martes, 8 de abril de 2008

ARMONIA DE LAS FUERZAS NATURALES


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA Año 5.767

Literalmente la ciencia del viento y del agua, el Feng Shui es la práctica geomántica china de localizar o crear lugares idóneos para vivir, trabajar e incluso morir. Como escribió Eitel, un misionero cristiano del siglo XIX, “los chinos contemplan la naturaleza no como un tejido inanimado, muerto, sino como un organismo vivo, que respira”. 
Para ellos, el concepto de fuerza terrestre era muy importante. Creían que circulaba por canales en el suelo, denominados Lug Mei “senderos del dragón”, y los dividían en dos categorías” Yang y Ying, masculino y femenino, simbolizados por un dragón azul y un tigre blanco. 
Templos, hogares, tumbas y sedes de gobierno se construían de acuerdo con invariables directrices y principios, puesto que resultaba vital emplazar los edificios sagrados o imperiales en los lugares en que hubiese un equilibrio adecuado entre ambos principios, que se manifiesta en el Ch’i, “el aliento cósmico” que también figura en la acupuntura china. Sus orígenes se remontan hasta 3000 años antes de Nuestra Era, cuando se comenzaron a configurar mapas o gráficos que explicaban la relación de la tierra, el cosmos y sus ciclos. Para el 200 Año de Nuestra Era, eran comunes los profesionales del Feng Shui en China, quienes daban gran importancia a la orientación de tumbas. En el siglo IX y XVI aparecen los más grandes maestros, quienes escribieron tratados sobre los fundamentos de esta ciencia. Conceptos como el Lo Shu, los trigramas, el Ba Gua, el manejo de la energía se suman a las interpretaciones del libro sagrado I Ching, para conformar una teoría y práctica que viene a constituir la geomancia china. El calendario chino, la secuencia de los cinco elementos y el uso de la brújula magnética terminan de completar las herramientas de esta disciplina. La belleza y el orden de los paisajes chinos tradicionales no son fruto del azar. Sus antiguas ciudades estaban rodeadas de murallas que las defendían de invasores e influencias malignas. Leones de piedra y dragones de arcilla colocados en dinteles y aleros permitían una circulación equilibrada de fuerzas positivas y negativas.
Se construían pagodas de gran altura en lugares geománticos a modo de enormes agujas de acupuntura, para perforar los puntos más sensibles del paisaje y neutralizar así el sha ch’i, “el aliento de la desgracia”. Conforme a estos principios se planificó la imperial Ciudad Prohibida en Pekín, y la Colina Hueca, punto central de la geometría sagrada china. Expertos como John Michell sugiere que todas las tierras al sur de la Gran Muralla forman un solo dibujo, resultado de miles de años de prácticas geománticas, cuyos orígenes se atribuyen al mítico emperador Yu, hacia el 2000 A:. de N:. E:. Si favorecer el Ch’i era el propósito del Feng Shui, lograr la armonía de todos los elementos del paisaje era la tarea del geomante. Este reunía características de filósofo, médico, geólogo, arquitecto y profundo conocedor de las leyes del Tao. Su misión consistía en armonizar las fuerzas naturales que proceden del cielo y de la tierra para garantizar la prosperidad de toda la comunidad.
Para ello se valía de un complicado conjunto de reglas que determinaba cómo se influyen todos estos factores, y de un instrumento casi mágico: la brújula geomántica, luo p’an, una aguja magnética suspendida en el centro de un disco dividido en más de 30 anillos que encerraban todos los elementos de la cosmogonía china: los puntos cardinales, los cinco elementos, los calendarios solar y lunar, el zodíaco, los planetas, sistemas numerológicos e incluso hexagramas del I Ching. Todo era poco, puesto que, una vez elegido un emplazamiento, la suerte de sus ocupantes quedaba ligado a él para siempre.
El Feng Shui fue desterrado oficialmente de China, pero se siguió practicando en Taiwán, Tailandia, Malasia, Vietnam, Corea, Singapur, Estados Unidos y con la apertura del conocimiento y el advenimiento de la Era de Acuario las filosofías orientales se han impuesto en occidente, ayudando al hombre a “sobrevivir” en el caos que cotidianamente les toca transitar, y le ha llegado el turno a la arquitectura de conectarse con estrategias milenarias como disciplina de ver al mundo, observando el orden perfecto y eterno del universo.
Es una filosofía que nos lleva desde lo particular a lo general de todas las cosas. Podemos verificarla en nuestro organismo, en nuestra casa y lugar de trabajo, hasta en nuestra ciudad, país. Y en países desarrollados vemos que casi no existe empresas y particulares que contraten los servicios de los geomantes para garantizar la buena fortuna y la armonía externa e interna. Existen varias tendencias en la práctica del Feng Shui: La llamada Escuela de las Formas se basa en el entorno del sitio, forma de la casa y objetos que la decoran. La Escuela Budista toma la entrada de la casa como orientación y se ayuda de la interpretación de un gráfico Ba Gua para su análisis. La Escuela de los ocho presagios usa la brújula y puede o no usar los cinco elementos. La Escuela de las 24 estrellas usa la brújula, el entorno, la fecha de construcción y los cinco elementos, siendo probablemente la escuela más sofisticada. Con la ayuda del Feng Shui se logra: Diseñar un hábitat o un lugar de trabajo equilibrado y armónico, teniendo en cuenta distintas variables de las que carece la arquitectura convencional. Un arquitecto o diseñador puede utilizar el Feng Shui conjuntamente con su capacidad tradicional de diseñar, es como mirar con otros ojos su creación. Una técnica apoya a la otra, la enriquece y complementa. Sobre lo ya diseñado utiliza “remedios”, tales como la colocación de espejos, cristales, móviles sonoros, plantas, animales domésticos y el manejo de los cuatro elementos de la naturaleza: agua, fuego, aire y tierra. Producir cambios beneficiosos para las personas que ocupan estos espacios.
Si continua haciendo lo que siempre ha hecho en el pasado, seguirá obteniendo en el futuro los mismos resultados que siempre ha obtenido. Algo debe cambiar en el presente, y con esta herramienta tiene la posibilidad de relacionarse con el mundo exterior como si fuera un reflejo de su mente.

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