miércoles, 15 de junio de 2011

LOS EFECTOS DE CONTEMPLAR LA NATURALEZA (Parte Final)


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


LAS MONTAÑAS

Cuando después de una esforzada caminata accedemos a una cima, experimentamos una sensación de libertad y satisfacción muy grande. Nos limitamos a mirar a lo lejos, y esa satisfacción va transformándose en conquista, donde vamos percibiendo la sublimidad del paisaje montañoso. Por eso cada montaña, por grande o pequeña que sea, posee su fascinación distintiva, ya que desde cada montaña contemplamos un paisaje distinto. Pero cada montaña también tiene una irradiación del todo singular
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La tradición conoce, no sin razón, montañas o montes sagrados. No hay nación y pueblo que posea una montaña que brilla ante nuestros ojos y representa el poder de la naturaleza. Así, toda montaña o monte es una promesa de que también es nuestra vida que está por encima del valle de la vida diaria. Es un camino para lograr que la vida prospere, ya que hay que hacer de la conquista la verdadera libertad, libertad respecto de nosotros mismos. La montaña, desde la que podemos contemplar el paisaje nos comunica ya algo de esa libertad, y la montaña nos permite experimentar con mayor intensidad la cercanía con el cosmos, allí nos invade una quietud que ella nos podemos darnos a sí mismos. Nos viene de afuera, y para poder experimentar este sosiego de las montañas, no necesitamos más que sosegarnos en ellas mismas y nuestro corazón se serena. Rodearnos de la sublimidad del mundo de las montañas, es hoy el camino más importante para encontrar el sosiego y desasirse de la carga del día a día.

Ya Juan de la cruz, el místico español nos habla de las montañas o montes sagrados y de los montes amados. Nos fascinan no sólo cuando podemos coronarlo, sino también cuando asombrados los contemplamos a lo lejos. La mirada dirigida hacia arriba, hacia las maravillosas cimas, abre nuestros sentidos al expandirnos en el universo como fundamento de la continua transformación a la que está sujeta la naturaleza. Lastimosamente el hombre se ha encargado de ir destruyndoles y así todas las culturas que veneran y aman las montañas están siendo impedidas de conocer sus metas y experimentar con intensidad las cercanías con el universo donde sus cimas se pierden envueltas en la quietud y majestuosidad.

EL DESIERTO

Oh! ¡La dulce sensación de dejarse vivir, de dejar de pensar, de dejar de obrar, de no forzarse a nada, de no añorar nada, de no desear, salvo la duración indefinida de lo que es! ¡Oh! ¡La bienaventurada aniquilación del yo, en esta vida contemplativa del desierto!...
Isabelle Eberhardt


Este mar de arenas con su infinita extensión y aparentemente vacío es uno de los lugares donde la quietud ronda a cada paso. No se trata tan sólo de una calma agradable, ya que a menudo llega a atemorizar. Cuando nadie nos distrae, nos vemos confrontados tanto más intensamente con nosotros mismos. La tranquilidad del desierto nos incita a desasirnos del ruido que llevamos en nuestro interior, a no aferrarnos ya a nada, ni a las palabras, ni a la música, ni al ruido. Sólo quien se abre a la quietud puede soportar el desierto. Entonces, éste se convierte en bienaventuranza, que supone la posesión de un bien perfecto que llene y sacie todo el apetito racional del hombre, que ha de ser poseído con toda plenitud y según toda la capacidad del hombre por el disfrute de un modo permanente de la recta razón.

Desde los primeros tiempos el hombre se fue a vivir al desierto. Esto respondía a distintas razones; entre otras, allí no les perturbaban ni distraían los esparcimientos de la vida. En la actualidad, el desierto ejerce una nueva fascinación sobre las personas. Hoy hay agencias de viajes que se han especializado en las rutas por los desiertos del mundo. En la historia hay muchos casos de importancia. Israel atravesó el desierto tras la tierra prometida, hacia la tierra de la libertad. Para el pueblo, el desierto era el lugar de la especial proximidad de dios. El profeta Oseas habla del tiempo del desierto como de la época del primer amor entre Israel y su dios. Pero también el desierto es lugar de tentación, el lugar en el que el pueblo murmuró contra dios y sintió nostalgia de las ollas de carne de Egipto. Para Jesús fue el desierto el lugar de tentación, allí le asalto la tentación básica de toda persona, pero él la venció. la experiencia del desierto le dio la capacidad de hablar con sabiduría y dedicarse a la tarea de liberar a los espíritus esclavos enseñando las verdades más indiscutibles que hay que confrontar y así liberarse aplicando la vida simple y elegir las prioridades de acuerdo al momento. Es decir es un maestro que murió por liberar, por transformar por revolucionar las mentes y espíritus a que despierten y se revelen contra el orden impuesto.
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En la actualidad, la naturaleza se ha convertido para muchas personas en un lugar para vivir la experiencia de quietud; y ello, fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, la naturaleza es algo que nos viene dado, y al mismo tiempo nos fascina. La naturaleza es, por esencia, serena, por muy intenso que sea el murmullo del arroyo de la montaña. No tenemos más que entregarnos a lo que nos rodea. Si nos dejamos conmover por la belleza de la creación, nos hacemos partícipes de su calma. Pero hay una segunda razón por la que las personas buscan tranquilidad en la naturaleza: la naturaleza no hace valoraciones. En la naturaleza puedo ser como soy en realidad. La naturaleza me sostiene, pertenezco a ella. La vida que percibo en la naturaleza late también en mí. Lo que impide sosegarse a tantas y tantas personas es su juez interior. Dondequiera que estén, ese juez interior pide la palabra. Valora y juzga todo lo que pensamos y hacemos. La naturaleza no hace valoraciones. Cuando nos entreguemos a ella, el juez que llevamos dentro es destituido. Podemos ser sin más y esto nos libera y nos proporciona quietud.

sábado, 14 de mayo de 2011

LOS EFECTOS DE CONTEMPLAR LA NATURALEZA (I parte)



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Pasear por la creación con los sentidos despiertos es una manera de experimentar quietud en la naturaleza dice Anselm Grun, enseñándonos que hay otras formas de encontrar sosiego en ella. Muchas personas ya tienen su rincón preferido en la naturaleza, en el parque o debajo de un árbol con el cual se identifican para contemplar el paisaje.

Algunos lugares desbordan una profunda paz interior. Cuando se acude a su lugar favorito se siente una profunda paz interior que nos lleva y nos da gozo pleno de la vida. El propio paisaje es pura ternura y paz. Igual si salimos fuera de la ciudad, al campo, y solo con contemplar los cultivos, sus caseríos, surge automáticamente en nosotros una sensación de seguridad y pertenencia, de ser acogidos y sostenidos por el poder de la naturaleza y poco a poco nos vamos arraigando a respetarle y protegerlo, ya que ellos nos entregan muchas vivencias y sabidurías para nuestro bienestar.

