domingo, 18 de marzo de 2012

EL MISTERIO DEL ALMA



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La muerte de mi madre me indujo a  escribir sobre el misterio del alma y como actúa para vivir con la aptitud de elevados ideales como ella tuvo y practicó dando ejemplo para que todos  vivamos dignamente para llevar con honra la presencia humana en la tierra, regando de valores de sabiduría, inteligencia, gratitud, desprendimiento, perdón; excitando la dulzura,  la sensibilidad, es decir hacerse todo para todos y tener así el privilegio de poseer los dones de la alegría, la bondad y la benignidad, entre otros.

Siendo el alma ese principio espiritual que da vida al cuerpo y forma el ser humano. Por tanto no puede observarse por los sentidos, sino por las acciones que realiza. Por ejemplo, reflexionar. Igualmente el alma es inmortal por ser espiritual. Los seres materiales pueden aplastarse, pudrirse, dividirse en partes. En cambio, nada de esto afecta a los seres espirituales.  Pero cuando en la vida el cuerpo humano se va deteriorando y llega un momento en que el alma es incapaz de mantenerlo vivo, entonces llega la muerte: el cuerpo pasa a ser un cadáver y el alma viaja al cosmos en una oportunidad de vivir en constante unión con el infinito.  Es decir regresa a su estado natural. Su conciencia se mezcla con la llama de luz que es su verdadera identidad. Las cargas terrenales se levantan de sus hombros. Es  restituido a su estado angelical natural es una sensación de arrobamiento donde el alma vuela  y es libre para investigar libremente la miríada de mundos que constituyen el universo. Hay tanto por explorar y por experimentar. Una vez que ustedes nacen en un cuerpo terrestre, más o menos pierden contacto con esta libertad y sensación de estar sin límites.

Somos inmortales y para lograr esa libertad que hemos dicho es indispensable hacer acciones de tipo espiritual,  hacer el bien en nuestra existencia terrenal porque poseemos un principio espiritual que llamamos alma; y lo espiritual no puede morir existirá por siempre, será libre. Por ello es importante entender el concepto del alma,  decir que todo ser humano tiene cuatro cuerpos inferiores: 1) Cuerpo físico, 2) Mental, 3) Emocional y 4) espiritual o etérico. El alma siempre ha estado desde la primera encarnación contigo y sus 4 cuerpos inferiores a su vez, así mismo el alma tiene memoria y es fácil darse cuenta de que posees esta memoria así cuando tú conoces a alguien, tu alma inmediatamente reconoce y vas a sentir una atracción o un rechazo por esa persona, y es porque hay karma positivo y recuerdos agradables o karma negativo que se tiene que saldar o transmutar.

Por tanto todos los días debemos elevar nuestras cualidades y potencializar nuestras virtudes para que el cuerpo y el alma mejoren,  adquiriendo nuevas cualidades. El cuerpo progresa en capacidades materiales; el alma acrecienta sus cualidades espirituales. En ambos casos el avance se consigue mediante la repetición de buenos actos. Así los hechos aislados se convierten en cualidades y se adquiere facilidad y soltura para continuar la línea de actuación. El alma avanza más rápidamente hacemos acciones con pureza donde  intervienen los dones que han dado la vida, agradándonos  con generosidad y buenas acciones hacia los demás y así el alma recibe también gracias abundantes.

Pero si somos violentos, malos, causamos dolor, extendemos el miedo con pensamientos y acciones negativas, el alma empeora de varios modos. En el plano humano, el alma se empobrece cuando no se ejercitan sus facultades de guiar bien a la inteligencia y a la voluntad. En el plano sobrenatural, el daño mayor para el alma lo produce las malas acciones. Siempre hay que ser constructores de nuestro templo utilizando nuestros dones divinos  que todos tenemos dentro, esas acciones de ser buenos beneficia al alma. Por esto, las malas acciones es lo que más perjudica y nos hace sufrir y nos debilita tanto nuestro organismo como intranquila al alma que  empeora con la repetición de actos malos, que la transforman en un alma viciosa, más inclinada al mal.

Por eso hay que propender a tener un alma, más sensible a los intereses de la humildad y del prójimo. La dureza extrema en los grandes del mundo, en los ricos avariciosos, en las personas voluptuosas y en los que no ablandan su corazón con los ejercicios de  generosidad y altruismo traen sufrimiento y desolación. Esta dureza se encuentra también frecuentemente entre los sabios que no unen su crecimiento personal con la ciencia y que para justificarse de este defecto lo llaman solidez, la diferencia es que los verdaderamente sabios han sido siempre piadosos y humildes.

MISTERIO DEL ALMA


El alma tiene tantos misterios que por ello hay que lograr que el espíritu se expande dentro de niveles más amplios y más profundos de conciencia. Esencialmente y gradualmente regresemos al centro de quienes somos, es decir al centro de nuestro yo, al alma, a la chispa divina interior. Cuanto más entramos – o regresamos – a ese estado de conciencia, más se desprenderá la personalidad terrestre en la dimensión de la Tierra. Sentiremos el flujo del ser que se extiende más allá de ese aspecto que tenemos. Entraremos en contacto con otras vidas que pasaron en la Tierra, encarnaciones en donde personificaron otros aspectos del alma. Nos volveremos conscientes del espacio sin límites que es nuestra alma y de las muchas experiencias que han acumulado en el viaje hacia el universo.


Siempre hay que lograr alcanzar el plano de la esencia, el plano del Tú eterno, es el asiento de la conciencia divina desde la cual se origina toda la creación, por ello somos el micro y el macro cosmos, donde  atravesamos tanto al plano astral como al plano terrenal y tenemos el poder de atravesar el cosmos entero. Y esa presencia de la fuerza física que vive en nosotros es la que organiza el universo, pura y no contaminada y allí, en ese instante, podemos sentir  un profundo silencio, completamente pacífico pero rebosante de vida y de creatividad. Desde esta fuente brota toda la creación y a esa fuente retornaremos.

Y cuando alcancemos el plano esencial en la vida después de la muerte, seremos capaces de hacer elecciones conscientes en cuanto a nuestro destino futuro. En este plano podemos arreglar, con la ayuda de maestros y guías, otra encarnación en la Tierra, o planear un viaje diferente, dependiendo de las metas que tengamos. En el plano esencial podemos oír claramente la voz de su alma que busca ser  más conscientes para partir de esta dimensión durante su vida en la Tierra,  por ello hay diferencia al morir, unas son largas, dolorosas y las iluminadas y ejemplares tienen  una muerte  pacífica y dulce, luego de su muerte,  parten inmediatamente a otros plano astral, es decir  hacia el plano de la esencia divina que el alma es.

Muchos de ustedes están atrapados en una fiebre de pensamiento. Ustedes piensan en la vida febrilmente; cómo resolver los problemas, cómo llevan a cabo todas las cosas que piensan que necesitan hacer. El desprendimiento significa que no toman tan seriamente este aspecto pensante de ustedes. ¿Esto es hacer algo trágico? No. En lugar de eso, trae luz y frescura a su vida.

Es por su impulso excesivo a tener control que la vida se vuelve una lucha, agotadora y pesada. El desprendimiento trae paz a la mente, humor y atención. Ser consciente de la finitud de la vida inspira el deseo natural de cuidar de ella. Y es ahí donde su centro divino puede fluir sin esfuerzo a través de ustedes, desde el plano esencial a su realidad terrestre. Una vez que esto suceda, habrán conquistado la muerte antes de morir.



miércoles, 8 de febrero de 2012

LA CAUSA DE LA VIDA


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA


El mundo está en un estado de unión por la conspiración  y acuerdo de los fenómenos celestes y terrestres. Y el agente de esa unión es el soplo vivificante y unificante que anima a todas las cosas y a todos los seres vivos.  En el pneuma,  palabra griega que significa “alma.” En el griego la palabra pneuma también se usa para hablar de aliento, aire, y otras palabras relacionadas con la acción de respirar, el aliento de vida. Definiéndose como el estudio de seres espirituales y  de sus fenómenos. Los estoicos y ellos a su vez tomaron este concepto probablemente de los médicos que, a su vez se inspiraron en Aristóteles. El filósofo aseguraba que en el semen se encontraba un soplo o pneuma  astral y que a él se debía n la vida del embrión y la preservación de la especie. En la pneumatología médica aparecen  otros soplos: las exhalaciones de la sangre llamadas, hasta comienzos de la edad Moderna, espíritus. No hay que confundir estos espíritus, naturalmente con las inteligencias angélicas.


