla a nuestro alrededor, en el mundo, en la naturaleza, así como en nuestro interior, en el cuerpo y el espíritu. Al aprender a sentir esta paz, nos curaremos y transformaremos. No se trata de un problema de fe, sino de práctica diaria. A medida que practicamos la meditación, vamos quitándonos las capas de la personalidad. Quitando y quitando más capas para llegar al centro; quitando y desenmascarando, capa tras capa, de las muchas caras que presentamos ante los demás y ante nosotros mismos. No somos nuestros pensamientos, pero entonces que somos? ¿Quién es la persona que intenta meditar? Es una cuestión de identidad. 

La mayoría de las personas que meditan comparten una misma aspiración, experimentar directamente las cosas tal como son, en el momento presente. Ahora es el único lugar en el que podemos estar. Tanto los recuerdos como los proyectos futuros tienen lugar en el ahora. En la meditación, regresamos una y otra vez a este exquisito presente, despertando a la verdad de quién y qué somos. Respiramos; practicamos la atención y seguimos quitando capa tras capa, yendo cada vez más profundamente, viendo a través de nuestros estados mentales, soltando continuamente, desenmascarando y desenmascarando, liberándonos insistentemente hasta llegar a nuestro estado natural, al ser genuinos, originales e improcesados. Esa es la naturaleza verdadera, al tener la mente natural. Estar justamente –ser- en medio de todos los hechos, logros y devenires. Ese es el estado natural de la mente, nuestro estado de ser, original y fundamental. Es la naturaleza inalterada y así es como encontramos nuestro equilibro.
Dominar esta práctica nos permite realizar cualquier actividad con todos los sentidos. Si el cuerpo está en quietud y la mente no porque está pensando en el futuro, en las tareas que nos espera, no hay resultado positivo. El cuerpo debe estar unido a la mente, allí estamos armónicos, caso contrario emitimos un sonido de una campaña agrietada. 
Cuantas veces al manejar nuestro vehículo nos pasamos un semáforo en rojo, nos salimos de la carretera, o en el trabajo nos equivocamos continuamente. Esto sucede porque mentalmente no estamos presentes, nuestra mente está en otra parte. Hacer las cosas con plena atención es una especie de meditación, lo cual se consigue a base de práctica, al igual de lo que ocurre con cualquier habilidad que deseamos desarrollar. 
Hay dos formas más comunes de meditación, la una es sentado y otra andando. 
Para la primera es disponer de un lugar tranquilo donde puedas sentarte a meditar sin que te molesten. Tienes que buscar un sitio donde sentarse cómodamente con las piernas cruzadas, sobre una silla o arrodillado. Mantén la cabeza derecha, pero sin tensarla. Puedes meditar con los ojos cerrados y la atención dirigida al interior o con los ojos abiertos, con la mirada fija en las manos o en un punto en el suelo. Mantener los ojos abiertos te ayuda a no dormirte. 
Hay varias opciones para practicar la meditación. La básica para los principiantes es seguir la respiración. Puedes inhalar contando hasta cuatro: uno, dos, tres, cuatro. Si pierdes la cuenta vuelve simplemente a empezar desde uno. Respira de forma lenta y regular. No fuerces la respiración ni intentes controlar, deja que adquiera un ritmo natural, como el flujo y reflujo del mar. 

Otra forma de concentrarte en la respiración es observar el aire mientras entra y sale de tu cuerpo. Sé lo más conscientes posible del proceso respiratorio de cómo el diafragma sube y baja del aire fresco penetrando por las fosas nasales y del aire cálido saliendo por ellas. 
Cualquier técnica que utilices y ya con práctica te maravillaras del misterio que vas descubriendo y la mente va acostumbrándose a la quietud y te irás sumergiéndote en una más profunda aún. Aquí solo no te concentras en nada, simplemente practicas la quietud mental. Dejas que la mente sea un simple observador que lo refleja todo como si fuera un espejo. Observas los pensamientos, las sensaciones, los sonidos, el dolor físico y los olores que experimentas sin apegarte a ellos. Y luego los dejas ir como si fueran nubes deslizándose por el cielo en un día de verano. Una de las formas en las que la mente intentará distraerte de la disciplina de la meditación es apegándose el hechizo de las construcciones mentales. 