En ocasiones son lugares energéticos que hacen bien a las personas que lo visitan. Irradian algo muy determinado. No sabemos a qué se debe, pero son lugares que nos interpelan directamente, que nos transmiten la sensación de estar rodeados de algo más poderoso que nosotros. Es interesante pasear por estos sitios que nos suscitan un sentimiento intenso, ya que pertenece al ámbito de lo inefable, es decir que no podemos explicar con palabras lo que nos sucede. Se adueña de todo nuestro ser, desencadenando una impresión sutil, misteriosa. ¿Pero de que se trata este fenómeno? Son las fuerzas abrumadoras de la naturaleza, allí está presente el alma de la naturaleza que se funde con nosotros. Es una evocación de la historia, está allí el espíritu de un lugar más elevado y tales momentos quedan grabados en el recuerdo como un estado de excepción, como percepciones no tanto de otra realidad cuanto del invisible misterio de la realidad. Son momentos de intensa plenitud.

En el bosque

Desde tiempos inmemoriales, el bosque ha influido de forma distintiva en las personas. El bosque nos infunde la sensación de estar protegidos. En los sueños, representa el inconsciente. Cuando nos hallamos dentro de un bosque entramos en contacto con ámbitos de nuestro inconsciente que, de otro modo, no percibiríamos. El tipo de bosque no carece de influencia en nuestra sensibilidad. Algunos árboles como el eucalipto nos da la sensación de una fragancia que nos penetra hasta lo más profundo, otros árboles por su corpulencia nos hacen partícipes de la fuerza que ellos poseen. Pero el bosque, sea cual sea, siempre nos lleva a sentirnos protegidos, siempre nos permiten participar en su misterio, en su quietud, pero también en su profundidad y extensión.


Lo que cada cual experimente en su lugar de quietud depende de las vivencias de la infancia. Donde de niño experimentará sosiego. Allí lo experimentará también de adulto. Cuantas veces nos viene al recuerdo las vacaciones escolares cuando nos llevaban a pasar en el campo, recogiendo frutas silvestres, bañándonos de los ríos, gozando de la calma que nos brindaban los bosques, nos sentíamos protegidos y volvíamos más fuertes con esa calma veraniega que nos envolvía y nos fortalecía para continuar los estudios. Y así los que hemos tenido la suerte de experimentar el sosiego de los bosques siempre surge al interior de nosotros ese gran anhelo de volver a sentir, a experimentar esas quietudes, a percibir la serenidad en nuestro yo interno en medio de las turbulencias de la vida. Todo ello nos deja marcado para siempre y muchas veces hallándonos lejos de los bosques de nuestra infancia, podemos retornar a ellos, tumbándonos en dondequiera que estuviésemos, cerramos los ojos y dirigimos nuestro espíritu a aquel bosque con el que estábamos familiarizado por las experiencias de antaño. Así volveremos a experimentar los sonidos, los olores, el misterio que encierra y veremos como ningún ruido nos molestará sintiendo en calma y envolviéndonos de felicidad y fascinación por la vida.

El agua

Para otros, lo relajante es sentarse a la orilla de un lago, de un río, en la playa del mar. Allí podemos pasar horas sentados escuchando la sinfonía del agua que fluye serenamente. ¿Que tiene el agua que le hace tan sedante? Es tranquilizador por una parte, el fluir de un río, el murmullo de un pequeño arroyo interpela a los estratos más profundos del alma. Cuando nos sentamos a la orilla de un lago y lo contemplamos, entramos en contacto con nuestra alma. Por eso en los sueños, el agua suele ser la imagen del inconsciente. Al mirar el agua, al sentirlo con nuestros sentidos nos profundizamos en nuestra inconsciente y simbolizamos que nuestra vida no se ha secado.

Contemplar el movimiento del agua, el sonido que provoca, enseguida nos viene esa virtud sedante, nos produce fascinación de contemplar y establecemos asociaciones de promesas con la vida y de los frutos que daremos a la humanidad. Todo lo entumecido cobra vida, lo endurecido se ablanda y el agua, que oscila de aquí a allá nos transmite una sensación de protección. Nos invita a dejarnos sostener y acunar en ella. Tal vez nos recuerde el estado originario en el seno materno, donde también estábamos abrigados por el agua.

El agua es fascinante porque es blanda, flexible y tolerante. No tiene aristas pronunciadas. Por eso es un elemento de reconciliación. Aquí deviene literalmente tangible, al menos como sueño, lo que con tanta vehemencia se desea: la destrucción de los muros que nos separan de los demás. Una mirada al lago, al mar es una mirada a los lejanos horizontes de una fraternidad sin reservas. También podemos asociar con un sentimiento de buscar la profunda soledad. Eso podemos experimentar al ir a un solitario lago enclavado en las altas montañas, cuyos caminos de acceso sean difíciles para llegar. Así solos con el lago nos vendrán pensamientos en el que estamos siendo observados por un inquietante ojo de la naturaleza. Así viviremos junto a ese lago solitario nuestras propias experiencias y entraremos en contacto con la propia alma. El lago nos mira y nos hace abrir los ojos para que nos asomemos a la profundidad de nuestro ser y descubrir allí la esencia de nuestra alma. Es un idilio entre el lago y nosotros. Igualmente el mar ejerce en las personas una fascinación singular.

Podemos permanecer horas y horas sentados a la orilla sin cansarnos de contemplar la extensión y la fuerza del mar, en especial cuando hay tormentas las olas se levantan y luego rompen, produciéndose un espectáculo sublime al ver como el agua se agita, transmitiéndonos energías fabulosas. También al caminar por la playa y exponernos a los bramidos del mar, nos resulta relajante y sanador ya que somos participes de la infinitud.

Pero no solo el lago o el mar tienen un distintivo poder de fascinación, sino también el río. Cuando contemplamos el fluir del río, nos vienen a la mente ideas diversas, todo se relativiza, todo fluye, no podemos retener nada e igualmente los problemas se relativizan. Ante nuestros ojos continúa fluyendo y desvaneciéndose y cobramos conciencia de que el río que estamos contemplando lleva milenios fluyendo. Vemos su historia y como ha sobrevivido a ella. Fluye y fluye, sin embargo mantiene su misma personalidad, es el mismo, aunque sus aguas están en constante cambio, y eso nos deja una lección mostrándonos el misterio de nuestras vidas, de mi historia, ya que seguirá existiendo cuando muramos. Pero también es una promesa de que él nos impulsa hacia la meta, ya que pese a todos los obstáculos que encuentra llega a su meta, que es entregar generosamente su agua al mar. El fluir del río tiene en sí algo tranquilizador. Sosiega los sentimientos agitados. Alcanzamos la quietud y el flujo de las aguas que arrastran todo el lastre nos hace pensar que debemos arrancar de nosotros todos los problemas, pesares, inquietudes y sufrimientos para que el agua del olvido se lleve y así quedar purificados y ser amados incondicionalmente y así poder regresar a casa refrescados, depurados, renovados como el agua que fluye sin receso. En la próxima entrega continuaremos con contemplación en la montaña, en los desiertos y el vivir la experiencia de la quietud…



jueves, 28 de abril de 2011

SABIDURIA



VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Confucio enseña que hay dos clases de sabios, siéndolo unos de nacimiento, mientras que los otros lo hacen mediante su esfuerzo. Debe recordarse aquí que el sabio tal como él lo entendía, representa el grado más elevado de la jerarquía confucionista y constituye al mismo tiempo el primer escalafón de la jerarquía taoísta, situándose así en cierto modo en el punto límite donde se reúnen los dominios exotérico y esotérico.