Según Robert Burton, heredero de la medicina antigua, medieval y renacentista, “los espíritus son de tres clases: animales, vitales y naturales”. Otros autores cambian el orden pero en todo el proceso es el mismo: los espíritus nacen de la sangre como un éter o vapor muy tenue y, al pasar del hígado al corazón y del corazón al cerebro se purifican más. El espíritu que mora en el cerebro es el agente de la fantasía. Ésta era uno de los cinco sentidos internos, con la memoria, la estimativa que es el juzgar la idoneidad de los valores, partiendo de realizar la vida de cada ser humano lo más cercano a la perfección según las exigencias de los propios valores,  la imaginación  y el sentido común.

Los estoicos recogieron la idea médica  del pneuma y la convirtieron en el principio animador del cosmos y del ser humano. Originarios del fuego primordial, los soplos ígneos de la Magia Sexual proporciona todos los elementos para el nacimiento y mantiene la cohesión de los elementos y une a todas las cosas, consigo mismas y con las otras: el pneuma es el motor vital del humano, el alma de su alma, aquello que le da unidad y aquello que lo hace ponerse en relación con los otros hombres y buscar su amistad. Grogio Agamben dedicó un libro fascinante al alma, donde señala que es un principio corpóreo, un cuerpo sutil y luminoso que penetra en todos los seres y es el origen del crecimiento de la vida sensible. Dice que no es un principio externo al cuerpo sino  connatural a la muerte del cuerpo y que sobrevive ascendiendo al cosmos o lo que en oriente se llama Prana que es energía, la energía vital en nosotros, la vida en nosotros. Esta vida se manifiesta a sí misma, por lo que al cuerpo físico concierne, como el aliento entrante y saliente. Son dos extremos opuestos. Los consideramos como uno solo. Decimos, "respiración", pero la respiración tiene dos extremos: la inspiración y la expiración. Toda energía tiene dos extremos, toda energía existe entre dos polos opuestos. No puede existir de otra forma. Los polos opuestos con su tensión y su armonía, crean la energía; como los polos magnéticos. Esta idea del cuerpo etéreo o astral  todavía vive en muchas creencias y filosofías actuales.

El vehículo del alma está localizado en el semen  y es el transmisor de la vida. Platón lo asoció con el descenso del alma  al cuerpo. En un pasaje celebre  de su obra Timeo se dice que el demiurgo ha dividido  a las almas según los astros; por esto las almas tienen morada al astro que le corresponde. . Allí permanecen hasta  que llega el momento de descender  para habitar el cuerpo que a cada uno le ha sido asignado. A la muerte, el alma  regresa a su astro; la del malvado están condenadas a encarnar de nuevo  y cada vez más bajo en la escala  de los seres.  El mito de Platón inspiró a Plotino, Porfirio y Proclo y también a su heredero Macrobio a investigar el concepto del cuerpo astral. La forma del cuerpo astral era esférica pero al entrar en el cuerpo físico adquiría la figura de éste, era una suerte de envoltura  etérea del alma. Su función era doble: vehículo  del alma en su descenso del astro al cuerpo terrestre también era puente, el término mediador entre dos realidades opuestas e irreductibles: el cuerpo, materia mortal y el alma incorpórea e inmortal.

Sin el cuerpo etéreo, el alma no hubiera podido comunicarse con el cuerpo físico ni con el mundo material. Así, con gran sutileza llegamos a la relación entre la mente  inextensa y el mundo de los sentidos. El alma participable, es decir que participa en el tiempo y en el devenir goza de un cuerpo primero y perpetuo que no está sometido en su substancia al nacimiento y a la corrupción. En el libro Timeo, Platón  afirma que el alma  tiene tres vehículos: uno consubstancial e inmaterial, el otro etéreo y material y otro más idéntico al cuerpo. En su descenso, el alma atraviesa los distintos cielos y entonces los planetas “inscriben sus dones en la material astral que le envuelve las cualidades y los destinos del futuro individual”. Así el cuerpo etéreo es también portador de las inclinaciones del alma y de sus pasiones y facultades. Es el agente, como en el otro extremo lo son los humores de las simpatías y las antipatías.

No es difícil comprender  por qué, en la visión religiosa no aparece los vehículos etéreos del a de la existencia del alma antes  del nacimiento y la desaparición del cuerpo después  de la muerte. La resurrección de los muertos es uno de los grandes misterios de esta religión, pero en general no habla del destino del alma al separarse del cuerpo y su ascenso a lo desconocido, pero no sólo después de la muerte sino en momentos excepcionales como el éxtasis y los sueños. Aunque la creencia en el “viaje del alma” por otros mundos es antiquísima y aparece lo mismo en el Asia Central que en la América precolombina.

Marsilio Ficino creía en el cuerpo etéreo y en las influencias planetarias. Su revaloración de la melancolía como una disposición propicia a la contemplación, al amor, y a la poesía, fue también una reafirmación de la doctrina astrológica. También figura en el pensamiento de este escritor  la cosmología del amor y la teoría de la simpatía universal. No en forma cosmo-mecánica de los estoicos sino como una suerte de afinidad entre todas las cosas y seres, en el caso de los seres animales la atracción es hacia lo bueno. Lo bueno, que va de los útil a lo perfecto.

miércoles, 4 de enero de 2012

EL CORAZÓN


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA


En un blog que siempre frecuento encontré esta cita de Cecilia Ahern, autora de la obra Si pudiera verme, que dice: “Cuando se cae un vaso o un plato al suelo se oye un estrépito. Cuando una ventana se hace añicos, una pata de mesa se quiebra se oye un chasquido. Pero en lo que al corazón atañe, cuando éste se rompe, lo hace en el más absoluto silencio. Dirías que siendo algo tan importante, debería hacer el ruido más fuerte o, incluso emitir algún sonido ceremonioso parecido a la vibrante resonancia del tañido de una campana. Pero guarda silencio y casi desea que no haga un ruido que distraiga del dolor...”
Tomando en cuenta dicha afirmación puedo decir que somos responsable de la creación de ese dolor, en cierto sentido participamos como autores de este sufrimiento que crece dentro de nosotros, igualmente poseemos la llave para participar en la curación, sanándonos, lo que significa sanar al mismo tiempo nuestro ser emocional, psíquico, físico y espiritual. Se dice que el corazón es el motor donde se busca la defensa de nuestros valores, el de ser libres con una libertad que debe ser moral, respetando a los demás. Como amantes reales debemos estar contra de dominar la voluntad del otro, en un enfrentamiento estéril entre opresores y oprimidos. Más bien de lo que se trata es del derecho de libertad o de la opresión del amor dentro del corazón.
El amor puro, cura las enfermedades del corazón que le destruye. Uno de esos elementos que enferma al corazón es el odio que hay que rechazarlo porque hemos sido creados para amar a uno y a los demás. Más bien hay que buscar el bien del prójimo para ser felices y libres de dolor y angustia. En cambio, quien odia no perjudica al otro sino a su propio corazón. Igualmente el materialismo consumista ha sido un elemento opresor y devastador de nuestra felicidad, ya que con esta manera de pensar y de sentir sólo tiene en cuenta los bienes materiales, y a ellos limita la capacidad de amar dentro de su corazón. En algunos casos sólo se desea dinero para sí a costa de los demás, ese egoísmo sólo se ama a sí mismo. Se ama equivocadamente, porque estropea y empequeñece su corazón que ha sido creado para amar a muchos. Los que detentan el poder económico pretenden del ser humano convertirlo en borrego, cuya alma pueda suprimirse para que viva contento en el rebaño de la competencia y la angustia. Este es el egoísmo, que es lo contrario del verdadero amor, ya que busca su propio interés.
EL VERDUGO DEL CORAZON
Cuando el ego domina nuestra vida, vituperamos pequeñas faltas en los demás y excusamos grandes errores en nosotros mismos; vemos la paja en el ojo ajeno e ignoramos la viga en el nuestro. Somos injustos con los demás y negamos que haya falta en nuestra actitud; otros hacen lo mismo con nosotros y decimos que debieran conocer mejor las cosas. Odiamos a otros seres y a ese odio lo calificamos de “celo”; halagamos a otras personas teniendo en cuenta lo que pueden hacer en nuestro favor, y a esto lo llamamos “amor”; les mentimos, y esas mentiras las justificamos denominándolas “tacto”. Somos remisos para defender en público los derechos de los demás, y a eso lo calificamos como “prudencia”; procediendo en forma egoísta hacemos a un lado a otros seres, y esa actitud es ante nuestros ojos “procurar nuestros justos derechos”; somos severos críticos de los demás y decimos que “enfrentamos valientemente los hechos”; nos rehusamos a abandonar nuestra vida torcidas, y a cualquiera que así procede lo tildamos de “escapista”. Nos cuidamos excesivamente y decimos “cuidar la salud”; juntamos más riquezas de las que son necesarias para nuestra situación en la vida y decimos procurar la “seguridad”; nos causa disgusto la riquezas de los demás y nos vanagloriamos de ser “defensores de los sumergidos”; negamos inviolables principios de justicias, nos aseguramos con toda firmeza en el aire y decimos ser “liberales”. Empezamos nuestras frases con el pronombre “Yo”, y condenamos a otras personas como inaguantables, porque desean hablar acerca de sí mismas, siendo así que nosotros deseamos hablar acerca de nosotros.