No esperes tener una experiencia iluminativa. Si te vienen grandes ideas, anota, pero dale prioridad a tu meditación y notarás que cada vez se irá apegando menos los pensamientos, los resultados y sensaciones. Aprenderás a vivir con más plenitud a cada instante y a pegarte menos a los fenómenos de tu vida que surgen y desaparecen. 
La meditación andando 
Practicar la meditación andando es una disciplina budista habitual, aunque es diferente a dar un paseo o caminar para hacer aeróbico. Cuando meditamos andando, no lo hacemos con la intención de relajarnos, o de hacer trabajar al corazón para que lata a determinado ritmo, sino para concentrarnos plenamente en el momento presente y estar presente con todo nuestro cuerpo mientras caminamos, lo cual puede hacer que andemos mucho más despacio que lo habitual. 
Al igual de lo que ocurre al meditar sentados, al caminar sabiendo que estamos caminando somos conscientes de nosotros mismos en el momento presente. Advertimos como el talón entra en contacto con el suelo y cómo doblamos la planta del pie apoyándonos en la parte delantera con los dedos presionados contra el suelo para avanzar. Al dar el siguiente paso, observamos la respiración, los pensamientos que surge de nuestra mente: los árboles, flores, el paisaje… todo aquello que no advertimos cuando estamos pensando en lo pasado o en el futuro, en lugar de vivir el momento presente. 
Al empezar a practicar la meditación nos toparemos con obstáculos, encontraremos soluciones para superarlos, aprenderemos más cosas sobre nuestros pensamientos y sensaciones, seremos más conscientes de las maravillas del momento presente, accederemos a la paz que hay en nuestro interior y conoceremos el mundo sagrado. Existen estudios documentados que relacionan la meditación con la disminución del estrés y con una mayor salud y paz interior. Lo importante es meditar con suavidad pero con firmeza para volver al momento presente donde se encuentra la paz.

miércoles, 15 de abril de 2009

LA FRATERNIDAD DE LOS MAGOS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M:.M:.


“Darío, rey de los reyes, soberano de los países donde se hablan todos los idiomas, hijo de Histaspe, Aqueménida, construyó esta casa”. Esta es la inscripción que aun se lee en la puerta que da acceso a las ruinas de Persépolis, el palacio de los sasánidas, la ruina más venerable que nos ha legado la antigüedad. En efecto, Persia, es pueblo de los iranios, donde florecieron los Cambises y los Ciros, había de dejar huellas de su grandeza, superior a la de Egipto y a la de toda aquella serie de civilizaciones que tuvieron su cuna y su esfera en el Oriente. Persia, pues, es la verdadera maestra y guía de la humanidad en el terreno de las tradiciones y de las concepciones religiosas. 

La fraternidad más antigua de este pueblo, es la de los Magos. Se daba este nombre a los sacerdotes, los cuales formaban no solamente una secta o religión, sino también una especie de entidad gubernativa, aludiendo a la soberanía de la ciencia, la cual, daba cabida al hombre culto entre la verdadera aristocracia. Su reinado, según algunos autores es anterior a las dinastías de Asiria Media. Aristóteles afirma que fue anterior a la fundación del imperio de Egipto.


Su fundador, Zoroastro, fue gran filósofo, cuyas doctrinas demuestran que fue un reformador religioso de Irán, que vivió hacia el año 2000 o 2200 antes de Jesucristo, hijo de una familia sacerdotal que ejercía al mismo tiempo las funciones de la judicatura. Su patria fue Bactriana, y allí fue donde se declaró enemigo de los falsos dioses y resolvió reformar la religión irania. De ésta conservó los genios o espíritus buenos y procuró espiritualizar y transformar todos los antiguos dioses en malos espíritus. Sus enseñanzas son el resultado de un profundo estudio y meditación. 
Según Zoroastro, todo cuanto se ofrece a la observación del hombre debe referirse a dos fuerzas originarias que en calidad de no producidas se oponen a todo lo demás producido, pero que, desde el punto de vista de la actividad, son diametralmente opuestas la una a la otra: son el ser y el no ser, el principio y el fin. El ser es la vida (ahu), la realidad, la verdad (asha) y el bien; el no ser es la muerte, la falsedad (drukhs) y el mal. El principio del bien es Ormuz, mientras que el principio del mal es Ahrimán. Siendo estos los personales más importantes del zoroastrismo, religión que tiene también los nombres de parsismo y magismo. 