En estas condiciones, uno puede preguntarse si, al hablar del sabio de nacimiento, Confucio había querido designar con ello solamente al humano que por naturaleza posee todas las cualificaciones requeridas para acceder efectivamente y sin ninguna otra preparación a la jerarquía de conocimiento, y que, en consecuencia, no tenía ninguna necesidad de esforzarse en escalar poco a poco, mediante estudios más o menos largos y penosos, los grados de jerarquía exterior. Ello es efecto muy posible e incluso constituye la interpretación más verosímil; tal sentido es, por cierto, tanto más legítimo cuanto que implica al menos el reconocimiento de que hay seres que están destinados, por sus propias posibilidades, a pasar inmediatamente más allá de ese dominio exotérico.

Todo conocimiento efectivo constituye una adquisición permanente, obtenida por el ser de una vez por todas, y nada podría jamás hacerla perder. Por consiguiente, si un ser que ha alcanzado un determinado grado de realización en un estado de existencia, pasa a otro estado, deberá necesariamente llevar en él lo que ha adquirido, que aparecerá entonces como “innato” en ese nuevo estado; está claro, por otra parte, que no puede tratarse en ello más que de una realización que permanece incompleta, sin lo cual el paso a otro estado no tendría ningún sentido concebible, y, en el caso del ser que pasa al estado humano, pues es éste el que nos interesa particularmente aquí, ésta realización no ha llegado todavía a la superación de las condiciones de la existencia individual; ésta puede extenderse desde los grados más elementales hasta el punto más cercano a aquel que, en el estado humano, corresponde a la perfección. 


Decimos solamente el punto más cercano, porque, si la perfección de un estado individual hubiera sido efectivamente alcanzada, el ser no tendría ya que pasar por otro estado individual. También se puede hablar de un ser que habiendo ya alcanzado un grado determinado de realización antes de nacer al estado humano, poseerá de nacimiento el grado correspondiente a esta realización en el mundo humano, grado que puede ir desde el de sabio hasta el del “hombre verdadero”. 


Sin embargo no debería creerse que en las condiciones actuales del mundo terrestre, esta sabiduría innata pueda manifestarse espontáneamente, como ocurría en la época primordial, pues evidentemente es preciso tener en cuenta los obstáculos que opone el medio. El ser de que se trata deberá entonces recurrir a los medios que de hecho existen para superar estos obstáculos, lo que significa que no está en absoluto eximido, como se podría suponer erróneamente, de la vinculación a una “cadena iniciática”, a falta de la cual, en tanto esté en el estado humano, permanecería simplemente igual a como estaba al entrar, y como inmerso en una especie de “sueño” espiritual que no le permite ir más lejos en la vía de su realización.

Podría aún concebirse, con rigor, que manifieste exteriormente, sin tener necesidad de desarrollarlo de una forma gradual, el estado del sabio, porque éste no está aún sino en el límite superior del dominio exotérico; pero, para todo lo que está más allá, la iniciación propiamente dicha constituye siempre, por el momento, una condición indispensable, y, por lo demás, suficiente; en el único caso en que esta condición no existe es aquel en que se trata de la realización descendente, ya que ésta presupone que la realización ascendente ha sido cumplida hasta su último término; este caso es entonces evidentemente distinto al que ahora consideramos. Este ser podrá entonces pasar en apariencia por los mismos grados que el iniciado que simplemente ha partido del estado del hombre ordinario, pero la realidad será no obstante muy diferente; en efecto, no solamente la iniciación, en lugar de no ser en principio sino virtual como lo es habitualmente, será para él inmediatamente efectiva, sino que también “reconocerá” estos grados, de una forma que pueda ser comparada a la “reminiscencia platónica” y que incluso es sin duda, en el fondo, uno de los significados de ésta.

Este caso es comparable también a lo que sería, en el orden del conocimiento teórico, el de alguien que posee ya interiormente la conciencia de ciertas verdades doctrinales, pero que es incapaz de expresarlas porque no tiene a su disposición los términos apropiados, y que, desde el momento en que está resuelto a anunciarlas, las reconoce en su sentido sin experimentar ninguna dificultad para asimilárselas. Puede incluso ocurrir que, cuando se encuentre en presencia de los ritos y símbolos iniciáticos, éstos se le aparezcan como si siempre los hubiera conocido, de una manera en cierto modo “intemporal”, porque posee efectivamente en él todo lo que, más allá e independientemente de las formas particulares, constituye su esencia misma.

Otra consecuencia de lo que acabamos de decir es que, para recorrer la vía iniciática, un ser tal como éste que hablamos no tiene ninguna necesidad de ayuda de un Gurú exterior y humano, puesto que en realidad la acción del verdadero Gurú interior opera en él desde el principio, haciendo evidentemente inútil la intervención de todo “sustituto” provisional. Lo que es indispensable que se comprenda es que el ser que posee por derecho desde su nacimiento la cualidad de “hombre verdadero”, o la que le corresponde en un menor grado de realización, no puede ya desarrollarla de hecho de una forma completamente espontánea independiente de toda circunstancia contingente. Por supuesto, el papel de las contingencias no deja de estar reducido para él al mínimo, ya que no se trata en suma sino de una vinculación iniciática pura y simple, que evidentemente siempre le es posible obtener, tanto más cuanto que será como inevitablemente conducido a ella por las afinidades que son un efecto de su propia naturaleza.

Pero lo que ante todo debe ser evitado, pues algunos puedan imaginar que tal caso es el suyo, sea porque se sienten llevados a buscar la iniciación, lo que indica solamente que están prestos a entrar en esta vía y no que ya la hayan recorrido en parte en otro estado, sea porque, antes de toda iniciación, han visto algunos “resplandores” más o menos vagos, de orden probablemente más bien psíquicos que espiritual, que en suma no tienen nada de extraordinario y no prueban más que cualquier “premonición” que pueda ocasionalmente tener todo hombre cuyas facultades estén un poco menos estrechamente limitadas de lo que comúnmente lo están las de la humanidad actual, y que, por ello, se encuentra menos encerrado en la modalidad corporal de su individualidad, lo que por otra parte, de manera general, ni siquiera implica necesariamente que esté verdaderamente cualificado para la iniciación.

Todo esto no representa con seguridad más que razones totalmente insuficientes para pretender poder prescindir de un Maestro espiritual y llegar sin embargo a la iniciación efectiva, no menos que para eximirse de todo esfuerzo personal en vistas a este resultado; la verdad obliga a decir que ésta es una posibilidad que existe, pero también que no puede pertenecer sino a una ínfima minoría, si bien, en suma, ni siquiera hay que tenerla prácticamente en cuenta. Quienes poseen realmente esta posibilidad tomarán siempre conciencia de ella en el momento oportuno, de una manera cierta e indudable, y esto es, en el fondo, lo único que importa; en cuanto a los demás, si se dejan arrastrar por sus vanas imaginaciones y les dan crédito, comportándose en consecuencia, serán llevados a las más molestas decepciones.

sábado, 23 de abril de 2011

VIVIR CON LOS SENTIDOS


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

Al hablar del silencio es necesario remitirnos a la quietud y vivir con todos los sentidos. Por ello voy a transcribir algunos ejercicios de meditación que nos narra Anselm Grün. No se trata de proponernos grandes objetivos. Más bien, el ejercicio consiste precisamente en permanecer recogidos sin más en uno mismo, en estar presente en los propios sentidos y en experimentar el mundo con ellos.