Muy ligados al ego son: El orgullo: Que añade insensibilidad y desprecio a los demás, con dificultad para corregirse. La tibieza: Situación de quien desea amar sin esfuerzos, anteponiendo su comodidad al bien de los otros. No odia, pero tampoco ama; es un eunuco del amor, así que si no tiene necesidad de cambiar, entonces es muy válido optar por la soledad. La lujuria: Cuando el sexo se entiende como entrega mutua el corazón se engrandece. En cambio, cuando el sexo se usa buscando el deseo sexual desordenado e incontrolable, el egoísmo aumenta y estropea el corazón. El descontrol afectivo: Dejarse llevar por las apetencias afectivas es otro modo de egoísmo. El materialismo: Es egoísmo que nos lleva a actuar a su propia conveniencia, y se vuelve prisionero de una ambición desmedida e incoherente, porque viene destruyendo el equilibrio, creando incontables problemas de infelicidad para sí y sus semejantes. Este egoísmo acumulativo trae como consecuencias el desacato a las Leyes Naturales pueden ser verificadas en todo los campos de la actividad humana y está situación ya llegó a su límite. Si se continúa así acabará por destruirse a sí mismo y al planeta.
Ay que propender tener el corazón sano porque es afectuoso, y sabe cuándo, con quién y cómo manifestarse. La persona de corazón noble no busca el gusto personal, sino el servicio, el bien y la felicidad de los demás. Los placeres excesivos y la abundancia de comodidades alimentan el egoísmo y frenan la capacidad de sacrificarse por amor.
ACCIONES QUE MEJORAN EL CORAZÓN
Para mejorar el estado emocional del corazón hay un ejercicio muy fácil. Amarse a uno mismo y a los demás. El corazón mejora en la medida en que ama el bien. Se engrandece más cuanto mayor sea el bien amado y a más personas se lo desee. Quien más ama posee un corazón más noble. Para que el amor crezca se suele recomendar la calma ya que provee descanso a la mente del agobio y las preocupaciones diarias y de esa manera se erradica las perturbaciones mentales, que son las causas de todos nuestros problemas y sufrimiento. De este modo llegaremos a disfrutar de la paz interna permanente, conocida como la liberación para luego irradiar a los demás.
Igualmente es indispensable para sentir el éxtasis de felicidad practicar la piedad ya que nos aproxima rápidamente a pensar y sentir con el corazón, a tener el trato confiado y filial para hacer el bien sin mirar a quien. Igualmente potencializar el amor propio para luego ejercitar el amor a los demás. Por ejemplo, una vida demasiada cómoda y llena de lujos es perjudicial a uno mismo, porque nuestra conciencia puede sentirse incomoda, sabiendo que hay gente que solo tiene el trozo de cartón para cubrirse del frio de la noche. El verdadero amor propio busca la práctica diaria de las valores mediante la adquisición de hábitos buenos que nos produce un gran beneficio personal, aunque cueste realizarlos. La Templanza tiene que ver con el control de nuestras emociones y de nuestras pasiones, aquéllas que son generadas por nuestras sensaciones físicas y espirituales. La fortaleza aquella basada en la razón. Es la razón la que nos da la fortaleza para enfrentar a nuestros ídolos, a nuestras pasiones, a nuestras debilidades y sacar de nuestras flaquezas la fuerza de libertad para nuestra alma; es la verdadera sabiduría y no el conocimiento aparente, la que nos abre el camino hacia la luz. Es la fuerza que nos ayuda a edificar todos los días nuestro templo interno utilizando los más nobles materiales para edificar una conciencia llena de fortalezas en busca de ser libres.
Otros valores que debemos buscar es La Templanza que tiene que ver con el control de nuestras emociones y de nuestras pasiones, generadas por nuestras sensaciones físicas y espirituales. Las sensaciones son aquellas situaciones donde nuestra alma si bien se llena de regocijo, éste es falso y mentiroso, ya que son placeres aparentes. Como cuando nos sentimos orgullosos por el logro de nuestros hijos y escondemos detrás de dicha sensación la autoalabanza a nuestro ego, ya que si nuestros hijos han alcanzado algún triunfo es por su propio esfuerzo, en donde nuestra ayuda solo es un granito de arena que es bañado por el mar de la realización de nuestros descendientes.


La justicia es el actuar justo se manifiesta en una conducta recta, construyendo la armonía en sus relaciones interpersonales, trascendiendo a los demás aquélla paz interior que poseen gracias a las otras virtudes. Somos luz que debemos iluminar al mundo, que durante mucho tiempo sigue en tinieblas. «No juzgues ligeramente las acciones de los hombres; no reproches ni menos alabes; antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.

Por tanto debemos cultivar todos los días con actitudes nuevas valores que sean firmes, estables, perfectos y simples para nuestro entendimiento y voluntad y que siempre regulan nuestros actos, ordenen nuestras pasiones y guíen nuestra conducta según la razón y buen entendimiento. Proporcionándonos facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente elevada y así cultivaremos el bien para cosechar los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos que nos harán felices. ¿Estás dispuesto a descubrir lo que el corazón guarda para ti? tiene gratas sorpresas si te atreves a descubrirlas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

LA MEMORIA DEL AMOR


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El amor es un suceso temporal, porque el amor pasa. Se suceden las etapas más o menos apasionadas, las rupturas, los encuentros… Pero el amor supone también un desafío a la eternidad, porque quiere ser vivido al margen del tiempo, esperando que sea absoluto, definitivo, completo. Así, cada vez que amamos, nos escabullimos del tiempo para adentrarnos en una eternidad posible. El amor y la pasión ignoran el tiempo. El que ama vive conjugando un rabioso presente y una inconsciente eternidad. Si hablamos de la pasión, todas estas características se agudizan. El amor perdido crea una eternidad que tiende al pasado. Manifiesta su existencia en cuanto que esa eternidad tienda a desdibujarse. Se provoca, en ese momento, una fuga del fluir temporal, donde los acontecimientos que pasan a reposar en el pasado, se desvinculan de la actualidad y tienden a la desintegración, al olvido. La memoria humana lucha por evitar esa opacidad de lo vivido que ya no está.