Para los seguidores de Zoroastro, la creación del mundo debió empezar por medio de la emanación: la primera emanación de lo Eterno fue la luz, de donde salió el rey de la luz, Ormuz; por medio de la palabra Ormuz crió el puro mundo, del cual es conservador y juez. Ormuz es un ser sagrado y celestial, el conocimiento y la inteligencia personificados. Ormuz, el primogénito del tiempo sin límites, empezó criando a su imagen y semejanza seis genios o espíritus llamados amshaspands, que rodean su trono y son sus mensajeros para los espíritus interiores y los hombres, siendo para los mismos los modelos y ejemplares de pureza y perfección. La segunda serie de las creaciones de Ormuz fue la de los veintidós izads, espíritus que velan por la inocencia, la felicidad y conservación del mundo son modelos de virtud y los intérpretes de las plegarias de los hombres. La tercera hueste de puros espíritus es más numerosa y formada por los farohars, los pensamientos de Ormuz, o las ideas concebidas por él antes de proceder a la creación de las cosas. No, solamente los farohars de los hombres santos y de los infantes inocentes están delante de Ormuz, sino que éste tienen también su farohar, o sea la personificación de su sabiduría y de su idea bienhechora, su razón y su verbo. La triple creación de los espíritus buenos fue consecuencia necesaria del simultáneo desarrollo del principio del mal. El hijo segundo del Eterno, Ahrimán, emanó como Ormuz a la luz primitiva y fue puro como él, pero por su ambición y soberbia concibió la pasión de la envidia y, para castigarle, el Ser Supremo le condenó a vivir durante doce mil años en la región de las tinieblas, el tiempo suficiente para que se libre la batalla y se adjudique el triunfo entre el bien y el mal; pero Ahrimán creó a su vez un sinnúmero de espíritus malos, los cuales llenan la tierra de miseria, malestar y el pecado. Los malos espíritus son la impureza, la violencia, la codicia y la crueldad; los demonios del frio, del hambre, de la pobreza, de la esterilidad e ignorancia y el más perezoso de todos Petash, el demonio de la calumnia. 
Ormuz después de un reinado de tres mil años, creo el mundo material o físico en seis períodos de tiempo, dando seis existencia primero a la luz terrenal, al agua, a la tierra, a las plantas, a los animales y al hombre. Ahrimán asistió a la creación de la tierra y el agua, porque las tinieblas tenían estos elementos invadidos; tomó también parte activa en la creación y subsiguiente corrupción y destrucción del hombre, al que Ormuz creara por un simple acto de voluntad y por su palabra. Además, de la semilla de este ser, Ormuz sacó también a la luz de la existencia la primera pareja humana, Meshia y Meshiana, pero Ahrimán sedujo a la mujer y después al varón, llevándolos al mal, sobre todo haciéndoles comer de ciertos frutos, con lo cual no sólo pervirtió la naturaleza del hombre, sino también la de los animales como los insectos, la serpiente, los lobos, etc., los cuales de innocuos que eran, se volvieron nocivos, propagando así la corrupción por toda la superficie de la tierra. En castigo de su iniquidad, Ahrimán y sus perversos espíritus fueron vencidos y arrojados de todas partes, en la cual no tienen nada que temer los hombres justos y prudentes porque, según dice Zoroastro, el trabajo es el exterminador del mal, y el hombre bueno obedece siempre al justo juez, el cual cultiva asiduamente la tierra y le hace producir buenas cosechas y árboles frutales en abundancia. Transcurridos los doce mil años , cuando ya la tierra se vea libre de los males espíritus saldrán tres profetas que estarán al lado de los hombres ayudándoles con su poder y su ciencia, devolviendo a la tierra su primitiva belleza, juzgando el bien y el mal y dando a cada uno su merecido: los espíritus buenos volarán a la región de los bienes ternos e inmutables, mientras que Ahrimán con todos sus demonios y los hombres que le hayan seguido serán echados a un mar de metal derretido y en estado de putrefacción y la ley de Ormuz reinará por doquiera.