Es necesario buscar un espacio tranquilo, fuera de la ciudad –si se lo puede hacer en una campiña- o sino en una sector tranquilo de la ciudad. Este primer ejercicio es fácil, en los primeros diez minutos de paseo diario, limitarse a mirar ¿Qué veo?, percatarse del paisaje, de los jardines, de las flores, del campo si lo hay, de las formas de los árboles. Observar el cielo y cómo juega las nubes en él. No se trata de una mirada curiosa: los ojos no vagan de continuo de un lado para otro. Antes bien, es estar completamente inmerso en el ver. En este ver asombrarse de la belleza de la creación, en ella percibir la fuerza de la naturaleza. Por eso para los griegos, la vista es el sentido más importante para el encuentro con el poder del universo. No mirar como espectador, sino como si fuera a fundirse con aquello en lo que se fija la mirada.

Es también lo que significa “contemplación”: mirando se puede descubrir el fondo de las cosas y allí, en su profundidad, descubrir la sabiduría de la naturaleza. “Contemplar” significa también: mirar hacia dentro, visualizar la propia luz. La luz del sol que guía nuestra mirada hacia la luz interior del alma. Allí descubrir el poder que genera el universo no como una imagen determinada sino como fundamento de todas las imágenes.

Luego, durante otros diez minutos tratar de limitarse a escuchar. ¿Qué oigo cuando paseo por el paisaje escuchando atentamente? Oigo el susurro del viento, del campo, de los pájaros, el ladrido de los perros, el ruido de la ciudad. Y oigo mis propios pasos. Cuando se está todo inmerso en la escucha, en último término también escuchar en todos los ruidos la quietud, de no perturbar la paz, la hace perceptible. Y a veces, en medio del mucho ruido no oír nada, sino solo el sosiego, allí son instantes maravillosos, ya que no escucharemos autos que circulen por sitio alguno, ni ruido de ninguna clase, aquí reina la absoluta calma. Y entonces volvemos a oír un ligero susurro. Es algo delicado que hace audible para nosotros la tranquilidad que nos envuelve. Escuchar tiene siempre un halo de misterio. En lo que estamos oyendo percibimos, en el fondo, lo audible.

Los diez minutos siguientes, dedicarnos sólo a oler. Huelo el paisaje, la fragancia de las flores, de los arboles, del campo, de los arbustos que se alzan al borde del camino. Si nos concentramos por completo en oler, constataremos que cada paisaje tiene su propio olor y que un paisaje huele de forma distinta por la mañana que por la tarde, de forma distinta después de llover que mientras llueve o que cuando luce el sol, de forma distinta en invierno que en primavera, verano u otoño. Olemos la diversidad.

El olfato es un sentido cargado de emociones. Al olor, nos viene el recuerdo de los olores de nuestra infancia que eran importantes para nosotros, que transmitían una sensación de seguridad. Pero también las ofensas que experimentamos de niños están asociadas a menudo a determinados olores. Cuando olemos, los pensamientos cesan de revolotear en nosotros. Entonces, estamos por completo en uno de nuestros sentidos, en nuestro cuerpo, no en la mente. Oler nos pone en contacto con experiencias intensas de nuestra infancia, adolescencia y también madurez. recordamos nuestras vacaciones y lo asociamos enseguida el olor con nuestras aventuras, con los buenos momentos que pasamos en determinados sitios y el olor suscita en nosotros un sentimiento de libertad así como una sensación de seguridad, y al mismo tiempo, hay en esa fragancia un atisbo de trascendencia, de misterio. Es evidente que, en ella que la armonía del cosmos mismo nos tocó.

A continuación, procuramos estar sólo en nuestra piel. Notamos el viento, que a veces nos acaricia tiernamente y luego vuelve a metérsenos hasta nuestros huesos. Sentimos el calor del sol en nuestro rostro. Nos detenemos para advertir el misterio de la creación. Extendemos los brazos y percibimos su energía poderosa que nos envuelve y nos alienta. Sentimos el sol, el viento y eso nos hace bien. O tocamos la hierba, las flores, las hojas, la corteza de un árbol. Allí podemos concentrarnos por entero en el acto de tocar, de experimentar la tranquilidad. Ahora tan sólo percibimos. Estamos inmersos en palpar y eso nos apacigua.

Cuando estamos volcados en el tacto, tocamos algo que es mayor que nosotros. No nos contentamos con comparar las distintas experiencias de palpación, ni con evaluarlas desde un punto de vista científico. Tocamos en las cosas lo intocable, el misterio por excelencia. Luego, por medio del tacto, cuanto nos rodea se aquieta. Todo se acalla y no habla más que de lo inefable.

Cuando paseamos por la naturaleza con todos los sentidos abiertos, cesa el estrépito de los numerosos pensamientos. Más bien, estamos inmersos en mirar, escuchar, oler y palpar. Los pensamientos permanecen del todo despiertos, por ejemplo, cuando olemos nos nieve a la mente determinada fragancia de la infancia, de la juventud, del primer beso o abrazo, pero no nos quedamos reinando sobre ello. Nuestros pensamientos no deambulan por doquier. Estamos en el instante, estamos en nuestros sentidos y así nos sosegamos. Los sentidos amarran al espíritu y lo sumen en la quietud.

Para muchas personas pasear por la naturaleza es una importante senda hacia la quietud y el encuentro consigo mismo que es el microcosmos y nos deslizamos al macrocosmos para sentir su grandeza y poder que sale a nuestro encuentro visible, audible, odorable y palpable.



sábado, 19 de marzo de 2011

LA SABIDURIA DEL SILENCIO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

He escrito este tema el del silencio. De la necesidad del silencio. De las virtudes del silencio. Es indispensable aprender a silenciarnos en la sociedad del ruido. Vivimos dominados y atemorizados por él, lo que nos provoca un estilo de vida agobiante, lleno de neurosis y stress. El ruido está instalado en nuestras vidas. Ante este panorama se hace preciso, reivindicar el papel del silencio. Del silencio creador, del silencio de la paz interior, del silencio que nos humaniza, que nos permita descubrirnos en profundidad, que nos ponga en contacto con la experiencia espiritual y nos proporcione la apertura a la trascendencia.

Para aprender a escuchar el silencio, debemos pasar primero por un examen de conciencia y detenernos a reflexionar sobre nosotros y qué papel desempeñamos. Si pertenecemos a la masa, donde somos inconscientes por las reglas que nos impone la sociedad. Aquí en este segmento está impedida la reflexión, porque actúan mecánicamente sin meditar en lo que se hace. Están condicionados a decir sí porque es la única canción que le han enseñado; a creer todo lo que le es dado; asimilar, digerir, a no tener problemas, no querer que suceda nada nuevo en el mundo, sino que siga la tradición, el pasado, rechazando la transformación y peor aún la revolución. Son memoria y nada más.