Rescatar el pasado para prestar su intensidad al presente ha sido una empresa constante de los humanos. Si esta idea se circunscribe a un ámbito personal, reconozcamos que la mera actualidad puede ser vivida de manera desinteresada y ajena. El futuro, indescifrable, no nos penetra. El pasado, en cambio, es una región conocida pero todavía fecunda y, por la propia naturaleza indagatoria del humano, nunca abandonada.

Para que fuese posible vivir del amor, hay que provocar lo que puede llamarse una fuga del tiempo. Aislado de su contexto, cristalizado por el poderoso flujo del suceso que ya no forma parte sólo del pasado. Éste se constituye como un germen de lo que sucede contemporáneamente y da sentido completo a la vida. Así, el pasado ya no es "lo pasado", porque pierde su apariencia fantasmal y reivindica su actualidad. Extraído de ese panorama olvidado, siempre pendiente de ser enajenado por la memoria que le insufla una realidad extratemporal.

La vía de la memoria se convierte en el instrumento para crear una erótica del tiempo, una recuperación de sensaciones pasadas, que no pretende sólo una recreación, sino que trata de hacer que placer y memoria se igualen. Un ejemplo de ello es la invocación de una sensación pasada, que debe despertar la memoria del cuerpo, los labios, la piel… que son los que podemos recordar. El cuerpo parece tener capacidad cognoscitiva, al menos en la esfera sensual, indeleble. El cuerpo siente, pero también piensa, recuerda… el cuerpo sabe. Equivalencias similares las hallamos donde la memoria acapara la erótica más espléndida de nuestro ser, y así estamos dando un nuevo giro en la elucubración por el tiempo y la memoria o para la vida, memoria y placer se aúnan en un todo. El placer es la memoria y la memoria la auténtica vida de todos.


A veces, la memoria no necesita un catálogo completo de experiencias. Lo pasajero, lo fugaz, crea todo un universo de sensaciones. Basta un instante mínimo, quizá furtivo y veloz para quedar patentado en nuestras vidas. La atracción no necesita ningún otro estímulo. La mirada sólo necesita la confrontación con lo bello, pese a la parquedad temporal del encuentro. En cierta forma, podríamos hablar de una erótica esencialista, donde la intensidad priva sobre cualquier otro aspecto. Las fórmulas de los antiguos magos greco-sirios, nos piden volver a la dorada juventud junto a su amante, la a belleza, al amor, aunque sólo fuese durante una hora. Yo pido la eternidad que dura lo que la pasión. Esta eternidad es creada con los estímulos de la memoria y la riqueza de las sensaciones que su renovación nunca agota.

Señalemos que ante los embates y desazones del tiempo nos queda sólo la memoria. El dolor y la vejez desaparecen, aunque sólo sea por un instante, pero el agotamiento que es la vida que sólo puede soportarse si nos acercamos a lo que nos supera. Les invito a rebasar los límites del conocimiento, estableciendo nuevos órdenes entre palabras y cosas, utilizando la múltiple variedad de herramientas que proporciona la experiencia humana, como son vivir de momentos pequeños, miradas, divagaciones solitarias. 

Así conseguiremos que pasado y presente, excluidos del tiempo, se confundan en nuestros cuerpos y se fundan. Hay que templar al ser amado en la memoria, consiguiendo su renovación, mediante una elocuencia de los cuerpos que sobrepasa el tiempo.

domingo, 9 de octubre de 2011

SIMPLES ACCIONES PARA LIBERARNOS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Ha visto usted lector en las entregas anteriores como de las acciones más sencillas de contemplación podemos construir nuestro camino interior que nos conducirá hacia la quietud interior, hacia la libertad respeto del ego. Es decir a la liberación del hechizo del yo que todavía se esfuerza por alcanzar un relativo éxito que propicie la dependencia del aplauso para estimular su vanidad.

Nuestra vida se compone de la cotidianidad que nos impone la sociedad. El ir a comprar a la tienda más cercana puede significar una pérdida de tiempo por su repetición y por su forma mecánica de ejecutarse. Pero si en ese camino lo encuentra como personal, lleno del sentido de lo humano, donde pone su interior en orden y se renueva desde su esencia, ha cumplido su objetivo de cambio, porque su actitud y la perspectiva s fueron las adecuadas.

Los múltiples caminos que atravesamos y que se enfila en la vida diaria, como es ir hacer las compras, ir al trabajo, ir hacer los pagos, retirar a sus familias, o cualquier otra acción cotidiana, hoy se recorre a toda prisa y mecánicamente, por eso nos llega a hostigar todo lo que hacemos, es como una carga y comenzamos a caernos tedioso a nosotros mismo de lo que estamos haciendo, porque nos sentimos obligamos a ejecutar de esa forma. Por el contrario, realizamos lo mismo con recogimiento interior lo que de todas formas vamos hacer, allí tendremos la capacidad de percibir toda nuestra quietud interior. Así mismo es cierto que, cuando caminamos conscientemente, los numerosos paseos de la vida diaria nos conducen al orden y la calma interior.


Por eso es recomendable utilizar a modo de ejercicio sencillas tareas cotidianas como, por ejemplo, barrer, planchar, lavar, cortas el césped del jardín, cocinar, cuidar de nuestras mascotas, sacar a pasear al perro. Precisamente esas tareas que para algunas personas pueden ser desagradables pueden convertirse de este modo en un camino hacia la serenidad interior. Cuando limpiamos y arreglamos nuestro dormitorio, nuestro rincón predilecto en la casa, nos olvidamos por completo de nosotros mismo. Entonces, no sólo ordenamos la parte externa, sino que también la interna de nuestra propia existencia. Sin embargo, lo importante en todo ello es la actitud interior que asumamos.

Cuando nos abandonamos del todo a la actividad que estamos realizando, sin pensar mucho, la simple repetición nos llevará a la quietud. Con todo, al considerar lo cotidiano como ejercicio, el objetivo no es sólo encontrar sosiego.Lo que interesa es, en último término, la liberación respecto al ego. Tal es el verdadero camino hacia la quietud, pues el ego siempre está reclamando algo. El objetivo del camino es aproximarse a la esencia interior. La característica como “poner la vida al servicio del ser”. La esencia, el ser, debe salir en nosotros la luz. El yo, que fanfarronea sin cesar, no debe seguir cerrando el paso a dicha esencia: El ejercicio es el camino interior, es por encima de todo, un ejercicio de abrirse a la esencia experimentable de la interioridad, esencia desde la que habla y nos llama el ser.

Para algunas personas, correr es un buen camino hacia la quietud. Sin embargo, lo importante es cómo corremos. Si cada día nos proponemos correr más y más rápido, estamos todo el tiempo corriendo bajo presión. Pero si nos abandonamos sencillamente a correr, la carrera puede liberarnos de todo lo que nos intranquiliza. Podemos combinar el movimiento uniforme con una palabra meditativa o abandonarnos sin más al movimiento. Eso suscita en el interior de nosotros una cadencia interior que nos sosiega. Olvidarse de uno mismo nos libera de cavilaciones. En vez de preocuparnos de los kilómetros que corremos, nos sumergimos en el hecho de correr, y así disfrutamos de la naturaleza que nos rodea, del sol que despunta, del viento, de la fresca fragancia que emite la naturaleza, del olor del bosque, de las praderas, de los campos cultivados. Fundimos la naturaleza con nuestra carrera, con nosotros mismo.

Ahora que estamos en la etapa de transportarnos en forma limpia, el ciclismo viene a ser el mejor modo de dejar en nuestras casas los vehículos motorizados que contaminan e impulsar la bicicleta como parte integral de la movilidad urbana, y de mejoramiento de la salud a través de esta actividad física, es un buen camino para serenarse. Aquí se trata una y otra vez de los mismos movimientos, que acontecen de manera casi mecánica. Abandonarnos a estos movimientos regulares nos infunde calma. Montar en bicicleta puede convertirse, en verdad, en símbolo de la vida plena. Precisamente cuando el camino se empina y he de pedalear con esfuerzo, puedo ver ahí una imagen de todas las montañas interiores y exteriores que debo superar en mi vida diaria. Es necesaria la perseverancia para seguir adelante cuando entro en crisis, cuando todo se me pone cuesta arriba. Este trayecto diario que podemos hacer en este vehículo puede ser una metáfora de nuestra vida, ya que vamos superándonos a nosotros mismos haciendo frente a las dificultades, fortaleciéndonos, luchando y triunfando al llegar a nuestra meta impuesta.