Zoroastro enseña que la luz fue la primera emanación de la vida o Ser Eterno, por lo cual en los escritos de Parsi, la luz, la perenne llama, es el símbolo de la divinidad o vida increada; de aquí que los magos parsis se les llamará adoradores del fuego. A esta ciencia del fuego, que era el gran arcano de los magos, se refieren casi todos los símbolos asirios; en todas partes se encuentra al encantador que hiere al león y juega con las serpientes: el león es el fuego celeste, las serpientes son las corrientes eléctricas y magnéticas de la tierra. Patricius, en su magie philosophique publicó recogiéndolos de los libros de los platónicos y de otros, los oráculos de Zoroastro que son la fórmula característica del dogma del fuego. En todos ellos se ve la gran fuerza espiritual que se atribuye al fuego o a la luz e identificada con la fuerza de la voluntad humana. 
En el fuego tenía su fundamento la iniciación mágica. El adepto habiendo puesto su voluntad en comunicación con este elemento, sabía dirigirlo y manejarlo, con la misma destreza que el guerrero con su arma. 
Aquella fuerza está representada por el león celeste. Esto es lo que representaba las grandes figuras asirias que llevan debajo del brazo leones domados; tal es la luz astral representada por gigantescas esfinges con cuerpo de león y cabeza de mago: es la fuerza del espíritu, la sugestión, el imperio de la voluntad ajena. Por lo dicho podemos observar una íntima relación que existe entre la religión de Zoroastro y el magismo. 
Ceremonias 
Los magistas formaban una casta aparte. Eran los encargados del culto, de los sacrificios y de la conservación de los libros sagrados. Los actos principales del culto mazdeano eran tres: la conservación del fuego sagrado, las preces e invocaciones, las purificaciones y penitencias. El fuego sagrado se conservaba en altares, en los cuales el elemento
sagrado ardía sobre una inmensa urna de piedra o cobre, sirviendo para alimentar sus llamas, maderas de las más preciosas. Era un crimen levantar la voz, y en las ceremonias religiosas se esparcían suaves perfumes. Muchas eran las invocaciones prescritas por el ritual mazdeano: los sacerdotes las cantaban junto con los himnos sagrados en determinadas horas del día, dedicándolas a los varios espíritus celestes. Durante la recitación el sacerdote debía levantar en alto su mano izquierda un haz, estrechamente apretado, de ramas de palma, de granado o de tamarindo: estas ramas habían de ser cortadas y atadas por un mazdeano inmaculado: fuera del instante del rito, el haz reposaba sobre un morillo cuyas ramas terminaban en forma de luna creciente. 
Los sacrificios consistían en inmolaciones sangrientas, hecatombes en las cuales sucumbían de una sola vez cien caballos, mil bueyes o diez mil cabezas de ganado, pero la ley mazdeana prohibía que se consumiese toda víctima, partiendo del principio de que a los dioses pertenecía sólo la cabeza de las reses inmoladas, y aun únicamente su ojo derecho y su lengua. 
Las ofrendas consistían en panes, carne, granos, flores, frutos, perfumes y vestidos para los sacerdotes: una de las ofrendas más características eran las ramas del árbol llamado hôma, planta de tallo nudoso y flor amarilla, que crece en los montes de irán; su jugo, extraído de la manera que prescribían las ceremonias de la ley, constituía la ofrenda más agradable que se podía dedicar a los espíritus celestes, para renovar sus fuerzas y proporcionarles una mayor felicidad. 
Los libros litúrgicos para la aplicación de sus ceremonias eran el Vispered, el Yacna y los Jeshts. De éstos, el más interesante era el segundo que forma la parte principal del Avesta, y era el que servía para las ceremonias más importantes, dividiéndose en tres secciones: la primera, comprendía el ritual del sacrificio mazdeano; la segunda, contenía los Gäthas, cantos antiguos que son la mejor exposición de las ideas zoroástricas y constituyen monumentos de un filosofismo bastante elevado para aquella época. La tercera contenía fragmentos dispersos, cuyo objetivo no aparece muy claro. 
Iniciación 
El candidato, antes de iniciarse en la fraternidad, era sometido a numerosas purificaciones con fuego, agua y miel; la serie de probaciones por las que pasaba era verdaderamente larga y terminaba con un ayuno de 50 días seguidos. 