 Se sienten cómodos vegetando y sustentándose en lo que le brinda la sociedad. O si acaso se han movido y no se han quedado atascado y más bien han subido un escalón para alcanzar a mirar la belleza de la vida desde otro plano, desde otros valores descubriendo su propia luz, su creatividad interna como potencial escondido. Aquí fluye en la reacción y la rebelión al orden impuesto en su individualidad, en su espiritualidad. Es consciente de su propia creatividad, en el campo que desee desenvolverse.

 A este grupo pertenece la minoría de la intelectualidad, del artista, del poeta, del pintor, del músico, del pensador, del filósofo, del revolucionario. Aquí han aprendido a decir no. O pueda que esté ubicado en el último peldaño, la de avanzar aún más y estar listo a desarrollar grandes cosas, grandes cambios y transformaciones, claro que tendrá el odio y el rechazo de los primeros y la admiración de los segundos, pero será de aquellos que saben volar. Aquí está ubicado en una dimensión diferente, distinta. Aquí es creativo, interpendiente, es decir todos dependen de todos y todo es uno. Nace la sensación del todo, no yo, no él, no hay fijación en el sí o en el no, no hay obsesión entre decir siempre si y decir siempre no, solo hay fluidez, espontaneidad, no hay obediencia ni desobediencia sino espontaneidad. Hay responsabilidad ya que responde a la existencia misma, no reacciona desde el pasado y no reacciona desde el futuro. Está en el presente, aquí y ahora. Es inefable, un misterio, un asombro, brilla la sabiduría, el amor y la inocencia. Es un mundo donde las palabras no significan mucho.  Es el mundo del silencio a las palabras, inocencia sin pensamiento sino acción; Solo conocerá las respuestas a las preguntas que le formulen embarcándose en viajes lejanos y fabulosos del asombro, convirtiéndose en niño lleno de sorpresas, de misterio, poesía y canción. De esta persona podrán tomar tanto como quieran que nada se reduce, siempre permanecerá igual que antes. Es la semilla de donde germina la flor que contiene el perfume.  Has notado que para ascender los escalones, hay un elemento primordial de cambio, el silencio. Momentos en que te vuelves sobre ti mismo para examinar tus ideas y afirmar te más en los verdaderos y auténticos criterios.

Cuando estés lleno de ruidos y de actividad, que te impide pensar. ¡Párate un momento y enfréntate con tu yo sinceramente! y verás cómo en minutos te transformas. No tengas miedo al silencio. Verás cuanto bien va a hacer a toda tu vida. Verás cómo vas a escuchar lo que te dice en tu interior, tu conciencia, tu maestro interno. Aprenderás a mirar cómo se enciende una luz en tu interior que te iluminará para siempre. Allí comprenderás que fecundo es el silencio. Escúchate a ti mismo y se te abrirá la verdad de dentro. Escucha y pon tu corazón atento al vuelo de tu espíritu. No es preciso huir del mundo y fingir que todo a tu alrededor ha desaparecido. Contemplar es percibir el reflejo. Por lo que aprendiendo a escuchar la paz del silencio nos enseña a actuar y pensar espontáneamente, en vez de actuar por miedos basados en experiencias pasadas. Tendremos una capacidad inconfundible de gozar cada instante. Una pérdida de interés en recriminar a los demás. Una pérdida de interés en recriminarse a sí mismo. Una pérdida de interés en cualquier conflicto. Una pérdida de interés en la preocupación. Mantendremos episodios frecuentes e irrepetibles de gratitud. Una sensación de estar conectados a los otros y a la naturaleza. Aflorará en nosotros sonrisas frecuentes. Una tendencia a dejar que las cosas ocurran en vez de forzar a que ocurran de determinada manera. Una susceptibilidad al amor que viene de los demás, así como una necesidad incontrolable de extender ese amor a todo el mundo. Igualmente aprenderemos a no tener prisa; a superar la ansiedad; a superar la necesidad de quedar bien; superar la necesidad de rendimiento; superar el afán de posesión; no criticar a otros, ni siquiera con el pensamiento; pensar positivamente; superar la agresividad; fomentar el silencio; estar donde estás, con todo tu ser; pensar positivamente; fomentar la calma y la serenidad; fomentar la comprensión y la tolerancia; vivir con el corazón; poner mucho amor en todo. Haz la prueba, y verás cómo sales renovado de ese silencio.

 No será tiempo perdido esas horas en que te encuentras contigo mismo. Vas a almacenar energía para enfrentarte con las tempestades de la vida. Acude siempre a este misterio en busca de ayuda. Pregunta cuál es su mensaje en determinado momento que estás viviendo y lo recibirás acertadamente. Grandes hombres encontraron en el silencio los resortes más poderosos de su actividad. El desierto fue siempre fecundo. Busca tú un desierto en tu existencia; un lugar solitario donde puedas hacerte dueño de tu vida, donde puedas cada día encontrarlo con gozo para examinar tu conciencia.

LA SABIDURIA DEL SILENCIO


- Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir, antes de abrir la boca. Se breve y preciso, ya que cada vez que dejes salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu energía. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

- Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de negatividad.

- Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo. Escucha y refleja la energía. El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía de vuelta el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se representan en nuestra vida.

- Si te identificas con el éxito tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracaso. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el Universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, porque siendo como un espejo sin emociones, aprendemos a hablar de otra manera, con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permitiendo una comunicación sincera y fluida. No te des mucha importancia y sé humilde, pues cuanto más te muestres superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

- Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de las opiniones de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable.

- No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

- No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen "si", porque saben que ese "si" no es sólido y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.

- Si realmente hay algo que no sabes o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego, porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace creer que sabe.

- Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto en ti mismo. Deja que cada quién resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte, en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás demostrando que las palabras de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

- Tu silencio interno te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de la palabra para reeducar el ego, que tiene la costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar, o por lo menos unas horas en el día, según lo permita tu organización personal. Es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo ilimitado. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno y todo tu ser se envenenará rápidamente, perdiendo la paz.

- Quédate en silencio, cultiva tu propio ser interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Así que comprometámonos a realizar momentos de silencio. Vamos a respetar el silencio de los demás. Vamos todos a escuchar el silencio.

A manera de colofón se recomienda observar cuidadosamente los primeros síntomas de nacimiento de esta paz interior. Los corazones de muchas personalidades a lo largo de la historia han sido afectados por esta condición y es posible que mucha gente, algún día, comience a ser afectada en proporciones epidémicas. Esto podría resultar una amenaza grave a lo que hasta ahora ha sido una condición estable de conflicto en el mundo contemporáneo, el ruido.