 
La jardinería es otra forma de tranquilizarnos. Remover en forma rítmica la tierra del jardín tranquiliza. Precisamente cuando entramos en contacto con la tierra podemos dejar a un lado nuestros pensamientos, siempre inquietos, en vez de ello, me percibo a mí mismo en mi interior. Trabajar la tierra me pone en contacto conmigo mismo, con mi cuerpo. Percibirme a mí mismo me transmite calma y quietud. Muchas personas buscan calma en los monasterios, en las oraciones, en largos paseos, pero muchos eligen de propósito el trabajo en el jardín o la huerta. El sencillo trabajo de jardinería, les ayuda a serenarse, el contacto con la tierra les hace bien. Para quienes padecen desasosiego neurótico o estados de depresión, el trabajo con la tierra es saludable. La tierra ayuda a mantener los pies en el suelo. Por esta expectativa de trabajar con la tierra, tengo mucho cariño por la figura del campesino, del labrador del campo como figura de nuestra vida, que en sus tareas suelta la semilla. Una parte de la semilla cae en el camino estéril que puede significar nuestros fracasos, y otra parte cae el suelo fértil, donde da el fruto de la abundancia de nuestros logros. El cultivo también es otra metáfora de la vida humana. El humano es como reino de las plantas: de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce el fruto: primero la semilla, luego crece el tallo, después explota la flor, luego aparece fruto. Es un símil de nuestros días. En el campo del alma, crece sin que nos demos cuenta el fruto de nuestro cambio.

Otras optan por una actividad más enérgica, como, por ejemplo, partir leña o serrar madera con ritmo regular. Así, pueden descargar tensiones internas y agresividad. Estas actividades fatigan, pero cuando se siente exhausto, cansado allí ahuyenta el desasosiego y produce en su interior un efecto relajante y tranquilizador derivado de la regularidad del trabajo hecho. Otro ejemplo es barrer cuidadosamente con movimientos que se repiten una y otra vez hace bien al alma. Ese quehacer exterior es símbolo del quehacer interno. Barro toda la suciedad fuera de mí, me limpio de todo el polvo que se ha acumulado en mí y se ha posado sobre mi alma. Así toda la tarea exterior, cuando la realizo con esmero y atención puede convertirse en un camino hacia la quietud.

Allí les ofrezco la puerta y al atravesarlo descubrirán un nuevo camino hacía sí mismos y encontrarán la llave de sus corazones. Así todo lo que hacemos y observemos puede convertirse en figura de nuestro camino interior, del de la transformación, como una imagen que se fije en nuestro espíritu hasta que penetre el cambio cada vez más profundamente en el núcleo más íntimo de nuestro ser. Tengamos el valor de enfrentarnos con nuestra propia verdad para recorrer el camino hacia la quietud. Sólo así podremos encontrar ese camino a la serenidad interior.

domingo, 4 de septiembre de 2011

LA MUSICA Y LOS ESTADOS SUPERIORES DE CONCIENCIA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
el colibri dorado



Cada mañana el pianista rumano Dinu Lipatti tocaba la coral de Bach, Y cada día ejecutaba esta pieza con mayor claridad y sencillez. Enfermo de leucemia dio su último concierto, en plena ejecución le fallaron las fuerzas y no pudo interpretar hasta el final el programa previsto. Se despidió con la coral, sin fuerza ya, tocó la pieza hasta la línea que dice: “Él es la fuerza de mi vida”. Los espectadores quedaron profundamente impresionados pero experimentaron una profunda calma interior, era como abrirse el cielo y todos se volvieron uno que partían junto con el Maestro que acaba de morir.

Si aprendemos a escuchar de vez en cuando una cantata de Bach, nos sumergimos en la música: dejamos que la música penetre en nuestros oídos, en nuestro corazón, en todo nuestro cuerpo renovándonos. Y esto nos ayudará a recogernos, y con frecuencia cada vez que escuchemos a Bach sentiremos una profunda quietud, más intensa y larga. Allí nos sentiremos protegidos por el misterio de la música penetrando con amor. La música nos sume en una profundidad que no siempre alcanzamos a través del silencio, ya que la música nos recoge y nos lleva a lo profundo, de esta suerte se eleva nuestros corazones y almas.

Para mí y para muchas personas la música es una importante senda hacia la quietud; nadie debería privarse de este camino, Otras personas pueden vincular la senda de la meditación en silencio con la música. La meditación en silencio las abre para la música; y, cuando después de meditar, escuchan música, la perciben con intensidad aún mayor.

Al final del día, muchas personas carecen de energía para leer algo o simplemente no les gusta. Tampoco son capaces de concentrarse cuando quieren calma: están demasiado cansadas para ello. Por lo que a menudo lo que hacen en sentarse frente al televisor con la esperanza de sosegarse. Pero ocurre lo contrario, la televisión produce stress con tantas imágenes que ni siquiera durante el sueño nocturno pueden desprenderse de ellas y más bien producen una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano. Por ello es importante configurar una situación consciente para aprovechar con alegría las últimas horas del día. Esa posibilidad es elegir música con criterio y exponerse a ella. Cada cual tiene su música preferida e intuirá qué es lo que le conviene. Al elegir la música escuchamos nuestro interior para reconocer qué es lo que en este preciso momento puede hacernos bien.

Con frecuencia podemos escuchar una cantata de Bach, a veces un concierto de violín o piano de Mozart, una sinfonía de Beethoven, el vals de Strauss o la música de cámara de Vivaldi, para citar unos pocos. Así que aunque estemos molestos o enfadados, al escuchar la música, iremos cediendo y dando paso a un profundo anhelo de amor, tal como es la infinita belleza de la música clásica. En ocasiones, también es bueno poner a propósito música más difícil, como es la new age, cuyos efectos nos absorbe y nos lleva con sus ritmos a una profunda quietud. Con este tipo de música nos libera de todo lo demás y nos abandonamos por completo a escuchar. Entonces, la música pone orden en nuestra alma, serenándola.

MEDITACION CON MUSICA

Consiste en penetrar en lo audible, atravesarlo hasta alcanzar la realidad que se esconde tras los tonos y que, pese a ser en sí misma quietud, hace resonar todo y todo lo ordena con arreglo a criterios que en la música percibimos como intervalo y armonía. A todo esto, hay que procurar no interpretar la música o reflexionar sobre ella. Lo suyo es, más bien, prestarle una atención exenta de objetivos. La música exhorta al oyente a abandonarse por completo. No es válido que la gente ame la música sólo por los pensamientos que ésta le suscita mientras escucha. Se imaginan escenas maravillosas, bosques con árboles susurrantes o se ven a sí mismos cualquiera situación romántica. Esto puede resultar placentero, pero entonces no es la música de lo que disfrutan, sino de las asociaciones que ésta sugiere. El provecho y la alegría de escuchar música radica mucho más hondo: está en el amor a las melodías que por sí mismas producen un efecto, los estimulantes ritmos, la fascinación de la armonía da una abrumadora satisfacción. Por consiguiente no se trata de interpretar la música, sino de vivirla en razón de sí misma. Esto es lo que significa “Escuchar exenta de objetivos”. Y sólo esa clase de escucha nos permite alcanzar una profunda serenidad interior. En esta calma, las melodías o las palabras nos conmueven tan intensamente que podemos penetrar hasta el núcleo más íntimo de nuestra alma.