Estas pruebas las sufría el candidato en cuevas subterráneas en las que estaba condenado a un perpetuo silencio y a una completa soledad. El que correspondía a las exigencias fijadas por la fraternidad tenía opción a los más elevados honores.
Transcurrida la época probatoria, se introducía al candidato en la cueva de los iniciados, en donde era armado con un arnés o coraza por su guía, el cual era una representación de Simorgh, monstruoso grifo e importante actor de las manipulaciones de la mitología persa, y provisto de talismanes para hacer frente a todos los encuentros con los horrorosos monstruos y malos espíritus que quisieran poner a su paso. Introducido en un departamento interior, era purificado con fuego y agua y pasado por los siete grados de la iniciación. Lo primero que a sus ojos se ofrecía era una profunda y espantable caverna abovedada, al pie de la cual se veía un enorme precipicio a donde había de caer al menor paso que diera en falso, hundiéndose en el “abismo de la espantosa indigencia”. Luego, avanzando por entre laberintos de la sombría caverna, percibía el fuego sagrado, cuyas llamas se avivaban a intervalos alumbrando mortecinamente su camino; al propio tiempo oía el distante alarido de bestias feroces hambrientos, el rugido del león, el aullido del lobo, el feroz y terrible ladrido del mastín. Su acompañante, guardando un profundo silencio, empujaba hacia el sitio de donde venían los sonidos y cuando menos se percataba abríase la puerta de la guarida y hallábase el iniciado en medio de los animales, casi a oscuras, con sólo la débil luz de la lámpara. Inmediatamente era agredido por los iniciados que vestidos como leones, tigres, lobos y otros monstruosos animales, se echaban sobre él, escapando difícilmente de sus garras sano y salvo. Pasaba de allí a otra caverna tenebrosa, en donde atronaba sus oídos el terrible fragor del trueno y hería sus ojos el continuo vibrar del rayo, del relámpago, a cuyos siniestros resplandores distinguía los visajes de los espíritus vengadores que celebraban con macabra muestra de satisfacción la llegada del iniciado a sus antros inhospitalarios. Para aliviar en alguna manera el cansancio del profano, se le conducía a otro lugar, en donde su oído era recreado por melodiosos acordes de música y su olfato con el aroma de los más exquisitos perfumes. Para dar a entender, poco después, su disposición a practicar las restantes ceremonias, hacía su guía una señal y comparecían tres sacerdotes, uno de los cuales arrojaba a su pecho una serpiente viva, símbolo de la regeneración, y abriéndose una puerta entraba por ella una verdadera ola de sonidos y gritos guturales así como lamentos y aullidos que aturdían el espíritu del neófito y le sumían en un nuevo estado de indescriptible terror. Al volver su vista hacia el sitio de donde se originaba los gritos procedían a presentarle una desgarradora escena de los tormentos que sufren los condenados en el Averno. Luego se le sacaba por entre laberintos y ramificaciones de siete espaciosas bóvedas enlazadas con tortuosas galerías, cada una de las cuales daba vista, por medio de un menguado portillo de piedra, a una escena de peligrosas aventuras, hasta que llegaba el iniciado al sacellum (capilla) o Santa Santorum, que estaba brillantemente iluminado y cuyas paredes y techos despedían los reflejos del oro más acendrado y las más ricas piedras preciosas.
Allí estaba el archimago o Supremo Maestro de la Fraternidad, sentado en la parte del oriente, en un trono de oro, coronado su cabeza con rica diadema entrelazada de ramas de mirto, vestido con una túnica de un azul resplandeciente, rodeado de una asamblea de ministros y dispensadores de los sagrados misterios. Estos recibían al neófito con grandes agasajos, y después de tomarle los consiguientes juramentos para guardar el secreto sobre los ritos de Zoroastro, se le confiaba las sagradas palabras. La primera y más importante era el Tetractys o el nombre de Dios. El Tetractys de Pitágoras era análogo al Teatragramaton judaico o el nombre de Dios en cinco letras. El número cuatro era tenido por el más perfecto, porque en las cuatro propiedades de la naturaleza se comprende todo lo demás; además, los cuatro primeros números sumados entre si forma la década (1+2+3+4= 10), después de la cual todo es simple repetición. 
Hoy día queda en Irán solo reminiscencias de esta antigua orden mazdeana.

Etiquetas