El silencio: su valor


Tres formas hay de silencio: el primero es de palabras, el segundo de deseos y el tercero de pensamientos. El primero es perfecto, más perfecto es el segundo y perfectísimo el tercero. En el primero, de palabras, se alcanza la virtud; en el segundo, de deseos, se consigue la quietud; en el tercero, de pensamientos, el interior recogimiento. No hablando, no deseando, ni pensando, se llega al verdadero y perfecto silencio místico, en el cual habla el alma, se comunica y le enseña en su más íntimo fondo la más perfecta soledad y alta sabiduría. 

sábado, 29 de enero de 2011

LA EQUIDAD ETERNA


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

La verdadera paz puede hallarse incluso en el corazón de una tormenta, que a pesar de las adversidades, la persona que permanece firme en encontrase a sí mismo puede vivir en su verdadera calma. Por el contrario puede hallarse sólo en un desierto, con la única compañía del crepúsculo y el vasto silencio de la paz de la naturaleza, y obstante puede ser devorado por los vientos de los temores, el miedo, las pasiones que le conducirán inevitablemente al encadenamiento de sus ataduras, borrando en su corazón la bondad amorosa y la paz interna. 

La naturaleza si es observada a la ligera, puede aparecer cruel y codiciosa, que derrama la sangre de los animales más débiles; pero fijándonos en los sencillos hechos que muy pocas personas han reparado. En el mundo hay más corderos que leones. No es por casualidad. La naturaleza no es algo ciego o disparatado. La naturaleza es acción y no desperdicio material. No comete errores en su creación. ¿No nos sorprende que en el crisol de las fuerzas de la naturaleza, el león ha perdido la partida ante el cordero en la lucha por su existencia. Tampoco explica que el ser humano se ponga de parte de la gacela. De hecho el ser humano empezó su carrera de matarife, matando primero a esta dócil criatura. 
El humano mata más gacelas que leones. No es el hombre el que condena al león, sino la naturaleza. Reflexionando comprobaremos que la naturaleza no puede conceder una fuerza concreta en direcciones opuestas a la misma criatura. El león es un gran luchador pero procrea muy lentamente. Toda la fortaleza de su maravilloso cuerpo está enfocada en la lucha. Tener crías le debilita y resulta un incidente en su vida. Por su parte la gacela no es un luchador y por lo tanto es débil. Pero la gacela no gasta energía luchando y por ello procrea mejor. La naturaleza reconoce que al crear al león cometió un error y corrige ese error. El león y el resto de los animales cuyo instinto es matar están desapareciendo, mientras que los animales pacíficos siguen aumentando su población. 
No existen excepciones a esta sentencia de extinción pronunciada por las leyes inmutables de la naturaleza contra todos los seres que depredan. La naturaleza se rige conforme a una equidad eterna y, por la propia ley del universo. El luchador está inmerso en una batalla perdida. Siempre ha sido así y siempre será así, tanto que se trata de un animal como del hombre, en la selva o la ciudad, ahora y siempre, el león pierde. Pierde cuando gana. Muere cuando mata. Por la propia naturaleza de las cosas, cuando devora la carne caliente del cordero que arrancó del rebaño, no está sino devorando su propia especie. Cuando el primer león atacó a su presa con su poderosa zarpa y rugió por el deleite que sentía al devorar el costillar ensangrentado estaba cantando, no a la muerte de la indefensa criatura que se comía, sino el himno fúnebre de su propia especie. La bestialidad es poca inspiradora. Los leones no viven en manadas grandes, sino que forman pequeños grupos, los osos son solitarios. En la raza humana hay una similitud con el mundo animal, hay grupos pequeños de personas que pasan la vida luchando entre sí. Ese salvajismo se vuelve contra uno mismo, tanto en las bestias como en los seres humanos, y es la fuente de debilidad y exterminio. 
Según la analogía de las cosas, las bestias están llamadas a desaparecer. Ningún gran soldado conquistó realmente nunca nada. Sus victorias son ilusiones. Los imperios, si no descansan en nada más sustancioso que una arma, se derrumban con rapidez. Al final, los soldados deben repudiar la fuerza y echar mano a la justicia y la razón para impedir que su imperio se venga abajo. La bestia de presa, tanto animal como humana es solitaria, está desesperada y desvalida. Irremediablemente condenada, pues es en la bondad donde radica la verdadera fortaleza. Bondad es el león, con todos los atributos del león que le concedió la naturaleza, excepto en el gusto por la sangre. De ser así, poco a poco toda la vida se postraría ante su soberanía irresistible. 
El humano se hace y se deshace él mismo. En el pensamiento forja las armas con la que se autodestruye. También en él crea las herramientas con las que se hace mansiones de alegría, fortaleza y paz. Solo depende de la elección correcta y la aplicación verdadera del pensamiento. El humano asciende a la perfección divina por su constante trabajo de humildad para elevar sus virtudes, pilares que sostienen la constante construcción de su templo interno; o a través del abuso y la aplicación incorrecta del pensamiento, desciende por debajo del nivel de las bestias. Entre ambos extremos están todos los grados de carácter, de que el humano es su hacedor y señor.

sábado, 1 de enero de 2011

LIBRARNOS DEL PASADO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA

El único que tiene el poder de perdonar la falta de armonía, la discordia es uno mismo. Es el propio ser humano quien ha fomentado la falta de armonía, y es él quien puede borrar o perdonar la falta de compresión y equilibrio. Se puede contar con todo el conocimiento intelectual y estar muy versado en los asuntos del mundo externo, no obstante desconocer que uno mismo es la esencia viviente y vivificante que gobierna la propia vida.

Las incongruencias hacen que el humano crea en poderes superiores que remedien sus males, sus enfermedades, sin saber que estos males son producto de sus acciones acumuladas dentro de su yo, es el resultado de su verdadero ser. Solo a través de descubrir el valor del perdón lo liberará. Para ello hay que centrar la atención en el amor, no sólo en la vida, sino en el mundo que le rodea. Esta verdad es la luz inherente que vive en todos es la luz que sacará de la oscuridad siempre que se aplique con entendimiento, convirtiéndose en un vencedor que puede hacer frente a toda falta de armonía con la verdad, buscando siempre la paz y armonía entre los seres humanos, para así transformar la convivencia humana.
A fin de apreciar en su totalidad la afirmación anterior. Hay que descubrir que cada uno de nosotros somos vida, amor, fuerza y dominio, y todos estos atributos pertenecen a nuestra justa herencia que cuenta con miles de años de aprendizaje y conocimiento en innumerables renacimientos que van despertando y evolucionando en el camino de la iluminación total. Ser heredero significa ser un participante en todas las acciones, contar con las mismas posibilidades de alcanzar este poder, la misma fuerza, el mismo grado de comprensión. Tomemos como ejemplo el mundo que nos rodea. En el momento en que el humano se familiariza con la verdad del mundo físico que le rodea, se libera de sus conceptos que desconoce sobre él. Cuando se tuvo la certeza que el mundo era redondo y que giraba alrededor del sol el hombre se liberó de la anticuada idea de una tierra plana y de un sol que salía y se ocultaba. En el momento en que el ser humano se libere de las creencias de que es un mero ser viviente sometido a las leyes humanas de la vida y la muerte y a todas las limitaciones humanas y que puede convertirse en un dios si así lo desea. En ese momento en que comprenda que es dios, será libre de todo limitación y poseerá la fuerza de la divinidad. El ser humano sabe que a través de esa divinidad entra en contacto directo con el universo, allí está empezando a ver y a saber que esa divinidad no es algo que provenga del exterior. Se dará cuenta de que se trata de su verdadera vida.