A primera vista parece contradictorio querer sosegarse escuchando música. Pero la música y la calma forman una unidad, pues en la música ya no oigo los distintos tonos, sino aquel que se expresa a través de ellos. Para mí, en último término, no se trata sólo del compositor, sino del universo mismo, ya que todos los tonos remiten a lo inaudible, al vínculo entre la música y la quietud de la siguiente manera: . Todo tono brota de la quietud y regresa a ella. Por medio de la serenidad interior que desencadena, el sonido armónico puede facilitarnos acceso a estados superiores del ser. En la antigüedad se entendía la música como el medio más propicio para entrar en relación con los dioses. 

Cuando escuchemos buena música y nos abandonemos a ella y a su mensaje, los tonos y las palabras nos introducen a nuestro propio ser. No se trata de juzgar la interpretación, sino sencillamente escuchar con todo el cuerpo y dejar que la música haga resonar todas las fibras de nuestro cuerpo y alma. Entonces escucharemos lo inaudible en los tonos musicales. Y cuando éste deje de sonar permaneceremos a la escucha de lo que experimentamos nosotros mismos en nuestra quietud, ya que la música nos ha conducido a esta indescriptible calma.



martes, 2 de agosto de 2011

LA LECTURA Y SU PODER SANADOR



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


Comenzaré por una reflexión del gran Maestro de las letras Jorge Luis Borges que dijo: “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Por ello cuando pensamos en la lectura, lo primero que, por regla general, asociamos con ella es el estudio, la reflexión o la consideración del sentido de las palabras. Pero leer es mucho más. Al leer, nos sumergimos en otro mundo, Cuando leemos un texto, participamos de su visión del mundo, de su ambiente, de su fuerza. Al leer un texto hasta ahora desconocido, entramos en contacto con facetas de nuestra personalidad que, de otra forma no percibiríamos, estamos en las páginas representados muchas veces como actores.

Muchas personas experimentan la inmersión en otro mundo como saludable y sienten que la lectura les hace bien. Aunque no puedan realizar todo lo que leen, consideran positivo abandonarse a otros pensamientos. Este mundo de ideas relativiza el mundo en el que viven y les liberan de la presión a la que a menudo se ven sometidos en el mundo real. En el mundo de la lectura, las personas se experimentan a sí mismas de manera distinta y no es raro que se sientan protegidas, acogidas, interpeladas, conmovidas, valiosas y únicas. 

Desde hace algún tiempo se ha vuelto a cobrar conciencia del efecto sanador de la lectura. Es una ocasión Franz Kafka expresó de la siguiente manera la virtud terapéutica de los libros: “Un libro es el hacha para el mar congelado que hay en nosotros”. El texto nos pone en contacto con los sentimientos que ni siquiera percibimos porque se hallan sepultados bajo la capa de hielo del entumecimiento interior. Un texto puede abrir a base de golpes, cual hacha, agujeros en esa capa de hielo, a fin de que los sentimientos se descongelen y vuelvan a aflorar.

Ya en el antiguo Egipto se conocía la fuerza curativa de los libros: Los faraones escribían sobre la puerta de entrada a su biblioteca: “Psyches latreion, (sanatorio del alma)”. Esta inscripción puede encontrarse también en muchas bibliotecas conventuales, donde uno de los primeros pioneros de la biblioterapia fue el monje Benjamín Rush, quien en 1802 comenzó a reformar los hospitales estadounidenses por medio de la creación de bibliotecas. A sus ojos, la lectura era una importante ayuda para la psicoterapia. Ya que en muchos libros  veía una farmacia que contenía una importante medicina para cada enfermo anímico. Actualmente los más renombrados  psicoterapeuta eligen el texto más adecuado para cada paciente y luego comenta con éste las experiencias a las que da lugar dicho texto.

Leer puede fomentar las fuerzas de auto-ayuda de la persona y reactivar procesos de maduración interrumpidos. También se puede utilizar los libros con fines terapéuticos: El libro oportuno en el momento oportuno ha salvado a muchas personas de la depresión, la angustia y hasta del suicidio. En este sentido, el libro presta una auténtica ayuda para la vida y para la muerte.

Para mí la lectura, desde mi niñez,  fue siempre un camino hacia mí mismo. Teníamos en nuestro hogar la costumbre,  luego  de la cena, hacer una  sobremesa donde mi padre nos leía y nos hacía leer por capítulos a todos los hermanos las novelas de los grandes escritores como: Los viajes de Gulliver de  Jonathan Swift;  La isla del Tesoro de  Robert L.Stevensons;  Robinson Crusoe de Daniel Defoe; las aventuras de Tom Sawyer de Marck Twain; las novelas de Emilio Salgari; Querabán el Testarudo, Cinco semanas en el Globo, Viajes al centro de la tierra  de Julio Verne;  y muchos escritores más. Luego de la lectura,  comentábamos  entre todos lo que habíamos comprendido. Eran momentos de encanto que nunca nos perdíamos, y luego al acostarme soñaba con los relatos. Me convertía en el personaje, mi  mente fantaseaba, volaba y creaba imágenes, situaciones de magia , que luego en mi juventud  fueron un camino para  encontrarme conmigo mismo y con lo que me gustaba,  y con el paso de los años la lectura me transformo en un ser lleno de conocimiento, porque aprendí a reflexionar con quietud, equilibrio, en cada palabra encuentro la armonía del mensaje para aceptarlo o rechazarlo. Las lecturas para mí son el contrapunto a la retumbante realidad,  y desde  mi rincón preferido de lectura hallo la reflexión sobre los acontecimientos que vive el  mundo, en su constante transformación, vibración, cambios  en todos los géneros  de la vida, donde el humano interviene para bien o para mal. Así fue como adquirí la destreza de escribir con suma facilidad, y desde la edad de 17 años y por mucho tiempo mantuve una columna de opinión en el diario La Verdad de mi ciudad natal -Ibarra- Ecuador-. Luego en Quito en el diario La Hora, para después expandirme como colaborador en muchos periódicos y revistas del mundo.

Pero volviendo a la fascinación que ejerce el libro puedo afirmar  que cuando estamos con un libro estamos completamente solos, inmersos en la calma absoluta. Son instantes llenos de gracia que, al mismo tiempo, son actos de olvido y deslizamiento, una inmersión en las profundidades originarias de la psique.

Analizando el arte medieval, los pintores supieron descubrir el secreto del arte sanador y liberador de la lectura cuando representaban a María como mujer lectora. En muchas obras aparece María leyendo mientras el arcángel Gabriel le anuncia el nacimiento de su hijo. También en su huída a Egipto, montada en el burro, va leyendo un libro. Leyendo se sumerge en el mundo de su dios. Salta a la vista que la lectura, amén de capacitarla para entender lo que está ocurriendo con ella, priva de su poder al mundo hostil y amenazador, como cuando huía a Egipto. En medio de una atmósfera de violencia y odio, María lee para descubrir su centro y sentirse protegida y sostenida en el mundo de la lectura que, en último término, es el mundo de dios.

La lectura persigue mucho más que ahondar en el conocimiento. El lector debe descubrir el corazón de la palabra. En la palabra puede encontrarse a sí mismo. Hemos perdido la práctica de comprender la índole imaginativa de las palabras y ver como cada palabra tiene una referencia, un misterio de nuestra propia vida y las relaciones con otras y así las palabras se interpretan mutuamente.

También a través de la lectura meditamos, dejamos caer las palabras de la cabeza al corazón. Allí todos los sentidos están involucrados y las palabras experimentan resonancia emocional que nos hace degustar su sabor agradable, dulce.

En la meditación las palabras adheridas a nuestro corazón penetra cada vez más dentro de nuestro ser y percibimos la realidad de ¿cómo nos sentimos? ¿Quién soy yo en tal o cual caso? ¿Cómo experimento los conflictos que estallan a mi alrededor? Es importante entender las palabras ya que experimentamos la huella que el escritor ha impreso en nuestro corazón como lección a la vida.

El leer es una contemplación en el más puro silencio, donde lo leído se traduce en meditación, en que las palabras nos conducen al misterio silente, para descubrir el fondo oculto de las cosas y sentirnos unidos a todo lo existente, ya que la luz de la visión se abre en el fondo del corazón, dilatándose y elevándose por encima del universo. Y así podemos describir las imágenes que nos produzca el deleite que se convierta en divino, ya que posee poderes, fuerzas, energías, leyes o verdades que son universales y que trascienden las capacidades humanas.

Queridos lectores me gustaría invitarte a probar una vez este método, aun cuando sea un tanto insólito. No te dejes disuadir por el hecho de que, al leer, normalmente empezamos de inmediato a reflexionar y a hacer intervenir a la razón. Escoge un libro. Toma asiento con calma e imagínate que el personaje central de la trama de la obra está sentado junto a ti, se dirige a ti de una manera personal, te conectas con sus palabras y se disparará automáticamente tu razón crítica, preguntando si estas palabras proceden de la realidad o si han sido compuestas por la imaginación del escritor. Ahora, en este instante, me limito a escoger las palabras tal como son. Hago como si fueran ciertas. Sigue con la lectura y cuando una frase o una palabra te llame la atención, detente y deja que te llegue al corazón. Repítela serenamente, intenta sentir y gustar su misterio, pregúntate que significará esa palabra o frase. Permítelo que esa palabra o frase entre a tu corazón hasta que la atención te relaje. Sigue leyendo con parsimonia, dejando que las palabras te lleguen al corazón. Confía en el ritmo de tu corazón. No tienes porque avanzar mucho en el texto. Proponte tan sólo confrontarte con él veinte minutos. Luego, puedes poner a un lado el libro y limitarte a escuchar a tu interior. Ya no necesitas repetir las palabras. Permanece quieto sencillamente en presencia del contenido del texto. Quizá vislumbres algo de lo que supone la contemplación. Leer te ha serenado. Las palabras te han abierto la puerta al misterio silente, ahora estás contigo mismo, sin palabras, sin imágenes, sin ideas. Estás ahí sin más, totalmente contigo mismo, lleno de ti mismo. Te has identificado con el potencial  de las palabras que llevas dentro de ti. Es suficiente. Eso te transforma a ti y transforma tu discurso y tu acción, por eso estoy de acuerdo con lo que dice André Maurois: “La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta”. 


miércoles, 15 de junio de 2011

LOS EFECTOS DE CONTEMPLAR LA NATURALEZA (Parte Final)


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


LAS MONTAÑAS

Cuando después de una esforzada caminata accedemos a una cima, experimentamos una sensación de libertad y satisfacción muy grande. Nos limitamos a mirar a lo lejos, y esa satisfacción va transformándose en conquista, donde vamos percibiendo la sublimidad del paisaje montañoso. Por eso cada montaña, por grande o pequeña que sea, posee su fascinación distintiva, ya que desde cada montaña contemplamos un paisaje distinto. Pero cada montaña también tiene una irradiación del todo singular
.
La tradición conoce, no sin razón, montañas o montes sagrados. No hay nación y pueblo que posea una montaña que brilla ante nuestros ojos y representa el poder de la naturaleza. Así, toda montaña o monte es una promesa de que también es nuestra vida que está por encima del valle de la vida diaria. Es un camino para lograr que la vida prospere, ya que hay que hacer de la conquista la verdadera libertad, libertad respecto de nosotros mismos. La montaña, desde la que podemos contemplar el paisaje nos comunica ya algo de esa libertad, y la montaña nos permite experimentar con mayor intensidad la cercanía con el cosmos, allí nos invade una quietud que ella nos podemos darnos a sí mismos. Nos viene de afuera, y para poder experimentar este sosiego de las montañas, no necesitamos más que sosegarnos en ellas mismas y nuestro corazón se serena. Rodearnos de la sublimidad del mundo de las montañas, es hoy el camino más importante para encontrar el sosiego y desasirse de la carga del día a día.

Ya Juan de la cruz, el místico español nos habla de las montañas o montes sagrados y de los montes amados. Nos fascinan no sólo cuando podemos coronarlo, sino también cuando asombrados los contemplamos a lo lejos. La mirada dirigida hacia arriba, hacia las maravillosas cimas, abre nuestros sentidos al expandirnos en el universo como fundamento de la continua transformación a la que está sujeta la naturaleza. Lastimosamente el hombre se ha encargado de ir destruyndoles y así todas las culturas que veneran y aman las montañas están siendo impedidas de conocer sus metas y experimentar con intensidad las cercanías con el universo donde sus cimas se pierden envueltas en la quietud y majestuosidad.

EL DESIERTO

Oh! ¡La dulce sensación de dejarse vivir, de dejar de pensar, de dejar de obrar, de no forzarse a nada, de no añorar nada, de no desear, salvo la duración indefinida de lo que es! ¡Oh! ¡La bienaventurada aniquilación del yo, en esta vida contemplativa del desierto!...
Isabelle Eberhardt


Este mar de arenas con su infinita extensión y aparentemente vacío es uno de los lugares donde la quietud ronda a cada paso. No se trata tan sólo de una calma agradable, ya que a menudo llega a atemorizar. Cuando nadie nos distrae, nos vemos confrontados tanto más intensamente con nosotros mismos. La tranquilidad del desierto nos incita a desasirnos del ruido que llevamos en nuestro interior, a no aferrarnos ya a nada, ni a las palabras, ni a la música, ni al ruido. Sólo quien se abre a la quietud puede soportar el desierto. Entonces, éste se convierte en bienaventuranza, que supone la posesión de un bien perfecto que llene y sacie todo el apetito racional del hombre, que ha de ser poseído con toda plenitud y según toda la capacidad del hombre por el disfrute de un modo permanente de la recta razón.

Desde los primeros tiempos el hombre se fue a vivir al desierto. Esto respondía a distintas razones; entre otras, allí no les perturbaban ni distraían los esparcimientos de la vida. En la actualidad, el desierto ejerce una nueva fascinación sobre las personas. Hoy hay agencias de viajes que se han especializado en las rutas por los desiertos del mundo. En la historia hay muchos casos de importancia. Israel atravesó el desierto tras la tierra prometida, hacia la tierra de la libertad. Para el pueblo, el desierto era el lugar de la especial proximidad de dios. El profeta Oseas habla del tiempo del desierto como de la época del primer amor entre Israel y su dios. Pero también el desierto es lugar de tentación, el lugar en el que el pueblo murmuró contra dios y sintió nostalgia de las ollas de carne de Egipto. Para Jesús fue el desierto el lugar de tentación, allí le asalto la tentación básica de toda persona, pero él la venció. la experiencia del desierto le dio la capacidad de hablar con sabiduría y dedicarse a la tarea de liberar a los espíritus esclavos enseñando las verdades más indiscutibles que hay que confrontar y así liberarse aplicando la vida simple y elegir las prioridades de acuerdo al momento. Es decir es un maestro que murió por liberar, por transformar por revolucionar las mentes y espíritus a que despierten y se revelen contra el orden impuesto.
.
En la actualidad, la naturaleza se ha convertido para muchas personas en un lugar para vivir la experiencia de quietud; y ello, fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, la naturaleza es algo que nos viene dado, y al mismo tiempo nos fascina. La naturaleza es, por esencia, serena, por muy intenso que sea el murmullo del arroyo de la montaña. No tenemos más que entregarnos a lo que nos rodea. Si nos dejamos conmover por la belleza de la creación, nos hacemos partícipes de su calma. Pero hay una segunda razón por la que las personas buscan tranquilidad en la naturaleza: la naturaleza no hace valoraciones. En la naturaleza puedo ser como soy en realidad. La naturaleza me sostiene, pertenezco a ella. La vida que percibo en la naturaleza late también en mí. Lo que impide sosegarse a tantas y tantas personas es su juez interior. Dondequiera que estén, ese juez interior pide la palabra. Valora y juzga todo lo que pensamos y hacemos. La naturaleza no hace valoraciones. Cuando nos entreguemos a ella, el juez que llevamos dentro es destituido. Podemos ser sin más y esto nos libera y nos proporciona quietud.

sábado, 14 de mayo de 2011

LOS EFECTOS DE CONTEMPLAR LA NATURALEZA (I parte)



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Pasear por la creación con los sentidos despiertos es una manera de experimentar quietud en la naturaleza dice Anselm Grun, enseñándonos que hay otras formas de encontrar sosiego en ella. Muchas personas ya tienen su rincón preferido en la naturaleza, en el parque o debajo de un árbol con el cual se identifican para contemplar el paisaje.