Sabemos que los ideales que vemos en las vidas de los demás se enraízan en nuestras vidas y que, de acuerdo con los principios de la sabiduría del universo también lo manifestamos. Si creemos en el poder del pecado y consideramos el efecto del pecado como una realidad, el castigo nos parece ineludible. Pero, si al ofrecer a los demás y a nosotros mismos pensamientos auténticos y positivos, estaremos preparando la cosecha de un gran festín espiritual que, con toda seguridad tendrá lugar tras la siembra. Por ello, el perdón tiene un doble cometido. Libera tanto al que estaba dirigido como al que ha perdonado, pues tras el perdón existe un amor profundo y luminoso, un amor basado en la verdad, un amor desinteresado que sólo desea dar por la alegría de dar, un amor que escucha la aprobación de olvidar y borrar. Y así las discordias, las enfermedades, sufrimientos y angustias pertenecerán al pasado, y esas falsas creencias que estaban aferrados a nuestro cuerpo como resultado del pensamiento erróneo son arrancadas y con ella las causas y los efectos. Se olvida la causa y el efecto desaparece.

Este es el único método de sanación que nosotros nos podemos brindar. Para ello hay que elevar las vibraciones del cuerpo que está conectado a nuestros propios pensamientos, y éstos con el pensamiento del universo y manteniéndonos en armonía con los de la perfección de la mente universal en el ser humano, estas vibraciones se ecualizararán hasta conseguir que los estados de imperfección estén totalmente borrados; a continuación la perfección es instantánea y la absolución completa y así cosecharás lo que este momento estás sembrando.

Este plan perfecto de modificar nuestros pensamientos manteniendo nuestras vibraciones en nuestro cuerpo armoniosamente coordinados con las leyes que rigen al universo, esa semilla que hemos sembrado se halla acomodada en un corazón receptivo y así nos aproximamos de manera más integra a nuestra herencia cósmica porque mantenemos nuestros pensamientos totalmente concentrados en nuestra perfección divina. Y notaremos como nuestro cuerpo mantiene igualmente un contacto armónico directo con las vibraciones del universo, a fin de manifestar la abundante cosecha de una comprensión espiritual y descubriremos que disponemos del poder de esclavizarnos o liberarnos a nosotros mismos, así como de absolver nuestros pensamientos, palabras y actos negativos, y a través de las vibraciones enviadas a todo el mundo. Una vez que hemos elegido dar forma a nuestros pensamientos siguiendo líneas definidas, no tardaremos en descubrir que estamos apoyados por la propia omnipotencia y nos damos cuenta que tenemos un glorioso privilegio del poder de liberarnos a nosotros mismos y a nuestros semejantes de la esclavitud a través del proceso del pensamiento que elimina la causa mental de nuestros males.

El perdón verdadero purifica y empieza en el corazón del individuo. Al principio requiere una reforma del pensamiento y por lo tanto una resurrección a una mente pura que nos ayuda a mantenernos firmes para abrir un camino en nosotros, situándonos en esas corrientes de pensamiento armonioso y constructivo. Seremos conscientes de que siempre hallaremos en ese eterno fluir de los amantes del pensamiento que el universo todos los días derrama sobre nosotros.

Si seguimos caminando por este sendero no tardaremos en darnos cuenta que en este siglo XXI nos acercamos a un período en el que viviremos en un mundo de pensadores. Comprenderemos que el pensamiento es la agencia más potente del universo. No tardaremos en reconocer que el pensamiento es el medidor entre la mente universal y nuestro reino interior, y así estaremos unidos a las ideas que manejan y expanden el universo en armonía y descubriremos que ese amor está siempre dispuesto a ofrecernos un bálsamo sanador de puro amor a quienes lo buscan. Transformando a los seres que sufren en seres radiantes construyendo con nuestras propias manos e ideas el único reino auténtico de la perfección, reconociendo que el espíritu o la no materia es la única fuerza que mueve al universo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

TODO LO QUE ENVIAS TE SERA DEVUELTO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
M:. M:.
Siempre debemos tener presente que a cada instante debemos desempeñar nuestro papel en el gran proyecto de la vida, a fin de no convertirnos en meras marionetas, sino depender únicamente de nosotros mismos. De esta forma nosotros somos los dueños absolutos de todas las situaciones. Somos triunfadores y conquistadores. Somos humanos y a la vez divinos que caminamos siendo uno. No hay más que un principio, el ser humano. De nosotros emana energía, porque poseemos el poder de ser generadores, siempre en constante aumento, que podemos enviar impulsos de energía eléctrica tan intensos que podemos transformar el cuerpo de quien intente perjudicarnos. Cualquier intento de resistir esta energía, no hace más que aumentar su volumen y por ende su velocidad. Todos vivimos bajo esta ley, que se denomina vibración mental. No se trata de ningún privilegio especial reservado a unos pocos, sino que es para todos. Ya que somos la gran causa u origen absoluto de la creación, cada criatura es un reino divino.

 El principio de Vibración nos enseña que: "Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra". Y encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada permanece inmóvil, cosas ambas que confirman por su parte la ciencia moderna, y cada nuevo descubrimiento lo verifica y comprueba. Este principio hermético es parte doctrina que se atribuye a Hermes Trismegisto, de origen griego y significa “el tres veces grande”. De su nombre deriva la palabra “hermético” que significa impenetrable, incomprensible, cerrado. Su identidad, se pierde en la noche de los tiempos remontándose al Egipto pre-faraónico, mucho antes de Moisés. Ciertas tradiciones hebreas lo consideran contemporáneo de Abraham y más adelante, es identificado con el dios Thot, intermediario entre Dios y los hombres. Algunos eruditos opinan que Hermes fue deificado, y otros piensan que no es sino el aspecto humano de ese mismo dios. Este principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los varios estados vibratorios. Todo se halla en vibración y cuanta más alta es ésta, tanto más elevada es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual manera que una rueda que gira rápidamente parece que está sin movimiento. Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densa, cuya vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo y la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en vibración. Y esto es igualmente cierto en lo que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza de los planos mentales y espirituales.

 Esta ley es tan poderosa que la puedes utilizar para devolver pensamientos o deseos falsos y perjudiciales dirigidos contra ti. Puedes, si así lo deseas, emplear este rayo de luz dotándole de una fuerza para ampliar y transformar energía negativa en positiva, es decir de vibraciones inferiores en superiores, es decir en luz que se intensifica emitiendo tu poder. Y cuando la persona que recibe lo acepta, todo mal en potencia queda eliminado, olvidado y perdonado y ningún mal podrá alcanzarte a ti o al emisor de este pensamiento dañino. Y en lugar de falta de armonía existe una perfecta. Como ves, tanto si envías bien como mal, te será devuelto elevado al cuadrado. Por tanto en ti se manifiesta la ley que emites el bien en lugar del mal, pero incluso con esa actitud, el verdaderamente humilde no juzga, sino que pone todo el amor que posee para que ese puro rayo de luz genere y emita puro amor. Si lo logra, tendrá legiones a sus órdenes en busca de esa pura luz que es vida, amor, pureza y belleza, eterna e insondable.