Algunos lugares desbordan una profunda paz interior. Cuando se acude a su lugar favorito se siente una profunda paz interior que nos lleva y nos da gozo pleno de la vida. El propio paisaje es pura ternura y paz. Igual si salimos fuera de la ciudad, al campo, y solo con contemplar los cultivos, sus caseríos, surge automáticamente en nosotros una sensación de seguridad y pertenencia, de ser acogidos y sostenidos por el poder de la naturaleza y poco a poco nos vamos arraigando a respetarle y protegerlo, ya que ellos nos entregan muchas vivencias y sabidurías para nuestro bienestar.

En ocasiones son lugares energéticos que hacen bien a las personas que lo visitan. Irradian algo muy determinado. No sabemos a qué se debe, pero son lugares que nos interpelan directamente, que nos transmiten la sensación de estar rodeados de algo más poderoso que nosotros. Es interesante pasear por estos sitios que nos suscitan un sentimiento intenso, ya que pertenece al ámbito de lo inefable, es decir que no podemos explicar con palabras lo que nos sucede. Se adueña de todo nuestro ser, desencadenando una impresión sutil, misteriosa. ¿Pero de que se trata este fenómeno? Son las fuerzas abrumadoras de la naturaleza, allí está presente el alma de la naturaleza que se funde con nosotros. Es una evocación de la historia, está allí el espíritu de un lugar más elevado y tales momentos quedan grabados en el recuerdo como un estado de excepción, como percepciones no tanto de otra realidad cuanto del invisible misterio de la realidad. Son momentos de intensa plenitud.

En el bosque

Desde tiempos inmemoriales, el bosque ha influido de forma distintiva en las personas. El bosque nos infunde la sensación de estar protegidos. En los sueños, representa el inconsciente. Cuando nos hallamos dentro de un bosque entramos en contacto con ámbitos de nuestro inconsciente que, de otro modo, no percibiríamos. El tipo de bosque no carece de influencia en nuestra sensibilidad. Algunos árboles como el eucalipto nos da la sensación de una fragancia que nos penetra hasta lo más profundo, otros árboles por su corpulencia nos hacen partícipes de la fuerza que ellos poseen. Pero el bosque, sea cual sea, siempre nos lleva a sentirnos protegidos, siempre nos permiten participar en su misterio, en su quietud, pero también en su profundidad y extensión.


Lo que cada cual experimente en su lugar de quietud depende de las vivencias de la infancia. Donde de niño experimentará sosiego. Allí lo experimentará también de adulto. Cuantas veces nos viene al recuerdo las vacaciones escolares cuando nos llevaban a pasar en el campo, recogiendo frutas silvestres, bañándonos de los ríos, gozando de la calma que nos brindaban los bosques, nos sentíamos protegidos y volvíamos más fuertes con esa calma veraniega que nos envolvía y nos fortalecía para continuar los estudios. Y así los que hemos tenido la suerte de experimentar el sosiego de los bosques siempre surge al interior de nosotros ese gran anhelo de volver a sentir, a experimentar esas quietudes, a percibir la serenidad en nuestro yo interno en medio de las turbulencias de la vida. Todo ello nos deja marcado para siempre y muchas veces hallándonos lejos de los bosques de nuestra infancia, podemos retornar a ellos, tumbándonos en dondequiera que estuviésemos, cerramos los ojos y dirigimos nuestro espíritu a aquel bosque con el que estábamos familiarizado por las experiencias de antaño. Así volveremos a experimentar los sonidos, los olores, el misterio que encierra y veremos como ningún ruido nos molestará sintiendo en calma y envolviéndonos de felicidad y fascinación por la vida.

El agua

Para otros, lo relajante es sentarse a la orilla de un lago, de un río, en la playa del mar. Allí podemos pasar horas sentados escuchando la sinfonía del agua que fluye serenamente. ¿Que tiene el agua que le hace tan sedante? Es tranquilizador por una parte, el fluir de un río, el murmullo de un pequeño arroyo interpela a los estratos más profundos del alma. Cuando nos sentamos a la orilla de un lago y lo contemplamos, entramos en contacto con nuestra alma. Por eso en los sueños, el agua suele ser la imagen del inconsciente. Al mirar el agua, al sentirlo con nuestros sentidos nos profundizamos en nuestra inconsciente y simbolizamos que nuestra vida no se ha secado.

Contemplar el movimiento del agua, el sonido que provoca, enseguida nos viene esa virtud sedante, nos produce fascinación de contemplar y establecemos asociaciones de promesas con la vida y de los frutos que daremos a la humanidad. Todo lo entumecido cobra vida, lo endurecido se ablanda y el agua, que oscila de aquí a allá nos transmite una sensación de protección. Nos invita a dejarnos sostener y acunar en ella. Tal vez nos recuerde el estado originario en el seno materno, donde también estábamos abrigados por el agua.

El agua es fascinante porque es blanda, flexible y tolerante. No tiene aristas pronunciadas. Por eso es un elemento de reconciliación. Aquí deviene literalmente tangible, al menos como sueño, lo que con tanta vehemencia se desea: la destrucción de los muros que nos separan de los demás. Una mirada al lago, al mar es una mirada a los lejanos horizontes de una fraternidad sin reservas. También podemos asociar con un sentimiento de buscar la profunda soledad. Eso podemos experimentar al ir a un solitario lago enclavado en las altas montañas, cuyos caminos de acceso sean difíciles para llegar. Así solos con el lago nos vendrán pensamientos en el que estamos siendo observados por un inquietante ojo de la naturaleza. Así viviremos junto a ese lago solitario nuestras propias experiencias y entraremos en contacto con la propia alma. El lago nos mira y nos hace abrir los ojos para que nos asomemos a la profundidad de nuestro ser y descubrir allí la esencia de nuestra alma. Es un idilio entre el lago y nosotros. Igualmente el mar ejerce en las personas una fascinación singular.

Podemos permanecer horas y horas sentados a la orilla sin cansarnos de contemplar la extensión y la fuerza del mar, en especial cuando hay tormentas las olas se levantan y luego rompen, produciéndose un espectáculo sublime al ver como el agua se agita, transmitiéndonos energías fabulosas. También al caminar por la playa y exponernos a los bramidos del mar, nos resulta relajante y sanador ya que somos participes de la infinitud.

Pero no solo el lago o el mar tienen un distintivo poder de fascinación, sino también el río. Cuando contemplamos el fluir del río, nos vienen a la mente ideas diversas, todo se relativiza, todo fluye, no podemos retener nada e igualmente los problemas se relativizan. Ante nuestros ojos continúa fluyendo y desvaneciéndose y cobramos conciencia de que el río que estamos contemplando lleva milenios fluyendo. Vemos su historia y como ha sobrevivido a ella. Fluye y fluye, sin embargo mantiene su misma personalidad, es el mismo, aunque sus aguas están en constante cambio, y eso nos deja una lección mostrándonos el misterio de nuestras vidas, de mi historia, ya que seguirá existiendo cuando muramos. Pero también es una promesa de que él nos impulsa hacia la meta, ya que pese a todos los obstáculos que encuentra llega a su meta, que es entregar generosamente su agua al mar. El fluir del río tiene en sí algo tranquilizador. Sosiega los sentimientos agitados. Alcanzamos la quietud y el flujo de las aguas que arrastran todo el lastre nos hace pensar que debemos arrancar de nosotros todos los problemas, pesares, inquietudes y sufrimientos para que el agua del olvido se lleve y así quedar purificados y ser amados incondicionalmente y así poder regresar a casa refrescados, depurados, renovados como el agua que fluye sin receso. En la próxima entrega continuaremos con contemplación en la montaña, en los desiertos y el vivir la experiencia de la quietud…



Etiquetas