El cuerpo humano tiene siete centros que pueden utilizarse como reflectores. Puedes usar esos puntos centrales para resplandecer con una luminosidad mucho mayor que cualquier luz artificial. Esa luz refulge con mayor potencia y llega más lejos de lo que puede alcanzar cualquier rayo. Si logras encender todos los centros energéticos al mismo tiempo, estarás completamente rodeado de una armadura que nada puede penetrar para perjdicarte o hacerte daño. 
Aquel que entiende el principio de vibración, ha captado el centro del poder.

jueves, 14 de octubre de 2010

DESCUBRIENDO EL TESORO OCULTO


VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA


Cuenta una antigua leyenda hindú que en un tiempo todos los hombres que vivían sobre la tierra eran dioses, pero como el hombre pecó tanto, Brahma, el dios supremo, decidió castigarlo privándolo del aliento divino que había en su interior y esconderlo en donde jamás pudiera encontrarlo y emplearlo nuevamente para el mal.
- Lo esconderemos en lo profundo de la tierra, dijeron los otros dioses. 
- No, dijo Brahma, porque el hombre cavará profundamente en la tierra y lo encontrará.
- Entonces, lo sumergiremos en el fondo de los océanos, dijeron. 
- Tampoco, dijo Brahma, porque el hombre aprenderá a sumergirse en el océano y también allí lo encontrará. 
- Escondámoslo en la montaña más alta, dijeron. 

- No, dijo Brahma, porque un día el hombre subirá a todas las montañas de la tierra y capturará de nuevo su aliento divino. 
- Entonces no sabemos en dónde esconderlo ni tampoco sabemos de un lugar en donde el hombre no pueda encontrarlo, dijeron los dioses menores. 
- Y dijo Brahma: Escondedlo dentro del hombre mismo; jamás pensará en buscarlo allí.
Y así lo hicieron. Oculto en el interior de cada ser humano hay un ser divino. Y desde entonces el hombre ha recorrido la tierra, ha bajado a los océanos, ha subido a las montañas buscando esa cualidad que lo hace dios y que todo el tiempo ha llevado en su interior. Reflexionando en esta antigua leyenda se puede afirmar que en otros tiempos el ser humano era totalmente consciente de ser ese centro motivador y conocía su herencia y dominio. Vivía plenamente en un estado de divinidad, pero casi todos han renunciado a ese don divino, y hoy la gran mayoría desconoce esa cualidad que es la verdadera herencia de la humanidad. Lo que el ser humano tuvo en una ocasión, puede volver a alcanzarse. Ese es el principio que subyace a la infinita variedad de vida y manifestaciones que vemos a nuestro alrededor y que incluye nuestra vida junto con las de todas las cosas existentes, ya que todo lo que existe tiene vida.
Estoy Seguro que al ritmo de la ciencia, los argumentos para demostrar que las cosas no son materiales, serán amplias, suficientes y demostrables, ya que la ciencia no tardará en ver que todas las cosas pueden reducirse a un elemento primigenio que contiene innumerables partículas distribuidas universalmente, que responden a influencias vibratorias, y que están en perfecto y absoluto equilibro. Por consiguiente, se deduce, en términos matemáticos, que tuvo que haber algún tipo de movimiento, alguna acción inicial, que agrupase las infinitas partículas de esta sustancia universal penetrante, para que con su evolución se formare los objetos. Este poder no se origina totalmente en el interior de una partícula, sino que se trata de un poder más grande. No obstante, armonizando con la partícula a través de vuestro pensamiento y acción decidida, y cooperando con la vibración se da selectividad a estas partículas. Por ello, la ciencia física se verá obligada a hacer las deducciones necesarias para comprender y reconocer la presencia de una fuerza que hoy por hoy no se comprende porque está inactiva, y que permanece inactiva porque no se la reconoce.
No se trata de un universo material como se cree. Esa sólo es una definición. Ese universo se manifestó a partir del espíritu y, por tanto, es espiritual. Es ordenado, verdadero. Si es verdadero es científico, si es científico, es inteligente, es vida unida con vida inteligente. La vida unida y guiada por la inteligencia se convierte en determinación y, a través de la determinación, pasa a ser vocación. El espíritu es la energía primaria, vibrante y originaria, inmortal y libre, por lo mismo que es de naturaleza simple. Por tanto los espíritus pueden obrar sobre la materia, ya que el espíritu se refiere más propiamente a la vida psíquica o a la parte más elevada de nuestro ser, en cuanto inteligente y volente. Podemos entrar en el espíritu y utilizar su energía simplemente aceptando o reconociendo que existe; entonces, se manifiesta y todo el espíritu se transforma en un manantial interno e inagotable de vida perpetua y original. Esto determinación no es cuestión de largos años de estudio, ni pasar por períodos de formación, privaciones ni penalidades, solo es cuestión de aceptación que esa vibración existe y que fluye dentro de ti.
Todos somos una gran sustancia de la mente creativa, gracias a ello sabemos que todas las cosas existen, no en la mente sino en la realidad. Que llena todos los espacios, y todos nuestros pensamientos, palabras y acciones proporcionarán una mayor actividad a dicho principio, pues habríamos descubierto su dominio y estaremos utilizando la energía para emitirlo. Al emitir ese poder que fluye desde nosotros nos convertimos en una fuente de suministro que nunca se agota y nos convertimos en divinidades, ya que generamos energía en nuestro interior y también en nuestro alrededor, pero está permanece inactiva hasta que pensemos en ella y que existe. Entonces veremos fluir desde nuestro ser interno de manera ilimitada. le presentaremos al mundo y el mundo se beneficiará de ello. Por tanto nosotros debemos presentar esa realización manifestando la fuerza motriz mediante el poder de la realización, con cada i uno de nuestros pensamientos y actos. Entonces seremos dioses que nos manifestamos desde nuestro interior y que somos realizadores positivos y definitivos.
Allí hemos culminado la belleza arquitectónica de construir nuestro templo Interno, sabiendo con conciencia que dicho templo es nuestro cuerpo puro y verdadero, exaltado por una morada sagrada, íntegra y total. Somos seres energizadores, recipientes íntegros que fuimos para derramar este principio vibracional que fluye a través de nosotros y que derramamos en amor con constante expansión para que la humanidad se beneficie bebiendo esta agua de pura vida y quienes lo hagan no volverán nunca más a sentir sed. Para ello debemos ser humildes para manifestarnos con humildad, siendo nosotros mismos la propia fuerza y energía impulsadora que se va tornando más potente y accesible y convertiremos a nuestra vida cotidiana es una verdadera obra maestra.

CONCLUSION
 
Sabiendo, en primer lugar, que esa energía existe, y luego utilizándola con absoluta confianza, no tardaremos en ser totalmente conscientes de ella. Sabremos que es exhaustiva en nosotros y a través de nosotros. Fluirá hacia nosotros en la misma medida que la permitamos fluir desde nosotros, Es decir somos el yo soy que vive en la cámara secreta de nuestra propia alma. Solo tenemos que dar el primer paso para descubrir nuestro mayor tesoro para ir en buscar de la realización.

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